Llegados a este punto, volvemos a plantearnos la misma pregunta que dio inicio a nuestra investigación: ¿es pertinente analizar la creación, puesta en valor y puesta en estado público del Archivo Histórico de RTA como un proyecto de carácter político? ¿Puede ser leído como una política específica de democratización de las comunicaciones? Encontramos muchas razones para responder afirmativamente esta pregunta. Entre ellas, al menos cuatro nos parecen las más relevantes.
Porque es un archivo
En la introducción a este trabajo señalamos que uno de los principales aprendizajes que nos dejó este recorrido es que todo archivo es político. Como ya hemos mencionado, la actividad de los archivos está profundamente vinculada a la construcción de la memoria. Ese gesto que recorta un fragmento de la realidad para convertirlo en documento es el primer paso en la escritura de la historia (De Certeau, 2006). Esa acción es decisiva, no solo en la tarea de los archivos sino –por sobre todo– en la labor de los historiadores ya que implica decidir qué se ha de conservar. Y esto resulta crítico no tanto por lo que selecciona, recorta y separa, sino por ese fondo que se excluye, se elimina y, finalmente, se olvida.
Esta facultad de los archivos de decidir sobre la conservación y la destrucción del pasado (¿sobre la vida y la muerte?) es evidentemente fuente de poder. Y cuando hay poder, hay disputa. Dice Edmondson:
La pasión, el poder y la política son tan inseparables de los archivos audiovisuales como los son de las disciplinas más antiguas relacionadas con la recopilación de documentos. El deseo de proteger la memoria convive con el deseo de destruirla. Se ha dicho que ninguna persona y ninguna fuerza pueden abolir la memoria, pero la historia demuestra, y nunca de forma más contundente que en los últimos cien años, que la memoria se puede deformar y manipular y que sus portadores están trágicamente expuestos al olvido y a la destrucción premeditada. (Edmondson, 2004: 6)
La materia con la que trabajan los archivos es el pasado. Son documentos escritos, imágenes, piezas audiovisuales, objetos que selecciona, acopia, organiza, conserva y preserva. Sin embargo, lo que vuelve político el trabajo de un archivo –político en tanto implica el ejercicio de un poder– no es lo que obra sobre el pasado sino su capacidad de influir sobre el presente para construir determinados futuros. Y el ejercicio de este poder está atravesado por intereses y valores en conflicto que pugnan por cargar de sentido a la realidad, un sentido que también es orientación, es rumbo. Edmondson pone de manifiesto la complejidad que la dimensión política agrega a la labor de quienes trabajan en archivos:
(…) la conservación del pasado y el acceso al mismo es una afirmación de valores y, como tal, un punto de vista. Dicho de otro modo, se trata de una actividad esencialmente política. Los debates de ámbito profesional y el historial de destrucción deliberada del patrimonio que arroja el siglo pasado dejan fuera de duda que siempre habrá quienes, por diversos motivos, traten de suprimir o destruir lo que se ha conservado. Los archiveros hacen frente sin descanso a la dimensión política de la selección, el acceso y la conservación y a los dilemas éticos que estas cuestiones plantean. La supervivencia del pasado está continuamente a merced del presente. (Edmondson, 2004: 70)
Comprendimos, a lo largo de nuestro análisis, que esta dimensión política que señala Edmondson se manifiesta en el AH en cada una de sus funciones. En lo referido al acopio, vimos en acción el gesto de convertir en documentos esas imágenes que fueron producidas para ser emitidas por televisión, para ser efímeras e, incluso, para ser desechadas, olvidadas, abandonadas. Esta operación les asignó un nuevo valor, un valor histórico y social, las emancipó del ámbito de circulación para el que fueron pensadas y las convirtió en huellas de nuestra historia reciente.
En relación con la catalogación, pudimos ver cómo la organización del archivo estuvo vinculada con la forma de concebirlo. Al asignar un valor social y cultural al acervo, los contenidos se dispusieron en la web de forma simple, con categorías sencillas, acompañadas de textos de contexto para ampliar el tipo de usuario posible.
En cuanto a preservación, el valor político de determinados contenidos, como las cadenas nacionales o la cobertura de la guerra de Malvinas, fue tenido en cuenta al momento de asignar prioridades en el proceso de digitalización ya que entendían que contribuyen a construir ciudadanía.
La elección de YouTube como espacio donde alojar los videos y como canal (alternativo) de difusión puso de manifiesto que hubo desde el inicio una fuerte apuesta por alcanzar a un usuario masivo. Desde la perspectiva del Archivo Histórico, el acceso no fue pensado solo en términos de difusión, sino también como forma de poner en valor el archivo y, por lo tanto, de preservarlo. Fue la puesta en práctica de la consideración de que los acervos que se ponen en circulación aumentan su visibilidad pública y, por tanto, su valor social. Y es justamente en el acceso donde todas estas ideas confluyen. La comprensión de que el acervo del canal tiene valor en tanto forma parte del patrimonio histórico y cultural del país y, por lo tanto, pertenece a toda la sociedad, fue el eje de trabajo y la razón de ser del acceso abierto y gratuito a través de Internet.
Porque gestiona el acervo de Canal 7
El Archivo Histórico tuvo la particularidad de gestionar el acervo audiovisual de Canal 7, hecho que, por varias razones, lo hace único. Se trata del primer canal de televisión del país, el único canal público de televisión abierta y de alcance nacional que transmitió en forma ininterrumpida desde su creación. Y, por sobre todas las cosas, un canal perteneciente al Estado nacional. Esta relación estrecha con el Estado, con los gobiernos de turno y, en definitiva, con la política, define su singularidad. En la web Archivo Prisma se ponía de relieve (y en valor) esta condición, expresando que:
La historia de los materiales audiovisuales y sonoros que componen el Archivo Histórico de RTA refleja, con más o menos velos y distorsiones, las vicisitudes de la vida de la Argentina. En particular, del Estado en su relación con la sociedad, en tanto se trata de señales que de él han dependido sin interrupciones y que pretendieron interpelar al conjunto social.”[1]
El vínculo del canal con el Estado y con la política es entonces lo que hace excepcional y por lo tanto valioso (y político) al acervo del Archivo Histórico; y ha sido, al mismo tiempo y en reiteradas ocasiones, motivo de su destrucción. Gobiernos democráticos y dictatoriales se han sucedido dejando su impronta en el Estado y en el canal, que fue un instrumento de comunicación fundamental para construir consensos. Javier Trímboli destaca acerca de la relación entre el canal y el Estado que:
El Canal 7 y la Radio Nacional han sido siempre canales públicos muy ligados al Estado y a las gestiones, a los gobiernos. Casi siempre son espacios de enunciación que cargan con la marca de cada uno de estos gobiernos. Lo que el Estado y cada uno de estos gobiernos en cada uno de estos momentos desearon enunciar. Por lo tanto tienen una variabilidad muy importante.[2]
La dimensión política del proyecto quedó de manifiesto también al analizar su inserción institucional en el canal. Encontró resistencias (principalmente internas), trabas burocráticas (los catalogadores seleccionados por concurso recién asumieron sus tareas en 2015), disputas de poder y proyectos contrapuestos. También se vio limitado por esa pregunta no resuelta acerca de a quién pertenecen estos materiales. La falta de un criterio unificado y una correlación de fuerzas que no terminó de ser del todo favorable menguó las posibilidades de construcción del AH.
Porque es parte de una Política Nacional de Comunicación
Consideramos que la iniciativa del AH fue una política de comunicación que se propuso como objetivo democratizar el acceso al acervo. Fue una política impulsada por el Estado, una política destinada a la reconstrucción de la memoria y la revisión de la historia reciente de nuestro país:
(…) después de la última dictadura y, un poco más, después de la crisis de 2001 se le empieza a adjudicar a la memoria un lugar fundamental en la trama de nuestra cultura, entendiendo que tanto el presente como el futuro están a ella ligados. Mutación en la valoración del pasado que, con la diferencia de algunos años, ocurrió en distantes geografías y culturas. (…) un proyecto que está destinado a abastecer a la memoria de los argentinos de imágenes que los harán más dueños de su pasado y entonces también de su futuro.[3]
Esta democratización del acceso al archivo puede pensarse como una forma de ampliar los niveles de la democracia. Pittaluga propone esto a través de una serie de preguntas retóricas:
Si el archivo atañe a las relaciones que una sociedad puede establecer con su propio pasado y sus posibles futuros, entonces, como sugiere Derrida, ¿las políticas de archivo no podrían ser consideradas uno de los índices de la democratización efectiva de la sociedad? ¿La expansión de los fundamentos democráticos de una sociedad no podrían medirse por la participación y el acceso al archivo, a su conformación y a su interpretación, pues allí residiría parcialmente la posibilidad de reflexionar sobre lo que ha sido y proponer los rumbos deseables? (Pittaluga, 2006: 200)
Es importante destacar también que el Archivo Histórico cobró entidad jurídica con la sanción del Decreto 378/2013. En el texto del decreto puede leerse como título “Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual”, hecho que da cuenta de que la iniciativa del AH se enmarcó en un proceso más amplio que incluyó otros proyectos que fueron contemporáneos como Argentina Conectada y Conectar Igualdad, de los que dimos cuenta en el capítulo 2, en el apartado “Ley 26.522: un cambio de paradigma en las Políticas Públicas de Comunicación en la Argentina”.
Porque es una iniciativa generada por un proyecto político
La creación del AH fue un hecho político con una clara identificación partidaria. Así como resulta imposible aislar al proyecto del contexto histórico en el que tuvo lugar, sería también imposible e incluso incorrecto desvincularlo del movimiento político que le dio impulso. Fue durante las presidencias de Cristina Fernández de Kirchner cuando se desarrollaron distintas iniciativas orientadas a incrementar el acceso a los bienes culturales, entre los cuales encontramos a los archivos, como parte de un programa político más amplio que buscaba promover la inclusión en distintos ámbitos de la sociedad.
La inauguración de la plataforma web Archivo Prisma en octubre de 2015 fue un acto político. Un acto de gobierno. Acto que se llevó a cabo en el mismo canal, con la presencia de trabajadores y directivos de la TV Pública, periodistas, artistas y demás figuras de la cultura, los medios y la política. Estuvieron presentes y fueron destacadas por los oradores las Madres de Plaza de Mayo, referentes de la lucha por la búsqueda de memoria, verdad y justicia en la Argentina. Del acto participó la entonces presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, que se conectó por videoconferencia desde la Casa Rosada. Había un escenario y había cánticos.
La transmisión abrió con la voz de la locutora oficial, que presentó al proyecto subrayando su carácter democratizador:
Y seguimos hablando de inclusión. Hoy vamos a compartir un hecho histórico que profundiza sin dudas la democracia. Hablamos del Archivo Histórico de Radio y Televisión Argentina, que fue creado por decreto de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y tiene como objetivo el ordenamiento, la preservación y la puesta en estado público del material audiovisual y sonoro. El mayor archivo audiovisual del país, que permite garantizar así el libre acceso de todos los ciudadanos al patrimonio del pueblo argentino.[4]
La retórica del acto fue política, se habló de inclusión, de pueblo y se recordó aquella primera transmisión del canal en la que Eva Perón dio su último discurso. Se volvió todavía más evidente la naturaleza política del proyecto cuando, apenas 2 años después de su lanzamiento, la gestión de Cambiemos dio de baja la página web Archivo Prisma.
El fin del proceso democratizador
Cuando empezamos a escribir esta tesina lo hicimos en presente. El proyecto estaba naciendo, lo vimos crecer, nos entusiasmamos pensando propuestas que pudieran aportar algo al proceso que se estaba desarrollando. Ahora, al escribir las conclusiones, lo hacemos el pasado. El Archivo Histórico, tal como lo conocimos, ya no existe. Existe, sí, un área dentro de Canal 7 que se llama Archivo Histórico RTA, que ya no tiene nada que ver con el proyecto que se propuso recuperar, poner en valor y en estado público el acervo audiovisual de Canal 7. Ese proyecto ya no existe porque, sin la fuerza democratizadora que lo impulsó, no puede existir.
Cuando Mauricio Macri ganó las elecciones del 22 de noviembre de 2015, había pasado menos de un mes del acto de inauguración y el lanzamiento oficial del sitio Archivo Prisma. En enero del año siguiente cambiaron las autoridades de RTA y del canal, siguiendo con una vieja tradición: el canal estatal tiene más de gubernamental que de público. Mediante el decreto 156/2016 de enero de 2016 se designó al cineasta Miguel Pereira en reemplazo de Tristán Bauer. Trímboli cuenta que en reiteradas oportunidades pidió reunirse con las nuevas autoridades pero fue con mucha dificultad, lo que implicó un freno de hecho al proyecto. “Yo le pedía reuniones todas las semanas, me recibió por primera vez cuatro meses después de asumir. Y después, lo que hizo, fue mandar una especie de interventora en el mes de septiembre, Eugenia Izquierdo”.[5] Luego de meses de tensión y una situación en la que Javier Trímboli todavía estaba a cargo pero ya no tenía poder, decidió renunciar. Recuerda que el trabajo común fue imposible: “Ella detestaba la página, detestaba todo el trabajo que hacíamos nosotros con las redes, detestaba que se coloque en estado público.”[6]

A principios de 2017 Javier Trímboli renunció al cargo de coordinador del Archivo Histórico y asumió en su lugar Eugenia Izquierdo, quien ocupa el cargo hasta la actualidad. Pocos meses después del cambio de gestión, en diciembre de 2017, la página web Archivo Prisma fue dada de baja, con la consecuencia principal de que el Archivo Histórico dejó de estar accesible para la sociedad. La página www.archivoprisma.com.ar fue reemplazada por www.archivorta.com.ar y el acceso a los videos quedó restringido. Hay en la nueva web una solapa de “servicios” en la que indican, entre otras cosas, que “para fines didácticos, recreativos y de investigación los usuarios disponen de una selección de las colecciones de RTA accesible para su visionado remoto”.[7] Al momento de escribir estas líneas, no hay ningún material que pueda ser visualizado desde la página, ni se explica cómo está compuesta la selección a la que hace referencia, ni con qué criterios se realizó. Durante 2018 hicimos varios pedidos de información a través de la solapa de “contacto” de la nueva web; en ningún caso tuvimos respuesta.
Durante la visita al canal del 7 de junio de 2018, participamos de una charla con las nuevas autoridades del Archivo Histórico. Allí se mencionó que la página Archivo Prisma fue dada de baja y que los contenidos digitalizados serían migrados al nuevo sitio. Izquierdo señaló que están siendo migrados y que, si no están disponibles, es porque fueron dados de baja por un problema de derechos. Para ejemplificar su posición, contó: “El lunes vino un señor pidiendo una copia de una película que transmitimos la semana pasada y no se la dimos. Me encanta que lo pidan pero no les voy a dar ni acceso remoto ni DVD porque se viola el derecho para emitirla en el aire. De última, les paso un mail o un acceso adicionado.” [8]
Durante la charla, no se dieron argumentos que justifiquen el cierre. Sus opiniones fueron transmitidas por gestos, frases al pasar como “un desastre lo que estaban haciendo” y risas burlonas al mencionar las consultas que reciben por parte de la comunidad, como el caso de un ex combatiente de Malvinas herido, que fue entrevistado por el canal durante el conflicto bélico. Al insistir con las preguntas, el clima se puso tenso e Izquierdo cambió de tema. Vale señalar que en ningún momento de la charla fue pronunciada la palabra democratización.
Otro fuerte cambio tuvo que ver con que las nuevas autoridades se comprometieron a que la nueva política de gestión de contenidos implicara “ofrecer acceso remoto, libre, gratuito, y sin restricciones geográficas” pero aclararon que “la cesión de los archivos a terceros puede darse exclusivamente con el objeto de emitir fragmentos en nuevas obras, con la obligación de que se cite la fuente y se abone la tasa correspondiente”.[9]
Cambió la página web. Cambió la política de acceso. Cambió tanto que dejó de ser. También el logo, que abandonó los colores de la bandera argentina, su forma de escarapela con la A de archivo a modo de sol (que ilumina) para dar paso a un laberinto. Curiosa elección la de un espacio en la que los seres humanos están condenados a perderse, a nunca encontrarse; símbolo tan borgeano, como aquella biblioteca infinita que imaginó “iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta”.[10]
- Página web Archivo Prisma.↵
- Trímboli J. en “Caminos de Tiza” (21 de noviembre de 2015), canal institucional de La TV Pública en YouTube. [En línea] [Fecha de consulta: 7 de enero de 2019]. Disponible en: https://bit.ly/3wE2g58.↵
- Sitio web Archivo Prisma.↵
- Acto de inauguración del Archivo Histórico.↵
- Trímboli, comunicación personal. Entrevista 8.↵
- Trímboli, comunicación personal. Entrevista 8.↵
- Página Archivo Histórico RTA.↵
- Izquierdo, comunicación personal. Entrevista 4.↵
- “Archivo histórico de RTA: acceso restringido” (6 de diciembre de 2017). Página 12. [En línea] [Fecha de consulta: 19 de febrero de 2019]. Disponible en: https://bit.ly/3c0by1B.↵
- Borges, 2007.↵






