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Introducción

El espacio que actualmente compone el territorio mexicano ha formado parte del imaginario cultural inglés desde su descubrimiento por el mundo europeo. La oportunidad de expandir el Imperio británico –provocada inadvertidamente por la Corona española con el “descubrimiento” de América– inicia la carrera entre los dos más grandes imperios de la modernidad por el control de un nuevo espacio. México, desde el momento en el que se consolida como territorio hispano bajo el nombre de la Nueva España, se vuelve un recordatorio geográfico de la victoria de los españoles sobre los ingleses. Pero, aunque españoles e ingleses se establecen en América en regiones diferentes, México no queda fuera de los recuentos escritos sobre el continente. Así, el territorio mexicano se convierte pronto en escenario de los relatos de exploración y aventuras infructuosas que los navegantes y viajeros ingleses envían de regreso a casa para servir como testimonio de la maldad del enemigo hispano. México es, desde su surgimiento y posterior aparición en la literatura inglesa, un espacio hostil en el que se despliegan fuerzas que impiden que sea dominado –la geografía, el clima y la presencia de los españoles– y, por lo tanto, anexado al Imperio británico. México ha sido siempre, para Inglaterra, un otro.

Durante los siglos xviii y xix, los autores ingleses que buscan escribir sobre espacios lejanos empiezan a visitar personalmente otras regiones –mucho más ampliamente exploradas y efectivamente conquistadas– en Asia y África, por lo que no es hasta la llegada del siglo xx tras el impacto de la Gran Guerra en Europa cuando se coloca a México en la lista de países visitados, física y literariamente, por los escritores ingleses. D. H. Lawrence, Graham Greene y Malcolm Lowry forman parte de esta avanzada inglesa en territorio mexicano durante las décadas de 1920 y 1930. La necesidad de alejarse del conflicto bélico europeo combinada con la cercanía del país con los Estados Unidos –a punto de posicionarse como la gran potencia mundial– lleva a estos tres autores ingleses a considerar México como un posible lugar de descanso, como un espacio donde ponerse en contacto con civilizaciones antiguas, como un lugar barato en el cual vivir, pero, sobre todo, como el posible escenario para sus obras.

The Plumed Serpent (1926), de D. H. Lawrence, The Power and the Glory (1940), de Graham Greene, y Under the Volcano (1947), de Malcolm Lowry, son tres novelas que resultan del periodo, a principios del siglo xx, en que autores ingleses exploran el territorio mexicano. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, el naciente género disminuye de nuevo hasta casi desaparecer, pero durante dos décadas México se ve reflejado en el corpus literario inglés como un espacio apto para la creación literaria, un lugar al que los autores acuden para conocerlo de primera mano y que deja un impacto tal en ellos que deciden incluirlo como parte de sus novelas. El propósito de mi investigación es analizar el espacio narrativo creado por ellos a partir de lo que han visto en México. Por lo tanto, no busco responder a la pregunta “¿por qué México?”, sino a “¿cómo México?”. Es decir, ¿cómo está construido retóricamente el espacio mexicano? Propongo que, más allá del deseo de replicar miméticamente lo que han experimentado, Lawrence, Greene y Lowry en sus respectivas novelas transforman el geoespacio[1] (México) en un espacio literario (el espacio mexicano) que funciona como escenario para tres historias que, independientemente de las distancias estilísticas y temporales entre los tres autores, tienen dos grandes aspectos en común: la referencia a México como el lugar de la acción y el tema religioso como centro de la problemática de sus protagonistas, creando un “universo literario” que es a su vez mexicano y religioso. Así, la conformación reiterada de México como espacio narrativo en el que se cataliza la problemática espiritual de los personajes ha conformado una idea del espacio mexicano como un “paraíso infernal”[2] en el que lo religioso está inherentemente ligado al espacio, que ha sido interpretada por lectores y críticos a través de casi un siglo como si fuera incluso generado por él.

Al ubicar las novelas en un espacio que es identificado como México –ya sea porque utilizan el nombre explícitamente en cada obra o porque los paratextos hacen conocida la estancia de los autores en el país[3]–, Lawrence, Greene y Lowry muestran una primera intención de equiparar el universo narrativo que han creado con el mundo fuera del texto, el México que conocen en sus visitas. Pero esta identificación del geoespacio con el lugar de la acción es únicamente una de las varias maneras en las que los tres autores ingleses construyen el espacio narrativo de sus obras (setting). Dado que se trata finalmente, como novelas, de discursos literarios que tienen como propósito el contar una historia, la relevancia diegética –la función de los elementos como el espacio, el tiempo, el punto de vista y los personajes para la trama– se vuelve eventualmente superior a la intención mimética de la narración. Es decir, aunque la ubicación de las obras en un México aparentemente reconocible puesto que comparte el nombre con el México geográfico sea solo un primer momento en la construcción del espacio narrativo que, conforme cada una de las tramas avanza, abre paso a otras técnicas de representación espacial.

Así, mientras que para la introducción del escenario a “gran escala” –el territorio continental o nacional– se marca en las tres novelas una identificación entre el espacio narrativo y el geoespacio, al momento de describir los lugares particulares de la acción –ciudades, regiones, calles o casas– los autores utilizan su libertad creativa para realizar la descripción de los espacios que ellos mismos visitaron y transformarlos en lugares netamente ficcionales. Si bien las tres historias suceden en un México que debe ser relacionado con el mundo fuera del texto, la ubicación de los personajes en Sayula y Quauhnáhuac (en las novelas de Lawrence y Lowry, respectivamente), o en un estado que no es nombrado nunca a lo largo de toda la historia (en la novela de Greene), indica ya la necesidad también de considerar estos espacios como unidades intertextuales debido a que no existe una relación inmediata –proveniente del nombre– entre ellos y el mundo extratextual. Existe entonces un juego de validaciones al que Lawrence, Greene y Lowry se enfrentan al representar el espacio mexicano. Por un lado, demandan del lector el reconocimiento de que sus historias son relevantes a nivel “real”, porque involucran el reflejo de la realidad de un espacio que existe, que tiene una historia y una problemática que asumen como reconocible. Por otra parte, al negarse a identificar completamente el espacio narrativo con el geoespacio, los autores buscan también que los lectores reconozcan como válida la propia trama que ellos mismos han creado, independientemente de que esta sea reflejo o no de eventos idénticos en el mundo extratextual.

Analizo entonces el espacio mexicano en estas tres obras a través de los procesos de representación que utilizan los autores, de las estrategias o técnicas narrativas utilizadas para la creación estética del espacio. Mientras que existen procesos retóricos que enfatizan la identificación del espacio narrativo con el mundo fuera del texto –como la nominación o la comparación entre el espacio mexicano y el inglés–, en las tres novelas están presentes también otras técnicas que refuerzan la función de los espacios a nivel intratextual –por ejemplo, la simbolización, la jerarquización y la homología–. El uso de los dos tipos de técnicas retóricas combinadas permite la creación de un espacio narrativo –el espacio mexicano– que no está solo relacionado con el México geográfico, sino que ha sido interpretado tanto por los lectores como por algunos críticos de las tres novelas como si fuera idéntico a él. Mi propósito es identificar los componentes que conforman la representación del espacio mexicano en The Plumed Serpent, The Power and the Glory y Under the Volcano, las características espaciales que los autores consideran necesario incluir en sus novelas para poder contar las historias. Más allá de perseguir las concordancias entre los espacios representados en las novelas y sus posibles correferentes en el México visitado por los autores[4], me interesa enfatizar la conformación narrativa del espacio mexicano y su función para cada una de las tramas, considerando la mímesis como solo uno de los métodos retóricos que contribuyen a dicha conformación.

Para el análisis de la representación hecha en estas tres novelas del espacio mexicano, me he aproximado a la categoría literaria del espacio narrativo –o setting– desde cuatro vertientes diferentes: el espacio topográfico, el espacio social, el espacio religioso y el movimiento en el espacio. Estas vertientes son divisiones que realizo para el análisis, no porque existen como tales dentro de las novelas. El catalogar los distintos sitios según su significado –topográfico, social, religioso o de movimiento– me permite analizar las relaciones entre los lugares representados en cada obra y comparar las tres novelas entre sí. Así, el estudio de la representación del espacio a través de estas categorías analiza el espacio mexicano como una creación retórica que tiene una función diegética que es más importante que la mera mímesis con el geoespacio, en la que la referencialidad de ciertos elementos espaciales al mundo fuera del texto es solo una de las técnicas utilizadas para crear un universo narrativo apto para las historias que los tres autores quieren contar. Como resultado de la lectura de estas tres novelas como un solo corpus, se produce en el lector un universo narrativo tan coherente –creado y luego reiterado por la publicación sucesiva de las tres novelas–, que no ha podido ser contestado hasta la fecha con tanta fuerza por otro grupo de autores (ingleses o mexicanos).

Al analizar el espacio topográfico, me enfoco en seis herramientas retóricas utilizadas por los autores para presentar el espacio mexicano como el setting de sus novelas: nominación, contraste, selección, repetición, comparación y simbolización. En este capítulo pongo especial atención a la descripción de los elementos geográficos (landmarks) distintivos de las zonas del espacio mexicano en que se ubica la trama: montañas, ríos, lagos, costas, pantanos, volcanes y barrancas. Es por medio de estas marcas, reconocibles en el mundo fuera del texto, por las que empieza la conformación de un espacio narrativo que adquiere una función interna en la trama. La descripción del espacio topográfico suele establecer ya una relación entre los personajes y el espacio, pues sirve principalmente para ubicarlos en un lugar distinto a su país de origen, y para ello se vale de los elementos visuales más destacados de la naturaleza, que no necesariamente tienen un impacto contundente en la trama, pero que dan cabida a la perspectiva de los personajes sobre él. La descripción del espacio topográfico corresponde entonces a la primera etapa de despliegue de un lugar diferente al hogar dentro del territorio mexicano, que echa mano de los elementos topográficos más icónicos del geoespacio para construir el espacio narrativo.

El concepto de “espacio social”, por otra parte, marca ya de forma esencial la participación de los personajes en la conformación narrativa del espacio. El espacio social está formado por los lugares socialmente construidos como parte de la vida pública y privada de los personajes: plazas, casas, habitaciones, restaurantes, haciendas, plantaciones y jardines. Más allá de su capacidad para referir al lector al mundo fuera del texto, el espacio social tiene un significado relevante para la trama, ya sea porque la predetermina o porque dirige a los personajes a actuar de una manera u otra (llegar o abandonar ciertos lugares es la acción más común). Este espacio está además subdivido internamente de forma que se crea una jerarquía que coloca al espacio privado por sobre el espacio público a pesar de la dificultad de defender la privacidad en un ambiente que suele ser inseguro y prohibicionista. El espacio social es un producto de la percepción de los personajes del universo social en el que están inmersos dentro del territorio mexicano, y marca un segundo nivel de adentramiento en la trama en los procesos de representación del espacio. Si para el espacio topográfico la referencialidad con el mundo fuera del texto es todavía una necesidad, en la representación del espacio social destaca ya como mucho más relevante la relación entre los espacios intranarrativos.

Como una variación del espacio social, el espacio religioso es el que marca la relación más íntima entre la representación del espacio mexicano y la trama de cada una de las novelas. El espacio religioso es en el que se llevan a cabo las prácticas espirituales por parte de los personajes principales: iglesias, capillas, cementerios, cabañas y cantinas. Además de la existencia de una evidente jerarquía entre las distintas formas de espacio religioso, las tres novelas coinciden en tener un conflicto espiritual como parte central de la trama. Este conflicto, además, resuena con la historia religiosa de México, por lo que la representación del espacio religioso de nuevo echa mano de la relación entre el mundo extratextual y espacio narrativo. Este conflicto religioso está representado en las tres novelas a través de una relación de homología o replicación entre la forma en que se practica el espacio religioso y el método que los protagonistas utilizan para aproximarse al conflicto espiritual que les aqueja. Ya sea que se trate de restaurar, eliminar o practicar libremente la religión, esta búsqueda se refleja en una restauración, eliminación o práctica libre de los espacios religiosos en el territorio mexicano. Con ello, el espacio y la trama quedan fusionados a tal grado que parece justificar la selección del territorio mexicano como escenario para las acciones de las tres novelas. En estas tres obras, el espacio mexicano –a través de su faceta como espacio religioso– se vuelve para la literatura inglesa el escenario de despliegue de la búsqueda de otras formas de identificación religiosa, en el que los autores pueden ubicar historias que giran en torno a la desestabilidad espiritual característica de la Europa del periodo de entreguerras. El elemento religioso, y la necesidad de desplegarlo en un espacio “adecuado” para él, es el que justifica para los autores la ubicación de sus novelas en el espacio mexicano y no en algún otro.

La última aproximación, el análisis del movimiento en el espacio, observa las trayectorias seguidas por los personajes dentro de una población o a través del territorio mexicano, así como los medios de transporte utilizados para este movimiento: tren, barco, avión, mula o a pie. Es a través del movimiento a través de lo cual los personajes se distinguen a sí mismos como elementos del espacio mexicano y presentan un sentido de propiedad con él que no aparece en el espacio estático. Los distintos tipos de movimiento que se observan en las novelas –peregrinación, persecución y procesión– dejan ver un proceso de identificación más profunda con el espacio mexicano que tiene que ver con hacerlo propio a través de la experiencia de estar en él, por medio de la vivencia personal en él, puesto que es entonces cuando se reconocen en el panorama como uno de sus elementos. Es a través del movimiento en el espacio que se consolida el espacio mexicano como un producto narrativo –al nivel del tiempo, los personajes y las acciones– que no puede ser considerado como simplemente anectdótico o mimético, sino esencial para el desarrollo y dirección de la trama.

La selección del espacio mexicano como setting en tres novelas cuya temática gira en torno a una problemática religiosa indica la relación que existe entre la idea de México como país y la religión a principios del siglo xx. Debido a esta relación, que parece ser una característica definitoria del país en la historia de la representación del espacio mexicano en la literatura inglesa, Lawrence, Greene y Lowry dan posición privilegiada al espacio religioso en sus respectivas novelas. Si bien el espacio mexicano representado en las novelas va más allá de los límites de lo religioso, las distintas formas propuestas para practicar la vida espiritual –centro temático de las tres novelas– hacen que lo religioso cruce barreras espaciales y permee en todos los rincones del espacio mexicano. Además de ser el principal elemento en común en las tres obras, el conflicto religioso es la cualidad del espacio que justifica la selección de México como inspiración para el espacio narrativo. El estudio de la representación del espacio mexicano descubre entonces, además de la utilización de diferentes estrategias retóricas para la creación de los espacios narrativos, la importancia de la noción religiosa que se tiene de México en el imaginario cultural inglés, suficiente como para producir en tres autores diferentes que lo conocen en un periodo cercano de tiempo la influencia necesaria para representarlo como escenario de tres conflictos cuyo centro es, al final, religioso. La fuerza de la cualidad religiosa de las novelas va más allá de los espacios explícita e implícitamente dedicados a la práctica religiosa. Así, en un país que, como región topográfica, destaca por su relación histórica con conflictos religiosos, el espacio social doméstico queda subordinado a los espacios públicos de la religión, y el movimiento en el espacio mexicano responde también a una búsqueda espiritual. La distinción conceptual de cuatro tipos de espacio –topográfico, social, religioso y el movimiento– permite realizar un análisis sobre las técnicas de representación narrativa en las novelas y determinar finalmente la importancia de lo religioso como la cualidad que caracteriza por excelencia las obras de este corpus. Las técnicas usadas para la representación del espacio reflejan, entonces, la ideología religiosa de las novelas, y el análisis del espacio se descubre como un método válido del análisis literario que arroja resultados que otras aproximaciones a las obras no han descubierto aún.

Relaciones literarias entre México e Inglaterra

Los primeros escritos que intentan reflejar la realidad del espacio y los personajes mexicanos desde una perspectiva inglesa son las cartas y diarios de viaje hechos por los primeros exploradores. No existe un recuento exacto de la cantidad de británicos que visitaron México durante este periodo, pero tanto American and British Writers in Mexico de Drewey Wayne Gunn como Early Travelers in Mexico de William Mayer mencionan al escocés Thomas Blake como el primero de estos viajeros. Blake llega en 1534, quince años después que Hernán Cortés, “after having been part in the conquest of New Granada in 1532” (Mayer, 3), pero no deja ningún registro escrito por él mismo de su experiencia. Lo que se encuentra en los archivos de Sevilla es solamente el recuento de su viaje ante el virrey. Robert Tomson, llegado en 1556, es considerado entonces el primer inglés en escribir un texto sobre su estancia en la Nueva España. En 1568, con la llegada de las nueve naves comandadas por John Hawkins[5], las autoridades españolas empiezan a reconocer a estos viajeros ingleses “righfully as pirates” (Gunn, 6). Pero no es hasta 1648 que aparece un estudio en forma de la Nueva España –más allá de lo anecdótico de un diario de viaje o las cartas– realizado por un inglés. En este año se publica The English-American: A New Survey of the West Indies, de Thomas Gage, descrita por Gunn como “the first systematic survey of Mexico to be published in any language and still remains one of the six or seven most important accounts about that country written in English” (Gunn, 9). El escrito de Gage crea el primer paradigma de expectativas tanto para los viajeros que visitan el territorio novohispano durante el resto del siglo xvii y el xviii, como para los lectores que permanecen en casa recibiendo los recuentos de estos viajes. La perspectiva de Gage sobre la necesidad de los ingleses de rescatar el territorio americano del poder español, puesto que

[i]f the Indians’ sacrifices of multitudes to their idols, was a sufficient reason for the Spaniards to deprive them of their country, the same argument may by much better reason be enforced against the Spaniards themselves who have destroyed so many million Indians (Mayer, 76),

es algo que seguirá siendo reforzado hasta el fin de la Nueva España y la llegada de la Independencia como principal justificación para que el Imperio británico se imponga en esta región de América.

El viaje realizado por Alexander von Humboldt, el explorador alemán, al territorio de la Nueva España –entre 1799 y 1804, pocos años antes del inicio de la lucha independentista– se convierte en el punto de partida para los viajeros del siglo xix. De entre sus seguidores ingleses, destaca William Hickling Prescott. Su libro, History of the Conquest of Mexico, realizado en 1843, es ya “the authorized version of that adventure” (Gunn, 18), una aventura que se convierte en tropo y acumula anécdotas y motivos que se repiten a lo largo de los distintos recuentos del siglo xix. Pero mientras que Prescott es el encargado de escribir el texto que introducirá a la civilización azteca en el marco de referencia de las letras inglesas, es un norteamericano quien hace lo propio con la civilización maya. De acuerdo con Gunn, en Incidents of Travel in Central America, Chiapas, and Yucatan, John Lloyd Stephens reporta la importancia y la extensión de esta cultura a lo largo de Centroamérica, no solo por su importancia histórica, sino también por su importancia artística (Gunn, 23). Así, Prescott y Stephens establecen las líneas de pensamiento que se seguirán durante los siguientes siglos por los extranjeros visitantes en México, hasta llegar a los escritores en los que está centrada esta investigación, con respecto a las civilizaciones prehispánicas y al territorio mexicano en general.

De entre el resto de los viajeros que escriben en el siglo xix, es de inmensa importancia el recuento realizado por Frances Calderón de la Barca en Life in Mexico[6]. La versión de su estancia en el país recientemente formado y reconocido diplomáticamente es destacable porque está enfocado desde un punto de vista evidentemente femenino, diferente a los demás escritores que se han mencionado[7]. Sus observaciones y su curiosidad, de acuerdo con Gunn, son “practically boundless, and her feminine viewpoint and sometimes almost malicious tongue provide a contrast to Humboldt’s scientific observations” (Gunn, 28). Más que un recuento del país en forma cohesiva, la autora se centra en personajes “menores” y eventos de la vida cotidiana. Es destacable también que es la primera en presentar a lo largo de su diario un cambio de opinión sobre México (Gunn, 31). Tras dos años de estancia en el país, Madame Calderón de la Barca pasa de un abierto disgusto a una amigable convivencia con los mexicanos.

Margo Glantz publica una compilación de relatos de viajes efectuados durante el periodo entre 1822 y 1855, con una introducción que se centra en la experiencia personal de los trayectos de los autores recopilados –caminos, transporte, alojamiento y más–. En la introducción a Viajes en México: Crónicas extranjeras, Glantz indica que “los extranjeros inventan México. Lo inventan, pero a la vez lo descubren. Invención y descubrimiento van implícitos en la doble visión con que lo enfocan” (Glantz, 12). Se trata de una representación del otro que se construye sobre las bases de relatos anteriores y se entreteje con las nuevas experiencias que se van acumulando en una relación cultural y literaria entre estas dos regiones, dejando un nuevo elemento a siguientes generaciones de viajeros-autores como punto de partida para su experiencia en México.

Pero el primer autor británico que toma México como espacio para escribir obras de ficción, Thomas Mayne Reid, nunca viajó a este país. Prueba del impacto que habían tenido los relatos de viajeros entre sus lectores es su elección de ubicar tres de sus novelas en este espacio, tomando como referencia principal los escritos de William Hickling Prescott[8]. Varias décadas después, justo antes del inicio del siglo xx, H. Rider Haggard es el primero de los viajeros al continente en escribir novelas situadas en México: Montezuma’s Daughter (1893) y Heart of the World (1895). Y ya en el siglo xx, Robert Bontine Cuninhame Graham, quien dedicó la mayor parte de sus viajes en el continente americano a la exploración y descripción de Argentina, pero que también pasó algún tiempo en México, ubica una de sus Thirteen Stories en el espacio mexicano. Con el surgimiento de obras de ficción situadas en el territorio mexicano, aunque no se termina por completo la escritura de testimonios de viaje –basta como ejemplo el relato escrito por Aldous Huxley en Beyond the Mexique Bay (1934), texto contemporáneo a las novelas analizadas en esta investigación–, sí se puede hablar de una nueva tendencia en la representación de México en la escritura inglesa. A partir de finales del siglo xix, la representación del espacio y los personajes mexicanos no es ya meramente descriptiva de una civilización distinta y primitiva, sino que es la base para la construcción de las ideas de identidad que los autores ingleses buscan desarrollar. Es una siguiente etapa en un proceso que requirió de los textos descriptivos publicados durante los siglos anteriores, puesto que es “as if the creative work cannot be set easily in a foreign locale until the area has somehow become domesticated through familiarity” (36). Una vez que el espacio y los personajes mexicanos han sido presentados a lectores ingleses, y que los propios autores se han nutrido de una tradición que ha formado una idea de estos, empieza el proceso de crear historias en las que se retratan los propios conflictos de la identidad inglesa usando a México como punto de comparación y contraste.

De acuerdo con Lorenzo Meyer en Su Majestad Británica contra la Revolución Mexicana, 1900-1950, en la primera mitad del siglo xx el estado de las relaciones entre Inglaterra y México pasa por distintas etapas, que incluyen “la armonía y la colaboración”, “un enfrentamiento casi sistemático”, la pérdida de su “carácter conflictivo”, hasta llegar a un resurgimiento del conflicto que llega “a su clímax con la expropiación y nacionalización de la industria petrolera angloholandesa en marzo de 1938 y el posterior rompimiento de relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Londres y la Ciudad de México”, que concluye con el restablecimiento de las relaciones tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial (9). El de Meyer es un estudio detallado de todas las etapas sucedidas en la relación diplomática entre estos dos países, en el que afirma que, “si bien al finalizar el siglo [xix] y durante la primera mitad del [xx], México no era un país que estaba en los primeros lugares del interés público en Gran Bretaña […], tampoco estaba totalmente en el olvido” (11). Es en el contexto de este tambaleante interés diplomático entre ambas naciones en el que Lawrence, Greene y Lowry viajan a México. Sin duda, la situación sociopolítica afecta el discurso de las relaciones entre ambos países y su propia versión del México que observan.

Un elemento que es claramente observable en las novelas de estos tres autores cuyo origen está relacionado con la relación bilateral entre ambos Estados es que “la gran mayoría de aquellos británicos que, por razones económicas o políticas tuvieron que enfrentarse con ‘el problema mexicano’, recordaría la dictadura de Díaz como la ‘edad de oro’ de las relaciones angloamericanas” (56). La presencia de Don Porfirio como parte del pasado reciente de México aparece en las tres novelas: Lawrence se enfrenta a los estragos de la Revolución mexicana, Greene, a la guerra cristera, y Lowry, a la expropiación petrolera. En cada una de las novelas, se menciona, con referencia a la existencia de estos conflictos, el contraste entre la situación que les toca presenciar y la estabilidad que había existido durante la dictadura porfirista. Así, aunque la relación con el personaje histórico de Porfirio Díaz en las novelas no es siempre favorecedora, la presencia del dictador es un motivo recurrente en las obras como marco de referencia de una época previa y más favorable al Imperio británico.

Otro conflicto que aparece en las tres novelas es la tensión existente entre los intereses británicos y los norteamericanos en el suelo mexicano[9]. Cada obra incluye al menos un personaje norteamericano que permite construir un discurso alrededor de la perspectiva que se tiene de los Estados Unidos, tanto desde el punto de vista inglés, como del mexicano. Esto puede rastrearse al hecho de que, de acuerdo con Meyer, aquel estado paradisiaco de las relaciones entre México e Inglaterra durante el porfiriato tenía su origen en la necesidad de “valerse de Europa para neutralizar a Estados Unidos” (60). Con la inminente victoria de Norteamérica como potencia económica, política y bélica tras las dos Guerras Mundiales, Inglaterra y los ingleses quedan reflejados en México como un imperio en decadencia y los autores se remiten a esta antigua gloria a través de la caracterización del nuevo vencedor.

Es también destacable la aparición en las tres novelas, considerando la importancia que tiene en las relaciones económicas entre ambos países durante esta época, de la industria ferroviaria –tanto los viajes en tren como la ausencia de ellos o la presencia de las vías como índice de su existencia previa–. El ramo de los ferrocarriles en México a principios del siglo xx incluía “[l]as dos empresas británicas más importantes en México” (62). Si bien esta parte importante de la relación económica-política-diplomática entre México e Inglaterra no es el centro de ninguna de las novelas, su aparición repetida en las tres obras resalta el sentimiento de una era y una relación que se ha perdido en las décadas previas a la escritura de los textos y brinda pistas para comprender la postura de los autores ante México y los mexicanos, y entender por qué la historia reciente de México es reflejada como un declive y una pérdida.

Una vez superado este periodo hostil de las relaciones anglomexicanas, una de las más favorables consecuencias de la restauración diplomática entre ambos países es el inicio de una tradición de relaciones literarias institucionales. A partir de la segunda mitad del siglo xx, México envía a distintos países representantes diplomáticos que se han distinguido en diversos ámbitos culturales. Esta actividad ha sido importante no solamente para la relación entre los dos países que se proponen para esta investigación, sino para el posicionamiento propio de los escritores dentro del panorama literario mexicano. A inicios del siglo xx, ya los escritores mexicanos Federico Gamboa y Alfonso Reyes habían viajado como diplomáticos a otros países. Pero el que sienta las bases en la segunda mitad del siglo xx para una carrera literaria que va fuertemente ligada con las obligaciones políticas es el filósofo y poeta Octavio Paz, que tras un periodo en París escribe una de sus obras más importantes, El laberinto de la soledad (1950). Posteriormente, la lista de escritores mexicanos que realizan estancias diplomáticas en otros países impulsados por las políticas exteriores es extensa e incluye a algunos de los más premiados autores de las letras mexicanas[10].

De entre quienes viajan a la Gran Bretaña investidos con cargos diplomáticos después de 1950, destacan Hugo Gutiérrez Vega e Ignacio Padilla, pero existen muchos otros autores-diplomáticos que, aunque no como parte de sus asignaciones estatales, han tenido estancias importantes en Inglaterra. Carlos Fuentes, Sergio Pitol, Fernando del Paso, José Emilio Pacheco y Jorge Volpi son solo algunos de ellos. La proliferación de escritores mexicanos que buscan inspiración en el territorio británico revierte la dirección que habían tomado las relaciones literarias entre ambos países. Es una de las líneas de investigación que quedan fuera de este proyecto –pero que perfilan ya la continuación de esta rama de estudio– el analizar los textos creados por estos autores (que parecen estar todavía en el estado de exploración y descripción real de los espacios, equivalente a la de los viajeros de los siglos xvixix, puesto que pocos de ellos han decidido ubicar sus obras de ficción en Inglaterra) y decidir si esta tendencia surge como consecuencia de las tres novelas analizadas.

Las novelas inglesas situadas en México en la primera mitad del siglo XX

Mientras que entre los siglos xvi y xix los viajes de Inglaterra a México parten de un interés abiertamente comercial, imperial o científico, con la culminación de la era victoriana toma importancia un nuevo tipo de viajero inglés en México, paralelo a la exploración de sus contemporáneos en los safaris africanos[11]. Se trata ahora de un tipo de viaje que se origina de un interés personal en la observación y la experiencia de un espacio extranjero, para propósitos de descubrimiento más bien psicológico o espiritual. De esta forma, el viajero de inicios del siglo xx es ya una especie de etnoturista, precedido solo por el brevemente emperador mexicano Maximiliano de Hasburgo y su esposa Carlota, quienes habían viajado a México en gran parte atraídos por la imagen de un espacio en el que proyectar sus propios ideales. A diferencia de los viajeros mencionados en el apartado anterior, la primera mitad del siglo xx se caracteriza entonces por otro tipo de experiencia inglesa en el extranjero –particularmente en México–, la del escritor que viaja en busca de lugares exóticos en los cuales ambientar sus novelas y en los cuales, también, proyectar su propia experiencia interior.

La tendencia a elegir locaciones externas a la Gran Bretaña como espacios para ubicar sus novelas se había venido formando durante los dos siglos anteriores, y de ahí nace esta nueva tradición de viajeros que buscan representar los espacios explorados, ya no en cartas o diarios de viaje, sino a través de la ficción[12]. La selección de la novela como género para la expresión de la experiencia de viaje debe entenderse en el contexto del estatus que alcanza esta en Europa, y que llega a su cúspide durante la última parte del siglo xix. Es por esto por lo que, aunque los tres autores estudiados hacen un recuento de su experiencia en México a través de artículos periodísticos, cartas y diarios de viaje, son sus novelas las que consolidan este puente literario entre México e Inglaterra al transformar el territorio mexicano en un escenario para las historias de ficción. Así, México se convierte en el siglo xx en un espacio atractivo para el desarrollo de la ficción de autores ingleses. Varios estudios se han dedicado a analizar este fenómeno, entre los que destacan Escritores norteamericanos y británicos en México, 1556-1973, de Drewey Wayne Gunn, y La otredad del mestizaje: América Latina en la literatura inglesa, de Nair María Anaya Ferreira. En ellos se destaca que las novelas de Lawrence, Greene y Lowry fueron creadas durante este periodo, pero no son las únicas. Algunas otras que no han sido incluidas en esta investigación, por razones que explico a continuación, son: Montezuma’s Daughter y The Heart of the World, de H. Rider Haggard; Eyeless in Gaza, de Aldous Huxley; The Fields of Paradise, de Ralph Bates; The Way of Santiago y Ocassion of Glory, de Arthur Calder-Marshal.

Montezuma’s Daughter, publicada en 1893, es considerada el texto introductorio a la ficción inglesa situada en México. Dos años después de su publicación, el mismo autor publica The Heart of the World, novela también situada en México y con una trama que involucra elementos históricos mexicanos. Aunque las dos novelas son publicadas solo unos años antes del inicio del siglo xx, están inmersas por completo en la tradición de la novela de aventuras que caracteriza el siglo xix. No solo surgen en un contexto muy distinto al del México visitado por Lawrence, Greene y Lowry, sino que están situadas temporalmente varios siglos atrás –en el momento inmediatamente posterior a la conquista– por lo que no pueden catalogarse como parte del mismo corpus. Aun así, ambas novelas son importantes para el contexto de esta investigación debido al impacto que tuvieron en los autores del siglo xx[13]. La figura de Moctezuma es además una presencia recurrente –aunque no protagónica– en las tres novelas del corpus, y su importancia puede ligarse no solo a la propia historia de México, sino a la forma en que esta ha sido representada en la “ficción histórica” de Haggard.

Un autor inglés contemporáneo a Lawrence, Greene y Lowry que visitó México fue Aldous Huxley. Su visita, impulsado en gran parte por la influencia de D. H. Lawrence, tiene como primer resultado editorial el libro de viaje Beyond the Mexique Bay. Pero México está presente también como uno de los espacios de su novela Eyeless in Gaza, publicada tres años después, en 1936. La razón principal para no incluir esta novela dentro de la investigación a pesar de su inclusión dentro del corpus de novelas inglesas situadas en México es que la trama no ocurre solamente en el espacio mexicano[14]. Por lo tanto, aunque es también una representación del espacio mexicano, su inclusión en la historia es solo parcial.

En 1940 es publicada la novela The Fields of Paradise, de Ralph Bates, un autor sumamente comprometido con la Guerra Civil española. Viaja entre México y Estados Unidos durante la segunda mitad de la década de los 30 y de estos viajes surge su novela, ubicada en el espacio mexicano. Existen muy pocos estudios sobre la obra de este autor, por lo que resultaría poco equilibrado estudiarlo en un mismo marco que el resto de los autores del corpus[15]. Lo mismo sucede en el caso de otro autor británico: Arthur Calder-Marshal, cuyas obras, a pesar de que dos de ellas son novelas situadas en el espacio mexicano –The Way of Santiago (1940) y Occasion of Glory (1955)–, han sido objeto de pocos intentos de análisis; además, es un autor posterior a la época que se propone estudiar, influido por esta[16]. El éxito obtenido por las publicaciones de Lawrence, Greene y Lowry ha opacado en gran medida el trabajo de estos dos autores, que han sido mucho menos leídos y estudiados pero cuya recuperación constituye uno de las áreas de oportunidad para continuar la investigación de este corpus.

Lawrence, Greene y Lowry en México

D. H. Lawrence es el primero de los tres novelistas ingleses en viajar a México y utilizar su experiencia para la creación de una obra de ficción. Su estancia –entre 1923 y 1925– sucede durante los años posteriores a la consolidación de la Revolución mexicana, pero es dividida en tres partes debido a la necesidad de volver a Inglaterra y Europa para estar con su esposa, quien lo acompaña en la primera parte del viaje y luego parte de regreso. Durante estos intervalos, Lawrence pasa un tiempo en Nuevo México y trabaja en otros proyectos. El resultado editorial de su viaje sufre varias etapas de cambios – algunos debidos al proceso propio de creación y otros debidos a las exigencias de su editorial –, y la versión final sale a la luz en Inglaterra en 1926 como la novela The Plumed Serpent.

En 1995, Louis L. Martz rescata el manuscrito original realizado por Lawrence todavía en México y lo presenta bajo el título con el que el autor lo había planeado originalmente, Quetzalcoatl[17]. En ella se observa la primera impresión causada por México en el autor, antes de volver a Inglaterra y “adaptarla” a los requisitos editoriales. Este texto, dada su reciente publicación, ha sido todavía poco estudiado, pero el análisis del espacio mexicano en la literatura inglesa involucra parcialmente el hecho de que su publicación fue realizada pensando en un público angloparlante (aunque las traducciones de las tres novelas se hicieron con relativa rapidez), por lo que utilizo para esta investigación la versión publicada en 1926, The Plumed Serpent. La importancia de incluir esta obra en la investigación radica en que representa el primer acercamiento en el siglo xx de la visión inglesa puesta en México con propósitos de construir historias en este espacio. A pesar de que otros autores precedieron a Lawrence en el siglo xix[18], es él quien inaugura la tradición que se seguirá en las siguientes décadas de viajar a México y escribir sobre este país. Aldous Huxley, otro importante escritor de este periodo, es el primero de los autores que viaja a México influido por Lawrence, por lo que se inicia una comunidad de escritores ingleses interesados en la cultura y el territorio mexicano, intereses que seguirán afianzándose entre escritores extranjeros durante el periodo entre ambas Guerras Mundiales.

Dado que la visión de Lawrence es la primera dentro de este género, resulta interesante y fundacional la perspectiva que presenta del espacio y los personajes mexicanos. En The Plumed Serpent existe una clara demarcación binaria entre conceptos como nativo/extranjero, blanco/negro, superior/inferior. Estos elementos no desaparecen a lo largo de las siguientes novelas, aunque se matizan y se vuelven más ambiguos de lo que los presenta Lawrence. Pero existe en esta novela ya un instinto de la necesidad de representar el espacio mexicano como algo más allá del mero escenario al cual transportar un conflicto de identidad nacional inglesa. La trama no es una que pueda haber sido ubicada en cualquier espacio –de forma que este solo agregue “color” a una historia propia–, sino que el propio origen del conflicto surge de la historia y el espacio mexicanos. La obra puede insertarse en la mentalidad posterior a la Gran Guerra, tras la que Europa deja de ser una zona idílica y existe una confianza en que del continente americano surja una sociedad con mayor capacidad de gobernarse política, intelectual y –de gran importancia para Lawrence– espiritualmente. A su vez, la novela propone una necesidad propia del espacio mexicano de utilizar su propia simbología para definirse y alcanzar este estado. Esta postura está problematizada por Kate, la protagonista. Como mujer británica que visita México –no con intenciones de quedarse, sino de salir de Inglaterra, donde viven su madre y sus hijos –, su punto de vista dirige la atención de su discurso en los fuertes que observa en el espacio mexicano. El territorio y los mexicanos son siempre otros, y aunque el culto a Quetzalcóatl es presentado como una esperanza social –la propia Kate llega a ser convencida de unirse a él–, ella nunca logra abandonar su identidad para integrarse a esta “otredad”. Su visión es siempre la de un extranjero que describe un objeto social al que no pertenece.

El protagonista de The Power and the Glory, por otra parte, es el único protagonista mexicano. Geográficamente, esta novela es además la que más se aleja del centro del país –la Ciudad de México– para internarse en el territorio de México. El conflicto principal obliga al personaje a moverse constantemente a través de “un estado” dentro del espacio mexicano que nunca es nombrado, aunque ha sido frecuentemente equiparado por la crítica con el estado de Tabasco, al sur de México, tanto por las descripciones geográficas de la propia novela, como porque fue uno de los lugares visitados por Greene en México. El movimiento constante del protagonista marca rutas, territorios y fronteras que pueden rastrearse para reconstruir el espacio del que habla Graham Greene para describir la lucha de este sacerdote perseguido por el gobierno anticlerical. La relación del personaje principal con el espacio es, por lo tanto, la más compenetrada. Las zonas más recónditas de la selva le son benéficas para esconderse de las autoridades, mientras que la capital del estado le ofrece cierto anonimato entre la multitud. Elementos como el clima y los cultivos de la región son mencionados no solo como datos informativos de la zona, sino como importantes para la supervivencia del personaje.

Aun así, la existencia de un protagonista mexicano no impide la presencia de importantes personajes extranjeros, incluso ingleses. La narración abre con el punto de vista de un dentista inglés que ha llegado a México en busca de la fortuna económica que atrajo a otros extranjeros emprendedores durante el proceso de industrialización iniciado por Porfirio Díaz. Pero, tras la caída económica del país en la Revolución y la ruptura de las relaciones entre México e Inglaterra, el dentista se ve obligado a permanecer en el espacio mexicano. Este personaje, aunque desaparece durante la mayor parte de la historia, es el encargado también de cerrar la novela. Así, a pesar de que la trama principal –la del sacerdote católico perseguido por la ley anticlerical– puede ser ajena a la realidad inglesa, está enmarcada y cobijada por un punto de vista conocido y comprensible para los lectores anglosajones. Además, al utilizar un protagonista mexicano, la caracterización de otros personajes nativos es distinta en esta novela. La noción de mestizaje está presente de forma más homogénea a través de la historia como un asunto racial y cultural, y como una distinción económica entre clases. En The Power and the Glory, tanto indígenas como mestizos son personajes principales de la trama. Dado que no existe un grupo de extranjeros que concentren la atención de forma tan central como sucede en The Plumed Serpent y en Under the Volcano, los comentarios sobre el espacio mexicano no pueden ser leídos con el mismo distanciamiento como los de un viajero en el país, sino que pretenden reproducir los que un propio mexicano tendría de su país nativo.

Graham Greene viajó a México en 1938 con el propósito explícito de investigar la relación entre el gobierno mexicano y la Iglesia. Aunque este propósito ha sido puesto en duda en biografías publicadas después de su muerte –tal es el caso de Graham Greene: The Enemy Within, de Michael Shelden–, que mencionan su huida a México para evitar un juicio iniciado en su contra por una de sus publicaciones periodísticas, su cualidad como escritor abiertamente católico y la naturaleza religiosa de su obra hacen inevitable la relación entre el conflicto religioso mexicano y su viaje. Dado que llega varios años después del punto climático de la guerra cristera[19], Greene decide situar su novela unos años antes de su estancia en México, para poder incluir el periodo que le interesaba. Su estancia en el país le indujo a escribir, además de esta novela, el libro de viajes The Lawless Roads (1939), cuyo título marca el impacto que tiene México como espacio en la perspectiva del autor.

Finalmente, Under the Volcano es una de las novelas más apreciadas por la crítica literaria. Independientemente de su representación del espacio, los personajes y la historia mexicana, se trata de una novela cuyo merito ha sido aducido a su propia estética. Es una observación en común entre quienes estudian esta novela el considerarla un “hecho prodigioso y explosivo de la literatura del siglo xx” (Mata, 13) y hacer comentarios semejantes sobre su calidad literaria. Esta buena opinión generalizada de la novela va a acompañada de una atracción casi inevitable hacia la propia vida del autor, que ha generado la creación de al menos dos biografías considerables en las que se incluyen cientos de páginas con registros detallados de su vida, su escritura, sus viajes y su relación con sus dos esposas[20].

Malcolm Lowry pasa dos años ininterrumpidos en México entre 1936 y 1938. No solo es, de los tres autores, quien pasa una mayor cantidad de tiempo en el país, sino que realiza un intento de volver en 1947, año de la publicación de su novela, que resulta fallido. Su estancia en el país le permite realizar observaciones más detalladas, no solo de la geografía, el clima y la historia, sino de los habitantes de México. Under the Volcano, a pesar de ser la colocación en México de un conflicto propio que el autor había venido gestando desde su juventud, contiene importantes elementos de lo que el autor reconoce como la identidad mexicana. Por lo tanto, México es también más que un mero tropo o escenario del drama del cónsul. La novela de Lowry es esencial para esta investigación dado que en ella se observan en conjunto todos los elementos de interés para la creación de “lo mexicano” en la literatura inglesa: una descripción detallada –casi cartográfica– de los espacios, la consolidación de ciertos personajes que han aparecido ya en las dos novelas –“el gringo”, “el indio”, “el nuevo conquistador”–, el comentario extranjero sobre los eventos más importantes de la historia mexicana –el mundo prehispánico, la Conquista, la Intervención Francesa, la Reforma, la dictadura porfirista, la Revolución mexicana, la lucha cristera y la expropiación petrolera; ademas del estado europeo previo a la Segunda Guerra Mundial–. Dado que el conflicto de la novela radica en el estado espiritual del protagonista, esta novela permite también una ejemplificación de la identidad inglesa de los personajes y su transposición al espacio mexicano.

Los marcadores del espacio y la identidad de México e Inglaterra son mucho más sutiles en la obra de Lowry que, por contraste, en la de Lawrence. La distancia temporal que existe entre ambas permite considerar que una haya influido a la otra, pero es también importante tomar en cuenta que se trata de dos momentos distintos en la relación de los dos países. La postura de los viajeros ingleses en México ha cambiado desde los primeros años después de la Revolución, y la necesidad de comprometerse con lo mexicano ha pasado de un paternalismo básico a la noción de una necesidad de resurgimiento de una identidad nacional propia. El tono irónico utilizado por los personajes de Lowry indica ya un cierto distanciamiento de la propia perspectiva de lo inglés ante lo mexicano. Cuando se describe que “England being persona non grata here, so to speak, after Cárdenas’ oil shindig. Morally, of course we’re at war with Mexico, in case you didn’t know” (Lowry, 100), la propia postura de los personajes es ambigua: hay un posicionamiento bélico cuya validez es puesta en duda por el tono en el que es expresado. Pero, si Lowry logra representar y caracterizar a México y a los mexicanos de forma más sutil que sus predecesores, es no solamente por su propia habilidad literaria, sino por haber pasado más tiempo en México y porque ha dedicado más tiempo a su magna obra sobre este país. Lowry escribe Under the Volcano con conocimiento de que existe de un corpus al respecto, con nociones sobre este espacio que se han desarrollado antes y a partir de la publicación de las otras novelas[21]. Esta investigación tiene como uno de sus propósitos trazar esta relación y determinar cómo, en conjunto, las tres novelas proponen una noción del espacio mexicano.

Lawrence, Greene y Lowry en la crítica

En 1978 se publican dos estudios fundamentales para el análisis y la comparación de The Plumed Serpent, The Power and the Glory y Under the Volcano. Tanto Ronald G. Walker en Infernal Pardise: Mexico and the Modern English Novel, como Douglas W. Veitch en Lawrence, Greene and Lowry: The Fictional Landscape of Mexico revisan la imagen de México que es representada por estos autores y las consecuencias que tiene para la propia estética de sus obras. La obra de Douglas W. Veitch toma el motivo del paisaje –landscape– para analizar en conjunto las tres novelas inglesas. Su estudio está claramente delimitado en cuanto al tratamiento del espacio. En él, Veitch analiza la importancia de la utilización de los elementos geográficos para representar el estado de ánimo en el que los autores han querido colocar a sus personajes. Veitch sugiere que la atracción hacia este país surge de la imagen que oscila entre “two familiar phases in which mantillas, orange moons, roses, genteel haciendas and acquiscent sommolence alternate with fatalism, peremptory violence, and perpetual conflict between a ruthless bandit class and an equally ruthless class of mine and landowner” (2-3). El estado mental y el paisaje geográfico son superpuestos en la mente del viajero-autor y permiten la creación de un espacio narrativo propicio para sus obras. Pero –Veitch advierte– el paisaje mexicano produce en realidad un espacio de “self-recognition and self-revelation” (13) en el que los personajes reflejan sus propios conflictos. Más allá de ser un mero escenario para la acción, puesto que “the Mexican landscape resists a purely illustrative function by remaining a continuous ineluctable presence” (13), el paisaje mexicano se construye en función del estado mental del personaje y el tono de la obra, y no de forma opuesta.

Ronald G. Walker, por otra parte, más que centrar su estudio en el análisis del espacio mexicano visto desde los novelistas ingleses, encuentra un hilo temático entre las obras de no solo Lawrence, Greene y Lowry, sino también de Aldous Huxley, Ralph Bates y Evelyn Waugh[22]: la experiencia de viaje en una oscilación entre infernal y paradisíaca que se representa en tres imágenes principales: blood, border y barranca. A pesar de que el título del libro indica un interés específico por el género de la novela, en la ejecución de su estudio Walker recurre constantemente a la comparación de los textos con los diarios de viaje y cartas publicados por los autores, así como a entrevistas personales con algunos de ellos y sus familiares. Así, la experiencia personal de los autores en México es considerada por Walker como elemento esencial para la comprensión de la creación estética de las obras. Debido a este interés, el autor ahonda más en las motivaciones que llevan a los autores a viajar a México, resumiéndolas en tres puntos importantes: la economía de vivir en este país; una cierta moda “exoticista” catalizada por el espacio y el clima violento de la época; y un convencimiento ideológico de que, tras el decline de la Europa posterior a la Primera Guerra Mundial, el territorio americano representaba una esperanza para la cultura occidental (Walker, 2). Pero Walker enfatiza una diferencia entre los autores que viajaron a México en la década de 1920 (D. H. Lawrence es, de entre ellos, el que interesa para esta investigación) y quienes lo hicieron en los 10 años posteriores (Graham Greene y Malcolm Lowry). Mientras que en los primeros años posteriores a la Revolución mexicana hay una simpatía de los autores extranjeros por este movimiento, los autores que viajen durante el gobierno de Lázaro Cárdenas tendrán una relación distinta con los métodos utilizados por las fuerzas posrevolucionarias para organizar el país tras la expropiación del petróleo y la nacionalización del sistema ferroviario, los dos sectores económicos en los que Inglaterra tenía mayores inversiones en México[23].

A pesar de este auge en el interés por el estudio de estos autores durante la última parte de los años 70, existe un decaimiento en la crítica de este campo, en particular a partir de la década de los 80. No es hasta el año 2001 cuando surge un estudio hecho desde México sobre el tema, La otredad del mestizaje: América Latina en la literatura inglesa, de Nair María Anaya Ferreira. En este libro se traza la aparición de América Latina en la literatura inglesa sin restringirse a un género o países en particular, incluyendo a los tres novelistas de esta investigación. En el análisis de Anaya Ferreira se expone la representación de Latinoamérica como un espacio en el que “[e]l otro era entonces objeto de escrutinio, algo que podía ser analizado, pero también conceptualizado como un ente fijo e invariable, sin importar las particularidades de su contexto histórico o de su transformación social” (12). Anaya Ferreira propone también que “[l]as descripciones hechas por los autores ingleses han contribuido a perpetuar una diferenciación cultural en la que el continente aparece como un lugar exótico y atrasado, cuyos valores se oponen a los rectos principios morales de la civilización inglesa” (13). Un texto aun más reciente que estudia la relación literaria entre México e Inglaterra es British Representations of Latin America, de Luz Elena Ramirez, publicado en 2007. En él, la autora rastrea lo que ella denomina como “the history of British activity in Latin America” (1). Este trabajo es el que abarca un ámbito más amplio, puesto que su interés incluso sale de lo literario para incluir una relación social, económica y antropológica entre estas dos regiones. Aun así, como parte de este interés más extenso, la autora incluye a algunos de los novelistas que se proponen en esta investigación. Malcolm Lowry y Graham Greene son estudiados en un capítulo cada uno, aunque la ausencia de un capítulo similar para D. H. Lawrence es justificada por la inclusión de The Lost World, de Arthur Conan Doyle, que la autora considera de temática similar. Ramirez trata la naturaleza de la relación entre América Latina y Gran Bretaña en el siglo xx como una en la que “[t]he British maintained their influence through granting loans, building railroads, and developing ports, as well as through the administration of mines, plantations, and old fields” (12), elementos que se ven reflejados claramente en las novelas que se analizan en esta investigación. Así, los libros publicados por Nair María Anaya Ferreira y Luz Elena Ramirez abren el campo de estudio más allá de la relación entre dos países, puesto que abarcan la visión entera de América Latina desde la perspectiva inglesa. Ambos están fuertemente influidos por los estudios poscoloniales, por lo que en estos dos trabajos existe un mayor interés en los mecanismos de representación con los autores para reflejar al otro y las consecuencias que estos tienen en la construcción de la propia identidad de los personajes y narradores británicos.

El estudio del espacio narrativo

Dado que las obras que se proponen para esta investigación están todas situadas en un lugar distinto al país de origen del autor y de los protagonistas[24], los elementos de la narración están íntimamente ligados al espacio, dependientes parcialmente de él para la construcción de la historia y la caracterización de los personajes. Por lo tanto, la conceptualización del territorio mexicano en las obras de Lawrence, Greene y Lowry se propone como parte de un área de interés general de los estudios literarios: la representación del espacio narrativo. La tensión entre las definiciones de tiempo y espacio narrativos, y la superioridad del primero sobre el segundo, ha sido parte del statu quo de la teoría literaria incluso en el siglo xxi. En su texto publicado en 2004, Place and Space in Modern Fiction, Wesley A. Kort se lamenta que “time, by its vulnerability to abstraction and measurement, is more philosophically engaging than space” (1) y, por lo tanto, ha recibido más atención teórica. Pero –el autor afirma– es posible y necesario apuntar a una teoría del espacio en la literatura y, en su búsqueda por colocar el estudio del espacio en el mismo nivel de importancia que el tiempo, los personajes y la narración, Kort descubre que, “[w]hen the language of space becomes dominant in a narrative, especially by bearing negative or threatening potential, characters are more determined by their situations than they otherwise would be and are put into more reactive than intuitive roles” (Kort, 16). El uso específico y distintivo de los espacios afecta, entonces, los otros elementos de la narración. Ya no es solo un escenario para la colocación de personajes, trama, motivos, sino que tiene sus propias connotaciones en el tipo de narración que se está contando.

Tan temprano como 1904 ya existían intentos por incluir en la crítica literaria elementos de geografía. En su libro Literary Geographies, William Sharp hace un recuento de los espacios ingleses representados en la literatura anglosajona por sus autores. Acompañado de ilustraciones, el texto es un recuento de las descripciones que los autores más canónicos del siglo xix británico hacen de ciertos espacios dentro de la propia Inglaterra. El objetivo, según describe el autor en el prólogo, es

nothing more than to be a readable companion in times of leisure for those who are in sympathy with the author’s choice of writers and localities; and if they share his own pleasure in wandering through these ‘literary lands’ he on his part will be well content (390).

No se trata todavía de un análisis de esta representación, sino de una conciencia de que existen ciertos espacios favorecidos por los autores para hablar de ellos y una compilación de estos, destinada a ser comparada con la propia experiencia de dichos espacios, si existe, o a servir de primer –en algunos casos, único– vistazo para quienes no la tienen. Un año más tarde, Virginia Woolf escribe un ensayo con ese mismo título en el que desdeña la metodología utilizada por la geografía literaria, así como su propósito. La autora apunta que “[a] writer’s country is a territory within his own brain; and we run the risk of disillusionment if we try to turn such phantom cities into tangible brick and mortar” (35), enfatizando lo que luego otros autores explorarán a más profundidad: la importancia de ir más allá de la mera presencia de un territorio en la obra de un autor y empezar a considerar la forma particular con la que cada autor decide caracterizar los espacios dentro de su obra.

Esta inicial fusión entre las dos disciplinas –literatura y geografía– da pie al desarrollo de la investigación del manejo del espacio en la literatura, con ideas de autores como Joseph Frank, Henri Lefebvre, Gaston Bachelard, Maurice Blanchot y Michel Foucault. Este último en 1967 define uno de los términos más importantes del estudio del espacio en literatura: la heterotopía[25]. Gracias al auge de estos estudios, el espacio deja de ser considerado como un elemento subyacente de la narración –la base sobre la que el resto se construye– para empezar a pensarse como un concepto que permite la interacción de varios niveles: autorial/textual, escritura/lectura, realidad/ficción.

Este primer interés por agrupar las narraciones sobre un espacio dio lugar a otro acercambiento entre la crítica literaria y la geografía: la creación de mapas literarios. En su charla “Literary Cartography: Space, Representation, and Narrative”, Robert T. Tally Jr. propone los mapas como una forma para el lector de conectarse con el espacio literario y define la cartografía literaria como “a cartographic practice in which the writer produces a figurative or allegorical image of the world and one’s place in it”. Partiendo de la noción de la cartografía como un sistema simbólico equivalente al lenguaje escrito, la cartografía literaria conecta las nociones de espacio y narración. Tally argumenta también que esta representación espacial de la literatura es especialmente pertinente en la actualidad, puesto que los textos no presentan una totalidad, sino fragmentos de territorios que el crítico o el lector debe proyectar y construir en mapas literarios para analizarlos y comprenderlos. Pero es importante notar, como lo hace Christina Ljungberg en “Constructing New ‘Realities’: The Performative Function of Maps in Contemporary Fiction”, que tanto la cartografía como la escritura son distorsiones de la realidad, y no copias de ella (159). El estudio cartográfico de la literatura enfatiza su cualidad retórica/diegética, más allá del alcance mimético de la representación de espacios que existen en el mundo fuera del texto, o geoespacios.

El juego de representación espacial de lo escrito llega a su cúspide en las obras de Franco Moretti: An Atlas of the European Novel, 1800-1900 (1998) y Graphs, Maps, Trees: Abstract Models for a Literary History (2005). En el segundo libro, Moretti se pregunta si es necesario para un autor incluir representaciones espaciales –específicamente, mapas– de los espacios descritos en sus textos o si se trata de algo “superfluous” (35). Como respuesta, el crítico enfatiza la existencia en los mapas de una cualidad que cataliza ideas para el análisis y permite la agrupación de unidades no necesariamente espaciales –da como ejemplos “walks, lawsuits, luxury goods”– que crean patrones (53-54). Además, en su proyecto de la realización de un atlas literario de Europa, Moretti descubre que las relaciones entre los lugares pueden llegar a ser más importantes que la propia locación de estos en un mapa, por lo que la cartografía literaria es más que una colocación de puntos en un espacio, incluye también un conjunto de relaciones entre personajes y otros personajes, espacios y otros espacios, así como la visualización de lugares reales e imaginarios.

Pero, ya en el ensayo titulado “Of Other Spaces”, Michel Foucault indicaba un cambio en el pensamiento crítico literario, que había estado enfocado mayormente en el análisis del tiempo y la historia, en dirección al problema de la representación del espacio. Foucault afirma que “[t]he present epoch will perhaps be above all the epoch of space” (22), puesto que “the ansiety of our era has to do fundamentally with space, no doubt, a great deal more than with time” (23). Así, aunque el siglo xx continuó sumamente enfocado en discusiones sobre la experiencia temporal –simultaneidad, yuxtaposición, ruptura–, es claro que la crítica no ha dejado de reflexionar también sobre el espacio. Sobre todo, el ensayo de Foucault enfatiza la conciencia del espacio literario como un espacio humano, ocupado y significado por personajes que cohabitan en él. Como consecuencia, un espacio ya no es solo ‘el país de Dickens’, sino de cientos de individuos que relatan su presencia en él. El espacio deja de ser también meramente un lugar (place) y toma la forma de un sistema o una red de relaciones entre distintos sitios (23). De entre los que tienen la posibilidad de relacionarse con todos los otros sitios, Foucault destaca las “heterotopias” por sobre las utopías, como “effectively enacted utopia[s] in which the real sites, all the other real sites that can be found within the culture, are simultaneously represented, contested, and inverted” (24). Los espacios heterotópicos funcionan como sitios y como reflejos de las ideas de la sociedad que los crea.

Por otra parte, en su ensayo “Forms of Time and of the Chronotope in the Novel”, Bakhtin toma el concepto del “cronotopo” de la física cuántica para emplearlo como término de análisis literario, definiéndolo como “the intrinsic connectedness of temporal and spatial relationships that are artistically expressed in literatura […] it expresses the inseparability of space and time (time as the fourth dimention of space)” (84). Es sumamente importante para el análisis de la representación del espacio mexicano que este concepto permite también la inclusión del personaje en cuanto actante dentro de la historia[26], puesto que el cronotopo “as a formally constitutive category determines to a significant degree the image of man in literature as well. The image of man is always intrinsecally chronotopic” (85). Al estudiar los espacios representados en las novelas de Lawrence, Greene y Lowry, es necesario entonces incluir también como categoría de análisis a los personajes que estos incluyen en sus obras, puesto que es a partir de ellos y su relación con el espacio en que están situados a partir de lo cual el espacio mexicano toma forma cronotópica.

La conjunción de los conceptos de “heterotopía” y “cronotopo” hace posible la selección de espacios de especial significación para las novelas. Es así como he establecido las categorías de análisis de esta investigación, partiendo de la representación del espacio topográfico, social, religioso y el movimiento de los personajes en el espacio. Aunque las acciones de la novela suceden en un mismo espacio narrativo –el espacio mexicano–, la perspectiva de los personajes y su función según cada novela y en los distintos puntos de la trama hacen que un mismo lugar pueda pertenecer a dos categorías de espacio. La plaza, por ejemplo, puede funcionar tanto como un espacio social –en cuanto que funciona como lugar de reunión para una comunidad–, pero también puede ser representada como un espacio religioso cuando el propósito de esta reunión es la transformación del universo espiritual de dicha sociedad. De igual forma, la Ciudad de México funciona tanto como una marca topográfica –la capital y el centro del país–, como el punto de inicio del viaje físico y espiritual de la protagonista de The Plumed Serpent en busca de un nuevo tipo de religión. Las nociones del cronotopo como espacio funcional dentro de la trama, unido a la heterotopía como categoría que relaciona varios tipos de espacios, permiten crear un diagrama de espacios funcionales cargados de significación dentro de las novelas situadas en México.

El estudio del espacio narrativo ha evolucionado de tal forma que desde la segunda mitad del siglo xx es considerado como una importante rama de los estudios literarios. Un inicial interés en el análisis del tiempo como principal elemento de la narración llevó a la comprensión del espacio como un concepto también esencial en la creación de los centros de significado dentro de una obra literaria. Sobre estas bases se ha construido una serie de corrientes teóricas que buscan analizar la representación particular de ciertos espacios, o la agrupación de categorías espaciales genéricas, en las obras literarias. Cuando D. H. Lawrence, Graham Greene y Malcolm Lowry eligen México para ubicar sus novelas, insertan sus obras en una tradición discursiva sobre este espacio, pero además hacen uso de los mecanismos retóricos necesarios para representar un particular punto de vista sobre este espacio y sus habitantes. La investigación de estos mecanismos es esencial para la comprensión de la convivencia literaria entre dos países cuya relación, como se ha visto, si bien no es la de colonizado-conquistador, ha estado marcada por categorías típicas del colonialismo: la exploración, la subordinación y la representación de los espacios a partir de un solo punto de vista, el del vencedor. Esta investigación también busca contribuir al campo de los estudios de la representación del espacio en la literatura, apuntando a los mecanismos utilizados específicamente para representar espacios que se conocen, aunque poco, que han causado una impresión en el autor, pero que, sobre todo, se busca que causen una impresión en el lector, independientemente de la propia experiencia en este espacio, y que, por lo tanto, se ubican en una tradición que este lector conoce. Al analizar los espacios particulares –heterotopías, cronotopos– que los tres autores utilizan en sus obras, es posible no solo observar su función en cuanto a la trama, sino realizar comparaciones entre los mecanismos de representación de cada una y apuntar a un “México tópico”, el espacio mexicano, que existe especialmente como espacio textual y no necesariamente en el geoespacio. Este resultado tiene posibilidades de abrir más caminos en el análisis de la relación no solo de Inglaterra y México y sus literaturas, sino de la relación trasatlántica entre Europa y Latinoamérica.


  1. Uso el concepto de “geoespacio” tomado de Anne-Kathrin Reuschel y Lorenz Hurni, quienes lo definen en “Mapping Literature: Visualization of Spatial Uncertainty in Fiction” como “the real, existing space the described textual space is refering to” (294).
  2. Tomo el concepto de “paraíso infernal” del libro Infernal Pardise: Mexico and the Modern English Novel, de Ronald G. Walker. Analizo más a fondo el impacto que ha tenido en la crítica de las novelas mexicanas de Lawrence, Greene y Lowry en el capítulo 4.
  3. Tanto Lawrence como Greene escriben recuentos no ficcionales de sus viajes a México de forma casi paralela a sus novelas. Lawrence publica Mornings in Mexico (1927), y Graham Greene, The Lawless Roads (1939). De Lowry, por otra parte, se dan a conocer cartas escritas durante su estancia en México, pero solo de manera póstuma.
  4. Existe ya un corpus de biógrafos y estudiosos de la vida de los autores en México que han hecho esta labor, partiendo de los propios recuentos hechos por los autores durante y después de sus viajes.
  5. De este viaje, además del mismo Hawkings, se tienen recuentos de otros tripulantes, como Miles Philips, David Ingram y Job Hortop, según menciona Mayer en su estudio.
  6. Calderón de la Barca viaja a México como esposa del primer enviado diplomático español al país tras la lucha de Independencia, por lo que su estancia en el país señaliza la aceptación de México como país autónomo por parte del Imperio español.
  7. Otra mujer, ya a inicios del siglo xx es la encargada de reseñar el México porfiriano y la caída de este régimen: Ethel Tweedie.
  8. Drewey Wayne Gunn menciona: The Rifle Rangers (1850), The Scalp Hunters (1851) y The White Chief (1855).
  9. Sobre este tema pueden verse los libros de J. Fred Rippy: British Investments in Latin America, 1822-1949 (1959) y Rivalry of the United States and Great Britain Over Latin America (1808-1830) (1929).
  10. Para un estudio extenso del tema en este periodo, se puede consultar el texto Escritores en la diplomacia mexicana, publicado en tres tomos entre 1998 y 2002 por la Secretaría de Relaciones Exteriores.
  11. Charles Darwin, aunque no en México precisamente, empieza a formular su teoría de la evolución tras su estancia en los Galápagos en 1855, como parte de esta corriente de viajeros que buscan explorar el continente americano.
  12. Esencial en este campo es la aportación de Rudyard Kipling y Daniel Defoe con The Jungle Book y Robinson Crusoe, respectivamente.
  13. Tanto Graham Greene como D. H. Lawrence admitieron que el haber leído a Haggard fue una de las razones que los impulsó a viajar a México.
  14. Esta es la misma razón por la cual no es incluida en el estudio de Douglas W. Veich, Lawrence, Greene and Lowry: The Fictional Landscape of Mexico.
  15. Ronald G. Walker lo incluye como apéndice en su estudio Infernal Paradise: Mexico and the Modern English Novel, donde marca la relación del texto con las otras novelas del corpus de esta investigación, pero esta es más bien una de consecuencia (Bates retoma los tópicos de Lawrence y Huxley, principalmente), y no una de contribución importante al campo.
  16. En esta área destaca el capítulo dedicado a ambos autores por Nair María Anaya Ferreira en su estudio sobre México en la literatura inglesa.
  17. Las diferencias entre las dos versiones de este texto son discutidas a detalle por Louis L. Martz en su “Introduction” y “Textual Commentary” a la edición citada de Quetzalcoatl, así como en el artículo “Quetzalcoatl: The Early Version of The Plumed Serpent”. En este último texto el autor concluye que “we have not so much two versions of a novel, as two significantly different works” (297). Quetzalcoatl resulta más interesante para esta investigación puesto que, en The Plumed Serpent, “the native matter has proportionately less impact. In Quetzalcoatl the local and the mythological are closely wrought together, evenly balanced in emphasis. But in The Plumed Serpent the additional mythic and transcendent elements […] tend to dominate the landscape and local detail preserved from the early version […]” (“Introduction”, xxix).
  18. El más destacable entre estos autores es H. Rider Haggard y su novela ambientada en México Montezuma’s Daughter (1893), novela victoriana situada en el momento inmediato tras la conquista de la Nueva España.
  19. El periodo más dramático sucede a finales de la década de 1920, durante la presidencia de Plutarco Elías Calles, y Greene llega a México en 1938.
  20. Hasta 1993, con la publicación de Pursued by Furies, de Gordon Bowker –citado en su traducción al español en la bibliografía–, la biografía considerada “oficial” de Malcolm Lowry era la de Douglas Day: Malcolm Lowry: A Biography, publicada en 1973.
  21. El discurso narrativo menciona, por ejemplo, las obras de Humboldt y Prescott sobre México.
  22. Este ultimo es un novelista inglés que, a pesar de haber viajado a México en 1938 con el mismo propósito que sus contemporáneos, decidió reflejar su experiencia únicamente en un libro de viajes Robbery Under Law (1939) y no en una obra de ficción.
  23. La simpatía por el movimiento revolucionario se ve ejemplificada en el caso de la autora norteamericana Katherine Ann Porter, quien vive en México con el propósito de estar inmersa en el proceso (pos)revolucionario y participa de la reconstrucción cultural de “lo mexicano” impulsada en gran parte por los muralistas mexicanos, con quienes tiene una relación directa.
  24. Con excepción, como he mencionado, del protagonista de The Power and the Glory, que es nativo mexicano.
  25. Aunque el ensayo en el que se describen estas ideas fue parte de una cátedra en 1967, no es publicado hasta 1984 en francés y traducido al inglés en 1986, bajo el título de “Of Other Spaces”, que es como está citado en la bibliografía.
  26. En “Elementos para una teoría de la interpretación del relato mítico”, A. J. Greimas propone una categorización de los personajes en cuanto a su función en cada una de las secuencias narrativas de una historia. Los personajes existen, entonces, en cuanto que actúan y se relacionan con otros personajes y elementos de la trama. Es por esto por lo que él los denomina como “actantes” (45).


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