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Conclusión

La guerra impone una urgencia que es probablemente incompatible con la filosofía como emprendimiento serio.[1]

Michael Walzer

Francisco de Vitoria, Francisco Suárez, Alberico Gentili, Baltasar de Ayala y Hugo Grotius, de orígenes y formaciones diferentes, se enfrentan a un problema común: cómo conceptualizar los rápidos cambios en el orden internacional y en la naturaleza de los conflictos armados que vivencian. Motivados por estos cambios, estos pensadores transforman las concepciones medievales del orden internacional y de la guerra, iniciando una nueva etapa del pensamiento internacional.

La transformaciones en el concepto de guerra producidas en los siglos XVI y XVII no siguen un desarrollo lineal: contrario a lo que uno podría esperar al leer los relatos tradicionales al respecto, no hay una completa eliminación del concepto de “guerra privada” en el pensamiento internacional de la modernidad temprana, ni hay una desaparición ineluctable del problema de la “intención” de los combatientes, ni, en términos generales, puede hablarse de un pasaje definitivo de teorías de la “guerra justa” a teorías la “guerra regular”. En el desarrollo del concepto de guerra hay marchas y contramarchas, y los teólogos y juristas que participan en esta historia proveen soluciones diferentes y en muchos casos incompatibles a los problemas de su tiempo, a partir de las cuales resulta imposible trazar una historia cuyo sentido y tendencia esté claramente definido.

A pesar de estas dificultades, creemos que es posible afirmar que en la obra de Grotius, que retoma e interpreta sistemáticamente la tradición que la precede, ya pueden encontrase conceptos del orden internacional y de la guerra adaptables al mundo moderno en el que viven en estos hombres, aptos para lidiar con la globalización temprana motivada por el descubrimiento de América, y con la expansión de la violencia surgida a partir del conflicto religioso. En los siglos siguientes, la tarea auto-postulada de Grotius de dar un marco sistemático al derecho de guerra es retomada por otros pensadores, tanto incidentalmente por algunos, como Hobbes o Locke, como sistemáticamente por otros, como Pufendorf, Wolff y Vattel. Si bien cada uno de estos pensadores aporta aspectos originales al desarrollo de la conceptualización de la guerra y del orden internacional, creemos no puede iniciarse una historia del concepto propiamente “moderno” de guerra sino en los tratados de Grotius.

A Grotius, a Vitoria y a Gentili, entre otros, les es usualmente atribuida la creación del derecho internacional moderno. Como hemos intentado mostrar, estos teólogos y juristas son, antes que teóricos del derecho internacional o de las relaciones internacionales en el sentido contemporáneo de estas disciplinas, pensadores de la crisis de su tiempo. Si para Michael Walzer la guerra vuelve, por su urgencia y su vertiginosidad, casi imposible el pensamiento, creemos que es posible afirmar que estos autores prueban lo contrario, al ser la crisis el origen y la motivación de su reflexión internacional. Frente al caos de la modernidad temprana europea, teólogos y juristas como ellos forjan herramientas para comprender las nuevas realidades que vivencian y para actuar políticamente sobre aquellas. Ellos se sirven de las ciencias jurídicas, teológicas y morales para servir un único propósito: limitar la guerra y buscar la paz y el orden.


  1. Walzer, 2006: xix. “War imposes an urgency that is probably incompatible with philosophy as a serious enterprise”.


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