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1 ¿Un patrimonio de la humanidad?

Narrativas sobre la/s naturaleza/s en las declaratorias UNESCO relativas a parques y paisajes de Argentina

Hortensia Castro

1. La conservación de la naturaleza como necesidad

Las evidencias acerca del deterioro ambiental de extensas áreas estarían ampliando y diversificando en las últimas décadas las acciones de protección de lugares, procesos y elementos considerados naturales; como señala Nouzeilles (2002: 11),

“domesticada, y con frecuencia arrasada, por las demandas crecientes del capital internacional, nada quedaría de la naturaleza que la modernidad no haya de algún modo transformado, o corrompido. Mientras todos nos preparamos para su funeral, la naturaleza nunca ha sido más popular”.

Ahora bien, las narrativas y estrategias asociadas a tal revaloración de la naturaleza son variadas e, incluso, divergentes en varios aspectos. Autores como Coates (1998), Duncan y Duncan (2001), Bell (2006) y Nates Cruz y Raymond (2007), entre otros, destacan los planteos acerca de la necesidad de “retorno o regreso a la naturaleza”, unas ideas y relatos que retoman y resignifican gran parte de los preceptos románticos, como la valoración física y moral del contacto humano con la naturaleza en tanto favorecería la salud y generaría conductas más virtuosas y honestas. Otros autores señalan la emergencia de narrativas ecocéntricas (Foladori, 2005) o biocéntricas (Gudynas, 2010) en que se valora la protección de la naturaleza per se, es decir por la necesidad de asegurar la sostenibilidad de especies, procesos geofísicos y servicios ecosistémicos, con variantes que excluyen o incluyen a los seres humanos.

Entre la diversidad de prácticas asociadas a esas narrativas (Castro, 2011), interesa aquí focalizar la atención en aquellas de protección de la naturaleza que involucran un proceso de activación patrimonial de un área geográfica, es decir de construcción de la condición de legado o acervo natural de un territorio. Estos procesos, por supuesto, no son nuevos. Iniciados a nivel mundial en la segunda mitad del siglo XIX[1], se mantienen hasta la actualidad bajo un conjunto de características comunes aunque parcialmente transformadas: se trata, en su mayoría, de formas de gestión estatales (principalmente nacionales, a las que se han ido incorporando sistemas subnacionales), dirigidas básicamente a la protección de áreas en tanto ámbitos naturales de belleza escénica, de especies en extinción y de muestras de la diversidad natural de cada país. La figura de Parque Nacional ha constituido y sigue constituyendo una forma emblemática en Argentina y, en gran medida, en el resto de América Latina, derivada de la tradición norteamericana (Diegues, 1996; Fortunato, 2010). En las últimas décadas se han sumado formas no estatales de patrimonialización de la naturaleza, como reservas privadas y/o administradas por organizaciones no gubernamentales (Núñez, Aliste y Bello, 2016; Diegues, 2008; Ferrero y De Micco, 2012), así como otras formuladas por organizaciones internacionales, por ejemplo la UNESCO a través de sus figuras Reserva de la Biósfera y Patrimonio de la Humanidad. Unas y otras estarían implicando una ampliación del repertorio de objetos y funciones a conservar así como una diversificación de agentes y prácticas. Sobre aquel último tipo de estrategia (Patrimonio de la Humanidad/ UNESCO) se concentra este trabajo.

2. Las activaciones UNESCO – Patrimonio de la Humanidad: planteos y estrategias

En 1972 la UNESCO instituye la figura de Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad a través de su acta fundacional: la Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural. Allí se plantea la necesidad de protección de ese patrimonio en tanto estaría

“cada vez más amenazado de destrucción, no sólo por las causas tradicionales de deterioro sino también por la evolución de la vida social y económica que las agrava con fenómenos de alteración o de destrucción aún más temibles, (…), que tal deterioro o desaparición (…) constituye un empobrecimiento nefasto del patrimonio de todos los pueblos del mundo, (..) y que la protección de ese patrimonio a escala nacional es en muchos casos incompleto, dada la magnitud de los medios que requiere y la insuficiencia de los recursos económicos, científicos y técnicos del país en cuyo territorio se encuentra el bien que ha de ser protegido” (UNESCO, 1972: 1).

Por tanto, se señala que incumbiría “a la colectividad internacional entera participar en la protección del patrimonio cultural y natural de valor universal excepcional prestando una asistencia colectiva que, sin reemplazar la acción del Estado interesado, la complete eficazmente” (ibid)[2].

Ahora bien, ¿qué naturaleza es patrimonializada bajo esta estrategia global, promovida por la UNESCO? Según la Convención, el patrimonio natural comprende a

“los monumentos naturales constituidos por formaciones físicas y biológicas o por grupos de esas formaciones que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista estético o científico, las formaciones geológicas y fisiográficas y las zonas estrictamente delimitadas que constituyan el hábitat de especies, animal y vegetal, amenazadas, que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista estético o científico, y los lugares naturales o las zonas naturales estrictamente delimitadas, que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista de la ciencia, de la conservación o de la belleza natural” (UNESCO, 1972: 2).

En otros términos, se visualiza la existencia de tres criterios centrales para la definición de patrimonio natural mundial: a) estético, centrado en atributos de belleza, b) científico, focalizado en la protección de áreas y fenómenos naturales relevantes para el conocimiento de la historia natural del planeta, y c) ecológico, vinculado al resguardo de hábitats de especies en riesgo de extinción o de áreas que contienen procesos biológicos relevantes (Scifoni, 2003). En sucesivas reuniones y documentos de la UNESCO se ampliaron y complejizaron los objetos de patrimonialización; por ejemplo, fueron definidos e incorporados el patrimonio mixto (o cultural-natural), los paisajes culturales (como expresión de las fuerzas combinadas de la naturaleza y el trabajo del hombre) y los itinerarios culturales (en tanto testimonios de la dinámica espacial y temporal) (Rössler, 1998; UNESCO, 2008). Pero todos esos objetos deben referir a una cualidad especial: la excepcionalidad; de hecho, sería la presencia de cualidades extraordinarias el factor determinante del valor universal de un objeto. En términos del Centro de Patrimonio Mundial de la UNESCO,

“el `valor universal excepcional´ denota que la significancia cultural y/o natural es tan única y destacada como para trascender las fronteras nacionales y ser de importancia común a las generaciones actuales y futuras de toda la humanidad” (UNESCO, 2008: 24).

Estas formulaciones abren una serie de interrogantes acerca de los agentes y las prácticas implicadas en los procesos de implementación de áreas como Patrimonio de la Humanidad. Por eso, el objetivo central de este capítulo es indagar sobre la implementación en Argentina de tales activaciones patrimoniales a través de las narrativas construidas en torno a la naturaleza protegida. Más precisamente se busca explorar tres conjuntos relacionados de preguntas: ¿qué naturalezas se definen y protegen? (de modo específico, ¿cómo se define su excepcionalidad?), ¿qué relaciones naturaleza-cultura expresan y validan?, ¿desde qué agentes, cómo y para qué?

Para ello la trama teórica se organiza en torno a dos planteos conceptuales: patrimonialización y movilidad de las políticas. Por un lado, con el primero de esos conceptos se busca enfocar el análisis en el proceso por el cual un objeto deviene patrimonio a partir de cierta definición elaborada desde el presente (Lowenthal, 2005) y deconstruir, así, la noción de patrimonio como una cualidad intrínseca a los objetos, legada del pasado cultural o de la naturaleza, compartida por el conjunto de los individuos de una sociedad y cuyo contenido es estático (Almirón, Bertoncello y Troncoso, 2006; Castro, 2008). En particular la expresión “activación patrimonial” es utilizada aquí para destacar que tales declaratorias suponen la actuación de un comité de expertos que seleccionan y promueven un conjunto de atributos en torno a ciertos lugares; más precisamente se entiende que tales atributos estarían asociados a ciertas ideas de naturaleza e historia social que poseen aquellos expertos, portavoces de valores hegemónicos o dominantes (Prats, 1998; Graham, Ashworth y Tunbridge, 2000; Castro y Zusman, 2007).

En cuanto a las activaciones aquí analizadas la autoridad clave es el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, que en el caso específico de las declaraciones y monitoreos de Sitios de Patrimonio Natural tiene como órgano consultivo externo a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)[3] y en el caso de Sitios de Patrimonio Cultural, al Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS). Ahora bien, ese proceso está siempre mediado por las “autoridades disciplinarias y corporativas locales” (Prats, 1998) que intervienen en las propuestas de nominación y gestión que realiza cada país. Precisamente por eso es que el segundo planteo que se introduce y articula es el de “movilidad de las políticas” (Peck y Theodore, 2010, Peck 2011) a fin de observar los itinerarios complejos y abiertos que presenta la definición e implementación de políticas públicas, como las patrimoniales. Estas perspectivas contribuyen a señalar las limitaciones que presentan los tradicionales conceptos de difusión o transferencia para el análisis de los recorridos de las políticas desde sus formuladores e impulsores iniciales (ej. organismos internacionales, instituciones estatales nacionales) hasta sus ejecutores locales (gobiernos provinciales, municipios, organismos no estatales, etc.) y destinatarios. Por ello se asume que tal movilidad expresaría no sólo el movimiento sino, sobre todo, la mutación, la reproducción no lineal y la redefinición (en vez de la replicación) a través de los particulares recorridos institucionales y sus sentidos de desplazamiento; por ejemplo, políticas patrimoniales que “bajan” desde aquellos ámbitos de origen, actores locales que “van” en búsqueda de ellas, cruces de sentido y ramificaciones (Castro y Zusman, 2007).

El análisis se despliega a través del examen de dos procesos de activación patrimonial implementados en Argentina: aquellos relativos a los parques Ischigualasto-Talampaya (UNESCO, 2000) y Quebrada de Humahuaca (UNESCO, 2003)[4]. Se trata de dos casos que expresan algunas constantes registradas en procesos similares en el país y la región, a la vez que permiten explorar una variedad de narrativas y de controversias en torno a ellas. Se ha utilizado para ello una diversidad de fuentes, como documentos patrimoniales, entrevistas a informantes clave, noticias periodísticas y observación en campo.

3. Narrativas en torno a Ischigualasto (San Juan, Argentina)

En el año 2000 Ischigualasto es declarado por la UNESCO como Patrimonio Natural de la Humanidad, junto a otro parque lindante, el Talampaya[5]. La justificación para su inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial señala: “el sitio contiene una secuencia completa de sedimentos fosilíferos continentales que representan el período Triásico entero (45 millones de años) de la historia geológica. Ningún otro lugar del mundo tiene un registro fósil comparable al de Ischigualasto-Talampaya, lo cual revela la evolución de los vertebrados y la naturaleza de los paleoambientes del período Triásico”, es decir hace 245-208 millones de años (UNESCO, 2007).

Así, el carácter excepcional de Ischigualasto-Talampaya deriva de ser el registro fósil más completo sobre aquel Período, lo cual permite documentar una de las transiciones faunísticas más importantes de la historia natural: el reemplazo de mamíferos ancestrales por dinosaurios (UNEP-WCMC, 2000). Se trata, por lo tanto, de una declaración que utiliza el criterio científico, es decir que justifica la patrimonialización del sitio en función del avance en el conocimiento de la historia natural del planeta, y que valora a la naturaleza, fundamentalmente, en tanto información (Castree, 2003).

Figura 1. Localización del Parque Natural Ischigualasto

Imagen que contiene texto, mapa  Descripción generada automáticamente

Ahora bien, esa activación de Ischigualasto como Sitio UNESCO se enlaza con una trayectoria de valoraciones del área, productivas y también patrimoniales. Al respecto cabe destacar que desde el último tercio del siglo XIX el área fue objeto de exploraciones geológicas iniciadas por el estado nacional en búsqueda de yacimientos de carbón[6]. Asociadas a esas exploraciones se fueron generando una serie de investigaciones paleontológicas, que luego se formalizaron y ampliaron como campañas científicas especializadas; por ejemplo en 1958 se realizaron dos expediciones clave: una misión conjunta del Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard (EE.UU.) y el Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, y otra expedición organizada desde la Universidad Nacional del Tucumán, que relevó el primer dinosaurio del área (Herrerasaurus ischigualastensis). Precisamente a causa de la notoriedad científica que iban adquiriendo los materiales paleontológicos de Ischigualasto, en el año 1971 fue creado el Parque Natural homónimo por Ley Provincial Nº 3.666. La creación del Parque define un cambio en el relevamiento y estudio del área: a partir de entonces, la exploración y la investigación quedaron bajo el control de la provincia de San Juan y los fósiles recolectados en esos yacimientos comenzaron a ser depositados en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de San Juan (en adelante UNSJ)[7].

Asimismo, y en relación con aquellas exploraciones paleontológicas, comenzó a ponerse en valor otro rasgo del área: el paisaje, más precisamente las geoformas producto de la erosión eólica e hídrica en el área. Contribuyeron de manera fundamental a esa valoración las coberturas periodísticas de las campañas científicas, las cuales fueron instalando un conjunto de imágenes y narrativas sobre el área, condensadas en la expresión “Valle de la Luna”; de hecho, ésa es la denominación con la que empezaría a ser conocido el lugar desde entonces[8]. Tales acciones, junto a otras como la misma creación del Parque provincial (1971) y la construcción de un hotel del Automóvil Club Argentino (también en la década de 1970) en la cercana localidad de San Agustín del Valle Fértil, contribuyeron a la configuración de la atractividad turística del área y a su definición como destino turístico regional y nacional; incluso desde entonces las principales campañas turísticas organizadas por el gobierno de San Juan han seleccionado imágenes de ciertas geoformas del Valle de la Luna (por ejemplo aquellas conocidas como “el hongo” y “el submarino”) como signo de distinción del territorio provincial.

Figura 2. “El hongo”

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Fuente: fotografía de la autora

Figura 3. “El submarino”

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Fuente: fotografía de la autora

Ahora bien, la declaratoria del área como Patrimonio de la Humanidad en el año 2000 se ha enlazado de manera controversial con esa trayectoria de valoración turística. Más precisamente la implementación del Parque como sitio UNESCO generó una serie de disputas entre los dos principales agentes institucionales implicados en su gestión: los científicos, en particular del Museo de Ciencias Naturales de la UNSJ, y los guías del Parque, formados en la UNSJ y dependientes de la Entidad provincial de Turismo. Si bien en los primeros años posteriores a la declaratoria la gestión del Parque estuvo a cargo del Ente Provincial de Turismo, frente a las deficiencias de manejo y las amenazas de pérdida de la nominación como sitio UNESCO en el año 2004 se crea un organismo específico, el Ente Autárquico Ischigualasto, a cuyo frente se erige el director del Museo de Ciencias Naturales de la UNSJ. A partir de ese momento se sucedieron diversas desacreditaciones cruzadas entre uno y otro sector (científico, turístico) que implicaron la discusión acerca de quién era la autoridad competente para definir el valor excepcional del Parque y por tanto su forma de gestión (si lo era su riqueza paleontológica y por tanto los paleontólogos del Museo, o el valor turístico de las geoformas y por tanto los guías y el ente respectivo)[9].

Como resultado de esas disputas se generan una serie de cambios en la composición del Ente, en la materialidad del sitio y en las narrativas acerca de la naturaleza excepcional del lugar. Más precisamente, como resultado de aquellas impugnaciones desde el Gobierno provincial se resuelve establecer un Consejo consultivo con un coordinador designado por el Poder Ejecutivo Provincial e integrado por cinco representantes de diferentes sectores (del Municipio de Valle Fértil -jurisdicción en que se sitúa el Parque- de las organizaciones vecinales cercanas al Parque, de la Cámara de Turismo de la Provincia, de la UNSJ, de la Comisión de Recursos Naturales y Ambiente Humano de la Cámara de Diputados de la Provincia y de la Cámara de Turismo de Valle Fértil); es decir, esa nueva composición expresa una ampliación de la representación de los agentes del sector turístico y una incorporación de actores locales-vecinales.

En paralelo, se ejecutan una serie de intervenciones materiales, movilizadas por agentes del Museo de Ciencias Naturales de la UNSJ, que tienen por objetivo general dar a conocer al público visitante del Parque el valor paleontológico del sitio y, con ello, la importancia de las tareas que emprenden esos investigadores. Entre ellas cabe destacar la construcción de un Museo del Sitio con el objetivo de mostrar fósiles “reales” y el trabajo in situ de los paleontólogos, así como un Centro de Interpretación con escenificaciones del ambiente Triásico y una línea de tiempo geológica- biológica. Otra acción ha sido desarrollada fuera del Parque y consistió en la organización de una muestra itinerante del valor paleontológico de Ischigualasto, denominada “Los Titanes de Ischigualasto”, localizada en los principales centros turísticos del país durante el período de vacaciones estivales e invernales[10]. Se trata, podemos interpretar, de un proceso de visibilización de los atributos paleontológicos del lugar a partir de la creación y puesta en escena de objetos (los centros de interpretación, la inclusión de restos fósiles y réplicas) y paisajes (las maquetas y proyecciones sobre el ambiente del Triásico), entre otros aspectos, fuertemente orientadas a los turistas como estrategia de revalidación del valor paleontológico de Ischigualasto, es decir organizadas en términos de una “mirada turística” (Urry, 1996).

Ahora bien, estas intervenciones están contenidas en una nueva narrativa sobre la naturaleza de Ischigualasto (denominación que se impone a la anterior Valle de la Luna) en la que se diferencia y, a la vez, se articula la “riqueza paleontológica” y el “paisaje de geoformas”. Así, la promoción turística del área se encuentra desde entonces asentada sobre dos ejes fundamentales: 1) “vivencial”, organizado en torno al paisaje de geoformas y experimentado a través de un circuito tradicional de día, así como otros de carácter nocturno (“bajo luna llena”) o mediante travesías con mountain bike; 2) un eje de valoración “turismo – ciencia”, organizado en torno a la visibilización de los restos fósiles y el trabajo de los paleontólogos experimentado en el museo del sitio y el centro de interpretación. Ahora bien, uno y otro eje no están escindidos: ambos forman parte del circuito tradicional (con paradas o estaciones en uno y otro tipo de atractivo) pero, sobre todo, están contenidos bajo un mismo relato que (re)define ciertos atributos de Ischigualasto como “curiosidades de la naturaleza en donde la intervención de la mano del hombre se encuentra totalmente ausente” (http://www.ischigualasto.gob.ar, consultado el 1 de abril de 2019). Volveremos sobre el caso al final del capítulo.

4. Narrativas en torno a Quebrada de Humahuaca (Jujuy, Argentina)

En el mes de julio de 2003 la Quebrada de Humahuaca, un valle situado en la provincia de Jujuy en el Noroeste argentino[11], fue declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad bajo la categoría paisaje cultural[12]. Más precisamente, La Quebrada fue postulada como sitio UNESCO en tanto expresión de

“(…) la interacción entre el sistema natural y las sociedades y culturas andinas <que> se ha dado en forma continua a lo largo de más de diez mil años. (…) En la Quebrada la larga ocupación humana se encuentra testimoniada por la presencia de un amplio y diverso espectro de sitios arqueológicos e históricos -desde cazadores-recolectores hasta hispano indígenas y desde coloniales hasta republicanos” (Provincia de Jujuy, 2002: 271).

Figura 4. Localización de Quebrada de Humahuaca, Patrimonio de la Humanidad

Imagen que contiene texto, mapa  Descripción generada automáticamente

El carácter excepcional del paisaje quebradeño, razón por la cual se justificó esa declaratoria, fue definido a través de la invocación de tres de los criterios planteados por la normativa de la Convención: ser un área relevante de intercambio de personas, objetos, valores e ideas; representar un paisaje que condensa diferentes etapas históricas significativas; contener ejemplos de asentamientos humanos tradicionales, resultado de la interacción humana con su ambiente[13]Según la narrativa oficial, sería entonces la combinación de elementos lo que produciría el carácter excepcional del paisaje:

“Desagregados del conjunto, sólo algunos bienes pueden considerarse únicos y excepcionales; sin embargo, la combinación de los elementos naturales y culturales ha dado lugar a bienes únicos tanto en su contenido como en su aspecto formal” (Provincia de Jujuy, 2009: 94).

 

De manera similar al caso Ischigualasto, la declaratoria UNESCO a La Quebrada se enlaza con una extensa historia de patrimonialización. Entre otros antecedentes, cabe destacar la declaración de las Capillas de Humahuaca, Huacalera, Uquía, Tilcara, Purmamarca y Tumbaya como Monumentos Históricos Nacionales (decreto Nº 95.687) en el año 1941, de la Posta de Hornillos como Monumento Histórico Provincial (decreto 2.058) en 1959, de los pueblos de Purmamarca y Humahuaca como Lugar Histórico Nacional (decreto Nº 370) en 1975, de la Laguna de Leandro como Monumento Natural Provincial (Ley Nº 4.203) en 1985, de los yacimientos arqueológicos de Coctaca, Los Amarillos, Pucará de Tilcara y La Huerta como Monumentos Históricos Nacionales (decreto Nº 1.012) en el año 2000. Cabe destacar que esas declaratorias comprenden entonces algunos monumentos o sitios puntuales (y no una extensa área, como sucede con la activación UNESCO) con los que se ha celebrado fundamentalmente el pasado indígena pre-hispánico y la historia colonial (Castro, 2013).

En el año 2000 se suma otro instrumento de patrimonialización: la declaratoria de La Quebrada como Paisaje Protegido por Ley Provincial Nº 5.206. La misma es resultado de un conjunto de movilizaciones provinciales y locales en torno a los efectos territoriales y ambientales de unas obras de infraestructura proyectadas para el área (dos gasoductos y un electroducto)[14], que oficia de antecedente clave para la activación como Patrimonio de la Humanidad, sobre todo por la argumentación en torno al riesgo de pérdida de los valores culturales del área.

Ahora bien, y a diferencia del caso Ischigualasto, cabe destacar que la patrimonialización de Quebrada de Humahuaca fue planteada, ya desde su formulación inicial, como un instrumento para la promoción del desarrollo local. Más precisamente, según las autoridades nacionales y provinciales participantes[15], por medio de la declaración de la UNESCO se obtendrían dos beneficios: por un lado, la preservación del patrimonio tangible e intangible del área y, por otro, la conformación de una marca (La Quebrada), es decir un signo de distinción que favorecería el desarrollo turístico, así como la comercialización de productos agrarios y artesanales.

Como ya se observó con el caso anterior, la declaración como sitio UNESCO no es el fin de un proceso sino fundamentalmente su inicio, sobre todo por las cuestiones operativas que deben ser encaradas (por ejemplo, la elaboración de un plan de gestión y la conformación de una institución para su implementación), así como por las disputas que emergen en torno a ellas. Una pregunta central derivada de la declaratoria de la UNESCO y sobre la cual se han generado importantes discusiones es ¿qué se preserva? Es que, como vimos, la definición del objeto de patrimonialización conlleva y valida unos objetivos (el para qué), unos destinatarios (para quiénes) y algunos procedimientos (el cómo).

Al respecto cabe señalar que una de las disputas más relevantes ha sido planteada por diferentes organizaciones que representan a pueblos originarios del área; por ejemplo, desde algunas Comisiones Locales de Sitio (un instrumento de representación local diseñado para la gestión patrimonial del área) y desde comunidades indígenas o agrupaciones de comunidades, como el Movimiento Indígena en la Provincia de Jujuy[16]. En términos generales esos colectivos han planteado un rechazo a la visión dicotómica hombre–naturaleza, expresada en aquella postulación, en particular desde la defensa de la cosmovisión andina, para la cual la tierra es un elemento vital y determinante de la cultura y la identidad indígeno-campesina[17] (Bercetche, 2009; Provincia de Jujuy, 2009). Esta posición contiene, además, una clara definición política acerca de los alcances de la declaratoria de la UNESCO: se plantea que esa cosmovisión es la que le ha dado un carácter singular y excepcional al lugar y, sobre todo, la que ha garantizado su preservación. Al respecto el Movimiento Indígena en la Provincia de Jujuy (MIJ) señalaba:

“los patrimonios no son de la humanidad en un sentido genérico sino que están temporal y espacialmente situados, pertenecen a pueblos específicos y es responsabilidad de la humanidad, como en este caso, generar las condiciones para que podamos recrearlos, usufructuarlos y utilizarlos desde nuestra propia cosmovisión del mundo” (MIJ cfr. Provincia de Jujuy, 2002, anexo documental).

En síntesis, desde esa posición se invierten los términos del planteo: el carácter universal (o de la humanidad en general) de este patrimonio implicaría, más que algún tipo de potestad, un compromiso y una responsabilidad para generar las condiciones de preservación bajo esa cosmovisión. De hecho, parte de esas discusiones van a llevar a una ampliación de la valoración patrimonial, como expresa al Anteproyecto del Plan de Gestión presentado en el año 2009. Allí, a diferencia del documento inicial de postulación que presentaba una definición única y cerrada acerca de la valoración del sitio, se plantea la necesidad de considerar la diversidad de sentidos y valoraciones del lugar; más precisamente, se señala:

“los valores de un sitio patrimonial descansan en un complejo entramado de componentes cuya importancia varía para cada uno de los grupos de actores que usan o disfrutan del sitio. De esto resulta que el patrimonio es un concepto multivalente y su valor no es inmutable o de significado único. Por esta razón, al considerar un sitio patrimonial resulta más adecuado hablar de una declaración de significados que de un significado único” (Provincia de Jujuy, 2009: 93).

Esa disputa, aún abierta, fue trasladada al debate sobre la composición del Instituto de Gestión “Quebrada de Humahuaca Patrimonio de la Humanidad” y, por ende, el alcance de las representaciones de los diferentes actores en juego. Centralmente se viene reclamando una ampliación en la composición del directorio del Instituto (nueve vocales en vez de los seis originales), con una mayor representación de las comunidades indígenas y otras organizaciones locales[18], y que el presidente del Instituto resida en la Quebrada y sea elegido por las comunidades (en vez de por el Poder Ejecutivo provincial). Desde entonces la principal decisión ha sido el traslado de la sede del Instituto de Gestión (antes localizado en la capital provincial) hacia la Quebrada de Humahuaca, más precisamente en la Posta de Hornillos, efectuado en el año 2013.

Otro planteo recurrente desde el año 2007 es la solicitud de retiro de la designación como Patrimonio de la Humanidad, en parte por los saqueos de objetos patrimoniales así como por la visualización de una “invasión desmedida de turistas y extraños”, evaluada como producto de esa nominación[19]. Estas demandas, a su vez, se conectan con otro proceso y otras disputas: el crecimiento y la diversificación de la mercantilización turística del área (con el consecuente encarecimiento de la tierra urbana y rural) y los reclamos por la escasa participación de los pobladores locales en los beneficios de esa actividad, respectivamente. Si bien el consumo turístico del área se inicia en las primeras décadas del siglo XX, es notable su expansión a partir de la declaratoria UNESCO; por ejemplo, según la Secretaría de Turismo y Cultura de la provincia de Jujuy el arribo de turistas se multiplicó por quince entre 1994 y 2006, es decir antes y después de esa activación patrimonial, y continúa creciendo.

Asimismo resulta relevante prestar atención a la narrativa sobre el área configurada desde los agentes turísticos y su vinculación con la declaratoria UNESCO. Al respecto Troncoso (2008: 118) señala que en estos años La Quebrada es mostrada como “un lugar con una riqueza natural poco modificada por la acción del hombre, que posee un pasado rico evidenciado en sus sitios arqueológicos, sus construcciones coloniales, etc. y en el cual pervive una cultura tradicional a la cual se le atribuye una relación armónica con el medio (en contraste con las formas de vida que suelen aparecer caracterizando a las sociedades industriales o postindustriales). La patrimonialización constituyó una instancia clave para satisfacer a la demanda turística actual ya que a partir de la misma la Quebrada ya no era sólo un destino descripto y fotografiado que se mostraba sugerente para aquellas inquietudes turísticas, sino que además todas sus cualidades se encontraban certificadas por una institución de prestigio como la UNESCO”.

Conclusiones y reflexiones finales

A partir de una estrategia teórico-metodológica organizada en torno a patrimonialización y movilidad de las políticas se han analizado e interpretado dos procesos de activación de lugares como Patrimonio de la Humanidad-UNESCO implementados en Argentina: aquellos relativos al Parque Natural Ischigualasto (2000) y a la Quebrada de Humahuaca (2003). Más allá de la especificidad de cada uno de esos procesos, cabe realizar algunas observaciones comparativas con el fin de identificar ciertas recurrencias y reflexionar sobre sus alcances.

En primer lugar cabe destacar que ese tipo de activación patrimonial constituye un proceso largo, complejo, no lineal, que formalmente se inicia con la elaboración de la postulación por parte del país que detenta el dominio del área o bien a patrimonializar y que continúa con la implementación de los objetivos de protección. En este trabajo el análisis se ha concentrado en la primera fase de implementación y ha permitido observar una serie de disputas y redefiniciones acerca del objeto/ área patrimonializado entre diferentes actores que se despliegan a diferentes escalas (aquellos que llevan adelante la gestión del proceso y aquellos excluidos o bien incluidos de forma subordinada). Un aspecto central de esas controversias refiere, como vimos, a cuáles son los saberes legitimados para definir qué, cómo y para qué se protege y quiénes los detentan.

En segundo lugar, se ha observado un fuerte entrecruzamiento entre los procesos de patrimonialización y turistificación, más aún en este tipo de activaciones que contribuyen a situar el área patrimonializada en el mapa turístico global. Por lo general la bibliografía que aborda la idea del patrimonio y el turismo como dos sectores que se benefician mutuamente plantea una secuencia: a la declaración patrimonial le sigue su activación turística. Ambos casos permiten evidenciar cómo se entrecruzan esos procesos e, incluso, vislumbrar cómo la definición de los atributos patrimoniales y de los atractivos turísticos se produce de manera dialógica. Y en esas tramas se detecta la necesidad de considerar la densidad histórica del lugar, es decir el conjunto de valoraciones y valorizaciones previas que se condensan en el área patrimonializada.

En tercer lugar, cabe señalar que se han observado algunas diferencias en torno a las naturalezas protegidas y las relaciones naturaleza-cultura expresada y validada en esos procesos. Por un lado, el caso Ischigualasto refiere a la protección de una naturaleza fosilizada que, desde un saber científico (paleontológico y geológico), define la relevancia del lugar en tanto contenedor de información para la reconstrucción de la historia natural (en particular, de los vertebrados). Allí las disputas entre los agentes científicos y turísticos local-provinciales derivaron, entre otras cuestiones, en un ajuste o adecuación del valor paleontológico excepcional del área en términos de atractivo turístico; asimismo, cabe resaltar que la narrativa turística actúa reforzando la idea de una naturaleza por fuera de la cultura (“fuera de la mano del hombre”). Por otro lado, el caso Quebrada de Humahuaca expresa, en principio, otro tipo de valoraciones y relaciones. Allí el valor excepcional es asignado a un paisaje único, producto de la interacción naturaleza-cultura (andina) de larga data. Ahora bien, las narrativas patrimoniales oficiales acerca de ese paisaje lo presentan sin conflictos, una evolución aparentemente armónica de aquella interacción; incluso, esa condición aparece reafirmada por la narrativa turística. Sin embargo, las disputas de algunas comunidades y organizaciones indígenas advierten que los planteos y actuaciones oficiales (los expertos y funcionarios que llevan adelante el proceso) mantienen una perspectiva dicotómica al diferenciar mundos naturales y culturales y, sobre todo, al valorar a las culturas andinas como objetos o saberes del pasado pero no como actores del presente.

En síntesis, los procesos analizados expresan variantes de la redefinición local de los “valores universales excepcionales” consagrados por la UNESCO para la figura Patrimonio de la Humanidad y, a través de ello, permiten comprender que tales activaciones no constituyen una mera difusión o transferencia de mecanismos globales sino que resultan de itinerarios complejos en que se (re)definen naturalezas y relaciones.

Referencias Bibliográficas

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  1. Según Lowenthal (2005), tales acciones se desarrollaron para la misma época en los Estados Unidos y Europa, aunque en aquel país desplegaron una escala mayor. Estos antecedentes también se diferencian por el tipo de naturaleza protegida: aquella silvestre o prístina (the wilderness) en el caso norteamericano, y los entornos naturales de los sitios histórico-culturales, en el caso europeo.
  2. Scifoni (2003: 80) sostiene que la idea de patrimonio universal es una expresión vinculada con “el proceso de mundialización de valores occidentales, que caracteriza al período posterior a la Segunda Guerra Mundial”. Para Graham, Ashworth y Tunbridge (2000: 46-48) se trata, de modo más específico, de un concepto originado en la crítica al “extremismo chauvinista de la glorificación de los patrimonios nacionales”, como habría sido evidenciado con el caso alemán en tiempos del nazismo.
  3. La UICN, creada en 1948, es la primera organización de carácter internacional e intergubernamental dedicada a la conservación de los recursos naturales, con especial atención a las especies bajo peligro de extinción.
  4. En el caso de Argentina, las declaratorias UNESCO-Patrimonio de la Humanidad se inician en el año 1981 con la activación del Parque Nacional Los Glaciares. Desde entonces han sido declarados diez sitios: Misiones jesuíticas San Ignacio Miní, Santa Ana, Nuestra Señora de Loreto y Santa María la Mayor (1983), Parque Nacional Iguazú (1984), Cueva de las Manos del Río Pinturas (1999), Península Valdés (1999), Manzana y estancias jesuíticas de Córdoba (2000), Parques naturales de Ischigualasto y Talampaya (2000), Quebrada de Humahuaca (2003), Qhapaq Ñan – Sistema vial andino (2014), Obra arquitectónica de Le Corbusier (2016) y Parque Nacional Los Alerces (2017).
  5. Ischigualasto y Talampaya son dos parques naturales preexistentes, situados en las provincias de San Juan y La Rioja respectivamente. Se trata de dos áreas contiguas, de 275.369 hectáreas de extensión, que comprenden la mayor parte de la cuenca geológica conocida como Cuenca Triásica Ischigualasto-Villa Unión. Con su patrimonialización conjunta se buscó potenciar las acciones de conservación, sobre todo de la flora y fauna actuales. Ambos parques mantienen, sin embargo, diferentes administraciones estatales: provincial, en el caso de Ischigualasto, y nacional, en el caso de Talampaya; precisamente la presencia de diferentes órdenes jurisdiccionales (municipal, provincial, nacional, global) fue el motivo principal que llevó a la elección de Ischigualasto como estudio de caso.
  6. En el marco de una ley nacional de promoción del presidente Sarmiento, Ley N° 448 “Premio al descubridor de una mina de carbón de piedra” (Sill, 1998).
  7. Uno de los hitos de esta nueva etapa institucional fue la campaña realizada por el Museo en el año 1991, junto a un equipo de la Universidad de Chicago (EE.UU.), en la que se produjo el hallazgo del dinosaurio más primitivo conocido hasta entonces, el Eoraptor lunensis (Sill, 1998).
  8. En particular el periodista Rogelio Díaz Costa, quien realizó la cobertura de la primera campaña científica del año 1958 para el diario sanjuanino La Tribuna de la Tarde, tituló su crónica inicial con la denominación Valle de la Luna; entre otras descripciones, allí señalaba: “impresiona un poco por el silencio que reina, lo que unido a la conformación de la zona, ofrece el aspecto de un paisaje lunar” (citado en El valle del paisaje lunar, Diario de Cuyo, 5 de julio de 2007). Otras crónicas periodísticas posteriores, como las de F. Kirbus para el diario La Prensa (1967), retomaron y difundieron esas narrativas e imágenes a escala nacional.
  9. Entre los episodios que expresaron esa tensión cabe citar, por ejemplo, la reprobación de la folletería que utilizaban los guardaparques por parte del coordinador del Ente Autárquico, justificada en la caracterización errónea de la geología y paleontología del sitio, o la denuncia por robo de piezas paleontológicas que efectúan los guardaparques hacia investigadores del Museo (Castro, 2008).
  10. “Los dinosaurios preparan las valijas”, Revista La Universidad, Año VI Nº 45, octubre 2009, http://www.revista.unsj.edu.ar/revista45/titanes.php, “La itinerante muestra Titanes de Ischigualasto llega a Buenos Aires”, Diario El Cronista Comercial, 23 de julio de 2010, https://www.cronista.com/general/La-itinerante-muestra-Titanes-de-Ischigualasto–llega-a-Buenos-Aires-20100723-0131.html
  11. La Quebrada de Humahuaca (en adelante La Quebrada, aludiendo al modo local con que se denomina al área) comprende una depresión de 120 km de longitud, con orientación norte-sur, ubicada en el sector oriental de la Cordillera de Los Andes. Actualmente en La Quebrada residen más de 30 mil habitantes, la mayor parte de los cuales viven en localidades situadas a las márgenes del río Grande de Jujuy (Reboratti y otros, 2003).
  12. Dentro de la tipología de paisajes reconocida por la Guía Operativa de la Convención de Patrimonio Mundial, la Quebrada de Humahuaca sería considerada “un paisaje evolutivo (u orgánicamente desarrollado) resultante de condiciones sociales, económicas, administrativas, y/o religiosos, que se han desarrollado conjuntamente y en respuesta a su medio ambiental natural (…) continuo en el tiempo, que sigue teniendo un papel social activo en la sociedad contemporánea, conjuntamente con la forma tradicional de vida” (Rössler, 1998). La postulación original proponía su activación como itinerario cultural; la misma fue desestimada por la UNESCO y reemplazada por la de paisaje cultural al considerar que dicho sitio sería un tramo de un itinerario, el Qhapaq Ñan (red vial del Tahuantinsuyo), que abarca a otros países de la región. De hecho, en el año 2014 se declara al Qhapaq Ñan como Patrimonio de la Humanidad, comprendiendo un área que se extiende desde el centro del actual territorio de Ecuador hasta Mendoza, Argentina.
  13. Al respecto la declaratoria precisa y argumenta la validez de esos criterios: “II: el valle de la Quebrada de Humahuaca ha sido usado a lo largo de los últimos 10.000 años como una ruta crucial para el transporte de personas e ideas desde las tierras altas andinas hacia las planicies. IV y V: el valle de la Quebrada de Humahuaca refleja la forma en que su posición estratégica ha generado asentamientos, agricultura e intercambios. Sus asentamientos prehispánicos y preincaicos, como conjunto con sus sistemas de campo asociados, constituyen un dramático y excepcional agregado al paisaje” (UNESCO, 2003: 31).
  14. Una de esas controversias transcurre entre los años 1997 y 1998 en relación con la construcción de dos gasoductos por La Quebrada como parte de una red originada en la cuenca petrolífera salteña con destino a la II Región de Chile. La construcción de esas obras generó importantes reclamos y disputas por parte de parte diferentes sectores sociales (sindicatos de empleados estatales, organizaciones ecologistas, grupos indigenistas y entidades vecinales), destacándose las denuncias por los impactos ambientales de las obras y la alteración de territorios indígenas. El otro episodio se produce en el año 2000 en relación con el proyecto de construcción de un electroducto por el fondo de la Quebrada de Humahuaca destinado a conducir y comercializar energía eléctrica hacia Bolivia. En esa ocasión se genera una movilización de la población local que expone los potenciales impactos ambientales de esa obra, en particular la contaminación y la alteración del paisaje a partir de la construcción de las torres de alta tensión en torno al río Grande. Finalmente este proyecto es desestimado por las autoridades provinciales y, según su narrativa, habría advertido sobre la necesidad de proteger formalmente ese paisaje (Castro, 2013).
  15. La postulación fue resultado de un trabajo de gestión realizado por el gobierno de la Provincia de Jujuy (más precisamente por la Secretaría de Cultura y Turismo), en articulación con la Secretaría de Cultura y el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación. El documento de postulación es encomendado por el gobierno provincial a un equipo técnico del Consejo Federal de Inversiones, del que participaron fundamentalmente arqueólogos e hidro-geomorfólogos.
  16. Cabe señalar que las posiciones de las comunidades y organizaciones indígenas no han sido ni son homogéneas y expresan, en parte, la compleja trayectoria del proceso de re-etnización en curso, atravesado por variados orígenes, experiencias organizativas y filiaciones político-partidarias, entre otros aspectos (Karasik, 2006; Bidaseca y Gigena, 2011). Por razones de espacio no se desarrolla aquí esa trama.
  17. Desde esa cosmovisión, precisamente, se fundamenta el reclamo de las comunidades indígenas por las tierras que ocupan ancestralmente. En realidad aquí el término “tierra” tiene la connotación de “territorio”, es decir de ámbito de producción y reproducción social y cultural; de allí que el reclamo por las tierras se extienda, más que a su propiedad, fundamentalmente al poder de decisión sobre el uso de los recursos productivos y los lugares considerados sagrados (Karasik, 2006), afectados por el proceso de patrimonialización.
  18. La propuesta inicial, presentada en marzo de 2008, establece un directorio integrado por un presidente, designado por el Poder Ejecutivo provincial con acuerdo de la Legislatura, y seis vocales: tres por los municipios y comisiones municipales y tres en representación de comunidades aborígenes con personería jurídica, empresarios y organizaciones de la sociedad civil. Según esa propuesta el Instituto contaría, además, con dos órganos de apoyo: el equipo técnico y las Comisiones Locales de Sitio (las tareas de los miembros de estas últimas seguirían siendo ad-honorem). Luego de las impugnaciones recibidas, la última versión plantea un directorio integrado por diez miembros: un presidente, designado por el Ejecutivo provincial, y nueve vocales, tres por cada departamento de la Quebrada y seis conforme futura reglamentación, es decir, que el reclamo de las comunidades queda pendiente de resolución.
  19. Por ejemplo, en agosto de 2007 se realiza una asamblea en la iglesia de Tilcara para denunciar esos saqueos. Como resultado de ello se elabora y eleva a las autoridades provinciales y nacionales un petitorio que “exige ‘que sea retirado el título de Patrimonio de la Humanidad a la Quebrada de Humahuaca’ (…). Fundamentan los habitantes esta postura, que tal declaración ‘sólo causa perjuicios y manoseos a la calidad de nuestras vidas’. Más abajo, afirman que ‘la falta de control y/o reglamentación, permite actos vandálicos que hieren a nuestros sentimientos’ que ‘a cuatro años de su implementación, los lugareños vemos cómo a diario la historia, costumbres y tradiciones se caen a pedazos’, que ‘sólo es beneficio de unos pocos y permite la invasión desmedida’ y que se ‘hace caso omiso a la tarea de resguardo y seguridad’” (Diario Pregón, Rechazo a la designación como patrimonio de la humanidad, 3 de agosto de 2007).


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