A lo largo de la investigación, hemos resaltado la importancia de abonar diversas perspectivas interseccionales en la construcción de conceptos que nos permitan comprender el heterogéneo contexto de las prácticas económico-populares en contextos transnacionales. Ello deviene de múltiples fenómenos de coyuntura. El actual escenario de agotamiento del modelo social basado en el salario patriarcal nos obliga a replantear las formas de adaptación de los sectores populares a los imperativos del modelo económico neoliberal, pero, sobre todo, desde una perspectiva integral que incorpore distintas dimensiones de su realidad.
La experiencia de adaptabilidad de la colectividad boliviana en Buenos Aires confirma nuestra hipótesis sobre la persistencia de diversas ancestralidades y saberes comunes que sustantivan las prácticas de vida en su adaptación a la economía hegemónica. La colectividad boliviana ha logrado resignificar gran parte de sus repertorios culturales de origen conformando “espacios socioculturales transurbanos” (Pizarro, 2009). Estos procesos de reinvención de las identidades de origen nos muestran la profunda raigambre cultural con que los bolivianos cuentan para ocupar y dotar de sentidos propios los espacios donde reproducen sus vidas cotidianas. Ello nos devela algunos elementos para desentrañar la ambivalencia que suponen estos acondicionamientos populares a la realidad económica del neoliberalismo en crisis.
A partir de esta experiencia situada, hemos propuesto una visión integral de cuatro dimensiones de la realidad social de la colectividad boliviana, que a nuestro juicio son un ejemplo de las heteronomías y las tensiones de la inserción de los sectores populares a los intersticios del comercio y la producción global.
En el centro de esta perspectiva, se sitúa el concepto de “ensamblaje popular”, el cual puede considerarse como un concepto que nos ayude a comprender la compleja refuncionalización de los espacios donde se reproduce la vida popular y que logra imbricarse –de manera residual– en la globalización.
Desde una dimensión espacial, la colectividad boliviana corrobora nuestra hipótesis en torno a la preeminencia del trabajo autocreativo en la conformación de los espacios periurbanos. A partir de diversos testimonios, hemos podido contrastar cómo los espacios transurbanos de la colectividad boliviana lograron superar los históricos desplazamientos forzados –de la última dictadura cívico-militar– para consolidar, a partir de fiestas, ferias y emprendimientos de base familiar, una amplia espacialidad transurbana que puede leerse en clave étnico-cultural.
A lo largo de nuestra investigación de campo en Ciudad Celina –el principal centro económico de la colectividad boliviana en el amba–, hemos constatado que las olas migratorias de bolivianos han protagonizado un auge económico-popular –en apariencia inédito– imposible de interpretarse sin conocer el papel de las relaciones de reciprocidad y de organización de los distintos grupos sociales bolivianos. Ello ha supuesto un ensanchamiento espacial a partir de una morfología muy similar a las urbanizaciones andinas de Bolivia, lo que representa múltiples tensiones respecto a otros sectores que cohabitan en estos barrios populares.
El surgimiento y la consolidación de los espacios transurbanos que hemos seguido de cerca de la colectividad boliviana nos invitan a seguir pensando en la idea de “desborde popular” (Matos, 1984) como una renovación del proceso constitutivo de las ciudades del “tercer mundo”. Las experiencias de ocupación, construcción y autogestión al interior de las villas y asentamientos por parte de los bolivianos avizoran un universo cultural que persiste y se reactualiza a partir de la reproducción de la vida social de sus protagonistas.
Desde una dimensión material-reproductiva, las periferias “desbordadas” son el principal espacio de inserción económica en los sectores populares. Nuevamente, el estudio de caso en Ciudad Celina confirmó la hipótesis de que, a partir de emprendimientos moleculares –basados en relaciones de proximidad–, la globalización económica ha logrado ensamblar el trabajo colectivo de millones de trabajadores precarizados.
Esta inserción de los sectores populares en la globalización presenta una paradoja. A la vez que permite un acceso de mercancías a los segmentos más precarios de la población, lo hace a partir de la renovación de formas de explotación y autoexplotación que rememoran condiciones de explotación de siglos anteriores. Los testimonios de talleristas y costureros en Ciudad Celina corroboran el carácter ambiguo y ambivalente de esta noción de trabajo y autoexplotación y que es la base de miles de proyectos migratorios de la colectividad boliviana. Esto comienza a tener mayor conflictividad conforme las generaciones más jóvenes de esta comunidad migratoria comienzan a develar y denunciar los verdaderos beneficiarios de dicha cultura sacrificial del trabajo (principalmente, los grandes talleres de los circuitos mayores del comercio global de la industria indumentaria).
Si nos decantamos por mirar la “globalización desde abajo” (Lins, 2012) como un horizonte de posibilidad de la vida popular, descubrimos que los sectores populares requieren de todos sus repertorios culturales para la reproducción de este proceso globalizador. Vínculos familiares, lazos de reciprocidad, solidaridad familiar, identidades étnicas, ancestralidades y memorias colectivas reconstruyen identidades que posibilitan esta inserción económico-popular.
La investigación de campo en los espacios transurbanos de la colectividad boliviana nos mostró la fuerte cohesión social entre los diversos lugares donde se desarrolla la vida colectiva de los bolivianos. Las villas y asentamientos no solo son espacios de vivienda, sino que representan el epicentro de las formas reticulares de adaptación a la globalización, y en donde los cuidados colectivos, las redes de comunicación local y los ciclos de la fiestas marcan los ritmos de una acumulación más horizontal del capital.
La fuerte simbiosis entre villas, talleres, ferias y fiestas está marcada por ciertas genealogías históricas de la migración boliviana hacia Argentina. La circularidad migratoria de la familia extensa ha permitido la consolidación de vínculos –fuertes y débiles– que permiten dicha cohesión social transurbana. Ello nos explica el origen del auge económico popular de la colectividad boliviana.
Hemos problematizado el papel que juegan las identidades colectivas en la conformación de pertenencias comunes en un contexto tan fragmentario y discontinuo como es el espacio periurbano del amba. Un primer acercamiento está en advertir que los sectores periurbanos han estado relegados del esquema de ciudadanía individual, y, por lo tanto, habría que situar otros indicios en la conformación de estas identidades colectivas. Seguimos la pista de las resignificaciones identitarias originarias, en cuanto que gran parte de los miembros de la colectividad boliviana provienen del éxodo rural y minero de Bolivia. En este proceso de resignificación de identidades de origen, la extensión de la familia y la evocación de ciertas memorias colectivas han sido determinantes para la resignificación de ciertas identidades en común.
Dichas identidades culturales devienen en estrategias de sobrevivencia, adaptación y resistencia a los imperativos de la globalización en las periferias urbanas (flexibilidad laboral, movilidad transnacional y permanente adaptación al cambio de los giros económicos). Ello supone un proceso flexible de adaptación y de resistencia de las costumbres, en función de lo que se considera lo invariable precedente. En este sentido, los elementos étnico-ancestrales, lejos de representar reminiscencias del pasado que se anclan en la modernidad, responden a las continuas y renovadas estrategias de vida de los millones de habitantes periurbanos, subalterizados por diversas marcas coloniales, los cuales perviven gracias a la infinita renovación y reinvención de sus costumbres.
El caso de la colectividad boliviana en los espacios que predominantemente habita en el amba nos ha develado la reinvención de sus tramas culturales de origen. Dichos repertorios culturales no solo hacen soportable el hecho migratorio, sino que abonan estrategias de cohesión social que facilitan la creación de espacios transurbanos.
Algunas prácticas de solidaridad del mundo andino se reinventan en el contexto migratorio como estrategias de sobrevivencia y adaptación económica. La práctica de “hacer el hogar” o sayaña ha sido reinventada en la conformación de la estructura familiar, sobre todo de familias que provienen de la región andina. El pasanako y el ayni se reinventan en la construcción de espacios comunes, en la adquisición de vivienda y en ciertas formas de financiamiento entre comerciantes. La irradiación comunicativo-organizativa que ha supuesto el proletariado minero boliviano encuentra resonancia al interior de las villas y barrios de la colectividad, en donde cumplen una función de divulgación y de creación de comunidad barrial.
Estos procesos de resignificación cultural deben ser pensados desde una perspectiva transgeneracional en cuanto que las generaciones más jóvenes de la colectividad boliviana “empujan” las actitudes de repliegue identitario de sus predecesores. Los “hijos de la escalera boliviana” representan una generación del dialogo intercultural cuyas prácticas culturales transgreden los sentidos “puros” de la tradición de sus antecesores, y a la vez evidencian los cambios necesarios para la pervivencia de cierta simbiosis cultural entre las identidades boliviana y argentina.
La investigación develó además que existe una profunda organicidad política al interior de la colectividad que se manifiesta en diversas organizaciones de base social. La territorialidad que ocupa de manera diferencial la colectividad boliviana ha sido el soporte estructural de los núcleos de una politicidad, claramente autogestiva y orientada a la reproducción y preservación de los vínculos de proximidad. Las experiencias de los comedores populares, las asociaciones vecinales y las radios comunitarias –mayoritariamente protagonizadas por mujeres– develan una política “desde debajo” que contrasta con las prácticas verticales y delegativas en la representación política por parte de ciertas élites económicas y culturales.
En el caso de las radios “de, para y por” bolivianos, estas se han apuntalado como una herramienta muy eficaz en la configuración de una comunidad política al interior de los barrios y asentamientos. Al estar ancladas en los circuitos económico-culturales de una cada vez mayor comunidad boliviana en el conurbano, las radios bolivianas cuentan con un gran potencial de enunciación política, en cuanto han ido abandonando la introyección y la victimización social para enfatizar el papel activo de los bolivianos como actores políticos, dada su contribución económica y cultural a la sociedad argentina.
Dicho papel activo va orientando una agenda política por el reconocimiento de los derechos sociales de la colectividad, protagonizada por asociaciones migrantes. Según los testimonios de activistas sociales de la colectividad, dicha agenda política gira en torno a la legitimación de los usos diferenciales que hacen los bolivianos de los espacios públicos, el acceso a documentos de identidad que permitan la participación electiva y la conciencia colectiva de los derechos del trabajo popular.
Estas cuatro dimensiones de la realidad social de la colectividad boliviana en Buenos Aires arrojan la necesidad de nuevos conceptos que nos ayuden a comprender de forma integral dichos entramados sociales. Se sugiere la idea de “ensamblaje popular” como una categoría que nos muestra los diversos niveles de interconexión y simbiosis entre las pragmáticas populares y los requerimientos de subordinación de trabajo y consumo por parte del neoliberalismo.
¿Por qué pensar las periferias urbanas en clave de ensamblajes populares?
Pensar en clave de ensamblaje popular nos permite detonar interpretaciones alternativas de la participación de los sectores populares en la globalización. A diferencia de la globalización que protagonizan gobiernos y multinacionales, la globalización que protagonizan los actores periurbanos la conforman a partir de millones de microemprendimientos de personas que ponen en el centro de su realización su sistema de necesidades, sus relaciones de proximidad y sus repertorios culturales. Ello nos advierte que, detrás del aparente caos del comercio y la producción informal, se esconde un universo cultural donde se entrecruza la reproducción material y simbólica de la vida popular y las más renovadas formas de dominación capitalista, que, en su fase neoliberal, logran insertarse de manera molecular en las subjetividades de los sectores populares.
La categoría de ensamblaje popular nos permite comprender un complejo escenario de contradicciones y antagonismos que subyace de esta nueva gramática social de los sectores populares en la globalización. Nos devela el cruce heterogéneo y discontinuo de distintas marcas liminales que la colonialidad ha logrado reactualizar, como la clase, la raza, el género, etc. Estas marcas de la diferencia son el fundamento de las particulares formas de hegemonía capitalista en las ciudades latinoamericanas, y se expresan mayoritariamente de manera coactiva en sus periferias.
Pensar el espacio urbano en clave de ensamblaje popular nos permite complejizar la dialéctica tensional y mediática entre las fuerzas autocreativas de los sectores populares y los proyectos dominantes de la ciudad, que reproducen el palimpsesto de la ciudad periférica latinoamericana. No podemos dejar de considerar los impactos que devienen de la inserción de los sectores populares en los intersticios de la globalización y las transformaciones socioespaciales que ello supone. La categoría de ensamblaje popular nos ayuda a reinterpretar las periferias urbanas como lugares flexibles, moldeables y dinámicos en donde sus protagonistas modifican la racionalidad neoliberal a partir de sus propios sentidos culturales.
El concepto de “ensamblaje popular” nos visibiliza las profundas disposiciones al cambio y la transformación de las identidades colectivas de sujetos que históricamente han sido considerados como marginales y pasivos. Los roles de la identidad en el contexto de la globalización popular resultan claves para la reproducción de los lugares de lo común, en un escenario donde supuestamente prevalece la fragmentación y el individualismo, propias de las formas de subjetividad del neoliberalismo. Este concepto nos ayuda también a reinterpretar la capacidad de agencia y transformación de los actores de la “globalización desde abajo”. En cuanto sujetos colectivos que han creado sus propios espacios de politicidad, los sectores populares son los protagonistas de una nueva gramática de los movimientos sociales del siglo xxi, en donde sus capacidades de autogestión política (acciones directas, asambleas, juntas vecinales, politicidad de los cuidados) prevalecen en un escenario de fragmentación y articulación horizontal de múltiples luchas sociales. Lejos de presentarse como víctimas de la globalización, los sectores populares han logrado salir de su condición de gueto de sus barrios, de forma que han transformado las condiciones estructurales de mercantilización, desigualdad e individualidad en que se basa el modelo hegemónico de ciudadanía del Estado moderno neoliberal.
Los sectores populares han adaptado las tecnologías de la información y la comunicación –en que se soporta la globalización– para conformar reticularidades transurbanas y transnacionales que posibilitan nuevos significados globales de protesta social, basados en la sensibilidad y el reconocimiento de que todos estamos atravesados por las diversas expresiones de la otredad. Los ciclos rebeldes latinoamericanos de comienzos del siglo xxi confirman esta nueva agenda política de los movimientos populares.
Los testimonios recogidos en esta investigación han sido clave, ya que las voces de estos sectores han sido históricamente invisibilizadas. Los testimonios de los migrantes bolivianos fueron en numerosas ocasiones las únicas fuentes de información, así como las únicas vías indiciarias de sus genealogías históricas.
Encontramos, como producto de esta investigación, la profunda interconexión de distintos momentos históricos que resultaron cruciales en la conformación de la identidad de la colectividad boliviana. El desplazamiento forzado de las primeras generaciones de migrantes bolivianos durante las dictaduras militares en la década de los setenta, los nuevos asentamientos al sur y poniente del amba a partir de sus propias formas de organización, su reticularidad económica y comercial a partir de sus propias espacialidades, su “despertar identitario” posterior al ciclo rebelde boliviano son momentos genealógicos que mostramos en esta investigación de manera integral como una historia no contada de la colectividad, que se encuentra muy arraigada en los imaginarios colectivos de los migrantes bolivianos.
Finalmente, la experiencia de la colectividad boliviana en Buenos Aires nos permite problematizar sobre los diversos cruces de las cuatro dimensiones que hemos sugerido como claves para comprender el funcionamiento de los ensamblajes populares en la actual época capitalista neoliberal. Los migrantes bolivianos han desbordado la espacialidad periurbana de Buenos Aires a partir de sus especificidades culturales. Las identidades colectivas que devinieron de estos flujos migratorios lograron resignificar gran parte de las prácticas de representación de la cultura andina e insertarse en los circuitos inferiores de la producción y el comercio global, justo en los momentos de mayor crisis económica de Argentina. Los consecuentes procesos de exclusión y racismo que devinieron de dicho auge económico de la colectividad boliviana han influido en su agenciamiento político, sobre todo a raíz de cierto “despertar identitario”. Los ensamblajes económico-populares de la colectividad boliviana provienen de sus raigambres culturales en donde convergen distintas dimensiones de su realidad, como son sus formas de apropiación del espacio urbano y sus interacciones con las instituciones estatales, así como las tramas culturales que conforman sus identidades.
Esperamos que esta investigación haya abonado una reflexión sobre la heterogeneidad histórica que representa la inserción de los sectores populares en los intersticios del comercio y la producción global. Esto nos muestra que la globalización no solo proviene de los centros hegemónicos del poder económico, sino que cuenta con una amplia capacidad polimórfica de subordinación de múltiples sectores sociales, la lógica de la valorización del valor.









