El productor y crítico musical El Chombo (2021) sostiene que el reggaetón nacido en Puerto Rico con sus rasgos originales −uso de piano y del instrumental de dancehall conocido como pounder como base para voces rapeadas, ya sea en crudo o con melodía− ya no existe como género, es decir, ha dejado de producirse masivamente por razones económicas. No obstante, el sonido que él identifica como tumpa tumpa (El Chombo, 2020), y que es el del reggaetón, persiste en la música urbana. Sin cuestionar su autoridad como figura clave en la historia del reggaetón, aquí se plantea que, desde una perspectiva sociocultural, el género ha atravesado una evolución marcada por la industrialización y la globalización, acompañada por la migración de artistas y productores hacia países con mejores condiciones sociales o con contextos similares a los de su origen: marginación y criminalización de barrios y juventudes. Como señala Petra Rivera-Rideau (2015), es el único género latinoamericano cuya existencia y desarrollo han estado estrechamente ligados al movimiento migratorio. En este proceso sociocultural y migratorio, coincidiendo en parte con lo que afirma El Chombo (2021), el tumpa tumpa o el sonido que identificamos con el reggaetón ya no se produce de forma masiva, sino que se ha integrado al repertorio de artistas de pop latino, regional mexicano, trap y música urbana, en la que se ubica Bad Bunny. No obstante, para fines de este libro se le seguirá llamando reggaetón.
A partir de esta premisa, el capítulo analiza cómo la migración no solo ha permitido la expansión geográfica del reggaetón, sino que ha sido un motor central en su diversificación estética, sonora y discursiva hasta entrar al género más amplio de la música urbana latina. Se argumenta que los cruces entre lo local y lo transnacional han dado lugar a nuevas formas de reggaetón que escapan a las categorías tradicionales, y que estos desplazamientos han permitido la emergencia de propuestas más híbridas, experimentales y politizadas. Comprender estos procesos es clave para dimensionar la relevancia de artistas como Bad Bunny, cuya obra encarna y amplifica esta transformación del reggaetón y lo incluye en un fenómeno global, diverso y culturalmente significativo.
Este capítulo se estructura en tres secciones que permiten comprender el desarrollo histórico, cultural y político del reggaetón hasta su inmersión en la música urbana en clave migratoria y colonial. Primero, ofrece una aproximación conceptual al género como fenómeno sonoro, performativo y sociopolítico, surgido de los márgenes urbanos y atravesado por la racialización y la precariedad. A continuación, explora cómo el género ha mutado en función de sus trayectorias diaspóricas, y se ha transformado en distintos contextos según las geografías y condiciones materiales que lo acogen, lo que ha dado lugar a expresiones diversas que, sin perder su raíz, responden a lógicas de circulación global. Finalmente, se analiza el proceso mediante el cual el reggaetón fue domesticado por la industria cultural y estetizado para audiencias blancas y globales, así como la forma en que Bad Bunny subvierte esta domesticación al reinscribir lo político y lo boricua en sus obras, de modo que recupera el potencial contestatario del género desde una estética popular y anticolonial.
Definiendo el reggaetón
El reggaetón es un subgénero de la música urbana latina que surgió en las zonas marginales de Puerto Rico en la década de 1990, aunque sus raíces se remontan al dancehall y al reggae de Jamaica. Su desarrollo no puede entenderse sin la influencia de Panamá, donde productores como El Chombo comenzaron a adaptar el ritmo del dembow, un patrón rítmico originado por Shabba Ranks y popularizado por Nando Boom. Este ritmo, basado en un compás 4/4 con un golpe de batería repetitivo, se convirtió en la base del reggaetón al ser reinterpretado por artistas latinos (El Chombo, 2020, 2021; Wilson, 2020). Así, el dembow se consolidó como el pulso esencial del género, conectando sus raíces afrocaribeñas con el entorno urbano latinoamericano.
Aunque Panamá fue clave en su gestación, fue en Puerto Rico donde el reggaetón se consolidó y se industrializó. A finales de los noventa, en un contexto de criminalización de los barrios populares, artistas como Vico C, Eddie Dee y Héctor El Father comenzaron a fusionar el dembow con rap. Sin embargo, figuras como Daddy Yankee, Tego Calderón, Ivy Queen y Don Omar definieron el sonido característico del género, integrando elementos como el pounder, sintetizadores y un estilo vocal que alterna entre rapeo y canto melódico. El pounder, derivado del beat del dancehall, constituye la base rítmica del reggaetón. Su distintivo “tumpa tumpa”, como lo describe El Chombo, fue determinante para la popularización del género en sus primeras etapas en Puerto Rico. Con el tiempo, este patrón se ha enriquecido con elementos del trap, la electrónica y otros ritmos latinos, lo que dio lugar a una mayor complejidad sonora (El Chombo, 2020, 2021).
Junto al pounder, el uso del teclado ha sido crucial para dar al reggaetón su atmósfera sintética y melódica. Este recurso ha facilitado su transición hacia formas más accesibles, como el reggaetón pop. Además, el estilo vocal −caracterizado por un rapeo cerrado, rápido y preciso, heredado del rap estadounidense− ha sido fundamental en su evolución. La combinación de rap y canto ha permitido su fusión con géneros más comerciales.
A pesar de sus similitudes con el trap latino −como el uso del pounder y temáticas centradas en la vida callejera−, ambos géneros tienen orígenes y características distintas. El trap nació en Estados Unidos durante los noventa, influenciado por el hiphop y la música electrónica, con letras explícitas sobre drogas y violencia. En contraste, el reggaetón, con influencias del reggae y el dancehall, ha ampliado su espectro temático y sonoro, abordando tanto el disfrute como la crítica social. La convergencia entre reggaetón y trap ha dado lugar a nuevas formas híbridas. Bad Bunny ha sido uno de los principales exponentes de esta fusión, integrando la crudeza lírica del trap con la estructura y el ritmo del reggaetón. Canciones como “Soy peor” y “Vete” ejemplifican esta síntesis, que ha captado a un público amplio y diverso.
Si bien El Chombo (2021) sostiene que el reggaetón originado en Puerto Rico con sus características iniciales ha desaparecido, aquí se plantea que su sonido se ha sumado al género más amplio conocido como música urbana latina. Esta transformación ha sido impulsada por procesos migratorios, a medida que artistas y productores llevaron el género a nuevos contextos culturales. Un ejemplo central es Nicky Jam, quien revitalizó su carrera en Medellín, Colombia, así como Rosa Pistola, artista colombiana que ha desarrollado su propuesta entre México y Estados Unidos. En este sentido, el reggaetón no ha desaparecido, sino que se ha transformado a través del movimiento transnacional de quienes lo producen. Como se mencionó, Petra Rivera-Rideau (2015) señala que se trata del único género latino que ha nacido y se ha desarrollado a través de la migración.
Tipos de reggaetón a partir de su migración
Considerando las salvedades que hace El Chombo sobre reggaetón y el sonido del tumpa tumpa, así como mi propio conocimiento sociocultural del reggaetón, propongo que los tipos de reggaetón surgidos de la migración son cinco: 1) lo que El Chombo (2020, 2021) denomina reggaetón de la mata, que es el surgido en Puerto Rico entre 2000 y 2009; 2) el reggaetón melódico, surgido en Medellín y desarrollado entre 2009 y 2017; 3) el popetón, que tuvo un boom con la canción “Despacito” de Daddy Yankee y Luis Fonsi en 2017 hasta el presente; 4) el reggaetón de mujeres, que inició en la década de 2010, y 5) el reggaetón melódico de la calle, surgido en 2019 y vigente hasta la fecha, y que es el que floreció en países como México, Chile y Argentina como evolución de las cumbias electrónicas, que son ritmos de las periferias de las grandes capitales de estos países. Este reggaetón forma parte de la fluidez de un género más amplio conocido como urbano latino, que incluye cumbia, hiphop, rap, corridos tumbados, banda y hasta música tex-mex. En esta fluidez musical, con énfasis en el trap y el reggaetón, se ha insertado notoriamente Bad Bunny, quien ha incluido rock alternativo, pop indie, plena, bomba, dembow, grupera y salsa en su música.
El primer tipo de reggaetón, el de la mata, puede considerarse el estilo original del reggaetón emigrado de Panamá, con artistas como el mismo Chombo, El General, La Factoría y DJ Pablito, quien produjo a innumerables artistas de dembow. El reggaetón de la mata está caracterizado por un ritmo marcado por el pounder, sin melodías complejas y con un rapeo cerrado. Se inició en el underground con DJ y artistas provenientes de clases populares, como Héctor El Father, Vico C y Eddie Dee, quienes eran raperos e insertaban el pounder en algunas canciones. Su papel fundacional en el reggaetón tiene que ver con que eran artistas de backgrounds populares, con problemas de consumo de drogas y de marginación social, y en sus letras denunciaban el abuso policial del que se habló en el capítulo 1. El Father y Vico C se retiraron tempranamente para dedicarse a actividades religiosas (El Chombo, 2020, 2021; Rivera-Rideau, 2015; Wilson, 2020).
Daddy Yankee, Tego Calderón y Don Omar son considerados los padres de este tipo de reggaetón, que tiene una sola madre, Ivy Queen, quien fue la única reggaetonera de la mata y la única mujer que triunfó en el medio al nivel de aquellos, hasta que el género emigró a Colombia (El Chombo, 2020, 2021; Rivera-Rideau, 2015; Wilson, 2020). En este tipo de reggaetón también se incluyen los combos boricuas, que no se deben confundir con los mexicanos de los que se habló en el capítulo 1, que son pandillas de jóvenes que escuchan reggaetón y adoptaron el nombre de las bandas de barrio de Medellín. Los combos en el reggaetón de la mata son duplas que combinaban rap cerrado con rap melódico para hacerlo más bailable y sensual. Las letras narraban la vida en la calle y actos sexuales que le han dado la fama de ser un género misógino y homófobo. En estos combos encontramos a Plan B, Zion y Lennox y Wisin y Yandel. Daddy Yankee y Nicky Jam tuvieron sus inicios en uno de estos combos, Los Cangris. Otros reggaetoneros de la mata pueden considerarse también Guaynaa, Alexis y Fido, en PR, y los Xxulos, en México.
El segundo tipo, el reggaetón melódico, surgió en las calles de Medellín y con influencia de Nicky Jam, quien tenía la nota melódica en Los Cangris. El reggaetón puertorriqueño llegó a Medellín a principios de la década de 2000, justo cuando se estaba llevando a cabo una política de criminalización y de persecución de jóvenes de las comunas, similar a la que ocurrió en San Juan y su periferia en los noventa. En 2003, se realizó un concierto en Medellín con la participación de Daddy Yankee, Ivy Queen y Tego Calderón, al cual asistieron más de 40 mil personas y con ello se consolidó la popularidad del género. Surgieron artistas locales como Golpe a Golpe y Tres Pesos, y la productora La Palma.
A mediados de la década de 2000, el reggaetón había alcanzado un auge notable en Puerto Rico y otros países caribeños. Sin embargo, la escena musical de Puerto Rico comenzó a experimentar cambios en la industria, especialmente debido a las dificultades personales de algunos artistas y el auge de otros géneros. En este contexto, algunos artistas boricuas migraron a Colombia, lo que permitió una revitalización del género. Entre estos artistas migrantes destaca Nicky Jam, quien, tras un período de crisis personal y profesional, se trasladó a Colombia a principios de los 2000. Nicky Jam había roto con Daddy Yankee por su problema con las drogas y por lo mismo lo excluyeron de la escena musical, pero Medellín, que estaba volviéndose la nueva meca del reggaetón, lo acogió y allí pudo desarrollar ese vibe melódico y romántico que no era bien visto en el reggaetón de la mata.
La llegada de Nicky Jam a Colombia fue un punto de inflexión en la evolución del reggaetón. Junto a productores locales, Nicky Jam comenzó a trabajar en un sonido más suave y melódico que resonó con audiencias más amplias. “Piensas en mí”, una de sus canciones más populares en Colombia, incorporó elementos de vallenato y cumbia, fusionándolos con el ritmo del reggaetón, lo que contribuyó a dar lugar al reggaetón melódico. Esta fórmula atrajo tanto a los oyentes de reggaetón tradicionales como a los aficionados al pop y la música latina más suave.
A partir de allí, con el surgimiento de artistas como J Balvin, Maluma y Reykon, empieza una nueva etapa para el reggaetón que integra ya no solo rap melódico, sino la voz de cantantes melódicos, a los que se suman Lenny Tavárez, Justin Quiles, Karol G, Feid, Blessd y los boricuas Ozuna y Anuel AA, entre otros. Este tipo de reggaetón que mezcla el canto y el rapeo melódicos ha sido clave para la internacionalización del género, pues su sonido más suave y accesible lo ha hecho popular entre un público más amplio. Este estilo ha sido el responsable de la inclusión del reggaetón en la corriente principal del pop (Arango Lopera, 2023; Razón Pública, 2023).
Los géneros musicales en Colombia son muy variados y ricos, como en Puerto Rico. Si bien la bomba, la salsa y la música jíbara han sido usadas como homenajes y declaraciones políticas en el caso de reggaetoneros boricuas –Tego Calderón, Daddy Yankee y Bad Bunny, por ejemplo–, como se analizará en el capítulo 4, en Colombia la fusión de los ritmos tradicionales con el reggaetón fue algo más orgánico, pues la cadencia de esos ritmos se integró para suavizar y alentar la energía del pounder, haciéndolo más sexy y suave al oído, al tiempo que el pounder revolucionó géneros como el vallenato en los casos de Fonseca y Carlos Vives, y llevó a colaboraciones entre reggaetoneros y vallenateros que modernizaron el segundo, como en el caso de Silvestre Dangond con su colaboración con Maluma en “Vivir bailando”.
El tercer tipo de reggaetón es el popeado o popetón, la versión más comercial del género, que ha ganado gran popularidad desde el éxito de “Despacito” en 2017, y ha llevado al blanqueamiento racial y de clase del género, como se verá más adelante. Esta fusión con el pop ha llevado a que estrellas internacionales, como Shakira, Juanes, Luis Fonsi, Thalía, Enrique Iglesias, Morat, Reik e incluso estrellas del pop anglo, como Madonna y los Black Eyed Peas, incorporaran el sonido del reggaetón en sus producciones o hicieran colaboraciones con reggaetoneros. También han surgido bandas de popetón como Piso 21, cuyo reggaetón se caracteriza por la fusión del pounder con otros ritmos: salsa, vallenato, guaracha, bachata, electrónica y baladas, lo que hace que el reggaetón se diluya en un formato más amigable para el mercado global. La absorción del reggaetón en el pop ha sido criticada por blanquear el género, que había surgido junto con la criminalización de las minorías afrodescendientes y criminalizadas en las zonas urbanas de la periferia de San Juan, como se analizó en el capítulo 1. Sin embargo, mientras que el reggaetón se fusiona con el pop, sigue siendo un género que se populariza en los barrios populares de otros países, como México, Argentina y Chile, de modo que mantiene su característica de barrio.
El cuarto tipo de reggaetón es el de mujeres, que puede o no ser feminista político, pero muchas de sus exponentes son feministas heteropop, si se considera la definición planteada en la introducción y que se ampliará en el siguiente capítulo. Como se relatará en el capítulo 3, durante los primeros quince años del reggaetón, las mujeres tuvieron una presencia limitada y discriminada en la industria por la persecución del gobierno colonial en Puerto Rico y el machismo en la industria. Las mujeres empezaron a participar con mayor y más influyente presencia a partir de que el reggaetón llegara a Colombia y surgieran figuras como Farina y Karol G.
Sin embargo, el reggaetón de mujeres tuvo un boom con su migración a República Dominicana, donde se fusionó con el dembow y plasmó un ritmo más rápido, más parecido al dancehall. Aunque surgió en la década de los noventa, el dembow dominicano cobró mayor fuerza y visibilidad en 2010, cuando se fusionó con el reggaetón, consolidándose como un género con identidad propia. Al igual que ocurre con el reggaetón colombiano y el boricua, el dominicano se nutre de ritmos locales, como el merengue, y de influencias internacionales, como el dembow y el dancehall jamaiquinos de los años noventa, pero se distingue por su tempo acelerado y su energía vibrante. Esta particularidad rítmica le ha permitido destacarse en el panorama musical urbano, creando un sonido único que refleja la cultura y la identidad dominicana. En este contexto, destaca la presencia de artistas como El Alfa, quien ha sido una figura clave en la popularización del género.
Uno de los aspectos más significativos del dembow dominicano es la irrupción de mujeres artistas que han reafirmado la tendencia, impuesta inicialmente por Colombia, de letras con temáticas de sexualidad positiva y empoderamiento femenino. Figuras como Tokischa, Natti Natasha y La Materialista han llevado esta narrativa a otro nivel, desafiando estereotipos y redefiniendo el papel de la mujer en la música urbana. Estas artistas no solo han dominado el género, sino que también han abierto espacios para que otras mujeres de diferentes latitudes se incorporen a la escena del dembow y el reggaetón.
Entre las artistas internacionales que han irrumpido en el género se encuentran Tomasa del Real (Chile), Anitta (Brasil) y Ms Nina (Argentina), quienes han aportado sus propias perspectivas y estilos, con lo cual han enriquecido aún más la diversidad del dembow y el reggaetón. Así, el dembow dominicano no solo ha evolucionado musicalmente, sino que también ha generado un espacio de inclusión y representación para las mujeres, tanto dentro como fuera de República Dominicana, con artistas como Bellakat en México, pero también artistas de la diversidad sexual, mujeres y hombres, como Young Miko en Puerto Rico y La Cruz en Venezuela.
Finalmente, el llamado reggaetón melódico de la calle ha cobrado fuerza en Chile, Argentina y México. Una vez que el género adoptó un enfoque melódico, difícilmente pudo volver a sus formas más crudas, aunque continúa siendo una herramienta de expresión para juventudes marginadas en zonas urbanas de ciudades como Buenos Aires o Santiago de Chile. Este retorno del reggaetón callejero se distingue por letras directas, una estética propia y la fusión con ritmos populares locales, como la cumbia villera. A partir de esta corriente emerge el reggaetón mexicano, influenciado no solo por la cumbia, sino cada vez más por géneros como la banda y el regional mexicano. Estas nuevas configuraciones han traído consigo estilos sonoros distintos, nuevas voces y una mayor participación de mujeres dentro del género.
El reggaetón en Chile comenzó a ganar popularidad a principios de los 2000, especialmente en las favelas y los barrios marginados de Santiago. Al igual que en otros países de América Latina, el reggaetón en Chile tiene una conexión con los movimientos juveniles que resisten las condiciones sociales y económicas impuestas por el neoliberalismo. Destaca la figura de Chris MJ, conocido principalmente por su éxito “Una noche en Medellín”, que se viralizó en 2022 en su versión remix, en la que participan Karol G, J Balvin y Nicky Jam. Su estilo se ubica entre el trap y el reggaetón melódico, con influencias del reggaetón comercial y del movimiento urbano latinoamericano.
En sus inicios, el reggaetón chileno, al igual que el puertorriqueño, funcionó como una forma de resistencia cultural. Artistas como Tomasa del Real, Ms Nina, DJ Florentino y Rosa Pistola desempeñaron un papel clave en este proceso, al fusionar el reggaetón con sonidos locales y dar origen a un estilo que combina lo underground con lo comercial: el neoperreo. Este subgénero emergió en la segunda mitad de la década de 2010, impulsado por artistas independientes que aprovecharon plataformas digitales como SoundCloud y YouTube para difundir su música sin intermediarios. A diferencia del reggaetón comercial, el neoperreo integra influencias del trap, la música electrónica y otros géneros alternativos, con una estética sonora más cruda y una producción de tipo DIY (hazlo tú mismo), cercana al espíritu del reggaetón de la mata. Además, se distingue por su actitud transgresora y una estética cyberpunk, callejera y feminista, que desafía los estereotipos tradicionales del género. Tomasa del Real es considerada una de las figuras centrales del movimiento y se le atribuye la difusión del término neoperreo.
Argentina también ha sido testigo de la evolución del reggaetón en los últimos años. Desde principios de la década de 2010, el reggaetón comenzó a fusionarse con la cumbia villera y el trap, y así se creó un sonido urbano caracterizado por letras que abordan temas de violencia, narcotráfico y la marginalidad de los jóvenes de los barrios pobres de las zonas metropolitanas de Buenos Aires. Artistas como Callejero Fino y L-Gante han sido fundamentales en esta evolución, que dio lugar al “reggaetón de la calle”. Destaca la figura de Nicki Nicole, quien saltó a la fama en 2019 con su tema “Wapo Traketero”, que rápidamente se volvió viral en Argentina y otros países de habla hispana. Al igual que en Chile, el reggaetón en Argentina refleja las realidades sociales de la juventud de los barrios marginales, aunque en este caso, se fusiona con el trap y otros estilos urbanos locales. Este tipo de reggaetón, que hace referencia al sicariato y a la vida en las villas, ha encontrado una audiencia masiva entre los jóvenes argentinos, que se identifican con la lírica y el estilo crudo del género.
Algo parecido ha pasado en México, donde el reggaetón se ha mezclado con el regional mexicano y la cumbia. El reggaetón mexicano, a diferencia de sus raíces caribeñas en Puerto Rico, Colombia y República Dominicana, se desarrolló siguiendo más la influencia del reggaetón de barrio proveniente de Argentina y Chile. Este género se consolidó en las zonas metropolitanas de grandes urbes mexicanas como Monterrey, Guadalajara y la zona conurbada de la Ciudad de México. Aunque conserva el pounder característico del reggaetón puertorriqueño, se distingue por su integración con formas urbanas de la cumbia −como las cumbias regias, también conocidas como “colombias”− y con sonidos derivados de la banda y el regional mexicano, particularmente aquellos vinculados a los corridos tumbados y bélicos. En cuanto a las letras, si bien se mantienen temáticas tradicionales del reggaetón, como el deseo y la fiesta, se incorporan elementos narrativos propios del regional mexicano: armas, narcotráfico, marcas de lujo y asesinatos, retomando el imaginario de los corridos alterados y bélicos.
El reggaetón llegó a México desde Panamá en la década de 1990, entrando por el puerto de Veracruz. Uno de los primeros espacios en difundirlo fue el antro Capezzio, donde se comenzó a formar una audiencia local para el género. Sin embargo, no fue hasta la década de los 2000 que surgió el primer grupo de reggaetón mexicano: Dinastía. Durante los años 2010, el reggaetón ganó popularidad entre las juventudes urbanas, impulsado principalmente por DJ como DJ Pablito, DJ Tona, DJ Gral y DJ TNT, quienes lo llevaron a las tardeadas juveniles, pese a la ausencia de una industria musical formal dedicada al género en ese momento. Con el tiempo, estos DJ y MC comenzaron a desempeñarse también como productores, lo que marcó el inicio de una escena más consolidada. Figuras como Ugo Angelito y Rosa Pistola destacaron en esta transición, desempeñando un papel fundamental en el establecimiento del reggaetón mexicano como un movimiento musical propio (Vice, 2019, 2020, 2021).
A partir de 2015, la cultura reggaetonera en México comenzó a tomar forma con la aparición de los “combos”, tribus urbanas ubicadas en zonas metropolitanas y periferias que se identifican con el reggaetón y asisten a los sonideros. Estas agrupaciones están fuertemente asociadas con la subjetividad racializada del “chaka”, un término que describe a jóvenes morenos de barrios marginales y periferias, como se explicó en el capítulo 1. Una de las características más destacadas del reggaetón mexicano es su capacidad para combinar el pounder característico del reggaetón con los elementos rítmicos de la cumbia y la banda. Artistas como Uzielito Mix, El Malilla, El Bogueto y Bellakat han sido fundamentales en la consolidación de esta fusión, lo que ha permitido al reggaetón mexicano crear una estética sonora única que se diferencia de los sonidos tradicionales del reggaetón de Puerto Rico, Colombia, Dominicana e incluso Chile y Argentina (Vice, 2019, 2020, 2021).
El blanqueamiento del reggaetón mainstream y la vuelta a lo político con Bad Bunny
La incorporación del reggaetón al mercado global, especialmente a partir del éxito de “Despacito”, implicó no solo un giro estético, sino también una transformación en su discurso. Muchas letras comenzaron a alejarse de temas como la marginalidad, la violencia o el deseo explícito, y adoptaron en su lugar narrativas más centradas en el amor romántico y la celebración. Esta modificación respondió a las exigencias de una audiencia internacional que demandaba una imagen más pulida y menos controvertida del género. El blanqueamiento del reggaetón tuvo consecuencias significativas para la representación racial en la música popular. Mientras que los primeros artistas de reggaetón eran principalmente de origen afrodescendiente o mestizo, como Tego Calderón y Daddy Yankee, la inclusión de artistas como Justin Bieber y el protagonismo de figuras más “blancas” en el escenario internacional contribuyó a la erosión de las raíces africanas del género. En este sentido, el reggaetón comenzó a ser visto menos como una forma de música asociada a las comunidades negras y más como un género de “música latina” en general, sin su carácter particular afrocaribeño.
La transnacionalización del reggaetón ha implicado también un proceso de apropiación cultural en el que se han diluido muchos de los elementos subalternos que definieron originalmente al género. Su crítica social, su vínculo con las clases populares urbanas y su carácter contestatario han sido reemplazados, en muchos casos, por una imagen más homogénea y despolitizada, adaptada a los estándares del mercado global. Las colaboraciones entre artistas internacionales y reggaetoneros puertorriqueños han contribuido a posicionar el reggaetón como una corriente dominante a nivel mundial, pero también han facilitado la neutralización de sus dimensiones más disruptivas.
Un caso emblemático es el de Rosalía. Su irrupción en los primeros lugares de plataformas, como Spotify, y su reconocimiento en premios, como los Grammy, han desatado debates sobre los límites de la apropiación cultural dentro del reggaetón. Su posición como única mujer en ciertos rankings y su triunfo frente a artistas históricamente ligados al género urbano latino han sido interpretados como señales del modo en que la industria musical globaliza estéticas, ignorando o descontextualizando los marcos socioculturales que les dan origen.
Rosalía, artista española, no proviene de los entornos latinoamericanos racializados y marginados que históricamente han dado forma al reggaetón como fenómeno musical y social. El reggaetón surgió en contextos de marginalidad, violencia estructural y resistencia cultural, y ha emigrado a lugares donde ha sido moldeado por experiencias racializadas y de clase. Las mujeres que han intentado insertarse en este género han enfrentado además barreras específicas vinculadas al machismo, la hipersexualización, la exclusión mediática y la violencia simbólica. La participación de una artista europea en este espacio, sin haber atravesado estas experiencias, pero recibiendo una validación superior en algunos espacios de premiación y crítica, no es producto de la migración del género, como en los casos del reggaetón colombiano, dominicano, sudamericano y mexicano: es un ejemplo de cómo opera la apropiación cultural con una lógica de desigualdad estructural.
El caso de Rosalía se inserta en un debate más amplio sobre los mecanismos de legitimación en la industria cultural global, donde ciertos cuerpos, acentos y narrativas reciben mayor visibilidad, incluso en géneros nacidos como expresiones de comunidades históricamente subalternizadas. La expansión internacional del reggaetón ha transformado no solo su alcance, sino también su significado cultural, especialmente en relación con las representaciones raciales. A medida que el género fue apropiado por artistas del Norte Global, donde se encuentra la hegemonía de la industria musical, su conexión con las comunidades negras y afrodescendientes de Puerto Rico, donde se gestó, comenzó a desdibujarse. Este proceso de desracialización responde a una lógica recurrente en la música popular globalizada: la apropiación cultural. Bajo esta dinámica, el reggaetón pasó de ser una expresión cultural afropuertorriqueña a comercializarse como un “producto latino” más amplio, adaptable a los gustos del mercado internacional.
Frente al proceso de blanqueamiento del reggaetón mainstream, la irrupción de Bad Bunny marca un giro significativo en el género. Haber perdido el Latin Grammy a Álbum del Año en 2022, con Un verano sin ti, frente a Motomami, de Rosalía, catalizó debates sobre legitimación cultural, racialización y apropiación en la industria global. A diferencia de muchas figuras internacionalizadas, Bad Bunny ha reivindicado el reggaetón como una música de raíces afropuertorriqueñas, y lo ha insertado en una narrativa abiertamente anticolonial. Desde la industria misma −no desde los márgenes−, Bad Bunny ha reformulado el género en términos sonoros, estéticos y discursivos. Se ha consolidado no solo como un ícono musical, sino como una figura política que interpela activamente el tema del colonialismo estadounidense, de la violencia de género y de la homofobia. Su participación en las manifestaciones contra el gobernador de Puerto Rico y canciones como “Afilando los cuchillos”, “Estamos bien”, “P FKN R” y “El apagón” evidencian su compromiso con la justicia social y su voluntad de transformar el reggaetón en una plataforma crítica.
Además, su propuesta cuestiona los códigos tradicionales de masculinidad en el género. A través de discos como YHLQMDLG, Las que no iban a salir, El último tour del mundo y UVST, introduce una estética que desafía la hipermasculinidad para dar lugar a una masculinidad más vulnerable, plural y emocionalmente compleja. Esta transformación no solo amplía los límites simbólicos del reggaetón, sino que facilita su acceso a nuevas audiencias, especialmente entre clases medias y públicos globales.
Otro gesto disruptivo es su negativa a cantar en inglés. En lugar de adaptarse al mercado anglófono, Bad Bunny mantiene el español como vehículo principal de su arte, fusionando reggaetón con pop sin diluir su identidad cultural. Esta decisión no solo fortalece su arraigo latino, sino que también legitima el español como lengua dominante dentro del circuito global de la música popular. Su impacto ha abierto el camino para la internacionalización de otros géneros, como el regional mexicano, sin necesidad de transitar por filtros de traducción o exotización.
Lejos de representar una figura marginal o alternativa, Bad Bunny opera desde el centro de la industria para subvertirla. Esa tensión entre comercialización y crítica ha generado tanto admiración como rechazo, y lo ha situado en el centro de debates sobre autenticidad, oportunismo y poder simbólico. El análisis de cómo Bad Bunny ha transformado la estética, la discursividad y el potencial político del reggaetón desde el mainstream constituye el eje de los siguientes tres capítulos.
Conclusión
El reggaetón surge en Puerto Rico como un género underground en el que se mezcló el rap y ritmos locales con el dembow y el dancehall jamaiquinos hispanizados en Panamá. La evolución del reggaetón ha sido un fenómeno marcado por la migración de artistas y la fusión de géneros. El reggaetón empezó en PR con Daddy Yankee, Tego Calderón, Don Omar e Ivy Queen; emigró a Colombia, donde surgieron artistas como Maluma, J Balvin y Karol G, que lo mezclaron con el vallenato, la cumbia y el porro, y después pasó a República Dominicana, donde surgió una industria de reggaetón femenino que se mezcló con el dembow y ha dado pie a un reggaetón de la diversidad sexual. Más recientemente, el reggaetón ha llegado a Chile, Argentina y México, donde regresó a sus orígenes de calle y se mezcló con la cumbia de las zonas urbanas de grandes ciudades como Buenos Aires, Santiago y Ciudad de México. Con el tiempo, el reggaetón experimentó un proceso de transformación que lo llevó de ser un fenómeno subcultural marginal a un género musical dominante en la escena global. Esta transformación estuvo marcada por el “blanqueamiento” de su estética y su contenido.
A medida que el reggaetón comenzó a ganar popularidad internacional a principios de los 2000, algunos de sus elementos más radicales y contestatarios fueron suavizados para facilitar su aceptación en mercados globales, especialmente en Estados Unidos y América Latina. Sin embargo, con la llegada de Bad Bunny, el género se ha transformado y adquirido una politicidad diferente que se va a explorar en los siguientes capítulos.






