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Leer a la madre

La maternidad como dispositivo de lectura
en In Vitro de Isabel Zapata

Ingrid Sánchez Téllez

Un análisis detallado de las representaciones de la maternidad en la literatura hispanoamericana contemporánea muestra cómo las prácticas de reproducción asistida y la experiencia narrativa del parto constituyen dos registros hermenéuticos que articulan un concepto biotecnológico de “lo materno”. A diferencia de las generaciones de mujeres que únicamente dispusieron de la tecnología de la oralidad y la sabiduría popular, la literatura hispanoamericana visibiliza cómo las maternidades representadas en algunas obras literarias recientes disponen de un equipo médico y de un instrumental tecnocientífico que monitorea el proceso de concepción, reproducción y gestación, que condiciona el desarrollo de un régimen estético de la maternidad. Este procedimiento interpretativo, de vínculo entre la narración literaria de la experiencia reproductiva y los condicionamientos técnoestéticos que la hacen posible como condición epocal, requiere pensar lo materno como una máquina de lectura. Al emplear la maternidad como un dispositivo de lectura, se efectúa una operación estética en la que no existe distinción entre la forma biológica y la dimensión cultural de la maternidad. Por lo tanto, la premisa fundamental de este texto es que, para el discurso contemporáneo de la maternidad, no existe una separación radical entre naturaleza materna y cultura reproductiva, ya que la maternidad es una sensibilidad tecnificada: las prácticas de maternidad aparecen mediadas por elementos estéticos y tecnológicos que las identifican como una experiencia subjetiva que solo puede ser expresada e intensificada por medios literarios. Por tal motivo, el ensayo sostiene que la literatura hispanoamericana contemporánea que trabaja con representaciones de la maternidad está en condiciones hermenéuticas para producir un discurso tecnomaterno. Esta consideración supone que la hermenéutica literaria intensifica la experiencia de la maternidad en la medida que la literatura permite construir una nueva relación entre tecnología y cuerpo materno.

Por consiguiente, el ensayo está dividido en dos partes. La primera parte establece por qué la maternidad constituye una experiencia hermenéutica. La segunda parte pone a prueba la maternidad como dispositivo de lectura en la novela-ensayo In vitro de la escritora mexicana Isabel Zapata. La conclusión del ensayo es que el análisis hermenéutico de las tecnologías de la maternidad permite postular un dispositivo de lectura en el que las descripciones científicas coinciden con las narrativas de lo materno, tanto en sus apropiaciones culturales como en sus fracasos neoliberales, ya que el régimen de visualidad de lo materno –la producción de la subjetividad fetal generada a partir de imágenes– produce un tipo de discurso de clase sobre lo materno que promueve una versión cyborgizada de la maternidad.

Leer a la madre. La maternidad como hermenéutica

Recientemente, la literatura hispanoamericana contemporánea ha dado un giro materno. Esta consideración supone que la representación de lo materno, el cuerpo de la madre y el relato del embarazo se han incorporado recientemente a la teoría literaria para cuestionar cómo la producción de lo materno está relacionada con los imperativos reproductivos de la sociedad contemporánea (Héritier, 2007). Por consiguiente, la crítica literaria que tiene por objeto de análisis a la maternidad destaca dos registros indispensables para una hermenéutica crítica de las maternidades: la hermenéutica literaria feminista y las tecnoestéticas de lo materno. La primera, la hermenéutica feminista, recupera el sentido narrativo del cuerpo femenino y la crítica simbólica del discurso de la maternidad fuera del marco interpretativo de los supuestos heteronormativos del orden patriarcal (Muraro, 1994). Esta máquina de lectura interviene en la expresión del cuerpo y los deseos maternos para desestabilizar el discurso de la maternidad que aparece permeado de una constante dominación simbólica del orden patriarcal. El patriarcado es una hermenéutica, una manera de interpretar el mundo bajo la mirada masculina. Por tal motivo, la crítica feminista –desde sus orígenes y extensiones contemporáneas se ha convocado como una contrahermenéutica a la hegemonía discursiva del patriarcado.

En sintonía, la tecnoestética desarticula la relación positivada entre naturaleza, reproducción y discurso materno en la medida que permite “leer” el cuerpo materno como una figuración técnica, como una apropiación tecnológica del orden sensible de los cuerpos. Para la tecnoestética, los cuerpos son materia textualizada, prótesis colectiva, ya que no existe forma natural que no tenga, directa o indirectamente, una dimensión técnica socialmente codificada. La tecnoestética como máquina de lectura permite, en consecuencia, poner en crisis el orden semiótico de la realidad para recuperar la dimensión orgánica, técnica y etológica de los regímenes maternos. La tecnoestética es así un método interpretativo que anula la frontera entre lo natural y lo civil, puesto que enuncia cómo la formación de la sensibilidad depende, originariamente, de una articulación con los aparatos y los dispositivos técnicos de cada época. De esta manera, la tecnoestética completa los déficits metodológicos que la hermenéutica como crítica de las ideologías había dejado de problematizar, puesto que, al “leer” el orden simbólico del cuerpo materno, impide la idealización de lo maternal (Amaro, 2020), promueve las maternidades disidentes (Fernández, 2021) y orienta la discusión de las “maternidades” hacia formas no compensatorias de la reproducción como las maternidades góticas (Forttes, 2021) y las maternidades espectrales (Tequida, 2019). Por lo tanto, la tecnoestética es una hermenéutica crítica que intenta traspasar los límites textuales y semióticos de la corporalidad para poner en escena la dimensión orgánica y socialmente tecnificada del cuerpo materno.

Con base en lo anterior, lo relevante de ambas operaciones hermenéuticas es que permiten “leer” el cuerpo materno desde otro lugar de enunciación, especialmente desde otro modo de existencia de relación entre el cuerpo y el discurso: las normatividades maternas. Esto sugiere que, detrás de las “descripciones” aparentemente neutrales sobre situaciones maternas, se esconden normas, valores, prejuicios y sistemas de pensamiento respecto de lo materno que tienen la función de “normativizar” o “prescribir” la idea de la maternidad correcta. Se trata, entonces, de descripciones normativas, o bien de normatividades descriptivas que cumplen la función de dotar de sentido narrativo al mundo por medio de un sistema de autoridad.

Para mostrar cómo operan estas descripciones normativas del nuevo orden materno y, por extensión, de la necesidad de elaborar una hermenéutica crítica que revele el sentido oculto de discurso materno por medio de la puesta en crisis del sentido manifiesto, es indispensable acudir a dos acontecimientos provenientes del campo médico: la imagen fetal y el test-tube baby. Ambos acontecimientos fueron tipificados como dos casos de neutralidad científica, dos maneras de mostrar las ventajas de la aplicación tecnológica en procesos gineco-obstétricos, y, sin embargo, pocas veces aparecen hermenéuticamente problematizados como dos momentos de descripción normativa del nuevo orden materno. Lo primero que debe indicarse es que tales acontecimientos no solo abrieron un debate ético, estético y político que cambió radicalmente la historia de la concepción y la maternidad, sino que visibilizaron cómo las tecnologías de reproducción son prácticas tecnoestéticas donde se borra la frontera entre lo natural o lo artificial; o bien que la naturaleza es un lugar de disputa política y no algo incuestionado o previamente heredado. Una vieja lección que ya había acontecido en la hermenéutica clásica de finales del siglo xix (Schelling, Schleiermacher, Dilthey, Droysen): la naturaleza también se interpreta.

Como práctica tecnoestética, la hermenéutica de lo materno supone que toda aparición de un aparato técnico implica una nueva forma de configuración de la sensibilidad. En este caso, la aparición de la imagen fetal, cuyas primeras imágenes de un neonato en el útero aparecieron el 30 de abril de 1965 en la revista Life, cambió el paradigma interpretativo de la reproducción. La imagen fetal dotó al feto de subjetividad y transformó la normatividad del discurso biomédico: el cuerpo de la madre se convirtió en un espacio de experimentación y prueba para la gestación de un “producto” saludable (Astesiano, 2017; Nuño Gómez, 2016). La imagen fetal recuerda así que el terreno de la disputa hermenéutica entre imagen, texto y contexto aparece siempre actualizada con los acontecimientos que cambian el orden simbólico del mundo. ¿Es la imagen fetal la primera fotografía de un neonato? ¿Puede el feto tener subjetividad si se interpreta como una vida, como una célula o como un producto de gestación? Estas preguntas requieren, necesariamente, de una crítica hermenéutica.

En el segundo caso, el test-tube baby posibilitó técnicamente la primera fertilización in vitro en 1978 y abrió la disputa pública acerca de si las nuevas tecnologías permitían a la mujer decidir y controlar su vida reproductiva. Para la historia critica de la formación de los discursos de la maternidad, lo relevante de la aparición de la primera fertilización in vitro es que coincide temporalmente con los debates estético-políticos de la segunda ola del feminismo. Igualmente, la disputa reciente sobre el uso de las nuevas tecnologías y el derecho a decidir sobre el propio cuerpo emula, recuerda o replica la pugna surgida en el interior de la primera ola del feminismo, específicamente la discusión acontecida en 1914 sobre el uso de anestésicos durante el parto: la exigencia de dar a luz sin dolor y bajo el supuesto de que el olvido del parto produce madres poco capacitadas (Hutter Epstein, 2010). En ambos casos, es posible observar que la tecnologización de la maternidad diluye la frontera entre lo natural y lo artificial porque no existe prescripción médica que sea, en última instancia, neutral o que no responda a algunos imperativos tecnorreproductivos. Por consiguiente, conviene emplear un método que cuestione cómo la aparición de una técnica reproductiva impulsa una práctica procreativa y de qué manera ambas pueden normar un discurso materno.

Los imperativos del discurso materno no han sido ajenos a la hermenéutica feminista. De hecho, si la teoría de género puede ser utilizada como método de lectura, es precisamente porque permite interpretar el cuerpo como un actor semiótico y, al mismo tiempo, explicitar las normatividades, latentes o manifiestas, del discurso materno contemporáneo. En cuanto máquina de lectura, la teoría de género contemporánea ha argumentado, entre otras cuestiones, que la acepción contemporánea de lo materno se rige por dos imperativos: el reproductivo y el tecnocrático (Davis Floyd-Dumit, 1988; Albert, 2017; Biernat-Ramacciotti, 2013; Chilig, 2017). El imperativo reproductivo consiste en la normatividad social que obliga a las mujeres a ser el soporte de la reproducción y es generado por medio de la “naturalización” de la labor de las mujeres como instrumento de reproducción dirigida (Fortunati, 2021). La hermenéutica feminista contemporánea, por ejemplo, denunció cómo este imperativo se legitima antropológicamente como un recurso para la reproducción de varones (Héritier, 2007), o bien como un llamado a la promulgación de derechos sexuales y reproductivos (Shulamith, 1976). El imperativo reproductivo ha sido ampliamente investigado, discutido y analizado por la hermenéutica literaria feminista, razón suficiente para formar parte de la teoría estándar de género en Latinoamérica (Soto Villagrán, 2018; Molloy, 2002; Monteano, 1996).

En contraste, el imperativo tecnocrático, salvo algunas excepciones notables (Andorno, 1994; Ekman, 2017), ha tenido poca preminencia en la hermenéutica literaria y, prácticamente, ha sido olvidado por la crítica hispanoamericana. El imperativo tecnocrático destaca cómo los nuevos discursos de la maternidad deben apoyarse de la aparición de las nuevas tecnologías reproductivas, sin ningún reparo crítico sobre el uso de tales dispositivos y aparatos. Con una concepción “neutral” de los avances científicos y biotecnológicos, el imperativo tecnocrático considera que la tecnología puede ayudar a cumplir “los sueños de la maternidad”. Esta aspiración epocal aparece correspondida metodológicamente con la crítica xenofeminista (Firestone, 1976; Hester, 2018), con la emergencia del fembot feminism (Sharp, 2016) y, en cierta medida, con la postulación de un feminismo cyborg (Haraway, 2014; Braidotti, 1997), ya que para estas hermenéuticas existe una continuidad entre maternidad y reproducción, como si las tecnologías de la reproducción asistida no produjesen un nuevo concepto de “lo materno”. Por lo tanto, la hermenéutica literaria hispanoamericana debe estar en condiciones metodológicas de problematizar el imperativo tecnocrático por medio de su propio archivo literario para así evitar la naturalización del nuevo orden materno.

Precisamente, a partir de la teoría feminista, han aparecido algunas investigaciones acerca de la correlación entre tecnología y maternidad. Un sector de la teoría ha sostenido con rigor cómo la concepción artificial y la maternidad asistida constituyen dos acontecimientos tecnológicos que cambiaron el paradigma de la maternidad (Knibiehler, 2001; Hutter, 2010; Quiroz, 2012). Estas transformaciones biotecnológicas son el centro problemático para intensificar debates éticos, religiosos y legales. El debate está dividido en dos grupos: las teóricas feministas que asumen que las nuevas tecnologías de reproducción artificial promueven la liberación femenina al advertir el fin de la “tiranía de la reproducción” –el xenofeminismo (Firestone, 1976; Hester, 2018)– y las feministas activistas que consideran que la reproducción artificial constituye un nuevo imperativo reproductivo y, por lo tanto, una nueva forma de dominación masculina (Katz, 1982; Meruane, 2015). El debate no está zanjado y, como puede notarse, se trata de un caso arquetípico de lo que Paul Ricoeur llamó el “conflicto de las interpretaciones” (2013).

Al respecto de la hermenéutica de la maternidad como método de lectura, Nadia Mahjouri (2004) analiza la afección de las tecnologías reproductivas en el cuerpo femenino a partir de marcos interpretativos como la agencia, el deseo, el poder, la resistencia y la política que crean y producen tres morfologías corporales: el cuerpo en riesgo, el cuerpo invisible y el cuerpo mercantilizado. La primera forma, el cuerpo en riesgo, es aquel cuya idea de cuidado y responsabilidad se convierten en términos clave ante el peligro de contraer enfermedades durante el embarazo o de abortar. Este tipo de cuerpo crea una performance de la maternidad basada en una apropiación maternal de la responsabilidad. Por el contrario, la falta de cuidado producirá una maternidad desviada. La segunda forma, el cuerpo invisible, surge como resultado de la subjetividad fetal que se genera a expensas del cuerpo de la madre. Dicho de otro modo, la atribución de personalidad y subjetividad fetal elimina el derecho de la mujer a decidir o gestionar su propio cuerpo. Como resultado, la predominancia del sujeto-feto sobre la mujer produce una responsabilidad que recae en el cuerpo de la madre sobre el cual pierde, total o directamente, injerencia. La madre queda invisibilizada en favor del cuidado fetal. Finalmente, la tercera forma, el cuerpo mercantilizado, transforma la reproducción de la mujer en valor económico; es decir, un trabajo reproductivo (vientre subrogado). El trabajo del cuerpo se cuantifica para generar ganancias. Para Mahjouri, lo anterior puede considerarse como un sitio subversivo en el que el trabajo reproductivo se reconoce como parte de un valor económico que beneficia a las mujeres.

Una segunda hermenéutica de lo materno es la realizada por Joseph Dumit y Robbie Davis-Floyd (1988), quienes proponen el imperativo tecnocrático como elemento que enfatiza el uso de los aparatos tecnológicos y el sometimiento de la madre a procedimientos invasivos en caso de infertilidad. Por un lado, el imperativo tecnocrático tiene como objetivo la concepción. De manera que los organismos involucrados, como el hospital o las clínicas de maternidad y reproducción, se erigen como centros de poder y fábricas tecnológicas (5). Por otro lado, este tipo de imperativo establece una correlación entre el producto perfecto y el bebé. Al igual que el imperativo reproductivo, este discurso separa a la madre del hijo para establecer el poder conceptual del bebé como producto perfecto que puede lograrse con base en el uso de la tecnología (6).

En consecuencia, presento estas dos hermenéuticas o marcos interpretativos de lo materno para afirmar que la comprensión de los imperativos maternos ya no depende de la separación decimonónica de la hermenéutica clásica entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu (Dilthey), o entre ciencias idiográficas y ciencias nomotéticas (Rickert), puesto que permite explicar por qué el discurso materno no depende estrictamente de la biología, de las instituciones o de los avances técnicos, pues la tecnología reproductiva puede ser también una nueva forma de control sobre el cuerpo femenino en la que lo biológico, lo social y lo orgánico están inextricablemente unidos. Por consiguiente, la maternidad se interioriza como un estado natural de todas las mujeres (Mahjouri, 2004), sin entender que el embarazo está constituido por prácticas performativas que son prácticas de autovigilancia, lo que constituye una identidad y un cuerpo maternos narrados simbólicamente. Precisamente, la aparición de un tercer imperativo –el imperativo de cuidado– evidencia de qué manera la tecnología produce un discurso y una forma de tecnomaternidad en la medida que tiene la capacidad de regular el cuerpo de las mujeres e integrar al orden público las normas de filiación que las técnicas de reproducción asistida modifican históricamente. El cuidado es así una narrativa compensatoria que recupera la dimensión normativa del discurso materno, una normatividad descriptiva que instala la necesidad de vigilar el cuerpo de las mujeres como si se tratase de infantes, de sujetos sin lengua: in-panthos.

Con la aparición de la narrativa del cuidado, el cuerpo de la madre se visualiza en permanente riesgo. La infantilización de la madre, la incapacidad para cuidar de su propio cuerpo y del cuerpo que ahora reside en ella serán elementos suficientes para someterla a prácticas permanentes de vigilancia y autovigilancia. Las tecnologías de la imagen médica fetal componen, quizá, la piedra angular de la gestión del cuerpo materno. Por un lado, la subjetividad fetal genera una responsabilidad de cuidado que recae en el cuerpo de la mujer, sobre el cual ya no se tiene injerencia total o directa, pues, según Nadia Mahjouri (2004), el feto se convierte en un actor en el discurso biomédico al atribuírsele personalidad y subjetividad (19). Por lo tanto, las tecnologías de la imagen fetal han tenido repercusiones sobre la imagen y la gestión del cuerpo materno al activar una narrativa de cuidado responsivo. De hecho, algunas leyes federales pueden aplicarse en contra de la mujer por negligencia infantil. Un ejemplo de esta hermenéutica jurídica es la ley federal de los Estados Unidos. Bajo ese precepto, la visualización del feto produce dos tipos de cuerpos maternos: un cuerpo visible (porque ocurre en virtud de la madre) y un cuerpo invisible (porque la madre queda invisibilizada en favor del feto y su cuidado), tal como la hermenéutica medieval había distinguido entre la iglesia visible de la iglesia invisible (una forma eterna, sin cuerpo; una forma terrena, cargada de materia). Por más contradictorio que parezca, la tecnología que visibiliza al feto termina por invisibilizar a la madre.

Por otro lado, la infantilización de la mujer ocurre cuando no se considera a la madre apta para cuidar de su propio cuerpo y del cuerpo que habita dentro de ella. En ese sentido, se despliegan una serie de narrativas de administración de cuidados materializados en textos socialmente compartidos: manuales de autoayuda, cuidados nutricionistas y seguimientos médicos para asegurar que las recomendaciones tecnológicas se sigan con rigurosidad. Los discursos actuales sobre el cuidado y protección de la madre son, por tanto, discursos eugenésicos cómplices de un lenguaje mercantil, ya que son un marco interpretativo para preservar la existencia del feto como individuo y como parte de un valor económico superior al de la madre. El discurso del cuidado es, en cierta medida, un ejemplo paradigmático de la mercantilización de la vida, un caso hegemónico de “naturalización” de la visión del mundo del neoliberalismo.

En definitiva, los imperativos del nuevo orden materno (reproductivo, tecnocrático y responsivo) subyacen a la hermenéutica materna debido a que dependen inexorablemente de las formas, los debates políticos y los marcos interpretativos sostenidos alrededor de los avances tecnológicos. De modo que puede concluirse que, ante la inexorable relación de necesidad entre la maternidad y las formas tecnológicas de reproducción, la hermenéutica debe estar en condiciones metodológicas y epistemológicas de problematizar las funciones tecnoestéticas de los imperativos maternos por medio de un análisis crítico del archivo literario.

El dispositivo de lectura en In Vitro de Isabel Zapata

El archivo literario hispanoamericano ha construido un régimen de maternidad. Este archivo posibilita la enunciación de tres imperativos tecnomaternos. En la novela Quién quiere ser madre (2017), de Silvia Nanclares, emerge el imperativo reproductivo de cómo la lógica social contemporánea impone un régimen materno sobre los cuerpos de las mujeres, ya que explicita cómo la presión social instaura la idea del reloj biológico en el personaje principal. El imperativo reproductivo visibiliza que la configuración entre el cuerpo biológico y el cuerpo social son construcciones en los que la figura de un tiempo reproductivo se materializa a partir del deseo materno.

La novela Las madres secretas (2022), de Mónica Crespo, sugiere que existe un imperativo tecnocrático en la medida en que la reproducción se expresa como resultado de un sistema cultural que instaura la tecnología como parte de un proceso de vínculos orgánicos y médicos. En la novela, la protagonista de cuarenta años decide quedar embarazada tras la renuncia de sus propias metas laborales. El encuentro con la infertilidad, la reproducción asistida y la afirmación de un tiempo biológico posibilita la reflexión en torno a la organización biotécnica del cuerpo de las mujeres y sus deseos maternales. Por consiguiente, el imperativo tecnocrático evidencia que la concepción de la reproducción y de la maternidad es un constructo social que, aunque pretenda preservar su carácter supuestamente “natural”, constituye un proceso técnico-social. Así, el ámbito natural de la reproducción no se distingue de los ámbitos tecnológicos o sociales, ya que configuran sistemas significativos producidos históricamente.

Finalmente, en la novela Distancia de rescate (2014), de Samanta Schweblin, se manifiesta un imperativo responsivo que insta el reconocimiento de los sistemas particulares de la maternidad en concepciones de realidades relacionadas a la protección y al cuidado. Tanto los sistemas particulares como la tecnificación médica y la idea de la salud se articulan para construir una narrativa materna totalizante centrada en la concepción del peligro, la prevención y la protección del infante. En la novela, la imagen de un hilo invisible entre la madre y la hija condiciona una relación fundamentada en los modos de cuidado, vigilancia y culpa que experimenta la madre durante un viaje al campo cuando la hija se aleja demasiado. El imperativo responsivo demuestra que la configuración de los afectos y cuidados maternos se corresponde con un proceso de reducción sistémica de los aparentes peligros que existen en el exterior y de la noción cultural que funda la función protectora de la madre.

Las representaciones de la maternidad en la literatura hispanoamericana contemporánea muestran cómo las prácticas de reproducción asistida y la experiencia narrativa de los cuidados y afectos de la madre componen dos registros que articulan un concepto biotecnológico de “lo materno”. A diferencia de las generaciones de mujeres que únicamente dispusieron de la tecnología de la oralidad y de la sabiduría popular, la literatura hispanoamericana visibiliza cómo las maternidades representadas disponen de un equipo médico y de un instrumental tecnocientífico que monitorea el proceso de concepción, reproducción, gestación y cuidado, que condiciona el desarrollo de un régimen estético de la maternidad. Este procedimiento discursivo, de vínculo entre la narración literaria de la experiencia reproductiva y los condicionamientos tecnoestéticos que la hacen posible, integra una aproximación novedosa de lo materno en la medida que se trata de una operación estética en la que no existe distinción entre la forma biológica y la dimensión cultural de la maternidad. Por lo tanto, la premisa fundamental de la que parte este método es que, para el discurso de la maternidad, no existe una separación radical entre naturaleza materna y cultura reproductiva, pues la maternidad no es un acontecimiento “natural”: las prácticas de la maternidad y sus cuidados están siempre mediadas por elementos estéticos y tecnológicos que las identifican como una experiencia subjetiva que solo puede expresarse e intensificarse por medios literarios.

Específicamente en el ensayo novelado In Vitro (2021) de Isabel Zapata, la protagonista describirá su proceso de inseminación aunado a una serie de reflexiones en torno a la experiencia de convertirse en madre, qué hacer con el material genético sobrante y cómo nombrar cada una de las etapas del desarrollo fetal. El procedimiento médico de Isabel Zapata plantea los dilemas normativos de los aparatos tecnológicos de la maternidad y los límites ético-políticos del poder médico. La novela sintomatiza literariamente las tecnologías de lo materno al insertar algunas reflexiones estéticas y políticas en torno al modo de narrar la maternidad frustrada, los relatos de la inseminación, el embarazo y los controles médicos-obstétricos.

La experiencia de la maternidad descrita por Isabel Zapata codifica un sensorium materno al inscribir de forma histórica y contextualmente tecnificada las relaciones entre las “usuarias” (las mujeres que visitan blogs de maternidad o se informan excesivamente antes de acudir a las clínicas de fertilización) y la “información materna” (médica, científica, histórica, popular, generacional). Esta relación hermenéutica codifica una versión tecnológica de lo materno inscrito en un tiempo y un lugar determinados que requiere de una interpretación que involucre el cuerpo. Dicho de otro modo, la concepción de lo materno para la protagonista de la novela In Vitro articula el ámbito particular, cultural e histórico de su sistema de creencias (género, clase y nación) al describir la experiencia personal de la inseminación (conceptualización precientífica) y las relaciones sociales que moldean la visión del mundo, mientras cuestiona los valores históricos de su época. Asimismo, la protagonista incide en cómo esta información está disponible aparentemente al alcance de todas las mujeres y requiere de la ponderación de las relaciones cognitivas y afectivas que producen el dato (embarazo), el código de transmisión (discursos médicos, científicos, históricos, populares, generacionales) y la transmisibilidad (la reinterpretación de la maternidad a partir de los imperativos responsivos, reproductivos y tecnocráticos). Una hermenéutica de lo materno que adopta el mecanismo de dispositivo de lectura.

Por lo anterior, en las interpretaciones sobre los fenómenos histórico-culturales que rodean el proceso de la inseminación, la novela de Isabel Zapata permite cuestionar acerca de si la fecundación in vitro puede concebirse como una ciencia histórica –que requiere documentación, describir épocas, ahondar en perspectivas personales– o como una ciencia neutra que se orienta a la búsqueda de resultados positivos. De ello deriva el énfasis de la autora a describir “neutralmente” que el proceso de reproducción con el biólogo especialista en morfogénesis requiere someterse a numerosos procedimientos médicos que la obligan a distinguir entre la palabra “preparar” y la palabra “engañar”:

Escribí preparar a mi organismo, pero quise decir engañarlo. La progesterona hace que mi cuerpo crea que estoy embarazada desde el día uno, cuando los óvulos son inseminados en un laboratorio, hasta el día cinco, cuando se hace la transferencia. Muchos de los tratamientos ginecológicos, desde los anticonceptivos hasta la reproducción asistida, son eso: obligar al cuerpo a hacer lo que por sí mismo no haría. Intervenirlo (Zapata, 2021: 37).

El tratamiento reproductivo conlleva, entonces, una serie de procedimientos invasivos dolorosos que no siempre culminan con la noticia de un embarazo. El escaso párrafo de Zapata apenas advierte sobre los riesgos que corre una mujer ante la estimulación ovárica. Incluso, parece olvidar que, ante un caso de hospitalización, los ovarios serían los primeros en ser examinados. Al convertirse en el objeto de las tecnologías experimentales, la protagonista destaca cómo el discurso de la maternidad debe apoyarse de la aparición de las nuevas tecnologías reproductivas. La mente debe asociar los procedimientos médicos como cambios hormonales naturales. Desde el punto de vista metodológico, la reflexión de la protagonista permite estudiar las formas en las que el imperativo tecnocrático regula, por un lado, los dispositivos y aparatos tecnológicos más novedosos para concebir un humano; y, por otro lado, modifica la concepción del embarazo como proceso natural. La experiencia de la concepción la conforman tanto los cambios orgánicos como las inducciones médicas. En ambos procesos ocurre un proceso de doble registro hermenéutico, una doble hermenéutica que compatibilice la dimensión natural del proceso de gestación con las intervenciones tecnológicas que la hacen posible.

Conviene recordar que las técnicas de reproducción asistida requieren la realización de una serie de actividades de tipo “biológico” que preparan al organismo para retener los óvulos inseminados; la descripción literaria de las técnicas de inseminación artificial aporta un importante componente para las reflexiones de la autora con respecto a la supuesta objetividad de las ciencias médicas y a la configuración del discurso materno. Al suspender el carácter “neutro” de la medicina, se suspende también el carácter “natural” del discurso materno, ya que se muestra por qué el poder médico es un poder político capaz de normar el cuerpo y el discurso de las mujeres con base en interpretaciones científicas que ocluyen la diferencia de género.

Las supuestas propiedades neutras o naturales de los discursos médicos y maternos se relacionan con el problema de cómo la mercantilización del producto embrional que se describe en la novela promueve descripciones normativas que instauran políticas eugenésicas. Este proceso descriptivo surge a partir de una previa selección interpretativa de posibles donantes. Una selección que bien puede nombrarse como “eugenésica”, ya que busca convertirse en la madre ideal a partir de adquirir el “producto” perfecto: un hijo saludable, bello, digno de ser fotografiado. La explicación de la selección y la gametogénesis de los dos embriones que le serán inseminados a Isabel Zapata es similar a la selección de un producto en los bancos de esperma: “Se fecundaron siete óvulos, de los cuales tres fueron descartados en las siguientes horas y cuatro quedaron congelados, listos para ser transferidos. Destino: viable” (2021: 35).

El hijo ideal contiene la clave genética que la publicidad ha implantado en nosotros: la belleza, el deporte, la inteligencia, la salud. De tal manera que el hijo se construye discursivamente por medio de un proceso riguroso de selección hermenéutica: un material genético óptimo que permitirá la producción de un tipo de subjetividad materna en la que los procedimientos tecnológicos aspiran a obtener un hijo perfectamente saludable según la correcta interpretación de la medicina obstetricia. Se aspira a convertirse en madre de un hijo perfecto. A partir de la selección y la gametogénesis embrionaria, se construye un efecto de la imagen que repercute en la manera en que representamos al hijo perfecto. La tecnoconcepción asegura la belleza y la funcionalidad del producto que se adquiere e instaura la narración de una maternidad soñada. No obstante, la selección del producto eugenésicamente perfecto conlleva una serie de problemas morales y éticos que se explicitan en la novela. La protagonista se pregunta qué pasará con los embriones congelados y cómo es que estos serán tratados por el embriólogo:

Luego pienso en las diez semanas de inyecciones que tengo por delante, en si quedaré o no embarazada, en cómo sería tener gemelos y en qué vamos a hacer con los otros dos embriones congelados si al final no llegamos a usarlos. Cuando por fin puedo ir al baño, me relajo. En un arranque inesperado de optimismo, pienso que el embriólogo los tratará bien (Zapata, 2021: 27).

El dilema moral y ético sobre el residuo biológico –los embriones congelados– se interrumpe ante la posibilidad técnica: el cuidado del embriólogo. Será la hermenéutica del embriólogo la que mostrará cuál es el encargado de deshacerse de los residuos, de liberar la conciencia del personaje, de velar por el descanso de quien no tiene idea de que la técnica (la congelación de embriones) y el “cuidado” se unen como si pertenecieran a una misma terminología: los intereses particulares de las industrias, el ejercicio médico y las ganancias de las farmacéuticas. La relación entre la técnica y el cuidado es aparentemente igualitaria, neutral, lo que no quiere decir que realmente lo sea desde un horizonte crítico. La reproducción es tecnificada. La maternidad es una subjetivación basada en interpretaciones del texto médico, social y cultural del entorno de las mujeres. Como el discurso médico forma parte del lenguaje cotidiano, la terminología médica se normaliza y naturaliza. El discurso de la maternidad que Isabel Zapata utiliza para describir el procedimiento in vitro forma parte de un vocabulario médico y de ciertas nociones científicas que otorgan una aparente neutralidad a la ciencia y a la maternidad. Las proezas técnicas de la concepción y el seguimiento ginecobstétrico durante el embarazo intervienen los modos globales de representación de la maternidad y la gestación.

En consecuencia, tanto el discurso científico como el de lo materno se entrecruzan e interactúan hermenéuticamente. A partir de relaciones que se establecen entre ambos discursos, la idea del hijo produce un paralelismo entre la reproducción (el tener un hijo) y la narración de lo materno (el convertirse en madre o lo que implica ser madre). Lo anterior se evidencia a partir de la diferencia que la protagonista establece entre ambos: “Mi psicoanalista empieza la sesión diciendo que el deseo de ser madre no es lo mismo que el deseo de tener un hijo” (Zapata, 2021: 22).

El “tener un hijo” plantea un imperativo reproductivo que norma el cuerpo femenino con fines procreativos y que no siempre devela el trabajo, los cuidados ni la responsabilidad de la paternidad. El deseo por convertirse en madre o tener un hijo contribuye a establecer una diferencia estructural entre ambos sucesos. El embarazarse porque se quiere tener un hijo mantiene una relación causal con los numerosos procedimientos a los que debe someterse la mujer para gestar. Aunque producido artificialmente, el tener un hijo y parirlo se inscribe como una equivalencia de maternidad. Por el contrario, el “convertirse en madre” corresponde también a un rol social que no siempre es biológico (las madres que adoptan, las que deben hacerse cargo de niños, las “tías Tulas”, las hermanas mayores, entre otras), pero que, de igual manera, establece una narración de sistemas significativos a partir de su historia social.

En suma, es posible afirmar que la aparición de la inseminación in vitro devela que la cultura siempre está interviniendo en la forma de reproducción de los sujetos. El discurso literario sobre la maternidad es el sitio idóneo para problematizar la relación entre tecnología y maternidad, ya que permite mostrar los síntomas y los efectos no deseados del discurso sobre lo materno. Por una parte, este discurso permite evidenciar cómo el archivo literario posibilita la reflexión sobre los riesgos vitales del embarazo, los debates éticos acerca de la reproducción, las diferencias de clase en los diversos proyectos maternos y el sentimiento de culpa que introducen algunas nociones de maternidad. Por otro lado, el análisis literario de estas narrativas evidencia un tipo de discurso donde el deseo de convertirse en madre es impedido, obstaculizado o simplemente negado. De manera que el discurso materno, al estar atravesado por los tres tipos de imperativos, evidencia la necesidad de poner en escena un dispositivo de lectura que genere las condiciones de legibilidad de las formas de reproducción. Este dispositivo concluye que tales formas nunca han sido naturales, pues, además de normativizar el discurso materno, genera un marco hermenéutico en el que cada sociedad dicta lo que se espera de la mujer, de su cuerpo y de la forma de nombrar el resultado: producto (discurso comercial), embrión (discurso médico), material genético (discurso científico), bebé (discurso cultural). Una hermenéutica de la maternidad que prueba, en última instancia, que el sentido de un texto es una disputa por convertir en hegemónica una concepción del mundo.

Referencias

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