Condiciones para el ejercicio de los derechos a la comunicación
Líbera Guzzi y Susana M. Morales
Introducción
En este capítulo presentamos los hallazgos más relevantes y novedosos de la indagación realizada en la ciudad de Córdoba en la línea vinculada a la producción de noticias policiales. La tarea se realizó en torno a las rutinas periodísticas de los programas informativos de las tres señales televisivas de aire de la ciudad: Teleocho, Canal 10 y Canal 12. Se trata de medios con una larga trayectoria en el sistema mediático local, en tanto las tres iniciaron sus emisiones hacia el final de la década del cincuenta y principios de los sesenta. Desde sus comienzos dos de ellos fueron de propiedad privada y en la actualidad pertenecen a conglomerados mediáticos muy importantes a nivel nacional e internacional –Teleocho es subsidiario del Grupo Telefe, propiedad a su vez actualmente de ViacomCBS[1], y Canal 12 es una señal del Grupo Clarín–, mientras que Canal 10 fue siempre un canal de gestión pública, propiedad de la Universidad Nacional de Córdoba.
El trabajo de campo se llevó a cabo durante el año 2017[2], y la estrategia metodológica combinó dos técnicas de recolección de datos: por un lado, observaciones directas en los ámbitos en los cuales los periodistas desarrollan su labor durante seis jornadas; por otro, diez entrevistas en profundidad a productores y cronistas de calle –quienes intervienen en mayor medida en el proceso de producción de las noticias, como se constata a partir de los datos relevados– y a los jefes de noticias de dos de las señales estudiadas.
Tanto los lineamientos generales de la indagación empírica como el análisis presentado a continuación estuvieron orientados por las principales conceptualizaciones producidas desde la sociología de la comunicación y los medios en torno a las rutinas periodísticas. Conceptualizaciones que han permitido dar cuenta de los procesos estandarizados y rutinizados –vale decir, industrializados[3]– de desarrollo de la labor periodística, que analíticamente suponen tres fases a partir de las cuales un hecho se convierte en noticia: recolección, selección o procesamiento y presentación de la información (Tuchman, 1983; Schlesinger, 1971; López, 1995; Wolf, 2013). Pero, al mismo tiempo, nos centramos en torno a cuestiones teóricas largamente trabajadas y debatidas en el campo de estudios de la comunicación, vinculadas a los procesos de mediatización de la sociedad, a las modelaciones culturales y mediáticas, a las agendas y lógicas de visibilización hegemónicas, a la objetividad periodística, a los derechos a la comunicación pública y las condiciones que posibilitan o restringen su reconocimiento y ejercicio, entre otras. En virtud de ello, no solo incorporamos referencias y reflexiones de un espectro amplio de teóricos y teóricas de la comunicación, sino que también esperamos que este trabajo pueda dialogar con una diversidad de discusiones propias de nuestro campo, no exclusivamente con aquellas enfocadas en rutinas o prácticas periodísticas.
El capítulo se organiza en cuatro apartados que recogen parte de los datos obtenidos durante el desarrollo del trabajo de campo. Primero, presentamos una caracterización general del proceso de producción periodística y sus particularidades locales en el sistema mediático cordobés, a partir de la cual exponemos algunas consideraciones acerca de ciertas convergencias en la configuración de las agendas y de las lógicas de visibilidad de las noticias policiales. En segundo lugar, ofrecemos una discusión acerca de la mediatización como proceso de modelaciones mutuas entre la experiencia de la vida cotidiana y los medios, en relación con los desafíos que hoy enfrentan los periodistas en torno a la cobertura de problemáticas sociales complejas como los femicidios y la violencia de género. En el tercer apartado abordamos ciertas consideraciones de los periodistas acerca de la “neutralidad” y “objetividad” de la información policial, con relación al análisis de una idea muy instalada en el ámbito profesional respecto a lo que se denomina comúnmente “olfato periodístico”. Finalmente, recuperamos aspectos generales de la indagación empírica para proponer reflexiones en torno a las condiciones y posibilidades de reconocimiento y ejercicio de los derechos a la comunicación y a una seguridad ciudadana.
Lógicas convergentes de la producción periodística: el saber hacer como deontología profesional
El proceso de producción de noticias en los informativos de aire de Córdoba puede caracterizarse como un continuum de trabajo en la sala de producción que comienza a primera hora de la mañana y finaliza con la última edición de la noche. Si bien todos los periodistas tienen turnos de trabajo específicos, el material que se va produciendo en cada uno de ellos se retrabaja, reedita y/o actualiza para las ediciones subsiguientes respecto de aquella en la cual fue publicado por primera vez. En los tres canales este proceso es similar, no solo porque todos emiten distintos programas de noticias a lo largo de la jornada a partir de lo que produce un único servicio informativo, sino también porque existe cierto saber hacer común al ámbito profesional compartido y reproducido entre los periodistas, trabajen en el medio en el que trabajen. Todas las noticias se elaboran bajo esta lógica, y las policiales no constituyen una excepción, sino más bien un ejemplo paradigmático de esta dinámica:
Después del mediodía, que termina, nosotros entre la 1 y las 2 tenemos una reunión de pase con Telenoche. Ahí decís: “Nosotros hicimos esto, esto y esto; acá tenemos esto pero no salió, en la radio salió esta información que a ustedes les puede servir”.
Productora de Canal 12
Sí, nos vamos como empalmando, o sea, hacemos ahora las noticias para el noticiero de las 20, pero lo que sigue pasando después lo cubrimos y lo preparamos para el noticiero de la mañana y, a su vez, el de la mañana para el mediodía y así.
Jefe de noticias de Teleocho
Hay una continuidad que se va dando de turno en turno y de productor en productor a través de un mail que van llenando los productores durante toda la jornada, cosa que al final de ese mail tenés todo el día, digamos, ¿no? Lo reciben varias personas, […] entonces, ellos saben lo que hemos hecho, lo que no hemos hecho, cómo está, dónde está, cómo está codificado, cuánto dura.
Jefe de noticias de Canal 10
El peso de las decisiones editoriales recae de manera diferenciada en cada periodista según el rol que ocupa en las distintas etapas del proceso de producción: los productores son quienes en general deciden qué hechos o acontecimientos cubrir, y en parte eligen a las fuentes que se incluirán en la cobertura (etapas de selección y procesamiento); los cronistas de calle toman los testimonios, deciden junto al camarógrafo sobre el registro audiovisual, elaboran el relato periodístico sobre el hecho y realizan la edición periodística de las notas (etapas de procesamiento y presentación); los conductores, finalmente, suelen editorializar y contextualizar, orientar la interpretación de una noticia (etapa de presentación). Además, los productores son quienes en los tres canales elaboran la pauta del noticiero, lo cual supone decidir qué noticias se incluirán en los títulos y en qué bloque aparecerá cada nota, y qué otros recursos adicionales a la nota grabada –por ejemplo, móvil en vivo o entrevista en piso– se pondrán en juego para el abordaje de una determinada temática o hecho (etapas de selección, procesamiento y presentación).
Los saberes y experiencias comunes dentro del ámbito profesional –junto a una cierta camaradería, en función de la cual se comparten datos, fuentes, etc., entre los periodistas de distintos medios– se constatan en la organización del proceso de producción de noticias en general, pero también en cada una de las etapas de tal proceso, que a su vez suponen ciertas tareas periodísticas y editoriales específicas según el rol asumido.
Así, en el primer momento de selección de la información, en el que toman decisiones acerca de qué hechos obtendrán cobertura a lo largo de una jornada, los productores suelen desplegar las mismas estrategias y acudir al mismo tipo de fuentes en los tres canales: revisan los partes diarios de la Oficina de Prensa de la Policía de la Provincia, chequean otros medios (las emisoras de radio de mayor incidencia en la agenda pública local[4], los otros canales de televisión, las ediciones online de otros medios de alcance provincial o de localidades del interior provincial) ya que algún periodista puede haber obtenido una primicia a través de una fuente propia[5] y se pone atención a los mensajes de las audiencias que llegan a través de diversos canales (redes sociales[6], teléfono, WhatsApp, etc.):
La estructura policial tiene una oficina de Prensa [...] que es la que te manda el boletín de prensa, que ha existido toda la vida pero ya hoy eso… Puede servir para la primera salida de un móvil a las seis de la mañana en la radio. Eso, después de esa hora, casi casi no tiene ninguna otra relevancia.
Jefe de noticias de Canal 10
La productora comenta que en el día de ayer encontró en El Diario de Carlos Paz una noticia sobre el ataque que sufrió una mujer de la localidad de Valle Hermoso por parte de su pareja o expareja, quien la agredió con un cuchillo, pero su hermano “la salvó”. […] Acuerdan entonces cubrir el hecho de Valle Hermoso. La productora dice que para no estar dando vueltas con la policía, que muchas veces no facilita información, llamará a algún colega de El Diario de Carlos Paz para pedirle información y la dirección de la víctima, como para buscar una nota con ella.
Diario de campo, Teleocho
Lo mandó un vecino a ElDoce.tv. Vio que estaba la policía y el auto incendiándose y lo manda. Después nos enteramos que el mismo auto del video, el que estaba quemándose, era en el que habían huido los ladrones. Se va completando mucho así. Hoy por hoy el tema de las redes sociales es un tema que no podés dejar pasar. Tenés que estar atento porque te completa la información. Es una herramienta más que se agregó a la rutina de trabajo.
Productora de Canal 12
A la vez, al momento de priorizar entre diversos hechos, existen miradas comunes entre los periodistas de los distintos medios acerca de su gravedad y trascendencia como criterios para tomar decisiones de cobertura, asociados al grado de violencia (en especial la presencia de personas agredidas o fallecidas) y a la expresión de problemáticas sociales de las cuales el siguiente hecho en cuestión sería un ejemplo:
No es lo mismo que golpeen a unos viejitos que, a lo mejor, un asalto común en que no estaban y cuando volvieron se encontraron que tenían toda la casa dada vuelta. En este caso, como ha habido violencia… Evidentemente tiene más impacto eso, no solamente en las víctimas.
Jefe de noticias de Canal 10
La gravedad de las consecuencias del hecho policial, o por el protagonista que sea, porque si es una persona importante, evidentemente conocida o una persona pública adquiere más notoriedad. Por la gravedad en el sentido de las consecuencias físicas que puede haber tenido una persona, o las víctimas, o por lo cuantioso de lo que se ha robado, lo valioso de lo que se ha sustraído. O por supuesto que si hay muertos se prioriza. Y también pasa que por algún hecho que es realmente extraordinario por la modalidad.
Cronista de Canal 12
La productora salta de la silla para decirle al otro productor que acaba de suceder un accidente fatal: atropellaron a una mujer en barrio Los Naranjos y murió en el acto. Se precipita pensando a qué movilero llamar para que vaya a cubrir el hecho. […] Consideran que un accidente como el que ocurrió en el barrio Los Naranjos (siniestro de tránsito ocurrido en la Avenida Fuerza Aérea, donde murió una mujer) no es un hecho aislado porque en esa esquina ocurren y han ocurrido con frecuencia (hay escaso control vehicular, los autos van a grandes velocidades, hay pocos semáforos, pocas vías de cruce del peatón).
Diario de Campo, Canal 10
Si el choque no deja un saldo… Más allá de si tiene víctimas fatales o no, digo, una cuestión que sea reveladora de, no sé, un cruce peligroso que no está señalizado. […] Algo que sirva de advertencia o de lección o de previsión para el resto de la gente que ve eso.
Productor de Teleocho
En el momento del procesamiento de la información, donde los cronistas de calle tienen mayor incidencia porque son los principales encargados de producir la materia prima para el relato televisivo de la noticia –se acercan al lugar de los hechos junto a un camarógrafo para tomar imágenes, recogen los testimonios de las víctimas, testigos o de los funcionarios que oficialmente informan, etc.–, también existen pautas compartidas que trascienden la línea editorial u otras características del medio en el cual se trabaja.
En ese aspecto se destaca especialmente que, aunque a veces las coberturas no tengan como punto de partida información oficial[7], desde el punto de vista de los periodistas resulta preciso contar con el testimonio publicable de una fuente oficial para darle veracidad y credibilidad a la noticia. Más aún, a tal punto se valoran como legítimas y necesarias estas fuentes en esta instancia del proceso que no se considera necesario chequear la información que proveen[8], e incluso puede ocurrir que un hecho quede sin cobertura por no contar con un testimonio de este tipo:
La productora llama por teléfono al cronista para indicarle que pase primero por la departamental de Carlos Paz, donde ubicará al comisario para una primera nota, y que luego se dirija a Valle Hermoso. […] A los pocos minutos llama el cronista desde Carlos Paz diciendo que el comisario no lo atendió porque está en una reunión. Los productores le indican entonces que se vaya directo al aeropuerto de Córdoba, […] por el momento queda suspendida la nota por el intento de femicidio en Valle Hermoso.
Diario de campo, Teleocho
Lo que llega de prensa de policía sí, porque eso es derecho, está chequeado.
Cronista de Canal 12
Además de las fuentes oficiales, para completar la cobertura de una noticia policial resulta prioritario, según el saber hacer profesional, contar con testimonios de las víctimas directas, ya que estos permiten darle mayor dramatismo al relato de un hecho que, en efecto, se considera dramático:
Vos tenés al familiar directo de una víctima y, bueno, yo voy a realzar esa nota porque el relato en primera persona le da un contenido, un dramatismo si es dramático o una situación distinta a que lo cuente un policía que, circunstancialmente, por turno, por horario, le tocó cubrir tal cosa.
Productor de Teleocho
En la noticia policial siempre buscás al que fue víctima. Hay muchas veces que no quieren hablar y nosotros no insistimos, pero que te lo cuenten en primera persona es lo más importante. Los familiares. Y si no quieren, nosotros no jodemos.
Productora de Canal 12
En el mismo sentido se comparten en las tres señales criterios editoriales para la etapa de presentación de la información, en nuestro caso, la emisión del noticiero. En particular, respecto a la elaboración de la pauta –la asignación de las noticias a los distintos bloques del programa, y en el interior de cada bloque–, los periodistas afirman que la regla fundamental es presentar un noticiero variado, es decir, abordar los distintos tópicos en los cuales se organizan las noticias de una manera equilibrada, atendiendo a la importancia de cada hecho, y especialmente a los estados de ánimo que se busca generar en la audiencia:
Se encargan de ver qué hay, con qué abrimos, qué cosa está impactando. Se encarga de equilibrar, no poner todos los policiales en un bloque. Por lo general un bloque tiene dos noticias locales, un espectáculo, un deporte, una salida de Mariano o algún invitado al piso. Se va equiparando, de no tener información tan pesada, tan dura, y en algún momento relajar, informar, entretener un poco.
Productora de Canal 12
A veces, por la importancia, es cabeza de un bloque, […] y a veces, también, por la necesidad de, después, distender. Uno trata de manejar estados de ánimo, manejarlos o tenerlos presentes, digamos. Manejarlos, no en el sentido de venderle un perro verde al televidente pero sí de inducirlo a un estado de ánimo más relajado al momento de ir al corte. […] Entonces, esa información un poco más densa va en la apertura del bloque, y después se pone algo más de información general, algo de deportes, algo de espectáculos, de música para el corte.
Productor de Teleocho
La cantidad y variedad de periodistas involucrados en el proceso, el tipo de propiedad y gestión del medio –público o privado– y las diferencias en cuanto a los recursos e infraestructura con los que se cuenta para producir, entre otros factores, no se reflejan en una diversidad de criterios periodísticos para construir noticias del género policial. Incluso, los lineamientos editoriales y los intereses económicos y políticos a los que responden cada uno de estos medios de comunicación no se traducen en un pluralismo periodístico.
Nuestra investigación constata, de esta manera, la homogeneidad de agendas, contenidos y lógicas de visibilización pública mediáticas hegemónicas. En los estudios de comunicación los procesos en las rutinas de producción periodísticas se han vinculado a la estructuración monopólica y oligopólica de los sistemas de propiedad, a las articulaciones que los medios establecen con otros actores políticos, económicos y sociales en función de proyectos convergentes y a la configuración histórica y cultural de las sociedades de masas –y más tardíamente las sociedades mediatizadas– y los modos de socialización que en ellas se producen (Loreti y Lozano, 2014; Becerra y Mastrini, 2017; Borrat, 1989; Aruguete, 2015; Mata, 2008). Esta constatación, que había sido planteada ya por los estudios clásicos de newsmaking, es frecuentemente olvidada a pesar de su relevancia como uno de los factores que opera en la construcción del discurso mediático, objeto este de las más enérgicas polémicas a lo largo del siglo XX, y en especial en los últimos años, en los que cuestiones como el poder de los medios sobre las audiencias, los intereses a los que ellos responden, el profesionalismo y la militancia en el periodismo se han instalado con fuerza en el debate público cotidiano.
Lo que merece una mención particular, en cuanto a los resultados de nuestra investigación, es que este saber hacer que se ha ido extendiendo en la forma de prácticas rutinizadas entre los periodistas se ha constituido en una verdadera deontología profesional, en el sentido de que ha desplazado y reemplazado en la experiencia diaria a ciertos principios éticos que históricamente la doctrina liberal de la prensa prescribió para el periodismo (Guzzi, 2019), tales como el rigor y la precisión en el manejo de datos para obtener una información completa, exacta y diversa[9], la clara distinción entre informaciones y opiniones y el respeto a la presunción de inocencia, entre otras[10]. Nos encontramos, en cambio, frente a una deontología –en tanto conjunto de deberes que se espera que sean cumplidos en el marco de una cierta actividad profesional– que no responde a esas regulaciones éticas que se delinearon atendiendo a la responsabilidad social de la profesión y la importancia del derecho humano a la información, sino a las formas en las que los medios de comunicación locales han estructurado el proceso productivo –el “proceso de fabricación” diría Verón (1987: 2)– para cumplir diariamente con la cuota necesaria de elaboración de noticias en virtud de las emisiones previstas del noticiero a lo largo de la jornada[11].
Violencia de género y mediatización: las modelaciones culturales entre los medios y la experiencia de la vida cotidiana
Las polémicas en torno al discurso de los medios, a las que nos referimos hace un momento, expresan una preocupación que ha estado en el origen mismo del campo de estudios de la comunicación, que ha excedido largamente ese ámbito y que renueva su vigencia con cada nueva transformación en el ecosistema mediático: la preocupación por el poder de los medios, es decir, sus efectos sobre las opiniones, creencias y conductas de la población en general, y de sus audiencias en particular.
Las perspectivas teóricas a las que adscribimos en esta investigación indican que tales efectos solo pueden ser pensados productivamente en clave de modelación cultural, esto es, pensar a los medios y tecnologías de información y comunicación como una dimensión fundamental de la “textura general de la experiencia” (Silverstone, 2004: 15), en tanto “filtran y modelan las realidades cotidianas a través de sus representaciones singulares y múltiples, y proporcionan mojones, referencias para la conducción de la vida diaria y la producción y el mantenimiento del sentido común” (Silverstone, 2004: 21). En esta perspectiva, los medios de comunicación proporcionan lenguajes, narrativas, formas de expresión, pero no como una fuerza omnipotente que actúa contra o sobre nosotros, sino como “una realidad en la cual participamos y compartimos y que sostenemos diariamente por intermedio de nuestras conversaciones e interacciones cotidianas” (Silverstone, 2004: 21).
En ese sentido, esta realidad de la que participamos y que compartimos implica que tal modelación es mutua y recíproca, es decir, a la vez que los medios modelan nuestra experiencia de la vida cotidiana, son modelados por ella[12] (Silverstone, 2004; Williams, 1974), en la medida en que también nuestras historias, nuestras conversaciones, nuestras fantasías y nuestras luchas están presentes, se imponen en los relatos mediáticos, tanto en los programas periodísticos como en los de ficción y entretenimiento, y en los nuevos géneros híbridos como el infoshow o el docudrama al estilo del celebrity show.
Este proceso de modelación mutua –de los medios a la sociedad y de la sociedad a los medios–, tan extensamente debatido y conceptualizado en nuestro campo, también se puede reconocer en esta investigación en torno a una problemática social que, de la mano de las movilizaciones y luchas del movimiento feminista y de mujeres en la Argentina[13], ha adquirido gran visibilidad y relevancia en el espacio público en los últimos años, y también en el espacio público mediático: la violencia de género.
En primer lugar, la problemática ha tomado importancia en el proceso de producción periodística en relación con los criterios “sustantivos” de noticiabilidad, es decir, respecto a los criterios que refieren al contenido de las noticias (Wolf, 2013). En la práctica, esto implica que este tipo de hechos se priorizan para las coberturas. Comenta al respecto una productora de Canal 10 en una jornada de observación:
Consideramos que algo es lo más importante por el contexto social que tiene, por el lugar que tiene en la agenda del día de hoy, de qué se está hablando más hoy. Cuando surge un tema de última hora, de último momento, que es más importante, no importa el resto, se desdibuja porque eso pasa a ser lo más importante. Si es nuevo y si es impactante. Nos enteramos de un femicidio a esta hora, eso te rompe toda la pauta. Ya arrancás con ese tema, ya tenés que seguir ese tema.
Diario de campo, Canal 10
En segundo lugar, los periodistas claramente relacionan esa relevancia con las acciones ciudadanas y de lucha que han logrado –con mucho esfuerzo– instalarla socialmente:
Y también cuando se está llegando a las fechas, al día de la mujer, o a la marcha de Ni una menos, son temas que van haciendo agenda, dependiendo del tiempo, del momento. […] Es un tema que se está viendo mucho más que antes, lo del femicidio.
Cronista de Canal 12
No hay un manual de estilo porque, además, la dinámica que está teniendo, puntualmente, este tipo de temas va cambiando o va, digamos, lo estamos aprendiendo. Así como hace diez años atrás en la Justicia no había unidades especiales o en el gobierno o en la Unidad de Violencia (no me acuerdo cómo es el nombre), de “Violencia contra la Mujer” y demás. Todo eso ha ido apareciendo.
Jefe de noticias de Teleocho
En tercer lugar, la centralidad que la problemática ha ido tomando ha generado una preocupación entre los periodistas en torno a su cobertura: el interrogante que se plantean algunos de ellos es, como ocurrió en períodos anteriores con los casos de suicidio[14], si la difusión mediática de los femicidios y los hechos de violencia de género inciden socialmente en un aumento de este tipo de hechos o no:
Tenemos algunas compañeras que están enfocadas en ese tema, además, porque tienen interés particular, participan de Ni una menos, entonces, me dicen: “La otra vez estuvimos hablando con las chicas y nos dijeron que hay que cambiar o hay que empezar a mostrar más en el mensaje que los femicidas que han caído no salen más de la cárcel”. Entonces, remarcarlo, decir: “Atento vos, o sea, si te vas a sacar la furia, enterate de que no salís más de la cárcel”, ¿me entendés? Como otra vía de mensaje dirigida al potencial femicida. Pero es un trabajo muy difícil porque está en juego de qué manera, nosotros, con lo que hacemos, podemos llegar a estar incidiendo en esa ola de crímenes, ¿no?
Jefe de noticias de Teleocho
Acá en la empresa tenemos una mesa editorial en la que estamos los gerentes, que somos los que definimos la línea editorial de la empresa. Nosotros llevamos un tiempo debatiendo el tema de violencia de género. Hemos estado viendo cómo seguir, cómo hacer, no sabemos si tenemos que cubrir o no cubrir, se está leyendo, se está discutiendo, se está estudiando. Hay posturas de que sí, hay posturas…
Jefe de noticias de Canal 10
Le dan más importancia al femicidio. Aparte porque hay muchos, en lugar de disminuir van aumentando. Lo cual por ahí es paradójico: mientras más se habla, más sabemos y tratamos de buscar la prevención, hay más casos.
Cronista de Canal 12
Pero, al mismo tiempo y paradójicamente, la cobertura de los femicidios se plantea como un ejemplo de la utilidad que pueden tener las noticias policiales, en el sentido de aportar algo más que una mera información, enviando un “mensaje” a la audiencia:
Muchas veces lo que nosotros tratamos de hacer con algunos temas es darle una bajada y que sirva y aporte. […] Los femicidios, ponés el número[15], tratás de darle algo. Como te digo, el tiempo es limitado, así que en la medida de lo posible darle como otra vuelta para que el que esté del otro lado tenga un par de herramientas.
Productora de Canal 12
Hay informaciones judiciales que tienen una repercusión muy importante, de todo tipo. Desde los delitos económicos, estafas y demás. Fijate la Causa CBI[16], por ejemplo […]. Las causas de abuso, de violencia familiar, de violencia, ¡el Ni una menos! Fijate la cantidad de juicios que ha habido en los últimos tiempos, ¿no?
Cronista de Canal 10
Precisamente, se trata de un tema que resulta hoy muy “conmocionante”, y por lo tanto la cobertura de este tipo de noticias requiere de un cuidado especial, no solo en cuanto a preguntarse si su difusión mediática incide socialmente en un incremento de los femicidios, sino también en cuanto a chequear la información, ofrecer la mirada de especialistas, etc.:
Hay casos de supuesta violencia de género (digo “supuesta” porque, muchas veces, no las terminamos de comprobar, no son denunciadas judicialmente, pero sí las quieren denunciar mediáticamente). Entonces, eso también es algo para tomar con pinzas. Nosotros, como norma, si no se ha hecho una denuncia policial-judicial que vos me cuentes que te golpearon, que tu pareja te pegó, por más que yo te crea no lo vamos a publicar. […] Hoy es un tema muy conmocionante. Hoy y desde hace un tiempo. […] Es un tema que sensibiliza mucho a la gente y uno no está ajeno a eso.
Productor de Canal 8,
La otra vez cuando ocurrió este último de Los Cedros, buscamos a las chicas de Ni una menos, hicimos un móvil con ellas para que aporten elementos, hablamos siempre con alguna integrante de los organismos del Estado que están trabajando con esto. Siempre le damos un contexto, que no sea una noticia policial más.
Jefe de noticias de Teleocho
Cubrimos las víctimas, los abogados, las marchas; tenemos programas especiales –24 Mujer– sobre violencia de género, es un programa específico de la empresa, donde se toca esa temática. Más allá de que pueda ser una noticia en un boletín, digamos, estructuralmente, está planteado así. Tenemos una persona que prácticamente se dedica a ese tema, que es Mónica Reviglio.
Jefe de noticias de Canal 10
Como se verifica a partir de los datos presentados, el proceso social de desnaturalización de la violencia de género y en especial de los femicidios, que históricamente fueron presentados en los discursos periodísticos como “crímenes pasionales”, ha tenido un impacto concreto en las salas de redacción, que contribuye a un replanteo de su visibilización mediática, y establece desafíos novedosos para su abordaje informativo. Se constata una significativa reflexividad por parte de los periodistas en este punto.
Sin embargo, de las observaciones realizadas en las salas de redacción surge también que, en la práctica cotidiana, no siempre se logra una cobertura acorde con las miradas que los periodistas tienen sobre la cuestión. Con frecuencia, los condicionamientos que devienen del formato televisivo –principalmente contar con testimonios publicables– y las limitaciones en cuanto a recursos disponibles para la producción –los equipos de calle y el equipamiento tecnológico– se imponen sobre los criterios editoriales, lo que genera que una noticia no pueda ser incluida en la agenda, que tenga menor centralidad que la que se le atribuye periodísticamente o que su tratamiento no refleje la complejidad con la que se pretende abordarla. En otras ocasiones, los periodistas simplemente no han encontrado aún los mecanismos, dispositivos o prácticas de producción adecuados para traducir sus preocupaciones y miradas a un tratamiento novedoso de la información, por lo cual los hechos vinculados a esta problemática social terminan siendo abordados como cualquier noticia policial, en la que se priorizan las fuentes oficiales –policiales y judiciales– y los relatos dramáticos, sin otra contextualización y profundización en la temática[17].
La labor diaria de los periodistas está en definitiva atravesada por una serie de tensiones que se viven con cierta impotencia y que sin duda afectan la calidad de la producción informativa.
La politicidad de la información policial y el “olfato periodístico”
Para los productores, cronistas y periodistas las noticias policiales son más “neutrales” y “objetivas” que otro tipo de noticias, dado tanto su carácter narrativo como un abordaje naturalizado respecto de hechos, fuentes y recursos discursivos y audiovisuales con los que se ponen al aire. Esta aparente no politicidad se vincula también con la supuesta cercanía a las experiencias de la vida cotidiana, experiencias que parecen compartidas respecto de protagonistas, espacios y problemáticas de la problemática securitaria, así como de las preocupaciones y sensaciones que generan, por lo cual no necesitarían un tratamiento de mayor complejidad. Junto con ello, aparece también la idea de que el abordaje jurídico es el que permite nombrar, comprender y clasificar el conflicto, con lo cual se exteriorizan en una perspectiva legal las decisiones que se toman al construir discursivamente los hechos narrados a través del policial.
En el terreno judicial no hay mucho cambio, no es como la política, que vos un día podés verlo de este lado y, al otro día, a lo mejor, lo podés ver del otro lado. Aquí hay más objetividad y hay un periodismo más descriptivo, más neutral… políticamente más neutral. Si bien la política tiñe la justicia y de manera importante, pero, a ver, el artículo 1 del Código Penal es el artículo 1 del Código Penal, ¿de acuerdo? No es ni radical, ni peronista.
Cronista de Canal 10
Yo, por ejemplo, cuando voy haciendo la nota, ya voy seleccionando lo que va. […] El policial es mucho más simple porque tenés el hecho de que te lo cuentan las vivencias de la gente.
Cronista de Canal 12
Esta cercanía a una supuesta cotidianidad de la gente común se vincula con un modo específico de narrar en función del cual se despliegan criterios de producción, edición y puesta al aire que configuran un lenguaje específico para construir discursivamente los conflictos vinculados con la cuestión securitaria. Este lenguaje se articula alrededor de una clasificación del tipo de discurso de cada uno de los actores que intervienen: la emotividad de las fuentes vinculadas a “personas de a pie” y de los recursos audiovisuales, y un relato de carácter informativo para los cronistas.
En muchos casos hay gente que se emociona. El tema de la gente que llora y que se emociona es muy importante en las notas porque marcás ahí un poco de humanidad en, quizás, notas tan duras, ¿no? […] Yo en el off priorizo lo estrictamente informativo.
Cronista de Teleocho
Si yo le hubiese tenido que poner el off ponía la parte de él llorando, se quiebra él, y hubiese dicho “Aún la emoción le dura después de haber sentido que estaba tan cerca de la muerte”, y después contar “El chofer Juan José Garrido fue quien recibió una pedrada en circunvalación y Ruta 9 Norte”, y ahí el off; después un poco más del sonoro de él o de un policía diciendo si había o no detenidos. Así es el armado.
Cronista de Canal 12
Para los periodistas entrevistados, este lenguaje que funciona como guía a la hora de producir la información policial tiene un carácter más fuerte en la estructuración de la noticia, con relación a otro tipo de información. Pero, al mismo tiempo, ese lenguaje no opera de manera homogénea ya que la intervención particular de cada periodista otorgaría matices en la construcción de cada hecho:
Podés ver que muchas veces eso es absolutamente subjetivo porque una misma nota, si la ves en los tres canales, son tres notas distintas. […] Tenés el mismo hecho pero son las interpretaciones subjetivas de cada periodista. Entonces, nunca vas a ver una nota igual, una selección igual de la entrevista. […] Hay una estructura del Canal, si bien tenemos, por supuesto, un estilo (que ya lo tenemos incorporado desde que empezamos a trabajar), es así, es la perspectiva del periodista sobre el hecho en sí. Y de ahí va surgiendo todo lo que tenés: el armado, la selección de lo que vas a poner, el armado de los off. […] [Las policiales] son dentro de todo las notas que tienen como más estructura porque las otras, por ejemplo, las políticas o las gremiales, tenés otro juego de cosas que no lleva una estructura.
Cronista de Teleocho
El carácter estructurante tanto de la crónica y su especificidad narrativa, así como del modo particular en que funciona la organización de la producción informativa, aparece como cierto límite para construir abordajes propios y para introducir interpretaciones sobre esos hechos, aun cuando se reconoce la intervención de la subjetividad de cada cronista.
Junto con este carácter estructurante de la crónica atravesado por las lógicas de producción audiovisual, aparece también lo que los periodistas denominan “olfato”: un saber práctico que funciona de modo intuitivo, incorporado en el interior de la dinámica de la producción informativa audiovisual, que también opera como una suerte de destreza aprendida en el hacer cotidiano y que se convierte en un criterio periodístico:
Nada más que lo que se enseña en periodismo, muchas veces, no tiene nada que ver con la práctica cotidiana de la profesión. O sea, el manualcito que vos creés que tenés todo estudiado y que estás listo para salir a la calle, cuando salís a la calle, te das cuenta de que no. El periodismo, a ver, lo que vos estudiás en periodismo, te da la base, la base de lo que es el periodismo. Después, cuando salís a la calle, ahí te da la profesión, digamos, te da lo que es exactamente. […] Te das cuenta de que no, que no sabés nada. Entonces, guardás el librito, el manualcito lo guardás y, bueno (se ríe).
Cronista de Canal 10
El olfato, como criterio de distinción sobre el saber del oficio y la competencia profesional necesaria para llevar adelante la tarea diaria adquirida a través de la experiencia, también opera en el vínculo con las fuentes, ya que permitiría a los periodistas percibir si una fuente está ofreciendo una versión interesada, engañosa o exagerada de los hechos:
Después hay que aprender a ver cuándo te están mintiendo o engañando. […] Hasta mirando a la persona te das cuenta. Yo, gracias a Dios, un par de veces me di cuenta cuando íbamos a hacer un papelón muy grande. Pero por supuesto, buscando más información es más fácil. Pero a veces es difícil encontrar muchos testimonios. Ni hablar en hechos policiales, gente común, no hace falta que sea un hecho muy importante o muy grave. La gente también quiere esconder cosas, y terminás contando exactamente lo contrario de lo que pasó.
Cronista de Canal 12
Hay cosas que, qué sé yo, que no cierran. A veces, qué se yo, uno te dice “Sí, entró por acá el delincuente”, y uno ya tiene muchos años en esto y te das cuenta de que te están mintiendo. Y, bueno, o no lo uso o digo “Bueno, a mí no me sirve esta nota”, o sea, veamos de otra forma, porque no sirve o no da o no le creo.
Cronista de Teleocho
El imperativo de contar con testimonios para que la noticia llegue a ser emitida implica riesgos frente a quienes están dispuestos a funcionar como fuente vinculados tanto a la credibilidad de los testimonios como a los intereses que puedan teñir esos testimonios:
[El cronista] me plantea que los periodistas que tienen mucho tiempo en la tarea pueden identificar quiénes están mintiendo, exagerando o “fabulando” a propósito de lo que les ocurrió o lo que vieron, salvo que sean “hábiles declarantes”, como es el caso de los políticos o los empresarios. Recuerda una cobertura que hizo de un crimen de una mujer en una localidad del interior, donde le dio la impresión –por la postura corporal, la mirada, los gestos– de que la hija de la víctima tenía una actitud extraña; no así la pareja de la víctima, que “no era más que un borracho” que al momento del crimen estaba completamente alcoholizado (me dice que eso se notaba por los “ojos chiquitos, la nariz colorada”). Según el cronista, este hombre parecía realmente conmovido cuando hablaba de la víctima, pero no así su hija. Me dice que por supuesto los periodistas se pueden confundir, pero la experiencia ayuda a darse cuenta.
Diario de campo, Teleocho
Como se desprende de este último fragmento del diario de observación, el olfato periodístico muchas veces tiene que ver con las conductas esperables –desde el punto de vista de los periodistas– de las personas involucradas en un hecho policial. Funciona como una suerte de herramienta profesional que permite evadir ciertos riesgos propios de su labor, vinculados a la posible difusión de información falsa o atravesada por intereses específicos:
Por ejemplo, una cosa que me pasó ayer cuando fui a cubrir lo del delincuente abatido, que podría haber sido un caso de gatillo fácil, tranquilamente. O un caso de la policía que fue un intercambio de disparos, que no es lo mismo. Pero al no haber habido reacción del lado de los familiares de la víctima, entonces eso te da la pauta de que realmente era el delincuente, porque si no, si hubiese habido un caso de gatillo fácil, lo primero que hacen los familiares es empezar a gritar, a hacer lío, tirar cosas y piedras contra la policía, denunciando que es un caso de gatillo fácil, como ha pasado con otros casos. Entonces son cosas que uno va observando con los años.
Cronista de Canal 12
Lo que estos datos permiten constatar es que, en el caso de las noticias policiales, esta competencia profesional que los periodistas destacan está relacionada con una serie de prejuicios que operan en nuestra sociedad, y de los cuales los trabajadores de prensa no están exentos a pesar de su interés por narrar la realidad con la mayor objetividad posible. Se trata de prejuicios cuya existencia en la sociedad admiten explícitamente ciertos periodistas, e incluso en algún caso atribuyen a una de las fuentes principales con las que se trabaja en la producción de este tipo de noticias, es decir, la policía, pero frente a los cuales los periodistas parecen considerarse ajenos:
Muchas veces los hechos policiales, consciente o inconscientemente, solamente terminan movilizando actitudes malas, como es la discriminación, el estereotipado, los prejuicios y hasta actitudes ilegales como “matar a todos”. Yo estoy en el extremo opuesto a eso, y la verdad que con el paso de los años, no sé si me estoy poniendo viejo o qué, cada vez me atrevo menos a juzgar a las personas. Porque cubriendo juicios, sobre todo, escuchando historias de personas que han hecho cosas atroces me pongo en el lugar de ellos, en su historia de vida y yo no sé si no hubiera terminado haciendo algo como lo que hicieron ellos. Entonces yo ya no me atrevo a juzgar a nadie. Yo le he hecho notas a la esposa del violador serial el día después de que se pegó un tiro en vivo en el noticiero (fuimos los únicos con los que habló). Y yo fui con mucho respeto, no soy quién para juzgarla. Y la verdad que me pareció una víctima.
Cronista de Canal 12
El cronista me pregunta en calidad de qué estoy allí. Le comento un poco acerca de nuestra investigación y a partir de ese momento empieza a hacer una serie de consideraciones acerca del tratamiento que en general tienen los hechos policiales y de inseguridad en el periodismo: me dice que los medios tienen una tendencia a tomar como válidas las versiones que la policía ofrece sobre esos hechos, cuando se trata de una institución llena de prejuicios que en general suponen una estigmatización de un cierto sector de la sociedad: el de los “negros y pobres”. Dice que por tomar como válida la versión policial muchos periodistas no se ocupan de contrastar con otras fuentes. En el caso de Teleocho plantea que eso se debe fundamentalmente a la falta de tiempo, y no a que atribuyan tal verosimilitud a la policía. Pero, según me comenta, desde su punto de vista todas las fuentes oficiales desarrollan una “praxis de la mentira”, y en algunos casos, por el tipo de desafío que tienen, se comprende que así sea, pero esa circunstancia exige a los periodistas tomar precauciones respecto a los relatos oficiales.
Diario de campo, Teleocho
El olfato periodístico, entonces, implica también una suerte de esquema de percepción a partir del cual se valora la palabra de los entrevistados, y se toman decisiones sobre la validez de sus testimonios.
En términos generales, podríamos definir a este olfato periodístico, por un lado, como la naturalización de un modo específico de noticiar la información policial en el que se articulan la crónica y su narratividad distintiva, con elementos emotivos, como un formato audiovisual que opera sedimentando un modo de abordaje sobre determinados hechos.
Por otro lado, como saber práctico, funciona como argumento que permite poner entre paréntesis algunos valores comunes que pretenden guiar la práctica profesional: frente a las pretensiones de objetividad se descansa, en este caso, sobre el formato, que también funciona como legitimación de los elementos emotivos atribuidos a este.
También opera como distinción respecto de quienes no tendrían el oficio adquirido a partir de la práctica cotidiana, y termina por traducirse como una perspectiva sobre la conflictividad social en la que predominan prejuicios instalados socialmente y reproducidos sistemáticamente por las fuentes oficiales. Resulta especialmente llamativo en este punto que aun con la importante reflexividad que aparece en relación con otros temas –como señalábamos en el apartado anterior–, y aun reconociendo la existencia de estos prejuicios en la sociedad y en las fuentes con las cuales trabajan, los periodistas, sin embargo, no problematizan su incidencia en su propia labor editorial diaria.
Junto con ello aparece una atribución de una función social pedagógica por la cual se intenta enviar un mensaje a la sociedad, educarla respecto a las formas de convivencia deseables. En este marco, la información policial, como información más vinculada a las experiencias cotidianas, no solo permite dar a conocer determinadas modalidades de delito o lugares peligrosos, sino sobre todo cumple una tarea moral respecto de los vínculos y acciones que se consideran valiosos.
La noticia policial y el ejercicio de la ciudadanía comunicativa
En definitiva, las prácticas periodísticas de producción de información policial se rigen por un lenguaje compartido y naturalizado que estructura unas dinámicas de producción rígidas y establecidas por el poco tiempo de producción, por los recursos técnicos escasos y un staff que –a diferencia de la gráfica, en la que los distintos tipos de información cuentan con periodistas especializados– producen todo tipo de información. Todos estos aspectos definen rutinas que son vividas como una suerte de imposición que, en cierta medida, los deja indefensos frente a la maquinaria de producción de noticias, con un saber práctico aprendido en el oficio cotidiano como único recurso.
En este marco, nos interesa retomar una de las preocupaciones que dieron inicio a esta investigación, en la que el interés por comprender y especificar las particularidades de las rutinas periodísticas y el modo en el que se despliegan en la producción de la información vinculada a la cuestión securitaria estaba vinculado a comprender cómo la construcción noticiosa de los hechos vinculados a la seguridad inciden en las posibilidades de ejercicio de los derechos a la comunicación de los ciudadanos. En este sentido, entendemos que hay distintas cuestiones que restringen esos derechos.
En primer lugar, el modo en el que opera el formato de la crónica policial, junto con los condicionamientos específicos del lenguaje audiovisual, implica una restricción para los derechos de las audiencias, en tanto tienden a unificar las lógicas de representación de conflictos ligados a la seguridad. El carácter estructurado y rutinizado impera sobre los hechos e impide reconocer las complejidades que pudieran contener. Entonces, la posible diversidad de acontecimientos aglutinados a través de esta modalidad, de este formato, de este tópico, se reducen a una sola forma de ser narrados, y, por lo tanto, la heterogeneidad de experiencias y perspectivas quedan subsumidas ante un proceso de producción informativa que las empobrece. En este sentido, la pluralidad de abordajes sobre la información policial es la que se pone en cuestión por las implicancias de la estandarización de los lenguajes y formatos para tratar la información policial.
Luego, este formato fuertemente sedimentado opera también a la hora de habilitar la palabra pública de los distintos actores vinculados a los hechos noticiosos. El procesamiento de fuentes en la construcción de noticias policiales para televisión asume tres características significativas que atentan contra un tratamiento plural de la información: el requerimiento de contar con testimonios publicables para que un hecho logre cobertura, la ausencia de chequeo cuando la información proviene de fuentes oficiales y, por esa misma razón, su priorización en la producción de las notas que el noticiero pone al aire. Se trata de una característica vinculada, por una parte, a los condicionamientos que impone el formato –que inciden decisivamente también en otros aspectos de la construcción noticiosa–, y, por otra, a las ideas de neutralidad y objetividad que los periodistas asocian a los hechos policiales y su cobertura. Todo esto configura una lógica específica, fuertemente arraigada y sedimentada en las prácticas de los actores que intervienen en las diferentes etapas de la producción informativa del policial.
Estos condicionamientos y limitaciones, relacionados con el formato pero también –como se ha dicho a lo largo de este capítulo– con las restricciones respecto al tiempo y a los recursos (tanto periodistas como equipamiento tecnológico), parecieran ser asumidos como una suerte de lógica externa impuesta sobre la práctica y sobre la cual los sujetos no tienen más que hacer que operar de manera hábil y eficiente como condición de pertenencia y profesionalismo en su rol de trabajadores/as del periodismo audiovisual. Frente a esa lógica externa, los/as periodistas se posicionan –podríamos sostener a modo de hipótesis de trabajo– como “sujetos de indefensión”, indefensión análoga a la que Mata (2006) reconoce en los ciudadanos en su carácter de públicos frente a los medios. Esta condición de indefensión actúa como una limitación para el ejercicio de los derechos a la comunicación, en tanto no obtura altos niveles de criticidad frente a tales lógicas pero tiende a inhibir el desarrollo de prácticas tendientes a transformarlas. Así, los periodistas parecieran estar tan indefensos como los públicos respecto a las reglas y dinámicas que estructuran el sistema mediático y que, en definitiva, instituyen ciertas lógicas comunicativas hegemónicas en la sociedad.
Este carácter, aparentemente externo a las decisiones de los involucrados en la producción informativa, opera como una dificultad manifiesta a la hora de producir innovaciones respecto a los modos de abordar los temas ligados a la conflictividad securitaria, pero también a otros tópicos.
Por otro lado, aparece una jerarquización de hecho en cuanto a la palabra de las fuentes: los testimonios son parte de la dimensión emotiva de la información, mientras que las fuerzas de seguridad o jurídicas son las que imprimen los marcos de comprensión de cada hecho. En este sentido, los ciudadanos se constituyen en fuentes en tanto víctimas y en tanto sean capaces de construir un relato acorde a la demanda de un testimonio sobre esa experiencia puntual, ya que se espera de ellos intervenciones vinculadas a su experiencia específica de dolor o pérdida, y se desconfía de ellos toda vez que se corren de los roles predefinidos en el formato incorporado. Su participación pública se reduce entonces a brindar elementos que otorguen drama a la noticia y no en tanto ciudadanos/as con perspectivas posiblemente diferentes a la hora de expresarse.
Dar cuenta de estas restricciones es central, no tanto para describirlas sino para imaginar posibilidades de transformación. Para ello, es necesario considerar que la posibilidad de aportar iniciativas tendientes a ampliar las formas en que se representa socialmente la cuestión securitaria no puede ser ajena a la perspectiva de los productores de información, de sus condicionantes y de las prácticas arraigadas desde las cuales producen información. La exterioridad normativa no parece ser una alternativa viable: manuales, acuerdos o cualquier tipo de prescripción que no tome en consideración el carácter estandarizado de la producción de información, en principio, estaría destinado a no lograr ningún tipo de incidencia. Lo que pareciera surgir como condición para un diálogo productivo es el reconocimiento de las dinámicas existentes para aportar elementos concretos en las distintas etapas del proceso de producción que pluralicen aquello que se nombra como problemática securitaria en nuestros medios audiovisuales.
Bibliografía
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- Cabe aclarar que al momento de realizarse la investigación, el Grupo Telefe aún no había sido comprado por la multinacional ViacomCBS.↵
- De esta etapa de trabajo también participaron Rocío Marruco y Carolina Wild.↵
- Volveremos sobre esto más adelante.↵
- En el caso de Córdoba, principalmente Cadena 3 (la emisora más escuchada según algunas mediciones muy difundidas) y Radio Mitre.↵
- Para el caso de las noticias policiales, esas fuentes “propias” son funcionarios de la policía o la Justicia que, por fuera de los canales oficiales y off the record, circulan información entre los periodistas con los que han establecido vínculos de confianza: “Muchas veces tenés información que se llama ‘embargada’, que vos sabés que van a detener a alguien, por algo, porque te lo cuentan, una infidencia. Te dicen: ‘Estén atentos […] No lo informen todavía pero estamos detrás de alguien muy buscado’. Y están ahí esperando que eso ocurra y uno tiene que respetar eso […] Y a través de alguna filtración, por la confianza de alguien del ámbito de la investigación o judicial o policial” (Productor Teleocho).↵
- Esto se da principalmente en Canal 12, una señal que –más que las otras– ha orientado sus políticas hacia la convergencia de plataformas y lenguajes, y por lo tanto a la integración de redacciones. En ese sentido, la marca ElDoce.tv en junio de 2018 tenía una comunidad en Facebook que superaba el millón de likes, por lo cual el sitio y todos sus perfiles en redes sociales se han convertido en un ámbito de interacción con la audiencia en calidad de fuente que ha reemplazado otras vías de contacto.↵
- Como se observa en algunas de las citas ya presentadas, la información oficial –principalmente la que proviene de la Oficina de Prensa de la Policía– normalmente no es la más rica para determinar una cobertura, ya que desde el punto de vista de los periodistas que participaron de la investigación se trata de fuentes interesadas, que informan prioritariamente sobre hechos en torno a los cuales pueden mostrar una intervención eficiente.↵
- No solo en el sentido de contrastar la información durante el proceso de construcción de la noticia, sino, en el caso particular de la televisión, en el sentido de que el testimonio de una fuente oficial resulta suficiente para que una noticia esté en condiciones de ser incluida en la emisión del noticiero, mientras que si solo se cuenta con un testimonio no oficial se evaluará la conveniencia de incluirla.↵
- En algunos códigos de ética esto supone explícitamente la contrastación de fuentes.↵
- Ver por ejemplo https://www.fopea.org/etica-y-calidad/codigo-de-etica-de-fopea/.↵
- Frente a las necesidades cotidianas de producción y publicación de información que devino de la industrialización de los medios desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX, esto es, su configuración como novedosos grupos o cadenas de periódicos y revistas, las redacciones –que hasta ese momento habían estado habitadas principalmente por escritores, políticos e intelectuales– debieron desplegar una serie de estrategias que permitieran dar respuesta de un modo organizado, en tiempos controlados, a esas necesidades de producción y difusión de la información. Allí comienza la etapa de profesionalización del periodismo.↵
- Sugestivamente, Silverstone se pregunta quién mediatiza a los medios (2004: 19).↵
- La temática ha ampliado su visibilidad y relevancia en el ámbito público principalmente en los últimos cinco años, de la mano de las masivas movilizaciones organizadas bajo la consigna “Ni una menos”. Sin embargo, el movimiento de mujeres y feminismos tiene una larguísima trayectoria en nuestro país, que muestra una capacidad organizativa de las demandas y problemáticas vinculadas con cuestiones de género que resulta inédita como mínimo en la región. Baste señalar, a modo de ejemplo, que ya en 2005 –diez años antes de la primera movilización bajo la consigna “Ni una menos”– el Encuentro Nacional de Mujeres llegaba a su vigésima edición, y reunía a más de veinte mil mujeres de todo el país.↵
- Al día de hoy algunos códigos de ética, como es el caso del código del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), establecen como pauta la no publicación de suicidios, a menos que pueda darse cuenta de su “ostensible” valor informativo.↵
- Se refiere a la línea telefónica gratuita nacional 144 de atención, contención y asesoramiento durante las 24 horas para situaciones vinculadas con la violencia de género, o versiones locales de ese tipo de servicios de atención telefónica. Vale aclarar, de todos modos, que por disposición primero de la desaparecida Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (autoridad de aplicación creada por la Ley 26522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, y posteriormente derogada por decreto de necesidad y urgencia durante la presidencia de Mauricio Macri) y luego del Ente Nacional de Comunicaciones (organismo creado en su reemplazo) las señales de televisión están obligadas a incluir en el videograph o en algún espacio visible de la pantalla la información sobre esta línea telefónica cuando se está ofreciendo una noticia relacionada con la violencia de género.↵
- La causa a la que se refieren es a la de la quiebra de una financiera ampliamente conocida, una quiebra precedida por la muerte de uno de sus socios, un empresario relevante en la provincia.↵
- Es lo que ocurrió por ejemplo con la noticia acerca del intento de femicidio en Valle Hermoso durante una de las jornadas de observación en Teleocho a la que ya nos hemos referido anteriormente: la necesidad de garantizar la cobertura de diferentes hechos con una cantidad limitada de equipos de cronistas y la imposibilidad de obtener el testimonio grabado del comisario de Carlos Paz determinaron que la noticia no se produjera finalmente. Este ejemplo muestra con claridad cómo operan todas las restricciones a las que nos hemos referido: los condicionamientos del formato, las limitaciones en cuanto a recursos y la falta de herramientas prácticas para transformar y renovar las lógicas de la producción periodística.↵









