Agro, Estado y sujetos sociales en Argentina desde un enfoque interdisciplinar
Federico Martocci, Lisandro Rodríguez y Adrián Almirón
Esta obra es fruto del esfuerzo de un conjunto de colegas de diferentes lugares de la Argentina por pensar el cruce analítico entre agro, Estado y sujetos sociales en el largo plazo. No se asume como un ejercicio de síntesis que recorta casos y revisita literatura producida previamente en torno a la temática, aunque esa también hubiera sido una opción válida. Estas páginas son, sin dudas, el resultado de una significativa renovación de los abordajes sobre el agro argentino en las últimas dos décadas, ya que es sabido que el pasado rural fue (y lo es en la actualidad) uno de los tópicos en el que más se han concentrado quienes trabajan desde las ciencias sociales en Argentina. Sin embargo, es claro que aún existen vacíos en lo que respecta a la investigación sobre las dinámicas temporales y los procesos productivos del sector rural en espacios situados, así como también sobre los actores involucrados, las iniciativas gubernamentales para regiones específicas o las tensiones (y conflictos) existentes en ciertas coyunturas. Fue un texto valioso en los albores del presente siglo el libro escrito por Osvaldo Barsky y Jorge Gelman (2001) sobre la historia del agro argentino, puesto que dos especialistas en la materia sintetizaron una profusa producción y la pusieron a disposición de quienes se interesaban en el tema. No obstante, la producción de conocimiento en clave regional ha colocado en un primer plano la necesidad de revisar y ampliar lo que allí plantearon estos autores sobre el agro en ciertos espacios de la geografía nacional.
En lo que va del siglo XXI se produjeron una multiplicidad de estudios –desde diversas perspectivas– en torno a la temática, al punto que aquí resulta casi imposible sistematizarlos en unas pocas páginas. Para mencionar solo algunos ejemplos de obras colectivas, podemos listar libros como Trabajo de campo. Producción, tecnología y empleo en el medio rural, compilado por Guillermo Neiman (2001), Pasado y presente en el agro argentino, editado por Javier Balsa, Graciela Mateo y María S. Ospital (2008), La Argentina rural. De la agricultura familiar a los agronegocios, coordinado por Carla Gras y Valeria Hernández (2009), Conflictividad en el agro argentino. Ambiente, sociedad y Estado, compilado por Juan Manuel Cerdá y Luciana Leite (2011), Claves para repensar el agro argentino, coordinado por Guillermo Anlló, Roberto Bisang y Mercedes Campi (2013), Más allá de La Pampa. Agro, territorio y poder en el Nordeste argentino (1910- 1960), compilado por Noemí Girbal-Blacha y Gustavo Zarrilli (2015), Expansión de la frontera productiva. Siglos XIX-XXI, editado por Guillermo Banzato, Graciela Blanco y Joaquín Perrén (2017), Una mirada histórica al bienestar rural argentino. Debates y propuestas de análisis, compilado por Alejandra de Arce y Alejandra Salomón (2020), Ruralidad y sujetos subalternos. Una mirada comparada al nordeste argentino, compilado por Sergio Sapkus, Cristian Eduardo Vázquez e Ignacio Telesca (2021), La ruralidad en tensión, coordinado por Juan Manuel Cerdá y Graciela Mateo (2020) y Estado, políticas públicas y asociaciones agrarias. Claves para la comprensión de la Argentina rural, compilado por Gabriel Carini, Rocío Poggetti y Emanuel Barrera Calderón (2021). A estos trabajos se le suman los volúmenes de las colecciones “Agro y política en Argentina” (Balsa y Lázzaro, 2012; Graciano y Olivera, 2015; Ascolani y Gutiérrez, 2020) e “Historia del capitalismo agrario pampeano” (Barsky y Djenderedjian, 2003; Sesto, 2005; Gelman y Santilli, 2006; Schmit, 2008; Djenderedjian, 2008; Djenderedjian, Bearzotti y Martirén, 2010). Al mismo tiempo, constituyen un gran aporte aquellas obras sobre temáticas agrarias que se incluyeron en la colección “Convergencia. Entre memoria y sociedad”, dirigida por Noemí Girbal-Blacha en la editorial de la Universidad Nacional de Quilmes. Claro está, mencionamos solo obras colectivas y libros publicados en el marco de colecciones específicas, pero existen numerosos trabajos individuales plasmados en artículos de revistas, capítulos y libros.
Como se puede observar a partir de las referencias incompletas que ofrecimos, dos cuestiones llaman la atención. Por un lado, que se advierte en algunos de dichos trabajos la propensión al abordaje de procesos agrarios recientes; aunque todavía los siglos XIX y XX no han perdido la debida atención analítica. Este no es un aspecto menor, ya que la situación vigente habilitará interpretaciones que expliquen la realidad contemporánea sin perder de vista los cambios y las continuidades. Por otro lado, lo que es posible señalar es la enorme diversidad de centros de investigación involucrados en la producción de estos estudios, en los que trabajan colegas de muchas instituciones universitarias y científicas del país. Pero es evidente que resulta necesario redoblar la apuesta para abordar las relaciones entre agro y Estado, sin perder de vista el papel de los diversos actores involucrados con las actividades rurales. En esta obra colectiva se recuperan dichas cuestiones: en primer lugar, pretende ofrecer una mirada de dos siglos que conjuga diferentes escalas de análisis, lo que resulta esencial para comprender las iniciativas gubernamentales desplegadas en el heterogéneo agro argentino y también la agencialidad de los sujetos agrarios; en segundo lugar, condensa aportes de personas que investigan desde diferentes centros académicos del país situados en provincias como Misiones, Chaco, Formosa, Córdoba, Buenos Aires, La Pampa y Mendoza.
El libro, que se asume polifónico, brinda un conjunto de trabajos que sirve de muestra respecto de la pluralidad de estudios en Argentina y coloca en el centro del análisis la relación entre agro, Estado y sujetos sociales entre los siglos XX y XXI. De ese modo, las iniciativas estatales para el sector rural adquieren la relevancia que merecen, sin por ello descuidar a los protagonistas que intervienen en los procesos abordados. La propuesta dialoga activamente con aportes hechos desde la sociología, la historia y la antropología, a la vez que no recupera la cuestión regional como un mero remedo de la diversidad que presenta el agro argentino. Por el contrario, las regiones se piensan como objetos contingentes y complejos que, a veces se asocian a concepciones nativas y, en otros casos, resultan solamente un punto de partida para explorar la yuxtaposición de escalas de análisis en el estudio de una problemática determinada. En tal sentido, las interconexiones entre proyectos estatales nacionales, provinciales y locales orientados al sector agropecuario se combinan con otros trabajos que fijan la atención en sujetos específicos que se convierten en objetos de estudio. Entre estos últimos, se incluyen contratistas de trilla, ocupantes de tierras fiscales, familias tamberas, productores yerbateros y crianceros. Desde luego, el libro no pretende cubrir todas las vacancias ni sintetizar las investigaciones existentes. Solo aspira a cubrir un amplio arco temporal, con pesquisas que abordan el siglo XX y se adentran en el siglo XXI, y ofrecer un consistente conjunto de estudios en torno a la temática que reúne a colegas de distintos puntos de Argentina.
En la primera parte, compuesta por cinco capítulos, el eje articulador son las iniciativas estatales para el agro, con foco en sus objetivos, resultados y debates que se suscitaron a partir del despliegue a lo largo del tiempo. El primero de los aportes es el de Florencia Rodríguez Vázquez y Federico Martocci, quienes proponen un balance historiográfico sobre una línea de análisis que en las últimas décadas ha tenido mucho desarrollo: la que se detiene en las acciones estatales y privadas en materia de producción de conocimiento agropecuario entre fines del siglo XIX y la segunda mitad del XX. Fueron disímiles los enfoques que abordaron el tema, y no siempre los estudios han dialogado entre sí, razón por la cual el trabajo pretende sistematizar ciertas discusiones y plantear una presentación crítica de esa heterogénea literatura. Se revisan allí, en primer lugar, los principales trabajos sobre instituciones estatales para el desarrollo agrícola, ya sean centros educativos, experimentales o agencias de extensión, pero sin descuidar el papel de sus diversos actores. En segundo lugar, el abordaje se detiene en las pesquisas sobre la relación entre ciencia, empiria e innovación en el agro argentino, puntualizando los nuevos enfoques y las áreas de vacancia, con vistas a delimitar una potencial agenda de trabajo.
Otro de los capítulos es de Alejandra Salomón. En su caso, parte de un enfoque microanalítico para explorar la política vial a partir de un prisma que combina detenida atención en las propuestas estatales en cuanto a caminos con la reconstrucción precisa de las opiniones que tenían aquellas personas que habitaban en los territorios donde se realizaban las acciones oficiales. Así, a partir de un caso concreto, la pavimentación del tramo Brandsen-Ranchos de la ruta provincial N° 29, en provincia de Buenos Aires, se explican los objetivos estatales al promediar el siglo XX, pero sin descuidar la agencia de las personas que efectivamente utilizaban los caminos en el medio rural bonaerense y, por ende, tenían sus propios intereses y opiniones sobre los trazados gubernamentales que impactaban en el territorio.
El tercer capítulo, autoría de Adrián Almirón, se centra en la génesis y despliegue de políticas estatales orientadas a la promoción de infraestructura e impulso de cambios en la producción del agro en las provincias de Chaco y Formosa durante un período complejo de la historia argentina, el que va de 1972 a 1983. Es decir, analiza el rol de instituciones estatales como por ejemplo el Centro de Estudios Regionales del Nordeste Argentino, la Fundación para el Desarrollo del Nordeste y el Instituto de Investigaciones Geohistóricas, dependencias todas en las que se realizaron diferentes estudios sobre esa región del país. En muchos casos, estos últimos se convirtieron en aportes específicos para comprender la realidad socio-económica de dichas provincias y, a su vez, fueron insumos para las políticas proyectadas desde las instancias estatales. El autor no solo muestra las sinergias en ese proceso, sino también los conflictos que se generaban al pasar del proyecto a las acciones concretas. La producción de saberes en esas provincias durante esa etapa, signada en la Argentina por la alternancia entre democracia y dictaduras, es claro que estaba en la agenda oficial; no obstante, su conversión en políticas públicas se mostraría entonces como un proceso mucho más complejo de lo que parecía, razón por la cual quizás se explica la continuidad de algunas iniciativas pese a los cambios en el plano político.
Gabriel Carini es autor del cuarto capítulo, en el que estudia los vínculos entre el agro y la política durante la reconstrucción democrática. Al autor le interesa reconstruir las características que asumió la mediación política de los partidos políticos en relación con el agro durante el proceso de la vuelta de la democracia. La delimitación temporal comprende la coyuntura que se abre desde fines de febrero de 1983, con el llamado a elecciones presidenciales, hasta diciembre de ese año, donde se comienzan a diseñar e implementar por parte de la Secretaría de Agricultura y Ganadería de la Nación la política para el sector agropecuario. En este lapso es posible señalar las diversas formas en que el agro fue pensado por los representantes de los partidos políticos y cómo estas miradas incidieron (o no) en la construcción y gestión de las políticas estatales.
La primera parte se cierra con la contribución de Sergio Sapkus, quien indaga sobre un episodio específico de acción estatal subnacional en Argentina como lo es la provincia de Formosa. La “cuestión agraria” en su sentido amplio de los procesos sociales y políticos implicados en el desarrollo del capitalismo en el agro es una de las categorías analíticas propuestas por el autor. El capítulo estudia la coyuntura clave que conlleva el cierre definitivo del momento desarrollista-intervencionista del capitalismo argentino y el inicio del “alto” neoliberalismo. En términos cronológicos, comprende los últimos años de la década de 1980 y los primeros de la década de 1990. Más específicamente, tomamos el lapso comprendido entre 1987 y 1994.
La segunda parte del libro se ocupa de abordar a las y los protagonistas. Para eso, cambia la escala de análisis, hace foco en las personas, las prácticas, las tensiones y los conflictos en el agro. Las cinco contribuciones de dicha parte apuntan en ese sentido. El capítulo de Pablo Volkind, que inaugura la sección, realiza un debate sobre los problemas en torno a los contratistas de cosecha durante la etapa agroexportadora. La propuesta del autor es aportar elementos para avanzar en la comprensión acerca de quiénes estuvieron en condiciones de transformarse en contratistas de cosecha, por qué tuvieron un papel clave en el proceso productivo y cuáles fueron los mecanismos que pusieron en juego para incrementar sus niveles de rentabilidad. El objetivo consiste en reflexionar sobre las continuidades y rupturas que se evidencian en un actor central de las labores culturales del presente.
Alexis Arrese, en el séptimo capítulo, se ocupa de estudiar las relaciones entre lo normativo, las costumbres y las prácticas de los actores sociales en relación con la ocupación y propiedad de tierras fiscales en zonas áridas de la Argentina en el siglo XX. Para dicho propósito, se concentra en un estudio de caso en el departamento Curacó, ubicado en el oeste de La Pampa, donde analiza las estrategias y experiencias de un inmigrante español llamado José Arrese y sus sucesores entre las décadas de 1930 y 1970.
En su contribución, Alejandra de Arce describe y analiza los saberes y las prácticas de las familias tamberas en algunos distritos de la Cuenca de Abasto bonaerense desde mediados a fines del siglo XX. Desde una perspectiva de género, la autora pondera las prácticas espacio-temporales de los individuos y los hogares involucrados. Con la lente en las trayectorias diarias, revisa los movimientos, rupturas, los tiempos empleados y la secuencia de estaciones, para lo que resulta fundamental considerar el hogar, el trabajo, la iglesia, las compras, la escuela, el ocio, las actividades comunitarias.
En el noveno capítulo, Lisandro Rodríguez se propone estudiar la agroindustria yerbatera en la Argentina durante el periodo 1991-2023. Su objetivo es identificar -desde la perspectiva histórica reciente y regional- las formas productivas y, principalmente, las de comercialización desarrolladas en la actividad yerbatera. La unidad de estudio de esta contribución se sitúa en la actual provincia de Misiones y la de análisis se constituye por las estrategias colectivas y asociativas implementadas por pequeños productores vinculados al cultivo. El autor fija la óptica en las prácticas de acción colectiva y en los mecanismos económicos desarrollados por estos sujetos sociales para persistir en un agro cambiante y dinámico.
María Inés Rodríguez analiza, en el último capítulo, las protestas y huelgas de crianceros en Neuquén durante el período 2010-2015. La autora propone realizar un diálogo entre los aportes teóricos de la Historia social del trabajo y las herramientas propias de la teoría de la acción colectiva para abordar su objeto de estudio. Este ejercicio teórico-metodológico le permite estudiar las protestas de crianceros e identificar las redes conflictuales que le dieron origen, las demandas y la construcción de diversas solidaridades en torno a la acción de esos sujetos sociales.
De esta forma, los aportes del libro proponen abordajes interdisciplinares para contribuir a la comprensión de los diferentes procesos, territorios y sujetos de la ruralidad argentina en el largo plazo. Además de las coordenadas explicativas que ofrecen dichos capítulos, los trabajos habilitarán seguramente nuevos interrogantes que serán útiles a la hora de proyectar futuras investigaciones en torno a estas temáticas.
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