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Blas Garay: la escritura de la historia a través del epistolario familiar

Liliana M. Brezzo

Trabajar en España, escribir sobre el Paraguay. Así se podrían sintetizar las ocupaciones de Blas Garay (1873-1899), quien supo capitalizar muy bien la experiencia en los archivos y la publicación de una parte de su producción histórica en Madrid para asumir, en adelante, nuevos compromisos en su vida pública. Abogado, afiliado a la Asociación Nacional Republicana (conocida también como Partido Colorado) y habitual colaborador de los periódicos asuncenos El Tiempo y La Opinión, ocupaba ya, al momento de su viaje a Europa, un sitio destacado entre la pléyade de letrados comprometidos en la reedificación material y moral del Paraguay luego de la desastrosa guerra contra la Triple Alianza.

Garay arribó a España a mediados de 1896 como secretario de la legación paraguaya en Europa con una misión a los archivos para localizar documentos relativos a los límites paraguayos, en el contexto de la creciente agitación pública en su país por el litigio con Bolivia sobre el Chaco Boreal. Durante esa estancia pudo completar la redacción de cuatro libros que publicó en Madrid: Compendio elemental de la historia del Paraguay (Madrid/Asunción, Librería y Casa Editora A. de Uribe, 1896), La revolución de la independencia del Paraguay (Madrid, Imprenta Viuda e Hijos de M. Tello, 1897), Breve resumen de la historia del Paraguay (Madrid/Asunción, Librería y Casa Editora A. de Uribe, 1897) y El comunismo de las misiones de la Compañía de Jesús en el Paraguay (Madrid, Viuda e Hijos de M. Tello, 1897).

Parte de esas tareas se puede restituir a través de las cartas que remitió regularmente a su cuñado −antes compañero de facultad−, el abogado Gabriel Valdovinos. Redactadas de puño y letra, provienen de la rica colección documental de la Academia Paraguaya de la Historia y cubren un arco temporal que va desde el 9 de setiembre de 1896 hasta el 25 de setiembre de 1897, con una mayor concentración durante los meses de abril hasta julio de 1897, en los que trabajó en el Archivo General de Indias. Además de las misivas dirigidas a Valdovinos, figuran piezas epistolares remitidas a su hermano Juan, y cuatro cartas que Eugenio, el otro hermano, le envió a María Valdovinos después del fallecimiento del historiador. Este trabajo pretende recoger los resultados de un estudio sobre ese repertorio epistolar y de las obras que Blas Garay publicó en Madrid con el propósito de desvelar algunas nociones sobre la escritura de la historia del Paraguay en el último tercio del siglo XIX.

A primera vista, es poco lo que se puede decir de investigaciones sobre epistolarios centrados en el mundo político o intelectual paraguayo y, menos aún, sobre los intercambios producidos en el ámbito familiar. Sin embargo, ya merecen ser reseñadas algunas publicaciones que han puesto a disposición, mediante ingentes esfuerzos de transcripción y de edición crítica, repertorios epistolares relevantes, o por constituir el inicio de proyectos más ambiciosos para reconstruir la historia de la historiografía paraguaya. Uno de los primeros trabajos en esa dirección, dado a conocer entre los años 2006 y 2007, fue la edición de la robusta correspondencia que sostuvieron el diplomático paraguayo Gregorio Benites (1834-1909) y el jurista argentino Juan Bautista Alberdi (1810-1884) durante la segunda mitad del siglo XIX; en particular, ha permitido restituir las ideas y la participación de dos actores principales de las elites políticas dirigentes de sus respectivos países en los procesos de construcción nacional, así como los términos de la defensa intelectual y de la propaganda paraguaya en Europa durante la guerra contra la Triple Alianza.[1] Más recientemente, figuran investigaciones asentadas en el archivo personal del reputado y controvertido historiador paraguayo Juan E. O’Leary (1879-1969), como la que ha recuperado el intercambio epistolar entre O’Leary y Gregorio Benites, así como con otros letrados latinoamericanos que ha desvelado sus afanes por edificar en el Paraguay, entre los siglos XIX y XX, una “historia patriótica”.[2] Figuran también los trabajos de María Laura Reali, dedicados a dar a conocer el carteo que entre los años 1905 y 1953 mantuvieron O’Leary y el político e historiador uruguayo Luis Alberto de Herrera (1873-1959), en los que auscultó problemáticas particularmente relevantes para comprender la conformación de redes intelectuales en el espacio platense y la operación política/historiográfica en que se empeñaron los corresponsales para la consolidación de la lectura revisionista de la guerra del Paraguay.[3] Hay que mencionar también los avances de un estudio sobre los epistolarios del político y escritor Juan Natalicio González (1897-1966) en los que Andrea Tutté logró recrear algunos de sus proyectos culturales más notables, como la fundación de la Editorial de Indias en París, que publicó un elenco notable de obras paraguayas, y el derrotero de Guarania, una de las revistas culturales más importantes del siglo XX en América Latina.[4]

Enfocados en estudiar la correspondencia intelectual, estas investigaciones han contribuido a ensanchar los márgenes del conocimiento sobre las trayectorias académicas y profesionales de hombres públicos, diplomáticos e historiadores paraguayos; han desvelado, en palabras de Jorge Myers, la evolución de la obra de los dialogantes, las metamorfosis en sus opiniones, el cambiante mapa de su universo de interlocución, la existencia de proyectos nunca concretamente realizados, pero que no por ello dejaron de marcar con su huella el periplo de los autores.[5]

El lugar de Blas Garay en la historiografía paraguaya conoció ya algunas referencias durante las primeras décadas del siglo XX. Ignacio Pane (1880-1920), Silvano Mosqueira (1875-1954), Juan Natalicio González (1897-1966), Viriato Díaz Pérez (1875-1958), que ocuparon un lugar destacado en las elites políticas y culturales de Paraguay, estuvieron entre los primeros que visitaron su obra. En el Álbum Gráfico de la República del Paraguay, que se publicó en el contexto de la conmemoración del Centenario de la Independencia, en 1911, figuraba una contribución de Ignacio Pane titulada “Intelectualidad Paraguaya”, en la que ubicaba a Garay como el mejor periodista que tuvo el país y autor de una producción histórica que “llamó la atención no sólo en el Paraguay sino en el extranjero”.[6] Silvano Mosqueira se enfocó en Garay en ocasión de redactar, en 1921, el prólogo a la primera edición paraguaya de El comunismo de las misiones. La Compañía de Jesús en el Paraguay, en el que destacó su propósito de sacudirse del papel “puramente decorativo” que se le quería asignar en el Partido Colorado y la vía que eligió (la fundación del periódico La Prensa) para formar nuevos criterios e influir en la agenda política. En ese objetivo general, señala Mosqueira, su estancia en Europa adquirió especial relieve al otorgarle seguridad y convicción.[7] En el mismo año, Juan Natalicio González redactó una semblanza biográfica de Garay en el volumen de su autoría titulado Letras Paraguayas en el que lo situaba en el “hervor intelectual” que vivía Asunción a finales del siglo XIX, atizado por los escritos de Cecilio Báez, de Juan Silvano Godoy, de Manuel Domínguez, que “asomaba como uno de los mayores escritores de habla española”, y de Fulgencio Moreno, que iniciaba su “vasta y profunda labor histórica”. En ese elenco, González lo definía como “renovador de los estudios históricos y de las prácticas políticas” y, aún más relevante para explicar el lugar que le otorgaba en la vida política y cultural del país, su rol en

la grande y decisiva transformación ideológica que se opera en el Coloradismo, y que hace de este partido el instrumento insustituible de renacimiento paraguayo. Desalojado del poder en 1904, el Coloradismo no ha dejado de conocer el influjo de aquel conductor brillante, y el actual ideario Colorado sería inexplicable sin el antecedente de las ideas que predicó y defendió Garay.[8]

Pero quizás la estimación historiográfica que reviste mayor interés en este recuento es la que realizó el escritor español Viriato Díaz Pérez. En su estudio titulado Literatura Paraguaya, que dio a conocer en 1941, aseguraba que

sus obras son modelo de casticismo y, dejando aparte algunos aspectos polémicos de ellas […] sus producciones señalan con Ruy Díaz de Guzmán en el coloniaje, y Mariano Antonio Molas en el siglo XIX, las tres etapas de la literatura histórica en el Paraguay.[9]

De este modo, la obra de Garay era presentada por Díaz Pérez como un parteaguas dentro de la trayectoria de la “literatura histórica paraguaya” en la larga duración, junto a los Anales del descubrimiento y conquista del Río de la Plata, de Díaz de Guzmán, y a la Descripción histórica de la Antigua provincia del Paraguay, de Molas. Así, se podría argumentar, fue el escritor hispano-paraguayo quien señaló, por primera vez, tres jalones de la historiografía paraguaya.

Más recientemente, el recorrido de Blas Garay historiador mereció la atención de Bárbara Gómez, quien logró reconstruir con destreza los debates sobre el pasado paraguayo que lo enfrentaron con Manuel Domínguez y con Alejandro Audibert y analizó parte de su producción historiográfica, así como los mecanismos de apropiación de su pensamiento histórico por parte del Partido Colorado hacia mediados del siglo XX.[10] Erasmo González se enfocó en Garay para examinar su discurso histórico sobre José Gaspar Rodríguez de Francia y su época.[11] Ignacio Telesca encaró los mecanismos de Garay para la construcción del relato −y de la persistencia de este− sobre las misiones jesuíticas en el Paraguay.[12]

Además de contribuir a la restitución de su biografía y de su producción historiográfica, los estudios reseñados hasta aquí ayudan a situar a Garay en la foto de grupo de los intelectuales de la posguerra. Como es conocido, la andadura cultural del Paraguay se vio drásticamente interrumpida con el inicio, en 1864, de la guerra contra la Triple Alianza (Argentina, Uruguay, Brasil); las consecuencias que le impusieron la derrota determinaron por completo su vida política, social y económica.

En medio de la extrema pobreza, del marasmo económico y de los esfuerzos por reedificar el Estado, emergió, en las dos últimas décadas del siglo XIX, una elite político-cultural que posteriormente sería conocida como Generación del 900 o Novecentistas. Raúl Amaral es quien mejor la ha estudiado y ubicó a Garay en una foto grupal junto a los que consideraba los dieciocho representantes más influyentes del novecentismo: Arsenio López Decoud (1867-1943), Manuel Domínguez (1868-1935), Manuel Gondra (1871-1927), Teodosio González (1871-1932), Fulgencio R. Moreno (1872-1933), Juan Francisco Pérez Acosta (1873-1968), Eusebio Ayala (1875-1943), Silvano Mosqueira (1875-1954), Ramón I. Cardozo (1876-1943), Gualberto Cardús Huerta (1878-1949), Eligio Ayala (1879-1930), Juan E. O’Leary (1879-1969), Juan León Mallorquín (1880-1947), Ricardo Brugada (1880-1920), Ignacio A. Pane (1880-1920), Inocencio J. Lezcano (1880-1935) y Juan José Soler (1880-1963). Nacidos en su mayoría en la década siguiente a la finalización de la contienda, casi todos ellos se formaron en el Colegio Nacional de Asunción establecido en 1877 y, posteriormente, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, que se fundó en 1889.

El 26 de junio de 1895, un núcleo de esos intelectuales junto a otros referentes políticos y culturales fundó el Instituto Paraguayo. En un comienzo sus integrantes se limitaron a enunciar entre sus propósitos el fomento del estudio de la música y el desarrollo de la literatura, el proporcionar la enseñanza de idiomas y el estimular los ejercicios físicos por medio de la gimnasia y la esgrima. Sin embargo, las cuestiones sobre el pasado pasaron a constituirse, al poco tiempo, en materia predominante de las conferencias, de los discursos y de otras actividades llevadas a cabo por la institución, las que, en todos los casos, suponían un punto de referencia, un indicador preciso de los rumbos temáticos consagrados por ese grupo intelectual; se impuso entonces la necesidad de divulgar tales emprendimientos. Así, en octubre de 1896, apareció el primer número de la Revista del Instituto Paraguayo, que se convirtió en la publicación cultural más influyente hasta el año 1909, en que cesó la edición. Atendiendo a ese contexto social y cultural, Raúl Amaral sostiene que Garay inauguró la producción intelectual del novecentismo.[13]

De Asunción a Madrid

Hijo primogénito de Vicente Garay y de Constancia Argaña, Blas Garay nació el 3 de febrero de 1873. Tuvo dos hermanos, Eugenio Alejandrino y Juan Jorge, que se dedicaron al periodismo, y Eugenio, en particular, destacó en la carrera militar, específicamente durante la guerra del Chaco. Huérfanos de madre, se educaron con su abuela materna, Nemecia García de Argaña, en Pirayú, ciudad en la que Blas Garay cursó los primeros estudios en la Escuela Municipal. Luego se trasladó a Asunción para ingresar, en 1887, en el Colegio Nacional en calidad de alumno interno, del cual egresó, como bachiller, cinco años después. Carlos Centurión anoticia que fue durante esos años cuando publicó su primer opúsculo, en coautoría con Daniel Codas y Francisco L. Bareiro, titulado Nuevas ideas en nuestra política; apunta también que, en 1891, Garay fue invitado a colaborar en el periódico El Tiempo, que dirigía Manuel Gondra, junto a otros jóvenes de su generación, como Manuel Domínguez, Emeterio González, Liberato Rojas y Gabriel Valdovinos.[14] Finalizados los estudios en el Colegio Nacional, ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción, en la que se graduó de abogado en 1895.

Fue durante ese año cuando Garay inició la publicación de la Pequeña Biblioteca Histórica, su primer proyecto editorial de envergadura con el que buscó divulgar, a través de una serie de opúsculos en tamaño octavilla, “obras y documentos, inéditos o no, que juzguemos interesantes para la historia nacional, de manera de estimular la afición que hasta hoy no existe entre nosotros hacia este orden de estudios”, según explicaba en la presentación del primer volumen que apareció en el mes de junio y que contenía la transcripción de las cartas-relaciones de Diego García y de Luis Ramírez. La epístola de García de Moguer recogía el periplo que en 1526 lo condujo desde el puerto de La Coruña al Río de la Plata, en tanto la relación del piloto Ramírez, que integró la expedición de Gaboto −contemporánea a la de García−, describía las tensas relaciones entre los integrantes de ambas empresas marítimas que se reclamaron la primacía de la conquista de los ríos Paraná y Paraguay. Parece necesario hacer notar dos datos relativos a esta primera entrega. Uno de ellos es la aclaración que hace Garay sobre las transcripciones de ambas piezas documentales que, según advertía en la presentación, las había tomado de la Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro correspondiente al año 1852; el otro refiere a que, en atención a lo valioso del estudio preliminar que para la edición brasileña había preparado el historiador y diplomático Francisco Adolfo de Varnhagen (1816-1878), decidió simplemente replicarlo para la edición paraguaya de los textos de García y de Ramírez. Estas referencias parecen confirmar la precocidad intelectual de Garay, ya familiarizado con los textos del reconocido “Heródoto brasileño” y con la prestigiosa publicación del Instituto Histórico Geográfico do Brasil que circulaba regularmente desde el año 1839. El segundo volumen de la Pequeña Biblioteca Histórica, que publicó al mes siguiente, estuvo dedicado a dar a conocer la “Memoria del Escribano Pero Hernández”, integrante de la expedición de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Y para el volumen tercero, Garay compiló, bajo el título general de La Conquista del Paraguay. Cartas históricas y curiosas, una decena de epístolas dirigidas a las autoridades del Real Consejo de Indias por hombres y mujeres −Juan de Salazar, Domingo Martínez de Irala, Isabel de Guevara, entre otros− que participaron de la expedición que en el siglo XVI llegó a Paraguay. Todo indica que los tres volúmenes mencionados fueron los únicos que alcanzaron a ver la luz de la imprenta en tiradas especiales que no superaron los cincuenta ejemplares cada una.[15]

En la misma época, Garay presentó en la Facultad de Derecho una investigación para obtener el grado de doctor, titulada La Junta Superior Gubernativa, dedicada a reconstruir las funciones de ese organismo político en el contexto de la emancipación política del Paraguay. De modo que, a inicios de 1896, habiendo alcanzado el doctorado, acumulado experiencia editorial con la Pequeña Biblioteca Histórica, con una participación activa en la prensa asuncena y comprometido con el ideario del Partido Colorado que protagonizaba el ciclo político paraguayo finisecular,[16] su designación como secretario de la legación del Paraguay en Europa con una comisión especial a los archivos españoles aparece como un parteaguas en su vida que le permitiría afinar, en adelante, otros propósitos intelectuales y políticos.

En España

El nombramiento de Blas Garay se debe situar en el contexto de la creciente agitación pública en el Paraguay ante la controversia con Bolivia por el Chaco Boreal. Los dos estados habían procurado resolverla a través de acuerdos transaccionales, pero los tratados Decoud-Quijarro (1879) y Aceval-Tamayo (1887) no alcanzaron los resultados esperados. En 1894 el representante boliviano Telmo Ichaso y el paraguayo Gregorio Benites arribaron a un nuevo arreglo por el que el Paraguay se aseguraba la propiedad de la mayor parte del litoral del río Paraguay, incluyendo Fuerte Olimpo, y acordaba a Bolivia una salida por ese río, más al norte, así como el territorio necesario para la fundación de colonias en el interior. Este instrumento no fue ratificado ni por Bolivia, ni por el Paraguay. Contemporáneamente, comenzaron a difundirse con fuerza en la opinión pública paraguaya los títulos históricos del país sobre el Chaco Boreal. En 1890, el doctor Alejandro Audibert elaboró, por encargo del gobierno, una memoria sobre el particular; poco después publicó un libro titulado Los límites de la antigua Provincia del Paraguay, en el que sostuvo que el arreglo con Bolivia debía fundarse en el estudio de los títulos y no en soluciones transaccionales.[17] En esa coyuntura, con fecha 26 de diciembre de 1895, se designó a Blas Garay en calidad de secretario de la Legación del Paraguay acreditada ante las cortes de Gran Bretaña, España y la República de Francia[18], y, con fecha 2 de marzo de 1896, se lo nombró comisionado especial para que se “constituya a los archivos de España y haga un estudio de los documentos relativos a la historia y a los límites territoriales del Paraguay”.[19] La elección de Garay parece haber sido favorecida por su cercanía política e intelectual con el ministro de Relaciones Exteriores, José Segundo Decoud, y el diplomático Gregorio Benites, negociador del último acuerdo transaccional con Bolivia. En el cuerpo del decreto, se indica que se le asegurará la remuneración necesaria para dicho cometido. Se le instruyó que debía “tener al corriente del ministerio de Relaciones Exteriores sobre todos los datos desconocidos que hallase sobre el litigio de límites con Bolivia”, estudiar en los archivos españoles los documentos inéditos que tengan relación con la historia política, especialmente aquellos relacionados con la “jurisdicción territorial del Paraguay” y que debía reunirlos en un informe al ministerio de Relaciones Exteriores en el que especificase los archivos, legajos, así como copias de aquellos documentos que ponderase como decisivos para la cuestión de límites.[20]

Blas Garay apresuró su casamiento con María Antonia Valdovinos antes de embarcar en Asunción y arribar a Madrid a mediados de 1896. Eusebio Machain era el jefe de la legación del Paraguay en Francia, España y Gran Bretaña, a quien el secretario debía informar y sujetar sus actividades.[21] En las cartas que, en adelante, remitiría regularmente a Gabriel Valdovinos, es posible identificar distintos ejes temáticos como los modos en los que alimentaba en la escritura epistolar los lazos afectivos, cómo gestionaba diversos asuntos familiares y, más relevantes para este estudio, los procesos de escritura y edición de sus obras históricas y sus labores en los archivos.

Una observación del conjunto de las misivas de Blas Garay: escritas en papel sencillo, en formato cuartilla, con márgenes escasos y caligrafía natural, tienen, como componentes principales de su estilo, la espontaneidad y la sencillez. Aunque es el joven esposo el que escribe, la esposa María Antonia y los detalles cotidianos de la vida en común aparecen, habitualmente, como telón de fondo. En la primera pieza epistolar que se conserva, fechada en Madrid el 9 de setiembre de 1896, Garay le anuncia a su cuñado que, “al fin”, han cambiado de casa, “tomando una en una calle principal, la del Barquillo, y en un primer piso, al lado del Ministerio de la Guerra, tres habitaciones con tres balcones y mirador”, y que se encuentra abocado a solucionar el problema del uniforme diplomático: “El marqués de Zauco, introductor de embajadores me aconseja que lo haga y el señor Machain también. A la verdad que es esencialísimo en la corte, pero cuesta 1000 pesetas, cantidad tan bonita que me duele en el alma”.[22] Garay parece bascular, en la escritura epistolar, entre lo que considera criterioso para su desempeño profesional y el natural entusiasmo por la experiencia de vivir, a los veintitrés años, en Europa. Por ejemplo, encarga a su cuñado la suscripción a los periódicos paraguayos La Democracia, El Paraguay Ilustrado, La Verdad, y El Rayo para estar al día de la política interna de su país, apura su juicio sobre el libro del diplomático boliviano Telmo Ichaso, al que considera muy importante y “el mejor que se ha escrito sobre las pretensiones de Bolivia”, al tiempo que asegura estar dispuesto a refutarlo con los documentos que se propone relevar en España, y derrama su alegría intensa ante la confirmación de la llegada del primer hijo, prevista para enero de 1897.[23] En todo caso, el joven matrimonio vive feliz, sin hacer demasiadas previsiones económicas a juzgar por las reiteradas justificaciones que hace Garay de que el sueldo se les va “como el humo” y que no logran tener control de los gastos:

Mi señora y yo somos dos individuos que nos parecemos mucho; no estamos hechos para economizar, así que cuando nos proponemos hacerlo nos cuesta más caro. Para no ir más lejos lo que nos pasó el último día de feria, en que resolvimos almorzar en la Venta de Eritaña, en donde se come muy bien. Para no pagar las dos pesetas que cuesta el coche, tomamos el tranvía, creyendo, como nos habían asegurado que solo teníamos que andar un corto camino.[24]

En las relaciones epistolares con la familia que quedó en el Paraguay, Garay se muestra afectuoso y exigente; le reclama a su cuñado la infrecuencia en el envío de cartas, la brevedad de los contenidos, el retraso en las respuestas; le escribe una extensa reprimenda a su hermano menor, Juan Jorge, por no buscar trabajo y por su poca afición al estudio, y le impone −a distancia− una serie de reglas que “deberá obedecer”, como la de dar cuenta de sus gastos y aprovechar el tiempo para estudiar, tal como le advierte en la siguiente cita:

Si me obedeces en todo lo que te mando, yo te mantendré a mi lado en el diario con buen sueldo que dirigiré en cuanto vuelva. Si no, te repito, que no cuentes conmigo para nada, pues me has dado ya tantos motivos para creerte incorregible que esta es la última prueba que intento. Además, quiero que me escribas todos los días 1 y 15 de cada mes.[25]

La misma machaconería se hace presente en las cartas dirigidas a su corresponsal para que le consiga una casa en Asunción pensando en el regreso:

… que sea grande para que quepamos todos en ella, y céntrica, si es posible en la calle Palma o en Villa Rica. Me horroriza la idea de vivir en el Hispano o de tener que ir a comer a esa desgraciada casita de la calle Estrella, que tantos dolorosos recuerdos tendrá para mí en lo sucesivo después de haberlos tenido tan alegres.[26]

Y en lo que hace a detalles de gestión familiar, le adelanta que recibirá un paquete certificado con dos corbatas “que María compró para regalártelas para tu cumpleaños. Aunque a primera vista no te gusten no dejes por eso de usarlas que ya verás cómo hechas son hermosísimas. Es la última moda”.[27]

En la conversación epistolar con su cuñado, los proyectos de futuro aparecen como uno de sus hilos conductores, es decir, Garay deja bien en claro que espera que la experiencia en Europa le sirva para catapultarlo a un lugar preeminente entre la elite política sin circunscribirse a su actuación partidaria en el Partido Colorado, y que aspira a edificarse

una posición política independiente para ejercer la influencia que deseo, de manera que, sin dejar de pertenecer al Partido Colorado, pueda siempre colocarme en la situación que a mí me parece mejor. Acaso sea de este modo una carrera más lenta, pero será en cambio, mucho más sólida y segura, fundándola en mi propio valer y en mis esfuerzos propios que no en el favor, y cuando llegue al Congreso lo mismo que cuando llegue al gobierno, se sabrá ya que no soy uno de tantos votantes o refrendadores de firmas insignificante como los hay.[28]

De este modo, argumenta Garay, después de una vida “en sus comienzos trabajosa y llena de privaciones alegremente llevadas”, se propone capitalizar su estancia en España para adquirir cualidades “para mi mejor acierto en política”,[29] lo que se materializa en su empeño por hacer muy bien las labores de archivo en España y en la redacción de un prolijo informe final con los resultados del acopio y estudio de los documentos sobre los derechos del Paraguay al Chaco, que contaría, según el plan que le comparte a Valdovinos, con una “parte expositiva” y “dos volúmenes como los de Audibert, y más los documentos”.[30] El historiador-diplomático se siente confiado, con deseos de mostrar sus trabajos, de modo que le solicita a su cuñado que no pierda oportunidad de hablar sobre el avance de sus labores y sobre su capacidad para protagonizar futuras negociaciones con Bolivia.

Con el objetivo de formar −y de formarse− un criterio en política, Garay también diseña en España un plan para editar un periódico a su regreso al Paraguay; de hecho, los pensamientos se transforman, con el correr de las cartas, en una decisión que comparte con Valdovinos, a quien incorpora, de facto, al proyecto:

Vuelvo con el firme propósito de independizarme sin dejar de ser útil a los amigos que lo merezcan y lo sean para mí y para aquellos a quienes debo favores. Lo primero que pienso hacer será fundar mi diario […] ya verás cómo sacamos de él dinero y crédito, y digo sacamos porque te he nombrado administrador general y redactor particular para las cuestiones económicas: es necesario explotar tu buen ángel. Será un periódico como nadie lo espera, de tres páginas, con material diario, que se publicará también los días de fiesta. Después he de darte más detalles de este proyecto que me entusiasma.[31]

Pero son la escritura y la edición de sus obras históricas los asuntos que ocupan el lugar más extenso y constante en las cartas, lo que permite deducir, en primer lugar, que sus escritos presentaban, a la llegada a España, distintos grados de progreso. Esto explica, por ejemplo, que el Compendio de Historia del Paraguay estuviese ya listo para ser impreso en octubre de 1896, según informa a su corresponsal en Asunción: “Por el próximo correo remitiré los primeros ejemplares de mi Compendio de Historia que se va a imprimir en 15 días, y tendrá más de 250 páginas”,[32] y que le solicite, poco después, que se encargue de la distribución en el Paraguay. Al mismo tiempo, las cartas proyectan cierta disconformidad o inseguridad ante el resultado final debido a la prisa en la edición:

La obra no me gusta nada, pero todos saben que sé hacerlo mejor y pocos son los que conocen muchísimos de sus datos. Infórmame de lo que de ella se diga que no será mucho por la indiferencia con que allí se mira todo.[33]

El segundo libro que Garay publicó en Madrid fue La Revolución de la Independencia del Paraguay, que vio la luz de la imprenta en el mes de marzo de 1897 y al que considera mucho mejor que el compendio; más aún, lo califica como uno de sus mejores escritos, por lo que insiste a su cuñado: “… no dejes de contarme lo que sepas que se hable”.[34] Esta ansiedad por conocer la recepción de sus publicaciones se cuela, en adelante, en casi todas las cartas, como cuando le llegan referencias de que sus amigos Fulgencio Moreno y Manolo Gondra han criticado el Compendio:

… del primero creo que no podrá por su grandísima desidia hasta para ganar dinero, hacer gran cosa mientras no tenga a su lado a quien, como yo antes, le aguijonee y avive; pero es un verdadero amigo y cuento con él para el porvenir.[35]

En los primeros días de mayo de 1897, Garay ya tiene listo su tercer libro, el Breve Resumen de la Historia del Paraguay. Al igual que en los dos anteriores, es también su cuñado quien se ocupa de anoticiar en el Paraguay sobre la aparición de la obra, de que se publiquen algunos extractos en la prensa asuncena y de distribuir ejemplares entre amigos y funcionarios. Las cartas que rodean a la edición del Resumen confirman que su autor se valió de materiales de archivo para redactar algunos de sus contenidos, como da cuenta el envío que fecha en Sevilla el 7 de mayo de 1897: “Corrijo ya en él muchos errores del Compendio a la luz de los datos que voy hallando en el Archivo de Indias”[36], y también:

Ya he corregido una buena parte de las pruebas de mi Resumen, que si no coge el correo del 15 irá sin falta el 22. La prisa con que tengo que hacerlo (aún no está concluido) me impide introducir en él las mejoras que tenía pensado, pero alguna vez será.[37]

Finalmente, le confirma a Gabriel Valdovinos el envío de ejemplares:

Me imagino que muchos no concebirán que yo pueda imprimir tres libros, publicar en esa prensa numerosos y extensos artículos que suponen labor no escasa, preparar una larga conferencia, etc., en poco más de seis meses. Pues si se viera el volumen que hacen los borradores de mi correspondencia y la gran cantidad de trabajos acumulados por fortuna sobre mis espaldas, se lo explicarían todavía menos. Con que por ahora resignarse a tener cartas como las de cierto caballero que las hace cual si fueran telegramas, de un duro la palabra.[38]

A finales de mayo, una nueva misiva convalida la especial atención que le merecen a Garay los juicios sobre sus obras, se alegra de que Cecilio Báez, uno de los intelectuales más reputados del Paraguay, hubiese elogiado La Revolución de la Independencia:

Muchas gracias por el juicio que te merece mi nueva obrita y dáselas también a Báez, con quien estoy contrayendo una deuda de inmensa gratitud por su noble y generosa conducta conmigo. El último artículo que me dedicó ha llegado después de expedida mi carta anterior, en que puse algunos párrafos para él.[39]

El último texto que Garay da a conocer en España, poco antes de su regreso al Paraguay, titulado El comunismo de las misiones de la Compañía de Jesús en el Paraguay, tuvo su origen en una conferencia que pronunció en la Sociedad Geográfica de Madrid el 23 de febrero de 1897 y que el historiador eligió revisar y reformar mediante la incorporación de materiales de archivo.[40] El estudio se imprimió en dos formatos: como prólogo de la primera edición en español de la obra del jesuita Nicolás del Techo, Historia de la Provincia del Paraguay, y como una separata en tirada especial de 101 ejemplares. A diferencia del sentimiento de insatisfacción que le había producido el Compendio, el autor se muestra ahora complacido: “creo sin jactancia que es lo más notable que modernamente se ha escrito sobre los jesuitas por la gran cantidad de datos nuevos que contiene. Pronto podrás juzgarlo por ti mismo”,[41] le escribe a su cuñado a finales de setiembre y le confirma poco después:

Va por este correo un ejemplar del anunciado prólogo. Desgraciadamente la falta de tiempo y mi grande sobreexcitación nerviosa no me ha permitido aprovechar como deseara el gran número de materiales que tengo reunidos, pero alguna vez lo haré mejor, y de todos modos, para prólogo, bueno está y además contiene muchas noticias nuevas. En pliego aparte va el principio, que se imprimió en la tirada especial.[42]

La documentación disponible indica que la impresión de los libros de Blas Garay en Madrid se vio allanada por la cercanía con el abogado y profesor bilbaíno Ramón de Olascoaga y Bulfy (1864-1942), afincado en el Paraguay desde 1888 y a quien conoció en las aulas universitarias. Olascoaga, que había contribuido a la fundación de la Universidad Nacional de Asunción, tenía una destacada actuación académica como docente en la Facultad de Derecho, impartiendo clases de Derecho Romano, Literatura Española y Economía Política. En el marco de su creciente prestigio intelectual, encaró, de acuerdo con la Librería y Casa Editora A. de Uribe, la impresión, en Madrid, de un elenco de obras reunidas con el título general de Biblioteca Paraguaya que se inauguró, en 1896, con las reediciones de Descripción e Historia del Paraguay y del Río de la Plata, de Félix de Azara y Relación Historial de las misiones de los indios que llaman Chiquitos que en el Paraguay tienen los Padres de la Compañía de Jesús, de Juan Patricio Fernández, dos libros “raros y curiosos que tratan de América”, según se señalaba en la advertencia preliminar a la obra de Fernández. Fue también Olascoaga quien encargó a Garay el prólogo a la edición de la Historia de la Provincia del Paraguay, de Nicolás del Techo.[43]

De los libros que Garay dio a conocer en Madrid, La revolución de la independencia del Paraguay se proyecta, por varias razones, como el de mayor valor historiográfico. Por primera vez un autor paraguayo buscaba reconstruir, a través de hechos “comprobados”, el proceso de emancipación política entre los años 1810 y 1811. Organizados en siete capítulos, los contenidos se desplegaban cronológicamente desde los acontecimientos que rodearon a la instalación de la Junta Gubernativa en Buenos Aires, el 25 de mayo de 1810, hasta el congreso del 17 de junio de 1811 celebrado en Asunción y la formación de la Junta Gubernativa. El texto, que tenía prácticamente listo cuando llegó a Madrid, conectaba con la tesis doctoral sobre La Junta Superior Gubernativa que había presentado para obtener el título de doctor en Derecho, y con otro trabajo que tenía también muy avanzado, titulado El Primer Consulado, y que daría a conocer poco después de regresar al Paraguay. Garay sostenía en esa trilogía una continuidad argumental sobre la emancipación política del Paraguay cuyo principal propósito consistió “ante todo” en liberarse de la sumisión a Buenos Aires. En esa línea, reponía una mirada benévola hacia el gobernador español Bernardo de Velasco y, en cambio, caracterizaba el accionar del general argentino Manuel Belgrano como una clara campaña de conquista. Argumentaba que la victoria militar en Paraguarí contra las tropas porteñas significó el renacer de los objetivos que levantó la Revolución Comunera a inicios del siglo XVIII, y se enfocaba en demostrar que José Gaspar Rodríguez de Francia fue el verdadero “hacedor” de la independencia y comadrón de la nación paraguaya.

Otra de las razones que permiten argumentar sobre el peso historiográfico de la Revolución es que se trató de un relato pegado a una ingente cantidad de documentos provenientes del Archivo de Asunción, del Registro Nacional de la República Argentina, del Archivo Americano, y que reposaba en reconocida bibliografía que circulaba desde mediados del siglo XIX en el Río de la Plata, como la obra de Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano y de la independencia Argentina, la Historia de la República Argentina, de Vicente Fidel López, la Historia de los gobernantes del Paraguay, de Antonio Zinny, La République du Paraguay, de Alfred Du Graty, y la Descripción histórica de la antigua provincia del Paraguay, de Mariano Antonio Molas.

Claro está que ni la Revolución ni los otros tres textos que Garay publicó en Madrid se pueden considerar como un punto cero en la escritura de la historia paraguaya, pero el contexto político y cultural del Paraguay en el siglo XIX determinó un ritmo y unas características peculiares que explican el salto cualitativo que significaron sus escritos. Para explicar esas condiciones, hay que remontarse al gobierno de José Gaspar R. de Francia, quien estableció, entre 1814 y 1840, un progresivo aislamiento internacional que dificultó las relaciones del Paraguay con el exterior. Es cierto que, aunque Francia restringió el ingreso y la salida de personas del país, cerró los colegios y no toleró las reuniones de clubes literarios, no planteó objeción a un aprendizaje elevado per se, en tanto tuviera lugar en forma discreta y no importara una amenaza para el gobierno. Prueba de esa porosidad fueron los estudios históricos que en esos años redactó el paraguayo José Falcón (1810-1881), entre los que figuraba un compendio de los principales acontecimientos políticos del Paraguay al que su autor tituló Apuntes y documentos históricos.[44]

También durante el gobierno de Francia, Mariano Antonio Molas (1780-1844) habría redactado la Descripción histórica de la antigua Provincia del Paraguay. En la misma época, se editaron en Buenos Aires textos relevantes sobre la historia paraguaya como el Ensayo de Historia Civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán del deán Gregorio Funes (1749-1829), que se dio a conocer en 1817, y, por primera vez, se editaron, en 1836, los Anales del descubrimiento, población y conquista del Río de la Plata, del paraguayo Ruy Díaz de Guzmán (1560-1629), gracias a la iniciativa de Pedro de Angelis.[45] Luego del fallecimiento de Francia, en 1840, los gobiernos de Carlos Antonio López (1844-1862) y de Francisco Solano López (1862-1870) morigeraron el aislamiento internacional y promovieron el conocimiento de la realidad histórica paraguaya en el exterior.

En ese contexto se editó, en 1849, El Paraguay: lo que fue, lo que es, lo que será, del abogado y diplomático paraguayo Juan Andrés Gelly (1782-1856), y en 1862 el coronel belga Alfred Du Graty publicó en Bruselas La République du Paraguay como parte de un acuerdo con el gobierno de Carlos Antonio López para dar a conocer el país en Europa.[46] En los años que siguieron a la finalización de la guerra contra la Triple Alianza, de la mano de letrados paraguayos que regresaron a su país y ocuparon lugares relevantes como actores políticos y culturales, se inició, si bien de manera intermitente, la edición de textos sobre el pasado paraguayo, como los Recuerdos Históricos (1894) de José Segundo Decoud (1848-1909) y Monografías Históricas (1893) de Juan Silvano Godoy.[47] Sin ser exhaustivo, este recuento evidencia la intermitencia y los márgenes acotados de las manifestaciones historiográficas decimonónicas; permite sostener que, en el caso de los textos de Garay, se está ante el primer esfuerzo erudito de escribir y de originar una reflexión sistemática sobre los orígenes de la nación paraguaya. El hecho de que se publicaran en Madrid significó, además, desde la perspectiva de la historiografía, la primera relación con el exterior tras decenios de muy escasos contactos intelectuales.

Cabe mencionar también que la edición de la Revolución de la independencia fue contemporánea a los llamados “relatos fundadores” que se dieron a conocer en los países vecinos en el último tercio del siglo XIX y que el historiador paraguayo conoció, leyó y, al menos en los casos del autor brasileño y argentino, utilizó en la preparación del texto: la Historia geral do Brasil (1854-1877), de Francisco Varnhagen (1816-1878), la Historia de Belgrano y de la independencia argentina (1858-1887), de Bartolomé Mitre (1821-1906), la Historia de la dominación española en el Uruguay (1880-1897), de Francisco Bauzá (1849-1899).[48]

En contraste con la Revolución, como ya lo ha explicado muy bien Bárbara Gómez, la publicación del Compendio y del Resumen tuvo otros propósitos y, por eso, presenta una confección y un formato diferentes. Garay encaró la elaboración de los dos textos pensando en la enseñanza de la historia paraguaya, a fin de reemplazar el Compendio de Geografía e Historia del Paraguay del italiano Leopoldo López de Terán y del colombiano Próspero Pereira Gamba que desde 1879 era utilizado en los establecimientos escolares; entendía, de este modo, que el conocimiento del pasado paraguayo se debía apoyar en textos elaborados por autores paraguayos.[49]

En cuanto al proceso de edición de El comunismo de las misiones de la Compañía de Jesús en el Paraguay, Ignacio Telesca ha mostrado los mecanismos de la construcción del relato que hizo Garay sobre la experiencia y el influjo de las misiones guaraníes en la historia paraguaya, así como las consecuencias que tuvo la perdurabilidad de su visión antijesuítica en los relatos sobre los orígenes y la construcción de la nación paraguaya.[50]

Sevilla – Asunción: el regreso

Entre los meses de abril y julio de 1897, Blas Garay trabajó en Sevilla en el Archivo General de Indias para cumplir con el objetivo de su comisión de relevar y hacer copias de los documentos que podrían servir para demostrar los títulos históricos del Paraguay sobre el Chaco Boreal. Con fecha 21 de mayo, remite al ministro Garay una nota en la que da cuenta del modo en que encara sus labores:

… he encontrado buena copia de documentos que robustecen por modo considerable la prueba que ya tenemos presentada de nuestro derecho al Chaco. Creyendo que lo que principalmente importa es demostrar que cuando se efectuó la revolución de la independencia el Chaco estaba comprendido dentro de la jurisdicción primitiva del Paraguay, contraigo mis estudios al siglo XVIII y me lisonjeo de haber hallado autorizadísimos testimonios, así como anteriores y posteriores al establecimiento de las Intendencias que prueban aquel importante extremo.[51]

Las cartas familiares muestran que sus actividades se diversificaban con el correr de las semanas en esa ciudad: prepara contribuciones destinadas a ser publicadas en la prensa paraguaya, como el texto sobre la Misión de Cloiria que aparece en La Opinión y hace extractos del Compendio para que se publique en la prensa paraguaya como folletín, unos trabajos en los que se esfuerza porque entiende la difusión que le prestan a su obra recién editada, pero, al mismo tiempo, confiesa a Valdovinos, le resultan agobiantes en medio de sus labores de archivo:

El de extractar el Compendio de Historia me pone enfermo, de tan mala gana como lo hago. Todavía no lo he concluido, pero entre esta noche y mañana espero darle fin. En cambio, necesito esforzarme mucho para dominar las ansias de empezar ya mi informe sobre nuestros límites, tarea que realizaré con grande gusto y creo que también con éxito. Puedes anunciar a mis amigos que por lo que llevo hecho me prometo un buen resultado.[52]

Los amigos en el Paraguay, a los que se refiere Garay, aparecen de forma sucesiva: Manuel, “Manolo” Gondra, Manuel Franco, Arsenio López Decoud, Fulgencio Moreno, José Segundo Decoud y Gregorio Benites son aludidos una y otra vez en el trajín epistolar a fin de que el corresponsal en Asunción les haga llegar ejemplares de sus libros o para que les recuerde que aguarda respuestas a sus cartas.[53] Pero, en todo caso, se muestra lleno de energía y de vitalidad intelectual ante la labor en el Archivo de Indias y por su proyecto de componer un sólido alegato sobre la cuestión de límites con Bolivia, hechos que alimentan sus emociones, así como su plan de escribir una “grande Historia del Paraguay[54] y el de recibir alguna recompensa económica para establecer el diario en Asunción, que podría fungir también de imprenta. Guiado por esos propósitos, invierte en transcriptores, en reproducciones de mapas, en gratificaciones a los empleados del archivo que le ayudan en la localización de documentación. Regularmente envía al Ministerio de Relaciones Exteriores copias de documentos como pruebas valiosas del derecho paraguayo al Chaco.[55] Según sus cuentas, gasta aproximadamente 400 pesetas al mes para abonar los servicios de copistas y trabaja diez horas diarias en el archivo.[56] Pero, concluye,

me parecen pocas, tanta es mi prisa por concluir. No estimarán allí en todo lo que vale lo que estoy haciendo. Sin embargo, de lo malo de la extensión, a mí me sería imposible dejar de cumplir mi deber de la mejor manera que lo sepa. Cada vez soy más afortunado en mis investigaciones. Llevo encontrados preciosos documentos y abrigo la plena confianza de presentar un interesante informe.[57]

En el mes de setiembre de 1897, el matrimonio Garay-Valdovinos se instaló nuevamente en Madrid y realizó los preparativos para el regreso al Paraguay, que se concretó a finales de año.

Los libros que Garay publicó en Madrid no estuvieron exentos de contradictores entre sus contemporáneos, y su fortuna no fue uniforme a lo largo del tiempo, como lo demuestran las críticas que le llegaron durante su estadía en Sevilla. Un artículo firmado por el influyente político y hombre de letras Manuel Gondra apareció en el diario asunceno La Democracia con el propósito de refutar el juicio que Garay exponía en el Compendio sobre el presidente Carlos Antonio López en materia de educación y cultura, según el cual el gobernante había “dedicado sus desvelos a extender la instrucción pública que hizo obligatoria y gratuita” y aplicado “las teorías más liberales de los modernos reformadores”.[58] El articulista impugna esos datos y se concentra en la iniciativa de López de divulgar en las escuelas el denominado Catecismo de San Alberto, cuya doctrina habría contribuido a “cimentar sobre sólidas bases morales la tiranía, deprimiendo el espíritu del pueblo y moralizándolo para soportarlo sin protestar”. El llamado Catecismo de San Alberto se trataba de un texto editado en 1786, escrito por el arzobispo de Córdoba del Tucumán, fray José Antonio de San Alberto Campos y Julián, con el propósito de inculcar a la niñez que un rey dentro de su reino no reconoce otro superior que Dios y no está sujeto al pueblo. Identificado con este espíritu político-religioso, durante su gobierno, en 1863, Francisco Solano López había hecho reimprimir el texto e impuesto para la enseñanza en todo el país.[59] Gondra cuestionaba también las cifras suministradas por Garay acerca de la extensión y el número de las escuelas primarias, extraídas del texto del coronel belga Alfred du Graty, La République du Paraguay, que hacía ascender el número de establecimientos a 500, mientras que, para Gondra, no se habría superado el de 200. La revisión que hace de la enseñanza superior concluye con un balance positivo solo a favor del Aula de Filosofía, relegando la iniciativa de la Academia Literaria, aunque, de hecho, concluía Gondra, “en ninguno de los dos establecimientos destinados a la enseñanza superior se impartían teorías liberales”.[60] Se conoce la reacción de Garay a través de dos cartas. La primera es la que dirigió a su amigo Manuel Franco, en la que se desahoga y contraargumenta las objeciones vertidas por Gondra que provienen, según explica,

de una inexactitud, al confundir el Catecismo de San Alberto con otro texto que Carlos Antonio López ordenara imprimir y difundir a partir de 1855, titulado Catecismo político y social y que contiene principios infinitamente más liberales y justos que los contenidos en el de la edición de 1863,

sobre el que basaba sus críticas. Y se extiende sobre las críticas al Compendio:

En el primer período, el Colonial, puede censurar mucho más que ha censurado, ya que por la experiencia que tengo de que después de mucho comparar y meditar, viene a lo mejor un documento a destruir todo el edificio, no quise hacerlo mientras no hubiera concluido mis investigaciones en estos Archivos y en aquel nuestro y pudiese publicar la obra que ahora tengo en proyecto. En lo que toca al período de la Independencia, y especialmente del de 1810 a 1845 podrán apuntarse omisiones y desorden hijos de la precipitación; pero dudo mucho, dificulto que se me rectifique en nada importante, que está todo muy bien fundado y sólo me serví de los grandes autores para colmar los huecos que los documentos dejaban. De mi monografía sobre la Revolución estoy muy satisfecho: con ella quise dar idea de cómo será la historia que después escriba y para la cual habré de solicitar la protección del gobierno ya que ha sido concedida a otros y ya que sin ella sería un onerosísimo sacrificio de tiempo y de dinero, por las condiciones de nuestro público.[61]

La segunda carta es la que dirige a su cuñado, en la que también hace frente, en la intimidad de la escritura familiar, a las críticas:

Me tienen sin cuidado los propósitos de Domínguez y de Gondra. El primero, que se ha propasado en los estudios que ahora está publicando en La Democracia lo va a pagar caro, pues he de refutarle de tal manera que quedará perfectamente en ridículo y demostraré cómo se ha metido a tratar de lo que no sabe, que así es la verdad. Me irrita la deslealtad con que reproduce mis argumentos y para castigarle he de imprimir, en cuanto vuelva, en dos columnas, mi monografía sobre Cloiria y sus observaciones, para que se vea la distancia que nos separa y a qué habilidades y tretas de trapisondista recurre para suplir (que no lo suple) la insuficiencia de sus conocimientos […] En cuanto a Gondra o a cualquier otro que quiera refutar mi Revolución de la Independencia, no sé cómo se la compondrán. En el Compendio si pueden hacer mucha brecha [sic]; pero ni aun esto es cosa de coser y cantar.[62]

También la Revista del Instituto Paraguayo publicó una reseña sin firma en que el autor dejaba traslucir la novedad y, al mismo tiempo, la contradicción que, a su juicio, entendía que producía el Compendio de Garay con relación a su propósito de que se adoptase en las escuelas:

Se lo ha juzgado incompleto por no estudiar sino la faz política de la historia. Pero esta falta difícil sería subsanarla porque las fuentes de nuestra historia, adoleciendo de omisión igual por el distinto criterio que, cuando se publicaron, teníase de esta ciencia, habría que acudir a documentos de casi imposible adquisición, cuyo ordenamiento en lo que respecta a tantas inexploradas cuestiones, ya constituiría trabajo suficiente para muchos años de asidua dedicación. Por otra parte, la revolución que ha provocado el Doctor Garay, combatiendo con entereza ideas y opiniones profundamente arraigadas y produciendo escisión en las filas de los que a estos estudios se dedican, da un carácter novedoso a su libro. A nuestro entender esta circunstancia le hace impropio para la enseñanza porque los niños no deben de aprender sino aquello que está demostrado de modo palmario y tiene toda la autoridad de una cosa debidamente juzgada.[63]

Sin perjuicio de esta crítica, en el año 1904, a propuesta de la dirección del Colegio Nacional de Asunción, se adoptó el Compendio para la enseñanza de la historia en ese establecimiento.[64]

Las últimas cartas

A su regreso al Paraguay, Garay asumió nuevos compromisos en la vida pública. Fundó, en febrero de 1898, el diario La Prensa, en el que sostuvo, a lo largo de los centenares de artículos y editoriales, una postura crítica respecto al rol del Estado, alertó sobre la corrupción, el clientelismo y otros males en las estructuras tanto de su partido como en las filas del opositor Partido Liberal y, sobre todo, procuró formar a la opinión pública con respecto a los derechos paraguayos sobre el territorio chaqueño. El hecho de que intelectuales de distintas agrupaciones políticas como el egusquicista Fulgencio Moreno, el joven integrante del Partido Liberal, Juan E. O’Leary y el líder del Partido Liberal Cecilio Báez colaboraran en la hoja da cuenta de la relevancia intelectual y de su influjo in crescendo en la agenda política.[65]

En el mes de julio de 1899, la Revista del Instituto Paraguayo inició la publicación de la “Colección de documentos relativos a la historia de América y particularmente a la historia del Paraguay”, un proyecto que contemplaba no únicamente dar a conocer las transcripciones de documentos del Archivo General de Indias, sino también materiales de otros repositorios y sin limitar la selección a los de la época colonial. La primera entrega la dio a conocer en el número 4 del tomo III de la Revista con foliatura aparte, que se completó hasta alcanzar la publicación de 79 documentos en 724 páginas.[66] Al mismo tiempo prosiguió la llegada al Ministerio de Relaciones Exteriores de remesas de los documentos que Garay seleccionó e hizo transcribir. Efraím Cardozo apunta en su monumental Historiografía Paraguaya que “de acuerdo con el informe que produjo en el año 1900 Cleto de Jesús Sánchez, Encargado de la recepción del Archivo de la Comisión Nacional de Límites, las copias alcanzaban a 1317 documentos con 14914 fojas”.[67]

Blas Garay murió repentinamente el 19 de diciembre de 1899, cuando contaba tan solo con veintiséis años. Sobre el dolor que la pérdida física significó para su familia dicen mucho las cuatro cartas que Eugenio Garay le remitió a su cuñada, María Valdovinos, desde Chile, país en el que proseguía estudios en la academia militar. En la primera de ellas, fechada el 15 de diciembre de 1899, es decir, pocos días después del fallecimiento de su hermano, Eugenio se concentra en escribir sobre “Blasito”, el hijo, en quien podría encontrar la esposa desconsolada “el manantial inagotable de ternura” y la fortaleza ante la tragedia inesperada; el niño, “recuerdo viviente de su padre, es quien merece todo el cariño que le profesábamos”. Munido de estos argumentos, Eugenio le solicita a la viuda que le otorgue una participación, “la más amplia posible”, en la educación de su sobrino. Para cumplimentar ese propósito, le asegura que apresurará el regreso al Paraguay. Las siguientes piezas epistolares dan cuenta de un carteo intermitente. El segundo envío desde Chile corresponde recién al 27 de noviembre de 1900, un interludio que se explica por las complicaciones para enviar y recibir correspondencia durante los meses de invierno en los que la nieve bloqueaba la comunicación a través de la cordillera de los Andes. Su contenido anoticia del nacimiento, el 13 de mayo, de Juan Manuel, el hermano menor de Blasito y de las gestiones para el regreso de Eugenio. En el extenso contenido de la tercera carta que dirige a María Valdovinos, el 5 de enero de 1901, describe la misa que se celebró en la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, en Santiago de Chile, con motivo de cumplirse un nuevo aniversario del “dolor extremo” de la pérdida física del hermano. Esta misiva, como la siguiente, proyecta el deseo de Eugenio de mantener la cercanía y la unión familiar: “… he de enviarte un retrato mío para que Blasito y Manuel no vean en mí un extraño cuando llegue el ansiado momento en que pueda darles un abrazo”,[68] “he recibido de mi padre una carta”, “qué lindos que son mis sobrinitos […] qué orgullo sentiré cuando los saque a pasear”.[69] Finalmente, Eugenio le anuncia a María Antonia su regreso al Paraguay, previsto para el mes de noviembre de 1901.[70]

Entre los testimonios sobre los homenajes fúnebres que se le tributaron a Blas Garay, figura un escrito que le dedicó su amigo, el pintor y etnólogo Guido Boggiani en la Revista del Instituto Paraguayo, en el que señaló que quienes conocieron su precoz trayectoria intelectual “guardan la impresión de haber visto pasar raudo y sorprendente un meteoro luminoso de fulgor extraordinario”. Boggiani expresaba, de ese modo, la fugacidad de Garay, su velocidad ascendente y su rápida desaparición; precisamente, el prematuro fallecimiento del historiador puede contribuir a que, hasta ahora, no se disponga del recuento completo de su producción histórica, que sigue dispersa en la prensa asuncena de finales del siglo XIX, y que se tenga también por delante el calibrar mejor, con un repertorio más cuantioso de fuentes, su lugar en la historiografía paraguaya.

Las cartas familiares que remitió durante su estancia en España revelan la trama de emociones, temas y tiempos que fueron tallando sus actividades, qué pensaba y sus planes de futuro, cómo conducía las labores en los archivos, cuáles eran las ideas que cultivaba durante la escritura y la edición de sus libros sobre el pasado paraguayo. De este modo, las cartas aparecen no únicamente como el vehículo vivo del pensamiento de Blas Garay en movimiento, sino también como el registro de este. Asimismo, el análisis del entramado compuesto por las misivas redactadas y dirigidas a la intimidad familiar y por los contenidos de los libros dirigidos a la esfera pública contribuye a precisar mejor los procesos de gestación y de edición de la obra histórica y a restablecer algunos de los mecanismos de su circulación.

Como queda recogido en estas páginas, la producción histórica de Garay no fue, propiamente, un punto cero en la historiografía decimonónica paraguaya, ni estuvo exenta de críticas entre los contemporáneos. Sin embargo, se puede sostener que los libros que publicó en Madrid, en particular La Revolución de la Independencia, constituyen el primer esfuerzo erudito de pensar el pasado y de originar una reflexión sistemática acerca de las raíces de la nación paraguaya, y que ese propósito se vio alentado por las lecturas de los autores de historias nacionales de reconocido influjo, como el argentino Bartolomé Mitre y el brasileño Francisco Varnhagen.

Una reflexión final remite a la necesidad de discutir, puesto que no estuvo entre los objetivos de este trabajo, sobre la recepción de las obras de Garay en las épocas posteriores y sobre la perdurabilidad de sus relatos en los imaginarios sociales y en las tradiciones historiográficas en el Paraguay. Su trayectoria académica y su operación erudita aparecen como un salto cualitativo para la historiografía paraguaya. Sin embargo, la lectura que hizo del pasado y la metodología que aplicó en la construcción de ese relato parecen haber sido confrontadas ya desde los primeros años del siglo XX con la emergencia del “revisionismo paraguayo”, una tradición historiográfica que tuvo su primera manifestación en el año 1902, con la polémica sobre el pasado del Paraguay que sostuvieron los intelectuales Cecilio Báez y Juan E. O’Leary. Este último lideró, en adelante, una forma de hacer historia, de cuño nacionalista, más ensayística que erudita, que situaba en el exterior el origen de la decadencia del Paraguay y que señalaba al liberalismo y a los imperialismos como enemigos de la evolución histórica. Esta construcción quedó cristalizada durante la prolongada dictadura de Alfredo Stroessner, entre 1954 y 1989. Y las pruebas disponibles parecen indicar que cualquier otra forma de hacer historia permaneció en los márgenes durante el resto del siglo XX. En este sentido, queda por delante afinar sobre cómo influyeron esos condicionantes con relación a la perdurabilidad de la obra de Garay, y hacer foco en algunas cuestiones referidas a los procesos de institucionalización y de profesionalización de la historia en el siglo XX en el Paraguay para ofrecer respuestas mejor fundamentadas.


  1. Juan Bautista Alberdi – Gregorio Benites. Epistolario Inédito. Edición crítica a cargo de Elida Lois y Lucila Pagliai, Asunción – Buenos Aires, Fondec – Academia Paraguaya de la Historia – UNSAM, 2006-2007, 3 tomos.
  2. Liliana M. Brezzo, “Vivimos en tiempo de las más grandes reivindicaciones. Las cartas privadas entre dos letrados paraguayos durante la primera década del siglo XX: Gregorio Benites y Juan E. O’Leary”, Revista Paraguaya de Sociología, 2012, 145, pp. 193-233, y “Cartas prodigiosas. Juan E. O’Leary y los entresijos de la edición de sus relatos históricos sobre la Guerra del Paraguay (1919-1929)”, Revista Páginas, 2018, 25, pp. 1-18.
  3. María Laura Reali, “Los intercambios epistolares entre Luis A. de Herrera y Juan E. O’Leary en el período de surgimiento y consolidación de un movimiento historiográfico revisionista sobre la Guerra del Paraguay” en Juan Manuel Casal y Tomás Whigham (eds.), Paraguay en la historia, la literatura y la memoria, Asunción, Tiempo de Historia, 2012, pp. 391- 411. También Liliana M. Brezzo y María Laura Reali, “La Guerra del Paraguay entre líneas. Los proyectos archivísticos y la correspondencia de Juan E. O’Leary y Luis A. de Herrera (1905 – 1926)”, Diálogos, 2020, 24/3, pp.155-177.
  4. Andrea Tutté, “Juan Natalicio González y la revista cultural Guarania: sociabilidades intelectuales y proyecto político”, 2017, Anuario CEH, 57, pp. 40-60, en revistas.unc.edu.ar/index.php/anuarioceh/article/view/22001; también Liliana M. Brezzo y Andrea Tutté, “Escribir, editar, mostrar al Paraguay en Europa. Los intercambios epistolares entre intelectuales/diplomáticos: Juan E. O’Leary y Juan Natalicio González (1920-1965)”, en Beatriz Figallo (Compiladora), Diplomáticos y Hacedores de las Relaciones Internacionales. Protagonistas, testimonios y fuentes en la política exterior argentina y latinoamericana, Buenos Aires, 2019, pp. 111-141.
  5. Jorge Myers, “El epistolario como conversación humanista: la correspondencia intelectual de Alfonso Reyes y Genaro Estrada (1916-1939)”, Políticas de la Memoria, 2014, pp. 53-70.
  6. Ignacio Pane, “Intelectualidad Paraguaya”, Álbum Gráfico de la República del Paraguay. Cien años de vida independiente, Buenos Aires, 1912, pp. 265-268. Se trató de una adaptación de la conferencia que Pane leyó en el Ateneo de Santiago de Chile el 26 de noviembre de 1902 titulada “El Paraguay intelectual”. También en el Álbum se publicó un capítulo titulado “Reseña Histórica del Paraguay”, que consistía en un extracto del Compendio Elemental de Historia del Paraguay de Blas Garay.
  7. Silvano Mosqueira, “Blas Garay”, El comunismo de las misiones. La Compañía de Jesús en el Paraguay, Asunción, Biblioteca Estudiantes de Derecho, 1921, pp. V-XLI.
  8. La Biblioteca Paraguaya del Centro Estudiantes de Derecho con el sello editorial La Mundial lo incluyó en su catálogo en el año 1921, pero finalmente no lo imprimió. El texto se dio a conocer en 1988 como una edición homenaje, al cuidado de Raúl Amaral. Véase Natalicio González, Letras paraguayas, Asunción, Cuadernos Republicanos, 1988.
  9. Viriato Díaz Pérez, “Literatura del Paraguay”, Santiago Prampolini (compilador), Historia Universal de la Literatura, Buenos Aires, UTEHA, 1941, pp. 295-309. Cabe mencionar también como antecedente el breve artículo que Viriato Díaz Pérez publicó en la Revista Unión Ibero Americana, titulado “Movimiento intelectual en el Paraguay”, Madrid, 1904, pp. 59-60.
  10. Bárbara Gómez, “Verdad e historia en La revolución de la independencia del Paraguay de Blas Garay”, Estudios Paraguayos, 2016, 34, pp. 65-87; “Los usos de los historiadores: la coloradización de Blas Garay”, Cuadernos de Historia, 2021, 26/27, pp. 241-269, “Misión paraguaya en archivos españoles como espacio de conformación de redes culturales e intelectuales”, Revista Historia Autónoma, 2024, 25, pp. 196-217.
  11. Erasmo González, “La primera República en la consideración de los novecentistas”, Estudios Paraguayos, XXXIII, 2015, pp. 79-94.
  12. Ignacio Telesca, “La reinvención del Paraguay. La operación historiográfica de Blas Garay sobre las misiones jesuíticas”, Paraguay desde las Ciencias Sociales, 2014, 5, pp. 1-17.
  13. Raúl Amaral, El Novecentismo Paraguayo. Hombres e ideas de una generación fundamental en el Paraguay, Asunción, Servilibro, 2006, pp. 175-187.
  14. Carlos Centurión, Blas Garay, Asunción, 1932.
  15. Los textos fueron impresos en la imprenta del periódico La Opinión. El primer volumen, de 75 páginas, tuvo una tirada de cuarenta ejemplares; el segundo alcanzó los cincuenta ejemplares con 111 páginas, y el volumen tercero, de 127 páginas, tuvo una tirada de cincuenta ejemplares. Agradezco a Ricardo Scavone Yegros que facilitara dichas publicaciones.
  16. Magdalena López, “Estado y Constituciones en Paraguay: un análisis de las Cartas Magnas de 1844, 1870 y 1940”, Res Gesta, 2021, 37, pp. 207-234.
  17. Ricardo Scavone Yegros, Exploraciones, proyectos y controversias de límites. Las relaciones del Paraguay y Bolivia en el siglo XIX, Santa Cruz de la Sierra, El País, 2022, pp. 500-506.
  18. República del Paraguay, Academia Paraguaya de la Historia, Fondo Blas Garay (en adelante APH-FBG), De José Segundo Decoud a Blas Garay, Asunción, 3 de enero de 1896, y respuesta de Garay aceptando el cargo de fecha 5 de enero de 1896.
  19. Decreto con fecha 2 de marzo de 1896.
  20. Las instrucciones están fechadas el 6 de abril de 1896 y están firmadas por el presidente Juan B. Egusquiza y el ministro José Segundo Decoud.
  21. Representantes diplomáticos paraguayos. Nómina de los jefes diplomáticos de la República del Paraguay 18422021, 2021, p. 71. La sede de la legación estaba en París.
  22. APH-FBG, Madrid, 9 de setiembre de 1896.
  23. APH-FBG, Madrid, 6 y 28 de octubre de 1896.
  24. APH-FBG, Sevilla, 2 de mayo de 1897.
  25. APH – FGB, Sevilla, 10 de abril de 1897.
  26. APH – FBG, Sevilla, 23 de abril de 1897.
  27. APH-FBG, Madrid, 21 de setiembre de 1897-
  28. APH-FBG, Sevilla, 11 de junio de 1897.
  29. APH-FBG, Sevilla, 25 de junio de 1897.
  30. APH-FBG. Madrid, 25 de setiembre de 1897. Garay agrega en esta carta para remarcar su estado de ánimo: “Tengo tanta confianza en mí que, en el caso de volver a tratar con un ministro boliviano, solicitaría la plenipotencia, seguro de obtener uno de los más notables triunfos diplomáticos, obligando al adversario a reconocer nuestros derechos en toda su extensión. Acaso convenga que esto lo contaras a ciertos amigos que puedan ir haciendo atmósfera en este sentido, de modo que mi candidatura empiece a imponerse”.
  31. APH-FBG. Madrid, 25 de setiembre de 1897.
  32. APH-FBG, Madrid, 28 de octubre de 1896.
  33. APH-FBG, Madrid, 6 de diciembre de 1896.
  34. APH-FBG, Sevilla, 6 de abril de 1897.
  35. Ibidem.
  36. APH-FBG, Sevilla, 2 de mayo de 1897.
  37. APH- FBG, Sevilla, 7 de mayo de 1897
  38. APH, FBG, Sevilla, 14 de mayo de 1897.
  39. APH, FBG, Sevilla, 28 de mayo de 1897.
  40. APH-FBG, Madrid, 28 de noviembre de 1896 y Sevilla, 23 de abril de 1897.
  41. APH-FBG.Madrid, 18 de setiembre de 1897.
  42. APH, FBG, Madrid, 25 de setiembre de 1897.
  43. Ignacio Telesca…, cit., pp. 1-17.
  44. Recién a comienzos de este siglo, se localizó este escrito de José Falcón y se lo dio a conocer. Véase Ricardo Scavone Yegros y Thomas Whigham, José Falcón. Escritos Históricos, Asunción, Servilibro, 2006.
  45. Los Anales de Ruy Díaz de Guzmán se habrían dado a conocer en torno al año 1612 para, según su autor, dar cuenta de los hechos vividos personalmente en el Paraguay y reconstruir el proceso histórico del descubrimiento y la conquista del Río de la Plata hasta la fundación de la ciudad de Santa Fe, en 1573. En el tiempo que medió hasta su divulgación impresa, circularon copias que utilizaron generosamente cronistas y funcionarios. Más allá de estos datos conocidos, todo son dudas en torno a este texto, pues los estudiosos no se ponen de acuerdo acerca del lugar en que fue escrito, si en Asunción, en Santiago del Estero, en Charcas o en Buenos Aires; tampoco se sabe cuál de las copias que han llegado hasta el presente resulta la más fiel respecto al manuscrito original, y, para colmo de incertidumbres, solo parece habernos llegado una primera parte de aquel relato, puesto que se dispone de pruebas que permiten suponer la existencia de una segunda parte escrita por Ruy Díaz. Por otra parte, la circunstancia de que la obra de Ruy Díaz fuese publicada recién en el siglo XIX no fue una excepción. También ocurrió con otros textos, como el de Guamán Poma de Ayala, terminado en torno a 1615 y del cual nunca se tuvo noticias hasta que fue encontrado en la Biblioteca de Copenhague, a fines de la primera década del siglo XX, o la obra de Bernardino de Sahagún, que recién comenzó a ver la luz a mediados del siglo XIX. Se lo considera el primer historiador paraguayo.
  46. El régimen político de los López fue objeto de críticas por parte del periodismo de Buenos Aires, que se constituyó en difusor de las protestas y denuncias de paraguayos que en esa ciudad tomaron partido de la oposición al gobierno de su país, al que consideraban un régimen autoritario. El conjunto de cartas abiertas, artículos periodísticos y folletos publicados en distintas hojas porteñas durante los años 1857 y 1858 nos permite recuperar y echar luz sobre el pensamiento histórico de algunos intelectuales paraguayos, como, por ejemplo, el de Juan José Brizuela, quien en 1857 publicó en Buenos Aires un escrito titulado Ojeada histórica del Paraguay. Véase Ricardo Scavone Yegros, Polémicas en torno al gobierno de Carlos Antonio López en la prensa de Buenos Aires, Asunción, Tiempo de Historia, 2010.
  47. Véase Ricardo Scavone Yegros, José Segundo Decoud. Ensayos sobre cuestiones políticas y económicas, Asunción, Tiempo de Historia, 2014. Y Tomás Sansón Corbo, “Juan Silvano Godoy y José Segundo Decoud: discursos históricos en el Paraguay postbélico”, El Nacional, Asunción, 19 de setiembre de 2021.
  48. Fernando Devoto ha realizado un ejercicio comparativo ejemplar. Véase Fernando Devoto, “Acerca de la construcción del relato de los orígenes en Argentina, Brasil y Uruguay. Las historias nacionales de Varnhagen, Mitre y Bauzá”, Historia de los Intelectuales en América Latina, 1, Buenos Aires, Katz, 2008, volumen 1, pp. 269-289. Sobre el caso de Uruguay se puede ver Tomás Sansón Corbo, El espacio historiográfico rioplatense y sus dinámicas (siglo XIX), Buenos Aires, Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 2011. Unas observaciones valiosas sobre los relatos de orígenes en la historiografía latinoamericana en Sergio Mejía, “¿Qué hacer con las historias latinoamericanas del siglo XIX?”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, 2007, 34, pp. 425-458.
  49. Bárbara Gómez, “¿Quién manda en la educación paraguaya? La prohibición de Francisco Tapia, 1898”, Paraguay desde las Ciencias Sociales, 2020, 11, pp. 1-26.
  50. Ignacio Telesca…, cit., pp. 1-17.
  51. APH – FBG. De Blas Garay a José Segundo Decoud, Sevilla, 21 de julio de 1897.
  52. APH, FBG, Sevilla, 9 de mayo de 1897.
  53. APH, FBG, Madrid, 9 de setiembre de 1896 y Sevilla, 17 de junio de 1897.
  54. APH, FBG, Sevilla, 14 de mayo de 1897.
  55. APH, FBG, Sevilla, 11 de junio de 1897.
  56. APH, FBG, Sevilla, 11 de junio y 9 de julio de 1897.
  57. APH, FBG Madrid, 25 de setiembre de 1897.
  58. “Gondra y el catecismo de San Alberto”, Guarania, Asunción, 1934, número 24.
  59. El Catecismo, acompañado de un estudio preliminar sobre sus condiciones de producción, ha sido editado por Margarita Durán Estragó, Catecismo de San Alberto. Adaptado para las Escuelas del Paraguay. Gobierno de Francisco Solano López, 2005.
  60. “Gondra y el catecismo de San Alberto”, Guarania, Asunción, 1934, número 24.
  61. Ibídem.
  62. APH – FBG, Sevilla, 28 de mayo de 1897.
  63. Revista del Instituto Paraguayo, n.º 13, 1898.
  64. Raúl Amaral…, cit., p. 182. También el discurso histórico de Garay sobre las misiones jesuíticas recibió críticas y fue objeto de debates en la prensa. Véase Ignacio Telesca…, cit., pp. 3-4.
  65. Guarania, Asunción, 1936, n.° 36.
  66. Efraím Cardozo, Historiografía Paraguaya, México, IPGH, 1959, pp. 22-24.
  67. Ibidem, p. 112.
  68. APH – FBG, 5 de enero de 1901.
  69. Ibidem, 17 de febrero de 1901.
  70. Ibidem.


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