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1 Las actividades de la JCA
en vida del barón de Hirsch[1]

En una entrevista publicada en el periódico hebreo Havatzelet, el barón de Hirsch sostuvo lo siguiente:

El propósito de estas colonias será importante y trascendental: en ellas crecerán judíos que serán campesinos y pastores como nuestros antepasados en la antigüedad, pero no en un país pequeño y limitado como en aquellos tiempos sino en una nación grande y extensa, y también en tierras hasta ahora despobladas que no habían sido aradas ni sembradas. […] Entonces surgirá una nueva estirpe de judíos: los nombres de comerciantes, vendedores ambulantes y otros no serán ya mencionados y serán olvidados como si nunca hubieran existido; los nombres de prestamistas y usureros no aflorarán a los labios y no se podrá creer que alguna vez hubieran sido pronunciados entre judíos…[2]

Esas eran las intenciones del barón, pero numerosas dificultades obstaculizaron los comienzos de su iniciativa en la Argentina:

  1. El alza de los precios de las parcelas, a diferencia de las expectativas de baja por la crisis económica de 1890 en la Argentina, tuvo cuatro consecuencias negativas: la compra de tierras de menor calidad en la periferia de la pampa húmeda, en zonas de clima errático que dificultaba la planificación racional de los cultivos; el consiguiente incremento en las deudas contraídas por los colonos; la fundación de colonias en zonas periféricas que carecían de infraestructuras de transporte, gobierno, educación, justicia y salud pública, y la falta de adecuación del ritmo de compra de tierras a la llegada de los futuros colonos. Una serie de malentendidos llevó a que los directores de la JCA en Buenos Aires se encontraran sin parcelas disponibles ante cientos de inmigrantes sin recursos. Un ejemplo de ello se percibe en el arribo de un grupo de más de ochocientas personas, muchas de ellas provenientes de Rusia, que querían llegar a la Tierra de Israel pero que se vieron demoradas en Turquía y que, con la ayuda del barón de Hirsch, embarcaron en el vapor Pampa rumbo a la Argentina. En diciembre de 1891, al llegar a Buenos Aires después de un viaje largo y agotador y comprobar que nada estaba preparado, sus ánimos se alteraron. El hacinamiento imprevisto y la certeza de que más inmigrantes se encontraban en camino llevaron a la compra precipitada de tierras menos fértiles.
  2. El marco administrativo demasiado grande y costoso, que entre otras funciones estaba a cargo de la distribución de insumos a los colonos, hecho que les restaba autonomía económica y era fuente de numerosos conflictos. En ocasiones los funcionarios, que no entendían las auténticas necesidades de los colonos ni las tomaban en consideración, solían tratarlos con menosprecio.
  3. La lejanía del barón de Hirsch del escenario de los acontecimientos. Se debe tomar en cuenta que una carta demoraba varias semanas en llegar de París a Buenos Aires y viceversa, y que en ese lapso la situación cambiaba. Por ello, la información recibida por de Hirsch estaba desactualizada y era fuente de malentendidos y despidos frecuentes de los directores de Buenos Aires. Fue así como durante dos años, hasta noviembre de 1893, fueron nombrados y despedidos cinco directores.
  4. La heterogeneidad de quienes arribaban a las colonias: personas con alta motivación para dedicarse a la agricultura, gente de dudosa moral, algunos a quienes la iniciativa del barón había ofrecido la posibilidad de salir de Rusia pero que no tenían intención de dedicarse a las tareas de campo y para quienes las colonias eran tan solo un trampolín hacia el comercio y otras actividades. Las noticias que de Hirsch recibía sobre quienes no trabajaban esforzadamente lo indujeron a ordenar que fueran expulsados.
  5. Un problema crucial radicaba en la firma de los contratos que debían regular formalmente los derechos y deberes mutuos de los colonos y la JCA. El contenido de los acuerdos y la exigencia de que los colonos los firmaran despertaron discusiones, enfrentamientos y la negativa de muchos de ellos, que llevaron a la partida de algunos y la expulsión de otros.
  6. Otro problema era la reunificación de las familias, muchas de las cuales se habían separado durante la emigración: por una parte los hombres (denominados “solteros”) viajaban a las colonias, y por la otra las mujeres y niños sin sustento permanecían en Rusia; en algunas ocasiones quedaban también los hijos alistados en el ejército. En esos casos se hablaba de la reunificación a breve plazo, pero por diversas razones esta no se llevaba a cabo y era origen de gran descontento.

Los problemas señalados decepcionaron a de Hirsch, que se retractó de su primera intención y decidió contentarse con un plan menos ambicioso que se basaba en la capacidad de los judíos de dedicarse a la agricultura. En 1895 resolvió enviar una delegación supervisora integrada por Segismund Sonnenfeld (director general de la JCA en París) y David Feinberg (secretario de la comisión en San Petersburgo). De Hirsch murió el 21.4.1896, mientras la delegación aún permanecía en la Argentina.


  1. El resumen del presente capítulo se basa en Avni 1973; Norman 1985, pp. 9-37; Levin 2007, pp. 341‑359.
  2. Havatzelet, 5.8.1893.


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