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1 Acción tutorial y educación personalizada

Romina Robles[1]

La educación personalizada. Alcances y significancia actual

Desde sus orígenes, la universidad ha centrado su atención en la persona humana. García Fernández sostiene que

La educación, considerada como un acto de comunicación entre personas con el fin de lograr el desarrollo personal de quienes se educan, se convierte en un encuentro personal donde se propicia un vínculo emocional profundo y auténtico entre profesor y alumno (García Fernández, 2006: 197).

Por lo tanto, al ser la persona el sujeto principal de la educación, es en torno a ella en la que debe girar todo proceso pedagógico. Asumimos en este sentido, y como bien lo señala González Simancas, un modelo de

Educación universitaria humanista, centrada en la persona, en su más pleno desarrollo como tal y como futuro profesional, que proporcione el desarrollo de capacidades intelectuales y de actitudes que puedan transferirse más tarde a cualquier tarea profesional (1996: 350).

Al respecto agrega García Hoz (1998) que

La educación personalizada se nos presenta como educación integral, no en el sentido vulgar de la palabra, como suma de distintas actuaciones educativas, sino en su significación profunda, como enriquecimiento y unificación del ser y la vida humana.

La actividad tutorial requiere un ámbito que facilite el acercamiento entre profesor-alumno. Así, entendemos que la educación personalizada debe ser necesariamente el modelo que guíe un contexto universitario que busca la interrelación entre sus diversos actores.

Cuando pensamos en un concepto de educación, generalmente incluye el perfeccionamiento intencional de las facultades específicamente humanas. No se trata de un concepto funcional, sino sencillamente en poner en relieve que la educación se refiere a todas las manifestaciones de la actividad propiamente humana y sólo a ellas en sentido directo. Desde esta perspectiva, la universidad tiene como misión el propiciar una enseñanza centrada en valores, capaz de cooperar en el desarrollo de la autonomía personal y en la autorrealización del ser humano.

La presencia de la persona humana como destinataria de la educación en toda su dimensión e integralidad, añade a la relación interpersonal, la característica de ser a la vez

«Multidimensional» y «multidireccional» entre personas, donde la educación cobra sentido orientándolas hacia la convivencia. De esta manera, es un hecho incuestionable que el alumno necesita para alcanzar la plenitud de su desarrollo, establecer relaciones profundas y auténticas tanto con el profesor como con sus iguales. (García Fernández, 2006: 209).

Parece conveniente dejar en claro que la educación personalizada no es una metodología de enseñanza, sino que es un modo de ver la educación a través de la realidad más profunda del hombre, que es su condición de persona. Por lo tanto, esta educación debe atender la singularidad, la autonomía y la apertura de cada ser humano, así como su originalidad, entendiendo esta última como la posibilidad del hombre de ser agente y creador de sus propios actos. Al profundizar en estas características, García Ramos (1996) agrega que “una educación personalizada intenta suscitar la persona que el alumno lleva dentro, desarrollando todas sus potencialidades y orientándole en la superación de sus limitaciones, de forma que llegue a ser una persona plena, en el auténtico y profundo sentido del término persona”. Para el citado autor, la singularidad que debe respetar la educación personalizada implica hacer al sujeto consciente de sus propias posibilidades y limitaciones. Sostiene que la libertad debe ser tomada especialmente en cuenta, pues ésta implica no sólo capacidad de elegir, sino también capacidad de responsabilidad. Por su parte, Del Barco Collazos (1996: 291) sostiene que:

El gozne sobre el que ha de girar la Universidad, los planes de estudio, la legislación universitaria, el profesorado, los alumnos, la investigación y la transmisión del saber es la persona, cuyo valor incomparable se llama dignidad.

Entre las metas que persigue la educación personalizada, podemos identificar, siguiendo a Víctor García Hoz (1988), las siguientes:

  • Estimular al sujeto para ir perfeccionando su capacidad de dirigir su propia vida.
  • Ayudar a la persona a desarrollar su capacidad de hacer efectiva la libertad personal, participando, con sus características peculiares, en la vida comunitaria.
  • Ofrecer la posibilidad de una atención constante a las dificultades y posibilidades especiales que el alumno encuentra en el proceso educativo.
  • Facilitar la independencia, es decir, alumnos cada vez más responsables y autosuficientes.

Lo expuesto permite sostener que la educación personalizada responde a la concepción misma de Universidad entendida como “lugar de encuentro” entre maestros y alumnos.  Se trata de una expresión que, como bien refiere González Simancas,

Denota la entraña del mejor quehacer universitario: la tarea conjunta de maestros y discípulos en comunicación, en solidaridad, mediante el diálogo que entre ellos se establece en la apasionada búsqueda de la verdad (1996: 351).

Así, la acción educativa resultará incompleta si no desemboca en la relación personal entre educador y educando, fundada en la espontaneidad y la confianza. Para que dicho encuentro se fortalezca y enriquezca, deberá tener especialmente en cuenta dos aspectos claves: en primer lugar, la activa participación del educando, recordando que es el centro de la acción educativa; en segundo lugar, un marco de libertad que comprometa la responsabilidad del alumno, en la conciencia de sentirse autor de sus actos y, por lo tanto, responsable de los mismos.

En este marco, la tutoría, entendida como asesoramiento académico personalizado, no es otra cosa que esa dimensión orientadora, preventiva y, por tanto, formativa, del buen profesor universitario, ese maestro por excelencia en diálogo con sus estudiantes (González Simancas, 1996: 355).

Concepto de tutoría

A lo largo del tiempo, son muchas las definiciones que diferentes estudios han dado de tutorías. Cada una de ellas con matices distintos, pero destacando la función orientadora que conlleva la actividad tutorial.

La palabra “tutor” aparece en castellano a principios del siglo XV y se le otorga el significado de “el que cuida y protege a un menor o a otra persona desvalida”. El diccionario de la Real Academia Española asigna a la palabra tutor distintas connotaciones, entre las que podemos mencionar: persona que ejerce la tutela, persona encargada de orientar a los alumnos de un curso o asignatura, también como profesor privado que se encargaba de la educación general de los hijos de una familia, finalmente como caña o estaca que se clava al pie de una planta para mantenerla derecha en su crecimiento.

Todas las definiciones mencionadas se acercan al significado general que en la actualidad encierra el término en el campo educativo o pedagógico. Independientemente de las definiciones que encontremos acerca de las tutorías o tutor, todas ellas siempre parten de una base común que son las funciones de asesoramiento, ayuda y orientación. En definitiva, su objetivo esencial es la formación integral del alumno. Esta función principal del tutor permite establecer el diálogo con la denominada educación personalizada, que, a su vez, resitúa el rol del tutor en el actual contexto educativo.

Intentaremos ahora mencionar las definiciones actuales que, a nuestro criterio, son las más ilustrativas.

En primer lugar, Pedro Ricardo Álvarez Pérez recoge en numerosos trabajos el perfil y la dinámica de la acción tutorial, a la que concibe

Como un recurso, como una estrategia para que los estudiantes afronten de manera satisfactoria su proceso formativo y hagan frente, de forma adecuada, a la toma de decisiones, a los procesos de transición académica y posterior transición a la vida socio laboral activa de manera autónoma y responsable (2003: 16).

Considera que la formación universitaria no debe tener por objeto solamente brindar conocimientos y procedimientos, sino también valores, normas y actitudes. Ha de tener por objeto el pleno desarrollo personal del alumnado y por tanto implica por parte del profesorado el ejercicio de la función tutorial.

Castillo Arredondo conceptualiza a la tutoría como

El proceso de ayuda y acompañamiento durante la formación de estudiantes (o de aprendices laborales, en su caso) que se concreta mediante la atención personalizada a un individuo, o a un grupo reducido de los mismos, por parte de profesores o maestros competentes formados para la función tutorial. (2009: 5).

La tutoría podría considerarse el conjunto de todas las actividades, actitudes, procesos, intercambios personales y profesionales que caracterizan la relación entre el docente y los estudiantes.

Por su parte, Lázaro y Asensi definen a la tutoría como “actividad inherente a la función del profesor, que se realiza de forma individual y colectivamente con los alumnos de un grupo de  clase, con el fin de facilitar la integración personal en los procesos de aprendizaje” (citado por Monge Crespo, 2009: 99). Opinan, de una forma sintética, que:

[…]Básicamente, es un planteamiento en el que la acción de un profesor se intensifica con el contexto próximo de aula y clase, en el ámbito de un curriculum que se desarrolla y explicita. Es un núcleo básico de la actuación tutorial, actuando en paralelo al propio desarrollo personal de los alumnos y a sus progresos en el avance formativo; el tutor ejerce como vigilante constante, asesorando y orientando las decisiones del sujeto, indicando las conveniencias y desventajas de las decisiones a adoptar, tomando como referentes la situación y características del sujeto y las opciones del curriculum, orientando y asesorando aquello que se estima más para el desarrollo y bien de la persona.

Para José Sarukhán (1988), la tutoría es la estrategia pedagógica que

Toma en cuenta aspectos relacionados con la formación académica del estudiante, con su vida diaria, con aciertos y problemas que le apoyen a una formación integral. Implica prepararlo para la búsqueda de valores que lo lleven a una vida profesional de éxito y realización. 

Rodríguez Espinar identifica a las tutorías, por un lado, como el tiempo dedicado por el profesor a ejercer la tutela, orientación y consejo a los estudiantes que estudian una materia, hasta otras mucho más complejas y comprehensivas que se ocupan de la formación y orientación de manera personalizada y que centra la atención en facilitar la adaptación a la universidad, apoyar el proceso de aprendizaje, mejorar el rendimiento académico u orientar en la elección curricular y profesional (2008: 12). El autor remarca especialmente el modelo personalizado de educación en el cual se enmarca la acción tutorial, sosteniendo que esa asistencia permitirá a los estudiantes configurar mejor su itinerario formativo y optimizar su rendimiento académico (2008:13).

Observamos que la tutoría puede adoptar múltiples formas de relación entre un profesor y los estudiantes. El mismo Rodríguez Espinar afirma que el concepto de tutorías puede apreciarse desde una perspectiva organizativa y estructural dentro de lo que supone el trabajo de profesor y estudiante en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Finalmente, citamos el concepto del profesor José Luis González Simancas, quien identifica la acción tutorial con asesoramiento académico personal, y en este sentido sostiene que:

El asesoramiento académico personal no es otra cosa que la atención docente a los estudiantes, si las necesitan y la desean, para contribuir a poner su mejor fundamento a una sólida formación universitaria, que es académica pero también humana, en sus dos dimensiones, individual y social y que prepara indirectamente para la posterior actuación profesional especializada de los universitarios. (1996: 347).

En esta obra y en virtud de la experiencia recogida en la Universidad Austral, se adopta esta conceptualización de tutorías propuesta por González Simancas, ya que entendemos que refleja el sentido personalizado y humanizador que debe llevar implícita toda actividad tutorial, atendiendo también a la preparación del estudiante para el desenvolvimiento profesional una vez que egrese de la institución educativa. Como resultado de investigaciones empíricas, sostiene la necesidad de preparar universitarios cultos, íntegros, y eficaces, depende en gran parte del dialogo personal, intelectual, ético y profesional, que debe darse entre estudiante y profesores que acepten libremente el compromiso de responder, ante sí mismo y ante la sociedad, de la formación que entre ambos se proponen adquirir y debe adquirir en la universidad.

El mismo José Luis González Simancas denomina a la tutoría como “Asesoramiento Académico Personal” – en adelante AAP –, denominación que se empleará en este trabajo colectivo.

Su evolución en la historia de la universidad

En el presente punto haremos un breve recorrido histórico, que nos permitirá mostrar la evolución de la concepción de la figura del tutor a lo largo de las diversas épocas y su relación con el surgimiento de las universidades.

La figura del tutor ha estado presente a lo largo de la historia de la educación, desde la Odisea de Homero, en el siglo V A.C., hasta la actualidad.  La evolución histórica nos muestra que, en sus orígenes, la universidad se presentó como un ámbito para muy pocos, evolucionando hasta convertirse en escenario de masas, con lo cual, las crecientes necesidades de los alumnos, debieron ser acompañadas por respuestas y servicios concretos por parte de la institución educativa.

La figura del tutor, en sus inicios considerado como mentor, ha transitado por la historia desde épocas muy remotas. Mentor, en la mitología griega, era el nombre del viejo consejero del héroe Odiseo, maestro de su hijo Telémaco. Según se describe en el poema de Homero, Mentor habría de formar al joven para que en el futuro asumiese sus responsabilidades como rey. Sus tareas eran educarlo, dirigirlo en cada etapa de su formación física, intelectual, espiritual y social.

Aunque algunos rasgos del perfil de la figura del tutor irían cambiando, producto, entre otras circunstancias, de la evolución tecnológica, de los renovados entornos virtuales, que parecen estar muy lejos de la escuela peripatética, es posible identificar una continuidad histórica en cuanto a las tareas y funciones del tutor. Son maestros que no eclipsan las acciones de sus tutelados, sino que las destacan, poniéndolos ante circunstancias en las que serán capaces de salir airosos y magnificarlos por su valor y su preparación.

En la historia de la Educación la tutoría ha tenido carácter individual, como en la antigua Grecia, o ha respondido a una concepción individualizada dentro de un sistema de educación colectiva, como en la universidad medieval. Lo concreto es que, desde sus inicios mismos en la Edad Media, la acción tutorial estuvo siempre presente en la universidad, ya que, concebida como reunión entre docentes y alumnos a partir de la reflexión crítica, la búsqueda del saber y la verdad, la función tutorial resultó indispensable en la formación de los alumnos, atendiendo a la conducta del educando, siendo vehículo idóneo para la formación moral y religiosa. Es en esta época, donde la tutoría adquiere un enfoque más ejemplificador, dado que el maestro más que con las palabras, debe favorecer la comunicación a través de las obras y el ejemplo. Con pocas variaciones, la misión del tutor como guía y orientador se mantiene hasta los últimos años del siglo XIX, donde se acentúa el carácter de colaboración que debe mediar entre todos los actores educativos para que la educación sea eficaz.

Poco a poco, en la universidad de principios del siglo XX el tutor va dejando atrás la atención a los aspectos religiosos y morales en consonancia con la evolución de la educación y pone énfasis en la producción de conocimientos de manera pragmática. El tutor se convierte, de manera principal, en orientador de trabajos científicos. Igualmente, una visión humanística de la educación estará presente con mayor precisión, entre mediados y fines del siglo XX, manteniéndose también en la actualidad.

A partir de lo expuesto, vemos enlazado el pasado y el presente, la mitología y las nuevas formas de aprendizaje; hoy la realidad nos permite concluir que, no obstante la evolución, el profesor asesor sigue siendo una pieza clave en el contexto de aprendizaje de los alumnos que tiende a la formación integral. De allí que, como veremos en los capítulos siguientes, los procesos de tutoría y orientación presentan en el presente siglo XXI una trascendencia especial que los diferenciará de las etapas anteriores. Tan importante son estos procesos que, en la actualidad, son considerados como verdaderos indicadores de calidad de las instituciones de enseñanza superior.

Tipos de tutoría

Si bien el presente trabajo está orientado a profundizar el análisis del asesoramiento académico, no podemos dejar de mencionar que existen otros tipos de tutorías con matices y características propias, las cuales pueden complementar la orientación tutorial académica. Entre los tipos de tutorías más usuales encontramos los siguientes:

Tutoría de materia

Es aquella en la cual de manera individual o en pequeños grupos de alumnos un docente aclara dudas de una materia o realiza un seguimiento más individualizado. Este tipo de tutoría suele ser bastante común en muchas universidades europeas, donde el docente, dentro de su carga horaria, debe asignar obligatoriamente alguna de ellas para responder consultas sobre algún tema particular propio de la disciplina que imparte. También puede denominarse “tutoría de asignatura” refiriéndose a ella como aquella que realiza cada profesor con el grupo de alumnos a los que imparte docencia, y que persigue como finalidad asesorar al alumnado en la comprensión de la materia, revisión de exámenes y en la elaboración de trabajos (Castillo Arredondo, 2003: 311).

Tutoría de Tesis

Puede ser orientación para la elaboración de tesis de carreras de grado o posgrado. En este tipo de intervención, un docente dirige la investigación de su tutorando aportando cuestiones metodológicas, bibliográficas, ayudando en la delimitación del tema, aportando aspectos actuales o relevantes del tema investigado, etc.

Tutoría profesional

Generalmente tiene lugar durante los últimos años de la carrera. El tutor asignado a esta función es el que orienta a un perfil profesional determinado o sugiere determinados trabajos que pueden ser útiles a la hora de que un alumno de los últimos años determine su futuro profesional. Su labor de asesoramiento está encaminada a compartir con el alumno las inquietudes que éste presente en cuanto a las incumbencias profesionales y a orientarlo sobre las proyecciones que puede generar la carrera en la cual está próximo a egresar. Se trata de una tutoría para la inserción profesional, dirigida a facilitar al estudiante el acceso a un empleo de su interés acorde con su formación profesional, planificar su formación continua y diseñar su proyecto profesional. En algunas universidades, existe coincidencia entre el tutor profesional y el académico.

Tutoría de pares

A cargo de alumnos avanzados de una carrera determinada que guían y acompañan a los alumnos que recién comienzan en la universidad. Se puede realizar en pequeños grupos o en parejas. Existen ricas experiencias por su aplicación y los estudios comprueban sus beneficios tanto para el tutor como para el tutorado, ya que

Refuerzan hábitos de estudio, mejoran el rendimiento académico, adquieren motivación para estudiar y aumentan promedio de calificaciones; y al mismo tiempo, los tutores se favorecen al afianzar sus conocimientos, adquirir valores de solidaridad entre pares, adoptar habilidades de comunicación y obtener experiencia docente. (Torrado Arenas, 2016: 72)

Tutoría académica

La tutoría académica es la que definimos anteriormente y que tiene como fin general colaborar en la integración y adaptación de los alumnos en los comienzos de su vida universitaria. La misma se puede dar a través de entrevistas individuales o encuentros grupales. En los capítulos siguientes profundizaremos en sus objetivos, ya que este tipo de tutoría es la que intentamos describir en el presente trabajo.

Tutoría virtual

Los avances tecnológicos y la mayor disposición de herramientas informáticas ha permitido el desarrollo de este tipo de tutoría, la cual consiste en la comunicación mantenida entre docente y alumno, permitiendo un canal de diálogo fluido para atender consultas, y ofrecer orientaciones académicas específicas. Este tipo de tutoría complementa la labor orientadora presencial típica de la educación personalizada.

Tal como señalan Gairín y Freixas (2004: 29) el profesor puede por esta vía ofrecer propuestas de ejercicios, evaluar resultados, dar sugerencias de mejora y recuperación. De este modo se logra una mayor proximidad con el alumno. También es cierto que, por el momento, esta modalidad se ha extendido más en carreras de modalidad semipresencial o a distancia.

Modelos tutoriales

Además de la tipología en torno a la tutoría, otro observatorio desde el que puede analizarse aquella es desde el rol específico que se le ha sido asignado según el modelo de universidad. Al respecto, Rodríguez Espinar ha sostenido que “las tradiciones en el seno de cada marco de universidad permiten justificar la coexistencia de diferentes modelos de universidad que llevan anexas diferentes concepciones del profesor con relación a la docencia y a la tutoría de los estudiantes” (Rodríguez Espinar, 2008: 21).

Las diversas etapas por las que transitó la acción tutorial estuvo ligada a diferentes modelos universitarios que tuvieron lugar en contextos históricos determinados. Cada uno de esos modelos influyeron en asignar un perfil particular a la tutoría, según los objetivos o fines planteados. La mayoría de la doctrina destaca tres grandes arquetipos de universidad, cada una de las cuales están relacionadas, como veremos a continuación, por otros tres modelos. Así tenemos:

El modelo alemán

También conocido como humboldtiano, tiene como objetivo esencial la formación científica. Formar personas con amplios conocimientos científicos era la misión de la universidad, misión que no necesariamente se correspondía con las exigencias y necesidades de la sociedad. En virtud de este modelo, la formación de personas con sólidos conocimientos científicos bastaría para lograr el desarrollo social. El tutor en este modelo, es un profesor que orienta al estudiante en el camino de la investigación científica y en su desarrollo académico. Este modelo de tutorías es muy utilizado en los países germánicos. El eje fundamental de este enfoque se centra en el desarrollo de las tutorías académicas, es decir, el interés de todo el proceso recae en ofrecer, por parte de quien lleva a cabo la acción (tutor), apoyo y ayuda en el proceso de enseñanza-aprendizaje del alumno. En definitiva, el papel del tutor es orientar y acompañar a su alumno a lo largo de todos los procesos de aprendizaje. De allí que este “arquetipo” de Universidad esté íntimamente relacionado al llamado modelo académico.

El modelo anglosajón

Tiene como objetivo esencial el desarrollo humano. Las universidades en este modelo, asumen como misión formar ciudadanos éticos, con una amplia cultura, que logren insertarse responsablemente en la sociedad[2]. El tutor en este modelo de universidad, es el profesor que acompaña al estudiante en su formación como persona, de allí que el modelo que comentamos esté relacionado con el llamado modelo de desarrollo personal. El objetivo de este enfoque de tutoría, utilizada mayoritariamente en la tradición inglesa, es el asesoramiento personal y profesional en toda su globalidad. Es decir, el papel del tutor consiste en orientar a sus alumnos asignados para tutorías, en aspectos que influyen en la trayectoria personal como estudiante de la universidad. Como posibles actuaciones, por ejemplificar este sentido de la tutoría, se presentan las siguientes: conocimiento de la cultura universitaria (actividades, servicios, acontecimientos, etc.), conocimiento de las habilidades y competencias de los estudiantes, orientación de cara a los proyectos profesionales, identificar los compromisos de trabajo personal, orientar en las elecciones curriculares, analizar el ritmo del progreso, ayudar en la elección de las pasantías o prácticas profesionales, etc.

El modelo francés

Tiene como objetivo esencial la formación para la profesión. Las universidades como institución estatal, tienen como misión formar a los profesionales que el Estado necesita. Está relacionado al llamado modelo de desarrollo profesional. El profesor tutor colabora con la capacitación profesional del estudiante. El tutor es para este modelo de universidad, el profesor que acompaña al estudiante en su formación profesional, ajustando la misma a las demandas que indique el mercado laboral.

Creemos necesario remarcar que, más allá de los modelos expuestos, la realidad actual permitiría señalar un nuevo modelo que engloba los tres anteriores. Sería el llamado modelo de formación integral, ideal de alcanzar en el contexto universitario. El profesor tutor ha de integrar, en una misma acción, orientaciones del ámbito personal, profesional, afectivo y social.

Conclusiones

A lo largo del presente capítulo hemos podido dar cuenta de la importancia de las tutorías en el ámbito universitario, sistematizando sus principales conceptos, evolución histórica, concepciones y significancias, dentro del paradigma de la educación personalizada. En este sentido, la labor del tutor como orientador y guía, coadyuva en la mejor inserción del alumno a la universidad, colaborando en el desarrollo de sus potencialidades durante toda la vida académica.

Los distintos tipos tutoriales mencionados, junto a los modelos sistematizados, pueden combinarse y adaptarse según las conveniencias y contextos en los que la actividad tutorial se inserte. Igualmente, insistimos que deben darse los avances necesarios para poder consolidar en las universidades el modelo tutorial integral, ya que pensamos es el que mejor se acerca al cumplimiento del objetivo de la educación personalizada en todo su sentido, aportando a una formación humanista amplia, objetivo final de todo el esfuerzo institucional.


Referencias bibliográficas

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Gairín, Joaquín; Feixas, Mónica; Franch, Jordi y otros (2004). “Elementos para la elaboración de planes de tutorías en la universidad”, en Contextos educativos, 6-7 (2003-2004), 21-42.

García Fernández, Antonio (2006). “La tutoría y la relación profesor-alumno en la formación para la inserción laboral”, en Revista de Educación, Nro. 341, Septiembre-diciembre 2006, España.

García Hoz, Víctor (1988). Educación personalizada. Madrid: Ediciones Rialp.

García Ramos, José Manuel (1996). “Un modelo tutorial universitario”, en Revista Complutense de Educación, vol. 7, ni 1, 1996, Universidad Complutense, Madrid.

González Simancas, José Luis (1996). La educación personalizada en la Universidad. Madrid: Ediciones Rialp.

Menchén Bellón, Francisco (1999). El Tutor: dimensión histórica, social y educativa. Madrid: Editorial CCS.

Monge Crespo, María Concepción (2009). Tutoría y orientación educativa. Nuevas competencias. Madrid: Wolters Kluwer.

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Rodríguez Espinar, Sebastián (Coord.) (2008). Manual de Tutoría Universitaria. Recursos para la acción, Colección Educación Universitaria. Barcelona: Ed. Octaedro/ICE-UB.

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Torrado-Arenas D.M., Manrique-Hernández E.F., Ayala-Pimentel J.O. (2016). “La tutoría entre pares: una estrategia de enseñanza y aprendizaje de histología en la Universidad Industrial de Santander” en: Revista de los estudiantes de medicina de la Universidad Industrial de Santander, 2016; 29 (1).


  1. Universidad Austral. Licenciada en Ciencias de la Educación. Coordinadora Académica de las Carreras de Grado de la Facultad de Ciencias Empresariales (Sede Rosario).
  2. El modelo de desarrollo personal ha ejercido influencia en Universidades norteamericanas e inglesas de gran prestigio, como Oxford y Cambridge.


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