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4 Análisis de casos

En este capítulo se desarrollará el foco central de la investigación, es decir, la interrelación entre los ejes principales: los trabajadores con incapacidad adquirida en el empleo y la exclusión del mercado asalariado que impactaron en el recorrido laboral y la vida cotidiana de los trabajadores.

Los factores y actores implicados se expusieron mediante el análisis de la posición subjetiva adoptada por los trabajadores, la de sus familiares, compañeros de trabajo, representantes sindicales, empleadores y otros actores como representantes de la salud y el derecho.

Precedido por una guía con los datos de referencia de los casos entrevistados la presentación del análisis se dividió en los siguientes ítems: 1) el proyecto biográfico laboral; 2) el punto de inflexión constituido por el hecho traumático y la exclusión del empleo y 3) las bifurcaciones de los recorridos laborales y las reflexiones sobre los hechos adoptadas por los entrevistados.

El apartado finaliza con una breve síntesis de los resultados del análisis.

Guía de casos

Entrevista 1

Fecha de entrevista: 10-03-16

Nombre: Virginia. Género: femenino. Edad: 61años. Edad al momento del siniestro: 56 años. Educación: escolaridad secundaria completa. Procedencia: clienta de abogado laboralista.

Datos laborales

Tipo de empresa: PyME. Actividad declarada: (266090) Fabricación de equipo médico y quirúrgico y de aparatos ortopédicos N.C.P – incluye prótesis, aparatos ortopédicos, materiales para fracturas, etc. Industria manufacturera, rubro implantes dentales. Personal: 20 operarios. Puesto: operaria, armado de implantes dentales. Las tareas incluyen manejo de elementos químicos y soldadura.

Datos del siniestro

Fecha del accidente: 2011. Tiempo transcurrido hasta la entrevista: 5 años

Tipo de accidente: accidente laboral. Secuela: quemadura del dorso de la mano izquierda por caída de recipiente con resina caliente. Incapacidad laboral parcial y permanente dictaminada: 50 %.

Situación contractual: despedida. En demanda de indemnización por el accidente contra la ART y el empleador. Situación actual: jubilada. Trabaja en un centro cultural barrial; sector informal.

Impresión de la entrevista

Presentó una narración fluida. Se destacó en todo momento la persistencia de su autovaloración como trabajadora. Por momentos interrumpió la entrevista riéndose y burlándose de las actitudes de su empleador que contrastaban con el nivel de angustia que reflejaba por las secuelas del accidente en su salud y en su vida cotidiana.

Dimensiones de la trayectoria laboral

1. Itinerario ocupacional:  ocupaciones monótonas de baja calificación hasta el momento de su matrimonio en el que se asocia en una empresa familiar. Tras la muerte del marido y quiebra de la empresa en el año 2001 se inserta como asalariada en una PYME donde ocurre el hecho traumático. Tras la desvinculación se desempeñó en tareas precarias e informales. 

2. Relación laboral: previa al hecho traumático: asalariada y autónoma. Posterior al hecho traumático: informal.

3. Edad de inicio laboral: 16 años. Constelaciones de desventajas socioeconómicas: factores familiares y la desvinculación luego del dictamen de incapacidad laboral permanente.

4. Interrupciones y retornos: con varias interrupciones por hechos familiares y cambios de ciclos permaneció ligada al mercado de trabajo en diferentes posiciones. A los 16 años muerte súbita de su padre por infarto. En el 2001 el marido presentó un ACV y murió el mismo día. Se hizo cargo de sus dos hijos. Eran socios en una empresa de publicidad con los inconvenientes económicos del momento. Desarmó la empresa, alquiló la casa y recién en 2004 consiguió el trabajo en la PyME.  Tras 18 meses de rehabilitación volvió a trabajar confeccionando sandalias artesanales con una sobrina durante unos meses. Tenía 57 años y no conseguía trabajo en relación de dependencia. Al tiempo encontró trabajo (informal) como administrativa en un centro cultural de su barrio. Actualmente vive de su jubilación más la pensión por viudez y los ingresos del centro cultural donde organiza talleres para mujeres víctimas de violencia y promueve espacios para mujeres desocupadas.

5. Valor del trabajo como espacio simbólico ante diferentes situaciones de discontinuidad en su trayectoria laboral: primó el valor de trabajo como sustento económico familiar.

6. Articulación del tiempo y el espacio: El nivel macrotemporal: tiempo transcurrido desde el inicio de la biografía laboral hasta el momento de la entrevista: 45 años. Nivel meso‐temporal: tiempo transcurrido en el puesto donde se accidentó: 8 años Nivel microtemporal: previo al hecho traumático permanecía 10 horas diarias fuera de su hogar. Manifestó las dificultades de convivencia con sus hijos durante la licencia médica ya que debía compartir todo el día con ellos. Perspectivas hacia el futuro: continuar en su puesto actual y ampliar actividades comunitarias. En cuanto al espacio macroespacial: la trayectoria laboral se desarrolló en el Gran Buenos Aires y Ciudad de Buenos Aires.  Mesoespacial: todas las tareas del puesto se desarrollaron dentro de la PyME. 

Entrevista 2

Fecha de entrevista: 14-04-16

Nombre: Pablo. Género: masculino. Edad: 40 años. Edad al momento del siniestro: 24 años. Educación: universitario completo. Procedencia: contacto personal, ex- alumno universitario.

Datos laborales

Tipo de empresa: gran empresa multinacional[1]. Actividad declarada: (120091) Elaboración de cigarrillos. Elaboración de productos de tabaco. Industria manufacturera. (469090) Venta al por mayor de mercancías N.C.P. Comercio al por mayor y al por menor. La empresa fue fundada con capitales argentinos en 1898 pero luego recibió capitales británicos, que, a partir de la década del ´70 dominó el porcentual accionario hasta convertirse en un holding británico-americano en 1998. En el conocimiento popular es conocida como una empresa argentina. Puesto: Vendedor. Integrante del equipo de “venta libre” y provisión a quioscos minoristas de golosinas y tabaco. Tareas asignadas: tomar pedidos, entregar y cobrar en zona asignada, manejo de una camioneta de la empresa. Se incorporó en 1999 a un proyecto innovador de venta directa de fábrica a quioscos en todo el país para mejorar la competencia con la marca líder de cigarrillos de ese momento. Recibió capacitación en Gran Buenos Aires, en Mar del Plata y en Misiones. Se reclutaron 100 vendedores que tenían objetivos de producción diaria de acuerdo a las ventas pero no control horario, podían trabajar 6 u 8 horas. Recibían un sueldo más un plus por comisión. Funcionaban como estaciones de trabajo con un gerente de ventas que tenía asignado dieciocho vendedores. Disponían de reuniones de trabajo e interacción con otros grupos. También actividades sociales como cenar juntos. El sistema contaba con políticas de ascenso hacia jefe territorial y gerente.

Datos del siniestro

Fecha del accidente: 1999. Tiempo transcurrido: 17 años.

Tipo de accidente: accidente laboral. Choque frontal entre vehículos en una ruta de Gran Buenos Aires. Fecha de accidente: 1999. Secuela: fracturas expuestas de fémur y tobillo. Lesiones graves de órganos internos. Stress postraumático. Incapacidad laboral total permanente dictaminada: gran incapacidad (85 %).

Situación contractual: despedido con doble indemnización tras el dictamen de incapacidad total (2001). Pensión vitalicia por superar el 66%. Trabajó 8 meses en relación de dependencia y estuvo 2 años con licencia médica por ART.  No hizo demanda judicial contra la empresa; se ajustó al cobro asignado por la Ley 24557. Situación actual: profesional y docente. Concluyó la carrera universitaria que había iniciado previamente al accidente. Relación contractual: contrato de prestación de servicios. Desestimó reincorporarse al mercado asalariado. 

Impresión de la entrevista

Narración fluida, por momentos verborrágico. Se destacaron aspectos de impacto emocional que pudieron alterar el recuerdo preciso de los hechos y que afectaron su recuperación. En su relato se destacó el rearmado de su vida cotidiana y familiar, pero aún persisten algunos temores al develamiento público de su incapacidad laboral total y permanente. 

Dimensiones de la trayectoria laboral

1. Itinerario ocupacional: asociado a empresa familiar (agencia de remises). Luego ingresó como asalariado en la empresa donde tuvo el accidente con la perspectiva de tener un sueldo fijo para costear sus estudios universitarios. Marcada por ciclos acorde a intereses económicos y educativos. 

2. Relación laboral: previa al hecho traumático: informal.  Posterior al hecho traumático:  informal y luego locación de servicios con contratos indefinidos.

3. Edad de inicio laboral: 18 años. Constelaciones de desventajas socioeconómicas: itinerario de autonomía económica para solventar sus propios gastos. Durante el período de rehabilitación posterior al hecho traumático fue compelido a ejercer el rol de único sostén económico de su familia paterna por quiebra de la empresa familiar. 

4. Interrupciones y retornos: período de rehabilitación luego del hecho traumático.

5. Valor del trabajo como espacio simbólico ante diferentes situaciones de discontinuidad en su trayectoria laboral: primó el valor de trabajo como medio de autonomía personal y medio para ascenso social e incremento de capital humano (solventar estudios universitarios).

6. Articulación del tiempo y el espacio:  nivel macrotemporal (tiempo transcurrido desde el inicio de la biografía laboral) 22 años.  El nivel meso‐temporal (tiempo transcurrido en el puesto) 8 meses. El nivel microtemporal (relación entre el tiempo de trabajo y la vida cotidiana): dedicaba entre 6 y 8 horas diarias de trabajo relacionado con la producción de ventas y no con el horario reloj. El trabajador no evidenció afectación entre su horario de trabajo y su vida cotidiana. Perspectivas hacia el futuro: continuar en su puesto actual. En cuanto al espacio macroespacial la trayectoria laboral se desarrolló entre la Ciudad de Buenos y el Gran Buenos Aires.  Meso- espacial: la venta directa se desarrolló mediante traslados vehiculares desde el lugar de abastecimiento hacia el establecimiento comprador. En estas circunstancias el hecho se considera accidente de trabajo y no in itinere.

Entrevista: 3

Fecha de la entrevista: 01-06-2016

Nombre: Carlos. Género: masculino. Edad: 41. Edad al momento del siniestro: 34 años. Educación: escolaridad secundaria completa. Procedencia: cliente de abogado laboralista

Datos laborales

Tipo de empresa: gran empresa multinacional. Actividad declarada: (61000). Extracción de petróleo crudo (incluye arenas alquitraníferas, esquistos bituminosos o lutitas, aceites de petróleo y de minerales bituminosos, petróleo, etc.). Explotación de minas y canteras. (62000) Extracción de gas natural (incluye gas natural licuado y gaseoso). Explotación de minas y canteras. (469090) Venta al por mayor de mercancías.  (466939) Venta al por mayor de productos intermedios, desperdicios y desechos de vidrio, caucho, goma y químicos. Características de la organización: métodos de trabajo europeos transpolados a la Argentina. La empresa opera en el país desde 1914 y la desregulación de los años noventa la consolidó al frente del sector petrolero. El plan de inversiones 1994-1998 estimaba un inédito monto de 1.000 millones de dólares. Al terminar su octava década de actividades en la Argentina se constituyó como la empresa petrolera más prestigiosa del país según sondeos entre formadores de opinión.

Puesto: preplanner de logística.  Tareas: supervisor de logística de transporte en área envasado de gas. Tareas concernientes al tráfico, ruteo, logística de empresa de gas envasado de 24 toneladas promedio de gas por día.  El horario de trabajo por contrato: 7 a 15 horas de lunes a viernes.  Para aumentar la eficacia ingresaba a las seis de la mañana y se retiraba a las seis o siete de la tarde y los sábados cinco horas con horarios extralaborales de logística desde su casa (trabajo remoto) ya que tenía comunicación directo con los distribuidores y los choferes.

Datos del siniestro

Fecha del accidente: 2009. Tiempo transcurrido: 7 años

Tipo de accidente: enfermedad profesional. Secuela: síndrome de Burn Out. Incapacidad laboral permanente dictaminada: no lo recuerda, guardó la sentencia cuando se la dieron y no la miró. No aportó el índice. 

Situación contractual: desvinculado. Ganó una demanda civil contra la empresa tras la desvinculación. Situación actual: propietario de un comercio de venta de ropa y proyecta abrir otro comercio para venta de alimentos para animales.

Impresión de la entrevista

Presentó interrupciones por manifestaciones emocionales de angustia y llanto ante algunos pasajes del relato del proceso de su desvinculación. 

Dimensiones de la trayectoria laboral

1. Itinerario ocupacional:  ocupaciones cíclicas. Presentó cambio de rubros y de relación contractual pero siempre en las elecciones primó el valor del progreso económico y social. Solo fue interrumpido por el hecho traumático. En el retorno a la vida laboral también cambió de rubro y se consolidó en el autoempleo.

2. Relación laboral: previa al hecho traumático:  ayuda familiar (precario), informal, asalariado.  Posterior al hecho traumático:  autoempleo.

3. Edad de inicio laboral: 13 años. Constelaciones de desventajas socioeconómicas:  condiciones socioeconómicas desventajosas de la familia de origen y situación de desempleo posterior al hecho traumático; hasta ese momento integraba ingresos familiares junto al sueldo de la esposa.

4. Interrupciones y retornos: continuidad hasta el hecho traumático.

5. Valor del trabajo como espacio simbólico ante diferentes situaciones de discontinuidad en su trayectoria laboral: primó el valor de trabajo como medio de progreso económico y ascenso social.

6. Articulación del tiempo y el espacio: El nivel macrotemporal (tiempo transcurrido desde el inicio de la biografía laboral) 28 años. El nivel meso‐temporal (tiempo transcurrido en el puesto) 18 meses. El nivel microtemporal (relación entre el tiempo de trabajo y vida cotidiana):  el entrevistado manifestó sentimiento de culpa por dedicar mayor tiempo al trabajo que a la familia. Este aspecto se revirtió después del hecho traumático. Espacio macroespacial: la trayectoria laboral se desarrolló en el Gran Buenos Aires.  El espacio meso- espacial se desarrolló en la empresa y en su domicilio mediante trabajo remoto.  Tiempo:  full time, horario extralaboral no remunerado. Perspectivas hacia el futuro: continuar y ampliar su proyecto autónomo.

Entrevista 4

Fecha de entrevista: 28-7-2016

Nombre: Carmen. Género: femenino. Edad: 59 años. Edad al momento del despido: 51 años. Educación: escolaridad terciaria completo. Procedencia: contacto personal, familiar de una compañera de trabajo.

Datos laborales

Tipo de empresa: colegio parroquial.  Actividad: (949100) Servicios de organizaciones religiosas. Servicios de asociaciones N.C.P. Servicios de asociaciones y servicios personales. (851020) Enseñanza inicial, jardín de infantes y primaria. (852100) Enseñanza secundaria de formación general. Enseñanza colegio privado parroquial. Puesto:  profesora de enseñanza primaria en el turno de la mañana y tarde.     

Datos del siniestro

Fecha de accidente: 2008. Tiempo transcurrido: 8 años

Tipo de accidente: enfermedad profesional. Secuela: pólipo en la cuerda vocal izquierda y un hematoma en la cuerda vocal derecha. Solución quirúrgica. Incapacidad laboral parcial y permanente dictaminada: 25 %.

Situación contractual: desvinculada; la empresa no aceptó reabrir el caso y derivar nuevamente a ART. No recibió preaviso de despido. Situación actual:  profesora de enseñanza primaria asalariada en escuela pública de gran Buenos Aires.

Impresión de la entrevista

Narración fluida y precisa de los hechos. Se mostró afectada por la pérdida de vínculos sociales ante la desvinculación.

Dimensiones de la trayectoria laboral

1. Itinerario ocupacional: presentó un primer período monótono marcado por su relación con la tradición familiar del empleo público. Ante una interrupción por desvinculación (privatización de Gas del Estado donde trabajaba) inició un nuevo ciclo en su trayectoria llevando a cabo un anhelo vocacional postergado marcando un cambio de ciclo en su trayectoria.  

2. Relación laboral: previa al hecho traumático: asalariada en el ámbito público y privado.  Posterior al hecho traumático:  asalariada en el ámbito público.

3. Edad de inicio laboral: 18 años. Constelaciones de desventajas socioeconómicas: no refirió en su relato.

4. Interrupciones y retornos: desvinculación por privatización de empresa del Estado donde trabajaba. Modifica su recorrido, estudia y cambia de campo laboral.

5. Valor del trabajo como espacio simbólico ante diferentes situaciones de discontinuidad en su trayectoria laboral: primó el valor de trabajo asalariado en el ámbito público como tradición familiar. Valor del trabajo como medio de subsistencia económica previo a la primera desvinculación. En el cambio de ciclo eligió el ascenso y reconocimiento.

6. Articulación del tiempo y el espacio: El nivel macrotemporal (tiempo transcurrido desde el inicio de la biografía laboral): 41 años.  El nivel meso‐temporal (tiempo transcurrido en el puesto) 8 años. El nivel microtemporal (relación entre el tiempo de trabajo y vida cotidiana): el trabajo atravesó su tiempo libre en función de su actividad misionera y religiosa.  Perspectivas hacia el futuro: continuar en su puesto asalariado con perspectivas de ascenso. En cuanto al espacio, macroespacial: la trayectoria laboral se desarrolló en el Gran Buenos Aires. El espacio mesoespacial se desarrolló en la empresa y en su domicilio mediante tareas preparatorias para el puesto. 

Entrevista 5

Fecha de la entrevista: 2 de junio de 2016 

Nombre: Mercedes. Género: femenino. Edad: 61 años. Edad al momento del siniestro: 59 años. Educación: escolaridad primaria completa. Procedencia: contacto personal, familiar de una alumna.

Datos laborales

Tipo de empresa: pequeña y mediana empresa (PyME). Actividad: (551022) Servicios de alojamiento en hoteles, hosterías y residenciales similares, excepto por hora, que incluyen servicio de restaurante al público. Generalmente alojan familiares de personas en tratamiento en un hospital privado de la zona de Pilar. Puesto: encargada de cocina con personal a cargo. 

Datos del siniestro

Fecha de accidente: 2013. Tiempo transcurrido: 3 años

Tipo de accidente: enfermedad profesional. Secuela: síndrome de túnel carpiano bilateral. Incapacidad laboral permanente dictaminada: continúa la demanda contra su empleador por la enfermedad laboral y porque no aportaba ART en una relación asalariada encubierta. Su caso no fue denunciado y no recibió dictamen de Comisión médica laboral.

Situación contractual: jubilada y asalariada como personal doméstico en casa particular.

Impresión de la entrevista

Interrupciones por manifestaciones emocionales de angustia ante algunos pasajes del relato del proceso de su desvinculación. 

Dimensiones de la trayectoria laboral

  1. Itinerario ocupacional:  trayectoria monótona. Osciló entre puestos en el área rural y urbano.

2. Relación laboral: previa al hecho traumático se constituyó como ayuda familiar (precario), informal y asalariado. Posterior al hecho traumático: precario y asalariado

3. Edad de inicio laboral: 12 años. Constelaciones de desventajas socioeconómicas:  integrante de una familia rural numerosa de bajos recursos. 

4. Interrupciones y retornos: única interrupción por rehabilitación luego del hecho traumático.

5. Valor del trabajo como espacio simbólico ante diferentes situaciones de discontinuidad en su trayectoria laboral: primó el valor de trabajo como medio de subsistencia y progreso económico

6. Articulación del tiempo y el espacio: El nivel macrotemporal (tiempo transcurrido desde el inicio de la biografía laboral) 49 años. El nivel meso‐temporal (tiempo transcurrido en el puesto) 2 años y medio. El nivel microtemporal (relación entre el tiempo de trabajo y la vida cotidiana): horario de trabajo exigido por los niveles de producción, no se respetaban las jornadas pactadas. Afectó su vida cotidiana, aunque sin conciencia por parte de la entrevistada. Perspectivas hacia el futuro: continuar en su puesto actual. En cuanto al espacio macroespacial, la trayectoria laboral se desarrolló en el Gran Buenos Aires.  Meso- espacial:  cocina del restaurante. 

Entrevista 6

Fecha de entrevista: 03-08-16 

Nombre: Luis. Género: masculino. Edad: 55 años. Edad al momento del accidente: 40 años. Procedencia: contacto profesional, expaciente de terapista ocupacional.

Datos laborales

Tipo de empresa: empresa familiar con expansión hacia mediana empresa. Actividad: (477460) Venta al por menor de fueloil, gas en garrafas, carbón y leña (no incluye las estaciones de servicios que se clasifican en 473000). Puesto: maestranza, ayudante del camión. Tareas: estiba de garrafas para reparto domiciliario

Datos del siniestro

Fecha del accidente:  2001. Tiempo transcurrido: 15 años

Tipo de accidente: accidente laboral. Secuela: paraplejía, lesión medular a nivel dorsal 10 y 11. Fue herido de 5 disparos de arma de fuego en intento de robo. Incapacidad laboral total y permanente dictaminada: 98,7 %

Situación contractual: desvinculado. Inició demanda judicial por consejo de un abogado.

Situación actual: artesano autónomo. Fabrica cuchillos artesanales para cocina en su casa y los comercializa en un puesto informal a un costado de una ruta.

Impresión de la entrevista

Narración lentificada. La actitud siempre estuvo sostenida por efectuar un relato preciso y desafectivizado de los hechos ya que por momentos impresionaba hablar en tercera persona. Predominó su visión optimista de su presente y su preocupación por la situación de la familia más que la propia

Dimensiones de la trayectoria laboral

1. Itinerario ocupacional:  trayectoria cíclica. Eventos de cambio de puesto por emigración de su provincia natal a los 16 años hacia el Gran Buenos Aires desempeñándose en tareas de subsistencia. Luego ingresó a la Armada argentina y a la policía; renunció por los requerimientos de traslados.

2. Relación laboral: previa al hecho traumático se caracterizaba por la ayuda familiar (precario), informal y asalariado. Posterior al hecho traumático:  autoempleo.

3. Edad de inicio laboral: 16 años. Constelaciones de desventajas socioeconómicas:  integrante de una familia rural de bajos recursos.

4. Interrupciones y retornos: emigró de su provincia natal por factores económicos y luego interrupción por rehabilitación luego del hecho traumático.

5. Valor del trabajo como espacio simbólico ante diferentes situaciones de discontinuidad en su trayectoria laboral: primó el valor de trabajo como progreso económico para el bienestar familiar.

6. Articulación del tiempo y el espacio: El nivel macrotemporal (tiempo transcurrido desde el inicio de la biografía laboral) 39 años.  El nivel meso‐temporal (tiempo transcurrido en el puesto) 3 años. El nivel microtemporal (relación entre el tiempo de trabajo y la vida cotidiana): no explicitó dificultades en el período trabajado aunque en el análisis de su situación actual en el autoempleo destacó la libertad horaria tras pasar por un período de 4 años de inactividad laboral durante su rehabilitación. Perspectivas hacia el futuro: continuar en su puesto actual. En cuanto al espacio macroespacial: la trayectoria laboral se desarrolló en el Gran Buenos Aires.  Meso – espacial:  el puesto de estibador en entrega domiciliaria abarcaba el traslado desde el centro de abastecimiento hasta los domicilios particulares de los clientes. En este caso el accidente en vía pública es considerado accidente de trabajo y no accidente in itinere.  

4.1. El proyecto biográfico laboral

4.1.1. El valor del trabajo como inclusión social

La transformación vertiginosa del mercado laboral impactó en las perspectivas de los actores entrevistados para esta investigación sobre el valor asignado al trabajo como ocupación significativa en el proceso de inclusión social. 

Los requerimientos de las condiciones de salud, calificación y competencias para dicha inclusión fueron restringiendo el acceso al campo laboral asalariado. La flexibilización y precarización del mercado de trabajo cimentó la vía contraria a la anhelada inclusión desembocando en procesos de exclusión laboral y social.

La inclusión en el lazo social fue descripta por Sidi Askaforé (2017) como un largo proceso que comienza con el nacimiento. Es la bienvenida, el trato, la sujeción y la sumisión a un campo social en el cual el sujeto ocupará lugares y funciones:

[…] la inclusión se hace en un primer momento por la inscripción en un sistema de parentesco, por la nominación, el tratamiento del cuerpo y la religión. Mucho más tarde se agregarán el trabajo o la actividad, los lazos sexuales y de amor exogámico, las relaciones de amistad, asociativas y políticas.

El valor del trabajo como modo de inclusión social surgió en forma espontánea en los relatos de los entrevistados que fue asociado, fundamentalmente, a la generación de progreso económico constituido en eje conductor que los llevó a la rotación externa voluntaria de puestos durante el itinerario laboral previo al hecho traumático.

Para profesionales o empleados, como Carmen o Mercedes, el hecho de trabajar les permitió al mismo tiempo un enriquecimiento personal y profesional en su actividad. No percibieron aspectos de alienación sino un mayor compromiso que constituyó una movilización subjetiva de realización personal como lo analizaran Marx y Engels.

El valor para Pablo estuvo centrado en una práctica intermediaria que le permitiría costear su inversión en su educación universitarios. No tenía expectativas de continuidad en la empresa, sino en la posibilidad de dedicarse con mayor tiempo a su elección vocacional. 

(…) Yo en su momento antes de este trabajo con mi hermano teníamos tres agencias de remises. Era el tiempo que comenzaban los remises -en referencia a los últimos años de la década del noventa-(…) con mucha gente a cargo. Y después yo decidí dejar eso porque justo empiezo la universidad (…) y quería un trabajo que me llevara menos tiempo, menos desgaste y que fuera acotado y en relación de dependencia. Entonces fue sí mi primer trabajo en relación de dependencia (…) O sea que el accidente me pasó estudiando (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en empresa nacional).[2]

El valor de inclusión social para Luis, Mercedes y Carlos estuvo asociado a una mejoría del status a partir del progreso económico.

(…) Siempre buscaba estar más cómodo, estar mejor remunerado y estar bien. Mis trabajos (…) siempre dejé una cosa por otra para mejor. Nunca me quise quedar en un trabajo que estuviese mal. Siempre cambié para mejor (…) sobre todo lo económico. Sí, sí, siempre veía donde estaba mejor pago, por eso fui cambiando (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario).

En el relato de su recorrido laboral, Mercedes destacó las dificultades económicas de su familia de origen. Como Carlos y Luis ingresó precozmente al mercado de trabajo al concluir la escolaridad primaria. El trabajo fue la elección para salir de la pobreza.

(…) Me motivaba, tal vez, el hecho de poder (…) cuando me fui a trabajar al club de campo, que entré cuando tenía 22 años, fue porque me ofrecieron mejor calidad monetaria. Que era ganar mejor. Siempre me iba de trabajos para poder mejorar lo que era económicamente (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Tras la crisis económica del 2001 y el fin del emprendimiento familiar, tras la muerte de su esposo, Virginia continuó sosteniendo el valor del trabajo como modo de progreso económico, pero tuvo un cambio drástico de su lugar en el mercado laboral.

Logró ingresar como operaria a una PyME -pequeña y mediana empresa-, cambió su posición jerárquica de empleadora a empleada. La necesidad de un ingreso económico urgía.  El pasaje del sector informal al formal tuvo un plus relacionado con la seguridad social como valor en sí mismo.  

Carlos encontró en el ingreso a una empresa multinacional una oportunidad de avance social en el reconocimiento jerárquico de su nueva posición.  Ingresó al mercado de trabajo informal a los 13 años. En sus dichos: muy todo a pulmón y haber trabajado mucho tiempo en la calle.  Se desempeñó en tareas de logística en empresas medianas hasta llegar a la empresa S., a través de una persona conocida.

(…) conversando salió la oportunidad para ingresar (…) yo en un principio pensé que era (…) me lo pintaron como algo mucho mejor a nivel económico, a nivel laboral y resultó ser casi todo lo contrario (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

Para Carmen el trabajo asalariado no fue una búsqueda casual. Claramente persistió el valor de inclusión social condicionado por la tradición familiar. Fue bancaria y empleada pública. El trabajo era empleo. No hubo cuestionamiento.

El valor moral del trabajo inscripto en el capitalismo pesado se manifestó como deber ser trabajador, atravesó diferentes obstáculos para lograr sostenerse antes y después del impacto en la fuerza de trabajo.

Los entrevistados asumieron el deber ser trabajador como una disposición moral generadora de actos -ethos, disposición moral o virtudes para la moral católica de Santo Tomás- o la única cosa que tenían que hacer al que se le asignaron luego diferentes explicaciones.

El valor de inclusión y progreso social los impulsó a la búsqueda en diferentes fuentes y a la rotación externa, tanto en el sector formal como en el informal, como estrategia de regularidad para preservar la ética del deber ser trabajador, descripta en algunos de los casos en forma de itinerario monótono. Esta rotación externa se manifestó en una paradoja interna: el impedimento de establecer un lazo social y una identidad de pertenencia duradera con el espacio y el colectivo de trabajadores que se evidenció en el momento posterior al hecho traumático y las posibilidades de desvinculación laboral.

El condicionamiento del deber ser trabajador operó en los entrevistados que actuaron con la creencia de disponer de la libre determinación en la elección del ingreso y egreso del campo laboral. De esta manera lo relató Mercedes:

Tengo primario nada más porque éramos una familia muy humilde (…) a los doce años yo empecé a trabajar en una panadería, a limpiar la cuadra y a limpiar los baños. Y así desde eso a trabajar, a despicar pollitos y vacunar pollitos en las granjas. Trabajé en A., trabajé en una fábrica de aerosoles, trabajé en casa de familia, he trabajado cuidando chicos. Todos, por todos los trabajos he pasado (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Las tácticas para sostener la virtud del deber ser trabajador siguieron diferentes rumbos. Algunos de los entrevistados rotaron en forma aleatoria o invirtieron en capital humano (Carmen y Pablo) como intermediario para el progreso económico donde aparecieron aspectos vocacionales.

Tras el despido de una empresa estatal privatizada en la década del ´90 en su recorrido laboral previo al hecho traumático, Carmen mostró un cambio de ciclo en su itinerario laboral. Decidió modificar su carrera y sus calificaciones profesionales con componentes subjetivos de realización personal.

En esa época en que todos se ponían un “parripollo” una cosa así, bueno, yo decidí que iba a administrar la indemnización e iba a hacer lo que siempre había querido que era estudiar. Así que me anoté en el magisterio y estudié. Me recibí en 1997 de maestra (…) a los 40 años (…). Y empecé a trabajar y al principio empecé a hacer suplencias (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente en colegio privado).

Si la rotación externa fue constituyente de los itinerarios monótonos en el trayecto previo al hecho traumático ¿por qué la desvinculación tras el hecho traumático provocó un punto de inflexión en el recorrido laboral en lugar de persistir la rotación externa como regularidad y monotonía?

La rotación externa en el propio recorrido laboral previo no fue percibida como exclusión (renuncias-despidos) sino como tácticas orientadas con fines prefijados en forma libre. Redujeron la actividad laboral a la acción de trabajar en forma monótona, con adecuación a la oferta del mercado; algún puesto típico de la zona de residencia como en el caso de Mercedes.  De este modo la discontinuidad se aseguró un eje de regla vital sostenido por la virtud del deber ser trabajador en función del valor axiomático del progreso económico e inclusión social.

(…) Bueno, hice de todo (…) a los 16 años empecé a trabajar en la construcción, después trabajé (…). Estuve en la Armada, en la Armada Argentina estuve hasta los 21 años, después salí, trabajé en un laboratorio, después de ese laboratorio salí y entré a policía. Y en policía salí y empecé a trabajar con esta gente, con esta empresa (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador de camión de reparto).

Los relatos mostraron disposiciones duraderas y eventualidades probables. Muy alejada de la idea de acción como confrontación entre el sujeto y el mundo planteados por Sartre en El Ser y la Nada (1943) que aparecieron después del hecho traumático, cuando el trabajador se enfrentó a la posibilidad de ser excluido del campo sociolaboral.

¿Es posible asociar el hecho de trabajar en función de su valor intrínseco? ¿O por la acción misma de sostener la premisa capitalista del “deber ser trabajador” como respuestas cuasi automatizadas a los estímulos del medio independientemente del campo y los condicionantes de su desarrollo? Los entrevistados reiteraron una y otra vez los hechos aseverando haber cumplido con un deber moral inculcado.

Virginia también repitió en su relato la palabra trabajé enumerando puestos en diversos rubros a los que ingresó en forma azarosa. Mencionado por Luis como hice de todo. Tras emigrar con su familia de origen buscando fuentes laborales desde su provincia a la ciudad describió una progresión lineal y predeterminada de su recorrido laboral. 

Salvo Carmen, los actores no mencionaron la exclusión sino la renuncia por propia decisión en función de sus intereses, generalmente económicos.[3]

El corte en el lazo social durante el itinerario laboral previo fue parte del juego. Poder entrar y salir mientras continuaban incluidos en el campo social. Corte, sutura, bifurcación, retorno al juego.

En este juego pudieron cambiar de posición. De trabajador informal a asalariado como Mercedes; de empleador a empleado como Pablo y Virginia. Persistió la relación entre el valor del deber ser trabajador y la secuencia predecible de un proyecto biográfico laboral marcado por el progreso económico provisto por el trabajo.

Al profundizar la descripción de los itinerarios previos al hecho traumático el discurso de libre elección se contradijo con los hechos. 

Carmen aceptó la indemnización por retiro voluntario de la administración pública cuando asumió que no podía adaptarse a la nueva organización empresarial. Otros entrevistados renunciaron cuando ya no toleraron la intensidad del trabajo o el monto salarial impuesto por el empleador. La rotación externa fue inducida en forma imperceptible. No rotaron por propia decisión. Fue una consecuencia de las exigencias impuestas por el mercado de trabajo flexible, aunque persistió la creencia que renunciaron sin duelos ni costo emocional.

La percepción del punto de inflexión en el recorrido laboral solo se evidenció al relacionar el hecho traumático y la desvinculación en el momento en que el trabajador se percibió segregado del juego, caído del tablero y perdedor de su fuerza de trabajo. Cuando se preguntó si podría volver a jugar; si le permitirían jugar.

4.1.2. Las condiciones para la inclusión (calificaciones y competencias)

Desde el trabajo manual al control de la máquina el avance de los procesos productivos y las formas de organización se apoyaron en la interacción entre los trabajadores. La organización pasó a ser reactiva en lugar de predefinida, capaz de transformarse y ajustarse permanentemente. No plans, no rules -sin planes, sin reglas- para poder inventar permanentemente sin atarse a limitaciones. 

Esta modalidad requirió que la organización se descentralice con un poder en la base –empowerment-. La buena organización estaría marcada por el encuentro entre una estrategia que viene desde arriba y una implementación hecha hacia abajo, estar ajustada just in time -justo a tiempo- y ser lean production -lo más económico posible-. El organigrama con tareas asignadas evolucionó hacia los sistemas de información, comunicación, de interrelación y de negociación entre los diferentes servicios de la empresa (Lichtenberger, 2000, p. 24).

Los nuevos procesos organizativos, que mostraron una tendencia a abandonar los formatos de control mecanicista del taylorismo y el fordismo, fueron interpretados en primera instancia como una rehumanización al valorar la intervención del trabajador.

Por un lado implicó la transferencia de la responsabilidad del proceso al propio asalariado y por otro lado fue un desafío colectivo para obtener algo trabajando de manera conjunta. Los requerimientos de plurioperacionalidad sumada a la polifuncionalidad llevaron a una mayor racionalización productiva y un proceso de desubjetivación para los trabajadores; ya no se ocupaban solo de una máquina.

Las nuevas competencias requeridas por la flexibilidad y la lógica de la autoregulación de los procesos de trabajo podrían generar un círculo virtuoso para aumentar la competitividad-productividad y el crecimiento económico o un círculo vicioso en el sentido de provocar una mayor selectividad de la fuerza de trabajo, estímulo hacia la desigualdad social, aumento del desempleo, pobreza y exclusión (Wehle, 1999a).

En el mismo proceso de privatización de las empresas estatales, que excluyó laboralmente a Carmen en la década del ´90, Carlos y Pablo ingresaron a las nuevas organizaciones para incluirse-pertenecer al campo social.

Insertarse en una gran empresa constituyó una ganancia que movilizó la posición subjetiva a través de la realización personal. Asumieron los valores de la nueva cultura de empresa que reinterpretaba el tradicional valor del trabajo como medio de progreso económico hacia objetivos centrados en la autorealización, valorización individual y relaciones personalizadas.

Ser seleccionado, ser recomendado, fue equivalente a ser reconocido y valorizado para ocupar una función dentro de la organización a partir de la posesión de las calificaciones y competencias requeridas.

(…) era una empresa que pertenece a S (…) que obviamente pertenece a la multinacional. Pero en lo que es a nivel mercado es una empresa nueva que ellos hacían la producción (…) y estaba catalogada en ese momento como entre las tres empresas líderes (…). Muy arriba de otras empresas (…) y en ese momento no había despidos, no había despidos masivos en la empresa. Estaba bien. Tenía buena facturación. Y la verdad que la empresa andaba bien, tiene un respaldo económico bueno (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

La empresa multinacional donde ingresó Carlos mostró un crecimiento exponencial durante la década del ´90 gracias a la desregulación de la economía. Incorporó nuevos rubros y aumentó progresivamente el personal. La empresa se expandía y el trabajador tenía la creencia de expandirse también, identificándose con el progreso como propio, en lugar de ser un asalariado empleado por la empresa.

Los entrevistados se mostraron comprensivos con la lógica empresarial que les brindaba la posibilidad de insertarse en los nuevos modelos que apuntaban a la conquista del mercado para adquirir su control. Conquistar significaba fijar los precios no abaratar los costos de la producción.

Esta lógica fue utilizada también por la gran empresa de capitales mixtos donde trabajaba Pablo. En consonancia con las filiales de otras empresas multinacionales implementaron un nuevo sistema de servicios de venta directa a locales minoristas con el objetivo de abaratar los costos de intermediación y poder competir por el mercado de consumidores. La estrategia fue contratar personal joven sin experiencia para poder interpretar la cultura de la empresa y activar en consecuencia -saber ser- que se constituyó en una competencia tácita no cuantificable.[4]

(…) Entonces era la implementación en el país de un sistema nuevo de ventas que, para eso, nos capacitaron. Nos enviaron a trabajar a Misiones, a Mar del Plata. Antes de entrar al trabajo mismo. Entonces todo era nuevo (…) era un ambiente ameno. Como hoy uno dice Google, que vas a divertirte, un poco ahí también era importante. Le daban mucha importancia a lo social (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).[5] 

Pablo encontró un espacio de libertad donde podía aumentar sus ingresos económicos a partir de sus propios méritos. Su habilidad y creatividad fueron valorizadas y se sentía comprometido con su puesto.

(…) nos asignaban nuestra ruta de trabajo y ahí teníamos bastante libertad en cuanto a eso. Sabíamos que teníamos que entrar a tal hora. Podíamos llegar en cuatro horas, cinco horas, seis horas u ocho. No sé, el tiempo que nos llevara el trabajo. Entonces teníamos libertad para organizarnos (…) el sueldo era el mismo para todos, pero si uno tenía mejores ventas podía tener algún plus (…) Y después, con los beneficios que siempre tenía la empresa, los tickets, la comida y muchas cosas (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

El valor subjetivo de realización personal aumenta cuando se presenta motivante, atractivo, autónomo, creativo y con posibilidades relacionales. Autonomía y creatividad como valores de movilización subjetiva cobran interés a partir de un compromiso individual, capacidad de innovación en las técnicas y en la relación con el cliente.[6]

Como Pablo, Carlos también ingresó en una organización que fomentaba la optimización del personal joven y la cultura de empresa a través del coaching.

(…) Entonces había gente que era o muy antigua en las empresas en la que ellos adquirieron, que más que nada eran los operarios de plataforma (…) pero después la parte administrativa era gente alguna con experiencia y otra con muy poca experiencia (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

Fue en estas empresas, caracterizadas por la lógica de la competitividad de la década del ´90, donde tuvo lugar el hecho traumático que desencadenó la incapacidad laboral permanente de Pablo (1999, período trabajado, 8 meses) y Carlos (2008-2009, período trabajado 18 meses).

Dos entrevistadas de mayor edad, Virginia (período trabajado 2004-2011) y Mercedes (período trabajado 2010-2013) al momento del hecho traumático se desempeñaban en PyMES.

Carmen era docente en el ámbito de la educación privada (periodo trabajado 2000-2008). Luis fue un caso testigo ocasional del crecimiento de la pequeña a la gran empresa por ingreso de capitales extranjeros acaecido durante el período de su rehabilitación (período trabajado 1998-2001, fue desvinculado en 2004).

4.1.3. Trabajadores útiles e inútiles (las condiciones de salud)

Las condiciones de salud requeridas por el modo de producción capitalista se agudizaron y se presentaron como filtro para la selección del personal en las nuevas organizaciones cuya máxima expresión estuvo -y persiste- representada por la implementación de los protocolos para los exámenes de salud preocupacionales y periódicos. La información documentada antes y después de la exposición a los riesgos del trabajo (ver Capítulo I, 1.2).

Para los entrevistados las calificaciones y competencias que les permitieron ser seleccionados para ingresar al mercado asalariado, tras el hecho traumático se verían devaluadas a partir de una nueva condición de salud que apareció como probabilidad de interferir en la relación de subordinación al empleador esperada.

(…) Porque no les servía (…). No les servía tener una persona con una sola mano en un trabajo que era todo utilizando las dos manos. Yo creo eso… yo creo que definitivamente… yo no le servía para sus intereses de producción (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

En su nueva posición la fuerza de trabajo de Virginia habría perdido capital para la competitividad. La frase “no les servía” -¿servidumbre?- se reiteró en las entrevistas en relación a explicaciones posibles sobre la desvinculación cuando se autoadjudicaron incompetencia para continuar trabajando para su empleador. La limitación pareció alojarse en el propio cuerpo. La capacidad para trabajar no sería sólo calificación y competencia sino también condición de salud.

Luis coincidió en la apreciación de utilidad. Tras el hecho traumático se percibió desposeído de su fuerza de trabajo habitual.

(…) En el momento que era útil era muy buena la relación con la empresa -se ríe-, después no. Fue buena, muy buena, pero mientras servía como empleado. Después de ese tiempo que quedé sin trabajar la relación empezó a decaer (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario).

La reconversión productiva y el capital humano le dieron un nuevo valor a la adquisición de calificaciones y competencias laborales a su trayectoria laboral para acceder o mantener un empleo. Para Luis no se trató solo de la modificación del mobiliario de oficina para usuarios de silla de ruedas; la reubicación laboral requería incrementar sus conocimientos técnicos e informáticos. Sus limitaciones se presentaron en las condiciones de salud y también en sus calificaciones y competencias previas al hecho traumático.

Para Carmen el daño en su salud se relacionó en forma directa con la disminución en su nivel de productividad.

(…) Cuando hay que contener a la persona, o esa persona ya no rinde de la manera que tiene que rendir, el colegio se libera de la carga (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente en colegio privado).

El mercado de trabajo parece sancionar la capacidad o la incapacidad laboral. Promueve la jerarquización de las diferencias y decide su sentido y su valor. En este punto es posible que el campo asalariado continúe determinando la condición de salud para la inclusión o exclusión laboral en forma aleatoria a los requerimientos de calificaciones y competencias.

Como en los esquemas estructuralistas funciona como una oposición distintiva que le da legitimidad dentro del mercado; ocupa un lugar en el espacio social. Pero toda categorización lleva implícita la valorización y estigmatización. Capacidad o incapacidad, competencia o incompetencia.

La incapacidad para trabajar no se restringió al soma ni se manifestó en forma aislada, sino que se expresó en el campo social como la capacidad de producir para otro e impulsó a los trabajadores a recategorizarse dentro del mercado de trabajo. 

La frase no les servía fue confrontada en pasajes posteriores de los relatos con la sentencia yo podía trabajar.

4.1.4. El vínculo laboral del asalariado en los tiempos de la flexibilización

El valor y la concepción del trabajo para los entrevistados, como se describió en el punto 4.1, mostró un anclaje en el modelo asalariado del capitalismo pesado como ideal que prevé un resguardo legal de la salud y la seguridad social. Valor que fue cuestionado en el momento mismo en que las diferencias entre la pertenencia al campo formal, informal o precario del trabajo se agudizaron.

Desde esta posición aceptaron los nuevos requerimientos de calificaciones, competencias y salud que les permitió cumplir con las expectativas de inclusión en un mercado asalariado flexible. Mercado que modificó las condiciones de contratación y los vínculos laborales, que generó desafíos en la exposición a riesgos del trabajo y al desgaste de la fuerza de trabajo causadas por las nuevas organizaciones y tecnologías implementadas.

El vínculo de desigualdad y subordinación en la relación laboral persistió y se profundizó en los procesos de flexibilización laboral en el campo formal; un vínculo que se deriva de la lógica misma del contrato y la legislación laboral.

Sin embargo, ser asalariado no garantizaría el cumplimiento total de la legislación en cuanto a la protección del trabajador. El ocultamiento y transgresión de las condiciones contractuales por parte del empleador y la escasa influencia de contralores externos, para algunos entrevistados, se evidenció en la falta de aportes para la seguridad social y la baja inversión en prevención de los riesgos del trabajo.

(…) Desde entonces, cuando me despidieron, el mismo médico que me operó me aconsejó que fuera a ver a un abogado… porque no me podían haber despedido después de una cirugía, según el médico (…) pero sigue el juicio a la ART porque mis empleadores nunca me hicieron la denuncia a la ART (…) Porque la ART no sé si no se hizo cargo o mis empleadores nunca le informaban a la ART de mi problema (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Mercedes descubrió que sus empleadores no denunciaron su enfermedad profesional porque eludían el aporte al seguro de riesgos del trabajo. El contrato de trabajo mostró la informalidad dentro de la formalidad.

Pablo no conocía las condiciones ni el puesto para el que se postulaba. De todos modos, aceptó la propuesta a ciegas.

(…) cuando había ingresado (…) la verdad que no sabía a qué empresa ingresaba. Porque cuando empezamos desde la entrevista inicial era (…) el aviso me acuerdo que decía algo de “excelente oportunidad para un nuevo proyecto”. Me presenté ahí y nunca supe a qué empresa iba, para que empresa iba a trabajar. Hasta que pasé por todos los exámenes prelaborales, psicotécnicos y demás (…) Era como una venta secreta, una manera secreta, porque en ese momento había mucha rivalidad entre dos empresas por el mismo mercado (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

Pablo ingresó a una gran empresa y Mercedes a una empresa familiar con formato PyME con similares respuestas de subordinación y desconocimiento de la lógica del contrato laboral que los vinculaba a su empleador. Ambos anhelaban su inclusión en el campo social desconociendo las implicancias de tal inclusión.

4.1.5. Exigencias del trabajo sobre la salud (el desgaste de la fuerza de trabajo)

La subordinación apareció en los relatos no sólo como desconocimiento de los alcances del contrato legal firmado, sino en las demandas de la tarea que deberían realizar. Las exigencias superaban la capacidad para enfrentarlas y tendrían consecuencias en la salud y la vida cotidiana de los trabajadores.

La flexibilización contractual en la Argentina de los ’90 dejó al descubierto que las condiciones de trabajo y su deterioro no formaban parte de sus prioridades; aún con la creación de las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo para el sector formal.

El resultado fue el agravamiento a partir de largas jornadas laborales sin descanso, aumento de tareas e incremento de exigencias cognitivas y psíquicas, tensión en el clima laboral y limitación en el desarrollo profesional y económico (Giraudo et al, 2003).

En estas circunstancias, la toma de riesgos y la desviación deliberada de las normas de seguridad raramente son vistos como síntomas de disfuncionamiento del sistema, sino como elementos individuales que deben ser eliminados (Poy, 2007).

(…) había mucho trabajo para muy pocas personas. No era que había mal compañerismo. Al haber mucho trabajo para pocas personas entonces uno hacia el trabajo de tres, cuatro personas (…) yo mismo, mis compañeros de otros sectores. Entonces eso hacía que se viviera de esa manera. Como quien dice, hablando mal y pronto palo y palo de principio a fin (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en empresa multinacional).

En este modelo de reestructuración de la organización laboral la empresa devino deformable, etérea y transformable. No hay cuerpo del patrón. El asalariado se convirtió en un subordinado de los administradores de la empresa.  O peor aún, sin códigos o parámetros que sirvan de guía, como lo describió Carlos. Lo oculto, lo no explicitado, tuvo consecuencias en su salud y en su identidad social a partir de las exigencias de productividad y flexibilización horaria.

¿Por qué combaten los hombres por su servidumbre como si se tratase de su salvación? Cómo es posible que se llegue a gritar ¡queremos más impuestos! ¡menos pan! (Spinoza, citado por Deleuze et al, 1973, p. 36).

La servidumbre que mencionaba Spinoza para Carlos se transformó en el full time -dedicación exclusiva del tiempo laboral y personal a la empresa multinacional- o en horario extenso y a demanda del servicio en la PyME donde trabajaba Mercedes. Ambos trabajadores mostraron su voluntad para someterse a las exigencias de rendimiento. Mercedes describió el placer que le produjo ingresar a su puesto.

(…) Empecé a trabajar entusiasmadísima porque me encanta trabajar en la cocina… entonces como tenía tanta responsabilidad y detrás mío estaba mi jefe que estaba todo el tiempo diciéndome que me apurara, que me apurara, había que despachar, sacar al comedor los platos. De mí dependía el menú y a cargo tenía a cuatro personas (…) Había días de mucho trabajo, de muchísimo trabajo. Por ahí el personal faltaba y era el doble lo que tenía que trabajar. En vez de ocho, diez, doce horas (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

El jefe de Mercedes influyó en la suspensión de la rehabilitación y sus posibilidades de recuperación.

(…) Entonces en mi trabajo me obligaban a que fuera a trabajar, a que fuera a trabajar. Y el médico no me daba el alta (…) Al mes y medio le exigí al médico que me diera el alta porque mis jefes me estaban reclamando que fuera a trabajar (…) Bueno, volví, pero yo antes de eso (…) Yo sufrí muchísimo (…) yo no podía (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Carlos y Mercedes enfermaron como consecuencia de la intensidad del ritmo de trabajo; el “rendimiento máximo” expuesto por Marx y Engels y retomado por Han. El cronómetro, el reloj de la fábrica taylorista, fue reemplazado por la velocidad de los servicios. Un movimiento horizontal caracterizado por la velocidad y no por la firmeza y buen uso donde las cosas dan la impresión de precipitarse sin control total.   

La velocidad es una taquicardia, escribió Ezequiel Martínez Estrada en La Cabeza de Goliat (1968) al describir el tránsito de Buenos Aires “nos brota de la circulación interna, más bien que de la laboriosidad, porque somos corredores, aunque no seamos activos” (en Indij, 2014, p. 171).

La aceleración tiene aquí un sentido absoluto como realidad independiente de las masas; proviene del sentido veloz de los servicios.[7]

(…) En su momento mi señora, mi esposa, trataba de calmarme, de que no me tome tan a pecho el trabajo. A veces era viernes, diez de la noche y yo estaba trabajando con el celular, o viendo la situación de cada unidad o atendiendo un distribuidor. O sábado a las cinco de la mañana que me llamaban y yo todavía estaba durmiendo, o recién me estaba levantando, estaba en mi casa. Y a mi señora obviamente no le gustaba (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

Para Carlos la velocidad no provenía sólo de la demanda de su empleador sino desde la organización intrínseca del servicio que brindaba. La tecnología y la comunicación en red extendieron los horarios laborales de modo ilimitado. 

¿Era posible que los comensales no transmitieran su ansiedad para aumentar la velocidad y el rendimiento en la cocina a cargo de María?[8]

Cabe destacar que la posición de ambos trabajadores en la estructura organizacional los diferenciaba del resto de sus compañeros. Mercedes como encargada de cocina y Carlos como supervisor ejercían la función de organización y vigilancia, denominados trabajadores no-directos por Marx o mandos medios, encargados de transferir la demanda del empleador sobre sus subordinados.

Una vez alcanzada la producción verdaderamente capitalista, afirmaba Marx, el capitalista se desliga primero del trabajo manual y luego abandona la función de vigilancia directa y constante a los diversos obreros y grupos de obreros transfiriéndola a un tipo especial de asalariados. Estos trabajadores se transforman en fiscalizadores del proceso de producción que exigen a la vez el máximo rendimiento a los obreros/operarios a su cargo más allá de las necesidades técnicas (Harnecker, 1971, p. 45).

Mercedes y Carlos reprodujeron las exigencias del empleador en la obtención de la plusvalía. Ambos se quejaban de la sobreexigencia de sus empleadores, pero también sobreexigían a sus subordinados.

Al igual que un ejército requiere oficiales militares, la masa obrera que coopera bajo el mando del mismo capital necesita altos oficiales (dirigentes, managers) y suboficiales industriales cuya función se transformó en las organizaciones actuales en una cadena de control y autocontrol.

La función de los mandos medios debería presentarse como un elemento de efectividad para la prevención de los riesgos del trabajo, pero por el contrario, los encargados no sólo no favorecen la seguridad sino que muchas veces son los responsables directos de anular las medidas de protección, especialmente cuando se trata de cumplir con las exigencias de producción (Boix et al, 2001, p. 48).

(…) El problema mío era que yo tenía mucha responsabilidad. Y cuando los empleados no tienen alguien que los esté todo el tiempo: – “Tenés que hacer esto, tenés que hacer aquello”, no hacen nada, no hacen nada. En cualquier trabajo no hacen nada. Yo estaba todo el tiempo: “Mabel esto, Sonia aquello, Carina esto, Carina lo otro”. Pero a su vez ellos no estaban conformes, querían más y más y más (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Mercedes y Carlos fueron mandos medios en diferentes estructuras organizativas. Mercedes trabajaba para una PyME familiar. Ejercía la vigilancia directa de sus subordinados, cuyas relaciones interpersonales eran primordiales, en un sistema cerrado de estilo fabril -como lo denominó Foucault-, donde los individuos se convertían en un cuerpo y el control se ejercía sobre el modo de producción.

Carlos, en cambio, se desempeñaba en una empresa multinacional, una Sociedad de Control; la fábrica fue reemplazada por la Empresa que “instituye entre los individuos la rivalidad interminable a modo de sana competición, como una motivación excelente que contrapone unos individuos a los otros y atraviesa a cada uno de ellos dividiéndolos interiormente” (Deleuze, 1990, p. 4).

(…) Es un ambiente un poco hostil, en el sentido que (…) no por maldad entre compañeros, sino que siempre hay un poco de resquemores. Era un poco hostil porque es un trabajo que tiene su vida cotidiana. No hay parámetros. Y al no haber esos parámetros a veces llevan a ser conflictivo el trabajo con otras partes (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor empresa multinacional). 

En la descripción de Mercedes puede distinguirse la lógica del capitalismo de producción relegado a la periferia de los países en desarrollo. En el relato de Carlos, en cambio, se observa la lógica del capitalismo de superproducción globalizada de productos, ventas, servicios y acciones característico de las empresas multinacionales que se expandieron favorecidas por la desregulación en el país a partir de la década del ´90. Ambos trabajadores, a cargo de la vigilancia y control, expuestos a la velocidad y rendimiento de los servicios que prestaban presentaron secuelas emocionales tras el despido que requirió apoyo psicoterapéutico.

Con respecto a la percepción del desgaste de la fuerza de trabajo y las probabilidades de ocurrencia de un hecho traumático, Carlos se refirió a la advertencia de un colega sobre la exposición a la tarea -a la que en su momento no le dio importancia-. Luis intentó sin éxito, junto a un compañero, modificar los horarios de la entrega de mercadería en las zonas de alto índice de violencia urbana. En algunos casos desconocían los riesgos a los que se exponían y en otros los conocían parcialmente.

Ninguno de los entrevistados tuvo participación en el diseño o modificación de las condiciones del puesto de trabajo que aceptaron bajo el vínculo de subordinación implícita en el contrato, cumpliendo con la máxima de Alain Wisner cambiar salud por dinero, o su opuesto, cómo no perder la vida cuando se trata de ganarla (Thebaud, et al, 1985).

Para Virginia el trabajo fue una salvación y para Carlos una posibilidad de progreso. Ambos priorizaron la oportunidad económica por sobre la salud.

Es probable que la negación del riesgo como defensa – a mí no me va a pasar o puedo enfrentar el problema– se modificara tras el hecho traumático; cuando el trabajador se sintió expuesto y se responsabilizó por el siniestro, aún más por haberse expuesto a sabiendas de la probabilidad del accidente. La falla de la negación del riesgo como defensa dejó paso al sentimiento de culpa, reforzado por la empresa durante la estrategia de exclusión, que se desarrollará en el punto 4.2.1.6 de este capítulo.[9]

4.2. El punto de inflexión

4.2.1. Primer acto: el hecho traumático

4.2.1.1. De la no percepción del desgaste a la percepción del quiebre de la fuerza de trabajo

La percepción del desgaste de la fuerza de trabajo en el propio cuerpo es un proceso lento e insidioso que determina la morbimortalidad acorde a la tarea desempeñada; se relaciona con la factibilidad o no de implementar procesos de prevención y se produce en forma imperceptible para la mayoría de los trabajadores.

El quiebre de la fuerza de trabajo a partir de un hecho traumático, en cambio, puede aparecer en un instante en forma de impacto que provoca reacciones inesperadas en el trabajador. En la biografía de una persona común pasa a tener relevancia destacada como un hito en su vida[10].

El instante del quiebre pudo diferenciarse nítidamente en las narraciones como un antes y un después que descolocó al actor en su creencia de poseer el control sobre su cuerpo-fuerza de trabajo y tuvo consecuencias en su vida cotidiana.

Fue sentenciado por los entrevistados como una divisoria de aguas con diferentes expresiones como ya no hay retorno. El evento fáctico disruptivo o acontecimiento disruptivo, como lo denominó Moty Benyacar (2016), se consolidó provocando discontinuidad, desorganización y desestructuración.

(…) después una vez que ya te pasa algo y vos ya tenés una incapacidad ya no hay retorno. Esto es para siempre (…) No sos la misma persona (Carmen)

(…) ya desde ese momento y por lo que hablaban los médicos, por lo que yo escuchaba en el sueño me daba cuenta que tenía una lesión, entonces de ahí entendí que mi vida iba a ser otra (Luis)

(…) es algo que en un segundo te cambia la vida y tenés que adaptarte al cambio de vida (Virginia).

No todo evento fáctico disruptivo tiene la capacidad de alterar la homeostasis existente y producir una vivencia traumática. Pero existe una clase de eventos como los cataclismos, accidentes o enfermedades graves, la muerte de un ser querido, la guerra o un atentado terrorista que son disruptivos “per se” (Benyakar, 2016, p.19, 20).

(…) Y el día que yo fui a hacerme el estudio yo estaba con el guardapolvo puesto y me dice: “usted tiene un pólipo en la cuerda vocal izquierda y tiene un hematoma en la otra cuerda vocal” (…) -usted se tiene que operar y así no puede trabajar” (…) yo en ese momento salí llorando de la clínica (…) (Carmen, 51 años, docente en colegio privado).

El espacio de trabajo conocido, familiar y confiable puede convertirse en el lugar mismo donde se produzca el hecho disruptivo que origine la vivencia traumática y se convierta entonces en no conocido, extraño y capaz de dañar.

Sigmund Freud analizó el concepto de Unheimlich (Lo siniestro) que sería aquella suerte de espantoso, angustiante y espeluznante que afecta las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás. Las cosas familiares, en determinadas condiciones, pueden tornarse siniestras. [11]

Ejemplos de lo siniestro se encuentran en la aparición de la imagen del doble o el otro yo, la separación de partes del cuerpo que actúan en forma autónoma -que remiten a la castración- o el animismo primitivo de personas extrañas u objetos, frecuentemente utilizados por la literatura de terror.

Aspectos de Lo siniestro aparecieron en los relatos como procesos de disociación, ajenidad o no conocido del propio cuerpo; con una vivencia traumática cercana a la muerte. Carlos utilizó el término desfallecerme en lugar de desvanecerme o desmayarme.

(…) y antes de llegar a mi oficina me desmayo y me caigo. Me empieza a salir sangre de las dos fosas nasales antes de desfallecerme (…) yo en ese momento no entendía nada, porque no me había pasado obviamente. Y empezaron a tener todos estos diagnósticos (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor empresa multinacional). 

En el caso de Pablo se manifestó la aparición del doble. La irrupción del accidente se reflejó como un relato vívido a cargo de un testigo externo. La disociación-desmembramiento que se produjo a partir del hecho traumático lo exteriorizó de su propio cuerpo. Miraba desde el exterior lo que ocurría en la escena.

(…) Cuando tengo el accidente, cuestiones que uno las escucha a veces en los libros o en las películas, vivimos un momento o momentos… A ver, ¿cómo lo podría mencionar? Rozando con lo quizás fantástico, espiritual o como cada uno quiera llamarlo. Pero yo me veía en ese momento fuera de mi cuerpo. Veía la situación, el cuadro, el accidente. Y me venían constantemente imágenes de mi niñez, de la familia, de los seres queridos y de los afectos. Y es como que sentía que iba y venía, iba y venía. Y que me desvanecía por momentos. Y la gente me decía: -uh, flaco no cerrés los ojos. -Mantenete acá. -Despertáte. Y además de eso, escuchaba todo lo que decían: -tratemos de sacarlo (…) (Pablo, 24 años, 1999, vendedor en gran empresa). [12]

Virginia manifestó que quedó shockeada; sin poder recordar demasiado. El dolor, el llanto y la sensación de muerte fueron recurrentes en los relatos vívidos del impacto.

(…) Yo sentía que me desmayaba y me iba. Era lo único que recuerdo. Esa fue la cosa más (…) Qué estaba pensando, no sé, pero la cosa fuerte fue esa, pensar que yo me estaba muriendo. Sentía que me desmayaba del dolor y quería contención (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Para Virginia, Carlos y Pablo la vivencia del accidente se manifestó en forma descarnada. Lo conocido y familiar del trabajo cotidiano podría haberse convertido en la siniestra causa de muerte. Una situación similar fue relatada por Luis. El desdoblamiento lo hizo confundir por momentos la realidad con ensoñaciones.

(…) Bueno…yo fui atendido después de mis heridas, me trajeron en ambulancia (…) al hospital (…) y durante 3 días los doctores (…) yo estaba dormido por (…) por los tranquilizantes, pero a la vez estaba consciente. Yo escuchaba todo lo que hablaban y una de las cosas que decía un médico era que por favor moviera las piernas. Me hacían una, algunos pinchazos para que reaccionara y yo sabía en sueños que no, las piernas no las movía y yo por las instrucciones que he tenido en la vida, policía y militar sabía que estaba con una lesión medular. Algo, algún problema tenía (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario).

Al profundizar la entrevista acerca del instante del hecho traumático, aparecieron las contradicciones en las que se encontraba el actor. La oscilación entre la negación de la gravedad como defensa ante la angustia y la sobredimensión de las secuelas aparecieron en los relatos de Virginia, Mercedes y Luis. 

El contenido de una imagen o un pensamiento reprimido afirmó Freud en La Negación (1925) pueden abrir paso hasta la consciencia de lo reprimido. Supone un alzamiento de la represión, aunque no su aceptación. La función intelectual se separa en este punto del proceso afectivo. Con ayuda de la negación se anula una de las consecuencias del proceso represivo: la de que su contenido de representación no logre acceso a la consciencia (…) Negar algo equivale en el fondo a decir: “esto es algo que me gustaría reprimir”.

Para Virginia una lesión en su propio cuerpo modificó su perspectiva vital y provocó apreciaciones contrapuestos.

(…) y ahí fue cuando le pregunté al médico: -yo la semana que viene me voy de vacaciones”. – Ah, – ¿y adónde se va? -A Salta. -No, no podés irte a Salta. Si me decís a Mar del Plata que te podemos conectar con algún hospital que te haga las curaciones bueno… pero a Salta no”. Salí llorando. -Uy, pierdo las vacaciones a Salta (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

La negación se manifestó en forma de disociación. Se angustió por las vacaciones y proyectos perdidos, pero no por la degradación de parte de su cuerpo.

(…) era una cosa bastante inconsciente, digamos. Pensé que iba a ser todo mucho más rápido. Como si por arte de magia esto… -Ah bueno, esto se cura rápido (…) No me imaginé la magnitud (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

El juicio es el acto intelectual que decide la elección de la acción motora. Pone término al aplazamiento debido al pensamiento y conduce del pensamiento a la acción […] el juicio es la evolución adecuada del proceso primitivo por el cual el yo incorporaba cosas en su interior o las expulsaba fuera de sí de acuerdo al principio del placer. La afirmación pertenece al Eros; la negación -consecuencia de la expulsión- pertenece al instinto de destrucción (Freud, 1925).

Tanto en los casos de accidentes laborales como en los de enfermedad profesional se repitió el mismo esquema descripto por Wisner:  priorizar el trabajo y desconocer-negar los riesgos para la salud, aún en trabajadores que describieron percepciones cercanas a la muerte. La negación del riesgo y luego del padecimiento parecen encajar con el sometimiento y subordinación como requisitos para poder cumplir con la demanda de rendimiento del empleador.

(…) Yo hasta el día que el médico me dijo que yo me tenía que operar, que no podía trabajar, yo fui a la escuela con el certificado, con el guardapolvo. Y cuando la directora me dice: -bueno, ¿pero para que viniste si te dieron el certificado? Mi respuesta fue -bueno, yo vine para darte el tiempo a que puedas pedir un suplente. Me quedo hasta que venga un suplente. Era tal la compenetración que yo tenía con mi trabajo, que yo en ningún momento pensaba: -bueno, que se arreglen (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente en colegio privado).

En el caso de Luis la desafectivización como defensa ante la angustia, presente en la distancia entre el proceso intelectual y el afectivo, se manifestó como ajenidad en la relación con su propio cuerpo. Su narración de los hechos fue detallada y precisa.

La negación de la pérdida de funcionalidad corporal y de los efectos sobre su vida cotidiana y la de su familia le permitió presentarse como “discapacitado héroe” que se destacaría por la voluntad de superación de su propia desgracia. Una posición subjetiva de sobrecompensación o idealización de la “herida que lo llevó a lograr lo que nunca había hecho antes del trauma” (Cúpich, 2008).

(…) en ese momento como todo, una mala noticia no cae bien ¿no? Pero soy de reponerme enseguida ¿no? Hacer un pequeño duelo y decir que tengo que seguir, soy muy fuerte, soy muy fuerte para eso(…), no me quiebro, no me dejo vencer fácil, mi vida fue siempre así y yo siempre digo: – me quedé un año y meses tranquilo, cuando estuve internado, porque tuve que aprender a vivir, pero después que salí estuve, empecé a pensar enseguida que tengo que seguir siendo marido, siendo padre, siempre soy la voz cantante de mi familia, ¿no? (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario).

Durante el duelo, que mencionó Luis, el mundo se hace pobre y vacío. Inhibición y falta de interés se esclarecen totalmente por el trabajo del duelo que absorbía al yo.[13]

Transcurrieron cuatro años desde el momento del accidente hasta que recuperó su motivación para trabajar. Según su descripción permanecía todo el día entre su habitación y la sala familiar; probablemente no fue un pequeño duelo.

En los relatos de los entrevistados que recibieron un dictamen médico de enfermedad profesional la disociación-desmembramiento corporal fue de tal magnitud que requirió la intervención de otros actores para informarle al sujeto qué pasaba con su cuerpo y le advirtieran acerca de los primeros signos de la enfermedad. La negación como defensa también estuvo presente, incluso agudizada; la percepción fue casi nula. 

(…) Durante el trabajo cotidiano yo no me daba cuenta. Mi familia sí me notaba nervioso, me notaba ansioso, me notaba, a veces, fuera de control en el sentido que estaba “pasado de rosca”. Muy excitado, muy nervioso, ansioso. Pero yo no (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

Incluso un compañero le advirtió sobre los riesgos a los que se exponía.

(…) Cuando yo tomo el puesto la persona a la que yo reemplazo, que hacía obviamente el trabajo este, él pasaba a trabajar en la parte comercial (…) y siempre recuerdo que el muchacho este me dijo: “este trabajo es para hacerlo un año, año y medio. Más de eso no (…) él se pudo dar cuenta de que lo había consumido el trabajo en muchos aspectos…pasó el tiempo y vino la enfermedad (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

En el relato de Mercedes también la alerta vino de sus compañeros y familiares.

(…) -Mercedes, tenés sangre. Entonces me miro así y tenía el dedo cortado. Me envolví con una toalla así y me fui (…) mi hija me dijo: – ¿por qué no vas a ver un (…)? (…) te saqué turno con un especialista de manos”. Entonces fui a ver al especialista de manos (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

El circuito de ajenidad, negación del dolor y sufrimiento en el propio cuerpo fue confrontado por la familia o compañeros de trabajo que dieron la alerta y sancionaron en forma dramática la situación.  Los vínculos significativos fueron incorporados a los relatos como fichas decisivas de sostén durante y después del hecho traumático.  Mercedes recién confirmó su situación cuando el médico se lo informó.  

(…) yo notaba algo raro en mi cuando llegaba la madrugada y no podía dormir por el hormigueo que tenía en las manos, pero yo pensé que era cansancio, que era algo de mucho trabajo que por eso se me dormían las manos; le echaba la culpa a que era mucho trabajo, no llegué a darme cuenta…, hasta que el médico me lo dijo (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

En forma similar a Pablo que sufrió un accidente, desconfiaba y negaba las propias percepciones sobre su padecimiento. La negación apareció como paso ineludible, tanto en la exposición a riesgos como en los efectos del hecho traumático.

4.2.1.2. De la ajenidad del cuerpo a la ajenidad del espacio social

El tiempo de recuperación los alejó de la escena. En tanto se percibieron fuera del control de su cuerpo también estuvieron fuera del control de su lugar de trabajo. Tras el hecho traumático los entrevistados mostraron incertidumbre sobre su futuro laboral incluso antes de conocer la resolución del empleador.

(…) y bueno (…) ¿ahora que pasa conmigo? (…) ¿cómo hago para seguir” (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente en colegio privado).

Durante la ausencia se convirtieron en simples espectadores de los hechos.

(…) La verdad que yo no tenía noción de qué iba a pasar. No sabía. Tampoco tenía en claro esto de la incapacidad laboral. No tenía idea de estas cosas. No sabía que iba a pasar (…) (Pablo, 24 años, 1999, vendedor en gran empresa).

La preocupación principal de Carlos era conservar su empleo.

(…) En ese momento la preocupación mía era el trabajo. Trabajo y trabajo. Qué iba a hacer. Después durante los primeros meses, le digo la verdad, no lo pensaba que me iba a quedar sin trabajo…pero después del despido, obviamente, lo que más influyó en la parte anímica fue no tener trabajo. Y el trabajo que a mí me gustaba y yo sabía hacer. Es el día de hoy que no lo puedo volver a hacer (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en empresa multinacional).

El circuito de ajenidad evolucionó hasta la posición de espera. Pablo ya no controlaba su condición laboral y esperaba la decisión del empleador para que defina su continuidad.

(…) creo que durante un año y medio estuve casi todos los días – en referencia a la rehabilitación- y después iba cada tanto. Yo como en ese momento me pagaban, cobraba, me depositaban, la verdad que no decía nada. Esperaba a ver que pase algo (…) (Pablo, 24 años, 1999, vendedor en gran empresa).

La empresa continuó produciendo, incluso, progresando en su ausencia; podía sobrevivir sin el aporte del trabajador que se encontraba de licencia médica. Algunos entrevistados intuyeron la probabilidad de un desalojo del espacio sociolaboral en el que permanecieron transitoriamente.

Para Boudieu (1992) el agente puede desaparecer físicamente sin que deje de existir la posición social que queda disponible para otro agente (Gimenez 2002).

Ya desposeído de los medios de producción, consideraron estar desposeídos de su fuerza de trabajo, ya que la integridad de su cuerpo era su capital de trabajo. Virginia mostró las primeras percepciones de invisibilidad con presencia física a la que luego fue sometida por su empleador para inducir su desvinculación.   

(…) Yo nunca existí después en la empresa (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Pablo asumió un posicionamiento subjetivo del orden de la vergüenza que intentaba evitar a toda costa que marcó la herida de su ideal como trabajador.

(…) Me di cuenta que durante un año yo no estuve y en ese año hubo cambios. Es más, las veces que yo… creo que ahora recuerdo… tuve que ir un par de veces a cobrar o a buscar algo a la empresa y no era fácil llegar de nuevo a la empresa. Para mí no era fácil. Quizás por cuestiones internas tampoco me acerqué a otros compañeros. Pero para mí no era fácil (…) me imaginaba esto del qué dirán: -uh, mirá quién apareció. Creo que eso se me presentaba (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

Luis no tuvo dudas sobre su doble condición: trabajador con incapacidad laboral total permanente y persona con discapacidad ya que se transformó en usuario de silla de ruedas. Desde el momento del accidente sus expectativas de retornar al puesto de estibador fueron descendiendo; habían transcurrido tres años de licencia médica. El alejamiento en el tiempo también fue alejamiento del lugar y de las probabilidades de retorno. Luis, como Pablo, también fue espectador externo de los acontecimientos.

(…) lo que pasa, lo único que sí, se agrandó mucho más… se presentó la empresa… se triplicó prácticamente la empresaSí, sí, (…), mucho progreso tuvieron; sí; de tener 20 camiones de reparto a tener 80 así que yo creo que se triplicó 3 veces más de lo que era (…) en esos 3 años cambiaron de dueño… sí… y se fueron agrandando sí… después de la crisis del 2001 dieron un salto muy grande cuando el país empezó a trabajar. Ellos crecieron muchísimo, pero con todos planteles nuevos, antes era gente muy antigua, por decir 20 años de trabajo, 15, 20 años de trabajo y ahora los muchachos no llegan a estar 2 años, y siempre tienen una, tienen algo para despedir a la gente (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en camión de reparto).

La transición de la PyME a la gran empresa con el ingreso de capitales extranjeros fue descripta claramente por el trabajador.

(…) cambiaron, ellos cambiaron los dueños, fueron, los dueños fueron de padres a hijos (…), cambiaron de una marca argentina a una marca extranjera de…, y bueno… y ahí hicieron 3 veces más de lo que tenían y eso fue lo que pasó y justo en ese tiempo, en la crisis del 2001 del país al 2003, 2004, fue que se levantaron mucho esta gente. Sí, sí (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en camión de reparto).

La empresa había cambiado. Se había expandido, pero ya no había lugar para él.

Tras el hecho traumático la ajenidad del lugar de pertenencia para los entrevistados se manifestó con sensaciones de vacío. Dejaron de estar y también dejaron de ser; perdieron su identidad de trabajador cuando iniciaron su licencia médica, se alejaron de la cotidianeidad y se encaminaron hacia la invisibilidad.

4.2.1.3. Entre la percepción subjetiva de los trabajadores, el discurso biomédico y la segregación

Uno de los aspectos de la disociación entre el impacto objetivo y subjetivo del daño se manifestó en la autopercepción de la capacidad de la fuerza de trabajo luego del hecho traumático.

Los trabajadores se encontraron atravesados por la imposición de los discursos del modelo médico, la propia percepción sobre su cuerpo y sus contradicciones; como en el relato de Virginia sobre los efectos en su vida cotidiana.

(…) a mí me hirió tremendamente la inactividad cuando me accidenté. Era una pantera enjaulada, mal porque no podía nada, hasta la estupidez de bañarme y ducharme (…) No podía salir a caminar, no podía hacer gimnasia…era todo adaptarme a una nueva situación de incapacidad que me destrozaba. Porque había mil cosas; no podía ir en colectivo en horario pico… tenía mucho miedo que alguien me toque. Entonces era incapacidad tras incapacidad para hacer cosas (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

El efecto se reflejó en la convivencia con sus dos hijos adolescentes.

(…) Pasamos de una mamá que estaba diez horas, entre viajes, pitos y flautas afuera a una mamá que estaba en casa, incapacitada y sin poder hacer nada y con un humor terrible. -Había unos cortocircuitos tremendos; tremendos! (…) estaban estudiando, pero era mucho tiempo de choque. Eso de entrar y salir y almorzar y yo en el medio era una situación distinta porque hacía años de que yo estaba afuera. Así que fue difícil la convivencia esos primeros meses y yo en el medio llorando, diciendo: -no puedo hacer nada -con voz de lamento-… Bueno…fue un cambio fuerte en la familia (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

La percepción del no podía hacer nada, que marcó sus dificultades para resolver los problemas de la vida cotidiana, se enfrentó contradictoriamente con la percepción subjetiva de capacidad conservada como trabajadora que tuvo un momento culmine en el que, como otros entrevistados, afirmó que sí podía trabajar: incapacitada para la vida cotidiana pero capacitada para trabajar. Su posición subjetiva se contrapuso con el dictamen de la Comisión Médica que sancionó su incapacidad laboral parcial permanente y cuantificó el porcentaje de la fuerza laboral obrera perdida como consecuencia de los riesgos del trabajo.

Los entrevistados manifestaron en forma diferencial el impacto subjetivo que les provocó el hecho traumático en su vida cotidiana y la posterior sanción de incapacidad laboral permanente.

La percepción subjetiva de capacidad laboral conservada –yo podía trabajar- fue asociada a una situación transitoria “relativa e inconstante” que se contrapuso a la sanción de incapacidad permanente del dictamen. Relativa como dificultad con respecto a algo particular, con existencia en función de criterios socioeconómicos tanto como biológicos; e inconstante porque los obstáculos van cambiando según la propia evolución del entorno donde el sujeto se va acomodando a los nuevos y desadaptándose a otros (Wisner, 1988).

En la postura que adoptaron primó el intento por adecuar los obstáculos del contexto para permitir la continuidad del recorrido laboral en lugar de ser tipificados como cuerpocosa a normalizar por las prácticas médicas y de rehabilitación.

Los entrevistados, que manifestaron claramente el impacto del hecho traumático en su vida cotidiana, raramente se identificaron a la condición de “trabajador con incapacidad laboral permanente” como sanción del discurso de la ciencia. Por el contrario, la percepción subjetiva fue de capacidad laboral conservada: yo podía trabajar

Para Barber (2001) la salida apropiada a la tipificación impuesta sería el diálogo o la negociación entre el tipificador y el tipificado.

Para esta negociación, la Ley de Riesgos del Trabajo en su Capítulo IV, artículo 22, prevé para los siniestrados la opción de solicitar una revisión del dictamen de incapacidad laboral permanente que les permitiría desligarse de la tipificación.

Sin embargo, en la práctica, algunos damnificados solicitan la revisión para aumentar los índices de incapacidad con el objeto de incrementar la indemnización u obtener mayores prestaciones de salud y prolongar las licencias médicas pagas. Incluso iniciar demandas judiciales para ser declarados incapaces para trabajar. 

En este punto, la tipificación como discriminación cobra un sentido positivo, anhelado. En complicidad con el modelo médico, el trabajador queda entrampado; espera ser tipificado como única condición para acceder a una compensación dineraria. 

Se pudo observar claramente la bifurcación en la relación subjetiva con respecto a la tipificación. Negar la identificación con la incapacidad como modo de eludir el estigma (asociado a la improductividad atribuida a las personas con discapacidad) a través de la relativización del tema por un lado y por otro se evidenció el interés económico como beneficio secundario a la pérdida que surgió en un momento posterior.

Carlos prefirió no saber sobre su dictamen; consideró que era mejor que quede en un sobre cerrado. 

(…) No decía incapacidad (…) Le digo la verdad, en este momento no me acuerdo bien. Trato de estas cosas no volver y fijarme. Tengo la resolución… tengo todo en casa… pero no. Así como me la dieron la archivé, la dejé (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en empresa multinacional).

Virginia también resolvió su conflicto con el rótulo relativizándolo.

(…) en realidad lo tomé como un trámite administrativo porque a mí la incapacidad no me lo da un médico con un porcentaje ni un juzgado con un porcentaje. Yo tengo la suerte de lograr mover la mano. Hay cosas que no puedo llevar, cosas pasadas y demás, pero la puedo trabajar. Hay cosas que no las puedo agarrar, pero las puedo trabajar y puedo tener vida normal (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Pablo, el más joven de los entrevistados, por el contrario, quedó impactado por el dictamen. Existen incapacidades que se ven y otras que no se ven como las suyas. Sin embargo, la incapacidad se jugó para él en el punto de la transformación de su identidad social en relación a la mirada de los otros y la marca sobre su futuro.

[…] no es tanto que el discurso de la ciencia engendra la segregación, sino que el discurso de la ciencia y el sujeto que le es correlativo inician una práctica de la segregación (Lacan 1967, citado por Askofaré, 2017, p. 11).

(…) después el dictamen me llega, creo que llegaban después los porcentajes, eso no recuerdo muy bien. Cuando me llega a mi casa esto… y fue un shock, en el sentido de que tenía veinticinco años y me decían que estaba laboralmente incapacitado total. Y no entendía muy bien de que se trataba. Y cada vez que, quizás, leía un poco más y me sentía un poco todavía peor. Porque: “¿y ahora que hago?”. Proyectos…que era por la ignorancia porque después la vida continua, pero en ese momento sentía… no te digo una depresión, pero no estaba muy contento que digamos (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

La imposición de las tipificaciones plantea problemas en cuanto a la noción de igualdad de sentido común y motiva la experiencia subjetiva de la desigualdad en la vida cotidiana (López, 2016, p. 226).

Pablo se identificó como una persona con discapacidad; se preguntaba qué diría la gente. A lo largo de su relato sus actos reflejaron las tácticas utilizadas para reconstruir su recorrido laboral en función del estigma. Eludió pertenecer al colectivo de personas con discapacidad y nunca se afilió a la seguridad social que le correspondía por su condición.

(…) Qué sé yo, no sé. Pareja, futura pareja. Qué dirán con esto, con este rótulo, “este estigma” que es el, justamente, ser discapacitado (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

Pablo mostró su necesidad de confrontar su percepción con la de los demás. Fundamentalmente en relación con el “estigma” asociado a las personas con discapacidad.

(…) Lo que después pasó también una vez que tengo la resolución de este porcentaje de incapacidad, un médico me dijo: -no, pero vos tenés que gestionar el certificado de discapacidad porque eso te va a habilitar a ta, ta, ta (…), y la verdad que no sabía si hacerlo o no (…) no es que yo lo quería. Vino un poco, casi, por orden del médico. Después de que me lo dieron…si no me lo daban era lo mismo, pero cuando la doctora me dijo: -si vos estas bien (…) -Pará. Vos estas bien (…) Vos me ves ahora bien, no sabes todo lo que pasé hasta estar acá (…) Y ahí fue como que reaccioné un poco. Me lo dieron y en realidad no lo usé tampoco (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

La tipificación de trabajador con incapacidad laboral permanente, aún con índices pequeños, los remitió a una identificación directa con las personas con discapacidad unificadas por el estigma de la improductividad con el que lucharon a partir de ese momento e intentaron de diferentes modos autoexcluirse identitariamente para poder reconstruir su recorrido laboral. Pero en la posición subjetiva que adoptaron los entrevistados y su visibilidad ante la sociedad se pudieron observar diferencias.

Algunas personas con discapacidad pueden mostrarse y diferenciarse de los otros a partir de una discriminación positiva por ejemplo a través de la práctica deportiva que les permite, además, un progreso social. El cuerpo deja de ser una cosa moldeada como cuerpo-cosa y pasa a constituirse como sujeto social en función de portar una discapacidad (Ferrante, 2014).

Por el contrario, para los trabajadores con incapacidad laboral permanente adquirida entrevistados, la visibilización siempre se presentó obstaculizada por la asociación con un estigma autoinfligido.

Si las posturas corporales evocan virtudes y estados del alma, estar quebrado, perder la mano de obra o los brazos para trabajar impactaría en el deber ser trabajador como virtud moral del trabajo para la inclusión social.

En los relatos de Pablo y de Virginia las posturas corporales se manifestaron en varios de los pasajes donde se conjugaron el verse y el no querer verse. El temor a ser visto por los otros para Luis; en el acto de esconderse o enmascararse se jugó todo el tiempo un cuerpo-cosa manejable o inmanejable, no intercambiable en el mercado de trabajo. Una postura devaluada ante la sociedad.

En el yo podía seguir trabajando se enfrentaron dos criterios: ser capacitado o incapacitado en función de un dictamen médico que les fue impuesto o de la propia percepción de la capacidad como en el caso de Virginia que hizo alusión a la relatividad de los obstáculos. Para la entrevistada, el parámetro de medición siempre fue el puesto laboral y no el dictamen médico.[14]

(…) Claro, sí podía trabajar. Por ejemplo, escribiendo o haciendo otro tipo de tarea o con otros tipos de controles o alguna tarea en la que yo pudiera manejarme con una sola mano. Y bueno (…) decidieron que no (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Podría entenderse, entonces, que la postura de los entrevistados acordaba con el yo podía trabajar, pero no me dieron tiempo ni modificaron el entorno para mí; no pude demostrar que podía -necesitaba algo del empleador que me fue negado-.

(…) que si la empresa se hubiese preocupado por mí, si tenía ese tipo de mentalidad, también hubiese buscado la forma de que yo vuelva a trabajar. Aunque sea seis meses más con una sola mano. Atendiendo el teléfono, buscándole la vuelta…así como aguantan con una chica embarazada nueve meses cuando falta diez días por mes (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

En el proceso de retorno al mercado laboral los entrevistados se autovaloraron como competentes. El hecho traumático y las situaciones discriminatorias quedaron suspendidas; solo intentaron mediante diferentes tácticas recuperar su lugar. La tipificación de incapacidad laboral agregaría o desagregaría capital a la fuerza de trabajo, un obstáculo para la continuidad laboral, como en el caso de Mercedes.

(…) me quitaron esa posibilidad de poder demostrarles. Eso me quedó (…) de poder demostrarles a ellos que yo si podía y que yo sí puedo (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Esta situación se repitió con Carlos y otros entrevistado que intentaron que el estigma quedara relegado a la intimidad de su cuerpo y la afectación en su vida cotidiana y no en su identidad social de trabajador. La sentencia yo podía trabajar se enfrentó a la decisión anticipada del empleador.

(…) Esperaba otra acción, otra situación…porque ellos me avisan, antes de llegarme el telegrama de despido, que me guardaban el puesto de trabajo sin goce de sueldo. Entonces ahí yo le dije que no. Que yo lo que quería era trabajar, quería reponerme y volver a trabajar, si no era en ese sector en otro. Pero yo quería volver a trabajar, pero “la empresa decidió que no (Carlos, 34 años, 2009, supervisor empresa multinacional). 

El entrevistado creyó que el poder estaba de su lado, pero podía se enfrentó al podría.  El poder, descubrió Carlos, siempre estuvo del lado del capital. Nuevamente el control del tiempo de espera y el espacio lo definió el empleador para quien la problemática para la continuidad laboral se encontraría en la probable disminución productiva y económica del capital humano; probable en tanto ninguno de los empleadores se arriesgaron en el juego de probar y reincorporar al trabajador siniestrado para evaluar la capacidad in situ. [15]

El porcentaje superior al 66% de incapacidad laboral total permanente dictaminado transfirió a Pablo directamente a la seguridad social para una pensión por invalidez. El índice no contemplaba la continuidad laboral que contradijo su percepción subjetiva.

(…) Porque justamente yo estaba bien… podía hacer todas mis cosas. Me imaginé que podía seguir trabajando (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

En el yo podía trabajar los entrevistados enunciaron diferentes factores que debían ser modificados para que esta situación se torne efectiva como el aumento del tiempo de espera para la recuperación o adecuaciones del puesto de trabajo. 

La percepción subjetiva del yo podía trabajar se alteró notablemente ante la expectativa de un nuevo empleador en el proceso de reinclusión al mercado de trabajo.

Para algunos entrevistados la reconstrucción de su recorrido laboral mostró inestabilidad en la percepción subjetiva de la eficacia en el desempeño. A pesar de no reunir los criterios para ser tipificados como personas con discapacidad se identificaron con la condición, que apareció en forma solapada en los relatos.

(…) Perdón por el comportamiento, si me pongo mal, porque bueno… por como saben, las personas que han pasado por momentos complicados de depresión y angustia hay cosas que el tiempo no las puede volver atrás y, segundo, volver a veces a una herida que, aunque no lo crean, el que no experimentó o el que no estudia estos síntomas o estas enfermedades le puede parecer que no es así. Mismo yo antes de caer con la enfermedad, de conocer la enfermedad, nunca me había psicoanalizado; nunca me saqué (…) yo era muy fuerte anímicamente, psíquicamente. Y no, no es así (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en empresa multinacional).

La percepción subjetiva, relacionada con el mito de la improductividad de las personas con discapacidad, no le impidió a Carlos volver a trabajar en forma autónoma y a Carmen retornar a la docencia con algunas adecuaciones.  

(…) por ahí no es tan evidente cuando yo estoy haciendo mi trabajo, que se yo, pero en algún momento aparece. Cuando te quedas sin aire, cuando estás como estoy ahora y cuando vos sabes que tenés que tomar una serie de recaudos: tomar agua, no hablar de frente al pizarrón, no elevar la voz demasiado, tenés que prestar atención de cómo respiras, de cómo (…) bueno cuando tenés tanta cosa, todo eso te genera un malestar una cosa de decir, bueno (…) qué sé yo (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente en colegio privado).

La convivencia permanente o transitoria con la identificación con las personas con discapacidad no se relacionó con el nivel de limitación o el tipo o desventaja efectiva en el desempeño laboral sino con el impacto sobre su vida cotidiana y su reinserción laboral.

Las tácticas de bifurcación para reconstruir su recorrido laboral requirieron trasponer el estigma y la tipificación. En el caso de Pablo, la discapacidad se reformuló en función de portar o no un certificado que la acreditaba. 

(…) eso lo sentí durante el tiempo que tuve este certificado de discapacidad que creo fueron cinco años. Ahí sentía esto, que era un discapacitado y que no iba a poder acceder a otras cosas. Pero igual yo creo que siempre está (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

En la reiteración de la frase yo podía seguir trabajando se condensaron la negación de la exposición al riesgo y las secuelas del hecho traumático con el objetivo de sostener la posición subjetiva de no percibirse-identificarse como un sujeto incapacitado para trabajar. 

A pesar de los obstáculos sociales, el impacto en su fuerza de trabajo y el dolor en el propio cuerpo en el momento del retorno laboral los entrevistados parecieron borrar los hechos y las vivencias postulándose como un cuerpo-cosa normalizado, a-histórico, producto intercambiable de venta para retornar al campo de batalla del mercado de trabajo y sostener el valor moral del deber ser trabajador.

En el transcurso del itinerario laboral previo al hecho traumático la conducta habitual fue competir con otros postulantes por un puesto para ser seleccionado e incluido en el campo social como portador del capital humano requerido por el mercado asalariado. Esta conducta se transformó luego en una táctica de lucha por mostrarse igual a otros, normalizado, saludable y capaz.

4.2.1.4. El tiempo muerto

La articulación del tiempo y el espacio se presentó en diferentes pasajes de los relatos. El instante del hecho traumático y el impasse de espera para la recuperación en contraposición a los tiempos de la producción.

Apareció la figura médica en la determinación del alta como agotamiento del tratamiento, es decir, la saturación de los recursos de la rehabilitación y sus prácticas con una desarticulación entre el cuadro clínico, los tiempos objetivos y subjetivos de la recuperación y el retorno al campo laboral.

Los tiempos de espera enlazan los tiempos productivos e improductivos. El asalariado conserva su puesto de trabajo mientras la seguridad social privada (ART) reintegra su salario al empleador con lo cual, ni empleador ni empleado, perciben el costo de la improductividad que se hará visible al momento del alta médica, el corte de prestaciones en especie y el reintegro salarial. Eventualmente el vacío será percibido por los pares sobrecargados con las obligaciones del ausente.

En el momento de la reinserción laboral, en cambio, la contraparte empresaria podría mostrar sus prejuicios hacia la incapacidad laboral adquirida identificándola con baja productividad, ausentismo y costos adicionales como la adaptación del medio de trabajo. [16]

Pablo consideró que el factor tiempo era un bien que debía cederle la Empresa.

(…) Yo estaba con ganas de seguir trabajando. Yo quería trabajar y, es más, hasta ya había pensado en mi reubicación dentro de la empresa. Para qué lugar ofrecerme, quizás. Pero bueno, no me lo permitieron. No me dieron tiempo (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

Los entrevistados analizaron el tiempo de la recuperación sin confrontarlo con el tiempo-costo de la producción. Si para el empleador el salario retribuye el tiempo de trabajo: ¿qué costo tendría para las autoridades del colegio de Carmen reemplazar a un docente cada vez que solicitaba una licencia médica?

(…) Entonces yo sabía que iba a tener una recuperación, que iba a tener que hacer un tratamiento y que me iba a llevar un tiempo. Lo que nunca me imaginé es que la escuela me iba a decir: “bueno, muchas gracias y hasta acá llegamos” (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente en colegio privado).

El tiempo se volvió elástico durante el período de la recuperación y en la determinación de la continuidad laboral. El instante del hecho traumático y la desvinculación, en cambio, se constituyeron como hitos; un punto de inflexión en dos actos.

Fuera de agotar el análisis de lo expuesto se desprenden los siguientes interrogantes: ¿quién o qué instancia sanciona la incapacidad para trabajar?; ¿es posible afirmar que la sanción provenga del empleador cuando define la continuidad o discontinuidad del contrato laboral y el conocimiento científico a través de una Comisión Médica sólo la convalida?; ¿se requiere una alianza entre el empleador, la corporación médica, la justicia y el mismo trabajador para la tipificación?

Es probable que la desvinculación comience a gestarse desde el instante mismo en que se produjo el hecho traumático o, aún más, las mismas condiciones que permitieron la inclusión determinen la exclusión. Es decir que la sucesión temporal no se instrumente en hitos sino en hechos paralelos y complejos sin que el trabajador pueda percibirlo; como no pudo percibir el desgaste de la fuerza de trabajo, como no pudo percibir los riesgos a los que se exponía y sus consecuencias. 

De hecho, siempre fue ajeno a las decisiones empresariales sobre su empleo.

4.2.1.5. La asunción de la culpa del hecho traumático

Sólo la capacidad de experimentar sentimientos de culpa nos hace humanos. Sobre todo si objetivamente no somos culpables. Bruno Bettelheim (1903-1990). Sobreviviente de los campos de concentración nazis de Dachau y de Buchenwald.

La percepción del impacto en la vida cotidiana del hecho traumático adquirido en el empleo podría tener una magnitud similar si ocurriera en otros campos como los accidentes domésticos, viales, deportivos o enfermedades crónicas que evolucionan hacia la incapacidad parcial o total para trabajar.

Un aspecto que los diferencia y se reiteró en las narraciones fue el sentimiento de culpa por lo sucedido asociado a la escena del campo laboral y el daño en la propia fuerza de trabajo. Se mostraron fuertemente involucrados en los hechos por desobediencia a las reglas de prevención implícitas en el contrato de subordinación que, luego, se transformaron en sentimientos de bronca hacia el empleador y la empresa por el daño.

Asumir la culpa del hecho traumático en forma espontánea se manifestó en una constante durante los relatos. A lo largo de las entrevistas en profundidad se pudo detectar rectificaciones en el sentido histórico de las circunstancias que lo desencadenaron. La distancia temporal les posibilitó asumir que no se trató solo de la propia falla humana, supuestamente, cognoscible y controlable.

Virginia conocía las carencias en materia de prevención de riesgos que había en la PyME donde trabajaba; hubo un incendio y varias veces el mismo preparado que le provocó la quemadura había caído en el delantal de alguna compañera. Pero en su primera reacción ante el accidente primó la concepción de la tragedia personal y la autoadjudicación de la culpa. 

(…) ¡Ay, que macana, me accidente! (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Trabajar en la calle es trabajar sin red de contención. Manejando un vehículo en una ruta como Pablo o en la entrega domiciliaria de mercadería como Luis, víctima de la violencia urbana durante la crisis socioeconómica de la Argentina en el año 2001. Entre lo controlable y lo incidental persistió la culpa.

Para Pablo la gravedad del hecho y el estado de confusión provocaron la circulación de rumores que, creía, lo señalaban como culpable.

(…) Lo único que estaba, siempre estuvo, el rumor de cómo había sido el accidente. Y después todo lo que se crea alrededor de eso… Y que nadie había tenido la culpa, de quién la había tenido (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

A lo largo de su relato asumió la interpretación de los rumores como ideas propias. Tras el dictamen judicial de sobreseimiento de su responsabilidad penal continuó sintiéndose culpable.

(…) Yo pensaba que estaban esos rumores de que era culpable. De que por mi culpa quizás pasó lo que pasó. Pero era una suposición mía. Yo como que cargaba con esa culpa (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

El día del accidente junto a su ocasional custodio alteraron la ruta prevista. El acompañante se había desprendido el cinturón de seguridad para cebar mate a pesar de las advertencias de Pablo. Había transgredido las acciones preventivas -o acciones disciplinares- sobre el control del cuerpo que forman parte de la lógica del poder que institucionalizó la racionalidad productiva como contraria a la ignorancia basada en ideas de eficiencia y costo. 

Sin embargo, la conducta imprevista que provocó el choque vehicular frontal fue de un tercero que se dio a la fuga. No hubo conducta riesgosa ni acto fallido de Pablo que conducía al momento del accidente por su carril, a la velocidad establecida y con su cinturón de seguridad colocado.

Varios años después un encuentro casual con un excompañero le confirmó a Pablo la intervención de un tercero. Fue necesario la aparición de un testigo tardío para ordenar la secuencia histórica y desligarlo subjetivamente del sentimiento de culpabilidad.

(…) -sí, por este que se dio a la fuga, que se escapó, lo vimos” y demás, pero -que se escapó. Porque, ¿qué pasaba? Porque después hasta yo tenía la duda de que si realmente hubo un tercero. Porque nadie me lo puede confirmar, yo lo había vivido. Para mí era una suposición y bueno, eso era como yo pensaba que había rumores de que quizás (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

El impacto fue de tal magnitud que desconfiaba hasta de sus propias percepciones y sin poder defenderse ante los demás la culpa fue autoinducida. Los rumores que imaginaba, ser juzgado por sus compañeros y empleadores, superó su recuerdo. 

En la empresa donde trabajaba existían normas de prevención que fueron parcialmente transgredidas por el compañero ocasional. Cumplirlas no habría evitado el accidente pero eventualmente podrían haber preservado su vida. 

Luis también manifestó su sentimiento de culpa por la lesión sufrida en la calle mientras descargaba garrafas de gas e intentaron, sin éxito, robarles la recaudación del día; la caja de seguridad del camión de reparto estaba sellada. Habían previsto que la zona era peligrosa y con el conductor del camión decidieron adelantar el horario de entrega: pensábamos que los chorros estarían durmiendo.

(…) yo le dije a mi señora: -disculpáme lo que te hice. Pero era una cosa que yo me sentía culpable por, no sé, por el trabajo elegido. La verdad que nunca lo tuve en claro, pero fue lo que me salió en el primer momento que yo me desperté que los médicos hicieron pasar a mi familia para que me vieran (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en camión de reparto).

Algunos investigadores afirman que los accidentes y enfermedades profesionales son producidos por “desobediencia” al orden perfecto. La ignorancia o inobservancia de las normas convertiría a la víctima en culpable en una nueva explicación sobre el error humano postulado por Heinrich, pero con una intencionalidad de rebeldía.

La culpa fue asumida por los mismos trabajadores que se autoadjudicaron desobediencia a las reglas y no haber cuidado su propio cuerpo, aún en los casos en que no existían reglas de prevención, como en la empresa donde trabajaba Luis o en las PyME donde trabajaban Virginia y Mercedes.[17]

Para Mercedes sobre la culpa por padecer una enfermedad profesional se sumó la angustia por haberse operado contra el mandato de su empleador que le imponía continuar trabajando. La falta de obediencia la dejó en situación de indefensión.

(…) Yo lo primero que hice para poderme sentir mejor y poder hacer un montón de cosas que me quedaban fue ir a ver a una psicóloga porque yo tenía una angustia, una angustia terrible yo no podría perdonar de por qué me operé. Hasta que la psicóloga me hizo ver que si yo no me operaba no iba a poder hacer nunca más nada. Pero es como que era toda la culpa de por qué me operé. Es más, un rechazo total a operarme la otra mano porque el médico que me sigue atendiendo me dice: -y la otra, y la otra. -No doctor, no me duele”. Si me duele, si tengo calambres. Pero nadie lo sabe (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

En el caso de Pablo el testigo tardío lo alejó del sentimiento de culpabilidad. Para Mercedes esa función estuvo a cargo de una psicóloga. 

El cuerpo-cosa de Mercedes fue manipulado por su empleador que ejercía un poder absoluto sobre su salud y su empleo; que se presentó como poseedor del conocimiento médico al punto de reprocharle haberse operado y la intimó a retornar a su tarea antes del alta ejerciendo el “poder en forma de vigilancia sobre el cuerpo” de la trabajadora, como lo describió Foucault en Microfísica del Poder (Foucault, 1979, p.149).

En las PyMES donde trabajaban Mercedes y Virginia, las normas de prevención eran laxas o inexistentes. No había capacitación; había vigilancia, pero no cuidado de los cuerpos. La postura del empleador era desligarse y delegar el cuidado y responsabilidad al propio trabajador.

Virginia describió las normas de prevención en forma de castigo y control de las conductas de interrelación con compañeros en lugar de proveer sistemas o elementos de protección personal. No había capacitación de manejo de materiales peligrosos. Mediante un tratamiento pueril del trabajador se esperaba mayor atención y concentración en la tarea para mejorar la calidad y cantidad producida.

(…) la empresa era muy rígida en el sentido que no te permitían usar el celular; no te permitían tomar un café mientras estaban trabajando, ni comer una galletita, ni hablar. Había lugares en que específicamente no querían que hablemos porque nos distraía, nos podíamos distraer en nuestra tarea específica. Cosa que hablamos así a escondidas sino no podés estar ocho horas encerrada, alienada, sin poder hablar con nadie. En esas cosas mucha bolilla no se le daba. Venían nos retaban: -¡Ay! ¡Tienen que callarse!”. Era la relación (…) Entre los empleados estaba todo bien, no había conflicto. Sí tenían una cosa muy exigente con respecto a la conducta o mirar el reloj cuando uno iba al baño por ejemplo. De control. Pero ya formaba parte de: -Mirá el reloj si querés. Uno llega a eso porque si no uno no vive ocho horas encerrada (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria PyME).

El uso del reloj, watch en inglés que significa tanto reloj de pulsera como observar remite al símbolo representativo del orden, la disciplina y la represión requeridos para crear un proletariado industrial, muestra de un modo de organización neotaylorista de los tiempos de la producción (Zerzan (1994) en Indij, 2016).

La posible transgresión de Virginia no fue hacia las normas de seguridad inexistentes sino a los sistemas de control como resistencia al poder impuestos por la patronal. La inducción de la culpa en la trabajadora se evidenció cuando inició una demanda contra el empleador por la falta de pago de la indemnización por despido y por daños.

(…) pero a todo esto cuando yo inicio el juicio hubo una reunión diciendo que yo iniciaba un juicio y que ahora estaba en riesgo el trabajo de todos por el juicio que iban a tener que pagar por culpa mía…porque el argumento que maneja esta gente con el juicio es que no consta que la lata se haya caído, sino que ellos creen que yo me tire la lata a propósito (risas) (…) si alguien supiera lo que yo padecí. ¿Cómo me voy a tirar la lata a propósito? (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria PyME).

La inducción y circulación de la culpa por el hecho traumático se repitió en varios de los casos analizados y tuvo un segundo embate durante el proceso de exclusión del campo formal de trabajo que se analizará en el siguiente apartado.

4.2.2. Segundo acto: la exclusión del empleo

4.2.2.1. La estrategia de la exclusión sociolaboral

En los capítulos I y III de esta investigación se analizaron diferentes aspectos de la exclusión social de la población en general y la exclusión del sector formal del trabajo en particular y sus consecuencias, no referidas solo a la dimensión económica y de la seguridad, sino a la dimensión social y subjetiva de la pérdida.

En la estrategia empresarial de desvinculación, las condiciones de salud y su alteración como discontinuidad de la normalización de la fuerza de trabajo esperada, aumentó su peso relativo en detrimento de las calificaciones y competencias requeridas para la continuidad laboral.

Sostenidos por la autopercepción del yo podía trabajar y la creencia en la normalización de la fuerza de trabajo mediante las prácticas del modelo médico y de rehabilitación de un cuerpo-cosa, algunos de los trabajadores intentaron mantener en forma simultánea la defensa de su buen desempeño y el encubrimiento de la incapacidad laboral adquirida como táctica posible para preservar la continuidad laboral.

Solo a posteriori de la desvinculación afirmaron que el despido fue causado por la incapacidad -interpretada como estigma- que no fue percibido solo como desvinculación del mercado formal sino como exclusión del campo social, capaz de provocar un punto de inflexión en su recorrido laboral y cuestionar el valor moral del “deber ser trabajador”.

La incapacidad laboral permanente como alteridad se convertiría en la causa principal que les permitiría no confrontarse, en primera instancia, con la lógica del reconocimiento-desprecio como persona y trabajador que llevó implícito el proceso de exclusión.

Los entrevistados que aseveraron que la rotación externa durante su itinerario laboral previo al hecho traumático fue en total libertad; tras la desvinculación modificaron la posición en relación a su proyecto biográfico laboral.  

Las explicaciones sobre las causas de su desvinculación ya no estarían relacionadas con sus decisiones -causalidad voluntaria- sino que fueron atribuidas a factores externos -involuntarios-, ajenos a su control, que operaron en el hecho.

La posición pasiva que presentaron durante el tiempo muerto de la recuperación de su salud se modificó durante el proceso de desvinculación. En las tácticas empleadas presentaron mayor disposición al enfrentamiento y la oposición, pero sólo Carmen mostró una clara lucha por la defensa de su derecho a la continuidad laboral.

4.2.2.2. La incapacidad laboral permanente como causa-efecto de la desvinculación

Los cambios de trabajo a lo largo del itinerario laboral de cualquier sujeto pueden estar asociados a cuestiones tanto voluntarias -separaciones producto de renuncias, retiro del mercado laboral-, como involuntarias -entre las que se destaca principalmente el despido-.[18]

En sus relatos sobre el propio recorrido laboral los entrevistados atribuyeron los procesos de inclusión-exclusión del campo laboral, manifiesta en la rotación externa de personal, a una regla del mercado cuya finalidad sería incrementar las utilidades empresariales basadas en elevar la productividad y disminuir los costos salariales como el contrato de personal joven con sueldos menores.[19]   

La monotonía predominante del itinerario laboral previo al hecho traumático, con alternancia de ingreso y egreso del campo laboral en un continuun inherente al mismo acto de trabajar, se enfrentó a un mercado de trabajo flexible con tendencia a la restricción de los accesos a la inclusión, en especial para aquellos que podrían contar con su capital humano devaluado. Aunque en la aseveración fui despedido por la incapacidad raramente los entrevistados relacionaron estas reglas del mercado con su propia desvinculación.

Para Luis la empresa donde trabajaba no padecía déficit económico. La causa de rotación externa y el cambio de perfil del personal tras la reestructuración por cambio de firma tenía como objetivo disminuir los costos salariales.

(…) Esta empresa creo que despedía gente por no hacerse cargo de los temas de antigüedades. Después que cambiaron de dueños, directamente antes se trabajaba de una forma muy familiar y después se trabajó como es una empresa, pero con planteles de gente muy, muy jóvenes, en el tiempo laboral (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador de camión de reparto).

En el restaurante donde trabajaba Mercedes la causa habitual de despido era el elevado nivel de productividad requerido por los empleadores para todo el personal. La entrevistada tampoco encontró relación entre rotación de personal y situación económica de la PyME donde trabajaba.

(…) y los demás -despidos- porque no eran suficientemente lo que ellos querían. No trabajaban bien, no daban, no respondían a lo que ellos querían. Por eso los despidos, chicas que han trabajado un año, ocho meses, seis meses, y las despiden (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Las descripciones de varios entrevistados sobre la expansión empresarial, la elevación de la productividad y la situación económica no tuvieron relación con la alta rotación de personal que era visible y frecuente. 

La alta rotación de personal no tuvo, para los entrevistados, relación con el tamaño de la empresa ni la situación económica por la que atravesaba. La desvinculación siempre fue una decisión del empleador asociada a la relación de subordinación, considerando que los asalariados “no son un elemento sustancial de la empresa toda vez que la identidad de esta no se ve afectada por la salida de aquellos” (Meda, 1995).

(…) y me despidieron, pienso, por política de la misma empresa que uno es, como se dice vulgarmente, uno es un número (…) Calculo que por política. Ellos trabajaban mucho con una política europea, pero que era muy difícil aplicarla a la Argentina, al trabajo diario argentino. Es muy diferente en muchos sentidos (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en empresa multinacional).

El cambio de ciclo en el recorrido laboral de Carmen fue un hallazgo; su experiencia en los procesos de privatización de las Empresas del Estado dentro de la transformación macroeconómica de la década del ´90. Heredera de un patrimonio cultural familiar resaltó la pérdida de los vínculos establecidos en el campo social y el quiebre de la tradición familiar; ser empleados públicos como legado incluyente en el proceso de socialización.

Justificó su desvinculación como parte de los despidos masivos dentro de la lógica empresarial. La aceleración de los cambios operó en una transformación de identidades que se manifestó en su relato como pérdida de lazos sociales, separación y alejamiento de sus compañeros. Carmen atribuyó su propio despido al hecho de no poder adaptarse a la nueva cultura empresarial.

(…) uno se va preparando para eso porque ve que están despidiendo, que cambia toda la situación laboral, que cambian tus jefes, cambia todo, hasta la forma de trabajar cambió. Entonces era lógico que la empresa decidiera quedarse con algunos que les interesaba quedarse. Hasta suena a que el ámbito empresarial está bien, es así. Y la verdad que si bien me afectó, me afectó en lo social. Pero en lo laboral no. Yo tomé unas determinaciones, hice otros caminos (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente de colegio privado).

Cuando la desvinculación es interpretada como regla del mercado aparece asociada a una causa externa que permite al trabajador no responsabilizarse por las políticas económicas que, por contrato de subordinación, debe cumplir.

Tampoco su aporte personal a la organización se ve expuesto al punto de precipitar su propia desvinculación. El hecho de no involucrarse en la decisión final ni estar expuesta su capacidad laboral les permitiría racionalizar la conducta del empleador que selecciona el personal acorde a su conveniencia.

La exterioridad de las decisiones unilaterales durante la estrategia de exclusión se contrapone a los valores relacionales impuestos por la cultura de empresa donde la responsabilidad es reintroyectada en el trabajador, de modo tal que los empleados son responsables de los resultados económicos del conjunto (Wehle, 2003).

Este aspecto no apareció en el análisis que hicieron los entrevistados sobre las causas de rotación externa de personal, pero sí se hizo evidente en la estrategia de desvinculación empresarial en la que la responsabilidad y culpa de la exclusión, junto a la culpa por el hecho traumático, fueron atribuidas al trabajador.

La relación entre despido y exclusión como lógica del capital se presentó en dos dimensiones: la rotación asincrónica que forma parte de la cotidianidad de las empresas y los despidos masivos donde actúan factores macroeconómicos y políticos.

Para los actores con incapacidad laboral permanente siempre operó la rotación asincrónica y singularizada

4.2.2.3. Desvinculación de otros compañeros damnificados por accidentes laborales o enfermedades profesionales

Del mismo modo que los entrevistados adjudicaron la rotación externa de personal a una regla del mercado, también atribuyeron la ocurrencia asincrónica y desvinculación de otros casos de accidentes laborales o enfermedades profesionales entre sus compañeros como otra regla del mercado.

Luis, como el resto de los actores, sólo asoció incapacidad laboral permanente y desvinculación cuando se profundizaron las preguntas durante la entrevista. En su observación, la empresa donde trabajaba no contrataba personas con discapacidad; tampoco las retenía en su plantilla. No intentó buscar una causa, en su presunción sólo se trataría de otra de las reglas en la lógica del Capital.[20]

(…) Ninguna persona con discapacidad continúa trabajando, o sea, siempre despiden a todas las personas que quedan con discapacidad porque hubo otros heridos, otras personas que también tuvieron accidentes….en todos los casos los despedían….Sí, sí, esta otra persona también que colisionó con el camión, perdió un pie; él no quedó en silla de ruedas como yo, él podía caminar pero tampoco nunca se reintegró al trabajo, también fue despedido… no sé, pero no, que ahí no hay gente trabajando discapacitada. Por eso creo que debe ser leyes de la empresa, la verdad que no sé (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador de camión de reparto domiciliario).

Mercedes tenía conocimiento de otros despidos en la PyME y pudo identificar la exposición a diferentes riesgos, aunque no relacionó espontáneamente las condiciones de salud y capacidad/incapacidad con la exclusión laboral.

(…) Si, había otros despidos. Yo me enteré de otro despido. Así, de accidentes laborales, no. Yo tengo contacto con mis excompañeras de siempre. Me visito, me llaman y he escuchado que han tenido problemas de columna, han tenido problemas de virus, de sarna, de lo que sea (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Solo en su propio caso asoció el hecho traumático como causa de desvinculación. No por el hecho en sí, sino por la probabilidad -no certeza- de disminución de la capacidad productiva.

(…) En mi caso, que yo sé, era porque yo ya no iba a rendir lo que tenía que rendir en el trabajo (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Para los entrevistados las causas de despido de los pares fue atribuida a la baja productividad o la reducción de costos laborales (reglas del mercado) con una fundamentación económica y de productividad, pero la propia exclusión del campo formal de trabajo siempre fue causado por la incapacidad

Mercedes fue la única que asoció enfermedad profesional con disminución de productividad. Su limitación, con un bajo índice de incapacidad parcial permanente, alteró visiblemente el desempeño requerido por su puesto. El resto de los entrevistados, en cambio, afirmó que yo podía trabajar a partir de la percepción de la capacidad de desempeño conservada.

Si podían trabajar su continuidad laboral tampoco generaría un costo extra para la empresa. Sin embargo, tras la desvinculación, mencionaron que fueron despedidos porque ya no les servían en una marcada contradicción con la propia percepción. 

En todos los casos se trataría de especulaciones que no pudieron corroborar ya que la desvinculación siempre fue inscrita jurídicamente como sin causa por conveniencia del empleador.

Para Carmen los despidos eran una práctica institucional habitual que no dimensionó en la lógica del mercado como externo sino a una práctica habitual del colegio donde trabajaba, diferenciando la propia desvinculación que atribuyó a su incapacidad.

(…) casi todos los años despiden a alguien por distintas razones (…) Yo me reintegro el nueve de diciembre y el veintitrés de diciembre me dicen que me despiden “sin causa”. A lo que yo le respondo que por qué, pido las inquietudes, le pregunto por qué. Dieron mil rodeos, nunca me dijeron que había sido por mi problema, pero yo tengo una disminución en la capacidad laboral (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente de colegio privado).

La probabilidad de un descenso de la productividad justificaría la decisión del empleador para despedirlo, pero sobre la incapacidad como causa no tuvieron dudas; se constituyó en una certeza.

(…) Yo cada vez que hablo este tema yo me pongo muy mal. Muy mal porque amaba el lugar donde estaba, amaba a mis compañeras, amaba… Pero a raíz de mi operación yo me quedé sin trabajo, me echaron del trabajo (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

La incapacidad que intentaron negar-ocultar por diferentes vías –yo podía trabajar– reapareció tras la desvinculación como explicación posterior en función de un estigma independientemente de las probabilidades de desempeño laboral conservado.

Estos atributos podrían cobrar otros sentidos al punto de convertirse en capitales. Ser portador de una “incapacidad” explicaría la causa de la exclusión diferenciado de la regularidad de la rotación externa de personal (propia de la flexibilización); del despido de los otros.

4.2.2.4. El proceso de exclusión sociolaboral y sus tácticas

La mujer esquimal que, por desgaste, se queda sin dientes debe alejarse del grupo para morir a la intemperie. Ella elabora, masticando cueros, diversos objetos. Cuando ya no puede masticar pierde su instrumento de trabajo: es una discapacitada, una carga […] Para nosotros es una mujer con una discapacidad, pero para los esquimales se trata de una mujer discapacitada. El carácter clasificatorio se hace transparente cuando descubrimos que el varón esquimal desdentado no es discapacitado: trae, no mastica cuero (Silberkasten, 2005).

La descripción de las mujeres esquimales muestra no solo la diferencia entre ser o portar una discapacidad en su veta de capacidad o incapacidad para trabajar, sino dos aspectos fundamentales del acto mismo de trabajar: el desgaste de la fuerza de trabajo -salud- y su relación con las competencias requeridas en los procesos de inclusión-exclusión del mercado asalariado. 

El objetivo de este apartado es analizar la importancia de estas categorías: condiciones de salud y calificaciones/competencias en función de su peso relativo durante el proceso de exclusión laboral que provocó, junto al hecho traumático, un punto de inflexión en el recorrido laboral de los entrevistados.

A lo largo de los relatos los actores expusieron las diferentes tácticas utilizadas por el empleador, con apoyo del discurso de la ciencia, para justificar la estrategia de exclusión laboral que complementaría la sentencia inicial de causa-efecto: hecho traumático-despido, que describieron como regla institucional y lógica del capital.

En esas circunstancias la creencia manifiesta en su proyecto biográfico laboral de progreso económico y social asociado al trabajo asalariado como garante de la seguridad social cayó en forma abrupta. Su disposición en el juego se desajustó de las condiciones presentes y su práctica quedó objetivamente inadaptada.

Con la expectativa de sostener la continuidad laboral, algunos entrevistados manifestaron la imposibilidad de cuestionar la regla tácita de exclusión de personal con incapacidad laboral permanente.

Optaron, entonces, por el camino de ser reconocidos como trabajadores productivos con un marcado rechazo a ser catalogados como descartables asociado a la tipificación devaluada de su fuerza de trabajo tras el hecho traumático. A través de diversas tácticas, dentro de un espacio de juego, intentaron sostener la creencia en el amparo legal del asalariado.

Frases como la ley me protege o el empleador debería, aparecieron en varios de los relatos como:

(…) no me imaginaba que me iban a despedir (…) (Carmen)

(…) yo solamente quería recuperar mi trabajo (…) (Mercedes y Virginia)

(…) ya había pensado dónde me podían reubicar (…) (Pablo).

En el juego social cada actor ocupa una posición, pero la fuerza está desigualmente distribuida; es relativa en función del capital y las tácticas con las que cada uno cuenta. El poder del capital le da al empleador la capacidad de configurar el juego hasta hacer creer al trabajador que tomó la decisión de perder dicho juego.

Tras el alta médica los entrevistados describieron la situación de espera para la resolución de su continuidad laboral. Especularmente, la empresa esperaba-inducía que el trabajador definiera. En este impasse algunos entrevistados se vieron compelidos a tomar la decisión de considerarse despedidos. Percibieron la indiferencia del empleador en el sentido del desprecio o invisibilización con presencia física como gesto de exclusión. 

En el juego competitivo los contrincantes esperaron su turno para mostrar sus fichas e intentaron continuar con la partida como Pablo y Luis que imaginaron alternativas de reubicación que no pudieron poner en práctica.

Finalmente, el empleador logró transferir al trabajador, mediante una sutil práctica de acoso moral, la responsabilidad de la ruptura del vínculo laboral.

4.2.2.4.1. Mirar a través de (looking through)

La invisibilización y su contrario, la visibilización, son categorías frecuentemente utilizadas por grupos y colectivos de personas que asumen obstáculos y denuncian privaciones para el acceso al derecho o a determinados beneficios.

En el caso de los trabajadores con incapacidad laboral permanente adquirida, se desprende de los relatos que la invisibilización y la cosificación pueden presentar características particulares como la invisibilidad con presencia física, descripta por Axel Honneth (2011, p. 166):

[…] que tiene un carácter particularmente activo -looking through, mirar a través de-. Es la capacidad de demostrar el desprecio a personas presentes mediante el hecho de comportarse frente a ellas como si no figuraran físicamente en el mismo espacio, con gestos y comportamientos que muestran que no son vistos intencionalmente.

Las personas se sienten efectivamente como no percibidas. Percibir es más que ver; se aplica al conocimiento identificante. Si para el trabajador la incapacidad es visible a pesar de sus esfuerzos por ocultarlo, durante el proceso de desvinculación el empleador no solo no parece verlo, sino que tampoco lo reconoce como sujeto; lo invisibiliza como sujeto y como incapacitado para trabajar para convertirlo en un elemento disoluble en la masa de excluidos.

En la PyME donde trabajaba Virginia esperaban la renuncia para evitar costos indemnizatorios; la estrategia era esperar -y mirar a través de- hasta que la misma trabajadora insistiera en definir la situación.

(…) Despidos no, porque nunca hubo despidos. No despedían a la gente ellos. La gente podía faltar, hacer cualquier cosa, que no los despedían. La política de la empresa era no despedir (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

La entrevistada se vio obligada a reclamar ser vista-reconocida.

(…) Y bueno, decidieron que no, que me diera por despedida. Es más, tuve que insistir mucho con eso, conque contestaran y respondieran cual era mi situación laboral o si no me consideraba despedida. En cuarenta y ocho horas no me contestaron. Entonces, ¿me considero despedida? (…) – Sí, está bien, a partir de ahora no pertenece más a la empresa (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

El mirar a través de se manifestó en todo su esplendor en la frase despido sin causa que algunos entrevistados leyeron en los telegramas. También se manifestó cuando se percibieron como un número en lugar de un sujeto que los remitió al concepto de cosificación u olvido de reconocimiento.[21]

El despido sin causa, que permitiría al empleador simplificar el trámite de desvinculación, abonó para el trabajador la falta de reconocimiento por el desgaste de la fuerza de trabajo aportado a la organización y le permitió la especulación sobre las verdaderas causas de su exclusión.

Luis interpretó la intencionalidad de su empleador; podría cometer una transgresión legal si revelaba la verdadera causa. 

(…) No, nunca me lo dijo, no, nunca me lo dijo porque si me llegan a decir eso saben que es algo muy grave por una discriminación tremenda. No, nunca me lo dijeron (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador de camión de reparto domiciliario).

Una táctica similar a la PyME, donde trabajaba Virginia, se implementó en la gran empresa multinacional donde trabajaba Carlos. La ausencia durante su licencia médica modificó la percepción de la empresa. El trabajador fue convertido en un expediente hasta cortar la comunicación. Tampoco eran usuales los despidos.

(…) al quinto mes cuando yo hice la denuncia, antes de hacer la denuncia hablo con la jefa de recursos humanos para ver si estaba bien, si no estaba bien, qué iba a hacer, de qué manera iban a actuar ellos y nunca me dijeron nada. Me dijeron: “fijate, hace lo que quieras”. Y pasó ese mes ya con la denuncia hecha a la ART y al sexto mes, en marzo del 2010, me despidieron y nada. Se sacaron ellos, en ese momento, para ellos un problema (…) Y nunca tuve más relación (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

Los relatos de los trabajadores coincidieron en esperas prolongadas para definir la continuidad contractual tras el alta médica implementando la táctica de agotar al oponente mediante el corte de la comunicación en forma abrupta e inesperada.

Carmen consideró que necesitaba prolongar su tratamiento antes de reincorporarse en mejores condiciones a su trabajo y solicitó la reapertura de su caso en la A.R.T. Sin embargo, el significado de la propia acción de la trabajadora como conducta racional se contrapuso al significado de su acción para el empleador, que ya había definido el juego desde el comienzo de el mismo. En las tácticas del empleador aparecieron los equívocos. La trabajadora no pudo predecir qué acción implementaría el otro y mucho menos el significado. En su caso, la reflexión sobre los hechos consumados, también fueron a posteriori.

La invisibilización con presencia física tomó la forma de cosificación para Pablo representada por un número y una tipificación. La empresa se apoyó en el derecho y la seguridad social. De modo políticamente correcto le informó que sería desvinculado debido al nivel de su incapacidad laboral total permanente certificada por una comisión médica que lo remitió directamente a una jubilación por invalidez. 

(…) -Pero hay posibilidades de una reubicación”. Y me dicen: -no, pero tu porcentaje es…” y ahí es cuando salta lo del porcentaje de incapacidad laboral. “No tenemos lugar u opciones para vos”. ¡Mentira!, si querían me hubieran dado otra función administrativa…el asunto era argumentar el tema de la incapacidad (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercios en gran empresa).

Aún con pruebas objetivas de la causa de despido, expresadas por el empleador, intentó permanecer en su puesto. Entendía que su limitación no afectaría el desempeño laboral requerido.

(…) yo iba con expectativas de reubicación…Y para mí fue un golpe fuerte que ni me lo mencionaran y que directamente fueran por la desvinculación. Porque justamente yo estaba bien, podía hacer todas mis cosas. Me imaginé que podía seguir trabajando (…) porque yo lo que sentí es que fue por el tema de la incapacidad… mi sensación. Pero no sé qué hubiera pasado si tenía un treinta por ciento nada más (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

Un gran porcentaje de incapacidad laboral total permanente, como en al caso de Pablo o uno bajo como en el caso de Mercedes tuvieron el mismo efecto para el empleador al momento de la desvinculación. La probabilidad de un discurso y una acción defensiva quedaron suprimidas; la cosificación para la exclusión del campo laboral formal para Carlos se redujo a ser un número y para Pablo a un porcentaje. 

Aunque no tuvieran pruebas objetivas, como en el caso de Pablo, la mayoría de los entrevistados atribuyó la causa de la desvinculación a la incapacidad que se contradijo con la frase despido sin causa de los telegramas empresariales para informar al trabajador el fin de la relación contractual.

(…) En mi caso particular me desvincularon. Me mandaron el telegrama. El telegrama dice “sin causa” pero yo sé positivamente que la causa era dejarme sin trabajo porque podía ocasionarle distintos problemas, podía pedir más licencia, tenían que poner un suplente o podía tener alguna dificultad que, en definitiva, determinara un cambio de funciones. Que es lo que ellos no aceptan en general, de que haya una tarea pasiva como hay en las escuelas estatales o un cambio de funciones, que vos te dediques a funciones administrativas y eso a ellos no les gusta (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente de colegio privado).

Cuando el trabajador percibe que la empresa lo considera un número y lo deshumaniza pasa de ser sujeto, portador de una identidad y un status jerárquico como mando medio en el caso de Carlos, a un simple objeto cuerpo-cosa despersonalizado que facilita a la empresa la exclusión. [22]

En las tácticas de invisibilización a través de y de la cosificación, el telegrama de despido sin causa como comunicación real fue un acto significativo, un acto en sí mismo como corte que fue interpretado subjetivamente por el trabajador. Las fallas o ausencia de comunicación previa permitieron las conjeturas de los entrevistados sobre las verdaderas causas. Los signos emanados por la patronal siempre estuvieron vaciados de intencionalidad; sin explicación sobre las verdaderas causas de la desvinculación.

Para la empresa no verlo en el puesto -sustituirlo por un expediente- o verlo sin percibirlo diluyó las evidencias de los riesgos del trabajo y el fracaso de las medidas de seguridad; incluso podría constituir una sanción de castigo ejemplificador por no haber cuidado ellos mismos su fuerza de trabajo como en la PyME donde trabajaba Virginia. El empleador eliminó la culpa y la transfirió a los mismos trabajadores. El costo económico fue derivado a la ART o tramitado en la justicia laboral.

4.2.2.4.2. La falta de reconocimiento

Axel Honneth parte de la teoría del reconocimiento como marco conceptual capaz de aprehender el sufrimiento humano. Identifica tres patrones intersubjetivos de reconocimiento: el amor, el derecho y la solidaridad que corresponden a tres formas de autorrealización: autoconfianza, respeto por uno mismo y autoestima orientada a una autorrealización satisfactorias que dependen de la posibilidad de desarrollar la personalidad en diálogo con otras personas e instituciones sociales. La autorrealización se convierte en una necesidad vital cuando el individuo no es reconocido se daña gravemente en su subjetividad dando paso a tres formas de desprecio: la violación, la desposesión y la deshonra (Herzog et al, 2013, p.199).

Una de las prácticas del menosprecio más general es la exclusión del ámbito del discurso con la posibilidad de ser considerado como no relevante para la participación en un contexto social.

Benno Herzog y Francesc Hernandez definen el menosprecio como la distorsión imperceptible que se daría en el proceso de comunicación donde los sentimientos afectuosos no se corresponden con el lenguaje o la acción hostil y se encadenan en una dinámica perversa; en una dialéctica de la exclusión (2013, p. 207, 210).

Carmen nunca imaginó que se iba a concretar la desvinculación.

(…) No, para nada. Ni siquiera en el momento en que me llama el representante legal que era el 23 de diciembre. Estábamos brindando que ya nos íbamos de vacaciones. Ese era el último día que íbamos a la escuela y me dice: “ah, nena, tengo que hablar con vos, así que antes de irte pasa por mi oficina”. Cuando yo entro a la oficina de él me dice “bueno, mirá, te queríamos decir que hemos decidido desvincularte de la institución”. Yo no entendía nada, yo lo miraba como diciendo: “¿qué me está diciendo?” (…) así que realmente para mí fue (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente de colegio privado).

Una sociología del desprecio por tanto no sólo tendría la tarea de formular las sensaciones afectivas de desprecio y las pretensiones de reconocimiento del sujeto no satisfechas sino el análisis de los obstáculos sociales de la comunicación del sufrimiento

¿Por qué el empleador de Carmen no la reconoció como trabajadora?

(…) Es más, yo estaba estudiando la licenciatura en gestión educativa. Me estaba preparando para ocupar cargo directivo (Carmen, 51 años, 2008, docente en colegio privado).

A medida que avanzaron los relatos se modificó la percepción del sujeto como trabajador y su aporte a la organización, como en el caso de Virginia.

(…) Normal en el sentido de que no había conflicto. Yo iba, cumplía con mi trabajo y me iba (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

En un segundo momento pudo profundizar en sus funciones de vocera del grupo y creadora de métodos para mejorar la prevención de riesgos y la productividad. 

(…) Yo era una persona muy productiva, aparte. No es que me quiera vanagloriar. A mí siempre me gustó buscarle la vuelta para aumentar la producción. Entonces siempre buscaba la forma de qué método podíamos modificar para aumentar la producción y para que nuestros trabajos fuesen más sencillos (…) en un momento le cuadripliqué la producción pensando un método sencillo que a nosotros nos facilitaba el trabajo y a ellos les facilitaba la producción. Había una relación y un aporte mío hacia la empresa que ellos también lo valoraban. No era solamente que yo era la que iba y reclamaba las condiciones de trabajo mal, las condiciones laborales de nivel económico (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

La lucha por el reconocimiento se convirtió en desprecio tras la desvinculación cuando el trabajador descubrió que la relación ya no era familiar y cotidiana sino ajena y extraña; cuando se enfrentó a un poder dispar. Ajenidad ya no referida a la disociación siniestra de su cuerpo y el alejamiento de su puesto sino a la pérdida de su lugar en el campo sociolaboral. Virginia se mostró sorprendida y defraudada. Esperaba ser reconocida por su empleador.[23]

(…) a mí lo que más me dolió fue que no me hayan llamado. No es que yo tuve un accidente en un colectivo saliendo del trabajo. Fue un accidente dentro de la empresa, en horario laboral con lo cual el dueño de la empresa no fue capaz de agarrar el auto y llevarme a mí, como responsable él, sino que me pide un remis y me manda con una empleada. Me parece que son cosas serias. De no llamar a la noche a mi casa para preguntarme en qué condiciones estoy, qué me dijo el médico, cómo me atendieron. Y pasaron los días y pasaron los días (…) y si no llamaba yo para decir: “Fui al hospital, me atendieron me dieron este diagnóstico, bla, bla, bla (…) suspendo las vacaciones” (…) si no era por eso, nadie se preocupó (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Mercedes creía estar integrada a la familia propietaria de la PyME donde trabajaba. Tras la desvinculación el duelo patológico por la falta del reconocimiento afectivo superó la pérdida del puesto de trabajo; no lograba comprender la conducta del empleador que no respondió al sentido común esperado.

(…) Yo lo intuía. Porque nunca me consideraron, nunca…Pero me demostraban otra cosa como por ejemplo… no el hijo, porque el hijo siempre tuvo como algo conmigo, no sé. Me parece que era algo personal, nunca lo llegué a hablar. Pero lo que es la mamá, el papá y la hermana me tenían mucho afecto y yo con ellos, muchísimo afecto y llegué a encariñarme (…) Todavía no lo tengo en claro qué es…porque cada vez que saco este tema a mí me hace mal (…) (María, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Carmen también mencionó la falta de reconocimiento afectivo familiar.

(…) Entonces yo estaba cómoda ahí, era como mi casa. Yo me sentía como que había logrado trabajar en el lugar ideal donde vos te sentís cómodo, feliz, tenés tus compañeros y que ya no te iban a mover de ahí. Cuando me quedo sin trabajo la verdad que es una sensación de inestabilidad muy grande y además con el agravante de que cuando vos tenés un problema no sabes si vas a poder seguir trabajando de lo mismo. Entonces eso te produce bastante angustia (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente de colegio privado).

Presuponer que la conducta del otro responderá a nuestro sentido común se manifestó en la expectativa de Carmen. Si ella estaba cómoda seguramente el empleador estaría cómodo con ella. La pérdida del vínculo establecido con compañeros volvió a marcar la relevancia de su despido. Perdió la cotidianidad del amor de sus padres -el Padre de la institución religiosa- y el de sus hermanos misioneros con los que compartía tiempo extralaboral.

Carlos no se refirió a sentimientos de la familiaridad o el afecto perdido. Su pérdida se relacionó con el prestigio social que buscaba obtener a través de la pertenencia a una empresa multinacional. Recordó que ese año recibió un premio por haber hecho record de productividad. Su jefe se lo llevó personalmente al domicilio cuando llevaba tres meses de licencia, gesto que lo elevó en el reconocimiento social. No imaginó que sería desvinculado. Avanzado el relato pudo expresar sus sentimientos hacia la empresa; al igual que Mercedes y Carmen algo del amor y la familiaridad sostenía el vínculo laboral.

(…) Yo en ese momento me sentí mal, mal. Primero porque uno era como que estaba un poco enamorado de su trabajo y enamorado de una empresa, de una multinacional. Entonces nunca pensé que iban a actuar de esa manera (…) Esperaba otra acción, otra situación (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

La desvinculación fue percibida por los entrevistados como falta de reconocimiento de su aporte a la organización. El autoconcepto como trabajadores los mostró eficientes, innovadores y colaboradores con la organización; aspectos que los diferenciaría de la masa de excluidos económicos. Sin embargo, la productividad aportada a partir de sus competencias como conducta racional esperada por la regla institucional no constituyó una garantía para evitar la exclusión.

Si Carlos obtuvo un premio, Virginia cuadruplicó la productividad y Carmen estaba elevando su calificación profesional: ¿por qué fueron desvinculados?

4.2.2.4.3. El acoso moral

En el acoso moral el victimario intenta por diferentes modalidades que la víctima dude de sus propias percepciones para dejarla indefensa y justificar su misión de excluirla (Hirigoyen, 2001). Esta táctica fue empleada por el encargado de informarle a Carmen su despido. Tras interpelarlo la respuesta fue acusarla, inocularle la culpa de ser la causante de su propio despido.

(…) Y yo le pregunte por qué y la verdad que la respuesta fue inconsistente, fue como muy vaga. Porque a mí no me dijo que estaban reestructurando, ni me dijo que por la enfermedad. Me dijo: “bueno, viste, vos…” y siempre te buscan algo, “vos con tu carácter, con tus cosas” (…) pero yo hacía seis meses que no iba a la escuela, así que mal podía por mi carácter haber discutido con alguien. Durante el período que estuve de licencia mis compañeros sí me llamaban o venían a verme, es decir que yo no estaba enemistada con nadie, no es que había tenido un problema (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente en colegio privado).

La táctica del administrador fue inconsistente pero certera ¿La causa de despido era por mala relación con sus compañeros de trabajo? Carmen intentó, pero no logró prever la jugada del contrincante. No hubo violencia explicita como en el despido de Mercedes ni distancia jerárquica como en el caso de las grandes empresas. Hubo persuasión, infamia y denigración del trabajador como persona. Diferentes formas del acoso moral para vencer a un contrincante indefenso.

El mecanismo de despido de Mercedes, en cambio, evidenció una modalidad verbal violenta dentro de una organización laboral sostenida por vínculos afectivos.

(…) No era mucho el dinero que ganaba, pero me quitaron el sentirme bien, el sentirme útil, el sentirme que yo podía, me sacaron eso. – Ándate a tu casa porque ya no podes más. Ya no vas a poder más trabajar acá ni en ningún lado (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en Pyme familiar).

En un formato prepolítico, la entrevistada se encontró sorpresivamente con el antiguo poder del Occidente y de Grecia del pater-familias, el dominus que gobernaba la familia y los esclavos con un poder más perfecto que el del tirano (Arendt, 1958, p. 41).

No fue un despido formal y desafectivo mediatizado por un telegrama, sino que se encontró ante el acto de “ser echada”; expulsada de la casa paterna. La percepción subjetiva fue de maltrato y desprecio como contracara del reconocimiento mutuo del amor y la amistad imaginado por Mercedes.

En los relatos de Pablo, Carlos y Luis, en contraposición, en la gestión de la exclusión de las grandes empresas apareció mayor distancia corporal y emocional -la sociedad es anónima, de responsabilidad limitada-. Los entrevistados fueron notificados por un telegrama o se los comunicó un empleado del área de personal. La distancia social y jerárquica se manifestó en una violencia mediatizada a partir de un procedimiento políticamente correcto que desconcertó a Carlos que esperaba que el despido no sea tan frío.[24]

La desvinculación se tramitó mediante el acoso moral con diferentes modalidades para el corte de los lazos sociales que fueron percibidos como hechos violentos, generadores de culpa sobre la víctima en la medida de no ser reconocidos como personas y trabajadores productivos, dignos de ocupar un lugar en la jerarquía social de la organización. 

En el sentido del juego la exclusión es la suspensión del juego, la pérdida de la partida, ser vencido en forma imprevista a partir de dejar indefenso al contrincante; sin haber podido participar como en el caso de Pablo o haber errado la elección de las fichas como en el caso de Carmen.

4.2.2.5. Impacto subjetivo ante la estrategia de exclusión

Para Freud toda situación traumática resignifica un trauma anterior. Siguiendo este concepto puede considerarse que el proceso de desvinculación le infirió un nuevo significado al hecho traumático, es decir, que el hecho traumático y la exclusión laboral no se sumaron, sino que la desvinculación resignificó traumáticamente al primero. Ambos procesos impactaron finalmente como un punto de inflexión en la vida cotidiana y el recorrido laboral de los entrevistados.

Tras la asunción espontánea de la culpa por la disminución de la fuerza de trabajo, autoinfligida e inoculada mediante diferentes tácticas empresariales y la pérdida de su fuente laboral los trabajadores manifestaron de diferentes modos el impacto subjetivo en su vida cotidiana.

(…) Bueno (…) uno siente bronca. Siente que se cae un poco porque uno sabe porque no era que no necesitaban una persona…era que no me daban trabajo por la discapacidad mía. Sí, uno lo que se siente no le puedo transmitir. Más que bronca, no? Y después bronca con la empresa y tristeza por mí ¿no? (…) (Luis, 40 años, estibador en reparto domiciliario).

La experiencia de desprecio siempre va acompañada de sensaciones afectivas que pueden indicarle al sujeto que se le priva de ciertas formas de reconocimiento social. Virginia manifestó su sentimiento de rencor.  

(…) después me di cuenta que no quería volver nunca más. Después pasé a la otra etapa “yo no quiero verlos nunca más”. No quería verlos nunca más. Porque sentía como… después de siete años de trabajar en un lugar, ser una persona cumplidora y no tener ningún problema, que de pronto no haya ni una llamada telefónica, no haya una atención, no haya nada. Yo dije: -no los quiero ver más (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en Pyme).

La lucha por el reconocimiento se constituyó siempre en función de sus itinerarios como trabajadores productivos.  Durante el juego que emprendieron para conservar su espacio laboral no aludieron a la condición de su incapacidad laboral permanente (yo podía trabajar) excluyendo el atributo estigmatizante. 

Pero, tras perder el juego por la continuidad, el impacto subjetivo influyó en la inversión de la autopercepción y aseveraron que fueron despedidos por “la incapacidad”. En todos los casos sostuvieron su capital de buen trabajador.

4.2.2.6. De la solidaridad al desamparo. La percepción de las acciones de pares y representantes de los trabajadores

Hemos pasado de una sociedad post industrial a un modelo post social donde la sociedad tal y como la conocemos se descompone en favor de un sistema donde predomina el individualismo. (Touraine, 2016)

Las relaciones intersubjetivas que se construyen cuando el poder es dispar con los empleadores y representantes de la salud conformaron una resolución diferente a los lazos con los compañeros de trabajo; se observaron posturas contrapuestas como la solidaridad ante el accidente y el alejamiento ante la probabilidad de una identificación con la situación de excluido.

En el transcurso de las entrevistas en profundidad se solicitó a los trabajadores que recordaran hechos o personas que influyeron para evitar el despido. La concepción marxista del trabajo, como base de la solidaridad social, no se evidenció en los relatos.

Describieron la intervención sindical y de pares como ausente o frágil para cumplir con las funciones de repartir, potenciar la carga del trabajo y sus consecuencias o protegerlos del embate de la patronal. Esto ocurrió tanto en las empresas grandes como en las pequeñas.

Los entrevistados se accidentaron o enfermaron en el transcurso de tres gobiernos democráticos con diferente relación histórica con el sindicalismo que se reconfiguró y fragmentó a partir de la década del ´90 (ver Capítulo III, 3.3.).

El accidente de Pablo ocurrió a finales de la década de la convertibilidad con un poder sindical debilitado. Cuando se lo interrogó sobre la intervención de sus representantes para evitar su despido se mostró consternado, desconociendo el tema.

(…) Bueno, lo que pasa es que me sentí muy solo. Justamente esto. De que no tenía gente y tenía que partir de la autogestión de averiguar y, obviamente, con pocas herramientas. Y lo poco que quizás (…) No, no tenía. No la encontré o quizás no la vi pasar. No la vi venir o no la vi, pero no (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

El accidente de Luis ocurrió a principios del año 2001. Su caso se caracterizó por una rehabilitación prolongada. Continuó su relación contractual pero no participó de los cambios producidos en la empresa y en la pertenencia sindical.

(…) Hasta ese momento, la empresa nunca tuvo entrada al sindicato, nunca, nunca el sindicato tuvo. Me enteré que después de algunos años sí… ya los… la gente va al sindicato porque cambiaron el sindicato. Antes era el sindicato de petroleros, después cambió al sindicato de camioneros, algo así, no estoy bien empapado, entonces ahí está, tiene el apoyo de la gente – hace alusión al período 2001-2004 durante su rehabilitación- (Luis, 40 años, estibador en reparto domiciliario).

Luis se refirió a los comentarios de sus compañeros. Previamente no había diferencias entre el dueño, recursos humanos o pertenencia a determinado sindicato. 

(…) recursos humanos (…) que no había recursos humanos eran solamente -se ríe-, eran solamente los dueños que decidían. Sí, porque era una empresa que de 40, 50 personas y directamente los patrones, los dueños de la empresa hablaban con la gente, no, no había recursos humanos en esa empresa… a lo mejor hoy hay, la verdad que no tengo, hoy es, son 3 veces más la cantidad de gente que hay, sé que está el sindicato porque me entero, pero no, me entero así no más (…) (Luis, 40 años, estibador en reparto domiciliario).

Las expectativas ante el rearmado sindical que debería brindar amparo a los entrevistados que sufrieron su accidente laboral o enfermedad profesional en los años 2008, 2009, 2011 y 2013 no se efectivizó del mismo modo en todas las empresas. 

Carmen recordó su experiencia como afiliada sindical a partir de su situación como empleada estatal durante la privatización de la década del ´90.

(…) Yo ahí sí estaba afiliada al sindicato, participaba de las reuniones, tenía una actividad sindical. Era lógico que en algún momento me llamaran y me digan -bueno, mirá, no (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente de colegio privado).

Tras el hecho traumático la trabajadora fue despedida de un colegio privado donde no se admitía la sindicalización del personal; una de las armas que tienen los trabajadores para enfrentar el poder patronal. Al no existir un representante no había estamentos intermediarios entre empleador y empleado. La posición de los trabajadores quedaba relegada a la defensa individual de sus intereses.

En los formatos PyME donde trabajaban Mercedes y Virginia la cantidad de personal que las componen las dejaron por fuera del derecho a la sindicalización, producto ideal para la lógica empresarial, orientada a destruir la solidaridad entre trabajadores. En el caso de Carlos, integrante de los mandos medios en una empresa multinacional, también se detectó la falta de cobertura sindical.

La carencia de representación ante el empleador puede generar la asunción espontánea de uno o varios trabajadores en la función sin la tutela de la libertad sindical para contraponer la embestida patronal. La solidaridad para el cuidado de la propia fuerza de trabajo y la de sus pares ante los riesgos del trabajo es otra forma de la asunción espontánea de la sindicalización. Pero sin la tutela puede inducir a un riesgo indeseado: la pérdida de la fuente laboral.

Virginia se erigió en la encargada de los reclamos a su empleador por las condiciones de trabajo asumiendo como vocera de los demás.

(…) Había muchos productos químicos y en eso sí hubo medio un conflicto con la empresa conmigo porque yo empecé a exigir cuestiones de seguridad. Por ejemplo, máscaras para trabajar con el ácido, que no usaban. Había una máquina que se llamaba arenadora que era como tener una aspiradora industrial todo el tiempo en el oído. Y ahí, bueno, pedí protectores para los oídos (…) había cosas que se veían y estaban mal hechas y que nos perjudicábamos nosotros (…) Yo no exigía nada extraordinario. Era simplemente mejorar las condiciones, no sólo para nosotros, sino para que ellos tampoco tuvieran problemas (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

La trabajadora intentó contrarrestar el poder patronal de la PyME al reclamar prevención. Sus empleadores aumentaron la resistencia mediante sanciones o aumento de las exigencias. Se encontró sola ante el poder de su empleador ya que sus compañeros no reclamaban por temor a perder el trabajo. La entrevistada describió el sistema de vigilancia y control de su tiempo de trabajo como derecho suspendido.

(…) había una cosa muy así de: -si te portás mal te castigo. Una vez convocaron para trabajar un fin de semana y nadie pudo. Porque, bueno, había personas que tenían hijos, parejas y vida familiar y dijeron: -no, mirá la verdad que no puedo. Entonces, automáticamente en media hora de horario de almuerzo lo pasaron a veinte minutos. “Ah, bueno ahora…” -imitando a los dueños de la empresa-. Era una actitud así. Entonces la gente tenía mucho temor de hablar, de decir algo. – la trabajadora no precisa la fecha, da un intervalo amplio entre los años 2005 y 2008- Mucho temor, mucho temor (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Mercedes también trabajaba para una PyME integrada por una familia. Como en el caso de Virginia tampoco tenían delegados. La relación contractual era directa con el empleador con quien se discutía el salario y las condiciones de las tareas a realizar.

(…) Es más, yo estuve trabajando un año en negro. Y un día fui a P., que era el jefe, porque era una familia, el padre, la madre y los hijos. Y un día fui y les dije: -P. me enteré de que vos estas pagando los días feriados… a mí nunca me los pagaste”. Y me dijo: -Pero usted nunca me los vino a reclamar (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

En su caso no hubiera podido acudir al sindicato porque en situaciones anteriores éste se hizo presente perjudicando a los trabajadores en sus derechos salariales.

(…) una de las chicas que despidieron fue al sindicato. Y el sindicato vino y nos dijeron a nosotros que teníamos que decir que trabajábamos media jornada, que trabajábamos cuatro horas por turno cuando trabajábamos doce. Entonces teníamos los descuentos por media jornada y los sueldos por media jornada. No teníamos el sueldo que nos correspondía, nadie, nadie (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

El reclamo de mejora en las condiciones de trabajo (Virginia), diferencias salariales (Mercedes) o simplemente consultar sobre sus derechos delataron la falta de tutela de la libertad sindical para protección del trabajador. La reactualización de los convenios colectivos de trabajo, la legislación sindical y las entidades conformadas no los preservaron de la desvinculación; incluso fueron leídos por algunos empleadores como forma de provocación.

(…) yo en realidad trabajaba directamente con gente, con el jefe de planta, no estaba por medio el sindicato. No teníamos un referente de lo que era (…) yo estaba en la parte administrativa. No teníamos referente de la parte de los operarios de planta que eran los que trabajaban arriba de plataforma, en el carrusel o viceversa. Ellos sí estaban en el sindicato y teníamos mismo ahí adentro un gremialista, un compañero. Pero los que éramos administrativos no… para nada. Éramos empleados administrativos y no teníamos esos beneficios (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

Ante la falta de delegados sindicales, ejercer la función de reclamo de medidas de protección para sí misma y sus compañeros generó en Virginia la creencia de una retribución en forma solidaria al momento de la desvinculación, pero nuevamente apareció la soledad. Sola pidiendo por los demás, sola cuando la aislaron.

(…) Nadie dijo: -que no la despidan” porque nadie se enteró que me habían despedido. Son cosas muy calladas, se mantienen siempre mucho secreto (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Las conductas de los pares ante la probabilidad de una desvinculación imitaron la posición patronal; no había protección del otro sino desamparo. La solidaridad que permite la identificación y construcción de un ideal en común dejó paso a una competencia descarnada; cada actor cuidaba su propio juego con el que competía por la pertenencia al cuerpo social, de cualquier modo y a cualquier precio.

Luego del despido la relación intersubjetiva de Virginia con sus compañeros se modificó. Se alivió en el momento de iniciar el juicio contra el empleador y la evaluación del siniestro por parte de la ART.

(…) .la gente del laboratorio me ayudó en todo lo que pudo. Pasarme información, no sé. Una compañera siempre sacaba fotos con el celular a todo, porque ya habíamos tenido un incendio en una parte del laboratorio. Ella las guardaba porque sabía que en algún momento las iba a necesitar…me las amplió a color. Me dijo: -Tomá, presentalas (…) Y ahí está la fecha (…) estaba la fecha que figuraba (…) y todavía sigo en contacto con la gente incluso seguimos hablando, nos visitamos (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

La compañera de Virginia guardaba pruebas, pero no se atrevió a enfrentar al empleador y correr el riesgo de ser desvinculada.  Pero la accidentada, ya desempleada y sin nada que perder, podría ayudar indirectamente a mejorar las condiciones de trabajo. La fotógrafa no ayudó a su compañera, vio la oportunidad de ayudarse a sí misma ante la probabilidad de accidentarse, aunque la prevención debería implementarse antes y no a posteriori del hecho traumático.

En los relatos de Carmen y Carlos no aparecieron expectativas de solidaridad de los compañeros para interceder ante el empleador. Ambos rescataron el temor de los otros a la exposición y riesgo de ser despedidos si mostraban apoyo. El quiebre de la solidaridad fue la conducta habitual que fue reemplazada por la competencia entre pares. Sólo se solidarizó la sensación de temor al desempleo.

(…) De parte de mis compañeros de la escuela no… nada. Porque se crea toda una situación de temor… porque en las escuelas privadas generalmente el que decide sobre la situación laboral es el representante legal. Entonces no existe esta cosa corporativa de defender a un compañero…es muy difícil que alguien reaccione y defienda al compañero. No se da en ese ámbito… es como que existe un temor que a uno le va a pasar lo mismo si reacciona (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente de colegio privado).

Carencia de caridad humana ante el dolor por la desvinculación o falta de reconocimiento apareció también en los relatos de Virginia y Mercedes.

Carlos no solo percibió la falta de apoyo de sus compañeros para evitar la desvinculación sino la escasa contención durante su licencia. Cuando se le solicitó que describa la relación con sus compañeros durante la licencia médica respondió:  

(…) No, muy poco. Los dos primeros meses, algún que otro llamado, algún que otro mensaje, pero muy poco. Muy poco. Yo lo tomo mucho a esto un poco de miedo en el sentido de para ellos de perder el trabajo si se ponían de un lado o de otro. Pero nunca tuve, desgraciadamente, una contención. Para nada (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en empresa multinacional).

Carlos y Carmen justificaron la actitud de temor al despido de sus compañeros ¿Los entrevistados tomarían la misma actitud en el caso contrario? ¿La lucha de todos contra todos para sostener el propio espacio en un mercado laboral contraído generaría la naturalización del corte de la solidaridad?

La socialización era fomentada en la gran empresa donde trabajaba Pablo como aspecto incluyente en las organizaciones modernas y elemento funcional para optimizar la producción. 

(…) éramos grupos de veinte personas que íbamos a cenar juntos, a reuniones de trabajo juntos, pero que también teníamos contacto, interacción con los otros grupos, con las otras estaciones de trabajo (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercios en gran empresa).

Cuando lo despidieron se preguntó si tenía algún amigo. La socialización, la identificación a un colectivo no trascendió el contrato laboral y fue descripta como un recuerdo.

Tras la desvinculación ninguno de los entrevistados se preguntó sobre el destino de su silla vacía; serían reemplazados como regla. Pero ¿hay reglas en un mercado flexible?

¿Qué significó la silla vacía para el empleador, los representantes sindicales y los pares? ¿Fue rápidamente ocupada por un nuevo trabajador o se redujo el personal aumentando las exigencias de rendimiento al repartir la carga entre los demás y aumentar los riesgos del trabajo? ¿Fue parte de la disminución de personal prevista? O en el caso más extremo ante el aumento de la siniestralidad ¿disolverían los equipos de venta directa integrados por 120 empleados más el personal de seguridad como ocurrió en la empresa donde trabajaba Pablo?

Ante las tácticas fallidas para conservar el empleo -conducta racional, expectativas de solidaridad por parte de los compañeros, de apoyo sindical y la falta de reconocimiento de su aporte a la organización- los entrevistados vieron afectados sus patrones intersubjetivos de reconocimiento: el amor, el derecho y la solidaridad.

El proyecto biográfico laboral solidario del deber moral de ser trabajador finalmente se quebró provocando un punto de inflexión, no tras el impacto del hecho traumático cuando todavía había probabilidades de continuidad del recorrido laboral, sino a partir de la exclusión del campo formal cuando operó la certeza de la falta de reconocimiento como trabajador productivo.

4.3.  Las bifurcaciones. Las tácticas para la reconstrucción del itinerario laboral

4.3.1. Las tácticas preparatorias

4.3.1.2. Mostrar u ocultar el estigma

En los relatos de los entrevistados se pudo detectar una instancia posterior al punto de inflexión que marcó la bifurcación del recorrido laboral a partir de tres tácticas contrapuestas: 1) preservar el puesto de trabajo ocultando la incapacidad laboral permanente que quedó enmascarada bajo la autopercepción del yo podía trabajar; 2) mostrar el estigma invocando el Derecho reivindicativo y la discriminación positiva y 3) incluirse en un campo social nuevo optando por la invisibilización-enmascaramiento de la incapacidad laboral permanente a modo de estigma y reconstruir el recorrido laboral a partir del valor moral del “deber ser un trabajador normalizado” con consecuencias en su identidad laboral.

4.3.1.3. El condenado – víctima

Una de las tácticas para preservar sus puestos de trabajo fue ampararse en la justicia. Carlos, al igual que otros entrevistados, conservaba la expectativa de continuidad laboral y rechazó la posibilidad de litigar contra su empleador. 

(…) El tema juicio fue por consejos de terceros. En su momento yo estaba enamorado de la empresa, enamorado del trabajo y digo: “no, no puede ser”. Hasta que mi esposa y otras personas, como quien dice, me abrieron los ojos y mi dijeron: -mirá, si vos no inicias acciones legales, no vas a tener este beneficio y este, este y este…no es que yo no me daba cuenta. Yo no quería actuar en forma judicial porque pensaba que de la otra parte iba a haber otra actitud. En el momento que me despidieron pasó mes, mes y medio, que ahí empecé a llevar el caso al abogado. Pero hasta el sexto mes de licencia yo no pensaba en ningún momento en hacer acciones legales…para nada (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en empresa multinacional). 

Ya desvinculado no había empleo para perder; la reivindicación se puso en marcha ¿Por qué pidieron justicia? ¿Quién la encarnó y dio respuesta a los trabajadores que sufrieron un desgarro de parte de su cuerpo y su identidad laboral?

En la parábola de la justicia moderna la macroeconomía y el mercado de trabajo se erigen en jueces que manipulan sus propias leyes. El trabajador se presenta como condenado a vender su fuerza de trabajo y su salud al poseedor del capital que puede comprarla o venderla; y al mismo tiempo como víctima de su propia condena.

La empresa donde trabajaba Luis lo instó, de hecho, a iniciar un litigio; lo despidió sin indemnización. Al igual que Carlos quería volver a su puesto, pero fue desvinculado al concluir su licencia médica.

(…) yo le había pedido el trabajo la única vez que hablé con los patrones, con la empresa, es que yo pedía el trabajo, nunca me lo dieron y me despidieron. O sea que ya no tengo más nada que hablar con ellos…quería volver a trabajar… a pesar… a mí me gustaba el trabajo, a pesar de tener que hacer otra cosa después, me sentía en condiciones de volver a trabajar. Pero ser despedido sin… sin pago… no me gustó, entonces por ese tema vi a un abogado (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario).

Persistió en los entrevistados una creencia mágica. Nada ocurrió. Sería posible volver el tiempo atrás y recuperar la identidad como trabajador en un campo social que les pertenecía. Virginia entendió que un juicio sería riesgoso para su continuidad laboral. 

(…) mi intención nunca fue hacer un juicio ni nada por el estilo. Yo pensaba en seguir trabajando en cuanto me recuperara. Pensando en que esto era mucho más fácil (…) Cuando empezaron a decir que no tenía ningún sentido de que yo fuese con la mano vacía, con una mano así y que al menos tenían que hacerse cargo. -Bueno sí, pero quizás después me despiden si yo les hago un juicio”.  Era toda una cosa de temor (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Iniciar un reclamo por sus derechos podría implicar un riesgo actual y a futuro, como en el caso de Carmen, que sabía que un litigio la dejaría afuera de toda la comunidad religiosa a la que pertenecía el colegio donde trabajaba.

(…) en el caso mío yo hice juicio. Estuve cuatro, cinco años sin cobrar la indemnización (…) tuve que demostrar que yo trabajaba ahí, tuve que llevar testigos que me salían de testigos, papás de la escuela. Y no quise involucrar a ningún compañero para no ponerlo en riesgo a ningún compañero de trabajo. Me salió de testigo una compañera que ya estaba jubilada, que no tenía riesgo (…) (Carmen, 51 años, docente en colegio privado).

Mercedes, del mismo modo que Carlos y Luis, también consideró injusto el impedimento a continuar en su empleo como fundamento para iniciar un litigio.

(…) Pero como lo vi injusto me incliné más por la injusticia y por lo que me causó… por el dolor que me causó. Porque no soy para nada conflictiva… no me gustan los conflictos. Simplemente lo vi muy injusto por eso decidí hacerlo (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Igual que Carlos y Virginia necesitó el estímulo de otros para percibir la injusticia. 

(…) Me estoy dando cuenta… la psicóloga me hizo ver un montón de cosas y con el tiempo me fui dando cuenta que era injusto…Yo lo que hubiese pedido era un tiempo, digamos justo, y que me dejaran demostrarles que yo podía seguir trabajando. Por eso es que lo veo injusto (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Al momento de la entrevista Mercedes aún dudaba sobre la causalidad de su comprobada enfermedad profesional. Por el contrario, Virginia tenía conocimiento sobre las causas que propiciaron su accidente.

(…) Negligencia de la empresa en no tomar recaudos. Porque ya había pasado varias veces, con la suerte de que se había caído al piso o sobre un delantal y no en una mano. Entonces: -por favor hagan algo porque yo estoy en esta situación y puede haber otra gente en esta situación (…) -Búsquenle la forma (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

La preocupación de Luis era su subsistencia económica y la de su familia a través de la seguridad social.

(…) Bueno (…) primero me preocupaba porque quería saber si alguna vez iba a tener una obra social, iba a tener una jubilación o iba a tener algo de, de parte del Estado por el problema mío. Eso era lo primero y segundo que tengo una familia, ya que puedo hacer muchas cosas aparte, que no quería algún respaldo del Estado más que nada o de la ART o de la empresa…o de alguien. Eso fue lo que me preocupaba…y sí (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario).

No hubo cuestionamientos sobre iniciar una demanda; un abogado le ofreció sus servicios. 

(…) El abogado me lo presenta, no… el abogado lo veo por una jubilación, por la pensión de discapacidad y eso al estar estudiando todos los recibos de haberes míos se dan cuenta que me estaban pagando mal la …la gran incapacidad que se denomina el Mopre, algo así, que me estaban pagando muy mal. Entonces ese mismo estudio de abogados me preguntó si quería iniciar alguna demanda para que me arreglaran el sueldo y le dije que sí honestamente porque estaba… estaba queriendo reclamar después de 5 años las cosas que me correspondían por derecho… por ley (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario).

Cuando Foucault describió el poder de la justicia previa el siglo XVIII puso en escena a la víctima, el condenado, el juez y el verdugo como intermediador encargado de ejecutar la pena.

El verdugo tenía similitud con el condenado al penar en el cuerpo la transgresión a la justicia. El salvajismo de los suplicios de descuartizamiento, las marcaciones simbólicas del cuerpo o la muerte provocada por el verdugo sobre el condenado eran legales. En el castigo-espectáculo un horror confuso brotaba del cadalso que envolvía al verdugo y al condenado a la vez, siempre dispuesto a convertir en compasión o en admiración la vergüenza infligida y convertir en infamia la violencia legal del verdugo.

Para la justicia la ejecución misma es una vergüenza que se impone al condenado por lo que opta por la distancia, tendiendo siempre a confiarla a otros y bajo secreto. “Es feo ser digno de castigo pero poco glorioso es castigar” (Foucault,1975, p. 12).

El Derecho moderno dejó de marcar el cuerpo del condenado del delito; ahora puede encerrar al victimario, alejarlo en el derecho penal o restarle derechos en la justicia civil o laboral.

El trabajador, que otrora fuera el condenado-víctima, no puede retribuir al Juez-Verdugo la pena del suplicio en el cuerpo, en la misma especie y con la misma vara. La reivindicación moderna irá, entonces, sobre el objeto fetiche del capital:  la indemnización dineraria que no compensaría el sufrimiento vivido por el desmembramiento del cuerpo, el impacto en la fuerza de trabajo y la exclusión del campo laboral formal, pero restaría riqueza al capital obtenido a través de la plusvalía.

Mediante el apoyo de la justicia el trabajador podría acceder a la pequeña porción que entiende por riqueza y que dista en demasía de la conformación actual del capitalismo que no requiere de la propiedad concreta y material para constituirse.

Riqueza que en palabras de Deleuze (1990) “circula como serpiente monetaria por los senderos del mercado financiero de la cotización en Bolsa, la propiedad intelectual de las marcas, descubrimientos científico-técnicos, la intangibilidad y fluctuación de las nuevas formas inalcanzables y sin dueño físico”.

(…) Es más, hoy por hoy, sinceramente si cobro el juicio o no cobro el juicio, digamos, no estoy pendiente de la plata que voy a ganar… de lo que voy a hacer. Fue un momento horrible de mi vida; horrible! Y lo del juicio fue más impulsado por mi gente diciendo: “vos mereces esto y después te vas de viaje a Europa, pero la pasaste muy mal”. No solo por la quemadura sino anímicamente la pasé mal. Entonces, bueno sí; me voy a un viaje a Europa (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en Pyme).

Con el dinero de la indemnización Carmen reparó su casa y emprendió un prolongado, anhelado y postergado viaje a Europa para visitar familiares. Luis compró un auto adaptado para discapacidad motora para recorrer el país con su familia. Pablo utilizó el ingreso económico de la seguridad social para costear la carrera universitaria que había iniciado antes del accidente; durante ese periodo pudo dedicarse exclusivamente a estudiar.

Ninguno de los entrevistados proyectó o utilizó el dinero en forma de salario, con objetivo nutricio y de supervivencia.

Para Locke el origen tradicional de la riqueza asociado a la propiedad puede ser encontrado en la adquisición, la conquista o la división del mundo común (Arendt, et al). La carga afectiva en los relatos aparece cercana al secreto y pudoroso encanto de la conquista azarosa y no simplemente una “compensación dineraria”.

Contrariamente a las especulaciones del mercado de trabajo y la macroeconomía sobre el “valor de la vida” y “la industria del litigio” los entrevistados no buscaban compensación económica sino conservar sus empleos.

El resultado de la demanda y el cobro de la indemnización no tuvo influencia alguna en el itinerario laboral posterior a la desvinculación tras el hecho traumático.

4.3.1.4. Las tácticas de enmascaramiento del estigma que desacredita

Considerar la incapacidad laboral permanente como un estigma puede constituirse en un atributo de juego tanto en la estrategia para conservar el empleo como en las tácticas previas a la bifurcación del itinerario laboral.

Como estigma invertido, aquellos que presentan mayor daño en el cuerpo tienen la prioridad en la atención de la salud y de la seguridad social, pero no podrían contar con la anuencia del empleador para conservar el empleo. 

Varios de los entrevistados, como ya se expuso, consideraron el dictamen de incapacidad laboral permanente como causa-efecto de su despido. En consecuencia, concluyeron que ya no habría probabilidades de permanecer en el puesto.

La táctica de bifurcación del itinerario laboral de cada entrevistado se orientó, entonces, hacia el futuro empleador que no lo sabe, pero podría darse cuenta, dando muestras de las modalidades en que cada trabajador se relacionó con su incapacidad adquirida. Eludir el examen preocupacional se presentó como una constante para los que intentaron retornar al campo formal. 

Entre la autopercepción del yo podía trabajar y el “no les servía, no les era útil”, que adjudicaron a una supuesta sanción del empleador, el mejor recurso para retornar al mercado asalariado fue el encubrimiento de “la incapacidad”. La táctica elegida fue la invisibilización del estigma que desacredita, especialmente, en el campo del trabajo.

Pablo eludió exponerse al examen preocupacional. Si bien admitió no recordar en lo cotidiano el hecho traumático, que ha quedado como un hito de su biografía, correría el riesgo de ser develado al momento de brindar información sensible sobre su condición de salud. Perdería el manejo y control de sus datos privados que podrían tornarse públicos.

(…) Es como que no volví a estar. Pero además no buscaba, eso sí que lo tengo presente por este tema de no poder pasar o yo pensaba que no iba a poder pasar un prelaboral (…) Y la verdad que no sé qué pasaría si hoy en día tendría que someterme a un prelaboral ¿Me tomarán? ¿Pasaré un prelaboral? No sé. No lo vivo pensando porque no tengo quizás la necesidad. Pero yo creo que es algo internamente que nunca cerró y no sé si va a cerrar. Creo que no. A no ser que me tenga que presentar frente a la dificultad o a pasar por algo así (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

Pablo y Carmen no presentaron limitaciones observables a simple vista, pero podrían aparecer en un estudio preocupacional. El encubrimiento requiere un gran esfuerzo; un estado de alerta permanente.

(…) Pero yo no decía que me habían despedido por la -incapacidad-, porque imagináte. Si vos querés conseguir un trabajo de lo mismo y decís que tenés una disminución no te van a tomar…Yo ni siquiera en el Estado dije que estaba operada… la verdad. Y cuando llegó el momento de titularizar, te hacen llenar una planilla para hacer el examen psicofísico y te preguntan si vos lo haces de forma particular o querés que te llamen de La Plata. Y yo puse la opción de que me llamen de La Plata porque yo dije: -yo no voy a comprometer a alguien a que me haga un examen psicofísico y que me diga que estoy apto. Que me lo hagan ellos de última y si no estoy apta que me lo digan ellos (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente en colegio privado).

Las fallas de la burocracia jugaron a favor del ocultamiento. Carmen relató riendo que nunca la llamaron del departamento de salud laboral para hacer el preocupacional.

Carlos y Carmen mostraron un gran temor a repetir las circunstancias del hecho traumático y sus consecuencias.

(…) hoy en día quedaron secuelas como para yo volver a insertarme en lo laboral. Por ende, se complica. Hay una incapacidad porque uno ya queda con miedo y queda muy alerta muy sensible a poder llegar a trabajar en (…) lo que yo sé hacer (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en empresa multinacional).

El riesgo se manifestó en la reaparición de fantasías trágicas, temores. 

(…) siempre se te pasa por la mente de que: -bueno… capaz si me tengo que operar otra vez…capaz que me quedo muda… que se yo”. Son fantasías que uno va teniendo a raíz de tener que operarte de algo que sabés que te va afectar. Otros miedos tal vez no. El miedo más grande era ese de no poder trabajar, de no poder seguir, de no poder hacer de la mejor manera, de tener dificultades para titularizar o para que me tomen en otro lugar (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente en colegio privado).

El corte abrupto en el itinerario laboral generó lo incierto y contingente. El sentido de inversión que anticipaba los beneficios esperados de ocupar un lugar en el campo social que guió el proyecto biográfico laboral quedó suspendido. El sujeto perdió su lugar conocido y se dispuso a jugar en uno desconocido.

Los entrevistados retornaron, tiempo después, al mercado laboral en otros puestos de menor exigencia de productividad y mayor autonomía sobre su hacer. La posibilidad de repetir la experiencia, sin embargo, los puso en situación de alerta que describieron como miedo a perder nuevamente su fuente laboral por sobre su condición de salud.

(…) Sí, obviamente, me operé para estar mejor… para tener un rendimiento más. Es más… yo me tenía que operar la otra mano y no me la pude operar. Y ahora, en este momento, no me la puedo operar porque yo no puedo faltar al trabajo, porque yo tengo miedo que si yo voy a operarme otra vez la mano me pase exactamente lo mismo (…) Me despidan de mi trabajo (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Carmen fue la única de las entrevistadas que, tras un tiempo prolongado, logró desenmascararse ante sus nuevos compañeros de trabajo; antes se aseguró que la revelación no provocara una ruptura de la relación contractual; ya estaba titularizada en un empleo estatal como docente.

Pablo y Carlos presentaron conductas contrapuestas. Por un lado dieron testimonio de sus experiencias a extraños y por otro continuaron eludiendo situaciones de exposición como el examen preocupacional. Cambiaron de contexto, incluso, el tipo de actividad para poder reincluirse en el mercado de trabajo no asalariado.

4.3.2. La bifurcación de la biografía laboral

En un mundo contemporáneo donde se discute el declive de las instituciones de la modernidad y el surgimiento de fuertes procesos de individualización el papel de lo subjetivo y de la capacidad de toma de decisiones sobre la propia existencia aparece a la vez como un valor y como un riesgo.

Al mismo tiempo en que se abren posibilidades para la creatividad e iniciativa personal en la construcción de la propia identidad, la falta de recursos y soportes colectivos reduce para muchos al mínimo los márgenes de maniobra, la posibilidad de desplegar tácticas y proyectos personales. Para Robles (1999) la individualización deviene en “individuación forzada” (Jacinto 2010, p. 26).

Las expectativas de inclusión en el campo asalariado fueron impactadas, en primer término, por un hecho traumático que fue resignificado en el momento de la desvinculación provocando un punto de inflexión en los itinerarios laborales en dos actos. Lo familiar se convirtió en ajeno; la solidaridad en aislamiento.

En el umbral, como pasaje hacia la bifurcación del recorrido laboral, los actores pasaron del valor moral del “deber ser trabajador” -asalariado- al “poder ser trabajador” -asalariado o no, en otro campo o en otras condiciones-. También pasaron al “no ser” como autoexclusión de la identificación con los incapacitados para trabajar (“yo podía trabajar”) y excluidos económicos (“me despidieron por la incapacidad”) reconfigurando una nueva identidad laboral.[25]

Perdido el destino prefijado se situaron en las expectativas del corto plazo. Quedar excluido del campo asalariado del sector privado estuvo signado por un hecho externo y fortuito: el hecho traumático y el “despido sin causa”. Retornar al mercado de trabajo, en cambio, fue un proceso interno, privado e íntimo de reapropiación del destino relacionado con la elaboración del duelo; necesario para la bifurcación del recorrido laboral, un cambio de ciclo inesperado.[26]

4.3.2.1. Retorno al trabajo asalariado

Mercedes y Carmen retornaron al empleo asalariado. Esta vez las condiciones de búsqueda no se centraron sólo en el progreso económico. Con temores a desaprobar un examen de salud preocupacional, Carmen decidió continuar con la docencia por vocación, pero en el ámbito del empleo público como en sus inicios. Igual que Luis aprendió a convivir con la limitación del cuerpo y a pesar de eso volver a trabajar.

(…) pero siempre yo tenía ese temor de que en cualquier momento …va a aparecer otra vez la enfermedad. Por suerte los primeros años no me pasó nada (…) ya en el 2011… ya titularicé en el Estado y eso te deja más tranquilidad porque al ser titular si te sucede algo hay otro amparo (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente en colegio privado).

(…) Uno va tomando decisiones en la vida (…) es la frase que resume los enclaves que marcaron su recorrido laboral y su legado familiar de empleada pública.

Mercedes otra vez reprodujo el campo sociolaboral como campo familiar. Del mismo modo que otros entrevistados también pasó por un periodo de descenso en el status socioeconómico tras ser desvinculada.  Amparada económicamente por la seguridad social del fondo de desempleo se desempeñó en tareas precarias de subsistencia en preparación y venta de comida casera con la ayuda de su familia, tareas que había desarrollado a temprana edad, hasta su retorno al campo asalariado en el cuidado de niños y ancianos.

(…) ni bien ella me contrató me dijo que quería mis datos y todo para ponerme en blanco y yo le pedí que no, porque yo estaba cobrando el fondo de desempleo (…) Pero ni bien terminé de cobrarlo ella me puso en blanco. Bien… porque yo tengo mi prepaga y para jubilación. Yo ya me jubilé, estoy jubilada. Pero tengo la ART, tengo el carnet. Ya me dió el carnet, la otra señora también. Me siento como segura, me siento como protegida (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Mercedes retornó al campo asalariado, pero para otra familia y con otra carga de trabajo; para la entrevistada “poner en blanco” significó reglas claras y legales. 

(…) Y ahora es como que gano más, gano más, en el hecho de que trabajo menos horas, porque trabajo cinco horas por día, y tengo mi jubilación. Cuando yo salí del restaurante ganaba mucho menos (…) porque no me pagaban lo que me correspondía, nada más (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

La percepción de incapacidad para trabajar concluyó cuando retornó al mercado laboral, a pesar del violento designio de su empleador anterior: “no vas a trabajar acá ni en ningún otro lado”.

(…) No me siento como una…-en referencia a la incapacidad-… porque no estoy limitada a nada. Yo trabajo y cuido tres chicos a la mañana de lunes a jueves. Y los días viernes yo trabajo en la casa de una señora que esta operada del corazón que la ayudo a preparar la comida, le preparo la comida para el fin de semana, le voy a hacer las compras, la acompaño al médico, le limpio los placares (…) no me siento limitada. Para mí yo no tengo nada. O no sé, si es una negación que es como que, a ver si me puedo explicar… no sé si quiero sacar el tema de mis manos por lo que me causó estar fuera de un trabajo, que si tengo trabajo no me interesa las manos (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

La bifurcación del itinerario laboral de ambas entrevistadas, aún con cambios en las condiciones contractuales, mostró una lucha continua por sostener la inclusión en el campo asalariado, en oposición a la presunción de la exclusión de trabajadores con incapacidad laboral permanente como “regla del mercado”. En ambos casos el índice de incapacidad parcial permanente dictaminada fue bajo, pero afectó directamente la posibilidad de reincorporarse al puesto habitual con las condiciones que imponían; aspecto que se constituyó en un segundo desafío para las entrevistadas.

4.3.2.2 Descubrir un mundo nuevo

Luis, Carlos y Virginia transitaron un proyecto biográfico laboral marcado por el “deber ser trabajadorque los había llevado por rubros y modalidades de trabajo inesperadas. En el sentido del juego, las competencias de flexibilidad y adaptación les permitió acceder al poder de invención e improvisación y pasar de un campo a otro aprovechando las posibilidades del mercado.  

Descubrir un mundo nuevo para los entrevistados requirió liberarse del dolor o, al menos, aprender a convivir con él. La cura en medicina constituye una utopía. Las estructuras y las funciones corporales pueden mejorar, se atenúan los síntomas, pero no existe lesión sin secuela; no hay retorno al estado original. La incapacidad para trabajar a diferencia de la enfermedad se constituye como una condición social, relativa e inconstante, puesta a prueba entre la limitación y las posibilidades de acción social. 

El valor del trabajo como modo de inclusión social, con eje en el progreso económico manifiesto en los itinerarios previos, se reformuló hacia otros valores como la recuperación y cuidado de la propia fuerza de trabajo y la liberación de ciertas reglas de rendimiento y productividad requeridos por el mercado formal de trabajo.

La libertad, la condición esencial que los griegos llamaban felicidad –eudaimonia- un estado objetivo que dependía sobre todo de la riqueza y la salud apareció con fuerza en las narraciones de los itinerarios posteriores al punto de inflexión. Su contraparte, ser pobre o estar enfermo, significaba verse sometido a las necesidades físicas y ser esclavo llevaba consigo además el sometimiento a la violencia del hombre (Arendt, et al).   

Los entrevistados no pudieron explicitar el momento en que traspasaron el umbral. En el relato de Virginia no apareció un hecho específico que la llevó a reingresar al mercado de trabajo. Luego de un año y medio del accidente se presentó una oportunidad.

(…) Sí, me agarro para un verano y me puse a hacer eso. Sí…hice un poco de todo (…) primero costaba un poco porque me costó mucho la cosa de que yo tenía una rutina de horarios, de días y demás a tener que manejarme sola con horarios míos. Yo estaba muy acostumbrada a cierta rutina. El hecho de manejarme yo sola (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Su apreciación acerca del tiempo de recuperación fue correcto. Podría haber retornado a su puesto anterior pero sus motivaciones habían cambiado.

(…) Me costó mucho engancharme, pero justo enfrente de casa se abrió un espacio cultural, un centro cultural. Y cuando vi que estaban pintando, arreglando y demás fui a preguntar que iba a hacer y me propuse como colaboradora para ayudar con el tema de los talleres, de la organización, de la parte administrativa. Bueno… y me enganche ahí y aún sigo estando en el taller (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME)

Reapropiarse de los propios tiempos tras la desvinculación y modificar su vida cotidiana no fue sencillo para algunos actores que habían dedicado la mayor parte de su vida a un trabajo asalariado y reglado. La libertad no fue fácil de tramitar.

Luis tampoco pudo explicar por qué tardó tres años para volver a trabajar.

(…) hablé con un amigo, dije: “algo tengo que hacer con esta mente, porque esto (…) no puedo estar, salir de la cama, sentarme en el comedor y volver a la cama 4 o 5 veces por día para que la vida se me pase rápido” (…) habrán pasado 3 años después del 2001 (…) y digo: “algo tengo que hacer”. Y me dice: “decime lo que querés hacer y yo te ayudo”. Armar un taller. Entonces ahí empecé a estar ocupado en pensar realmente lo que necesitaba hacer o que querer hacer. Estuve 3 años realmente desocupado y un año preparando todas las cosas para empezar el trabajo por mi cuenta (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario).

Tras el punto de inflexión, los entrevistados perdieron la creencia de tener el control sobre su itinerario laboral.  Los primeros pasos de Carlos también estuvieron marcados por el descenso en el status socioeconómico con tareas de menor nivel jerárquico, en trabajos informales o precarios. 

(…) El primer año fue un año muy complicado a nivel anímico. Estaba sin ganas de hacer nada, estaba pasando por una depresión muy grande. Y al año y medio, viendo la situación económica del hogar que era complicada (…) hacer algo. Tuve que salir a vender café en una estación de tren porque no daba la situación para quedarme en mi casa, pero tampoco para volver a trabajar de lo que yo sabía. Quise probar, pero no pude (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

La liberación de Carlos no se centró en descubrir un mundo de trabajo diferente como le ocurrió a Luis, sino en descubrir que el mundo no era solo su trabajo.  Descubrió la libertad cuando se reapropió de su vida cotidiana, de su tiempo privado familiar y social[27]. Ya no recibe llamados telefónicos los sábados a las 5 de la mañana para resolver problemas urgentes de la Empresa donde trabajaba.

(…) Y tener a nivel personal (…) tener una relación con dios y con la familia. Disfrutar de la vida, de hacer algo diferente, fuera del horario del trabajo. Y hacerlo bien. Yo hacía, como dije antes, era delegado de un club de baby futbol. Lo hacía, me gustaba, pero lo hacía muy a lo laboral mío, muy adrenalínico, muy impulsivo, muy… y no sé si lo disfruté del todo. Hoy creo que, si lo haría, lo haría diferente. Lo que es a nivel laboral y lo que es a nivel… lo que es la vida de uno…dar testimonio que no todo pasa por trabajo, dinero. O a veces ni siquiera dinero, sino mostrar que uno puede, que uno sabe que uno puede y que no pasa todo por ahí. Pasa por otras cosas (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

En la elección laboral de Luis primó la calidad y las condiciones de la tarea a realizar.

(…) Después seguí mi vida trabajando. Ahora soy artesano, hago cuchillos artesanales los cuales vendo por internet, por clientes, ya desde 2003, 2004, que empecé a proyectar esto hasta la fecha (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario). 

Construyó su emprendimiento a partir de sus conocimientos previos. Descubrió algo que nunca tuvo, libertad y un nuevo campo social para experimentar; un lugar diferencial donde es reconocido por vecinos y clientes. Ya no es un estibador anónimo. Reconstruyó el valor moral del deber ser trabajador, pero reformulado como poder ser trabajador no asalariado. Ya no rota aleatoriamente de empleos como antaño.

(…) El trabajo, el trabajo es mío acá. Trabajo solo para la venta, nosotros vamos a vender las cosas que yo hago los días sábados. Es un día que elegimos ir a vender y tenemos hace muchos años un lugar en la ruta. Nosotros vamos a un costado de la ruta, ponemos las mesitas, ponemos los productos y nos sentamos a tomar mate y en el lugar que estamos nosotros plantamos arbolitos, tenemos la sombra de nuestros árboles y tenemos montón de conocidos, montón de clientes amigos digamos que ya paran, no porque ven un cartel sino paran a compartir una charla y saben que yo estoy ahí y me acompañan un rato y bueno… y ese es el acompañamiento que hace mi  mujer en todo momento (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario). 

Luis descubrió los beneficios inesperados que le proporciona su situación laboral actual.

(…) Pensándolo hoy en este momento, creo que no…  no volvería a mi trabajo anterior. Si lo tuviera que haber hecho en aquel momento creo que era el justo para volver a trabajar y acostumbrarme a cumplir un horario, ¿no es cierto? Porque era una empresa, creo que hoy después de tantos años de ser libre y tener mi trabajo y ordenar mis tiempos y demás cosas creo que no, no…me quedo con lo que tengo (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario). 

No puede deambular en forma autónoma, pero recuperó su motivación y su fuerza de trabajo; poner su cuerpo en circulación al servicio de la producción propia. Luis logró eludir la sanción de incapacidad; incapacidad para trabajar para otro.

(…) No… es muy bueno yo si hubiera conocido esto de haber vivido con lo que hago con mis manos nunca hubiera trabajado en otra cosa -se ríe- (…) porque es una gran satisfacción y más en este estado que estoy. Antes lo podría haber hecho pero antes estaba para otra cosa, pero al descubrir esto de que puedo vivir con lo que hago de mis manos es doblemente gratificante para mí y es mi cable a tierra esto (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario). 

Ser libre significa no estar sometido a las necesidades de la vida ni bajo el mando de alguien y no mandar sobre nadie, es decir, ni gobernar ni ser gobernado (Arendt, 1958).

(…) porque pienso en cosas de trabajo, pienso en cosas de futuro y no pienso en mi discapacidad ni en mis impedimentos ni nada (…) y en mi vida trato de ser lo más independiente posible, siempre, para todo es vivir, para todo. Yo manejo mi auto, me higienizo, me baño solo, me cambio solo, me levanto solo, lo menos posible que pueda, trato de no tener ayuda (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario). 

Para Virginia la edad fue determinante en la elección de una actividad autónoma.  Su juego estuvo marcado por una táctica ligada a la lectura de la demanda del mercado de trabajo y su probable posición en el mismo. No intentó retornar al trabajo asalariado. Como Luis, Virginia también optó por la artesanía.

(…) Y empecé a buscarle la vuelta a la vida de otra manera. Empecé a fabricar sandalias y a vender sandalias (…) Bueno, era difícil también con la edad, porque tampoco conseguía trabajo regular por una cuestión de edad. Nadie me iba a tomar sabiendo que a los dos años me jubilaba (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Tras la desvinculación Carlos intentó reinsertarse en un puesto similar al de la Empresa donde adquirió su incapacidad laboral permanente. Confirmó las condiciones a las que se expuso.

(…) Me presenté a los dos años, dos años y medio, después del despido de S (…) En una empresa en un puesto logístico en Lanús, no me acuerdo el nombre ahora. Y trabajé una semana -risas-. A la semana me despidieron porque me habían tomado como supervisor de expediciones y recepción y como pasa en todas las empresas de logística, después terminé haciendo facturación, el ruteo de las unidades y bueno, después me pidieron otras cosas más. Yo me negué a hacerlo porque no era lo que habíamos pactado, por lo cual me habían tomado y a la empresa no le gustó y me echó (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

Este intento frustrado acrecentó su decisión de independizarse.

(…) volví a notar que el trabajo es así. Entonces no quise optar más y seguí haciendo el emprendimiento personal (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

La modalidad y tiempo necesario para el reingreso al campo de trabajo fue privativo de cada entrevistado. Algunos priorizaron la incapacidad laboral permanente para eludir los exámenes preocupacionales o se expusieron nuevamente, como en el caso de Carlos, para probar su propia resistencia ante el riesgo. Poner la mano en la boca del león. Su única preocupación era trabajar. Finalmente abandonó la búsqueda del trabajo asalariado.

(…) Hasta hoy en día trabajo bajo comercio propio que lo fui armando con mucho sacrifico y bueno, de vender café en la estación hasta empezar a vender ropa, que es lo que hago hoy en día. Pude abrir un local hace años en mi casa muy precario, muy austero y comprando y vendiendo ropa. Pero nunca pude volver a hacer lo que sé hacer (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

Su emprendimiento inicial de subsistencia logró evolucionar.

(…) estoy con dos negocios. Uno que hace ya cinco años que estoy. Con la venta de indumentaria, ropa. Y hace un mes y medio abrí otro comercio que nada que ver con este rubro que es un Pet Shop, una forrajería y trabajando de eso (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

Carlos, como Luis, también traspasó la virtud moral del deber ser trabajador a poder ser trabajador no asalariado. En su relato no aparece la felicidad de descubrir un mundo nuevo como en el caso de Luis. El trabajo quedó ligado a la adrenalina adictiva, intensidad, rendimiento, sudor y competitividad. Competencias propias que ahora considera devaluadas. Su emprendimiento actual no es trabajo-desafío-rendimiento para él; añora hacer los que sabía y le gustaba hacer. El cuerpo, ya no cuerpo-cosa que fue transformado por el tiempo, fue también transformado por el trabajo y sus efectos en el desgaste de la salud. 

La añoranza de un cuerpo joven y vital que podía tolerar la intensidad del trabajo ¿Se extraña un lugar o un tiempo en ese lugar? Persistió la percepción de haber sido desposeídos; privados del lugar del que creían haberse apropiado. 

(…) Que estoy a veces un poco triste y a veces un poco contenta porque yo me demostré que puedo, que puedo trabajar y que voy a seguir trabajando porque es algo… pero me sacaron… no tengo eso de poder trabajar en una cocina que a mí me encantaba (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Como Carlos, Pablo también fue abandonando la idea de retornar al empleo y la seguridad social. La bifurcación tras el punto de inflexión apareció ligado a la forma en que eludió el retorno al trabajo asalariado.

(…) Después siempre facturé (…) la única en relación de dependencia que tuve durante mi vida, en estos cuarenta años, fueron esos ocho meses en N. P (…) Posterior a eso en el medio siempre facturé (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

Ante el temor a que descubrieran su antecedente de incapacidad laboral se vio forzado a hacer un rodeo y relató su situación actual con cierta nostalgia.

(…) Pero eso era lo que yo quería. Trabajar en relación de dependencia, tener un aguinaldo, vacaciones y tener cierta tranquilidad a fin de mes. Eso era el trabajo que yo tenía en ese momento (…) No, no lo volví a tener. Hasta que (…) más allá de los distintos montos que cobraba en ese momento y lo que puedo cobrar ahora. Pero eso nunca lo volví a tener. Porque hasta ahora tengo un mix entre algo de relación de dependencia y facturación. Y por las características de lo que uno trabaja con la facturación que cobra quizás lo que trabajo este mes dentro de ocho meses, un año y demás nunca tuve “dispongo de cinco o quinientos, pero todo junto a fin de mes”. Y eso es lo que extraño. Igual tampoco te puedo decir que lo extraño porque fue tan poco y hace tanto (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

Pablo es el más joven de los entrevistados. Su itinerario se bifurcó en caminos alternativos hasta fijarse en la continuidad de la carrera universitaria que había iniciado antes del hecho traumático.

(…) Terminé la carrera y me dediqué a otra cosa también. No me pongo a trabajar en la profesión inmediatamente (…) Y estuve trabajando en el (…) y ahí también facturando ¿ves? (…) En la parte de contaduría. Nada, era manejando pagos, cheques. Había llegado a una buena posición ahí adentro…me dieron la posibilidad de facturar. Ellos me querían poner en – en relación de dependencia – Pero bueno, estas cosas que no sé por qué no lo hice en su momento. Por esto que siempre me jugaba internamente también (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

Ante la persistencia del temor a ser rechazado en un examen de salud preocupacional, la condición de monotributista le dio autonomía y lo eximió de esa situación. 

(…) No, nunca más estuve en relación de dependencia formalmente. Acá en (…) es la primera vez que en todos estos años vuelvo a tener como recibo de sueldo. Es acá en (…) acá como son esos contratos por doce meses, que tienen las mismas características de las de relación de dependencia (…) (Pablo, 24 años, 1999, corredor de comercio en gran empresa).

Pablo logró una posición en el cómo sí. El contrato por tiempo indeterminado parece darle el resguardo de una falsa relación de dependencia. La condición de trabajador autónomo no fue deliberadamente buscada. Fue una consecuencia de la exclusión del campo formal de trabajo y la posterior autoexclusión. 

No fue necesaria la sanción de los otros. Optaron por autoexcluirse de la competencia. Aunque no se vea, aunque no sea objetivamente una incapacidad para trabajar.

4.3.2.3. La transmisión

En los apartados anteriores se describieron las tácticas que adoptaron los entrevistados para retornar al campo laboral. Pero ¿qué lugar tuvo la incapacidad laboral permanente en su vida cotidiana?

Solo después de reconstruir la virtud moral del deber ser trabajador -asalariados o no asalariados- Carlos, Carmen y Pablo pudieron transmitir la enseñanza que dejó en sus vidas el hecho traumático; luego de desenmascarar su propia percepción del estigma de incapacitado para trabajar.[28]

Por diferentes medios, Pablo en su práctica profesional y Carlos en su misión religiosa, dieron testimonio de su experiencia para ayudar a otros. Carlos modificó sus prioridades; se mostró emocionado en su relato.

(…) pudiera haber sido más cuidadoso conmigo mismo en el sentido de la salud. Diciendo trabajo hasta cierto horario, hago otra cosa fuera del horario del trabajo, estando en mi casa o en el club donde jugaban mis hijos como delegado general de un club de barrio de baby futbol -la voz de Carlos se quiebra, comienza a sollozar- (…) Dirijo tiempo más para eso y para mí y dejar el trabajo aparte. Fuera del tan extensivo horario (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

Para Virginia lo más importante en su situación fue la paciencia.

(…) Paciencia, mucha paciencia. Que primero está esa persona con su problema. En mi caso era yo tengo que pensar en mi mano…no puedo pensar en otra cosa…cuando uno tiene un accidente necesita mucha contención porque su situación es de golpe…es algo que en un segundo te cambia la vida y tenes que adaptarte al cambio de vida. Y sin la contención (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Pasados varios años del accidente obtuvo su jubilación y percibe un pequeño ingreso por su trabajo en un centro cultural. No brinda testimonios desde la oratoria; puso en acto su experiencia organizando grupos para mujeres desocupadas para promover la inclusión laboral.

(…) Las sandalias ya no las hago. Pero con esto de estar trabajando en este centro cultural ya me enganché con una cooperativa de trabajo para mujeres del barrio que estaban sin trabajo para hacer prepizzas y empezar a fabricar para empezar a vender en eventos. Como en el centro cultural también hay eventos. Eventos de jazz un sábado, unas peñas otro sábado. Bueno, engancharlas…y que sea una salida laboral para gente que la necesita… que están rasguñando la billetera digamos (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME).

Nuevamente Virginia se ocupó de los demás como cuando reclamaba por mejores condiciones de trabajo en la PyME. Su felicidad está en la caridad humana; reconstruyó la virtud moral del “deber ser trabajador” o “poder ser trabajadora no asalariada” y transfirió sus competencias a otro campo social.

(…) Me doy ese gusto de poder colaborar (…) hacemos apoyo escolar para chicos. Aparte, también me encargo… no me encargo del apoyo escolar, sino me encargo del tema de la organización, de los horarios, de abrir la puerta, de estar, de los docentes, de conseguir meriendas para esos pibes (…) (Virginia, 56 años, 2011, operaria en PyME)

Luis tampoco dio testimonio de su experiencia, pero con su auto adaptado junto a su familia recorrió el país tomando nota de las barreras a la libertad que le impone la sociedad, como denominó a la falta de rampas o baños para discapacitados motores. Volver al trabajo asalariado ha dejado de ser su preocupación. 

(…) No, no, no, no, algo más no, para agregar no. Solamente que, esto que le sirva a gente que lo pueda escuchar y que sirva y que pueda llegar a los gobiernos como le dije antes. A distintas autoridades y a políticos para que el discapacitado tenga su lugar ¿no es cierto? Tenga su lugar en la sociedad y pueda transitar en donde viva, pueda transitar sin impedimentos, pueda crearse, pueda estar junto con las demás personas (…) (Luis, 40 años, 2001, estibador en reparto domiciliario).

Luis agradece a su modo estar vivo.

(…) es otra forma de vida, pero siempre sigue siendo vida (…) la gente, dejarse acompañar por la familia ¿no? Sobre todo hay que dejarse acompañar por la familia… y bueno… y siempre se sale, siempre, no volvemos a ser normales pero dentro de lo anormal que somos y dentro de las discapacidades podemos vivir, sí se puede vivir…

Cuando se les solicito una reflexión sobre la experiencia vivida y las acciones que podrían modificar la situación, la respuesta de Mercedes abordó diferentes aspectos que condicionaron el hecho. 

(…) Primero me parece que yo no me tendría que haber operado para poder seguir trabajando, pero después digo, pero no… porque era mi salud, eran mis manos ¿Y qué podría haber modificado? Yo creo que nada, porque ellos me subestimaron, no me dieron la posibilidad. Entonces es como que no pudiera haber cambiado nada, ellos ya lo habían decidido así y yo no servía más para trabajar ahí. Me subestimaron, yo se los dije a ellos, no me dieron la posibilidad (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Finalmente reasumió la culpa del hecho traumático en forma plena, pero pudo ubicar que ya no servía más para ese empleador, no para otros.

(…) Consejos no sé porque yo quise hacer todo bien (…) Consejos no sé, no sé qué consejos podría llegar a darles a una persona. Sí, que por un trabajo no se puede descuidar tanto, yo me descuidé mucho por un trabajo (…) (Mercedes, 59 años, 2013, encargada de cocina en PyME familiar).

Para Carmen las causas de su enfermedad profesional podrían prevenirse con educación para la salud, desde la formación del docente y desde la ART. Compartió con sus compañeros su experiencia en prevención de las patologías de la voz.

(…) Yo creo que lo más importante es esto… el tema de la prevención. De poder establecer alguna pauta mínima de conocimiento cuando uno trabaja, de cuáles son los riesgos del trabajo y sobre todo esto, de que después una vez que ya te pasa algo y vos ya tenés una incapacidad, ya no hay retorno (…) (Carmen, 51 años, 2008, docente en colegio privado).

Carlos admitió que no había posibilidades de modificar su puesto para preservar la salud; la entrega tenía que ser al cien por ciento. Retornó a la práctica religiosa de la que estuvo apartado 18 años. La enfermedad para él fue un momento de inflexión.  

(…) siempre uno tiene que dar testimonio de lo bueno y de lo malo. De lo bueno testimonio -se quiebra la voz- de ser una persona trabajadora desde los trece años, tratar de ser lo más profesional que pude. Entonces eso llevarlo a dar testimonio de trabajando se puede hacer un montón de cosas, se puede un montón de cosas. Pero que también el trabajar y el pasarse de exceso… que todos los excesos son malos. Entonces en el testimonio que yo doy, es eso, de los excesos. Lo hablo desde un policía a un bombero, hasta al que trabaja en una farmacia o la persona (…) que vivimos hoy en la Argentina acelerados, mal, tratando de cubrir las necesidades básicas a consecuencia hasta de poder hacernos mal (…) (Carlos, 34 años, 2009, supervisor en multinacional).

En las reflexiones finales los entrevistados mostraron nuevamente el impacto del hecho traumático y la desvinculación en su vida cotidiana pero, tras reincluirse laboralmente, se distanciaron del estigma de ser incapacitado para trabajar que fue capitalizado simbólicamente como hito histórico que modificó sus creencias. Encontraron en la transmisión de sus experiencias un nuevo valor de inclusión social.


  1. El art. 79 del Programa de inserción laboral, aprobado como Anexo I de la Resolución de la  Secretaría de Empleo 2.186/10 reglamenta el tipo de empresas que se clasifican de acuerdo con la cantidad de trabajadores que conformen su planta de personal al momento de su adhesión al programa, en: 1) Micros: cuando tengan una planta de personal de hasta CINCO (5) trabajadores; 2) Pequeñas: de SEIS (6) a CINCUENTA (50) trabajadores; 3) Medianas: de CINCUENTA Y UN (51) a DOSCIENTOS (200) trabajadores; 4) Grandes: más de DOSCIENTOS (200) trabajadores”. Referencia: Presidencia de la Nación. Secretaría de Empleo. Promoción del empleo (2013). R.1479/2013, R. 905/2010 y 2186/2010. Modificaciones. En Boletín Oficial, 24/6/2013. 
  2. Con el objeto de facilitar la lectura cada caso se presentará con un nombre ficticio, la edad que tenía en el momento del hecho traumático, año de ocurrencia y puesto que ocupaba (ver descripción ampliada en la guía de casos).
  3. Para Lyotard, la idea de destino de las comunidades humanas, presupone la existencia de una instancia atemporal, que conoce la sucesión de momentos constitutivos de la vida individual y colectiva como forma de neutralizar la ocurrencia inesperada […]. La modernidad es un modo de dar forma a la secuencia de momentos, para que la humanidad acepte un elevado índice de contingencia (Indij, 2014, p. 177).
  4. Afirma Wehle (1999ª) que cultura de empresa es el ámbito de representaciones colectivas que se refuerzan desde el aprendizaje colectivo y puede operar como espacio de resocialización para la reconstitución sobre nuevas bases de racionalidades e identidades cuestionadas por la aceleración de los cambios. En este contexto de transformación de identidades cobra características que implican las bases mismas de los procesos de socialización y resocialización de la mano de obra.
  5. Bauman analizó el movimiento del orden y control del futuro que mostraba el capitalismo pesado y su desplazamiento hacia el ámbito del juego donde el acto de trabajar se parece más a la estrategia de un jugador, que se plantea modelos objetivos a corto plazo sin un alcance que vaya más allá de las próximas dos o tres jugadas. Lo que cuenta son los efectos inmediatos de cada jugada que deben ser aptos para su consumo también inmediato (2006, p. 147).
  6. A través de esta visión positiva del valor de realización personal del trabajo, advierte Han, el neoliberalismo ejerce una forma de poder y control mucho más efectiva para lograr que el trabajador se explote a sí mismo (2014 b, p. 11). La motivación y la competitividad para una productividad ilimitada se constituyó en una forma de autoexplotación total (Han, 2014 b, p. 29).
  7. La idea misma de velocidad -y aceleración- referida a la relación entre tiempo y espacio supone su variabilidad; sería difícil que tuviera algún sentido si esa relación no fuera cambiante (…) Cuando la distancia recorrida en una unidad de tiempo pasó a depender de la tecnología, de los medios de transporte artificiales existentes, los límites heredados de la velocidad de movimiento pudieron transgredirse. Sólo el cielo -la velocidad de la Luz- empezó a ser el límite y la modernidad fue un esfuerzo constante, imparable y acelerado por alcanzarlo (Bauman, 2000).
  8. El cuerpo ya no es eso que ya somos sino un montón de materia que modificar y corregir con medicamentos y drogas (…) Algo que someter, incluso, si hiciese falta. Que nada te pare, ese eslogan publicitario tan frecuente en anuncios de bebidas energéticas, cremas antiojeras y suplementos vitamínicos parecen querer decir: Que nada [ni siquiera tú mismo, en cuanto cuerpo] pare [tu capacidad productiva] (Han, 2014b).
  9. Alain Wisner analizó la negación del riesgo como necesaria en tareas como el trabajo en altura o en la construcción para poder enfrentar el peligro también puede aparecer en otro tipo de puestos. El sistema defensivo alcanza una tradición de oficio ya que nunca se debe hablar del peligro, del riesgo, accidente ni de miedo. El grupo armado de la ideología defensiva, garantía de cohesión, coraje y productividad elimina al que no puede soportar la ansiedad y la angustia; se lo considera el más débil y es objeto de burla por parte de los otros. Si no abandona su posición será rechazado o eliminado del grupo porque el miedoso reaviva la ansiedad (1988, p.198, 199, 200).
  10. El pasaje de la probabilidad más elevada a la certeza absoluta representa un salto cualitativo que es proporcional a la distancia numérica (Bourdieu, 1980, p. 159).
  11. Unheimlich es el antónimo de heimlich y de heimisch: íntimo-secreto y familiar, hogareño, doméstico. En consecuencia, lo siniestro causa espanto precisamente porque no es conocido y familiar. Espantoso en relación a aquella relación que no es reversible (…) Lo novedoso se torna fácilmente espantoso y siniestro; pero solo algunas cosas (…) es menester que a lo nuevo, desacostumbrado, se agregue algo para convertirlo en siniestro. Para Jentsch lo siniestro sería siempre algo en que uno se encuentra, por así decirlo, desconcertado, perdido. Lo siniestro en las vivencias se dan cuando complejos infantiles reprimidos son reanimados por una impresión exterior o cuando convicciones primitivas superadas parecen hallar una nueva confirmación (Freud 1919, p. 2484, 2503).
  12. Otto Rank (1914) estudió en Der Doppelganger las relaciones entre el doble y la imagen en el espejo o la sombra, los genios tutelares, las doctrinas animistas y el temor ante la muerte. El doble fue primitivamente una medida de seguridad contra la destrucción del yo, un enérgico mentís a la omnipotencia de la muerte y probablemente haya sido el alma “inmortal” el primer “doble” de nuestro cuerpo. Solo al superarse esta fase se modifica el signo algebraico del “doble”, de un asegurador de la supervivencia se convierte en un siniestro mensajero de la muerte (Freud, 1919, p. 2493, 2494).
  13. En Duelo y Melancolía (1917) Freud distingue el duelo de la melancolía. En la melancolía el enfermo describe a su yo como indigno, estéril y moralmente despreciable; se hace reproches, se denigra y espera repulsión y castigo. Se humilla ante todos los demás y conmisera a cada uno de sus familiares por tener lazos con una persona tan indigna.
  14. Pueden analizarse otros aspectos que relacionan el hecho del estigma positivizado y la postura del discapacitado héroe en la práctica deportiva. Las olimpiadas paralímpicas Rio 2016 tuvieron como consigna: “Si, yo puedo” (Yes, I can) como lucha reivindicativa; frase que repitieron los entrevistados en diferentes tramos como “yo podía trabajar” (https://youtu.be/WjU1_NGYtMk).
  15. Para Goffman, “lo doloroso de una estigmatización repentina no surge de la confusión del individuo respecto a su identidad sino del conocimiento exacto de su nueva situación” (1963, p. 155).
  16. Los costos que implican adaptar a los trabajadores con discapacidad (o incapacidad) producen desinterés para las empresas. La explicación, para los economistas, es que si se aumenta el precio de un bien o un servicio este será menos comprado. Del mismo modo, si un trabajador resulta más caro a una empresa esta contratará otros que los sustituyan (Verdugo, 2009).
  17. Para Daniel Zanotti el accidentado es identificado como chivo expiatorio -negligencia individual- por conveniencia de ambas partes. La patronal evita la responsabilidad por el daño inferido y el grupo de compañeros eliminan mágicamente la posibilidad de que el daño le suceda a sí mismo (2003, p. 17).
  18. Para Pigors y Meyers (1985) la rotación de personal es el grado de movilidad interna de los empleados; evitable o inevitable; saludable o no para una organización. Las causas inevitables son las enfermedades crónicas, accidentes que producen lesiones parciales o totales permanentes, la muerte y la jubilación. Las causas evitables son la insatisfacción, bajos sueldos, falta de identificación del empleado con los objetivos de la organización, mala selección del personal, falta de movilidad interna -programa de ascensos y traslados- (Gonzalez Ríos, 2006). Algunos autores sostienen que la antigüedad en el empleo es un indicador de flexibilidad del mercado de trabajo -con mayor rotación y crecimiento del contrato temporal- o de protección/seguridad laboral -un incremento en la antigüedad es signo de mejora en la seguridad del empleo- (Gualavisi et al (2016, p. 6). Se destaca en la descripción de Pigors y Meyers lo inevitable de la rotación en los casos de accidentes laborales y enfermedades crónicas sin cuestionamientos sobre la factibilidad de continuidad laboral.
  19. La causa del despido nunca es única para el empleador. En la decisión se evalúan aspectos como el sueldo y antigüedad al momento del cálculo indemnizatorio, la Ley de Contrato Laboral -Ley 20744/76, art 212- que permite la indemnización con el 50 % cuando la empresa no cuente con un puesto acorde para la reubicación; los antecedentes previos en relación al cumplimiento de la productividad, presentismo, reglas de la organización y una presunción de costos futuros si se disminuyera la productividad o aumentara el ausentismo. También operan variables como la relación personal previa establecida con el empleado y el efecto que la desvinculación tendría en el resto del personal.
  20. Para Silberkasten (2005) cuando las empresas contratan personas con discapacidad lo hacen como una estrategia de marketing. Buscan una contraprestación en el hecho de mejorar la imagen pública de la empresa, como la multinacional Mc Donald´s al emplear jóvenes con síndrome de Down.
  21. La teoría de la cosificación fue elaborada por Lukacs y retomada por Honneth y Adorno para referirse a las relaciones vitales cosificadas, rígidas, que habrían sido producidas por el capitalismo como patogénesis del mundo burgués.
  22. En Teoría de la religión (1981), Georges Bataille expuso que el mundo de la producción ha alcanzado un punto de desarrollo tal que no sabe que hacer con sus productos. Esta condición hace posible y necesaria la destrucción.Es preciso ahora – prosigue el autor – bajar hasta lo más bajo del mundo de la reducción del hombre a la cosa. Se trata de consumir – o de destruir – infinitamente los objetos producidos. Esto podría hacerse sin la menor conciencia. La destrucción del sujeto como individuo está, en efecto, implicada en la destrucción del objeto como tal (En Indij, 2014, p. 173, 174).
  23. Alfred Schütz (1932) refiere que, en nuestra vida cotidiana, nos basamos en suposiciones básicas y necesarias como que la estructura de conciencia del otro es similar a la propia estructura de conciencia. En tanto autores como Habermas y Foucault aseveran que los procesos de poder son capaces de obstaculizar, impedir o distorsionar la comunicación entre los sujetos.
  24. Ser político, vivir en una polis, significaba para los griegos que todo se decía por medio de palabras y persuasión y no con la fuerza y la violencia como ocurría en las formas prepolíticas. En la experiencia de la polis, la acción y el discurso se separaron y se hicieron cada vez más independientes (Arendt, et al, p. 40).
  25. El umbral siempre lleva inscrita la muerte. En todos los ritos de paso –rites de passage– se muere para renacer más allá del umbral; la muerte se experimenta aquí como transición. Quién traspasa el umbral se somete a una transformación, el umbral como lugar de transformación duele (Han, 2013b, p. 57). La experiencia tiene consecuencias de las cuales surge la fuerza de la transformación que Han distingue de la vivencia que deja intacto lo ya existente (2013a, p. 61).
  26. Independientemente del nivel de incapacidad adquirida en el empleo y la factibilidad de desempeño efectivo, en la bifurcación de la trayectoria laboral operaron factores personales, familiares, calificaciones, competencias previas y oportunidades del mercado de trabajo. 
  27. La condición fundamental de la liberación es la reducción de la jornada de trabajo para Marx. La libertad empieza una vez satisfecha la necesidad para la formulación aristotélica. El reino de la libertad, escribió Marx en el libro III de El Capital, solo empieza cuando acaba el trabajo impuesto por la necesidad y por los fines externos; se encuentra por tanto allende a la esfera de la producción material en cuanto tal (Meda, et al, p. 91). 
  28. El individuo estigmatizado puede llegar a sentir que debería estar por encima del encubrimiento; que si se acepta y respeta a sí mismo no sentirá necesidad de ocultar su defecto. Después de haber aprendido a ocultarlo puede desear olvidar todo lo aprendido. La revelación voluntaria encaja dentro de la carrera moral como signo de una de sus fases. En la autobiografía esta fase de la carrera moral se describe, por lo general, como el momento último, maduro y de mayor adaptación: un estado de gracia (Goffman, 1963, p. 122).


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