Jesús Antuña; Verónica Giordano; Eduardo Molinari
A mediados de 2020, nosotrxs, Jesús Antuña, Verónica Giordano y Eduardo Molinari, nos juntamos en una plataforma virtual para organizar una actividad en torno a la pregunta ¿qué es investigar? Jesús Antuña es artista visual y becario doctoral del Instituto de Estudios Críticos en Humanidades de la Universidad Nacional de Rosario y CONICET, Verónica Giordano es socióloga de CONICET y dirige la Maestría en Estudios Sociales Latinoamericanos de la Universidad de Buenos Aires y Eduardo Molinari es artista visual, creador del Archivo Caminante y docente investigador del Departamento de Artes Visuales de la Universidad Nacional de las Artes de Argentina.
Ese primer encuentro fue desbordante de pasión por las coincidencias que nos reunían y nos hacían sentir la cercanía aún en la virtualidad y en plena vigencia del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio implementado por el gobierno nacional para contener la emergencia por COVID19. Así, tomó forma la idea de organizar un ciclo de encuentros entre artistas y científicos sociales que coincidieran en un aspecto crucial para nosotros: la práctica de la investigación situada en la convergencia de arte, política y ciencias sociales.
Desde las primeras medidas de confinamiento y con el avance inesperado de la pandemia nos fuimos reafirmando en la idea (que cada unx de nosotrxs había sostenido desde antes de la pandemia) de que es necesario investigar los procesos ecocidas que atentan contra el territorio. Desde esta convicción compartida entonces decidimos denominar al ciclo así: Comunidad, Territorio, Futuro. Estos tres tópicos fueron una suerte de pilar sobre el cual construir una reflexión colectiva sobre la convergencia entre arte, política y ciencias sociales en el hacer común de las prácticas de investigación que cada unx lleva adelante desde su lugar. ¿Qué significa investigar en territorio? ¿Qué significa investigar con y junto a otrxs? ¿Qué significa investigar atentos a las temporalidades, sus ritmos y sus marcas?
En nuestras conversaciones para preparar el ciclo despuntaron también otras empatías que se fueron convirtiendo en un programa político compartido. Así, acordamos invitar a la reflexión en torno a la pregunta ¿qué es investigar como práctica situada pensando a Argentina desde una perspectiva latinoamericanista? Esta perspectiva invita a reconocernos como parte de una comunidad más amplia que la nacional. Al mismo tiempo, invita a dar cuenta de las diversidades regionales y de la heterogeneidad de experiencias culturales que habitan el mapa federal de nuestro país. Con estas coordenadas, invitamos a artistas, activistas e investigadores de las ciencias sociales de Colombia, Bolivia y Paraguay y de diferentes regiones de Argentina. De este modo, buscamos reconocernos como parte de una comunidad intercultural en el territorio y dislocarnos de las construcciones estatal-nacionales pretendidamente homogéneas, que oprimen y violentan de múltiples maneras nuestra vida en común.
El ciclo Comunidad, Territorio, Futuro tuvo lugar en seis encuentros sucesivos entre el 4 de septiembre y el 10 de octubre de 2020. En ese momento, muchxs vivimos la pandemia como una ruptura de la línea de tiempo, lo cual nos provocó y sigue provocando profunda incertidumbre. Pero al mismo tiempo, a muchxs el aislamiento social, preventivo y obligatorio nos permitió hacer un paréntesis y dentro de él darnos la posibilidad de disputarle el tiempo al ritmo enajenante del capital-trabajo. Saber que los sábados a la tarde íbamos a tener un espacio y tiempo en común nos sostuvo durante la pandemia. Nos proveyó de un ritual en un momento en el que otros rituales habían quedado suspendidos. Esas tardes de septiembre y octubre fueron un paréntesis lleno de afectos y emociones, una oportunidad para pensar juntxs en un contexto en el que la vida humana y no humana estaban ante un cambio inédito. Fueron momentos en los que experimentamos la certeza de un hacer compartido. La consigna era simple: hacernos una pregunta en común, aunque de ella surgieran respuestas diferentes. Así fue y lo celebramos.
El ciclo llevó por subtítulo: Pensamiento e Imaginacción. Esta última es una palabra mestiza, un híbrido (igual que el concepto sentipensar, que también surgió durante el ciclo cuando se mencionaron las contribuciones de Orlando Fals Borda y Paulo Freire a la investigación participativa y colaborativa). Elegimos este vocabulario con la convicción de que desde las prácticas artísticas se puede aportar a la investigación del mundo que habitamos y que desde las ciencias sociales se puede investigar con imaginación.[1] Creemos que la imaginación también nos lleva a la acción. Queremos pensar colectivamente, imaginar colectivamente, cómo las prácticas artísticas pueden unirse a la investigación científica social y a las prácticas políticas para fortalecer la circulación de nuevos saberes.
Los seis encuentros del ciclo tuvieron lugar en una plataforma de código abierto. Apenas lanzamos la convocatoria para inscribirse (con el sencillo objetivo de tener un registro de quiénes ingresarían a la sala) tuvimos más de 300 consultas. Inmediatamente, tuvimos que cambiar la estrategia de soporte virtual. Para ello fue fundamental contar con el apoyo logístico de HTE estudio y de Santiago Greco operando los controles para la retransmisión del evento por YouTube. De este modo, las más de 300 personas interesadas en participar pudieron seguir el ciclo desde sus pantallas en los distintos lugares del mundo donde se encontraban e incluso verlos offline. [2]
El ciclo tuvo un encuentro de apertura que introducía la inquietud sobre la convergencia en la investigación con herramientas y métodos artísticos y de las ciencias sociales, y otro de cierre que abría la pregunta sobre el hacer común. En el medio hubo otros cuatro momentos, que convocamos en torno a los cuatro elementos que tejen el hilo de la vida: fuego, tierra, agua y viento.[3] Los modos en los que usamos las palabras son deliberadamente desafiantes. El desafío es a abrir dimensiones que puedan dar cuenta de un respeto y un amor por la vida que no aparecen en los discursos negacionistas. El vocabulario que elegimos viene de la curiosidad frente el misterio y la posibilidad de habitar lo desconocido.
En los distintos capítulos de este libro, entonces, aparecen experiencias que nos invitan a creer que los seres no humanxs, una piedra o las aguas nos van a decir cosas en un mundo antropocéntrico que niega esta posibilidad. El capitalismo no tiene oráculos pero viene con unas certezas como espadas. Las prácticas artísticas revitalizan la sensibilidad, amalgaman desde un lugar tan profundo que son capaces de romper el hipnotismo del Poder.[4] El arte –cuando escapa de la lógica mercantilista – tiene la cualidad de hacernos vibrar, de provocar rupturas en el sensorio anestesiado del mundo actual, conectando las percepciones individuales con el entorno. Creemos que la convergencia de arte, política y ciencias sociales habilita nuevas inscripciones colectivas, situadas en tiempo y espacio: comunidad, territorio, futuro.
Las personas que participaron de cada uno de los seis encuentros fueron invitadas en función de su experiencia en la práctica de investigación en territorio y su versatilidad para transitar entre disciplinas. Algunas de ellas tenían ya una larga trayectoria investigativa, otras en cambio venían de trayectos más cortos. En todas estaba presente el compromiso político por crear nuevas categorías y nuevas narrativas e imaginarios para desarmar el binomio territorio-Estado Nación (y todas sus aristas opresoras, la del patriarcado en primer lugar) y desarrollar prácticas investigativas a partir de los saberes populares y originarios de América Latina. En definitiva, prácticas de investigación interculturales.
En este libro recuperamos las intervenciones que tuvieron lugar en el ciclo Comunidad, territorio, futuro. Pensamiento e imaginacción; y las organizamos en cinco capítulos. En cada uno de ellos buscamos cuestionar(nos) qué es investigar, cómo investigamos, para qué y para quién investigamos, con quiénes queremos conocer. El primer capítulo aborda perspectivas metodológicas en la convergencia de arte, política y ciencias sociales. Las cuatro partes siguientes se organizan en torno a pares de conceptos-fuerza: FUEGO, violencias y amparos; TIERRA, cosmovisiones e interculturalidad; AGUA, imaginarios y movimiento; VIENTO, narrativas y memorias. Los textos que incluimos en la parte Fuego hablan de genocidios, ecocidios, femicidios, pero también hablan de un fuego amigo, que alimenta, que abriga y que nos reúne en su alrededor para pensar colectivamente. Los textos de la parte Tierra nos interpelan sobre la propiedad y el uso de la tierra en un contexto de serias disputas por el control de los territorios a partir de los intentos de expansión del modelo terricida neoextractivista. Los textos de esta parte destacan la importancia de reconocer la existencia de otras inscripciones en el territorio-cuerpo-vida. Con los textos que agrupamos en la parte Agua buscamos darnos la oportunidad de descolonizar la mirada y por eso prestamos atención a la defensa del agua, a los ríos interiores, a los deltas y humedales, partes de un único organismo que nos unen a los mares y océanos, que históricamente nos conectaron en una relación desigual con las potencias imperialistas en distintos períodos. Con los textos que aparecen en la parte Viento planteamos la relación de la investigación con la construcción de narrativas, interrogamos acerca de qué palabras se lleva el viento, qué queda silenciado, qué se hace cuerpo en el decir. Hay una tensión entre aquello que es llevado y arrastrado y los trabajos de memoria, aquello que no debemos olvidar y que queremos hacer presente.
Sin pautar qué diría cada unx, a lo largo del ciclo hubo convergencias y afinidades tributando sobre un sentido en común. Todxs lxs autores invitadxs a compartir sus textos-experiencias en este libro participaron de los sucesivos encuentros del ciclo.[5]
Concebimos este libro con un interés renovado por pensar, imaginar y activar colectivamente para estimular prácticas de investigación transdisciplinarias y situadas desde y para América Latina. La transdisciplina nos permite romper las fronteras entre los lenguajes canónicos del arte y de las ciencias sociales concebidos separadamente, torcerle el rumbo al individualismo que muchas veces predomina en estos campos de conocimiento.
Transitar las fronteras, e incluso producir ciertos contrabandos entre disciplinas, es una práctica que se lleva mejor desde los márgenes. El trabajo en los bordes hace de la liminalidad una práctica de investigación creativa, capaz de construir otras formas sensibles de conocer el mundo.
La pandemia nos colocó ante una paradoja. Perdimos la territorialidad de la vida cotidiana a la que estábamos acostumbradxs pero al mismo tiempo se nos hizo evidente con mayor claridad la voluntad de habitar el mundo de otra manera. Durante el ciclo Comunidad, Territorio, Futuro tuvimos oportunidad de habitar nuestros lugares de un modo distinto del que nos proponía la tiranía neoliberal, de las mercancías y las cifras a secas.
Sabemos que la pandemia ha trastocado ciertos parámetros de normalidad y realidad, pronunciado desigualdades y violencias y provocado muertes en magnitudes comparables con situaciones de catástrofe. Ante la proliferación de discursos negacionistas de la existencia del coronavirus como amenaza para la vida, el ciclo buscó reponer la necesidad de un pensamiento situado, en el tiempo, en el espacio y en la naturaleza. Porque el negacionismo también abarca otras dimensiones como el negacionismo del cambio climático, o el negacionismo de los crímenes de estado, o la negación del vínculo de nuestras vidas (inclusive las urbanas) con el delta, los ríos, los bosques, el campo. El negacionismo de las consecuencias del modelo extractivista en nuestra alimentación y nuestra salud. Acercar el arte a la ciencia y viceversa es darnos la posibilidad de ponerle imagen a aquello que se niega o que se oculta. La imagen no es mera representación de la realidad, es un decir que visibiliza y hace presente, un ver que dice y resiste. Es más fácil para las fuerzas negacionistas contar con interlocutores que no le ponen color, que no le ponen forma, que no le ponen trazos a esas realidades que esas mismas fuerzas buscan negar. Ante la negación de la vida, necesitamos un gesto afirmativo: el hacer en común.
Hoy, todavía en medio de la pandemia, percibimos que hay ofuscamiento, que estamos agobiadxs, perturbadxs, angustiadxs. Las salidas individuales tienen más prensa y difusión que las comunitarias y cierta perspectiva de vivir en común se fue desmoronando para algunxs, el territorio que habitamos se fue cerrando sobre nosotrxs mismxs y las expectativas de futuro –aun precarias– se vieron abruptamente interrumpidas. La pandemia pareció hacer posible todos los imaginarios distópicos que se han construidos desde las diversas artes durante las últimas décadas, desplazando a las propuestas utópicas de principios y mediados del siglo XX. A partir de la década de 1970 el futuro comenzó a concebirse desde una imaginación y una discursividad distópica, manifestación sintomática de una crisis de la humanidad para pensar un habitar común, tanto con otrxs humanxs como no humanxs.
La producción de subjetividades del neoliberalismo, en su lógica de cooptación del deseo, impide toda germinación de futuros que no sean las visiones fatalistas a las cuales nos hemos acostumbrado. La recurrencia de las imágenes sobre la muerte y los finales, sean los de la humanidad, del planeta, de las artes y del pensamiento es previa a la pandemia, aunque ahora se han visto lógicamente potenciadas.
A partir de este diagnóstico fue que nos reunimos, para realizar una mirada desde la alcantarilla, desde el descampado, desde los senderos, con los pies sobre la tierra, para pensar otras formas, más comunitarias de habitar el planeta. Sobre esto último, creemos que las prácticas habilitantes del futuro son las que vienen desde atrás y desde abajo, desde las prácticas pasadas, pero también desde el duelo como una de las formas posibles y necesarias de relacionarnos con la muerte.
Si bien compartíamos esta visión desde antes de nuestro encuentro, dos manifestaciones sucedidas durante el ciclo confirmaron nuestras búsquedas. Por un lado, la aparición de la crisis del 2001 en Argentina y sus vestigios como potencias de organización colectiva y comunitaria que podían ser recuperadas durante la pandemia y en la postpandemia. Por otro lado, frente a la frialdad estadística de la muerte diaria, los rituales mortuorios se abrieron paso –aun sin haber sido llamados– desde nuestro primer encuentro, por lo que provocaron un acercamiento a la muerte y a los muertos que proponía restituir los afectos más allá de los discursos estadísticos. La muerte como parte del ciclo de la vida comunitaria. Esta manera de pensar el futuro de ningún modo implica anclarnos en el pasado (en el 2001 o en una visión melancólica de aquello que ya fue), tampoco pensar el futuro a partir de una referencia pasada para re-actuarla. Antes bien, es un ejercicio de memoria imprescindible para la acción hacia delante.
Esta acción es siempre política.
- El sociólogo de Estados Unidos Charles Wright Mills escribió en su célebre La imaginación sociológica (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1961), que había que practicar la sociología como artesanía intelectual.↵
- Los seis encuentros del ciclo se encuentran disponibles en el canal de YouTube de HTE estudio (https://www.youtube.com/). Hemos editado los videos para suprimir los momentos de desperfectos técnicos, pausas involuntarias y otras interrupciones y demoras. La calidad de la imagen no es buena porque recupera el material de la transmisión en vivo. De todos modos, estamos convencidos que vale la pena compartirlo y que junto con este libro constituyen una unidad.↵
- Elegimos el concepto viento en vez de aire porque pensamos que nos remite al movimiento, al soplo de vida, En la filosofía china que se ve representada en el símbolo del pa-kua, el viento es uno de los ocho estados del cambio.↵
- Recuperamos esta frase de Santiago Greco, a quien le agradecemos no solo su apoyo logístico duante todo el ciclo sino también su participación atenta y comentarios.↵
- Por diferentes razones de orden coyuntural, algunxs de lxs participantes del ciclo se eximieron de participar en el libro. Es el caso de Ticio Escobar; Valeria González; Gabriela Merlinsky, Alejandro Meitín y Federico Cimatti. Al final del libro presentamos una breve referencia a cada unx de lxs autores.↵






