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10 Resistencia y organización en el peronismo de los distritos rurales del sudoeste bonaerense (1955‑1965)

José Marcilese (CER‑UNS/CONICET)

La jornada del 17 de septiembre de 1955 amaneció fría en Sierra de la Ventana, localidad turística del municipio de Tornquist, en el sudoeste bonaerense. Solo unas horas antes el presidente Juan Perón había sido derrocado por un golpe de Estado. La tensa calma se alteró a la mañana, cuando un grupo de personas se encaminó por la calle principal hacia el busto de Eva Perón y, luego de atarlo con alambre de púas, lo arrastró con un tractor por las calles de la localidad. Nadie se interpuso, las fuerzas policiales dejaron hacer.

Cuando la caravana antiperonista se detuvo, uno de los presentes le propinó un golpe en el rostro con una llave metálica, que destrozó parte de la nariz, un ojo y su pómulo derecho. El episodio culminó con el busto en el fondo de la fuente de la plaza principal.

Unas horas después cuando los ánimos se calmaron y la oscuridad cubrió el lugar, tres vecinos peronistas, Enrique Morón, Mario Grenz y Manuel Bidegaray, rescataron el busto, la envolvieron y a caballo se internaron entre las sierras del Pillahuincó para esconderlo en una cueva.

Escenas como esta fueron habituales en las semanas que siguieron al golpe en localidades del sur de la provincia de Buenos Aires. Las prácticas fueron diversas pero el sentido, el mismo: expresar públicamente el rechazo al gobierno depuesto y el apoyo al derrocamiento, al mismo tiempo que reocupar el espacio público acaparado por el peronismo por casi una década. Fueron usuales acciones tales como manifestaciones embanderadas recorriendo las principales calles de las localidades, para luego culminar frente al edificio municipal, coincidiendo con la asunción de los comisionados municipales de facto. Al igual que la ausencia de hechos de resistencia por parte de los “derrocados”. Del mismo modo, en los días que siguieron a las movilizaciones “libertadoras”, se sucedieron los pedidos de renuncia que tenían como blanco a docentes y funcionarios de organismos públicos. Al mismo tiempo que entidades ruralistas o cooperativas, poco antes alineadas con el peronismo derrocado, gestionaban apresuradamente al reintegro de bienes expropiados por la “segunda tiranía”, y grupos armados atacaban y clausuraban unidades básicas.

En lo sucesivo, este contexto adverso se intensificó mediante restricciones legales que sancionaban cualquier expresión de militancia peronista, al mismo tiempo que se desarmaba la arquitectura organizativa representada por las expresiones partidarias del oficialismo y se formulaba una legislación que inhabilitaba a su personal político y sindical.

A pesar de estas acciones, la “desperonización” no tuvo el efecto esperado por el régimen de facto y los “números de recuento” en torno a la elección de convencionales constituyentes de 1957 revelaron la intangibilidad de un núcleo peronista electoralmente significativo (Melón Pirro, 2009: 227‑234). Un caudal que ayudó a definir la disputa entre facciones radicales en vísperas de la elección de 1958 en favor de Arturo Frondizi, luego de que Perón acordara el apoyo de voto peronista a cambio de una salida progresiva de la proscripción.

En base a ese arreglo, en mayo de 1958 se dispuso una amnistía y en diciembre del mismo año se promulgó una nueva ley de asociaciones profesionales, funcional con el modelo sindical peronista. Como parte de este proceso, en 1959 Perón dispuso que se iniciaran las acciones para recomponer al peronismo bajo un formato orgánico con proyección electoral: el Partido Justicialista (PJ). Una experiencia que se articuló con rapidez en el territorio bonaerense capitalizando la tradicional valoración que los peronistas tenían respecto de ese modelo organizativo (Ladeuix, Quiroga y Melón Pirro, 2014: 21). Tanto es así que, en la siguiente década, aun en tiempo del represivo “onganiato”, se sucedieron varios intentos similares, que constituyeron un componente central del complejo, y por momentos confuso, escenario peronista.

Teniendo en cuenta lo antes expuesto, este trabajo buscará reconstruir desde una perspectiva microanalítica los procesos políticos vinculados a experiencias organizativas peronistas de la etapa 1955‑1965, considerando para ello lo ocurrido en una serie de municipios pertenecientes a la sexta sección electoral de la provincia de Buenos Aires (Puan, Tornquist, Pigüé, Coronel Suárez y Coronel Pringles). El sentido de este análisis no será solo indagar en procesos desde una escala reducida, sino explorar la posibilidad de encontrar nuevas preguntas, actores y temas, que como advierte Giovanni Levi resultan “invisibles a una mirada y a una lectura de grandes dimensiones” (Levi, 2018: 23). Por otro lado, reflexionar sobre una temática particular desde un espacio acotado y en una etapa específica, encuentra su justificación en que “El enfoque microanalítico permitió aprehender realidades y sujetos excepcionales que, lejos de invalidar los grandes procesos y relatos macrohistóricos, los matizaban y enriquecían de manera notable” (Campagne, 1997: 89).

Partiendo de esta aseveración, la posibilidad de conocer, analizar y comprender comportamientos y experiencias situadas de actores que se reconocen como peronistas constituye un aporte valioso para una historiografía tradicionalmente construida desde una escala macro, que privilegia el rol de los trabajadores sindicalizados y las organizaciones gremiales (Brennan, 1996; James, 2003) o indaga en los proceso de institucionalización partidaria desde una dimensión provincial o nacional (Marcilese, 2014 y 2015; Melón Pirro, 2014 y 2018).[1]

Por otra parte, el análisis de los procesos propuestos parte de una temporalidad diferente, de larga duración, que pretende indagar en la trayectoria y las acciones de un conjunto de referentes políticos peronistas seccionales y locales, sin considerar a 1955 como una divisoria de aguas sino como una suerte de dique que interrumpe el fluir de un cauce pero que no lo detiene, sino que lo demora y reconfigura. De esta manera, el personal político que convive en las experiencias organizativas de la década de 1960, reúne a jefes políticos consolidados, con experiencia de gestión pública y electoral, junto a “hombres nuevos”, sin experiencia previa en funciones partidarias.

Perfil socioeconómico de los distritos considerados

Los municipios en cuestión se ubican a una distancia entre 100 y 180 km de Bahía Blanca, principal centro urbano de la región. Presentaban para el período de análisis cascos urbanos desarrollados, que concentraban un porcentaje mayoritario de una población que, a su vez, había experimentado un leve crecimiento ente 1947 y 1960.[2] En el área rural circundante se ubicaban localidades menores en las inmediaciones de los ramales ferroviarios, ejes articuladores del ordenamiento territorial. Las principales actividades productivas eran la agricultura y la ganadería, con variaciones inherentes a la productividad de los suelos y el régimen de lluvias. Coronel Suárez era el municipio con mejores rendimientos, en términos de toneladas producidas o de cabezas de ganado en relación a su superficie, y por lo tanto tenía una mayor prosperidad en el plano comercial.

Para la década de 1960 este panorama productivo se complementaba con la presencia de pequeños talleres, dedicados a la producción y mantenimiento de maquinaria rural, y de establecimientos comerciales al servicio del entorno agropecuario. Las localidades de Saavedra y Darregueira, en los distritos de Pigüé y Puan, respectivamente, eran excepciones a esta tendencia, al representar sedes de instalaciones ferroviarias de cierta importancia que concentraban tanto personal abocado a tareas de mantenimiento como de conducción. Motivo por el cual esas poblaciones estaban habitadas por una importante cantidad de trabajadores sindicalizados y reunían filiales de la Unión Ferroviaria y La Fraternidad.

Asimismo, los municipios considerados eran el escenario de una intensa vida asociativa representada por la presencia de clubes deportivos, entidades culturales y organismos cooperativos destinados a la provisión de servicios, al acopio colectivo y a la comercialización de la producción rural.

Para la etapa considerada, la conectividad de los distritos se basaba en el servicio de cargas y pasajeros que brindaban los diversos ramales del Ferrocarril Roca, que presentaban como eje articulador al Puerto de Ingeniero White, próximo a Bahía Blanca. La red de rutas y caminos vecinales presentaba un desarrollo menor, situación que no siempre permitía una relación fluida entre las poblaciones principales.

Personal político: continuidades y nuevos dirigentes

En la provincia de Buenos Aires las secciones electorales constituyen, en término de la dinámica política, unidades de análisis donde se dirimen acuerdos para la selección de candidatos legislativos, se producen negociaciones y se generan vinculaciones personales entre el personal político de los diversos distritos que las componen. En ese sentido, la selección de los distritos de Puan, Tornquist, Pigüé, Coronel Suárez y Coronel Pringles, todos ellos pertenecientes a la sexta sección electoral, permite indagar no solo en los procesos ocurridos en cada distrito, sino también establecer algunas consideraciones respecto de los vínculos seccionales.

En el plano político, durante el periodo 1948‑1955 la totalidad de estas comunas fueron gobernadas en forma ininterrumpida por el peronismo, y en tres casos –Coronel Pringles, Coronel Suárez y Tornquist– se conformaron jefaturas consolidadas a partir de la reelección de los intendentes; una modalidad que no fue excepcional en territorio bonaerense, a tal punto que en 56 de los 103 distritos en los que se impuso el oficialismo en 1954, los intendentes en funciones renovaron su mandato. Esta modalidad no se observó en las comunas de Saavedra y Puan, donde la alternancia permitió una renovación en el personal político local.

Luego del golpe de Estado de 1955 la resistencia peronista no emprendió acciones significativas en los distritos considerados y los escasos registros disponibles coinciden en indicar como única iniciativa la realización de reuniones esporádicas en ámbitos alejados de los centros urbanos. Una situación que comenzará a modificarse recién a comienzos de 1959 con el primer intento de reorganización promovido por el peronismo, bajo un formato partidario, que tenía como meta la conformación del PJ. Con el fin de coordinar las acciones Perón dispuso la integración del Consejo Coordinador y Supervisor del Peronismo, que tuvo a su cargo la misión de regular localmente la iniciativa. Sin embargo, a pesar del esfuerzo organizativo desplegado, la justicia electoral no autorizó la participación del PJ en los comicios legislativos de 1960, dando continuidad a la proscripción iniciada en 1955 y poniendo un punto final a la incipiente institucionalización. Recién en 1962 los peronistas bonaerenses accedieron a participar en una elección general, mediante la sigla partidaria neoperonista Unión Popular (UP). Se impusieron en la mayoría de los distritos, motivo por el cual los resultados no fueron reconocidos por la corporación militar, precipitando la salida del gobierno del presidente Arturo Frondizi. Algo similar ocurrió en 1963, con el fallido intento de articular en torno a UP un Frente Nacional y Popular, opción que tampoco fue avalada por la justicia electoral.

No obstante estas experiencias fallidas, en 1964 se dieron las condiciones para que los peronistas bonaerenses llevaran adelante un proceso competitivo de internas que culminó con la integración del PJ. Sin embargo, ante la imposibilidad de conseguir la personería política, la conducción local del peronismo negoció una vez más emplear el sello partidario de UP, con el que se impuso en la elección legislativa de marzo de 1965. A partir de ese resultado, por primera vez en una década el peronismo bonaerense regresó a los ámbitos legislativos en todos sus niveles.

Estas iniciativas organizativas contaron con la aprobación de Perón y se implementaron a partir del trabajo político de organismos de proyección nacional y provincial, pero requirieron para su concreción de la participación de un núcleo de dirigentes seccionales y locales. Teniendo en cuenta esto, en el presente apartado se considerarán las trayectorias y el perfil de una serie de referentes peronistas que se desempeñaron en los distritos considerados, procurando reconocer cuáles eran la capacidades, actitudes y aptitudes valoradas en los candidatos. Siendo las instancias electorales ya mencionadas (1962, 1963 y 1965) momentos propicios para ese fin, por ser instancias de intenso trabajo político con motivo, en especial, de la selección de candidaturas.[3]

En Coronel Pringles, en vísperas de la elección de 1962, al momento de conformarse la lista seccional, el exintendente y reconocido odontólogo Oscar Scabuzzo, al frente de la comuna entre 1948 y 1955, ocupó el octavo lugar en la lista de legisladores provinciales de la UP por la sexta sección. Esto permitió que un gestor y mandatario, Juan José Cepeda, organizador junto con Scabuzzo del Centro de Acción Justicialista de Pigüé en 1959, ocupara la candidatura a intendente, mientras que la lista de concejales fue integrada por dirigentes sin experiencia, excepto por Fermín Vega, dos veces concejal con antelación a 1955.

Al momento de integrarse nuevamente UP, con el fin de dar forma localmente al Frente Nacional y Popular en 1963, opción descartada finalmente por la justicia electoral, nuevamente en las primeras posiciones se ubicaron Cepeda y Vega. En tanto que Scabuzzo integró la lista de candidatos al senado provincial.

Dos años después Scabuzzo no logró sumarse a la nómina legislativa seccional de candidatos de UP, integrada en su totalidad por referentes gremiales y de la rama femenina, y debió resignarse a secundar a Cepeda en la lista de aspirantes al Concejo Deliberante pringlense, resultando electo en marzo de 1965. El resto de la lista fue integrada en una proporción significativa por militantes que habían sido candidatos en las elecciones precedentes. Entre ellas, algunas mujeres, en general esposas o familiares de otros candidatos.

En el distrito de Puan, la candidatura a intendente para la elección de 1962 recayó en un productor rural, Juan Stoessel, quien había ocupado es función en 1954 y contaba con un sólido prestigio en el entorno rural a raíz de su condición de “chacarero” y cooperativista. La lista de concejales se conformó a partir de un grupo de militantes de extracción popular, empleados, trabajadores con oficios, pequeños comerciantes o productores, que no presentaban antecedentes de gestión en el primer peronismo. Excepto por Ramón Fernández, de profesión sastre y con experiencia como concejal en 1955. A diferencia de Stoessel, Fernández era oriundo de Darregueira, una localidad donde el peronismo concitaba una adhesión mayor que en Puan, la cabecera del distrito.

Asimismo, en 1963 Ramón Fernández fue candidato a diputado provincial por la sexta sección, para dos años después encabezar la lista de concejales, en la única elección que culminó con la posesión efectiva de las bancas por parte de los electos. En ese año, el perfil que presentó la lista local del peronismo puanense presentó rasgos similares a los de 1962, con la novedad de la inclusión de una mujer, Ofelia Arce, como candidata al Consejo Escolar.

En relación a esto último, resulta necesario reconocer que al momento de integrar las listas locales la distribución por tercios propuesta en la carta orgánica del PJ de 1964 fue respetada solo en un grupo minoritario de comunas, en especial del Gran Buenos Aires (GBA), en tanto que en la mayoría de los casos las mujeres no fueron incluidas o bien resultaron relegadas en la composición de las listas a posiciones secundarias.[4]

La situación de Tornquist presentó algunas similitudes con los partidos considerados previamente. En 1962 fue candidato a intendente Gilberto Natali, un médico oriundo de Bahía Blanca, pero afincado en el distrito desde 1947. Tanto en esa oportunidad como en las elecciones posteriores las listas municipales de UP fueron integradas por un conjunto de dirigentes sin antecedentes reconocidos. A excepción del jefe político local Daniel Ruppel, productor rural y cooperativista, intendente entre 1951 y 1955, quien asumió posiciones principales en las diversas listas de concejales que se conformaron.

Del mismo modo, en el municipio de Saavedra las continuidades del personal político peronista previo a 1955 no fueron significativas en relación a los candidatos que integraron las listas a partir de 1962. En esa ocasión, luego de que el candidato electo en asamblea renunciara, la candidatura a intendente recayó en un productor rural, Juan Ricci, una “figura sin antecedentes de actuación pública pero que cuenta con general apoyo entre sus hombres”.[5] En esa selección es posible suponer que, como indicaron militantes testigos de ese proceso, influyó la circunstancia de que “nadie quería agarrar, eran tiempo de los milicos”[6] en los que se percibía “el miedo instalado en la sociedad” (Mayer de Fariña, 2010).

Una reflexión que ayuda a comprender el grado de renovación que experimentó el personal político que integró mayoritariamente las nóminas de candidatos municipales que, a excepción de solo algunos dirigentes, figuras centrales en los elencos dirigenciales peronistas anteriores a 1955 presentaron un alto grado de renovación.

En el caso del distrito de Saavedra, se constata una divergencia en relación a los casos anteriores, debido a que los integrantes de la lista local en 1962 prácticamente no participaron en la conformación de la nómina que se dispuso con motivo de las elecciones de 1963 y 1965. En esas oportunidades fue otro núcleo de vecinos el que monopolizó los cargos, en su mayoría, provenientes de la localidad de Saavedra, sede de una importante comunidad ferroviaria. Entre ellos, Ángel Nóbile, presidente de La Fraternidad en Saavedra, participó como candidato en 1963 y 1965.

Una situación completamente diferente se aprecia en Coronel Suárez, donde el recambio fue el factor que definió en términos absolutos la nómina de candidatos que se integró en 1963, en buena medida conformada a partir de militantes de las colonias agrícolas alemanas. Previamente, en 1962 no se había conformado una lista local por UP, por lo que es posible suponer que la existencia de tensiones internas insalvables entre facciones del peronismo obturó la posibilidad de llegar a un acuerdo en el proceso de selección de candidatos. De esta forma, y no obstante haber presentado el voto en blanco un alto nivel de acatamiento en 1957, el peronismo suarense no pudo tramitar en esa oportunidad sus tensiones internas, una excepción compartida con solo seis distritos en toda la provincia.

Tampoco se presentó una lista municipal para la elección de 1965, debido a un conflicto interno entre la juventud peronista local y la facción conducida por algunos de los integrantes de la lista municipal en 1963, con motivo de la integración de la nómina de candidatos. Por ese motivo, ese año los peronistas suarenses votaron solo por los candidatos legislativos seccionales, luego de una campaña que fue dirigida por los núcleos juveniles.[7]

En líneas generales, los casos considerados indican que a partir de 1962 las principales posiciones en las listas de candidatos fueron asumidas por dirigentes experimentados, algunos de los cuales habían sido intendentes en sus respectivas comunas con antelación a 1955. Teniendo en cuenta esto, existen razones para suponer que el parecer de estos jefes políticos resultó determinante en la designación de los restantes integrantes de las listas comunales. Si bien algunos testimonios confluyen en afirmar la existencia de instancias deliberativas colectivas en el proceso de selección, parece lógico suponer que en esas reuniones resultó determinante el criterio de los jefes políticos locales. En especial porque, a diferencia del período 1948‑1955, las candidaturas se resolvieron sin intervención de poderes supralocales del peronismo seccional o provincial. Por otra parte, es posible suponer que el entorno de la proscripción facilitó las condiciones para una disminución en la competitividad por los cargos en vísperas de las elecciones municipales a partir de la influencia ejercida por el entorno local sobre los militantes peronistas, en su mayoría empleados o trabajadores autónomos, cuya inclusión en las listas ponía de manifiesto su adhesión al peronismo, una filiación que podía luego afectar su actividad laboral.

A tal punto que, para la elección de 1962, en 50 de los 117 distritos bonaerenses la candidatura a intendente propuesta por UP fue asumida por una persona que durante el primer peronismo había ocupado un cargo de proyección comunal por el Partido Peronista (intendente, comisionado, delegado municipal o concejal). Mientras que en otros 14 municipios las designaciones recayeron en individuos que habían sido funcionarios provinciales, magistrados judiciales o legisladores. El perfil de los candidatos permite afirmar cómo, en una parte significativa de los distritos, la reconstrucción partidaria del peronismo se generó en torno a dirigentes de reconocida trayectoria y prestigio entre los adherentes al peronismo. Factores que luego influyeron en las negociaciones que precedieron a la conformación de las nóminas de candidatos justicialistas. Esta continuidad redundó en una performance exitosa en el plano electoral: en 41 de los 50 distritos en los que la lista de UP fue encabezada por un candidato con antecedentes. Un dato que indica cómo la experiencia y el prestigio de estos referentes distritales resultó funcional para un buen desempeño en los comicios.[8]

Por lo que es posible suponer que, en ese contexto, fueron dirigentes poseedores de atributos vinculados a la pericia personal, las relaciones personales o los recursos monetarios, aquellos que Michel Offerlé denomina como capitales personales, quienes asumieron la difícil tarea de conducir al peronismo en tiempos de proscripción (Offerlé, 2004: 63). Especialmente en los espacios locales alejados de las áreas industriales, donde la presencia sindical brindaba redes de contención y recursos, con lo cual eran los factores identitarios inherentes al peronismo los componentes más significativos al momento de definir sus estrategias de continuidad. Aunque tampoco se puede soslayar un aspecto considerado por Samuel Amaral cuando advierte que “en términos más realistas puede preguntarse también cuántos políticos y sindicalistas peronistas tenían una carrera política sin Perón”. Motivo por el cual luego de la fallida desperonización la mayoría de esos dirigentes evaluaron que, aun en un marco de ilegalidad, sus trayectorias políticas tenían futuro (Amaral, 2004: 261).

Prácticas políticas y organización del peronismo en la dimensión local

La legislación proscriptiva posterior a 1955 persiguió como objetivo central la desarticulación del peronismo. Para ello pretendió evitar su reorganización, entre otras prescripciones. No obstante esto, al poco tiempo de asumir Frondizi atem­peró el clima persecutorio vigente sobre el peronismo y posibilitó acciones tendientes a su reinserción, como lo fue autorizar la conformación del PJ a finales de 1958. En el plano organizativo implicó la reconstitución del tejido partidario a partir de la conformación de juntas provinciales, departamentales; y, en los niveles de base, de centros de acción justicialista (CAJ), con funciones y fines similares a los de las tradicionales unidades básicas, tales como el adoctrina­miento y la afiliación. A partir de 1959 los intentos por formalizar una estructura partidaria se sucedieron, siendo la provincia de Buenos Aires uno de los ámbitos donde la línea “participacionista” asumió mayor protagonismo.

Esta inclinación por la institucionalización permite reconocer, en la cultura política de los peronistas, una generalizada valoración por el formato partido. Esto implicaba la integración de organismos de conducción, al igual que la generación de mecanismos formalizados para procesar y resolver las tensiones internas, como también plantear estrategias de acción ante el resto del sistema político. Una alternativa que, como señala Julio César Melón Pirro, fue objeto de un doble bloqueo por parte de las Fuerzas Armadas y del propio Perón, que por diversos motivos observaban con desaprobación la organización autónoma del peronismo (Melón Pirro, 2011: 61).

En la práctica, con la apertura de los CAJ el peronismo recuperó una visibilidad política que le había estado vedada previamente, en especial porque se establecieron locales partidarios que oficiaron como ámbitos de reunión reconocidos. De esta forma se abandonaron las prácticas clandestinas basadas en encuentros de militantes y dirigentes en áreas apartadas, alejadas de los espacios de circulación y, por lo tanto, de la tutela de las fuerzas de seguridad, un problema no menor en ámbitos urbanos reducidos como lo eran las poblaciones principales de los distritos considerados. Este tipo de entidades, que para 1962 retomaron la denominación tradicional de unidades básicas, se integraron en cada una de las localidades que formaban los municipios considerados, con conducciones electas a partir del voto de los afiliados en instancias asamblearias.[9] Con interrupciones, en especial cuando la aplicación del Plan CONINTES a principios de 1960 acentuó el trabajo de las fuerzas represivas, estos locales continuaron operando y asumieron el rol de espacios de sociabilidad política.

Del mismo modo, en las sucesivas instancias en las que el peronismo participó con listas propias, los cargos electivos se resolvieron en el medio local a través de asambleas de afiliados. El resultado era elevado luego por medio de los delegados electorales, sin que mediara la intervención legitimadora de los organismos seccionales o provinciales. Esta modalidad representaba una diferencia notable con lo ocurrido durante el primer peronismo, cuando la convención provincial oficiaba de instancia aprobatoria de las candidaturas.

La injerencia supralocal en el plano partidario municipal se evidenciaba en la elección por parte del organismo encargado de coordinar la institucionalización, la junta o concejo provincial, de un delegado en cada una de las seccionales electorales con la función de fiscalizar el proceso en cada comuna. Sin embargo, su capacidad de incidir en el proceso era limitada, en especial porque no disponía los recursos financieros para solventar la actividad electoral, que eran aportados por los principales referentes políticos de cada distrito.

A lo largo del período estudiado, la función de delegado en la sexta sección electoral estuvo a cargo de dirigentes formados en la rama política del movimiento durante el primer peronismo, en todos los casos oriundos de Bahía Blanca. En la primera mitad de la década de 1960 la función fue asumida por el abogado Andrés López Camelo, luego lo sustituyó Rodolfo “el inglés” Kelly, un experimentado dirigente con fluidas vinculaciones en el sudoeste bonaerense.[10]

Su asistencia a los distritos ocurría con motivo de actos de carácter político‑doctrinario o para desempeñar funciones organizativas, siendo un ejemplo de ello la reunión que tuvo lugar en la localidad de Coronel Pringles el 19 de marzo de 1964, con motivo de cumplirse dos años de la victoria electoral del peronismo que culminó con la anulación de los comicios. Estuvieron presentes los principales referentes locales, Cepeda y Scabuzzo, conjuntamente con el delegado regional López Camelo, que viajo acompañado de Víctor Benamo, un joven dirigente bahiense. También asistían a los distritos cuando debían conformarse las “comisiones promotoras” que llevaban adelante el trabajo político de establecer un local de reuniones, afiliar y convocar a los simpatizantes a una asamblea constitutiva de donde surgía una comisión local legitimada por la adhesión de los concurrentes. Se trató de un protocolo que se reiteró en forma sucesiva a partir de 1959, hasta que finalmente en julio de 1964 se realizó la primera interna del PJ, que posibilitó la integración de una arquitectura organizativa surgida del voto directo de los afiliados.

Del mismo modo, el representante de la sexta sección concurría a los diversos distritos en el marco de las giras regionales que efectuaban los candidatos a legisladores provinciales por el distrito, como parte de los procesos preelectorales. Esta fue la dinámica que precedió no solo a los comicios de 1962 y 1965, en los que el peronismo concurrió con candidatos propios, a través de UP, sino también en vísperas de votaciones de 1960 y 1963, cuando la indicación fue votar en blanco.

Como advertía una crónica del diario El Argentino de Pigüé en vísperas de la elección de 1962, los actos partidarios presentaban un carácter ecléctico, alejados en lo discursivo de los rígidos principios que regulaban la dinámica prelectoral en las postrimerías del primer peronismo. De esa forma los oradores no solo no presentaban un discurso homogéneo, sino que por momentos se contradecían. A tal punto que en una oportunidad un orador amonestó el rol de los intelectuales y los “doctores” en el peronismo, para dar lugar, unos minutos después, a una alocución de López Camelo, abogado de profesión.[11]

En relación al vínculo que se conformó entre el peronismo Bahía Blanca y el de los restantes distritos de la sexta sección electoral, es preciso reconocer que este no se construyó desde la subordinación. En la interna de julio de 1964, de cuyos resultados no existen registros exhaustivos, el sector que se impuso en Tornquist se declaró “independiente”, sin reparar en la marcada orientación vandorista del PJ bahiense, o el del vecino municipio de Coronel Pringles. Del mismo modo, cuando desde el exilio llegó la orden de votar a Frondizi, la indicación fue acatada parcialmente por el peronismo bahiense donde el nivel de voto en blanco rozó el 30%. Sin embargo, en las cinco comunas consideradas el acatamiento fue notablemente superior, con variaciones porcentuales significativas entre sí.

Esta discrepancia se hizo evidente en las solicitadas cruzadas publicadas en el principal medio gráfico del sudoeste bonaerense, La Nueva Provincia, rubricadas por una extensa lista de dirigentes y militantes de la sexta sección electoral. La que se negaba a reconocer el acuerdo, liderada por la rama sindical bahiense, reunió las firmas de numerosos referentes de los distritos de la zona (al igual que aquella que lo aceptaba y que era apoyada por referentes del antiguo mercantismo). Una distribución que reveló la existencia de posturas contrapuestas en la mayoría de los municipios en relación al tema, sin que eso afectara futuros acuerdos ni un trabajo político mancomunado.

Tendencias en el comportamiento del electorado peronista

El principal periódico de Pigüé destacó, en referencia a los resultados de la elección presidencial del 7 de julio de 1963, que el “blanco pierde tono” en alusión al limitado acatamiento a la indicación dispuesta por Perón desde el exilio, luego del fracaso del Frente Nacional y Popular en vísperas de los comicios.

El escaso 17% obtenido por el votoblanquismo en el orden nacional se originó no solo en la falta de adhesión del electorado peronista, sino también en el progreso de las fuerzas neoperonistas. Una opción que no estuvo presente en el distrito bonaerense, donde la indicación fue acatada por el 26% de los votantes. Esta cifra era de apenas un punto porcentual menos que lo alcanzado por la misma opción en 1960, pero representaba un magro resultado en comparación con los porcentajes alcanzados en la anulada elección de 1962, cuando la fórmula de UP se impuso en 62 de las 112 comunas bonaerenses totalizando el 37% de los sufragios. Al igual que en 1960 fueron los distritos del primer y segundo cinturón del GBA los ámbitos donde el peronismo ganó con mayor amplitud, en algunos casos superando el 45% de los votos. También se impuso en los distritos de más de 40.000 habitantes no pertenecientes al área metropolitana, pero en los distritos del interior provincial con poblaciones que oscilaban entre 10.000 y 30.000 habitantes, la Unión Popular solo se impuso en una parte minoritaria de las comunas.

Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en la elección de marzo de 1960, oportunidad en la que Perón también dispuso votar en blanco, en 1963 el acatamiento a la decisión presentó los principales niveles de adhesión en distritos del interior provincial, por sobre los del GBA. Es decir, el votoblanquismo como expresión de la desaprobación del electorado peronista frente a la proscripción experimentó un proceso de agotamiento en aquellos distritos donde las estructuras gremiales y los niveles de adhesión al peronismo habían sido tradicionalmente más sólidos, al mismo tiempo que se mantuvo en ámbitos alejados de la influencia del poderoso aparato gremial. Esto habilita a pensar que la indicación de votar en blanco tuvo un mayor acatamiento en aquellos ámbitos donde la rama política era el eje en torno al cual se articulaba la dinámica del peronismo, por sobre los municipios donde la rama gremial constituía el principal factor de poder.

Como testimonio de esto se pueden observar los cinco municipios seleccionados, donde a diferencia de lo ocurrido en los principales distritos del GBA, el voto en blanco no perdió efectividad en 1963 respecto de los resultados alcanzados en 1960. Incluso, el nivel de acatamiento superó los resultados alcanzados en 1962, cuando los peronistas pudieron votar a sus propios candidatos, integrantes de las listas de UP.

Gráfico 1. Proyección del voto peronista (1957‑1965)

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Fuentes: Ferreyra, Silvana, Materiales sobre procesos electorales bonaerenses (1958‑1965), disponible en <https://bit.ly/33wQgTM>. Consultado el 25 de octubre de 2018. La Nueva Provincia. 1957. (Bahía Blanca) 5 de agosto.

Tabla 1. Resultados totales alcanzados por el peronismo
(ubicación en relación a las restantes fuerzas políticas)

Elección

Coronel Pringles Coronel Suárez Puan Saavedra Tornquist

1954

PP: 5.386 (1º) PP: 7.270 (1º) PP: 4.602 (1º) PP: 3.926 (1º) PP: 2.125 (1º)

1957

B: 2.095 (3º) B: 2.059 (3º) B: 1.281 (3º) B: 1.797 (3º) B: 710 (3º)

1960

B: 3.200 (2º) B: 1.593 (5º) B: 2.244 (2º) B: 1.789 (4º) B: 1.076 (3º)

1962

UP 3.926 (1º) UP: 3.298 (2º) UP: 3.193 (1º) UP: 2.104 (3º) UP: 1.506 (2º)

1963

B: 4.134 (1º) B: 3.802 (2º) B: 3.091 (2º) B: 2.235 (2º) B: 1.598 (2º)

1965

UP: 4378 (1º) UP 3697 (2º) UP: 3332 (1º) UP: 2608 (1º) UP: 1930 (1º)

Notas: 1. En la categoría “peronismo” se engloban los votos en blanco (B), del Partido Peronista (PP) o del neoperonista Unión Popular (UP). 2. En la Tabla no se incluyen los datos de los comicios de 1958, poco representativos del voto peronista en virtud del apoyo a la UCRI.
Fuente: Elaboración propia a partir de datos publicados en la prensa.

Estas oscilaciones pueden ser pensadas tanto a partir del interés por parte de los votantes peronistas de votar por candidatos propios como por la influencia de los propios candidatos, al igual que de las estructuras partidarias, familiares y de sociabilidad por impulsar el voto en favor de representantes propios. En tal dirección, la frase “trabajamos por la campaña de…” encuentra sentido y se corrobora en la práctica. Al respecto se aprecia un proceso de crecimiento en el volumen de votantes, de carácter acumulativo, que puede responder tanto a un trabajo político de los dirigentes en el territorio, como así también a un escenario económico social adverso a los sectores populares. Esta circunstancia fortalece los recuerdos de bienestar del primer peronismo y, por lo tanto, una mayor adhesión a la estrategia electoral del líder exiliado. No obstante, a pesar de la proyección ascendente de los resultados obtenidos por el peronismo en la primera mitad de la década de 1960, los niveles de adhesión distaron de los alcanzados durante el período 1945-1955.

Consideraciones parciales

Este trabajo reconstruyó las modalidades de funcionamiento y organización ensayadas por los peronistas en un conjunto de distritos del sudoeste de la provincia de Buenos Aires durante la década de 1960, a partir de un enfoque que analizó las trayectorias de sus dirigentes, indagó en las prácticas que regularon el trabajo político y examinó el comportamiento electoral desde una escala micro.

En lo que respecta a la reconstrucción de las trayectorias personales de los dirigentes peronistas que asumieron la dirección política de los distritos considerados, es factible establecer algunas generalidades en relación a su origen. Si bien se incorporaron nuevos actores al personal político peronista de orden local, un grupo reducido de dirigentes, entre ellos, algunos intendentes previos a 1955, continuaron siendo componentes centrales tanto en los procesos organizativos como en la formulación de las candidaturas comunales y seccionales. De esta forma, si bien el derrocamiento del peronismo desarticuló su arquitectura organizativa, a partir de una legislación proscriptiva y de una sistemática persecución de sus referentes, esto no impidió que al momento de reorganizarse en los ámbitos considerados, los dirigentes con mayor experiencia asumieran la labor de institucionalizar nuevamente al peronismo.

Al respecto, es posible suponer que la integración y persistencia de micropoderes territoriales, establecidos a partir de vínculos interpersonales y redes de relaciones, constituyeron factores que favorecieron la continuidad del peronismo una vez que los organismos centrales del Partido colapsaron con el golpe militar de 1955. En especial en contextos alejados de los recursos y la representatividad del entramado sindical. Allí, la incertidumbre sobre la proyección futura del peronismo, el temor a las represalias de un entorno adverso y a las posibles sanciones de una legislación proscriptiva, constituyeron factores a tener en cuenta al momento de evaluar el grado de renovación que afectó al personal político peronista.

En relación a las prácticas que definieron el funcionamiento del peronismo en los distritos considerados se pueden reconocer rasgos de una cultura política que valoriza los modelos organizativos del ciclo anterior a 1955, pero que en la etapa analizada fueron formulados a partir de una débil articulación vertical entre las agencias centrales y las subunidades locales. De esta manera, se puede reconocer en los niveles locales del ordenamiento peronista una autonomía de funcionamiento, que responde a una lógica propia en el manejo y distribución del poder, regulada por los actores locales y solo parcialmente controlada por las instancias partidarias supralocales.

Esta situación no afectó las posibilidades electorales del peronismo, que continuó imponiéndose ampliamente en las diversas secciones electorales bonaerenses. Aunque con significativas oscilaciones según los distritos, revelando un progresivo agotamiento del votoblanquismo en favor de opciones que procuraban una efectiva participación en cargos electivos por parte de una dirigencia que, entre otros objetivos, buscaba recomponer sus trayectorias políticas personales.

En suma, la posibilidad de indagar en torno a la dinámica del peronismo en un conjunto de espacios municipales bonaerenses, analizando relaciones políticas localmente situadas, permite advertir prácticas y modalidades de funcionamiento que habilitan una mejor comprensión del peronismo en la década de 1960.


  1. Sobre la dinámica política del primer peronismo en clave rural pueden destacarse los aportes de Alejandra Salomón (2011).
  2. De acuerdo a los censos de 1947 y 1960, Coronel Suárez era el distrito más poblado, con 29.656 y 30.645 habitantes, respectivamente; le seguían Coronel Pringles (21.780 y 22616), Puan (19.600 y 19.811), Saavedra (15.619 y 16.917) y Tornquist (91.58 y 93.49).
  3. En la elección del 7 de julio de 1963 el peronismo integró sus listas de candidatos bajo el sello de Unión Popular, con el fin de conformar luego un frente con otras fuerzas políticas. A pesar de que esta iniciativa no se concretó, las nóminas se presentaron ante la justicia electoral.
  4. En los comicios del 14 de marzo de 1965 el peronismo se impuso en 69 comunas, un resultado que le permitió obtener 420 bancas. Se trataba de alrededor de la mitad de los cargos en juego. En esa oportunidad el peronismo incluyó por primera vez mujeres como candidatas en el orden comunal. Esta tendencia se verificó en 51 comunas. Las peronistas fueron electas en 23 comunas y conformaron un plantel de 24 representantes femeninas.
  5. El Argentino. 1962. (Pigüé) 10 de febrero y 3 de marzo.
  6. Entrevista oral a Oscar Scaglione realizada por José Marcilese, Saavedra, 29 de marzo de 2018.
  7. El Imparcial. 1965. (Coronel Suárez) 2 de marzo.
  8. Mientras que en los restantes 26 municipios donde se impuso la UP, en diez casos la lista comunal fue liderada por un dirigente sindical, no pudiéndose acreditar una relación de los candidatos con una experiencia previa en la función pública, partidaria o gremial en los restantes catorce distritos.
  9. Comisión Provincial por la Memoria, Archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (CPM‑DIPPBA), División Central de Documentos, Registro y Archivo, Mesa A, Factor Político, Carpeta partidos políticos por localidad, Puan, legajo 1, folio 2.
  10. CPM‑DIPPBA, División Central de Documentos, Registro y Archivo, Mesa A, Factor Político, Carpeta partidos políticos por localidad, Pigüé, legajo 1, folio 3.
  11. El Argentino.1962. (Pigüé) 17 de marzo.


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