Breves notas en mi libreta de apuntes
Amparo Marroquín Parducci[1]
Escribo este prólogo en un tiempo muy distinto al momento en el que el libro que acompaño fue imaginado. Distinto también a la cotidianidad que se vivía cuando la investigación se llevó a cabo. Escribo en un tiempo de confinamiento, de nuevos miedos. La investigación sobre la nota policial, las formas de producción de la noticia y las experiencias de las audiencias empezó en un lejanísimo 2015, desde Córdoba y Buenos Aires, cuando estaba instalado en la sociedad argentina el debate sobre la ley de medios. El trabajo de reflexión, inmersión y discusión continuó hasta 2019. Escribo esto en el momento en que la llegada de la pandemia nos cambió incluso los actos más cotidianos. Hemos sido atravesados, corporal y mediáticamente, por una pandemia que nos ha colocado en otro tono vital, pero que también, de manera repentina, desordenó el mapa de lo conocido para convertirnos en algo que estamos aprendiendo a nombrar.
De un día para otro nos encontramos con que la vida entera se nos volvía cuadritos en la pantalla. En los cuadritos se nos iban el trabajo, el juego, los rituales antiguos, el entretenimiento, la educación. La pantalla nos habló todo el tiempo. Hablamos a la pantalla. La pantalla se volvió la mediación para ir al mundo y ser en el mundo. Quizá por eso, aunque este tiempo es muy distinto al momento en el que la investigación inició, me parece que es el instante más propicio para que este texto salga a circular en una nueva normalidad de fronteras cerradas y debates abiertos, porque este libro es un texto que habla de miedos. Comparto algunas anotaciones que pueden ser útiles para continuar la conversa que este maravilloso grupo de investigadores nos propone.
- Atravesar es siempre una predicación, una acción, un movimiento. Dice el diccionario que “se trata de poner algo en que se pase de un lado al otro”, un cuerpo, un pensamiento, o, en este caso, una pantalla. Lo que este libro que ahora repaso una y otra vez nos deja entre manos me ha resultado una invitación para ponerme en el camino. Este libro quiere que atravesemos el lugar común para llegar a otro. Anoto en mi libreta de apuntes “atravesar”, e imagino fronteras y montañas, desiertos urgentes y recuerdo ciertos versos de Roberto Juarroz: “Atravesar como un meteoro el infinito e internarse en otros infinitos […]. Solo podemos hallar algo allí donde no está…”. “En investigación tenemos que atravesar los senderos conocidos, para llegar allí donde no está todavía nada construido, donde no hay mapas trazados”, anoto. Debemos adoptar miradas móviles, miradas que nos permitan ver más allá de lo evidente. Se trata de pensar “el atravesar” como una metodología nómada.
- Este libro se inscribe en la larga tradición que nos permite cartografiar los miedos y los medios, como nos dijo Jesús Martín Barbero. Este libro se hace cargo de la cita que existía entre las generaciones previas y la nuestra, como diría Walter Benjamin. Se hace cargo de la fuerza mesiánica que existe en el diálogo y decide hacer este diálogo a la manera decolonial, es decir, hacia el sur. Se conversa con los grandes referentes latinoamericanos y desde ellos se construye la teoría. Inicia en el norte, desde México, con Rossana Reguillo, Carlos Monsiváis y el periodista Marco Lara Khlar, se detiene en Martín Barbero y Renato Rosaldo, para llegar finalmente al sur con Stella Martini, Gabriel Kessler, Alicia Entel y Aníbal Ford. El miedo es algo que nos ha habitado durante mucho tiempo. Le hemos tenido miedo a tantos gestos, a tantas manos alzadas que nos violentan, a la desmemoria, a los migrantes, a rostros criminalizados-criminalizables que los medios de comunicación nos han venido contando. En el centro del miedo se encuentra la producción de la nota criminal. Escribo este prólogo desde la otra orilla del miedo. Centroamérica, la región más violenta del continente desde hace mucho tiempo. Y desde este lugar en el centro de la violencia pero en la periferia de muchos de estos diálogos, anoto de nuevo en mi libreta la centralidad de los muchos miedos en este tiempo. Porque como nos dicen Mercedes Calzado y Susana Morales en el cierre, “la seguridad constituye un argumento que conjuga la pasión del miedo con modos emocionales de comprensión”. A lo largo del libro y la investigación, Líbera, Susana, Mercedes, Vanesa, Cintia, Mariana, Yamila, Magdalena, Valeria, Victoria y Cristian nos muestran que los miedos son una manera de habitar el mundo.
- A pesar del llamado a la acción que he subrayado, este es un libro que también tiene la particularidad de detenerse. Se piensa despacio. Vuelvo a Benjamin y anoto en mi libreta: “Del pensamiento forma parte no solo el movimiento, sino también su detención” (Benjamin, 2008: 316). Este libro se propone investigar de manera triangulada y para hacerlo no hay atajos, estudia el contenido de la nota policial, pero también su forma de producción y las formas en que las audiencias usan y se apropian de estos mensajes. No hay otra manera de trazar el mapa que apostarle a un tiempo demorado. No se ha elaborado para responder a un plazo urgente, se ha permitido una larguísima conversación de la que nos vuelve testigos.
- Este libro tiene muchos hallazgos, pero quiero destacar tres. El primero es la noción de trastiempo de la vida cotidiana. Si antes eran los noticieros los que fragmentaban la vida a partir de tiempos rituales de encuentro, en la actualidad, la dispersión de las redes sociales y la manera de diseminar la noticia hacen que la nota policial acompañe el día entero. La jornada de trabajo y el tiempo de ocio. Las autoras señalan que
El sentido del tiempo que estimula la información televisiva se derrama, fluye a lo largo del día en pantallas multiplicadas y noticias repetidas. El presente peligroso de las noticias policiales es individual y público. Pero, a la vez que es un tiempo de riesgo, la programación permite recuperar una dimensión del orden y funciona como un reaseguro frente al futuro incierto que impregna la noticia policial.
El segundo es que, a pesar de que se ha transitado del consumo familiar de finales del siglo pasado a la individualización de los programas en el presente, la nota policial que se comenta sigue siendo un ordenador de las rutinas e incluso llega a abrir escalas de sociabilidad entre lo público y lo privado. Y finalmente, un tercer elemento que me interesa destacar se encuentra en la noción de espacialidad que se reconfigura y se negocia a partir del consumo de noticias policiales. Las personas aprenden a administrar la inseguridad y, al mismo tiempo, se sienten hermanadas en un sentido que percibe el riesgo de la misma manera, y que lo enfrenta mejor colectivamente.
- Finalmente, y no por esto menos importante, la comunidad lectora tiene entre sus manos un libro que ejerce la desobediencia civil académica. Ser académicamente obediente implica que se debe publicar cada año, que se deben buscar solo las publicaciones indexadas, que el método debe ser riguroso y sin fisuras. Cierto, el concepto de desobediencia civil no se suele utilizar en estos espacios, sin embargo –anoto en mi libreta– ¿cuántos elementos que constriñen se encuentran en los actuales textos académicos? No hay posibilidades de ensayar formatos, de dejar preguntas abiertas. Lo importante en este momento son los textos serios y bien rankeados. Cuando esto no sucede, entonces una investigación no sirve. Sin embargo, este libro tiene audacia metodológica. Está anclado en esa larga tradición de desobediencia y santuario. Este trabajo decide no indexar, sino dialogar. No burocratizar sino dibujar un mapa. No redactar un informe, sino un manifiesto sobre las preocupaciones que nos habitan en la actualidad y que son capaces de estallar los miedos. No responder a un plazo fijo de un año, sino demorarse por tiempos larguísimos para dejar que el pensamiento se deslice sin prisas y se hilvane hasta mostrarnos todas sus posibilidades.
Esto es algo mucho más urgente. El trabajo y la discusión colectiva deciden mirar desde dos ciudades a un tiempo, pero sin romper el pacto de dialogar. En el campo de la comunicación suelen encontrarse investigaciones que parecen transterritoriales, pero que en realidad no dejan constancia de ningún diálogo, son simplemente trabajos pegados uno detrás de otro. En este caso, quienes lean el libro encontrarán rigurosidad y compromiso. Es evidente que este libro está tejido con diálogos que permiten afinar la mirada, problematizar, construir el pensamiento crítico. Como todo pensamiento nómada que se precie de sí, nuestro libro (es un poquito mío, como de cualquier lector o lectora que se adentre) atraviesa las ciudades y se mueve entre Córdoba y Buenos Aires, con esa seguridad de que lo local es lo que puede interpelarnos de maneras universales. El centro metodológico y explícito es la figura de atravesar. Me atrevo a ir un poquito más allá y señalo que su epistemología viene de la obediencia. Que no se malentienda esto. La palabra obediencia viene del griego akúein, que significa ‘ponerse debajo de lo escuchado’. Y este es el propósito del libro en cada capítulo, en cada incursión al vastísimo campo de estudios, en cada discusión que se establece. Lo más importante es obedecer lo que la realidad me muestra, colocarme por debajo de lo que escucho, de lo que la gente señala, de lo que los productores de la nota policial me muestran. Esa es una de las grandes virtudes.
Los miedos han sido un motor para la comprensión, para la vida. Y me siento hondamente agradecida por haber sido invitada a pensar en voz alta estas provocaciones que las reflexiones sistemáticas, rigurosas y valientes nos regalan en este larguísimo tiempo de la peste.
San Salvador, 30 de enero de 2021.
Bibliografía
Benjamin, W. (2008). Sobre el concepto de historia. Obras (libro 1, vol. 2). Madrid, España: Abadá.
- Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador.↵









