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5 A fondo, de fondo, bajo fondo

Transformaciones de las prácticas informativas sobre inseguridad y las experiencias de las audiencias en Córdoba

Magdalena Doyle, Valeria Meirovich y Susana M. Morales

Introducción

¿Cómo se vinculan las audiencias de la ciudad de Córdoba con la información audiovisual sobre inseguridad? ¿Qué características tienen los procesos de configuración de esas audiencias y qué relaciones pueden establecerse con las particularidades que habíamos identificado en los discursos de la información audiovisual y en las rutinas de producción de esos discursos informativos en esta ciudad? Y, a su vez, ¿qué vínculos hay entre esos consumos de información sobre seguridad y el resto de la experiencia mediática –en particular la informativa–, así como con la producción de sentido en torno a la propia cotidianeidad?

Orientadas por estas preguntas, desarrollamos la investigación sobre los consumos de la información sobre inseguridad en Córdoba a partir de dos técnicas: entrevistas etnográficas y grupos focales. Las entrevistas se realizaron a doce personas de distintos grupos etarios, géneros, sectores socioeconómicos y ámbitos de residencia en la ciudad de Córdoba, que contaron con dos encuentros cada una e instancias de observación participante en la cotidianeidad de los hogares de las personas, y se llevaron a cabo entre diciembre de 2016 y marzo de 2017[1]. A su vez, realizamos seis grupos focales, integrados por personas de ambos sexos que consumieran medios audiovisuales. Se consideraron tres grupos etarios (18 a 25 años, 26 a 45 años y entre 46 y 65 años) y en el interior de esos grupos uno estuvo conformado por personas de nivel socioeconómico medio-alto y otro por personas nivel socioeconómico medio-bajo[2].

Al iniciar la investigación teníamos ya, como punto de partida, algunas hipótesis sobre posibles pistas para seguir. Principalmente, hipótesis respecto de los modos de relación que se establecen con este tipo de contenidos y las mediaciones que atraviesan a esas relaciones: mediaciones tecnológicas, del género y la narratividad específica que caracteriza al policial, así como discursividades sociales que ponen en tensión la lógica hegemónica de representación de la conflictividad social a través de esta información.

Partiendo de esas hipótesis, nos interesó indagar y poner en tensión algunos tópicos instalados sobre la experiencia cotidiana en torno a la seguridad, que colocan a los medios como una variable central a la hora de explicar los sentidos construidos sobre ella. En ese sentido, a lo largo de este capítulo, damos cuenta de cómo en el marco de esta investigación fue posible observar que aquello que define los ámbitos y las situaciones seguras e inseguras es una experiencia que desborda ampliamente lo que se representa en los medios. Asimismo, y en estrecha relación con lo anterior, también se puede identificar cómo en la agenda de los medios continúan estando ausentes las preocupaciones de distintos sectores sociales. Finalmente, aun cuando las audiencias objetan las lógicas de representación mediática sobre las cuestiones securitarias, también reconocen que su visibilidad mediática permite aprender y nombrar ciertos conflictos que de otro modo no tendrían legitimidad social para enmarcar situaciones personales como tales.

Comprender a las audiencias supone reconocer las prácticas de consumo, los usos y sentidos producidos en relación con las propuestas del sistema de medios en el marco de una trama cultural y discursiva más amplia de la que forman parte. De este modo, reconocer las marcas definidas por esta experiencia cultural particular implica ponerlas en vínculo con las narrativas mediáticas y sus sistemas de interpelación, así como con otros discursos con los que se articula, compite y complementa. En ese sentido, la atención depositada en las audiencias permite tanto observar los procesos de modelación mediática de los gustos, sus expectativas e intereses, y la enorme capacidad de los medios de insertarse y organizar la vida cotidiana (Mata, 1997; 2002), como las diferenciales formas de producir sentido frente a esas propuestas y las heterogéneas identificaciones que producen.

En particular, atender a los modos en que se configuran las audiencias en esta trama supone dar cuenta de la centralidad de las tecnologías de la comunicación y la información para la producción cultural en el capitalismo tardío. Aquello a lo que alude la noción de mediatización, en la que esas tecnologías constituyen el ámbito por excelencia de producción de sentido y articulación cultural, multiplicando y complejizando de manera exponencial la producción discursiva de la sociedad y modificando la ontología tradicional de los hechos sociales (Sodré, 1998). En tanto dispositivos que construyen las nociones de lo real, estas tecnologías aportan decisivamente a configurar nuevas formas de experiencia mediada que reorganizan las relaciones sociales, las identidades individuales y colectivas (Giddens, 2000).

Esta matriz se actualiza en diferentes instancias de la vida social en función de articulaciones particulares entre tecnologías y medios con prácticas e instituciones, que son fruto de racionalidades y afectividades específicas y con desigual permeabilidad a la modelación técnica (Mata, 2013; Sodré, 2004; Silverstone, 2004).

En este contexto, nos interesa destacar la dinámica de constitución de las audiencias en su relación comunicativa con los medios que, a su vez, se estructuran en el marco de determinados escenarios mediáticos locales y nacionales históricamente constituidos con específicas y determinadas características. Sin embargo, no solo deben ser comprendidas en el marco de dicho vínculo. Las audiencias también se construyen en el contexto de la vida cotidiana y de su historia.

La condición estructurante de la relación con los medios implica a la vez reconocer el carácter reflexivo y heterogéneo de las audiencias. Esto significa terminar con la formulación binaria que enfrenta el poder de los medios contra el de la audiencia, para reconocer que la circulación de significados incluye no solo la actividad de codificación que articula el sistema de interpelación mediática y la de decodificación por parte de las audiencias, sino también una recodificación por parte de ellas. Así, es posible registrar lo desigual en términos estructurales, pero también el carácter abierto de los procesos de circulación de la cultura (Livingstone, 2019).

De este modo, comprender las experiencias en torno a los discursos mediáticos en general, y en particular las narrativas securitarias en nuestras sociedades y su papel en la configuración de las experiencias de la inseguridad, implica identificar estos procesos de manera integral. No solo nos interesa atender a las formas diferenciales en las que se construye sentido sobre las narrativas mediáticas de la inseguridad, sino su relación con otras prácticas cotidianas y con otros discursos sobre la cuestión securitaria, así como su carácter estructurante sobre otras dimensiones de la vida social en función de lo cual se toman decisiones y se construyen sentidos sobre el orden social.

Sobre la relación entre medios y experiencias de la seguridad

Nuestra búsqueda teórico-metodológica se orientó a articular un conjunto de dimensiones nodales en la construcción del objeto de análisis: por un lado, la centralidad de los medios en las lógicas de producción cultural vinculadas al capitalismo tardío; y, por otro, procesos por los cuales se modifican los umbrales de tolerancia frente a determinadas prácticas y el modo en que la victimización se constituye como una experiencia pública (Garland, 2007; Pitch, 2009) y como imagen identitaria de enorme potencia.

Pero también buscamos reconocer, en la relación entre los discursos mediáticos y las audiencias, la mediación de factores vinculados a las lógicas de producción de contenidos noticiosos sobre la cuestión securitaria: por un lado, las transformaciones tecnológicas que habilitaron nuevos recursos audiovisuales para la narrativización de noticias sobre este tema, pero que también modificaron las condiciones laborales y prácticas cotidianas de los/as periodistas que trabajan sobre este tópico. Y, además, una cuestión que desde la sociología del castigo (Garland, 2007) es convergente con algunos señalamientos realizados desde los estudios de comunicación: la dramaticidad que atraviesa la representación mediática del crimen, que conforma el tono emocional de esa experiencia por su estructura y valores: “Mi punto es que los medios de comunicación se han aprovechado de una nueva experiencia pública –una experiencia con profundas repercusiones psicológicas– dramatizándola y acentuándose y, al hacer esto, la han institucionalizado” (Garland, 2007: 248).

La literatura latinoamericana sobre el tema aborda la recepción de este tipo de información por parte de grupos específicos, aquellos sujetos estigmatizados por la representación mediática: principalmente los/as jóvenes. Tanto Bonilla y Tamayo (1998) como Da Porta (2007) y Vilker (2009) indagan sobre la relación de los/as jóvenes con los medios, y encuentran diferentes modalidades que asume ese vínculo con las narrativas que los medios construyen sobre ellos/as. En la compilación (In)seguridad, medios y miedos: una mirada desde las experiencias y las prácticas cotidianas en América latina (Focás y Rincón, 2016), Brenda Focás analiza las diferentes perspectivas teóricas sobre recepción de medios y temor al delito, para abordar las interpretaciones de los sujetos sobre la información mediática sobre la inseguridad, junto con la legitimidad que les atribuyen a esos contenidos. El reconocimiento del carácter construido de la información, atravesado por los intereses de las empresas periodísticas; las implicancias de la polarización mediática y la confianza en esa información como dimensión central con esos medios, y los usos sociales de este tipo de información son algunos de los tópicos que aborda en esa publicación. En esa compilación, además, se tratan cuestiones como la baja incidencia de la exposición a programas de TV relacionados con el tema (Monckerberb y Valenzuela, 2016), la centralidad de los contextos personales y sociales al decodificar este tipo de información (Dias Schramm, 2016), la recepción en contextos barriales con índices altos de delito en Brasil respecto de la cercanía de los hechos (Polesel, 2016), así como la activación de públicos con capacidad de crítica, denuncia y movilización (Galar, 2016). Luego, la recepción en torno a abordajes sobre tópicos específicos ligados a la inseguridad, como las pandillas (Marroquín Parducci, 2016).

En función de estos antecedentes, abordamos las prácticas y sentidos de las audiencias de la ciudad de Córdoba para comprender diferentes maneras de percibir y experimentar la cuestión de la inseguridad y el modo en que ello se vincula con el consumo de medios de comunicación en general, y de noticias sobre inseguridad en particular, buscando caracterizar el poder y el valor de esos medios de una manera más difusa que directa y causal (Abu Lughod, 2006). Y consideramos tanto aspectos emocionales como cognitivos. Si bien nos concentramos en la información audiovisual, intentamos hacerlo siempre atendiendo a la relación de la información policial con el resto de la experiencia informativa. Por ello, la abordamos en su vínculo con las memorias de los consumos de medios y de información, con las transformaciones en las prácticas informativas y en su articulación con distintas trayectorias y con diferentes ámbitos en los que se desarrolla la vida cotidiana de esas audiencias, así como con otros discursos puestos en juego en esos ámbitos.

Tecnologías, escenarios y rituales: transformaciones de las prácticas informativas de las audiencias

Para comprender el marco en el que planteamos nuestro análisis, tomamos como punto de partida que los consumos audiovisuales se caracterizan por ser múltiples y coexistentes entre medios tradicionales y digitales; simultáneos entre diferentes tipos de medios, pero ordenados y jerarquizados alrededor de la producción de los medios concentrados (Martínez Luque y Morales, 2020).

Una primera cuestión que pudimos identificar a partir del trabajo de campo y el análisis tiene que ver con el reconocimiento de cómo las transformaciones tecnológicas, normativas y del mismo entorno mediático e informativo han modificado los lugares, tiempos y rituales de consumo. La ubicuidad de la información, habilitada por los dispositivos digitales y la ruptura con la temporalidad de la programación de los medios como organizadora de los consumos, así como la preeminencia de consumos de carácter individual por sobre los grupales y familiares, son algunas de las cuestiones en las que se inscribe el consumo de información policial.

A su vez, si bien ello configura un marco general para caracterizar esas prácticas, es posible dar cuenta de una diversidad de consumos informativos articulados en torno a historias y trayectorias particulares, emplazadas tanto en una larga modelación cultural respecto a medios, formatos, rutinas y narrativas consumidas como en condiciones y posibilidades que habilitan las nuevas tecnologías de la comunicación.

En relación con los dispositivos de consumo audiovisual y su vínculo con las transformaciones de las prácticas informativas, identificamos que en las audiencias existe un reconocimiento general sobre cómo el acceso a Internet desde el celular ha modificado sus maneras de informarse: se valora –especialmente los/as más jóvenes– la posibilidad de manejar los momentos de consumo de información y no depender de los horarios fijos de un noticiero. También se reconoce lo que Silverstone (2004) denomina “ubicuidad”, ya que hoy la información “te llega”, “te aparece” o “está disponible” todo el tiempo. A su vez, ello de ningún modo significa el desplazamiento total de los medios tradicionales. Y el lugar que estos ocupan como dispositivos de acceso a la información varía: para los/as jóvenes, la televisión (durante los momentos de las comidas) o la radio (en el auto o al despertar en las mañanas) funcionan como “sonido de fondo” o parte de momentos familiares en los que ellos/as no pueden obviar la presencia del dispositivo ni tienen mayor incidencia en la decisión de lo que se consume. Y esos momentos son mencionados como instancias importantes con relación al consumo de información sobre inseguridad. Las personas adultas, en cambio, se relacionan con la información siguiendo a determinadas figuras periodísticas o ciertos programas de televisión, para conocer el análisis que proponen de algún tema. La escucha de radio se sostiene, de manera mayoritaria, para tener una idea inicial de la agenda de noticias de cada día. Es llamativo cómo ambos medios, radio y televisión, persisten en la subjetividad de las audiencias como organizadores de las agendas mediáticas y públicas: allí está lo central, lo que es necesario saber cotidianamente. Así lo contaba un entrevistado:

Radio Popular es la que, normalmente, me da la primera información. Luego vamos a la tele o Internet. Para ver detalladamente o si te perdiste de algo, escuchar algo, vas a Internet y ahí lo ves todo. O lo ves en la tele. Cuántas veces le digo a mi mujer, pasan muchos videos que tiene muchos “me gusta”, como se llame. “No –le digo– si yo a eso ya lo vi hace unos días, ya lo vi en Internet”.
Varón adulto de sector bajo

Por otro lado, en relación con las lógicas informativas de los medios tradicionales –particularmente con los noticieros televisivos–, las personas más jóvenes expresan un importante cuestionamiento: opinan que “informan de manera parcial”, que hay un “un avasallamiento de noticias como bomba, bomba, bomba y siempre está todo mal”, que tratan de modo “irrespetuoso” a las víctimas de muchos acontecimientos y que, en general, no se abordan o se abordan superficialmente los temas que a ellos/as les interesan, como la violencia de género. A su vez, plantean su rechazo a periodistas tradicionales de esos medios, a quienes califican como “violentos”.

En cambio, los/as jóvenes-adultos y las personas adultas de distintos sectores socioeconómicos explicitan una crítica más general al entorno informativo contemporáneo. Puntualmente, perciben una situación paradojal ya que, por un lado, reconocen una agenda acotada a nivel de temas tratados (tanto en los medios tradicionales como en las redes), repetitiva y de poca profundidad, mientras que, a la vez, se sienten abrumados/as por el volumen de información disponible: “Te saltan las noticias”. Y expresan cierto cansancio ligado a esa repetición permanente, una suerte de agobio por la imposibilidad de abstraerse de ese flujo permanente que ya constatamos en otras investigaciones (Mata, 2018). A su vez, estas personas afirman que el aumento del caudal de información a través del celular viene acompañado por un conocimiento “menos profundo” de cada tema, de cada noticia. Por eso, continúan privilegiando a los noticieros de aire locales como lugares en los cuales informarse, jerarquizar la información y definir marcos de comprensión de determinados temas.

También reconocen que los abordajes y perspectivas de la producción de información están ligados a la línea política editorial de cada medio, y afirman que hoy es posible reconocer esto gracias a la facilidad para acceder a medios muy diversos a través de Internet. Pero, a la vez, perciben que se dificulta “conocer la verdad”, debido a ese mismo volumen elevado de información. Este tipo de conflicto preocupa más a las personas de mayor edad y a las de niveles socioeconómicos más bajos[3], y conduce a una percepción de incredulidad y falta de certezas en los públicos. Por otro lado, hay consenso en reconocer que en las redes sociales circula gran cantidad de información “sin chequear”. Es por ello que, según explican, la radio y la televisión “todavía” les parecen más confiables que las redes y medios online como fuentes de información[4].

En relación, entonces, con las prácticas actuales de información, y sin perder de vista la heterogeneidad que ya señalamos, podemos reconocer algunas tendencias: las personas más jóvenes se informan casi exclusivamente a través de las redes sociales, principalmente Twitter, Facebook y WhatsApp. De este modo, consideran que hay información que les “llega” por esas vías, pero a la vez buscan información que les interesa. En este grupo etario –en los distintos sectores socioeconómicos– afirman que su práctica informativa está vinculada a la búsqueda de abordajes diferentes. Tal como se debatió en el marco de un grupo focal, para esos/as jóvenes los amigos son fuente y legitimación de temas y abordajes que seleccionar en las redes sociales:

Tengo, por supuesto, amigos que van a tener como una visión muy parecida a mí en ciertas cosas, entonces, en los grupos, o en momentos, o, tal vez, en las conversaciones privadas, no necesariamente… Nos mandan: “Lean esto”. Y ahí nos ponemos a leer…
Jóvenes del sector medio-alto

Ese consumo de información se da a lo largo de todo el día y en distintos momentos, en general en situaciones de espera (en la parada del colectivo o en viaje o en la fila dentro de un negocio, entre otras). Sin embargo, las noticias sobre inseguridad que más recuerdan están asociadas a momentos de consumo familiar de radio o televisión.

Las personas jóvenes-adultas del sector medio/alto acceden a distintos medios, principalmente a través de portales de Internet de medios tradicionales (principalmente el diario La Voz del Interior), que les permite manejar los tiempos de consumo. Perciben, en ese sentido, que Internet les da mayor libertad al momento de definir qué fuente elegir para informarse. Incluso, les permite acceder a medios de otras regiones, con noticias sobre cuestiones que los medios de Córdoba o Buenos Aires no informan. Explican, también, que cuando una noticia les interesa especialmente, la googlean para contrastar diversas fuentes. A su vez, como señalamos anteriormente, para estas personas coexiste el consumo de informativos de radio y televisión por costumbre (y por “estar de fondo”) con el consumo digital; se referencian los resúmenes de noticias y el consumo “para organizar el día”, y son quienes más reconocen que la televisión y la información vinculada a ella son centrales en la conversación cotidiana.

En cambio, entre las personas jóvenes-adultas y los/as adultos/as de niveles socioeconómicos más bajos predomina el consumo de medios tradicionales, principalmente los informativos de televisión abierta locales y, particularmente, los de Canal Doce (Grupo Clarín) –al cual se prefiere por la calidad de la imagen– y de Teleocho (Telefe) –al cual se prefiere por ser más “familiar”, por costumbre y tradición–. Los periodistas (y utilizamos el masculino porque las figuras nombradas por la audiencia son varones) aparecen como referentes que sostienen el vínculo con el medio por diferentes modos de abordar la información: ser confiables, ser más o menos confrontativos o ser más o menos machistas son cuestiones que definen la relación. El acceso digital a la información es permanente a través de las redes sociales, por lo compartido en muros de familiares y amigos y por “seguir” en Facebook a algunos periodistas locales. También plantean que no quieren quedarse con una sola versión de los hechos, y por eso están suscriptos/as a páginas de noticias sobre temas que les interesan especialmente o siguen algunos medios en Facebook o Twitter.

Las personas adultas de niveles socioeconómicos más altos se informan durante todo el día, y también combinan la presencia de medios tradicionales con el uso del celular y la computadora. En lo que respecta a medios tradicionales, mencionan a noticieros y periodistas tanto de canales de aire como de cable. Los resúmenes informativos de la radio se definen en general como aquello que señala los temas de la agenda, pero que no contienen la bajada de línea tan marcada, sino que “solo te tiran los temas”. Internet se presenta como el medio que permite mayor margen de elección en función del reconocimiento de los distintos posicionamientos de los medios, cosa que no permitiría la televisión, en donde no se reconoce pluralidad. Así lo contaba un hombre durante un grupo focal:

Yo creo que se acabó la época de la fidelidad de uno como espectador, como oyente. Como antes éramos más pasivos y consumías lo que te daban y, a partir de determinado momento, no solo que somos más activos, sino que no nos casamos con nadie. Entonces, tenés tanto a la mano para ver, leer y escuchar que no es que no le crees más a nadie, pero empezás a filtrar más y mejor qué consumís, cómo lo consumís. La participación… Estamos tan activos que participamos en los mismos informativos o en la web o en los canales o en la radio, en donde sea ya. Creo que somos personas activas…
Adultos/as del sector medio-alto

Entonces, observamos que en esta diversidad de prácticas, junto con el reconocimiento de un sistema mediático atravesado por sus propios intereses en la producción de información, hay una búsqueda de temas y abordajes que permiten a estas audiencias acceder a información de carácter más plural. En este sentido, como audiencias se perciben a sí mismas como sujetos activos en el proceso de participar y conocer los temas comunes. El acceso a Internet y a los dispositivos móviles tiene un impacto ambivalente, ya que el caudal de información que proveen, así como la ruptura con la programación de los canales tradicionales, genera también cansancio y quiebres en la confianza en la información.

El vínculo con la información sobre inseguridad: a fondo, de fondo, trasfondo

Las transformaciones de las prácticas de consumo informativo, junto con las percepciones de las audiencias respecto de los cambios y características actuales de ese entorno, nos permiten reconocer distintos modos de relación con la información sobre inseguridad que proveen los noticieros audiovisuales.

A fondo: quienes miran las noticias sobre inseguridad en los informativos son personas que miran noticieros de televisión como una práctica propia y no como una práctica ligada a un espacio compartido. Ellos/as enfocan su atención en casos extraordinarios, ya que no suelen prestar atención a la agenda sobre delito urbano, a menos que consideren que sean hechos cercanos en la ciudad, o en relación con personas que de alguna manera consideran cercanas. En este tipo de relación destacan las personas adultas de grupos socioeconómicos más bajos.

Entre quienes tienen este tipo de vínculo, podemos subrayar un modo específico de relación con la información policial relacionada tanto con su carácter de producción continua como con la narratividad: lo que vamos a denominar como “expectativa narrativa”, es decir, un tipo de relación con la información de quien espera el desarrollo de una historia, que sigue las distintas hipótesis sobre los casos, atiende a los detalles sobre la investigación y espera un desenlace vinculado a encontrar a los/as responsables. El vínculo con esta lógica de representación se sostiene sobre un claro reconocimiento de ciertas reglas de este género, y pueden especificar qué hay de atractivo en el contrato de lectura que establecen para ellos/as, más allá de que reconozcan que pocas veces la casuística cumple con la expectativa de saber qué fue lo que verdaderamente ocurrió. O, como bromeaban dos personas durante un grupo focal, saber cómo termina “la película”:

R: Y, viste, otros casos, viste, pasaron dos o tres años y, bueno, metieron preso, no sé, me sale ahora, ponele, la Rímolo, que el juicio, viste, fue quince años antes.
I: ¡Cuántos años que han pasado!
R: Entonces, ahora, la guardan. En estos casos, es tanto policial, tanto policial, que no sabés cómo terminó la historia, viste.
I: Claro (se ríe). Es como que nunca terminás de ver la película…
R: (se ríe). Claro, claro, no sabés qué pasó, digamos.
Adultos/as del sector medio-bajo

Estas personas prefieren la televisión para el consumo de estas noticias por sobre otros medios, principalmente por las emociones que despiertan las imágenes de los acontecimientos y la percepción de constituirse casi en testigos de los hechos, como nos contaba un entrevistado:

Sí, me gustan [las noticias sobre inseguridad]. Vos sabés que me gustan. […] Tiene que haber sangre, qué se yo…Porque si no, no tiene sentido. Porque vos decís: “Murió un nene electrocutado, qué se yo, en Arroyito. La madre está presa, sospechan del padre”. Y nada más y no muestran imágenes, nada. O dicen: “Murió un nene en Arroyito. Aparentemente, lo mató el padrastro”, viste, qué se yo, violencia. Y sale la madre llorando: “Pobre mi hijo, que no, que nunca quise tener esto. Que porque el padrastro, yo le dije que mi hijo, nunca pensé…”. Entonces, eso te llama la atención. Con imágenes, que llore alguien, ¿me entendés? Y tu mujer: “¡Qué hijo de puta! ¿Cómo va a hacer eso? ¡Qué los parió!”. Entonces, esas son las noticias que llaman la atención. Y por eso son así, viste,…por ahí las hacen más misteriosas para que llame, justamente, para que llame la atención. Para que yo lo vea, para que a mí me guste, para que a vos te guste… la hacen muy, muy aparatosa a la noticia. Y tiene que ser así. Siempre digo…Crónica. Crónica, viste, te escarba lo…no sé. “Acá estuvo, esta es la sangre…” ¿Me entendés?
Varón adulto del sector bajo

De fondo: quienes miran las noticias policiales de fondo, del mismo modo que lo hacen con el resto de los contenidos de los noticieros de TV, son quienes consideran que los informativos están abarrotados de este tipo de información, pero de todos modos miran esas noticias o a lo sumo cambian un rato de canal y luego vuelven a ellos. Ello nos lo contaban, sobre todo (aunque no exclusivamente) los/as jóvenes:

Ah, sí. Hay muchas veces que pasa, o sea, que estás ahí con el noticiero y son cinco noticias seguidas de robos o cosas que pasan de inseguridad. Y es como que ya estoy harto y cambio, ponele. Porque es mucho lo mismo y siempre lo mismo, así que…
Varón joven del sector-bajo

Esas personas oscilan entre atribuir cierta utilidad a este tipo de noticias (desde tener tema de conversación con otros/as, asumiendo que los temas sobre inseguridad importan a todos/as y entonces hay que estar al tanto, hasta conocer nuevos modus operandi de los delitos urbanos para tomar medidas preventivas). A la vez, perciben cierto malestar por el modo de tratamiento mediático de tinte “amarillista” o “morboso” de ese tipo de información.

Trasfondo: otro modo de relación con la información sobre inseguridad es la huida. Quienes huyen son las personas que la consideran violenta en sí misma, así como al modo de su cobertura periodística. En general, asocian el informativo a la información policial y no miran este tipo de programas en la televisión porque creen que estos están conformados por la repetición constante de ese tipo de información con un tratamiento morboso. En este grupo predominan las mujeres y los/as jóvenes, quienes aludían, como lo hacía una entrevistada, a la falta de interés o de tiempo para “sentarse” o “dar bola a la tele”:

No, o sea, no veo tele. A la hora de las noticias, siempre estamos haciendo algo o, simplemente, no veo. Directamente, no veo porque no sirven para nada. No, no me interesan. O sea, no me cuelgo con eso, no, no sé. No le doy bola a las noticias a ver, a sentarme a ver noticieros así…
Mujer adulta del sector-bajo

Es destacable, entonces, cómo se generan distintos tipos de vínculos con la información policial, atravesados tanto por las transformaciones del escenario audiovisual como por las distintas trayectorias en la relación con los medios.

Percepciones y valoraciones sobre las lógicas de representación de la inseguridad

Las características espectaculares y sensacionalistas de la información sobre inseguridad son uno de los elementos más trabajados entre quienes analizan este tipo de información, junto con el potencial discriminatorio implícito en esas noticias (Martini, 1999). Muchas de estas características son analizadas en los capítulos de este libro referidos al análisis del discurso de la información policial. En cuanto al modo en que se construyen los vínculos y se interpreta esta cuestión por parte de quienes consumen información audiovisual, encontramos la misma heterogeneidad que venimos reconociendo a lo largo del texto con relación a trayectorias y prácticas informativas.

Hay un conjunto de personas que consideran que el carácter espectacular de este tipo de información permite sostener la atención en los informativos, mientras que otros afirman que son las imágenes y el impacto por ellas generado lo que les otorga verosimilitud a noticias que, de otro modo, por su misma particularidad, pareciera que no alcanzaran estatuto de verdad. En este sentido, no hay cuestionamientos a la verosimilitud de la información de policiales, sino más bien a un modo de representarla. Aun entre quienes reconocen que estas características los convocan y los “enganchan” en el informativo, existe un consenso amplio en torno al reconocimiento de que la cobertura morbosa está vinculada explícitamente a la búsqueda de impacto emocional.

Por otro lado, existe un rechazo generalizado al tratamiento que profundiza la exposición del dolor de las víctimas y sus allegados, que se reconoce como búsqueda por parte los medios de generar emociones en el público y a convertir el dolor en espectáculo. Así lo conversaban tanto jóvenes como adultos/as durante los grupos focales:

E: O sea, no hace falta que, después, vayas a hacerle la nota a la madre que le mataron al hijo porque le quisieron robar, ¿me entendés? O sea, sin caer en lo bizarro, en lo morboso, en ir y molestar porque, capaz, que te declaran en el momento porque está en shock o porque está triste o porque quiere que se conozca pero, por ahí, informar lo que pasó pero más objetivo, sin tener que irte por las ramas y, más, ahí, ya queriendo vender. O sea, meter la noticia está bien, informar a la gente pero no agarres y hagas de eso malo que pasó dos puntos más de rating para vos, ¿entendés? O sea, hasta ahí, informar nomás. A mí, si fuera así, estaría bien.
Jóvenes-adultos/as del sector medio-bajo
MB: He llegado a generar como una cuestión de rechazo. O sea, me gusta saber la noticia, lo veo, me gusta estar informada pero no el detalle porque hay cosas que me han dado mucha bronca de ver en los noticieros. Suponiendo, no sé, unos padres que tienen una nena enferma y ahí dicen: “¿Y usted cómo se siente?”.
Todos: (se ríen).
Jóvenes-adultos/as del sector medio-alto

En el mismo sentido, expresaban el rechazo a la exposición de ciertas imágenes. Sobre todo por entenderlo como una falta de respeto a las víctimas y sus allegados/as:

O: Eeeh, qué sé yo, la foto de Nisman o la foto de Santiago Maldonado, que cuando hallaron un cadáver circularon fotos.
A: ¡Ah, sí! Que empezó circular…
M: Ay, sí…
I: Claro.
O: Y vos decís…Y los medios, ninguno, todo el mundo se cuidó, creo, de mostrar esas imágenes, esteee…
I: Sí, sí, sí.
M: Eeeh, lo que no se cuidó, me acuerdo yo, que fue el programa este de… ¿Cómo se llama este que es re buen mozo? (se ríe). No me voy a acordar, que pasó las fotos de Nora Dalmasso, eeeh, cuando ella estaba desnuda, digamos, sacaron esa foto, pasaron, la pasaron…
R: Ah, mirá.
M: Esteee, Andino, ¿puede ser Guillermo Andino?
S: Ahá.
M: Ese, que agarró y pasó todo sin preguntarle a los familiares, sin nada. Y estuvo en la mesa de Mirtha Legrand, y Mirtha le dijo cómo se animó él a pasar esa foto. “Y, no –dice– yo la pasé porque es lo que había pasado, qué se yo”. Pero era un cadáver, o sea, estaba desnuda, o sea, ¡un poquito más de respeto! Me parece a mí, hacia la familia, hacia esa persona que asesinaron, un poquito más de respeto, me parece, no sé, si fue muy… Para él, a lo mejor, para vos fue un notición, fue bárbaro pero, para la gente, me parece a mí, que fue como chocante…
Adultos/as del sector medio-alto

También se cuestiona la estigmatización de las víctimas, sobre todo en los casos de violencia por razones de género. En un grupo focal el tema surgió a partir de la referencia a dos femicidios que, en distintos momentos, fueron centrales en la agenda mediática:

M. ¿Recuerdan el femicidio de Micaela, de 21 años?
H: Sí.
C: Que largó la opinión: “¿Qué hacía una chica de 21 años sola a las cinco de la mañana?”. Es como: “¡Ah! Eso fue el motivo por la cual la violaron y terminó muerta, digamos”. Como ese tipo de comentarios cuando es una persona que comunica, que tiene en responsabilidad un montón de mentes, a un montón de ciudadanos que, después, van a ser reproductores de ese pensamiento. Eso a mí me parece terrible y, con el tema del chiste, me parece que es algo muy similar porque, después, ese chistecito corre, lo escuchás después…
R: Pero es verdad eso lo de Norita Dalmasso porque se corría la bola, al comienzo, de que era ella como que era, mmm, prejuicio de que era muy fiestera y era muy bonita. Yo me acuerdo que era un comentario muy machista, así como decir…
M: Que era bonita, sí, era bonita. Pero, que era fiestera, no sé (se ríe). Eso…
V: Tenía muchos amantes, decían.
R: Por eso, también, viste, todos apelaban a eso. No, porque el morbo era todos querían, viste, escracharla a la mujer, me acuerdo así.
M: Claro, querían hacerla quedar como mala a ella, sí, sí, sí.
I: Bueno, pero eso, aunque hubiera sido, no era derecho para matarla.
Adultos del sector medio-bajo

Es destacable que quienes se detienen a señalar el carácter discriminatorio de la información policial son las mujeres de los sectores socioeconómicos más bajos. Esto se entreteje con otras prácticas discriminatorias sobre sus propios barrios, y son también ellas quienes señalan que por esta lógica del sensacionalismo y de lo espectacular se invisibilizan temas, o se produce un tratamiento informativo que no aporta a la comprensión de lo que sucede más allá de cada caso particular.

Con relación al modo en que se elabora la pauta del noticiero, quienes sí consumen los informativos cuestionan la ruptura de cierto clima creado alrededor de un hecho cuando los presentadores cambian de tono y de tema. A su vez, algunos/as polemizan respecto de ciertas imágenes y hechos en determinados momentos del día (vinculado a horarios de protección al menor y al desagrado personal).

Asimismo, algunos/as cuestionan la repetición de una misma noticia sin aportar nueva información –o la imposibilidad de comprender qué sería lo nuevo– y a un abordaje basado en conjeturas y opiniones periodísticas. Podemos acceder a esta sensación en la siguiente cita de uno de los grupos focales:

G: Cuántas cosas podemos decir de un hecho a lo largo de un día cuando ya ni siquiera ha pasado. Me parece que también mucho eso… Aparece un acontecimiento, un hecho, y es tratado a la mañana y se quedan hablando durante todo el día. En el medio de eso, lo que se agrega son anécdotas, adjetivos y demás cosas que lo van haciendo novedoso. Capaz que ahí es donde empieza a aparecer todo.
Adultos/as del sector medio-alto

Sobre todo entre los/as jóvenes aparece la idea de que la casuística no constituye información relevante, ya que la superposición de casos, más que contribuir a entender determinados procesos, impediría comprenderlos más allá de algunos hechos y detalles que confunden.

Es necesario destacar que junto con el amplio conocimiento de las distintas modalidades en que se informa sobre la cuestión securitaria en los informativos de televisión, sobre las formas de entrevistar y sobre la búsqueda de impacto emotivo, así como sobre su encadenamiento en el interior del programa, y más allá del tipo de vínculo que se establece con esa información, existe una importante reflexión y cuestionamiento sobre esas lógicas de representación. Elaboraciones no solo sobre las implicancias para la sensibilidad de las personas involucradas, sino también respecto de las consecuencias que pueda tener este modo de representación para ellos mismos en su vida cotidiana.

Emociones y vida cotidiana

Dado el carácter narrativo y la impronta emotiva que tiene la información audiovisual sobre inseguridad, fue central en nuestra investigación abordar las emociones que genera en las audiencias y el vínculo que supone. Ya hemos dado cuenta de su carácter reflexivo en relación con los contenidos, las lógicas informativas y las implicancias de esta información sobre distintos sectores. Pero también las distintas emociones generadas son objeto de reflexión para las audiencias.

Frente a la asociación lineal entre información policial y temor, podemos reconocer cómo las emociones relatadas por las personas con las que trabajamos exceden ampliamente el temor al delito para abrirse en un amplio abanico en el que se entrelazan la bronca, la indignación y el miedo, pero también el humor y la risa, como base para la conversación cotidiana. Todo ello, en una trama definida por la experiencia informativa en general, y la sensación de agobio por la ubicuidad de la información.

Los/as jóvenes, sobre todo, se vinculan con las noticias policiales desde el humor. Tal como contaban durante los grupos focales, asocian este tipo de información con noticias bizarras, de fracasos en intentos de delito. También les resulta divertido cuando la cobertura de determinados hechos se torna sensacionalista, utilizando titulares que califican el hecho y profundizan su carácter excepcional:

R: Claro, eso… es como que hay noticias que no está permitido tomarlas como chiste, o sea, como eso… O como lo de esto que pasó ayer de que le cortaron los genitales al tipo y era como súper divertido, así, muy gracioso, todos riéndose de la situación.
L: Sí, incluso los…Yo vi como treinta memes, sí.
Jóvenes del sector medio-bajo

J: La de la monja.
F: No tuviste ni que pensar.
(Risas)
E: Ay, esa no sé cuál es…
E: La de las monjas que guardaban la plata. Las monjas eran de un convento, que sale un video que sale López tirándole unos bolsos con plata.
Varias Voces: Ah sí… (Risas)
J: No lo podía creer.
F: Encima no eran monjas.
C: ¿No eran monjas?
F: No.
V: Ah… viste…
Mauro: Sí, los robos mal hechos, por ejemplo (se ríe).
(Todos se ríen)
V: ¿Ah, sí? (se ríe).
M: Me da gracia eso…
V: Ahá.
A: Cuando hay alguno que se queda trabado en algún lado, o algo así (se ríe). Eso, digamos…
(Todos se ríen)
J: Sí, el último, ese que se robó y, qué se yo, se quedó sin nafta a la… No le encendía la moto, no sé…
N: ¡No! (se ríe).
J: Genial. Muy “harry” eso. Sí, te causa…
V: Ahá, ahá, ahá. ¿Ah, sí? En general, ¿pasa eso con este tipo de noticias?
A: Sí, que los pone en ridículo, digamos…
M: Claro.
Jóvenes del sector medio-alto

La impotencia, comentaban estos/as mismos/as jóvenes, se vincula especialmente con hechos que involucran a personas vulnerables (personas mayores o niños/as), mientras que el miedo y la bronca se relacionan con determinados tipos de homicidios, en especial con los femicidios y con la información sobre corrupción policial:

L: No, a mí los casos, no los de violencia de género, pero sí las de secuestros, todas esas que salen mucho, también, por las páginas: “Quisieron agarrar a una chica”. A mí esas sí…
S: ¿Esas te generan miedo? ¿Por qué?
L: Sí, sí. Porque te sentís totalmente desprotegida. Trato de que no me sugestione, que no me lleve a no poder… Tengo que salir de mi casa, no me queda otra pero, bueno, lo trato de dar vuelta y cambiarlo como una precaución. Pero sí es horrible, por ahí, la sensación que se siente, más que todo, como mujer, el saber que si tenés que volverte de noche, caminando. Y, aparte, no creo que a la hora que me pasara algo, me importaría lo que digan pero creo que está todo como tan naturalizado y todo lo que se habla de esto después.
Jóvenes del sector medio-alto

En este sentido, no solo es destacable la diversidad de emociones que convoca este tipo de información, sino también cómo, junto a las emociones vinculadas al temor, aparecen dudas respecto de lo que puede significar el modo en que se hace pública alguna situación particular de las personas con las que trabajamos, dado el peso que tienen las versiones estigmatizantes y el impacto sobre la vida familiar y sobre las demandas de justicia. Un miedo asociado a la forma en que se visibilizan estos hechos y sus implicancias posteriores.

Un debate permanente en los estudios de comunicación tiene que ver con las formas en que la representación mediática de la seguridad se relaciona con el modo en que se comprende esta problemática socialmente y con la forma en que se vive cotidianamente. En este caso, nos interesaba comprender la inscripción del proceso de constitución de audiencias, en un marco experiencial más amplio que involucra los sentidos que estas personas otorgan a las nociones de seguridad/inseguridad, y con qué experiencias se articulan esos sentidos. Al respecto, trascendiendo ampliamente la agenda informativa audiovisual de las noticias policiales, para las audiencias aquí analizadas la noción de inseguridad remite a cuestiones mucho más amplias y complejas que el puro temor al delito: para ellas también engloba los ámbitos de posibles encuentros con personas de sectores populares, la incomprensión de determinados códigos que regulan los espacios transitados, cuestiones de géneros y la exposición a distintas violencias (que van desde la violencia policial, aquella que se da entre grupos de jóvenes como modalidad de resolución de conflictos y hasta la que ejercen los conductores en el tráfico urbano). Una diversidad de experiencias que, por supuesto, también incluye los delitos asociados normalmente a la inseguridad (hurtos y robos), y el modo en que se leen los distintos conflictos que se le asocian, factores de inseguridad que se viven de manera diferencial en función del sector social y el género al que se pertenece. Lo que se puede reconocer, en general, es que la vida cotidiana en la ciudad se vive de manera agresiva. Y que esa situación se vincula tanto con cuestiones de ordenamiento de la ciudad y equipamiento urbano como con aquellas que más habitualmente los informativos asocian a la inseguridad.

En relación con el modo en que este tipo de información produce estados subjetivos de inseguridad, en general lo que identificamos es que solo para algunas de las personas (mujeres jóvenes) la repetición y la elevada cantidad de información les genera miedo, lo cual se traduce en cuidados y en una sensación de riesgo permanente, ubicuo e indefinido. Aunque inmediatamente se reconoce que es una sensación vinculada con los medios y que tiene que ser puesta en tensión con la experiencia personal y la de personas cercanas. Así lo contaba una entrevistada, aludiendo en un mismo relato donde se tejen como parte de una misma trama sus “escuchas” televisivas y otras experiencias relativas a la inseguridad:

Y, te condiciona… Cada vez que lo escuchamos, o yo lo comento con mis hijos, lo que decimos es “Miren lo que pasó, en qué circunstancias…”. Que hay que tener cuidado… más de eso no… Porque por ahí lo pensamos en el momento y después salimos y nos olvidamos. Tratamos de tener ciertos cuidados, pero… Esto de no poder cruzar la calle con la cartera… Pero esto… A mí me ha pasado ya hace tanto tiempo esto de no poder salir con la cartera… No sé por qué ahora lo mostrarán tanto. Seguramente con los años ha ido cada vez peor.
Mujer adulta del sector medio

Más aún, para la mayoría de las personas las percepciones de riesgo y las modificaciones del comportamiento a partir de esas percepciones se vinculan incluso más con experiencias propias o de personas cercanas que con sus experiencias informativas a partir de los medios. Así podemos observarlo en este diálogo durante un grupo focal:

C: Yo con el tema de los femicidios, no me manejo de noche sola, por ejemplo. O sea, si me tengo que mover sola es en taxi, ida y vuelta.
V: Ahá, ahá.
A: Yo no sé si una noticia, digamos, en un noticiero, digamos, con una información, sino, por el saber común, digamos: “En el barrio están robando mucho, bueno, che, volvete más antes, antes de que se haga de noche”. Cosas así, digamos, cuando salgo.
L: Yo…Tampoco es una noticia en particular pero sí es una noticia que pasa mucho que en las filas del banco o en algún lugar en que estás sentado que se patean las mochilas, por ejemplo, entre dos y alguien la levanta, se la lleva y se la saca y se la llevan…
Jóvenes del sector medio-bajo

Otra cuestión que indagamos se refería a la opinión de las personas sobre la cantidad de este tipo de información existente en los noticieros. Al respecto, para muchos/as, esto no se vive como un exceso porque es interpretada como un reflejo de la experiencia cotidiana de vida en la ciudad, marcada por la agresividad permanente. Otros/as, en cambio, vivencian aquella sensación de cansancio a la que aludimos anteriormente, que va de la mano con la percepción de una imposibilidad de diferenciar un hecho de otro, ya que tienden a parecerles la misma noticia repetida una y otra vez.

Asimismo, existe una enorme heterogeneidad en el reconocimiento sobre el modo en que se configura la agenda securitaria (esto es, el dispositivo específico por el cual se acepta que un conjunto de formulaciones ordene los temas sobre los que se conversa y se opina) y cómo se debería realizar. Mientras que para las personas de mayor edad es una agenda marcada por temas más específicos del policial tradicional (robos y homicidios, sobre todo si tienen componentes extraordinarios), para los/as jóvenes, en cambio, es una agenda asociada a la violencia institucional (distintos casos de violencia policial) y a la cuestión de géneros, mientras que no los/as convoca ningún otro tipo de hecho y creen que esta agenda de información no está presente en los medios.

Es destacable cómo la cuestión de las violencias por razones de géneros, especialmente los femicidios, ha cobrado protagonismo en el interés de las audiencias. La amplia cobertura de algunos casos, junto con una mayor sensibilidad social construida a partir de distintas iniciativas de movimientos feministas, la colocan no solo como un tema que ha transformado su abordaje informativo, sino también visualiza cómo se incorporó ampliamente en las agendas de los medios audiovisuales. En este sentido, sobre todo los/as jóvenes pueden reconocer transformaciones en el abordaje informativo:

M: De hecho, se abrió la causa femicidio, que antes era crimen pasional, digamos. Y, ahora, es femicidio, con un poco de avance en lo que son estos temas.
Mujer joven del sector medio-bajo

Pero, a su vez, en este grupo etario (es algo que pudimos reconocer tanto en grupos focales como en entrevistas con jóvenes) existe una demanda de mayor y distinta lógica de construcción de la información. Principalmente, la expectativa de un abordaje que permita comprender la problemática más allá de los detalles de cada caso aislado, tal como se vislumbra en el siguiente fragmento de un diálogo durante un grupo focal:

R: Y con respecto a eso, me parece que, más allá de que se trate, por ejemplo, un tema de violencia de género o un femicidio, que no se trate como un hecho aislado, digamos, que no es la noticia de la mujer que apareció muerta y que con todos los detalles de cómo la mató, cómo la torturó, cómo llegó ahí y que hablan eso, que hablan con la vecina, con amigas. Si no, bueno, ocurrió este hecho enmarcado en un contexto de que hay, como este caso, hay doscientos más… que es una situación generalizada…
C: Con un Estado ausente, con muchas cosas…
R: Claro y, digamos, me parece que ese es el hecho informativo, digamos…
Jóvenes del sector medio-alto

A su vez, los/as jóvenes (y sobre todo las mujeres jóvenes) destacan la importancia de un abordaje de estos temas en clave de géneros como una posibilidad de aprendizaje frente a sus mismas experiencias:

J: A mí me generó miedo una de las primeras noticias… Paola Acosta. Cuando pasó lo de Paola Acosta me dio mucho miedo porque… Bueno, yo justo tenía una bebé de la edad de Paola Acosta y me acababa de separar. Igual, mi pareja muy lejos, mi expareja, lejos de ser como Lizarralde, lejos. Pero sí me generó miedo social de decir: “Hasta qué punto”… Una niña, una mujer que tenía otros hijos y bueno todo eso a mí me generó mucho… Y me acuerdo que… bueno, es algo personal, pero a raíz de esa noticia… A mí un día mi expareja estaba… andaba medio loco por problemas personales con sus padres. Yo después, no sé, lo entendía, pero un día me empezó a gritar y a gritar y a gritar. Y no escuchaba y me gritaba y yo mal con él. “Y bueno, pará un poco”. “No, no, no, te callás”. O sea… y una situación de violencia que uno no la dice como violencia porque la naturalizamos, pero yo me di cuenta de que justo estaba lo de Paola Acosta y justo estaba pasando esto y dije: “Esto es violencia”. No, en serio… porque ahí me dio… dije: “Guau”, y agarré e hice la denuncia. Porque no me llegó a pegar ni nada porque… Pero me gritó muy fuerte y se me acercó muy cerca. Y justo estaba pasando esto y a raíz de eso yo dije: “Yo lo voy a denunciar”. Y fui e hice la denuncia y le dije: “Te denuncié” y me dijo: “¿Cómo me vas a denunciar?”. “Bueno”, le digo, “es que vos fuiste violento y yo no quiero eso en mi vida”. Y nunca más lo hizo. Y con el tiempo… o sea de gritarme ¿no?, pero nunca más lo hizo y hasta el día de hoy tenemos una muy buena relación. Él pasó sus mambos. Pero a raíz de esa noticia yo dije: “Guau”, o sea, está heavy la cosa. Fue a partir de Paola Acosta que empezó todo ese tema del femicidio, particularmente, y de las carátulas por femicidio. Por eso me gusta seguir los policiales y para ver en qué queda todo. Pero sí… eso me generó miedo.
Mujer joven del sector medio-alto

Finalmente, una cuestión que indagamos fue la percepción de las personas respecto de la utilidad e impacto de la información policial en la vida cotidiana. Y lo que pudimos identificar es que, si bien existe un amplio cuestionamiento al tipo de cobertura de la información policial ligado tanto a una lógica morbosa como a la repetición permanente de los mismos acontecimientos, hay un conjunto de factores o motivos por los cuales este tipo de información tiene un valor fundamental para la vida cotidiana. Por un lado, como señalamos anteriormente, se valora como insumo para la conversación cotidiana con otros/as y para el debate sobre cuestiones vinculadas a la seguridad. Esto fue algo mencionado por las personas adultas, más allá de los sectores socioeconómicos a los que pertenezcan. Por otro lado, para los/as jóvenes adultos/as, y también para algunos/as jóvenes, sirve para tomar recaudos y prevenciones con relación a determinados lugares y tipos de delito. Aunque también es importante resaltar que, para la mayoría de las personas, estos aprendizajes se vinculan, centralmente, a experiencias propias o cercanas de inseguridad. La idea de que la exposición sistemática a la información policial genera cambios en hábitos cotidianos –a diferencia de aquellos cambios que explícitamente no se vinculan con experiencias propias o cercanas– solo aparece para las mujeres.

Es destacable también cómo se valora la visibilidad de la violencia de género en casi todos los grupos, como posibilidad de enmarcar experiencias propias en ese sentido. En particular, las personas adultas de sectores socioeconómicos más bajos reconocen que es un tipo de información que genera bronca hacia ciertos grupos sociales (de los que reconocen ser parte o cercanos en términos socioeconómicos y territoriales) y que habilita la defensa propia frente a determinados hechos de violencia.

Entonces…

Hace ya mucho tiempo Jesús Martín Barbero y Germán Rey (1999) caracterizaron como “mal de ojo de los intelectuales” a una mirada sobre la televisión que consideramos que está muy presente en el debate sobre medios y seguridad: una perspectiva que se parece más a una queja y a una indignación moral según patrones culturales abstractos que al reconocimiento y la necesaria crítica de las modelaciones hegemónicas. De este modo, impide reconocer “el lugar estratégico que la televisión ocupa en las dinámicas de la cultura cotidiana de las mayorías, en la transformación de las sensibilidades, en los modos de construir imaginarios e identidades” (Martín Barbero y Rey, 1999: 7). Ello sigue siendo una tarea necesaria, tanto frente al carácter peyorativo y de descalificación intelectual de la supuesta irracionalidad de las audiencias mediáticas, como frente a quienes suponen que la televisión pierde centralidad en los procesos de constitución de esas audiencias.

En este sentido, podemos dar cuenta del carácter reflexivo de las audiencias ante un escenario informativo que reconocen fuertemente atravesado por distintos intereses mediáticos, como así también frente al marcado proceso de transformación tecnológica y sus implicancias para la vida cotidiana: la sensación de agobio, un potencial discriminatorio y, en algunos casos, consecuencias para los sectores más desfavorecidos. También es una audiencia que se reconoce a sí misma con una impronta activa en la búsqueda de abordajes diferentes sobre determinados hechos. También con importantes rasgos críticos frente a las lógicas informativas y las consecuencias que puedan tener para su vida cotidiana, especialmente de la información policial. Aun así, consideran que esta información es central para su vida cotidiana, para sostener conversaciones sobre temas comunes y para poder conocer algunas modalidades delictivas, pero también para ubicar experiencias propias en nuevos marcos de comprensión, tal como ocurre con las violencias de géneros.

Finalmente, es necesario señalar cómo los sentidos sobre la cuestión securitaria desbordan ampliamente el tipo de hechos que se abordan en la información mediática bajo esta denominación. Una experiencia cotidiana marcada por múltiples violencias y situaciones que se viven como una agresión permanente, definidas en buena medida por un orden que se percibe controvertido, tanto por el cuestionamiento a ciertas jerarquías tradicionales como por los actores que debieran sostener ese orden, centralmente el Estado. Y son estos heterogéneos sentidos en torno a qué está nombrando la cuestión securitaria lo que plantea una agenda ausente en la información, tanto a nivel de los conflictos que nombra como de las perspectivas y abordajes que den cuenta de las sensibilidades que emergen y están en tensión.

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  1. En esta etapa también participaron Carolina Wild, Paloma Pierucci y Ana Laura Núñez Rueda.
  2. Además de quienes escribimos este capítulo, Santiago Martínez Luque también participó de esta etapa.
  3. En el caso de los adultos del sector medio/bajo, cuentan que el debate sobre el posicionamiento e intereses de los medios se da centralmente dentro de la familia. Principalmente, afirman, sus hijos los ayudan a definir cuál es la información relevante, y se ponen en común las dificultades de filtrar la información que les interesa y que puede ser confiable.
  4. Vale mencionar que el reconocimiento de cómo los buscadores jerarquizan la información solo aparece en los grupos de mayor ingreso socioeconómico.


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