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Depresión en la era digital

Juan Carlos Ferrali

La impronta romántica es una de las formas en que la melancolía llegó a nuestros días en su carácter de componente de la subjetividad. Una de las formas para nombrar el período que transitamos es “era digital”.

Entre el período histórico romántico y la actualidad hubo momentos específicos de depresión asociados a fenómenos relevantes de la vida universal. La gran crisis de los años 30 del siglo XX y la Segunda Guerra Mundial constituyeron un tramo asociado a factores de trauma, duelo, miedo, desamparo y desesperanza. Todos ellos implicados en la depresión.

Luego de la guerra se genera un momento de crecimiento, de cambios, y suceden hechos significativos en el campo de la salud mental. Durante los años 50 surge la moderna psicofarmacología y con ella el descubrimiento de los antidepresivos. Se expande una visión humanitaria acerca de los tratamientos dentro de las instituciones psiquiátricas y se promueve la atención comunitaria junto al estudio epidemiológico de los problemas de salud mental. La década del 60 es de consolidación, la comunidad científica procura elaborar criterios unificados para reconocer problemas y codificarlos estadísticamente, lo que va a desembocar en la publicación del DSM III en 1980.

La etapa que transcurre entre 1946 y 1980 está caracterizada por el optimismo frente a los avances sociales contenidos en el Welfare State.

En este contexto se generan cambios tecnológicos que conducen paulatinamente hacia la sociedad de la información y la era digital. La invención de internet y los dispositivos electrónicos de trabajo y comunicación generaron un giro tanto o más conmovedor que el impacto de la imprenta en la subjetividad y los modos de época.

Nos referimos a subjetividad como la representación del mundo sensible, del cuerpo y del sí mismo en el acontecer histórico singular que configuran patrones estables de sentir, pensar y actuar. Dichos patrones propios del individuo son a la vez sociales, del mundo de las interacciones, y se expresan en la narrativa personal y colectiva. Están inscriptos en el lenguaje y son fruto de la generación material y simbólica de la cultura.

La subjetividad es un producto de época y se expresa con estilos o modos propios que son característicos del período histórico en que suceden, con sus determinantes y formas típicas de representación.

Es usual referirse a los modos de época. La era digital está en la subjetividad y se contextualiza y representa en modos.

Desde un punto de vista práctico podemos ubicar a la era digital dentro del período que transcurre entre la década final del siglo pasado y la actualidad. Veamos algunos componentes o grandes fenómenos que caracterizan el período:

  1. Avances tecnológicos
  2. Expansión del mundo de la información
  3. Llegada de las computadoras personales a la vida cotidiana
  4. Internet
  5. Evolución de los diversos dispositivos y avance explosivo de los teléfonos inteligentes
  6. Redes sociales
  7. Contrapunto entre realidad y virtualidad
  8. Manejo de grandes datos

La pandemia por covid-19 aceleró los tiempos hacia la configuración de un sujeto digital, partícipe de una nueva economía del conocimiento y el desarrollo de alternativas en comunicación política.

Un concepto cobró fuerza, el de inteligencia artificial. Si bien lo teníamos presente desde antaño, es a partir de la inteligencia artificial generativa que la preocupación en diversos foros crece y se expresa por medio de voces diferentes que vislumbran efectos colaterales no deseados para la civilización.

Suenan términos como precarización, aislamiento, soledad y fragmentación en tanto atributos constitutivos de subjetividad por medio de una paulatina infiltración de la virtualidad en la vida diaria.

Hemos hablado de la melancolía en los tiempos antiguos, el Renacimiento, el Romanticismo, y mencionamos el arribo a lo contemporáneo.

Ahora cabe una pregunta: ¿podemos precisar una melancolía propia de la era digital?

El uso del término melancolía respeta la tradición histórica y no tenemos intención de entablar polémica con la palabra actual que designa esta calidad de problema, que es depresión. Lo tomaremos en forma indistinta aunque algunos autores consideran diferencias con solapamientos.

Melancolía y subjetividad digital

Las tasas de depresión parecen haber ido en aumento, y los organismos internacionales de salud señalan a la depresión como uno de los problemas fundamentales de la salud pública. La pandemia potenció el fenómeno.

Nuestro interés se ha centrado en un enfoque tricotómico de la cuestión, vale decir, como problema específico, como rasgo de personalidad y como matiz componente de la subjetividad. El aspecto epidemiológico se refiere al problema específico de la tricotomía, el que promueve mayor actividad clínica en contextos institucionales del sistema sanitario. Constituye un objeto de estudio relevante y formulamos una posición con el criterio de formato plural, procurando establecer nexos trasladables entre, al menos, cuatro visiones dominantes de época que mantienen su vigencia:

  • Clásica (próxima a la noción de enfermedad)
  • Estructural (las grandes estructuras psicopatológicas)
  • Categorial (los trastornos del DSM y la CIE)
  • Dimensional o transdiagnóstico

Las tasas de prevalencia que manejamos se refieren a los trastornos del DSM, con los cuales la comunidad científica está en crisis. Se trata de contradicciones inevitables en el mundo de la complejidad con diversidad teórica y necesidad de efectividad clínica. La aceptación del clínico no es renuncia a la necesidad de soporte válido y confiable.

El campo de la melancolía como acepción tricotómica conjuga cosas diferentes y posibilita un abordaje historicista que permite dialogar ciencia con filosofía. Eso calma y luego agita, para volver a empezar.

Cuatro factores de época repican como ingredientes sustanciales del sujeto digital

  • Fragmentación
  • Aislamiento
  • Soledad
  • Precarización

El sujeto digital es ciudadano de un mundo fragmentado en componentes sociales y territoriales que en nuestro caso adquirió perfiles específicos a partir de la gran crisis de principios del siglo XXI. El fenómeno se asocia con desigualdades y desencuentros de representación que fueron configurando un desencanto creciente con incremento de la emocionalidad negativa, proceso que está contenido por la intermediación propia de la organización política. El desencanto y la desigualdad son fuente de estrés y vivencias de desamparo.

Las críticas a los excesos del mundo digital se focalizan sobre la vigilancia que ejercen a través del neuromarketing las grandes empresas tecnológicas. También sobre la posible manipulación desde los poderes. Además, la violencia que se ejerce sobre la subjetividad.

Pero las ventajas son enormes y cabe resaltar dos principales:

  • Democratización de la información y las fuentes de conocimiento por la accesibilidad.
  • Posibilidad de incrementar la productividad en niveles considerables.

Para aprovechar tales ventajas no hay que evitar debates, corresponde darlos, tolerarlos y respetar la conquista ciudadana de libertades positivas. Volveremos más adelante sobre el punto. Ahora importa la pregunta: ¿cabe pensar en una depresión o melancolía de época?

Examinemos la posibilidad de hablar de burbuja melancólica. Gabriela Padilla Castillo se refiere al problema en su trabajo “La burbuja de la melancolía. Peligros emocionales de las redes sociales”. La autora tuvo el acierto de acuñar el término. Su trabajo explora un territorio más vasto y la influencia determinante de los algoritmos en la vida y el interior de los ciudadanos digitales. Dice:

[…] se hace imprescindible reflexionar sobre cómo las redes trabajan por la salud mental de sus usuarios. Dentro de esa salud, este trabajo promueve un concepto inédito, de “burbuja de la melancolía”, donde el usuario que consume contenidos tristes y pesimistas quedaría atrapado por el algoritmo en una burbuja de contenidos del mismo tipo. La melancolía puede ascender a estadios mayores, convirtiéndose en verdaderos problemas, cuando el usuario es mujer y se ve estigmatizada de forma multiforme: por ser débil y por ser mujer (Gabriela Padilla Castillo, 2023, pp. 2-10).

Voces críticas y voces promisorias

Vamos a tener en cuenta autores que alertan sobre riesgos acerca de la era digital. Riesgos que requieren una mirada atenta desde la inteligencia natural del sujeto. Hay otros investigadores que se valen de la IA para resolver problemas y explicar modelos que permiten entender el funcionamiento del cerebro y de la mente. Esto último alienta la expectativa de mejorar la salud mental, tratando la psicopatología, por ejemplo.

Los modelos de psiquiatría computacional están dentro de esta última formulación y contienen a la depresión.

El diálogo posible entre las diferentes posiciones ocurre entre dos extremos:

  1. IA como herramienta del sujeto epocal para desarrollar una civilización libre, rica e inclusiva con equidad. Donde corresponde ubicar sus aportes a la salud.
  2. IA como lenguaje, imagen, tiempo y espacio virtual que ejerce violencia sobre el sujeto. Y por otra parte lo conduce y subordina al algoritmo, lo que genera desequilibrios en favor de poderes y riqueza concentrada.

Es pertinente interrogarse acerca de la segunda alternativa: ¿el discurso promovido por un prompt y enunciado por el robot implica desubjetivación? ¿Cuánto cuesta la renuncia a palabras, frases, metáforas? A la vez que la primera alternativa se presenta como una mejora imposible de detener, siendo fuente de avances y soluciones para la vida, con aumento de la productividad y de la riqueza, cosa contradictoria porque el riesgo de concentración hace crecer las desigualdades. Muchos seres a la intemperie. Indignados al comienzo y luego tristes, desencantados, sin recompensa. Tristeza y anhedonia, los dos síntomas capitales de la depresión.

Tecnología y salud mental

En los últimos años han crecido el interés, la investigación y las propuestas acerca del vínculo entre humanos y computadoras. Se buscan formas de evaluación que permitan identificar y tratar correctamente problemas de salud mental, dentro de los cuales la depresión es de especial relevancia.

Aprovechar herramientas sin descuidar la subjetividad es un desafío considerable que se potencia por la velocidad en que todo transcurre. Hoy un smartphone proporciona más potencia que las supercomputadoras de los años noventa (Insel TR, 2018).

El dispositivo permite registrar datos a través de sensores de actividad y ubicación, prosodia, expresión facial, contacto y tiempo en pantalla. El monitoreo sucede en tiempo real y en contexto, por eso se conoce como Evaluación Ecológica Momentánea con mediciones fenotípicas a través de un fenotipado digital.

Tengamos en cuenta dos cosas posiblemente adversas, entre muchas otras:

  1. Confidencialidad
  2. Intrusividad

Pero la tecnología proporciona mayor cobertura y facilita la accesibilidad. Cabe preguntarse qué sucede con la adherencia, lo cual implica cumplimiento con resultados. La necesidad de estudios aleatorizados, metaanálisis y revisiones sistemáticas no proporciona por el momento confiabilidad en los grupos profesionales. Se está trabajando mucho al respecto (Firth, Torous, Nicholas et al., 2017; Linardon, Torous, Firth, Cuijpers, Messer, Fuller-Tyszkiewicz, 2024).

Por supuesto, estamos lejos de la validación instrumental que proporcione conformidad para prácticas de abordaje similares al clínico. La velocidad en que sucede el desarrollo tecnológico, según mencionamos antes, interpela a los responsables de salud. La IA es aporte y amenaza, y tal duplicidad acontece al unísono y de manera vertiginosa. Este apartado no es una consideración entusiasta del progreso. Pero constituye la necesidad de aunar responsabilidad profesional y científica para estar correctamente informado, en acuerdo con los principios éticos vigentes, junto con la participación comunitaria suficiente, y dentro de los procesos sociopolíticos que contienen a la época.

Este análisis es compartido por fuentes diversas. Muchas del sector salud y salud mental (Kalam, Rahman, Islam, Dewan, 2024).

Insel dice, en cierta forma, que lo trascendente de los progresos en salud mental tiene que ver con la revolución sobre el genoma, que permite entender la configuración de riesgos para padecer trastornos, y la revolución en neurociencias, que posicionó los problemas mentales como trastornos del circuito. Finalmente considera que el mayor impacto, no obstante el valor de los anteriores, ha de residir en los avances tecnológicos que abren perspectivas, por ejemplo el fenotipado digital (Insel, ob. cit.).

La utilización de actígrafos y aplicaciones para monitoreo digital multimodal se está difundiendo y permite avizorar procedimientos de mayor precisión para evaluar la depresión (Chen et al., 2024). Requiere absorción del cambio y pruebas de validez. En el trabajo antes citado se registraron diferentes variables digitales para depresión, combinadas con controles tradicionales en enfoques mixtos y posibles. Por ejemplo:

  1. Evaluación clínica por criterios y escalas
  2. Autoinformes
  3. Procesamiento de datos de actigrafía
  4. Análisis del habla o discurso con foco en la prosodia
  5. Procesamiento del lenguaje natural, tomando en cuenta las alusiones autorreferenciales y el empleo de palabras indicadoras de emociones negativas
  6. Análisis de la expresión facial

El término fenotipo digital fue acuñado en 2015 en un artículo breve publicado en la revista Nature Biotechnology relacionando la acepción con el concepto de fenotipo extendido de Richard Hawkins, desarrollado en 1982 (Jain, Powers, Hawkins, Brownstein, 2015). Los autores consideran que las huellas digitales que quedan como producto de la interacción de los humanos con los dispositivos en entornos digitales constituyen esos fenotipos. El rastreo puede resultar más objetivo y continuo que los modos habituales para la detección de signos y síntomas, y además en tiempo presente. El entorno digital está más próximo a la persona que los consultorios clínicos y pueden registrarse disfunciones predictoras o indicadoras, en el sentido de un marcador, con más precisión. Todas las formulaciones son desafiantes y reclaman investigación, dentro de marcos de trabajo específico, a la vez que suceden hechos que modifican la dinámica y generan comportamientos en usuarios digitales.

Alrededor de 40 años atrás, Dawkins había señalado en su planteo del fenotipo extendido la idea de que los fenotipos no deberían limitarse solo a procesos biológicos, como la biosíntesis de proteínas o el crecimiento de tejidos, sino ampliarse para incluir todos los efectos que un gen tiene en su entorno interno o externo (Dawkins, 1982).

La posibilidad de ampliar la detección de trastornos, como la depresión, para proporcionar tratamiento oportuno parece justa y progresiva. Permite argumentar en favor del empoderamiento de ciudadanos y pacientes. El entramado es complejo porque a priori surge una reflexión sobre la manera de proceder, que requiere ser:

  1. Éticamente sólida
  2. Legalmente fundamentada y admisible
  3. Respetuosa de la privacidad

Las advertencias provienen del análisis de los intereses en conflicto dentro de un campo que mueve una parte sustancial de los recursos del planeta y se expresan en múltiples trabajos recientes. Una corriente de opinión que tiende a moderar las tensiones proviene del campo de la filosofía de la ciencia y de la ética aplicada a la psiquiatría. Se refiere a las aplicaciones para detectar y predecir depresión por medio de la interacción entre la persona y el smartphone. Un tema interesante es el de injusticia epistémica en que podríamos estar incurriendo proveedores de servicios, medios académicos y los Estados que se encuentran a cargo de las regulaciones en materia de salud mental y salud pública (Slack, Barclay, 2023). Términos como injusticia epistémica testimonial, hermenéutica y contributiva requieren atención e invitan al trabajo orgánico y conjunto de

  • Ciudadanos
  • Pacientes
  • Proveedores de servicios de salud
  • Organizaciones académicas
  • Estados por medio de sus estamentos de salud mental y salud pública

Al comienzo del artículo de Slack et al. se dice:

El fenotipado digital permitirá potencialmente la detección y predicción temprana de enfermedades mentales mediante el monitoreo de la interacción humana con y a través de dispositivos digitales. A pesar de sus promesas, es seguro que el fenotipo digital de una persona a veces estará en desacuerdo con su testimonio en primera persona de sus estados psicológicos.

En qué medida esto genera injusticia epistémica es cosa de reflexión y estudio. Por ejemplo, es usual observar que los sectores profesionales tienden a desestimar la opinión de los usuarios sobrevalorando criterios propios y sesgando enunciados bajo el amparo de la evidencia científica, que a menudo requiere una adecuada lectura en términos de producción y calidad de conocimientos.

El fenotipado digital es caracterizado como un proceso por medio del cual se recopilan determinados datos digitales derivados de la interacción humana con dispositivos digitales. Ese proceso acontece en un entorno preciso y nuestro interés se centra en la realización de evaluaciones e inferencias sobre la salud. En psiquiatría se procura identificar riesgo o presencia de trastornos mentales. La depresión, por su frecuencia, es uno de los más estudiados. La denominada huella digital es una suerte de signo que resulta de la enorme fuente de datos no estructurados que son analizados por medio de algoritmos de aprendizaje automático que procuran identificar patrones. Termina resultando una semiología digital.

La psiquiatría parece encaminada a una articulación de novedades epistémicas y prácticas:

  1. Una nueva semiología, el fenotipado digital
  2. Un nuevo foco sobre la patogenia, el circuito
  3. Una nueva interdisciplina y referencia, la ingeniería
  4. Una nueva demanda identitaria, el humanismo

La psiquiatría de los años venideros tal vez resulte digital, neurocientífica, precisa y necesariamente humana.

Moderando extremos

Algunas cosas que tratamos precedentemente pueden avalar una opinión favorable hacia la eficacia herramental de la era digital y la inteligencia artificial generativa. Eficacia para evaluar, identificar y resolver problemas de salud mental.

Pero las herramientas producen efectos adversos y corresponde tenerlos muy presentes. En ese sentido, hay advertencias que provienen de nuestro propio campo, el de la salud, y otras que lo hacen desde el campo social y el pensamiento filosófico.

En nuestro campo cabe mencionar cuatro considerandos que son fuente de grandes problemas:

  1. La relación entre tecnología y adicción por múltiples vías que se articulan en red. El mundo variopinto de la cuestión se conjuga con matices que aíslan y fragmentan los componentes nodales, vale decir, los sujetos.
  2. Además, es probable que un mal uso de la tecnología favorezca disfunción, déficit de desarrollo y deterioro de los sistemas neurales. Estos fenómenos afectan los desempeños cognitivos y psicosociales, y así retroalimentan la capacidad de daño.
  3. Aislamiento, fragmentación y disfunción potencian la soledad de los seres.
  4. Los factores mencionados contribuyen a un presunto aumento en las tasas de trastornos mentales específicos, fundamentalmente depresión y ansiedad.

En los territorios del pensamiento social cabe rastrear discursos que tratan acerca de preguntas fundamentales de las relaciones sociales y el poder: “¿patria o exilio?, ¿señor o súbdito?, ¿amo o esclavo?” (Zuboff, 2021). La autora examina desde múltiples ángulos la cuestión de las empresas tecnológicas, en un lúcido y necesario recorrido, la expansión incontrolable de su avance sobre los cuerpos, sobre la localización de esos cuerpos y las motivaciones que animan a los sujetos encarnados dentro de ellos para tomar decisiones en un mundo relacional donde los datos son fuente de riqueza y poder en una dimensión que nunca pudimos imaginar.

El siglo XX generó libertad a los cuerpos, facilitó su desplazamiento y permitió que por necesidad o deseo se movieran en un sentido. El cuerpo yendo hacia las cosas. Eric Sadin señala una característica inversa en la era digital. La fijación de los cuerpos y el mundo que va hacia los seres contenidos en el cuerpo (Sadin, 2024).

Sadin señala que nuestro mundo está marcado por rasgos de decepción y lo tipifica como mundo sin fe, sin red y sin ley. Fe en el sentido de principios, valores y de un ethos que guía la acción humana. Roto el pacto de convivencia fundado en el orden de libertad, igualdad y fraternidad, carecemos de la red que contiene a los miembros de la sociedad, se desconocen derechos y dejan de cumplirse los deberes establecidos por la ley generada tras los acuerdos de convivencia.

Vivir es experiencia en el tiempo y el lugar de cuerpos libres con capacidad hedónica y pertenencia a la cultura, integrados y formados por el lenguaje. Seres comunicados presencialmente, que viajan, trabajan, compran, votan. Ciudadanos pertenecientes a las instituciones y organizaciones de la sociedad, donde realizan su proyecto. La fijación de los cuerpos restringe y limita con la ilusión de un acceso pleno a través de la pantalla. Fragmenta la ciudadanía. Algunos experimentan la vida en y hacia el mundo y muchos lo hacen por la ventana de la pantalla, sin moverse. La burbuja digital reconfigura a los seres, los hace adictos y expuestos a limitaciones hedónicas que determinan un síntoma capital de la época: la depresión.

La medicina dio lucha contra los males aprovechando las técnicas de la época. Siempre. Por ello, tendremos en cuenta el estado del arte respecto a las nuevas tecnologías. Rigurosamente. Ciencia para el desarrollo humano. Es el desafío del conocimiento y la praxis de nuestro tiempo. Como hicieron aquellos griegos de la melancolía.

Referencias

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