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Más acá del método

Del origen de las preguntas y el sentido
de la investigación social y su diferencia
con las ciencias naturales

Manuel Canales

Introducción

El siguiente ensayo trata del lenguaje de diseño de investigaciones sociales en el contexto de institucionalidad académica o científica actual.[1] Planteo que el formato en que viene concebido el plan del acto investigativo presenta problemas de coherencia y aplicabilidad por una asimilación no reflexionada con el lenguaje del diseño de las ciencias naturales. Así, por emulación, ni se alcanza lo que aquellas y se arriesga la consistencia y hasta productividad del intento.

En la base de este desajuste, como núcleo de una diferencia que queda mal resuelta –en rigor, disuelta–, en la imposición de un formato único de conocimiento validable como científico o académico, señalo la distinta naturaleza de las preguntas en un campo y otro y los también distintos modos de acceder a ellas.

Si el investigador social busca producir sus preguntas al modo del científico de la naturaleza, según expongo, se extravía inevitablemente y no puede ya retomar el control de su práctica.

Voy a detenerme en este punto centralmente, para luego, al final, señalar un posible regreso al buen camino, o canon, pero esta vez con preguntas producidas de otro modo, traídas de otra parte a lo que supone el formato aludido.

Soy consciente, por obviedad, de la larga data de este asunto[2], pero me atrevo a reponerlo pues parecería que de pronto aquel debate hubiera sido vencido, agotado. Intento volver a pensar la práctica y específicamente pregunto por el sentido de sus preguntas.

1. Las preguntas del naturalista

El investigador de naturaleza encuentra sus preguntas dentro de la disciplina, en la articulación de un eje espacial (la especialización técnica) y uno temporal (la acumulación o progreso del conocimiento). Ambos ejes dan forma a un orden o estructura:

  1. El progreso[3] es una coherencia conducente, hacia adelante, productiva en el tiempo[4]. Es decir, dinámica, que sigue su propia inercia y dirección. Es el avance –esa victoria– de la disciplina sobre el objeto que permanece –conquistado, retenido–.
    Esto es esencial a mi juicio: sus objetos son sistemas, al menos para el registro del observador, estables. Solo sobre ello cabe imaginar la línea del tiempo progresivo en que cabalgan los naturalistas. Un sistema abierto observador (la ciencia) frente a un sistema observado cerrado a su cambio: así cabe la imaginación del progreso –del primero–.
  2. La especialización temática, hija ella también de ese propio proceso, y hasta en progresión abierta, se soporta en relaciones de clasificación fuertes, lógicas, con teorías que pueden señalar cada vez la razón de esas categorías y su potencia o eficacia en el proyecto general de la disciplina. Esto es, como diferenciaciones internas, racionales a un sistema que avanza por diferenciación manteniendo y desarrollando su unidad. Especializado, pero unitario: tras lo simple (por ejemplo un término o definición, concepto, palabra clave, etc.), un texto (donde vienen entretejidos todos los como aquellos).
  3. Entonces, cuando buscan preguntas, siguen a su disciplina dos veces: por los casilleros de la malla temática y por las fases de la línea del tiempo. Puestos en ese cruce, con esas coordenadas espacio-temporales, idean sus preguntas. Así, estas pueden ser vistas, todas, como “lanzamientos” de prueba, como hipótesis, de un mismo observador sistémico o colectivo que puede, como conjunto, volver sobre sus pasos, reunir lo que se separa en el detalle observacional de cada una de aquellas.
    Ocurre, como gustan decir, que van tras el desplazamiento sucesivo de las fronteras del conocimiento, las mismas que han sido puestas en ese mismo camino; pueden, de hecho, logarlo de modo tan frecuente que hasta los legos nos enteramos cada tanto de los avances en ese camino organizado, colectivo.
  4. Eso es lo que explica la relativa simpleza de su planteo y la coherencia en general de sus textos:
    • Las palabras claves, o conceptos, funcionan efectivamente como inscripciones en un texto mayor, disciplinar, en relaciones claras y sabidas, y hasta estratégicas, de distinción y conexión con otros temas, con todos los otros temas, cabe decir. Y tras cada concepto detallado, existen otros de mayor profundidad o alcance.
    • Los estados del arte tienen la lógica, y hasta la diacronía del caso, cuando se trata de participar de un camino unitario a lo universal[5]. Por lo mismo, en el puesto de lanzador de hipótesis, allá en las fronteras del conocimiento disciplinar, parte esencial es conocer efectivamente la secuencia andando de la disciplina.

En fin, el sistema llega donde dice que va, los textos tienen sentido.

No todo ello es de la misma intensidad o claridad en ciencias sociales. Y acaso tenga que ver, como aquí propongo, por la falla de hablar en lengua ajena y arriesgar la coherencia.

2.

a.

Si la investigación social hace así, y se guía a la letra por el esquema espacio-temporal aquí descrito, arriba a preguntas irremisiblemente abstractas y, en rigor, fuera de un tiempo y espacio ordenante como en las ciencias naturales.

Lo que se afecta, a mi juicio, es la cuestión del sentido de la pregunta de la investigación (qué, para qué) y de ahí en adelante se arriesga la dirección de su práctica.

b.

El planteo central es que los investigadores sociales encuentran sus preguntas no dentro de la disciplina, al menos no ordinariamente ni en forma absoluta, sino también, de modo determinante, dentro de su objeto y su proceso.

c.

Así es, al menos, porque a diferencia de las ciencias naturales, el objeto de las ciencias sociales es por definición abierto, en transformación, y no estable como es de suponer en las ciencias naturales, y porque además, en el caso de las sociedades, el conocimiento de sí mismas es parte –y muy controlada, internamente– del propio objeto.[6]

3. ¿Progreso? ¿Estado del arte?

a.

Por lo pronto no puede hablarse de una sucesión progresiva de conocimiento ni tampoco pueden mostrarse avances sustantivos del tipo que los naturalistas exhiben cada tanto –regularidades fuertes, leyes que parecen universales– o sostienen la plausibilidad del intento.

Por eso los estados del arte en ciencias sociales siempre corren el riesgo de poca estructura interna y tienden a degradar a listado de autores y experimentos, pero sin poder tejerse, o destejerse, lo que entre ellos se supone organiza como forma y proceso esa variedad. En vez, quedan como paralelismos, convergencias suaves, cercanas a veces pero no conducentes en una dirección orgánica, acaso más bien como complementaciones o de sumatoria simple[7].

b.

Y la historia efectiva de las disciplinas en ciencias sociales, cada vez, puede leerse mejor que como una historia interna de ellas, como una historia de acople o intentos de ajuste con una sociedad determinada y sus transformaciones.

Digo que la investigación social ha de seguir a la propia sociedad que observa, intentando situarse en sus fronteras y hasta en los intersticios de sus temáticas –sus cuestiones, las cuestiones de la sociedad–.

Y es así que los objetos se desplazan todo el tiempo y, por tal ley, vamos tras ellos más que tras nuestros propios pasos. La ciencia social actual, por ejemplo en México o Argentina, trata de temas y sabe sus cosas no por superación de las previas, sino por un intento de adecuación a los procesos históricos correspondientes a sus sociedades. Esta forma no es en nada compatible con el canon naturalista y revela la intraducibilidad de ambas búsquedas.

c.

Reflexionemos un signo inquietante, propio de las ciencias sociales y en nada conocido en las naturales, y que ya avisa de algo extraño a la cultura del laboratorio. Como se sabe, cualquier estudio, por trivial que sea, debe consignar los acontecimientos pertinentes y relevantes que hubieran ocurrido en la sociedad que está observando durante el terreno. Esto es, señalar posibles contaminaciones del dato por asuntos contingentes y contextuales. Como si existiera un dato puro[8] que la sociedad ensucia con sus procesos continuos, con sus intervenciones.

Digo que aquella seña del contexto debiera generalizarse o radicalizarse en su sentido: el objeto, en la investigación social, se está siempre reformando, y se está siempre interviniendo. Observar una sociedad entonces es observar una sociedad que está cambiando y que se está interviniendo para ese cambio.[9]

d.

Convendría girar, cuando se buscan preguntas, de la malla disciplinar y sus temas al contexto y sus cuestiones. De estas han de salir las preguntas y, a su vez, desde estas preguntas, extraídas en dialogo definitorio con lo equívocamente referido como contexto, se podrá luego volver al canon –trabajarlas como variables, discursos o lo que el método quiera y permita con todos los rigores del caso–.

4. ¿Temas? ¿Palabras claves?

a.

Los manuales de investigación, y creo que se acepta en general, invitan al investigador social a iniciar sus diseños seleccionando un tema de su interés. Aquel puede seguir pistas “subjetivas” de cualquier tipo. Dicho tema puede ser cualquiera si es que aquel ya ha sido distinguido como tal por la ciencia respectiva. De ahí a las pablaras claves –categorías, conceptos– hay paso breve.

Planteo que ese modo es de alto riesgo para el sentido de la pregunta, de la investigación. Los temas no los pone la disciplina ante sí misma, sino cada vez, en su historia, la sociedad que estemos observando. Los temas se captan de la calle[10], y no de la propia academia. Es atender a la sociedad y tratar de posicionarse en el lugar donde puedan formularse, precipitar sus preguntas, captarlas y trabajarlas, luego, en el canon compartido.

b.

Por esos las palabras claves no terminan de funcionar como en las ciencias naturales. En ciencias sociales, aquellas no pocas veces son categorías propias de los actores sociales (educación, trabajo, seguridad pública, etc.) y por lo mismo no tienen tras sí un entramado lógico o cognitivo como en el caso de las distinciones internas del observador de naturaleza. Si se juntan, es por estrategias de gobierno de la sociedad y no como dispositivos de observación académica. Otras veces son conceptos híbridos (movimientos sociales, resiliencia, nuevas clases medias, etc.) o bien nociones de alta abstracción y ancladas en teorías de escuela que tampoco regresan a una sociología general unitaria (representaciones, territorios agrarios, discurso político, género, envejecimiento, discriminaciones, etc.).

c.

Planteo que la palabra clave es habitualmente la omitida, y que en esa omisión se juega un olvido sustancial Aquella “llave” del estudio no puede ser sino la sociedad que se está observando, esto es lo que llaman como resto “el contexto” o, cuando más, “el caso”.

No se trata de estudiar un mismo tema en múltiples casos –cualquieras, con la pretensión del laboratorio que homogeniza las contingencias para permitir observar las reglas puras de la cosa–, sino de estudiar cada vez los temas de ese caso, en ese momento. Esto es, los casos son los temas, y si cabe consignar una modulación temática de la observación, es indicando qué de aquella sociedad resulta pertinente de observarse.

d.

La idea misma de palabras claves, o de temas, pareciera indicar la existencia de una ciencia social unitaria, universal. Por lo mismo no aplica aquí la ley una ciencia, una lengua, ni tampoco hay trazas de una ciencia general, como una sociología general[11], por ejemplo, que organice de una vez toda la variedad de asuntos y perspectivas que habitualmente se engloban o hasta se apilan como la tal ciencia base.

Hay, por su razón, sociologías en distintos idiomas (lingüísticos) y con distintos discursos y preguntas (sociales), según las también distintas sociedades que se observan.

5. Dónde están las preguntas

a.

Ni espacial ni temporalmente tiene el investigador social las coordenadas para tomar posición de pregunta. Debe iniciar un trabajo más largo para llegar al punto aquel y resolver por esta vía la indeterminación disciplinar.

Siendo que las ciencias sociales no persiguen leyes universales, no pueden orientarse al modo del que sí las busca y ha diseñado un sistema para intentarlo (la ya dicha especialización temática y su proceso, el progreso).

b.

Se trata, en cambio, de formular –ajustar– cuestiones que apunten a caras o temas de sociedad en las que, así enfocada, esta resulta revelada, analizada, respecto a algún asunto gravitante en su estructura y/o en su proceso en curso.

La potencia científica de la pregunta radica precisamente en la intensidad en que revela la forma (estructura) y precipita los procesos (historia) de la sociedad que se está observando.

c.

La sociedad, cambiante, contrahecha, es siempre más que su positividad y actualidad. Está en el tiempo, siendo y dejando de ser, y en su estructura, la que es y lo que niega. La investigación social puede ser vista como un intento de analizar esa distancia, de interpretar ese desconocimiento de la propia sociedad sobre sí, de lo que bulle como cuestiones latentes que aparecen, patentes, una y otra vez. Son los temas, ahora sí, de la propia sociedad: esto es, lo que no puede, de un modo u otro, dejar de tramitar, reconocer/desconocer, intervenir.

d.

Las mejores preguntas en ese sentido son las que resultan de un entendimiento o sensibilidad tan afinada respecto de la sociedad observada (“el contexto”) que permite, en vez de ir tras ella[12], saber dónde ha de aparecer e ir desplazando el observatorio- campamento con el proceso de su objeto; esto es, cuando el objeto es esencialmente la transformación del objeto y el investigador va ligeramente anticipado. En esos casos, seguir los acontecimientos sobre el objeto, durante la investigación, se transforma en parte esencial de la investigación. Como si el primer orden del objeto –la realidad social en estudio– estuviera siendo afectado por una transformación, con mayor o menor consistencia, en el segundo orden –los actores sociales, la construcción social de la realidad–.

e.

En vez de seguir al que se orienta hacia sus leyes universales, el investigador social puede intentar seguir a la sociedad que observa cada vez[13]. Es tras ellas que se van produciendo los cambios en la propia disciplina, y no tras sí misma y sus descubrimientos progresivos.

No es posible estudiar, académica o científicamente, cualquier tema sin tener una visión compleja de la formación, estructura, transformación y tendencias actuales de la sociedad respectiva. Es sobre ese conocimiento que cabe situarse, buscando preguntas, para indagar posibles haces sobre la oscuridad restante, siempre nueva por lo demás y, paradojalmente, haciendo resonar antiguas cuestiones que hablan, complican, a la sociedad aquella desde sus orígenes.

6.

a.

Lo que se ha intentando plantear hasta aquí no puede interpretarse como una crítica, o distancia, respecto de las metodologías de investigación y sus rigores. El método no está en cuestión y la cuestión no es por el método. La cuestión es el sentido de la investigación y este se juega en la razón de la pregunta y los modos de acceder a ella.

Tampoco es asunto de oponer generalistas a especialistas. La diferencia es más bien entre el conocimiento abstracto y el que intenta entender contextos que se producen a sí mismos, esto es, formas concretas, totales, en desarrollo.[14] Pues acaso ese es el precio mayor que se ha terminado pagando por el reconocimiento institucional de la cientificidad para las ciencias sociales: dejar de observar las sociedades. Y el asunto es doble pérdida, pues la sociología no sabe ya qué está haciendo y la sociedad se queda sin el que, por oficio, había de mirarla.

b.

Termino sugiriendo un complemento a los sucesivos cursos de metodología de investigación: formar al investigador en un lenguaje básico que a) describa y problematice la sociedad que observa, desde su formación u origen, su etapa y su transformación en curso y b) permita un dominio de la tradición de la investigación social respectiva. Propongo que puestos en ese saber basal, cabe intentar formular las preguntas con potencia analizadora

En suma, compensar el tropismo universalista-unitario de concebir la disciplina como en los naturalistas, y aceptar la pluralidad y mutabilidad constitucional de las ciencias sociales, precisamente por llevar de tarea atender y conocer procesos sociales distintos y en marcha. Son esas conjunciones o totalidades –desde los Estado nación a cualquier comunidad u organización– las que portan cada vez su propia cuestión sociológica –aquella que los revela pues los muestra en sus pendientes–.

Practico una ciencia social que parte una y otra vez de su objeto, y solo entre idas y venidas de este, recorre su propio saber disciplinar.

Sin contexto no hay sentido: es el texto donde vienen, entre líneas, entre tiempos, las preguntas cargadas de sociología.

Referencias bibliográficas

Adorno, Theodor W. y otros. La disputa del positivismo en la sociología alemana. Barcelona: Grijalbo, 1973.

Bellei, Cristian. “Diseño de investigación social en educación”, en Canales M. (coord.), Investigación social. Lenguajes del diseño. Santiago: LOM Ediciones, 2014.

Canales, Manuel. “El diseño de investigación en perspectiva ideográfica”, en Investigación social. Lenguajes del diseño. Santiago: LOM Ediciones, 2014.

Corominas, Joan. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Madrid: Editorial Gredos, 1987.

Dilthey, Wilhelm. El mundo histórico. México: Fondo de Cultura Económica, 1944.

Gell-Man, Murray. El quark y el Jaguar, aventura de lo simple y lo complejo. Barcelona: Tusquets, 1994.

Ibáñez, Jesús. El regreso del sujeto. Santiago: Editorial Amerindia, 1991.

Ibáñez, Jesús J. Nuevos avances en la investigación social: la investigación social de segundo orden. Barcelona: Antrophos, 1990.

Weber, Max. Ensayos sobre metodología sociológica. Buenos Aires: Amorrortu, 1973.

Wrihgt Mills, Charles. La imaginación sociológica. México: Fondo de Cultura Económica, 2003.


  1. En su base está la presentación realizada en la Universidad de Cuyo, con ocasión del V Encuentro Latinoamericano de Metodología de las Ciencias Sociales (ELMECS) en noviembre de 2016. Parte del planteamiento lo desarrollé en: Canales, M., “El diseño en perspectiva ideográfica”, Lenguajes del diseño, 2014.
  2. Hay dos versiones, la clásica, que distingue las ciencias de la acción o del espíritu –en la tradición que va desde Dilthey (1944) a Weber (1973) y la fenomenología– y la que opone la forma compleja de lo histórico al intento de su aproximación positivizada, por ejemplo en los planteos de Adorno y otros (1973) o, en otra vertiente, de Wright Mills (2003) contra lo que llamó, certero, empirismo abstracto. Mientras la primera disputa parece resuelta en favor de la diferencia –y de ahí la aceptación final de la metodología cualitativa, afin a esa sociología de la interpretación o la comprensión–, la segunda parece resuelta en favor de la no diferenciación –y de ahí lo que origina este texto: la pretendida homogenización del diseño en ciencias sociales a su forma naturalista–. Lo que se aceptó metodológicamente se censuró epistemológicamente –el sentido de las preguntas– (Ibáñez, 1991).
  3. De gres, grado, gradería o escalón. El progreso siempre es ascendente. (Corominas, 1987).
  4. Producción, de ducce –tirar, arrastrar– y pro –adelante–: tirar hacia adelante, arrastrar algo hacia delante. (Corominas, 1987).
  5. Según la máxima, una ciencia para cada objeto, y para cada objeto, una ciencia.
  6. Por ello la arqueología presenta, desde este ángulo, un caso opuesto a las ciencias sociales. Su objeto está detenido, como en las ciencias naturales, y puede, por tal motivo, hacer el mismo intento que aquellos. La sociología nace cuando esta vivacidad del objeto llega un máximo, cuando la sociedad no puede detenerse en su transformación. Por eso, si no hemos descubierto leyes universales, sí hemos podido asistir, entendiendo, conociendo, una sociedad que se desconoce a sí misma todos los días.
  7. Es el “compilado” o cualquier forma que tome la noción de pila: suma sin forma, adición de unidades, cantidad.
  8. Laboratorio: un espacio-máquina de la experiencia sin contexto o la percepción pura. Es el ideal por abstracción.
  9. Al decir “la sociedad se interviene” señalo, siguiendo a Ibáñez, que la sociedad es a) la que interviene y b) la intervenida. Pero debe consignarse de renglón que esto viene partido: así, una parte de la sociedad observa e interviene a la otra parte: tal es la madre del cordero en ciencias sociales según el maestro español. Ese origen es el que se olvida en la naturalización de las ciencias sociales (Ibáñez, 1990).
  10. Bellei (2014). La metonimia debe expandirse: la calle refiere aquí a “la sociedad”; y eso significa entonces un conocimiento previo, denso, de aquella; solo quien conoce mucho una sociedad puede escuchar preguntas desde o de sus calles-ahora. En seguida, luego de captar aquello, ha de iniciarse el trabajo de construcción de la perspectiva investigativa con todo lo arduo que el autor de aquel texto domina con maestría.
  11. Los manuales que llevan tal nombre –Sociología o Sociología general o Introducción a la sociología habitualmente son: a) un conjunto solo consonante de entradas posibles, o bien, b) propuestas “de autor” que despliegan cada vez un entendimiento propio y denso, y hasta personal o, cuando más, de escuela. En los segundos hay intención de orden pero ninguna pretensión de universalidad o generalidad; en los primeros se apunta a la generalidad disciplinar pero se queda en generalidades no acumulativas ni tejidas. Así, las sociologías llamadas generales debieran llamarse precisamente no-generales pues, al parecer, aquella aún no se realiza, al menos no en el modo que cabe decir por ejemplo física o biología generales.
  12. Investigar: seguir los vestigios, huellas. Huella: hoya, hoyo que deja el pie, el paso de algo-alguien, en la superficie o campo respectivo.
  13. Y a los que vienen siguiendo antes o junto a él a sociedades como aquella. Así se va tramando otro arte, organizado esta vez por entradas convergentes sobre una misma o cercana sociedad: una ciencia social no “unitaria” y necesariamente plural en sus teorías y lenguajes.
  14. Si no se es especialista en un tema de la ciencia universal, sí ha de disponerse un conocimiento total, exhaustivo, multidimensional, del estado del arte sobre la sociedad en observación.


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