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12 Habitar el territorio

Experiencias de muralismo y cerámica

Sofía Barrera

El hacer artístico en territorio devela la magia de la tierra. Es un diálogo constante y circular que crea, nutre y transforma seres, humanos y no humanos. En este sentido, el muralismo y la cerámica dan cuenta de esta transformación y proveen herramientas de indagación de la complejidad del territorio abordado. Para ello a continuación haré un recorrido por diferentes búsquedas relacionadas al muralismo y a la cerámica situada.

Murales en movimiento

Durante el 2018 hasta principios del 2020, junto con el muralista Juan Ramón Jiménez emprendimos un proyecto de muralismo en movimiento. Con la intención de salir del estado de centralidad de Buenos Aires, comenzamos a movernos de manera intuitiva, guiados por los ríos, por los afectos y por el deseo de dialogar con otros saberes y otros territorios. Pintamos mancomunadamente en Corrientes, Misiones, Santiago del Estero, San Juan, Córdoba, Perú y Brasil. También pintamos de manera local en el Conurbano norte de la provincia de Buenos Aires, sobre todo en la localidad de San Martin y Tigre, de manera colaborativa en barrios populares, polos productivos de cooperativas, comedores, huertas comunitarias y bachilleratos populares, entre otros.

 

Un dibujo de una persona  Descripción generada automáticamente con confianza baja

Mural en el Bachillera popular “Ñanderoga”, Barrio Las Flores, diciembre 2019. 

Muchos de los viajes y murales fueron autogestionados, otros se dieron a modo de intercambio y otros se realizaron en contexto de encuentros federales de muralismo y arte público. [1]

En el espíritu del proyecto, en muchos casos, estuvo presente abordar el territorio al que llegábamos preguntándonos: ¿qué pueblos lo habitaban, qué pueblos lo habitan actualmente? Intentando desdibujar los límites de frontera impuestos por los Estado Nación, límites gestados por el desalojo y la invisibilización de la presencia indígena. A raíz de esto fue que decidimos abordar el territorio como espacio simbólico cultural de los pueblos originarios del Abya Yala[2], iniciando así un diálogo desde la pulsación misma de la tierra, una búsqueda de relatos y saberes populares en relación a la ancestralidad.

El trabajo de investigación se dio en diferentes capas, por un lado, experimentamos el territorio de manera intuitiva y sensible con el cuerpo. Con los pies en el suelo (Kusch, 1976:74), caminarlo, con los sentidos alertas y la piel atenta. El cuerpo que se sumerge en el agua y que se hunde en la tierra, adentrarse en ella, saborearla y sentirla. Cuerpo que, con el pasar de los días, es transformado por el territorio y que se hace uno con él.

Otra parte de la investigación consistió en hacer un registro fotográfico y audiovisual. También bocetábamos los imaginarios que se abrían en este diálogo en base al intercambio que surgía con la comunidad, una escucha atenta a las diversas voces.

Asimismo, preguntamos acerca de historias y de saberes populares, saberes que nos cuentan cómo habitar con respeto la tierra, en reciprocidad. Generalmente, cuando preguntábamos por alguna práctica o si alguien de la familia sabía hablar la lengua originaria, muchas veces la respuesta era “eso era antes” o “mi abuela sabía” y en ese ejercicio de memoria y en el hacerlo visible le dimos valor a esos saberes y los reivindicamos como necesarios para nuestro buen vivir.

En otra instancia de la investigación uno de los elementos a tener en cuenta fueron los diferentes soportes que tienen narrativas propias: muros de ladrillos a la vista, muros con revoque, muros de adobe, de chapa y de madera. A su vez, a la hora de realizar el mural hay diferentes factores que impactan en el cuerpo y que también son el relato de un territorio. El estar pintando a la intemperie, implica un poner el cuerpo que dialoga con instancias climatológicas, geográficas y ambientales de un territorio. Un cuerpo que suda o que pasa mucho frío, que está en la altura, donde lo impacta el viento o el rayo del sol y también está atento a las nubes que anuncian lluvias, cuerpo que, al terminar la jornada, duele. El mural como sacrificio ritual a modo de ofrenda.


A continuación, presentaré tres de las experiencias que fueron más significativas en cuanto a la implicancia que tuvieron en el territorio.

Jechauka Aguapey (Aparición en el rio Aguapey)

Imagen que contiene pasto, exterior, agua, hombre  Descripción generada automáticamente

Mural en Alvear, Corrientes, enero 2019.

En enero del 2019 fuimos a Corrientes, al pueblo donde nació mi abuela Margarita. Viajamos con la intención de llevar sus cenizas al rio Uruguay, rio donde se bañaba de niña, del cual se despidió siendo más grande para venir a trabajar a Buenos Aires, donde le dijeron que iba a tener más futuro y donde también le dijeron que no hable guaraní, que no quedaba bien.

Guiada por el rio que me une a ella llegamos a Alvear, donde tuvimos la posibilidad de pintar. Durante nuestra estadía vivimos un diluvio de varios días que provocó una gran crecida del río, como así también inundaciones en la región a causa del desmonte y el monocultivo de soja que produce que los suelos pierdan su capacidad de absorción. Nunca vimos tanta agua caer del cielo, ni tantas prácticas y saberes populares que hacían los vecinos para detenerla. El primer día que llegamos al pueblo nos impactó la inmensidad del rio, lo sentimos en el cuerpo, el agua y la tierra colorada. Ese mismo día creamos a este Ser, en clave mitológica. Lo que no sabíamos era que habíamos canalizado una especie de augurio. Para este mural escribimos: “Un ser del color de la tierra habita en el rio Aguapey, descansa. En él se encuentran el agua y la tierra. Se susurran. Un ser, una aparición que emerge y luego desaparece, como un pez de las profundidades. Y anuncia la crecida, la lluvia, el agua que inunda”

Fiesta en el Cerro

Una caricatura de una persona  Descripción generada automáticamente con confianza baja

Mural en Comas, La Balanza, Lima, Perú, mayo 2019. 

Este mural lo pintamos en el contexto del encuentro de arte comunitario FITECA (Fiesta Internacional en Calles Abiertas), un encuentro multidisciplinario que se realiza hace 19 años en La Balanza, distrito de Comas, un barrio en la periferia de Lima, Perú. El encuentro transcurre durante una semana como una fiesta en la calle en donde convergen el teatro, la música y el muralismo como herramientas de transformación social. El objetivo del festival es la creación de barrios culturales, en donde las experiencias de arte-vida tienen la potencia integradora y de transformación para la comunidad. El encuentro tiene una mínima ayuda estatal, es prácticamente todo autogestivo y se desarrolla como una gran minga[3] en donde todos se comprometen a trabajar colaborativamente, la comunidad abre las puertas de sus casas para recibir a los artistas, las mamitas cocinan con todo su amor en el comedor del barrio, un vecino ofrece su escalera, otro ofrece su casa para guardar la pintura, y otro se acerca con una bebida fría. Todos en La Balanza están felices con la FITECA porque vivenciaron en cuerpo propio que el arte es capaz de transformar una realidad, un barrio estigmatizado como inseguro, devino en barrio cultural, repleto de murales y de vecinos que participan de talleres de teatro y de música y que se organizan para llevar a cabo semejante encuentro.

El 6 de mayo se festeja en el barrio “La fiesta de las cruces”, esta fecha coincide con la ceremonia ancestral de la Chakana, tuvimos la oportunidad de subir al cerro y estar presentes en dicha celebración, el mural lo senti pensamos bailando a la par a modo de ofrenda ritual, mural como entidad viva que se correlaciona y convive con la comunidad.

Somos reflejo del contexto

Imagen que contiene agua  Descripción generada automáticamente

Mural en Camba Trapo, Carlos Pellegrini, Islas del Iberá, Corrientes, enero 2020.

Este Mural lo pintamos en enero del 2020 en la escuela rural N° 862 del paraje Camba Trapo que se encuentra a unos 10 km del pueblo Carlos Pellegrini situado en los Esteros del Iberá, Corrientes. La escuela está literalmente rodeada de esteros, a tal punto que cuando los bañados suben, la escuela queda rodeada de un espejo de agua y aún así sigue funcionando cual camalote contenedor. Desde la escuela se puede ver su vasta fauna, los alumnos hacen avistajes de las más de 300 especies de aves que habitan el lugar, además de los carpinchos, yacarés, zorros, lagartos, yararás y más. Los alumnos de la escuela son 16, de diferentes edades. Liliana Núñez, maestra y directora (quien además hace las tareas de cocina y limpieza en la escuela) le pone el cuerpo y el alma. Busca a algunos chicos por sus casas y hace de la escuela un espacio de contención y de expansión, proponiendo diversas actividades relacionadas al contexto, poniendo en valor el conocimiento que ya tienen varios de ellos nacidos en las islas del Iberá. Llamamos al mural “Somos reflejo del contexto”.

Acerca de este mural escribimos: “El territorio es un libro abierto. Los niños tienen el conocimiento de haberlo transitado y jugado. Su curiosidad abre ese libro, lo recorren y los lleva a querer saber más sobre su propia riqueza. Conocerla en profundidad es saber cuidarla y defenderla”.

Estas vivencias fueron transformadoras para nosotros, después de trabajar en el territorio con reciprocidad hacia la comunidad, no volvimos a ser los mismos, como el barro que pasa por el fuego y se convierte en cerámica. En las participaciones de los encuentros de muralismo pudimos conocer a muchos artistas de diferentes provincias generando así una red de afectos y de comunidad artística federal. Si bien siempre estuvimos en movimiento, seguimos en contacto con las personas con las que nos vinculamos, el mural como puente de mundos, conector de historias y generador de redes humanas con potencias transformadoras.

Experiencias con el barro

En el contexto actual pandémico, sin la posibilidad de estar en movimiento, me encontré con toda esta experiencia vivida en mi taller, situada en mi territorio, más que nunca, incorporando a mi hacer las herramientas investigativas que experimentamos. Así, comencé a relacionarme con el territorio a través del barro y la cerámica. En este proceso, empecé a replantearme mis modos de producción y la relación con las materias primas que utilizaba en el taller. Preguntándome de dónde proviene esa arcilla que compro, arcilla industrializada que llega empaquetada, limpia, blanca, sin olor a barro. ¿En qué paisaje se extrae? ¿Cómo impacta esa extracción en el territorio? Si mi materia prima principal es la tierra, y la tierra está por todos lados, ¿por qué la compro? ¿Hay arcilla en mi barrio? ¿En la urbanidad puedo encontrarla? ¿Cómo? ¿De qué forma aparece?[4]

En este camino de repensar mi práctica en relación a la obtención de las materias primas, comencé a transitar el territorio de manera atenta, con los sentidos alertas, observando qué posibilidades y qué límites me ofrecía. En la urbanidad encontré arcilla en volquetes, en pozos cloacales, obras de construcción, en el patio de mi casa, en el pozo de una huerta urbana que sería utilizado como compostera y también en el rio, que está a 5 kilómetros de mi casa.

Mano sosteniendo un pan de chocolate  Descripción generada automáticamente con confianza baja

Arcillas encontradas en pozos de obras. 

La tierra está ahí latiendo abajo del cemento y también la encuentro viva en mi barrio en espacios de resistencia, como en la huerta urbana de Villa Martelli, en la reserva del Yrigoyen o en el Bosque Urbano de San Martin.

Mano de una persona  Descripción generada automáticamente con confianza baja

Arcilla encontrada en la Huerta Barrial de Villa Martelli. 

Con las diferentes tierras en resistencia que fui recolectando realicé una serie de vasijas miniatura, vasijas-cuerpo que traducen y personifican un saber del territorio, son vasijas que son objeto y también sujeto. Serán parte de una ofrenda ritual en reciprocidad con la Pacha. Esta práctica ritual se relaciona con el concepto del Sumaj Kawsay “el buen vivir” para la cosmovivencia andina-y prefiero usar la palabra cosmovivencia porque se entrelaza con el cotidiano, se vivencia y se practica. Lo ritual es parte de éste cotidiano que dialoga con lo intangible, lo ritual como sostenedor hacia un futuro incierto.

Imagen que contiene foto, sostener, diferente, mano  Descripción generada automáticamente

Ofrendas de Vasijas realizadas con barros locales. Fuente: elaboración propia

Imagen que contiene exterior, pasto, foto, comida  Descripción generada automáticamente

Ofrenda de vasijas miniatura, corpachada, agosto 2020. Fuente: elaboración propia

La Tierra está presente en mi práctica como materialidad viva y también simbólica. Tierra madre, vasija-útero, contenedora de relatos y memorias de un territorio. Tierra-cobijo que nos sostiene, que está presente en los ladrillos o en el adobe de nuestros hogares, tierra fructífera y generosa, tierra viva, que los pueblos originarios supieron habitar, en convivencia y respeto, sin escisión, antes de que sea objetivada, convertida en un bien de consumo, un ser externo al cual devastar, extraer, limitar y envenenar. El hacer cerámico devela a la tierra como ser vivo, con sus propios saberes según el territorio. Tal como plantean Noguera de Echeverri y Giraldo (2017) asumir la práctica artística implica una forma de habitar la tierra que conlleva habitarla en clave poético política. En las palabras de los autores:

El pensamiento estético, dejó de ser un pensamiento sólo de lo Bello, para convertirse en pensar las maneras de hacer, crear, co-crear, transformar las texturas de la tierra-naturaleza-vida, por los cuerpos vivos que son emergencias estéticas de la tierra. (Noguera de Echevarri y Giraldo, 2017:80)

Por último, en diálogo con las arcillas encontradas en la urbanidad, realicé la acción de utilizarlas como soporte para una serie de placas que serán parte de una intervención en el espacio público. Actualmente, en proceso y realizadas en colaboración con otros vecinos, generando así puentes interdisciplinarios artístico-ambientales para potenciar, unificar, proteger y hacer visibles las violencias hacia la tierra.

Texto, Carta  Descripción generada automáticamente

Placas para intervenir el espacio público, hechas con arcillas en estado natural. 


Bibliografía

Noguera de Echeverri, A. y Giraldo, O. (2017). ¿Para qué poetas en tiempos de extractivismo ambiental? En Ecología Política Latinoamericana. Pensamiento crítico, diferencia latinoamericana y rearticulación epistémica. Volumen 1. (pp. 69-92). Buenos Aires: CLACSO

Keme, E. (2018). De América Latina a Abiayala. Hacia una indigeneidad global. Revista Transas, letras y artes de América Latina. UNSAM. Recuperado de https://www.revistatransas.com/

Kessel, J. y Condori Cruz, D. (1992). Criar la vida. Trabajo y tecnología en el mundo andino. Santiago de Chile: Vivarium

Kusch, R. (1976). Geocultura del hombre americano. Buenos Aires: Fernando García Cambeiro


  1. Algunos de estos encuentros fueron la FITECA, encuentro de muralismo MALON, el MAAANSO encuentro, Pulso Urbano, Encuentro de murales de los Fileteadores del Conurbano y la CTEP, entre otros.
  2. Para ver un desarrollo más amplio de este concepto véase Emil Keme (2018).
  3. En quechua mink´a: sistema de trabajo comunitario.
  4. A raíz de esta búsqueda de transitar el oficio cerámico de manera ancestral en cuanto al proceso de recolección de arcilla en coherencia y respeto con la tierra, participé de los talleres de “Arcillas en estado natural” y “A Pulso” con Verónica Córdoba (La Cacharra cerámica). Muchas de estas preguntas fueron respondidas en un trabajo de investigación colaborativo con las participantes de los talleres, éstas experiencias provocaron gran impacto en mi hacer cerámico.


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