La historia de este Atlas se remonta a junio de 2022, a poco de haberse publicado los resultados del último Censo Nacional Agropecuario (CNA), momento en el que los docentes de las asignaturas Geografía Rural, Política y Economía de los Recursos Naturales y Cartografía, de las carreras de Profesorado y Licenciatura en Geografía (Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Río Cuarto) decidimos realizar un análisis detallado de los resultados de los Censos Nacionales Agropecuarios de los años 1988, 2002 y 2018, para la provincia de Córdoba, que pudiera ser expresado a través de distintos mapas. Nos convocaron en esta tarea diversos objetivos: generar material educativo intercátedra que pudiera ser analizado y trabajado en distintos espacios académicos de los diversos niveles educativos, espacios desde los que recurrentemente se demandan estudios situados que permitan trabajar con estudiantes los distintos procesos socio-territoriales que acontecen en nuestra región, procesos que para su análisis requieren ineludiblemente de datos como los que aquí se presentan y analizan. Por otro lado, también es nuestro objetivo que este Atlas contribuya al diseño de políticas públicas e institucionales de todos aquellos actores sociales que de una u otra forma se vinculan al mundo rural.
Para poder llevar adelante este proyecto generamos un esquema de trabajo continuo y colaborativo, que tuvo como ejes fundamentales:
- el análisis detallado de los datos contenidos, para la provincia de Córdoba, en cada censo, contemplando también la escala de análisis para discernir qué datos están disponibles a escala departamental;
- la comparabilidad de los datos, tomando como base el CNA 2018;
- el tratamiento estadístico de los datos;
- el tratamiento cartográfico, el cual incluye los criterios adoptados para la construcción de los mapas atendiendo de manera integral a toda la obra;
- el posterior análisis del tratamiento estadístico y cartográfico.
Con relación a los dos primeros puntos surgieron distintas observaciones que se hace necesario advertir aquí. En primer lugar, los tipos de datos relevados en los tres censos no siempre fueron los mismos: algunas variables dejan de ser relevadas y otras comienzan a serlo. Esto en sí mismo es un aspecto interesante que abre puertas para indagar sobre los procesos de transformación acontecidos en la actividad agropecuaria desde diversas aristas, más allá incluso de lo que hemos fehacientemente tratado y analizado en términos estadísticos y cartográficos. Por ejemplo, en los CNA 1988 y 2002 se relevó el tipo de arado convencional (reja y vertedera y disco), la labranza vertical y la labranza mínima, lo que se discontinuó en el censo de 2018; en el mismo sentido, la superficie sembrada en siembra directa comienza recién a relevarse a partir del censo de 2002, ya que anteriormente no se utilizaba esa práctica, o la introducción de nuevas prácticas agrícolas asociadas a distintas estrategias de manejo de suelo, uso de semillas transgénicas o aplicación de ciertas tecnologías no serán relevadas hasta el censo de 2018. Como anunciamos, estos cambios en sí mismos ya son datos que brindan información sobre los procesos de transformación productiva, tecnológica y territorial, procesos que en un Atlas de este tipo no logran ser recuperados de manera acabada.
Vinculado a lo anterior y en segundo lugar, la discontinuidad de ciertos datos y/o la introducción de nuevos relevamientos nos llevaron a tener que tomar un criterio uniforme para su tratamiento e incorporación en este Atlas. En este sentido, nuestro punto de partida ha sido el censo del año 2018 y todos los datos analizados y representados en esta obra son, por un lado, de censos anteriores que tengan comparabilidad con este y, por otro lado, cuando esto no es posible, solamente se consideran los que han sido relevados en el año 2018. En otras palabras, no se incorporan mapas –ni, por tanto, análisis– vinculados exclusivamente a los CNA de 1988 y/o de 2002.
Con relación al tratamiento estadístico, se buscó aquel que pudiera ser aplicado a la totalidad de los datos analizados. Así, se estimó la variación intercensal cuando se dispusiera de las mismas variables en distintos registros censales. Por otro lado, se calcularon dos tipos de participaciones relativas para cada dato: a nivel departamental y a nivel provincial. Por ejemplo, para el caso de un determinado cultivo, se calculó cuál era la superficie cultivada con este sobre el total de la superficie cultivada (en general) a nivel departamental y, por otro lado, cuánto aportaba cada departamento con este cultivo sobre el total producido en la provincia. Por último, en aquellos casos en que fuera posible y, además, conveniente, se realizaron otros tipos de tratamientos estadísticos: en algunos casos se presentaron datos expresados en promedio (por ejemplo, de cabezas de ganado) y, en ocasiones, también se estimó la evolución intercensal de dicho promedio; en otros casos, se recurrió al cálculo de algunos índices que permitieran mostrar con más claridad el comportamiento de las variables. Esta última fue una estrategia utilizada especialmente para el caso de los datos de población (se calculó, por ejemplo, el índice de dependencia). En el mismo sentido, para el caso del tamaño de las explotaciones agropecuarias (EAP) se resolvió sumar el cálculo de la recurrencia de EAP de 200 ha por departamento, con el fin de eliminar la distorsión que pueda generar la notable diferencia de superficie con la que cuenta cada jurisdicción de la provincia de Córdoba.
Con relación a este aspecto, otros dos criterios fueron acordados: por un lado, se resolvió tratar estadísticamente solamente aquellas variables que fueran representativas para la provincia; por ejemplo, para el caso de la ganadería se analizan datos sobre ganado bovino, porcino, ovino, caprino y equino, y se obvian los de las restantes especies. Por otro lado, en algunos casos se decidió incorporar dentro de la variable otros a todos aquellos datos que no implicaran al menos el 5% en alguno de los censos tratados, por ejemplo en el caso de las forrajeras anuales cumplen esta condición los cultivos de raigrás anual, sorgo granífero, caupí, vicia, cebada forrajera, entre otros.
También con relación al tratamiento estadístico, se debe advertir que se analizaron los datos de la totalidad de los departamentos de la provincia, con excepción del departamento Capital, por ser este esencialmente urbano.
Por otro lado, hemos procurado tomar un criterio uniforme en lo referido a los casos en los que no hay datos y aquellos en los que el dato es cero. Del análisis minucioso de la totalidad de los censos analizados, no hemos podido definir con certeza si en todos los casos el uso de guiones significa cero o sin datos. Es por ello que, para el tratamiento estadístico y posterior representación cartográfica, se ha considerado que:
- Cuando en el mismo cuadro censal se especifica, para algunos casos, el cero como valor y también se usa el guion, en estos casos se toma al guion como sin datos.
- Cuando en la tabla no hay ningún dato consignado como cero, pero sí hay guiones, estos son considerados como cero.
Fundamenta esta decisión no solo el análisis riguroso de los datos enunciado previamente, sino también las experiencias de trabajo de campo de los docentes que integramos el equipo que diseñó y elaboró este Atlas, así como el conocimiento de ciertas prácticas productivas. Por ejemplo, hay prácticas culturales, tales como el cultivo en curvas de nivel, que se vinculan a paisajes con cierto relieve, por lo que podemos interpretar que en un departamento plenamente ubicado en áreas de llanura un guion no implica sin datos sino la ausencia de dicha práctica. Dada la falta de certeza absoluta sobre este aspecto del relevamiento censal, se debe advertir que las representaciones cartográficas como sin dato o cero pueden contener este error.
Sobre el mismo aspecto indicado previamente y para los datos vinculados al cálculo de Evolución o variación intercensal, cuando en el inicio del período intercensal analizado el dato es cero o está representado con un guion, no es posible calcular tal evolución, por lo que se coloca como sin datos.
Con relación al tratamiento cartográfico, se resolvió trabajar con escalas que permitieran: en primer lugar, representar la variabilidad de datos de la mejor manera posible; en segundo lugar, que la cantidad de segmentaciones de datos para su representación cartográfica no derivara en una multiplicación de colores indistinguibles entre sí; y por último y en la medida de lo posible, que se utilizara la misma escala en todos los casos para facilitar la lectura de los mapas. Sobre este último punto y vinculado específicamente a la evolución intercensal de las distintas variables, puesto que estas presentaban rangos con notable diferencia, se procuró que al interior de cada tema (por ejemplo: cultivos de oleaginosas, tipo jurídico de productor, cabezas de ganado, entre otros) la escala fuera, en la medida de lo posible, la misma para todos los casos. Por último, en aquellos casos en los que observamos que para algunos aspectos analizados en distintas figuras resultaba propicio generar una representación cartográfica que los unificara, se decidió realizar mapas con gráficos de torta que cumplieran con este objetivo. Ejemplo de lo anterior son los mapas 1.50, que representa los tipos de integración contractual a nivel departamental, y el 3.58, que muestra los pesos relativos de la superficie cultivada con distintos cereales, entre otros.
Finalmente, acordamos un esquema de análisis del tratamiento estadístico y cartográfico que se expresara a través de un texto breve en el que se volcaran tanto las generalidades observadas como resultado de tales tratamientos, así como también los aspectos distintivos que ameritaran ser destacados.
De esta manera, llegamos al presente Atlas que contiene 331 mapas, con sus respectivos análisis, agrupados en 7 capítulos, los que implican un trabajo minucioso que abarca un extenso territorio y, a su vez, una amplia escala temporal. Antecede a los capítulos una breve contextualización de las características en términos agropecuarios de la provincia de Córdoba en comparación con lo que acontece a nivel nacional. Luego, la secuenciación de los capítulos respeta la estructura del Censo Nacional Agropecuario 2018. De esta manera, el primer capítulo se titula “Explotaciones y superficie agropecuaria”, el segundo “Régimen de tenencia y uso de la tierra”, el tercero “Agricultura”, el cuarto “Ganadería”, el quinto “Infraestructura y maquinarias”, el sexto “Vivienda, población y mano de obra” y el séptimo “Servicios agropecuarios”.
El trabajo aquí realizado fue posible gracias a proyectos de investigación financiados por la Agencia Nacional de Promoción Científica Tecnológica, por la Universidad Nacional de Río Cuarto y por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas.
Algunos datos acerca de la provincia de Córdoba
Con una superficie de 165.321 km2 la provincia de Córdoba representa casi el 6% del territorio continental nacional, por lo que se ubica en el quinto lugar entre las provincias por su extensión.
En esta superficie se distinguen dos áreas geográficas bien diferenciadas desde el punto de vista ambiental y socio-económico. Por un lado, el sur-sureste, con relieve llano y suelos fértiles, que forma parte de la zona núcleo pampeana, la cual detenta un fuerte desarrollo productivo agrícola-ganadero y una marcada consolidación de las estructuras de poder político y económico. Por el otro, el sector del nor-noroeste, con un relieve serrano y con características climáticas y edafológicas desfavorables para los cultivos anuales de cereales y oleaginosas, con una estructura agraria conformada por grandes estancias ganaderas y por pequeños productores y comunidades campesinas, y con una infraestructura de bienes y servicios deficitaria (Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación, 2023)[1].
Esta diferenciación entre dos zonas tan heterogéneas también se expresa en la escasa cobertura y disponibilidad de datos estadísticos y bibliográficos en el sector extra-pampeano de la provincia.
En el contexto nacional, la provincia de Córdoba posee una manifiesta importancia económica como productora de agroalimentos, ubicándose en segundo lugar detrás de Buenos Aires en la mayor parte de las exportaciones nacionales de productos agrícola-ganaderos.
Para llevar a cabo tales actividades agropecuarias, la provincia cuenta con 11.711.184,1 de hectáreas implantadas para el año 2018, lo que representa el 7,5% del total nacional. Esta superficie es puesta en producción por parte de 20.990 EAP, equivalente al 8,4% de las EAP totales de la Argentina. De la división de ambos guarismos se obtiene que las unidades productivas de la provincia cuentan con un tamaño promedio de 561,7 hectáreas. Cabe destacar, además, que la mayor parte de estas unidades (98%) cuenta con límites definidos. Por su parte, las 359 EAP sin límites definidos se concentran, mayoritariamente, en los departamentos del nor-noroeste, en consonancia con el tipo de estructura social campesina.
En cuanto a la actividad agrícola, la provincia de Córdoba aporta casi el 30% de la producción de granos –soja, maíz, girasol, maní y sorgo– a nivel nacional: para la campaña 2018/2019, de los 141 millones de toneladas en el país, cerca de 42 millones fueron de esta provincia. Para obtener esa producción, se destina a su cultivo una superficie de 6.722.252 de hectáreas, que representa más del 26% de la superficie cultivada con granos a nivel nacional.
A su vez, se puede distinguir entre la superficie destinada al cultivo de oleaginosas, con casi 4 millones de hectáreas (equivalente al 27,2% nacional) y aquella destinada al cultivo de cereales, con 2.800.798,1ha (24,7% del país).
Al interior de estos tipos de cultivos se destaca un fuerte predominio del maíz, el maní y la soja. En estos principales cultivos Córdoba destaca como la principal provincia productora de maní (aporta el 88% del total nacional y ocupa el 79% de la superficie sembrada de maní en el país), así como de maíz (concentra el 32,7% de la producción del país e implica el 34% de la superficie destinada a maíz a nivel nacional). En el caso de la soja, es la segunda provincia productora de este grano, con el 33% del total nacional y el 27% de la superficie sembrada del país.
La actividad ganadera, por su parte, también ayuda a consolidar el papel relevante de la provincia en términos agropecuarios. Se destaca, en este sentido, la ganadería bovina, la cual contribuye con el 9% de las cabezas vacunas del país, y ocupa el cuarto lugar en cuanto a la participación en el stock nacional. Córdoba es también la segunda provincia con mayor producción de tambo del país, con el 32% del rodeo lechero de la Argentina. Asimismo, la provincia lidera la ganadería porcina en el país, con 832.444 cabezas de este tipo de ganado.
Estos números ponen en evidencia la relevancia de la provincia de Córdoba en la actividad agropecuaria del país, y por ende, en la economía nacional.
Departamentos de la provincia de Córdoba
En este Atlas, como hemos señalado previamente, se trabajaron los datos a nivel departamental. La provincia de Córdoba cuenta con 26 departamentos, los que pueden observarse en la figura 1.

Figura 1. Departamentos de la provincia de Córdoba.
Fuente: elaboración propia sobre la base de archivos vectoriales del IGN.
- Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación, 2023. Estrategia Provincial para el Sector Agroalimentario (EPSA). Disponible en: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2023/05/cordoba_2023.pdf↵






