¿Cómo se convierte un hecho policial en noticia? ¿Quiénes intervienen y a partir de qué proceso? ¿Las particularidades locales entran en juego en la producción de la información televisiva policial? Sobre estas preguntas avanzamos de manera común en el proceso de investigación, sistematización y análisis sobre la producción de información policial en canales televisivos emitidos desde la Ciudad de Buenos Aires y desde la ciudad de Córdoba.
Nuestro objetivo fue abordar las prácticas de generación de información televisiva sobre el crimen en la trama cultural más amplia en la que se insertan y de la que forman parte los periodistas, productores y cronistas. A la vez, buscamos reconocer las distintas modalidades de articulación técnica de la producción de significaciones que modifican las lógicas de producción informativa, tanto en lo que hace a su relación con procesos globales como en el vínculo dialéctico (y asimétrico) con las audiencias. Abordar las regularidades en la producción noticiosa criminal implica considerar la naturaleza de los medios, sus formas de comunicación y los modos de producción. En este sentido, sistematizamos las reglas de selección, presentación, organización y reconocimiento de la información, así como los valores y saberes entramados en este proceso. Reconocemos que, en alguna medida, los eventos del mundo necesariamente no crean las noticias, sino que son más bien el resultado de la organización de las tareas periodísticas.
Mediante el abordaje de las lógicas de producción informativa, comprendimos el modo en que los/as trabajadores/as de prensa conciben la noticia policial y las problemáticas sociales a las que alude, así como reconocimos las implicancias de los condicionantes institucionales, temporales, tecnológicos y narrativos mediante los cuales se produce la información policial.
Desde la tarea de campo, realizada durante alrededor de seis meses en 2017 en ambas localidades, identificamos que las noticias policiales son el resultado de un proceso de producción, con similitudes y diferencias. Así, en el caso de Córdoba reconocimos que a pesar de tratarse de tres canales de televisión que compiten por una misma audiencia local –con grandes diferencias entre sí en cuanto a la disponibilidad de recursos, que corresponden a sistemas de propiedad distintos y que han tenido como señales locales trayectorias muy heterogéneas– se vislumbra una significativa convergencia en esas lógicas de producción, que se han ido convirtiendo en pautas que han establecido una suerte de deontología profesional a nivel local. En cambio, en los canales emitidos desde la Ciudad de Buenos Aires identificamos la dinámica que imprime la competencia por la audiencia y las diferencias entre las emisoras de aire y cable en relación con las mediciones de audiencia en tiempo real, así como el impacto de las redes sociales y otros dispositivos tecnológicos en la producción de las noticias.
La estrategia metodológica combinó dos técnicas de recolección de datos: por un lado, observaciones directas en los ámbitos en los cuales los y las periodistas desarrollan su labor; por otro lado, entrevistas semiestructuradas a productores/as, conductores/as y cronistas de calle y a jefes de noticias de las señales estudiadas: Teleocho, Canal 10 y Canal 12 (Córdoba), Televisión Pública, Canal 9, Canal 11, Canal 13, América, Crónica TV, C5N, TN y América 24 (Ciudad de Buenos Aires). Durante los seis meses del trabajo de campo, realizamos 28 entrevistas en profundidad (10 en Córdoba y 18 en medios de la Ciudad de Buenos Aires) y mantuvimos alrededor de 65 charlas informales con musicalizadores, videografistas, camarógrafos, sonidistas, utileros y editores (15 en Córdoba y 50 en la CABA).
En la ciudad de Córdoba avanzamos a partir de contactos previos con los canales y con sus responsables, pero también a través de vínculos personales con periodistas, productores y cronistas. Las observaciones, realizadas durante seis jornadas, tuvieron la misma duración en los dos canales en los que pudimos realizarlas. En estos, el acceso no fue un problema, sino más bien debimos simplemente explicar qué buscábamos y negociar los términos de nuestra presencia. En Canal 12 no pudimos realizar observaciones, porque la dirección del canal no autorizó nuestro acceso, aunque sí entrevistamos a algunos de sus cronistas, productores y periodistas. Estas conversaciones se realizaron fuera del ámbito del canal, ya que existían relaciones personales por investigaciones anteriores; además, los/as periodistas y cronistas de los otros canales nos facilitaron la tarea explicando nuestro trabajo y habilitando los contactos. De manera ambivalente, esta limitación a la hora de conocer los espacios de producción informativa en Canal 12 hizo posible abordar a esos periodistas en otros lugares de trabajo, como la sala de prensa de Tribunales, donde se encontraban con cronistas de los otros canales, y observar la dinámica con distintos actores del Poder Judicial.
En la Ciudad de Buenos Aires el acceso al campo fue por momentos fácil y descentralizado. Al inicio creímos que realizaríamos el proceso de inserción mediante contactos formales con los directivos del canal, algo que no fue posible por las políticas restrictivas de acceso a los canales de televisión de esta localidad. Tuvimos que negociar cada entrada a cada canal de manera puntual y directa con los contactos que teníamos en algunos programas producto de trabajos previos. Así, accedimos de la mano de productores/as ejecutivos/as, productores/as, cronistas, presentadores/as o periodistas de policiales que nos invitaban a presenciar los distintos momentos de generación y emisión de los programas. Esta situación nos permitió, en algunos canales, ingresar en distintas oportunidades por vías diversas y tener múltiples perspectivas. De este modo, pudimos observar tanto las redacciones y los estudios como las salas de control durante la transmisión de los noticieros. Este acceso, por supuesto, no fue sencillo de concretar en todos los canales públicos y privados donde realizamos la investigación. De hecho, en algunos de ellos debimos conformarnos con la realización de entrevistas en profundidad sin poder realizar observaciones.
En términos específicos, en la Ciudad de Buenos Aires realizamos observaciones extensas, durante varios días, en la redacción de noticias de Canal 13/TN (de programas de cable y del noticiero de aire del mediodía) tanto para ver los pisos de las emisiones como las salas de control durante los programas. También estuvimos presentes durante la tarea de un cronista de policiales en el móvil. Lo mismo sucedió en la Televisión Pública, donde observamos emisiones en vivo desde el piso y desde el control, a la vez que nos sumamos sin dificultades a las tareas de trabajadores periodísticos y técnicos involucrados en los informativos del mediodía. También nos integramos sin dificultades en algunos momentos de la producción y emisión de programas de noticias en las señales de cable de C5N y Crónica TV. En todos ellos entrevistamos a periodistas especializados en policiales. En América y América Noticias entramos a las instalaciones para realizar una entrevista, situación que nos permitió conocer el espacio físico de la redacción de noticias, aunque sin poder observar las emisiones ni el proceso de producción. Diferente fue el caso de Telefe y Canal 9, donde entrevistamos a productores ejecutivos de los noticieros sin acceder a realizar observaciones.
Uno de los principales desafíos metodológicos fue la dinámica del trabajo periodístico: los tiempos y las rutinas limitaron, en algunas ocasiones, la concreción de encuentros pautados previamente, ya sea para la realización de entrevistas o para realizar observaciones. Una particularidad, en este sentido, estuvo representada por la dinámica de organización de los móviles diarios en los canales de televisión. Dado que la definición del destino de los cronistas para cubrir notas en vivo se va definiendo sobre la marcha, de acuerdo con la agenda de noticias, la coordinación de nuestra participación también estuvo atravesada por la imprevisibilidad y la inmediatez. Por supuesto, estas definiciones varían de canal en canal según la disponibilidad técnica de cada empresa y las definiciones editoriales de cada medio. Estas cuestiones dependen, en muchos casos, de los recursos disponibles, pero también de negociaciones entre productores de los distintos informativos o, incluso, de los distintos canales que componen un mismo multimedio (por ejemplo, entre un canal de aire y un canal de noticias por cable que comparten recursos técnicos y humanos).
En resumen, la potencialidad de nuestra tarea fue la extensión espacial, es decir, el acceso múltiple a diferentes canales e instancias de producción de los noticieros en un tiempo extenso y sostenido. La limitación del abordaje fue la poca extensión temporal dentro de cada uno de estos canales (donde pudimos pasar como máximo seis tardes) y la imposibilidad en ese sentido de captar con más riqueza las lógicas de producción particulares de cada una de las señales televisivas.
Para analizar las entrevistas nos basamos en las preguntas comunes de investigación y avanzamos sobre las categorías centrales de cada uno de los trabajos de campo. De allí que, como veremos en los próximos dos capítulos, surjan un conjunto de regularidades y diferencias que revelan las particularidades locales de la producción de la noticia policial, así como algunas similitudes alrededor de la producción de la información en general y la propia del género policial.
En términos de las dinámicas de producción en Córdoba, observamos que la información en los tres canales se construye en un único servicio informativo que va trabajando en continuo, a diferencia de la Ciudad de Buenos Aires, donde cada programa tiene una impronta diferente y se producen disputas entre productores. En ambas ciudades, el criterio de noticiabilidad común es la disponibilidad de imágenes. Sin imagen no hay noticia televisiva. También, el olfato periodístico, saber práctico que organiza el hacer cotidiano, define las decisiones arrogándose el conocimiento del gusto de las audiencias y funciona como criterio legitimador cuando se pone en tensión cierto deber ser del trabajo periodístico.
Un tema común es el lugar de las nuevas tecnologías y las redes sociales en la producción de noticias. En la Ciudad de Buenos Aires su uso es parte de la rutina de trabajo en las redacciones, mientras que en Córdoba –dado el carácter más tradicional de las noticias– no se utilizan demasiado, ya que requieren otro tipo de chequeo y carecen de autoridad. En este sentido, es interesante la prioridad en Córdoba del uso de fuentes oficiales (principalmente policiales) y los testimonios que se definen publicables sobre la base de la propuesta de esas fuentes oficiales. Entendemos que la centralidad policial como fuente relativamente confiable, y como voz autorizada en estas noticias, se vincula a un tipo de relación entre periodistas y la institución caracterizado por una cercanía personal y una cotidianidad que se da tanto en “la calle” como en espacios generados por las fuerzas de seguridad (por ejemplo, un grupo de WhatsApp con periodistas de los distintos medios de Córdoba). En la Ciudad de Buenos Aires, por su parte, observamos un desplazamiento parcial desde las fuentes oficiales hacia otras no institucionales. Las tecnologías digitales modifican las relaciones con las fuentes oficiales, pero también se constituyen en fuentes en sí mismas (redes sociales, imágenes de cámaras de seguridad, teléfonos celulares).
Por último, en Córdoba reconocemos una lógica convergente entre periodistas y lógicas de producción de los tres canales, en la cual no solo aparecen criterios compartidos, sino que además no hay competencia ni mayor búsqueda de diferenciación entre ellos. Todo esto, acompañado del supuesto de que la noticia policial es una noticia que intrínsecamente es menos opinable y menos política, ya que tanto los formatos como el tipo de conflictos que construye como noticia naturalizan un modo de abordaje homogéneo y aparentemente más objetivo que otro tipo de información.









