Presentación general
Estudiar la obra de un pensador equivale a emprender la reconstrucción de su proceso de producción, esto es, de los múltiples factores que intervinieron en su elaboración: las teorías o temáticas abordadas, las concepciones que el autor generó en torno a ellas, las ideas que retoma, las críticas de las cuales se hace eco, el contexto socio-cultural, etc. La exégesis del Protréptico de Aristóteles no es una excepción a esta regla, sino su confirmación. El hecho de que se trate de una obra fragmentaria hace que su análisis sea un trabajo en cierto sentido complejo y de gran fertilidad, sea por lo que su reconstrucción representa, sea por lo que el examen de un texto que se ha conservado parcialmente y a través de fuentes indirectas implica. En este punto es importante señalar que dicho texto se ha trabajado relativamente poco en la actualidad. Tras el interés generado por los alemanes a mediados del siglo XIX y comienzos del siglo XX, y de la aparición del artículo “On a lost dialogue of Aristotle,” en el cual su autor, Bywater,[1] identificó en el Protréptico de Jámblico citas de la obra homónima de Aristóteles, los estudios sobre dicha obra aristotélica han mermado considerablemente. El material bibliográfico en habla hispana es sumamente reducido. Prácticamente, solo contamos con dos traducciones del texto de importancia, ambas muy recientes: la de Vallejo Campos, editada por Gredos en 2005, y la bilingüe de Megino Rodríguez del 2006. En la Argentina, en los últimos años, solo tenemos conocimiento de la existencia de la edición de la tesis doctoral de Quiñonez, El sentido de la filosofía de Epicuro y su conexión con el Protréptico de Aristóteles.[2] No obstante, como su nombre lo indica, tampoco se trata de una publicación dedicada íntegramente al Protréptico. Paralelamente, es importante recalcar que, con excepción de las traducciones mencionadas, el libro de Berti, La filosofía del Primo Aristotele,[3] en el cual le dedica un extenso capítulo al Protréptico, el libro de Douglas Madison,[4] que también tiene un capítulo largo sobre esta obra, el trabajo de Van der Meeren[5]y la traducción bilingüe de Schneeweiss[6] con una amplia introducción y extensas notas y que se basa en su trabajo de 1961, no hemos encontrado otro libro que se ocupe enteramente del análisis del Protréptico. Si bien Berti, en el resto de su obra, hace constantes referencias a los fragmentos, en muchos casos extensas y de gran riqueza, su análisis es, en general, subsidiario del estudio del corpus conservado. Lo mismo suele pasar con los trabajos del resto de los estudiosos que se han ocupado del pensamiento aristotélico. En consecuencia, el estudio de esta obra representa un aporte significativo a la exégesis de los textos aristotélicos y una contribución importante para comprender el pensamiento del Estagirita.
La lectura preliminar del Protréptico nos permite afirmar que la obra presenta un carácter bifronte, no solo por la fuerte presencia de la influencia platónica, sino por la ruptura que Aristóteles operará con respecto a esta influencia. Por tal motivo, hemos creído conveniente emprender nuestra investigación fijando como hilo conductor la indagación de dicha influencia y el peso que pudo haber tenido en el origen del pensamiento aristotélico. Para emprender este recorrido, tomaremos como punto de partida tres temáticas distintas pero interrelacionadas: 1) la reconstrucción del texto; 2) el análisis del contexto de producción; 3) el estudio de la naturaleza de la obra.
Al realizar nuestro análisis, los interrogantes a los que pretendemos responder son los siguientes: la concepción de sabiduría, ¿debe considerarse platónica o aristotélica?, ¿qué relación entre los planos práctico y teórico presupone esta concepción de la filosofía? y ¿en qué medida la epistemología aristotélica es deudora de la platónica, independientemente de la naturaleza de los principios sostenidos por ambos filósofos?
Al llevar a cabo este análisis, debemos aclarar que, dado que el presente trabajo es sobre la influencia platónica en el Protréptico, nuestro examen de la obra platónica estará subordinado al estudio de la obra mencionada del Estagirita. En efecto, no podremos detenernos en el análisis pormenorizado de los textos platónicos por lo que limitaremos dicho análisis a aquellas concepciones que sean pertinentes a los fines del trabajo aquí abordado y que nos permitan comprender la naturaleza y alcance de la influencia de Platón sobre Aristóteles.
Se debe indicar que, al examinar la influencia platónica en Aristóteles los estudiosos, se han centrado en analizar si se puede establecer una evolución en el pensamiento de Estagirita y si en tal evolución existió un período platónico, entendiendo por esto un período en el cual Aristóteles habría adherido a la teoría de las Ideas. Si bien en los últimos tiempos, con la obra de autores como Dumoulin y Berti, esta situación se ha matizado, cada vez que se estudia el alcance de la influencia platónica en el Protréptico, se vuelven a cargar las tintas en torno a la presencia o no de la teoría las Ideas.
Esta tendencia a reducir la influencia platónica a la aceptación o rechazo aristotélico de la teoría de las Ideas tiene un doble efecto: por un lado, tiende a resaltar del pensamiento de Platón solo esta teoría; por otro, tiende a “empobrecer” el modo de concebir los procesos de gestación del pensamiento aristotélico y, por lo tanto, a simplificar la génesis de su pensamiento. Es evidente que al leer la obra aristotélica no podemos obviar que su autor permaneció veinte años en el seno de la Academia. Pero tampoco podemos asumir que esto es un motivo suficiente para reducir unilateralmente la influencia que implicó su paso por la Academia a una sola concepción: la de los principios de lo real sostenida por Platón.
En este punto, si bien, dado el carácter fronterizo de la obra, coincidimos en que el Protréptico no solo debe ser leído a la luz del corpus aristotélico, sino también del pensamiento de su predecesor y maestro, creemos que tal análisis se debe realizar de modo más complejo y abarcador. Esto se debe a que, aunque en esta obra podemos fijar ciertas tesis que son genuinamente aristotélicas, hay ciertas concepciones que parecen ser de clara raigambre platónica, cuyo análisis hay que tener en cuenta para lograr una adecuada comprensión del texto. Ahora bien, creemos que, al leer el Protréptico e indagar si hay una influencia platónica en este escrito, debemos hacer una especie de giro respecto de cómo debe leerse esta obra, que modifica, también, el modo de rastrear esa posible influencia platónica en el Estagirita. En este sentido, nuestra tesis respecto de la lectura del Protréptico es que la concepción de filosofía allí defendida por Aristóteles está atravesada y fundada en su concepción del hombre. Desde nuestra perspectiva, Aristóteles defiende una determinada concepción de la filosofía porque sostiene una determinada concepción de la naturaleza humana. Solo estableciendo cuál es esta concepción tendrá sentido preguntarse por la posible influencia platónica. El giro radica, entonces, en partir no solo del contexto en el cual se escribió la obra -la controversia entre Platón e Isócrates-, sino también de los supuestos ideológicos que alentaron su redacción y que no necesaria ni exclusivamente se identifican con este debate. Tal debate es, en todo caso, la ocasión de postular esos supuestos que pueden ser o no de origen platónico. Ahora bien, si partimos de la base de que uno de estos supuestos es la concepción de la naturaleza humana, las nociones que serán de gran importancia para entender el Protréptico son las de érgon y phýsis. Al analizar esta obra e intentar determinar los elementos platónicos en su concepción de la filosofía, deberemos poner el acento en estos puntos y no solo en las cuestiones epistemológicas acerca de si Aristóteles sostuvo o no la teoría de las Ideas. Por tal motivo, nuestro objetivo, al emprender este análisis, no es concentrarnos exclusivamente en la confrontación de la concepción epistemológica sostenida por Aristóteles en el Protréptico con la platónica. Si bien, dada la definición de la filosofía como el conocimiento de las causas, deberemos abordar esta problemática, nuestro objetivo es centrarnos en la interconexión entre antropología, filosofía y epistemología y, a partir de ella, ir dilucidando los elementos platónicos existentes en el ideario aristotélico de la filosofía presente en el Protréptico, uno de cuyos puntos a debatir es la concepción de los principios, pero no el único ni el más relevante. En este sentido, además de esta articulación, la originalidad de nuestra tesis es que creemos que el hilo vector que debemos utilizar para emprender el análisis del Protréptico es la concepción antropológica que Aristóteles defendió en esta obra y que lo ubica en un debate en el cual no necesariamente está defendiendo el ideario de la escuela a la cual perteneció por más de veinte años.
En este punto, es central tener presente el contexto en el cual fue escrito el Protréptico, esto es, la controversia entre las dos escuelas más importantes del momento: la Academia y la escuela de Isócrates. La aparición del Protréptico en medio de este debate ha generado que la mayor parte de los estudiosos considere que dicha obra fue escrita por Aristóteles como una defensa del ideario filosófico de la institución de su maestro. Sin embargo, al leer los fragmentos del Protréptico, podemos notar que es problemático afirmar que las concepciones allí sostenidas por Aristóteles sean netamente platónicas y, por lo tanto, que el objetivo del Estagirita en esta obra haya sido defender la concepción platónica de la filosofía. Del análisis de los fragmentos conservados se desprende que para Aristóteles la filosofía se identifica con el conocimiento de lo que verdaderamente es (fragmento 48), esto es, con el descubrimiento de las causas y los primeros principios (fragmento 33). La lectura de los fragmentos nos lleva a pensar que en esta obra Aristóteles equipara el ejercicio filosófico con la actividad contemplativa, actividad identificada en el último libro de la Ética Nicomáquea con la verdadera vida feliz. Por tal motivo, apartándonos de la interpretación imperante, dentro de la cual podemos mencionar a Chroust,[7] Düring,[8] Berti[9]Berti (2008a: XXIII-XXVIII).[/footnote] y Vallejo Campos,[10] entre otros, la tesis que intentaremos sostener es que, si bien el Protréptico debe leerse en el contexto de la polémica entre la retórica y la filosofía, la concepción de filosofía allí defendida responde al ideal aristotélico, al cual, sin embargo, no se le puede negar una fuerte influencia platónica.
En este sentido, nuestra lectura del texto está atravesada por dos hipótesis diferentes pero relacionadas. La primera es que existe una presencia platónica a lo largo de la obra de Aristóteles sin la cual su pensamiento no se puede entender cabalmente. La segunda de estas hipótesis es que aceptar una evolución en el pensamiento de Aristóteles no necesariamente significa reconocer el pasaje de un estadio platónico a uno propiamente aristotélico, sino que verifica la existencia de un desarrollo progresivo en el cual y por el cual el pensamiento del filósofo se ha ido complejizando y profundizando. Solo por medio de la confluencia de estas dos hipótesis podremos llegar a la conclusión de que la obra de Aristóteles no está constituida solo por lo que el filósofo llegó a concebir por sí mismo, sino también por las múltiples influencias que recibió en y durante su formación.
Influencia platónica en el Protréptico de Aristóteles
En forma paralela al planteo de la autenticidad del Protréptico, fueron surgiendo problemáticas asociadas con la naturaleza intrínseca de la obra: qué causó su redacción, qué concepciones defendía y contra quién se dirigía. Estas problemáticas no dejaron de generar controversia y, por lo tanto, fueron irremediablemente el centro de un debate que con mayor o menor intensidad persiste en nuestros días. En relación con esto, una de las cuestiones más discutidas en torno al Protréptico es qué influencia pudo haber tenido Platón en el desarrollo de las ideas expuestas en este escrito: ¿se trataba de una obra en la que su autor realizaba una apología de las principales concepciones defendidas entre los platónicos?, ¿era una exposición de teorías netamente aristotélicas? o ¿una amalgama de teorías platónicas y teorías genuinamente aristotélicas? Estos interrogantes se vieron alimentados por la datación temprana de la obra. Se suele considerar que el Protréptico fue escrito durante el período de permanencia de Aristóteles en la Academia, entre 353 y 351 a.C. Los estudiosos del texto consideran, en general, que fue redactado después de obras como Grilo, texto sobre retórica, y Eudemo, cuya temática habría sido la inmortalidad del alma.
El único que ha discutido esta datación de la obra es Schneeweiss. Según este autor, la equivalencia que la tradición interpretativa ha realizado entre escritos exotéricos y escritos de juventud no tiene ningún fundamento sólido, pues está basada en la idea errónea de que la forma literaria y artística de las obras exotéricas responde a la filosofía intuitiva de un Aristóteles joven e idealista. Esta equivalencia sería, por otra parte, un resabio de la postura jaegeriana, que si bien ha sido rechazada por buena parte de los estudiosos del texto, sigue presente de forma solapada a través de cuestiones como esta. En cuanto al Protréptico, Schneeweiss subraya que los argumentos expuestos para sostener que dicha obra corresponde a un momento temprano tampoco son lo suficientemente concluyentes.[11] Desde la perspectiva de Schneeweiss, esta datación carece de un fundamento histórico real que permita apoyarla con seriedad. No hay testimonio de la existencia de un rey chipriota llamado Temisón en el 352 a. C. Desde su punto de vista, este es un dato importante ya que, si se parte de que Aristóteles escribió su libro no solo en conmemoración a dicho rey sino para él, entonces el año de su reinado podría servir para estimar su datación. En contra de esto, Schneeweiss tiende a suponer que el destinatario expreso de la obra sería un Temisón ficticio; por lo tanto, la obra no necesariamente tuvo que haber sido escrita en un momento preciso.[12] Con esto, Schneeweiss también estaría afirmando que el destinatario real de la obra no sería un individuo concreto o, por lo menos, expresamente individualizable.
Es importante recalcar que Schneeweiss no tiene en cuenta en su edición el testimonio de Estobeo (4, 32, 21) quien afirma:
Zenón dijo que Crates, sentado en una zapatería, leía en voz alta el Protréptico de Aristóteles, que este escribió para Temisón, rey de Chipre, diciendo que nadie tenía a su disposición para filosofar bienes más importantes que él; ya que tenía gran riqueza para gastarla en ello y además gozaba de reputación.
El otro argumento utilizado por los autores para la datación del Protréptico tampoco resulta concluyente a los ojos de Schneeweiss. La mayoría de los estudiosos del texto coincide en que estaba inscripto en la controversia entre la escuela platónica y la escuela de Isócrates. En este sentido, suelen considerar que el Protréptico era una respuesta a la Antídosis de Isócrates, texto que habría sido escrito alrededor del 352 a. C. Si bien Schneeweiss no parece poner en discusión que la obra aristotélica se haya escrito como una respuesta a la obra de Isócrates, considera que es apresurado inferir la datación del Protréptico a partir del conocimiento de cuándo fue escrito el texto isocrático que incentivó su redacción.[13] Ahora bien, con este argumento, Schneeweiss tampoco da elementos concluyentes para sostener que el Protréptico no es un diálogo de juventud. Si bien sus interrogantes pueden ser legítimos, sirven para poner en tela de juicio cuándo fue escrita la obra, pero no para afirmar que es una obra de madurez. Es verdad que ni en los testimonios ni en los fragmentos conservados del Protréptico se hace mención de un supuesto debate con Isócrates en un momento determinado. El interlocutor de Aristóteles solo se puede reconstruir en forma indirecta a través de las concepciones esbozadas en los pocos pasajes que hemos conservado de la obra, lo cual tampoco nos permite, necesariamente, realizar su datación. No obstante, el hecho de poder realizar esta reconstrucción del posible adversario del Estagirita, Isócrates, sumado al hecho de que durante su permanencia en la Academia existía un debate de público conocimiento entre él y Platón, nos predispone a aceptar la datación temprana de la obra en cuestión más que su datación tardía.
Ahora bien, el hecho de que ni aun Schneeweiss ponga en duda el contexto en el cual fue escrita la obra, es decir, la controversia Isócrates-Platón, nos pone de vuelta en el punto de partida de este apartado: ¿cuál fue la influencia que recibió Aristóteles de Platón al momento de escribir su Protréptico? En relación con este tema, lo primero que se debe subrayar es que, si bien la existencia de la influencia platónica está fuera de discusión, persiste aún hoy el debate acerca de cuál fue el peso real de dicha influencia. Tanto Bernays como Bywater[14] niegan un período platónico en la obra de Aristóteles, razón por la cual consideran que las concepciones plasmadas en el Protréptico son genuinamente aristotélicas. En apoyo de su tesis, Bywater arguye que el contenido de los fragmentos del Protréptico coincide con los escritos del corpus aristotélico, especialmente con obras tales como Metafísica, Ética Nicomáquea, Política, Retórica, Tópicos y Analíticos.
Ambos intérpretes, Bernays y Bywater, ponen especial énfasis en el particular interés que han tenido los neoplatónicos, entre ellos Jámblico, por las obras tempranas de Aristóteles. Según Bernays, la causa de este interés se debía al sincronismo del pensamiento filosófico expuesto en los primeros diálogos del Estagirita, que representaba una amalgama de nociones platónicas y aristotélicas.[15] No obstante, Bernays intentará probar dos tesis. La primera es que el platonismo de las obras perdidas es una pura apariencia y se limita a la forma, no al contenido. La segunda, vinculada con la primera, es que en estos escritos Aristóteles habría combatido las principales tesis del platonismo.[16]
En oposición a la lectura de estos dos estudiosos, Hirzel,[17] anticipándose a Jaeger, sostiene que los fragmentos conservados del Protréptico de Aristóteles eran de corte platónico. Según Hirzel, la distinción entre la realidad primera y la copia de esa realidad (fragmento 48) es un reflejo de la teoría platónicas de las Ideas y, por lo tanto, de la distinción entre el mundo eidético y el mundo sensible.
Esta interpretación fue abiertamente rechazada por Diels. Diels[18] niega que exista una influencia platónica en los capítulos de Jámblico dedicados al Protréptico. Si bien ve la presencia del platonismo en el Protréptico de Jámblico, niega que tal influencia pueda ser extensiva a los pasajes citados de la obra aristotélica. Desde su perspectiva, el tà prôta que aparece con cierta fuerza en el Protréptico no alude a la teoría platónica de las Ideas, sino que equivale al universal en el sentido aristotélico del término.
Contra este argumento, Zeller sostuvo que, durante su permanencia en la Academia, Aristóteles habría escrito un cierto número de obras, entre ellas el Protréptico, que en su forma literaria y contenido doctrinal era básicamente platónicas.
De 1869 a 1923, estas dos tesis fueron debatidas y puestas en cuestión casi en forma simultánea.[19] Sin embargo, en 1923, la aparición de la obra de Jaeger dio un vuelco sustancial en el estudio de la obra aristotélica. Para Jaeger, el pensamiento de Aristóteles estaba signado por una evolución que iba desde una adhesión plena al platonismo a una paulatina separación que habría culminado con la crítica aristotélica a la teoría de las Ideas. Según este autor, el Protréptico habría correspondido al primer período del pensamiento del filósofo, esto es, a aquel período determinado por la presencia de la filosofía platónica. Desde la perspectiva de Jaeger, la definición de phrónesis como una facultad teorética cuyo objetivo es el conocimiento de los principios o causas de lo real permite inferir que Aristóteles habría sostenido la existencia de ciertos principios objetivos. Ahora bien, desde su particular punto de vista, dichos principios no pueden ser otros que las Ideas platónicas. Metiéndose de lleno en la problemática trazada por Theiler, quien fue uno de los primeros estudiosos del pensamiento aristotélico que postuló la presencia de teorías platónicas en los fragmentos conservados del Protréptico, Jaeger sostuvo que “la expresión ‘primeras cosas’ (τὰ πρῶτα) no puede aludir al universal abstracto en el sentido posterior de Aristóteles, porque el universal abstracto no se pone en contraste con ‘imitaciones’ de ninguna especie <tal como sucede en el Protréptico>. ‘Imitaciones’ es un término de nuevo específicamente platónico, que no puede usarse con otro sentido independientemente de la doctrina de que las Formas son arquetipos de los que participan las cosas sensibles”.[20] Con este argumento, Jaeger cree probar que en el Protréptico Aristóteles sostuvo la teoría de las Ideas defendidas por Platón en sus diálogos.
En una línea parecida, Nuyens[21] afirma que obras como el Protréptico y el Eudemo reflejan la tendencia platónica de Aristóteles en el comienzo de su carrera, aunque, contrariamente a lo que afirma Jaeger, en distintos grados. En oposición a Jaeger, si bien Nuyens sostiene que hay en el pensamiento de Aristóteles una evolución, sobre todo en lo que a su psicología se refiere, considera que el Protréptico constituye un estadio más avanzado en esta evolución que otros escritos, razón por la cual, argumenta, en esta obra ya se encontrarían en germen muchas de las doctrinas que formarían parte de las teorías “definitivas” del filósofo. Aunque no las mencione expresamente, según este autor,[22] se pueden rastrear en el Protréptico al igual que en Acerca de la Filosofía algunas críticas que Aristóteles ya habría realizado contra los principios defendidos por su maestro y predecesor. Desde su perspectiva, una pieza clave para sostener esta interpretación es un texto de Filón, que, según él, habría sido pasado por alto por Jaeger.
Otro partidario de esta lectura del Protréptico es Bignone.[23] Según Bignone, en esta obra Aristóteles es partidario de una ética antihedonista. En consecuencia, a través de dicho escrito Aristóteles se habría erigido en uno de los interlocutores con los cuales Epicuro discute en Carta a Meneceo. Desde la perspectiva de este autor, al tratar los escritos juveniles de Aristóteles, Epicuro buscaba atacar las tesis platónicas allí desarrolladas.
Ahora bien, así como la tesis de Jaeger tuvo sus defensores, también tuvo sus detractores. Uno de ellos fue Gadamer. Contra la tesis de Jaeger, Gadamer niega que Aristóteles haya sostenido la teoría de las Ideas y sostiene[24] que el Protréptico era una obra que guardaba coherencia con el resto del corpus. Según Gadamer, la diferencia entre el Protréptico y el resto de la producción de Aristóteles radica en que, al tratarse el primero de una obra de difusión carecía de los tecnicismos que caracterizarían a las obras posteriores. El artículo de Gadamer tuvo sus ecos en la investigación de otros estudiosos tales como Needler.[25] Retomando el trabajo de Gadamer, esta autora argumentaba que las tesis defendidas por Aristóteles en el Protréptico estaban relacionadas con las concepciones sostenidas en el resto del corpus, razón por la cual debían ser consideradas aristotélicas en sentido propio. Para probar esto, afirmaba que el uso aristotélico de ciertos términos que habían sido considerados una evidencia del platonismo en Aristóteles, como por ejemplo hóros (norma absoluta), no tenían un sentido técnico platónico. Sobre la base de esta conclusión, consideraba que no había elementos para demostrar que en este escrito estábamos frente a la formulación de doctrinas platónicas.
En la misma línea que Gadamer y Needler, Düring argumenta que el Protréptico es una obra netamente aristotélica. Düring[26] niega que exista una diferencia sustancial entre las enseñanzas filosóficas del Protréptico y las doctrinas del resto del corpus. No obstante, admite que la naturaleza de los escritos esotéricos y los exotéricos (dentro de los cuales se encontraría el Protréptico) era diferente, aunque estas diferencias eran de estilo, más que de contenido, de forma, más que de fondo. En su libro intitulado Aristóteles, Düring[27] hace una datación de la obra del Estagirita teniendo como parámetro la producción platónica. Para este autor, el Protréptico había sido escrito en el período que va desde el 355 a. C. hasta la muerte de Platón (poner año), después de obras tales como Analíticos segundos, Sobre la Filosofía, Sobre el Bien, y en el mismo período que Física I y II, Sobre las Ideas y La Ética Eudemia. En lo que a la obra de Platón se refiere, el Protréptico habría sido redactado con posterioridad al Sofista y al Político y en el mismo período en el que fueron escritos Filebo, Leyes y Carta VII. Desde la perspectiva de Düring, esta etapa de la producción aristotélica se caracterizaba por el hecho de que, si bien se cimentaba sobre opiniones de Platón y Eudoxo, ya presentaba, al menos, esquemáticamente, las concepciones que en el terreno de la metafísica y de la ética caracterizarían su pensamiento. La idea fundamental de Düring es que la filosofía de Aristóteles surge a partir del debate con la tesis de sus predecesores, principalmente las concepciones platónicas, respecto de las cuales fue critico desde el principio de su formación como filósofo. “La consecuencia natural de ello es que en sus escritos tempranos le plantea siempre determinadas cuestiones a la filosofía platónica”.[28]
No obstante, concordamos con Chroust[29] en que, al aceptar que en el Protréptico hay incontables elementos platónicos, Düring termina matizando su tesis más de lo que él mismo hubiera querido admitir. Para ese autor, la afirmación de Düring, quien había sostenido la tesis del “aristotelismo en Aristóteles” desde el inicio del pensamiento de Estagirita, constituye una manera indirecta de admitir que Aristóteles siempre mantuvo ciertas tesis de corte platónico. Es decir, no solo termina aceptando que hay elementos platónicos en el primer período del pensamiento aristotélico, sino que estos elementos se mantendrían a lo largo de todo su pensamiento.
Un año antes de la aparición de la reconstrucción de Düring, en consonancia con Jaeger, de Vogel[30] sostuvo que no se podía negar un período platónico en el pensamiento aristotélico. Según esta autora, en sus obras tempranas, entre ellas el Protréptico, Aristóteles habría sostenido la teoría de las Ideas. Para esta autora “si hay mímesis, hay paradeígmata”. Desde su punto de vista, el uso de la expresión “las cosas en sí mismas” era una prueba de que en estos escritos Aristóteles no podía estar aludiendo a las formas inmanentes en las cosas concretas[31] sino a las formas trascendentes. En esta misma línea, aun en los años setenta, autores como Allan[32] sostenían que, aunque era muy probable que durante su primer período en Atenas Aristóteles hubiera expresado algunas críticas en contra de las tesis centrales del platonismo, se podía verificar en la obra de Aristóteles un desarrollo que iba desde el idealismo platónico hacia el empirismo, en el cual la metafísica y la teología eran paulatinamente eliminadas.
Sin embargo, aun antes de la aparición de la obra de Allan, se comenzaba a plantear la problemática del desarrollo del pensamiento aristotélico, en otros términos. Se empezaba a considerar que no se podía pensar el desarrollo del pensamiento aristotélico en términos tan radicales como un pasaje del platonismo al antiplatonismo. Según Witt,[33] uno de los primeros en introducir este cambio fue Owen. Para esta autora, la originalidad de Owen radicó en afirmar que la tensión registrada entre los primeros escritos del Estagirita y los escritos de madurez era generada por factores inherentes al propio pensamiento de Aristóteles. Owen niega la tesis de Jaeger según la cual se deben explicar las supuestas inconsistencias entre los escritos de Aristóteles apelando a un período platónico. Si bien Owen reconocía elementos platónicos en las obras tempranas de Aristóteles, creía que el desarrollo de su pensamiento no podía ser visto como un pasaje del platonismo al aristotelismo, sino como un mecanismo interno de cambio.
Con posterioridad a la publicación de la obra de Düring y de la de Owen, se ha empezado a profundizar la idea de que no se puede reducir la posible influencia platónica a la adhesión aristotélica a la teoría de las Ideas. Sobre esta base, se han admitido ciertos elementos platónicos en la doctrina aristotélica, muchos de los cuales perdurarán a lo largo del desarrollo de todo su pensamiento. Entre los que han adoptado esta última postura podemos citar a Dumoulin[34] y Berti[35]. Estos autores han tomado una posición intermedia entre las interpretaciones defendidas por Jaeger y Düring. Desde la perspectiva adoptada tanto por Berti[36] como por Dumoulin, se puede reconocer la presencia de teorías propias de las obras conservadas de Aristóteles, pero pensadas bajo el influjo del platonismo. De hecho, para Dumoulin, el Protréptico debe ser considerado una obra de transición entre el platonismo y el aristotelismo.[37]A partir del análisis de la obra, Dumoulin concluye que en el Protréptico Aristóteles defendió algunas tesis características del platonismo, como por ejemplo la concepción de phrónesis, la reducción de los placeres a la contemplación y la concepción instrumentalista de la relación cuerpo-alma, pero también sostuvo algunas tesis que guardan plena coherencia con el resto del corpus, tales como la distinción entre acto y potencia y la visión teleológica de la naturaleza.
No obstante, en 1981, en su introducción a la Historia de la Filosofía Griega, Guthrie revitaliza la postura jaegeriana. Para Guthrie, lo que debilita la postura de Jaeger y la deja sujeta a críticas es el hecho de basar su tesis en el concepto de phrónesis. Según Guthrie “es improbable que <Aristóteles> usara coherentemente un término de semántica y uso tan amplio en un sentido platónico técnico, ni tampoco lo hace”.[38] Desde la perspectiva de Guthrie, lo que nos permite inferir que en el Protréptico Aristóteles habría sostenido la teoría de las Ideas es la particular relación entre el plano teórico y el práctico, esto es, la estrecha relación entre la vida política y ética con la filosofía pura y desinteresada. “En la medida, en que una Forma platónica era el objeto real e inmutable del conocimiento, el de una virtud moral como la justicia o el valor en primer lugar, en esa misma medida, la conducta adecuada es evidente que ha de apoyarse en el conocimiento exacto”.[39]
En oposición a esta tesis, en su segunda edición del libro La filosofía del “primo” Aristotele, Berti[40] argumenta que en el Protréptico ya está presente el Aristóteles maduro. Para Berti,[41] en esta obra Aristóteles sustituye la ontología de Platón y de la Academia, en general, por una nueva ontología[42] “fundada en la multiplicidad del ser y del bien”.
Pese a esto, en 1994, en su artículo “El Fedro y la Retórica de Aristóteles”,[43] Vallejo Campos sostuvo la tesis de que Aristóteles habría atravesado por un período platónico y, por lo tanto, que habría adherido a la teoría de las Ideas y a las implicancias epistemológicas que esta teoría suponía. Desde la perspectiva de Vallejo Campos, es la adhesión a la teoría de las Ideas lo que le permitió a Aristóteles adoptar la crítica platónica a la retórica y, paralelamente, presentar su defensa de la filosofía como el conocimiento de lo que es en sentido pleno.[44] No obstante, en su traducción de los fragmentos perdidos, el mismo autor sostendrá, simultáneamente, las siguientes premisas: 1) no es necesario aceptar que Aristóteles alguna vez defendió la teoría de las Ideas para rastrear la influencia platónica en su pensamiento, pues es erróneo identificar, sin más, la teoría de las Ideas con el platonismo; 2) actualmente son pocos los autores que aceptan que Aristóteles haya sostenido la teoría platónica de las formas, aunque, es una hipótesis que pueda descartarse. Esto se debe a que no tenemos elementos suficientes “que permitan establecer una conclusión segura, pues, aunque pudiéramos afirmar que estamos ante expresiones del propio Aristóteles (…) <los fragmentos> son susceptibles de dos o tres interpretaciones ‘incompatibles e igualmente plausibles’”.[45] Esta aparente abstención de pronunciarse sobre la presencia o no de la teoría de las Ideas en la obra aristotélica no impedirá que Vallejo Campos avance en su análisis de los fragmentos. De hecho, al hacer su propia datación de las obras perdidas de Aristóteles, comenta que el Protréptico debió de haber sido redactado en el mismo período que Sobre el bien. Según Vallejo Campos, al redactar el Protréptico, Aristóteles presupone las concepciones esgrimidas en esta última obra. Paralelamente, argumenta que Sobre el bien debió de estar inscripta dentro del debate generado en torno al Filebo y al Timeo de Platón.[46] Dadas estas dos premisas, podemos inferir que, para este autor, a través de la mediación de Sobre el bien, en el Protréptico Aristóteles tendría como una especie de telón de fondo de estos dos diálogos platónicos, Filebo y Timeo. Y, si bien no se puede afirmar esto categóricamente en relación con el Timeo, la fuerte presencia de phrónesis en el Filebo y la defensa en el Protréptico de esta facultad como el modo de vida superior representan una evidencia aceptable sobre las supuestas vinculaciones existentes entre ambas obras. En efecto, si el Protréptico presupone Sobre el bien, que es cronológicamente anterior, y este último, a su vez, es contemporáneo de Sobre las ideas, es evidente que el Protréptico tiene que presuponer también la crítica realizada en este último escrito a la teoría platónica de las Ideas.
Paralelamente, dicho autor ubica la redacción de Sobre el bien en una fecha próxima a Sobre las ideas, texto en el cual Aristóteles se opone a la teoría platónica de las Ideas. Esta datación nos permite hacer una transposición análoga a la efectuada más arriba[47] y sospechar que, muy a pesar del comentador, en el Protréptico Aristóteles no admitía la teoría de las Ideas.
En el mismo año de la aparición del trabajo de Vallejo Campos, como ya dijimos más arriba, Schneeweiss[48] publica su traducción del Protréptico. Como ya fue dicho en la primera parte de este apartado, Schneeweiss incluye entre los fragmentos que nos han llegado a través de Jámblico pasajes que son parte de obras que integran el corpus aristotélico. Lo que este autor parece presuponer al introducir estos pasajes es que habría una continuidad a lo largo de todo el pensamiento del Estagirita. Del análisis del recorte de los fragmentos que hace este autor y la relación que establece entre el Protréptico y el resto del corpus, se desprende que desde su perspectiva se debe negar que haya habido un período platónico en alguna etapa del pensamiento de Aristóteles. Según él, se puede rastrear en un período relativamente temprano de la producción de la obra aristotélica la utilización del método inductivo y la tendencia al empirismo que caracterizarían al Aristóteles maduro.[49]
Aunque la mayoría de los autores acepta de una manera u otra que existe una evolución en el pensamiento aristotélico, el punto problemático radica en la naturaleza de esta evolución: ¿se trata de un pasaje de un platonismo a un aristotelismo?, ¿es una paulatina complejización de teorías netamente aristotélicas?, ¿consiste en una progresiva adaptación, revalorización y complejización de las teorías de su maestro? o ¿es más bien una síntesis de todas estas hipótesis?
En resumidas cuentas, podemos decir que las diferentes lecturas que ha generado el Protréptico nos introducen en una discusión que, lejos de estar cerrada, está en su pleno apogeo. Nuestra inserción en ella dependerá de cuán capaces seamos de realizar una lectura bifronte del texto, que rastree los antecedentes platónicos en la obra de Aristóteles y su perduración o no a lo largo de su pensamiento. Solo a través de dicho análisis podremos ser partícipes activos de una discusión por la cual y en la cual el pensamiento del filósofo se transforma en un pensamiento vivo y siempre vigente.
Al evaluar las diferentes posturas aquí estudiadas a la luz de los textos aristotélicos, nos vemos inclinados a pensar que no se puede defender ninguna lectura que sea tan radical: ni la que acepta una plena adhesión al platonismo ni la que la rechaza absolutamente. El examen de los fragmentos nos induce a pensar que no se puede rechazar ni aceptar ninguna de las dos interpretaciones, ya que ninguna de ellas parece ser completamente falsa ni completamente verdadera. Esta lectura, que tiende a reunir elementos de las dos interpretaciones tradicionales y que, de alguna manera, es la postura imperante en la actualidad, se fundamenta en la confrontación de los textos platónicos con el Protréptico de Aristóteles. Por medio de esta confrontación se puede concluir que Aristóteles podría estar retomando ciertas tesis platónicas sin que esto implique una plena aceptación de lo que conocemos como platonismo.
Cuestiones preliminares sobre la reconstrucción de la obra
Si bien el Protréptico ha sido una obra poco trabajada, dentro del conjunto de las obras fragmentarias y exotéricas fue, junto con Acerca de la Filosofía y Sobre las Ideas, una de las más estudiadas y discutidas. En torno a ella se han gestado importantes debates filológicos y filosóficos. Entre los primeros, cabe destacar aquellos que conciernen a la procedencia, autenticidad, datación y transmisión del texto. Entre los segundos, esto es, los filosóficos, podemos mencionar dos problemáticas diferentes, pero íntimamente vinculadas: la primera es la influencia de las doctrinas platónicas y el alcance de dicha influencia; la segunda es la coherencia o no de cierto conjunto de ideas a lo largo de la totalidad del pensamiento del filósofo, es decir, la posibilidad de plantear una evolución, un quiebre o una continuidad a lo largo de su producción filosófica. Por tal motivo, al elaborar el estado de la cuestión, debemos hacer una referencia a ambos debates que, de una u otra manera, como podremos ver, siguen vigentes.
No se puede iniciar el estudio de un texto sin analizar su contexto de producción. Sin embargo, en el caso de textos como el Protréptico de Aristóteles se suman a esta cuestión otras problemáticas adicionales. Al tratarse de una obra de carácter fragmentario, cuya recuperación tuvo lugar a través de fuentes indirectas, persistieron por mucho tiempo no solo los problemas asociados con la reconstrucción del texto, sino también aquellos vinculados con la autenticidad de los fragmentos conservados.
Antes de comenzar nuestra indagación sobre esta última cuestión, debemos advertir que nuestro interés es filosófico, más que filológico, por lo que basaremos nuestro análisis en las reconstrucciones ya realizadas del texto, sin dejar de tener en relación con ellas una actitud crítica. Atender a la cuestión de la reconstrucción del texto tiene como propósito mostrar la complejidad que su lectura implica debido a la manera en que ha llegado a nosotros.
De los textos que nos han llegado de la Antigüedad, muy pocos mencionan el Protréptico de Aristóteles: uno de ellos es el de Alejandro de Afrodisia (Top. 149, 9=6) y el otro es de Zenón (Stob. IV, p. 785 Henze=A1). Desde la perspectiva de Düring, “no hay más testimonios antiguos en favor de otros fragmentos del Protréptico que estos dos; es decir, no hay textos en los que se diga que Aristóteles dice así o asá en el Protréptico”.[50]Dada esta situación, si bien se tenía conocimiento de que habría existido un texto de Aristóteles llamado Protréptico, se consideraba que no se contaba con “material” para realizar algún estudio en relación con él. En este sentido, uno de los primeros aportes de importancia en relación con la reconstrucción del texto fue el trabajo de Bernays.[51] Fue a partir de los interrogantes formulados por este autor sobre el contenido y finalidad de los diálogos perdidos de Aristóteles que se comenzaron a buscar textos que presentaban ecos o reminiscencias del Protréptico del Estagirita. En 1863, este autor argumentaba que el Hortensio de Cicerón presentaba muchas semejanzas con una obra perdida de Aristóteles que, según los catálogos conservados, se habría intitulado Protréptico. Según Bernays, la obra de Cicerón era una imitación del texto del Estagirita; por lo tanto, el análisis de esta obra podría echar luz sobre la naturaleza del texto aristotélico. Bernays fue el primero en sugerir que el Oxyrhynchi Papyrus IV. 666 (Grenfell – Hunt) constituía, probablemente, una parte del Protréptico de Aristóteles o de alguna de las obras perdidas del filósofo.
En 1869, el estudio del Protréptico dio un paso fundamental. Durante ese año, Bywater[52] advirtió que en su Protréptico, inmerso entre pasajes provenientes de diálogos platónicos, Jámblico citaba extensos extractos de la obra homónima de Aristóteles. Según Bywater, desde el capítulo V al XII de su obra, Jámblico reproducía alguna de las obras perdidas del Estagirita que por el tema y modo de abordaje no podía ser otra obra que el Protréptico. Para este estudioso, existían muchas similitudes entre algunas temáticas o alusiones realizadas en la obra de Jámblico y las abordadas por otros autores que hacen referencia a la obra perdida del Estagirita, entre ellos Boecio. Desde la perspectiva de Bywater, se puede trazar una analogía entre algunos pasajes de Boecio, como por ejemplo De consolatione philosophiae III, 8 y extractos de la obra de Jámblico. Sobre la base de estas semejanzas, Bywater concluyó que ambos debían de tener una misma fuente y que debía de ser un texto aristotélico.[53] El motivo por el cual este autor sostenía que dicho texto solo podía ser el Protréptico es que Jámblico tenía que estar copiando una obra anterior a su propia producción que respondiera a la misma temática y género que aquel texto que estaba citando y copiando. Ahora bien, el texto de Jámblico era un texto exhortativo, por lo cual el texto copiado debía de ser el Protréptico.
Sin embargo, esta última tesis fue discutida por Hirzel.[54] Para Hirzel, el aparente desorden de las citas de Jámblico era una prueba de que la fuente del neoplatónico no había sido una sola obra de Aristóteles sino varias. Hirzel sostenía que, de los capítulos atribuidos por Bywater al Protréptico de Aristóteles, solo los capítulos VI, VII y VIII pertenecían realmente a ese escrito. A partir de la misma premisa que Hirzel, en su tercera edición de la obra aristotélica, Rose[55] llegó a resultados diferentes. Rose consideraba que la mayor parte del capítulo VI, el capítulo VIII y una parte del capítulo IX del Protréptico de Jámblico reproducían la obra perdida de Aristóteles.
La tesis de Bywater fue, con algunas modificaciones, la postura imperante hasta 1923, año de la aparición del texto de Werner Jaeger.[56] Según Gauthier,[57] a Jaeger se le debe el mérito de haber confirmado que Jámblico había conocido el Protréptico de Aristóteles y había copiado literalmente pasajes enteros de la obra en cuestión. Si bien Jaeger confirmó las sospechas de Bywater sobre la procedencia de los pasajes de Jámblico, negó que el capítulo V y parte del XII pertenecieran al escrito perdido de Aristóteles. La tesis de Jaeger se apoyaba en tres premisas básicas: 1) la estrecha similitud entre los extractos citados por Jámblico y algunas obras del corpus aristotélico; 2) la coherencia en el estilo, el lenguaje y la nomenclatura filosófica que se puede encontrar entre esta obra perdida y la obra aristotélica conocida; 3) la semejanza que se puede establecer entre las doctrinas defendidas en el Protréptico y las formuladas por Aristóteles en el resto del corpus.
No obstante, Jaeger consideraba que, al citar, Jámblico omitía algunos pasajes y restaba fuerza a otros. Desde su perspectiva, las citas de Jámblico eran desorganizadas y desprolijas. Por este motivo, Jaeger[58] consideraba que el Hortensio de Cicerón era una fuente más fidedigna para el estudio de la obra perdida de Aristóteles que el Protréptico de Jámblico. La tesis de Jaeger era que Jámblico retoma las ideas de Aristóteles, pero omitiendo ciertas cuestiones exagerando otras, de modo tal que de adecuarlo a su propósito.[59]
El trabajo de Jaeger no estuvo libre de críticas. Sin dejar de reconocer el valioso aporte de su análisis, Chroust[59] sostuvo que a Jaeger no le interesaba el estudio del Protréptico por el Protréptico mismo, sino poner a prueba su tesis acerca de un paulatino desarrollo del pensamiento aristotélico desde un platonismo a ultranza a un aristotelismo tal como lo conocemos en los tratados conservados. De este modo, si bien Chroust no criticaba abiertamente el análisis de Jaeger, ponía en cuestión los resultados por él obtenidos.
Con anterioridad al trabajo de Chroust, Gadamer[60] ya había criticado el trabajo de Jaeger. Tras analizar el modus operandi de Jámblico comparando las citas de Platón con los diálogos platónicos, Gadamer concluyó que dichas citas eran fieles a los textos y que no introducían elementos extraños. Para Gadamer, si no había motivos para dudar de la autenticidad y fidelidad de las citas platónicas, no había razones para sospechar de una alteración en el caso de los pasajes copiados del Protréptico de Aristóteles. Según Gadamer, Jámblico no solo había tenido acceso a la obra del Estagirita, sino que la había copiado palabra por palabra. Según este autor, la sensación de desorganización denunciada por Jaeger no era el producto de que Jámblico hubiera alterado el contenido de la obra aristotélica, sino de que hubiera modificado su disposición originaria.
En 1955, se publicó la primera edición de los Fragmenta de Ross. Para Ross, muy probablemente el Protréptico fue un diálogo que sirvió de modelo para otras obras, como por ejemplo el Hortensio de Cicerón. En cuanto a las supuestas citas del Protréptico en la obra homónima de Jámblico, Ross toma como posibles pasajes de la obra aristotélica parte de los capítulos VI a XII. Si bien la aparición de esta obra no problematiza demasiado el estado de la cuestión ya existente, su importancia reside en que sigue siendo, como podremos ver, la edición adoptada por muchos traductores en la actualidad.
Hasta 1957 la autenticidad de los pasajes tomados por Jámblico del Protréptico de Aristóteles estaba prácticamente establecida. La aparición del artículo de Rabinowitz[61] volvió a dejar entre nieblas la procedencia de los fragmentos conservados. En su artículo Rabinowitz negaba dos cosas: 1) que el Hortensio de Cicerón hubiera sido un escrito inspirado en el Protréptico de Aristóteles; 2) que en el Protréptico de Jámblico aparecieran citados pasajes de la obra homónima del Estagirita. En cuanto a la primera tesis -que el Protréptico de Aristóteles no hubiera servido de modelo del Hortensio de Cicerón- Rabinowitz argumentaba que del hecho de que la obra de Cicerón fuera una exhortación a la filosofía no se podía deducir que esta obra hubiera copiado un escrito perdido de Aristóteles con iguales características. En relación con la segunda tesis -que el texto de Jámblico no reproducía el Protréptico de Aristóteles- Rabinowitz, reactualizando y complejizando la tesis de Hirzel, sostenía que en su escrito Jámblico no citaba una sola obra de Aristóteles y que los fragmentos supuestamente provenientes del Protréptico eran demasiado breves para poder afirmar categóricamente que provenían de esta obra. En cuanto a esto último, Rabinowitz apoyaba su tesis en las siguientes premisas: 1) los elementos aristotélicos del Protréptico de Jámblico podían pertenecer a otros escritos o tratados doctrinales de Aristóteles; 2) los pocos extractos citados por Jámblico que no eran puestos en cuestión no eran lo suficientemente extensos como para evaluar su contenido y corroborar su autenticidad, al punto de afirmar que pertenecían al Protréptico de Aristóteles; 3) Jámblico tenía como objetivo abordar la totalidad de la filosofía aristotélica, no una sola obra y, finalmente, 4) Jámblico era capaz de usar varias fuentes en diversos sentidos. Enunciadas estas premisas básicas, la conclusión final de este autor era que es imposible reconstruir el Protréptico aristotélico, sea apelando al Hortensio de Cicerón, sea valiéndose de la obra homónima de Jámblico.
El artículo de Rabinowitz fue unánimemente rechazado. Los argumentos básicos para tal refutación fueron dos: el primero atañe a la procedencia aristotélica de los fragmentos; el segundo a las probabilidades o no de que estos pertenecieran al Protréptico. En cuanto al primero, la mayor parte de los intérpretes ya citados o mencionados en este apartado sostenía que el método y estilo reproducido por Jámblico era genuinamente aristotélico y, por ende, no había motivos para dudar de la autenticidad de la procedencia de los pasajes. En cuanto al segundo de estos argumentos, se tendía a considerar que la única obra de carácter exhortativo escrita por Aristóteles había sido el Protréptico, por lo tanto, los pasajes citados por Jámblico no podían ser de otra obra que no fuera esta última.
Refutados los argumentos de Rabinowitz, la siguiente gran contribución a la reconstrucción del Protréptico de Aristóteles la constituyó el trabajo de Düring: Aristotle’s Protrepticus, An Attempt at Reconstruction.[62] En esta obra, Düring emprendió el primer intento por organizar y restituir a los fragmentos un orden presumiblemente próximo al originario. El objetivo de este trabajo no solo era poner a prueba la autenticidad de los fragmentos citados por Jámblico, sino también examinar las diferentes concepciones que Aristóteles habría defendido en esta obra. Con este propósito llevó a cabo un análisis riguroso de la terminología utilizada en los fragmentos teniendo como parámetro su uso tanto en el corpus aristotélico como en el platónico.
Sin embargo, pese a ser la obra de referencia para el estudio del Protréptico, la reconstrucción de Düring no estuvo exenta de críticas, algunas de las cuales volvieron a reflotar objeciones ya conocidas.[63] Las principales críticas apuntaban, nuevamente, a la poca fiabilidad de los extractos procedentes de la obra de Jámblico. Dentro de este grupo de críticas, la primera tenía que ver con la posible fuente de Jámblico: ¿estaba Jámblico citando una sola obra del Estagirita o más de una? La segunda crítica de relevancia estaba vinculada con la intencionalidad con que Jámblico citaba a Aristóteles y era, por este motivo, más compleja: ¿no estaba la trascripción de los textos contaminada por los intentos de Jámblico de reconciliar a Platón y Aristóteles? y, si esto fuera así ¿podían considerarse los fragmentos encontrados en la obra de Jámblico una fuente válida para reconstruir el pensamiento del Estagirita? Tales parecen ser los argumentos de Chroust.[64] Según Chroust, no sabemos y nunca podremos saber cómo Jámblico copió la obra aristotélica. Desde la perspectiva de este autor, existen dos causas que generan esta incertidumbre: la primera es que no tenemos la obra aristotélica original para poder confrontar las citas con el texto, como sucede en el caso de Platón. La segunda de estas causas es que por medio de su obra Jámblico condensa de manera sincrónica y arbitraria pasajes provenientes de obras platónicas y aristotélicas.
No obstante, a modo de defensa, Guthrie sostiene que el Protréptico debe reconstruirse en base a la obra de Jámblico. El principal motivo invocado por Guthrie es que, tal como lo muestra la confrontación de sus escritos con los diálogos platónicos, Jámblico era un verdadero plagiario.[65]Para Guthrie, a través de su texto, Jámblico no pretendía ser original, sino familiarizar al lector con las obras de los grandes pensadores; por tal motivo, sus citas podían considerarse confiables.
En su edición de 1987, Gigon[66] reaviva la discusión sobre la selección y recorte de los fragmentos del Protréptico que deben ser considerados auténticos. Gigon sostiene, como ya lo había hecho Hirzel, la tesis de que los pasajes de Jámblico atribuidos al Protréptico pertenecen, en realidad, a varias obras. Por este motivo, reduce el Protréptico a los fragmentos de Estobeo, Alejandro de Afrodisia y los autores que lo citan.
En relación con esto último, en su traducción del Protréptico, Casaglia[67] sostiene que, así como la edición de Düring, a partir de la cual se han realizado varias traducciones como por ejemplo las de Chroust[68] y Berti,[69] tiene un carácter excesivamente hipotético, lo mismo sucede con la edición de Gigon. Desde la perspectiva de Casaglia, Gigon hace un desmembramiento del texto, razón por la cual sus resultados no son menos criticables que los de Düring. En virtud de esto, este autor advierte sobre la conveniencia de utilizar la edición de Ross,[70] que reproduce los pasajes de Jámblico según un criterio extensivo que le resulta más coherente.[71] Para Casaglia, solo el criterio adoptado por Ross es legítimo ya que, dada la naturaleza del texto, es imposible establecer una norma segura que justifique cualquier intento de restituir los fragmentos a un supuesto orden originario.
Haciéndose eco de estos problemas y con el objetivo de suplir las falencias dejadas por el trabajo de Helmut,[72] en 2005 Hutchinson y Johnson[73] publican un artículo en torno a la problemática vinculada con la autenticidad y reconstrucción del texto aristotélico.
El objetivo de la investigación de estos dos intérpretes es analizar en qué medida es fidedigna la obra de Jámblico para ser utilizada como fuente para el estudio del Protréptico de Aristóteles. Ambos autores dan por sentado que en su Protréptico Jámblico está citando diálogos de Platón y pasajes extensos de la obra de igual nombre de Aristóteles. Partiendo de esta tesis, dichos autores dividen su artículo en dos partes. En la primera parte, como ya lo había hecho Gadamer, realizan un análisis comparativo entre el Protréptico de Jámblico y los diálogos de Platón que aparecen citados en dicha obra. En la segunda parte, trazan un paralelismo entre los pasajes que Jámblico estaría citando de la obra perdida de Aristóteles y obras del corpus. Ambas partes del estudio están enlazadas por la premisa de que, si se pueden aceptar como citas válidas los pasajes extraídos de los diálogos platónicos, se podrá hacer lo mismo con los extractos citados del Protréptico de Aristóteles.
Los resultados obtenidos por estos autores son que Jámblico cita correctamente los pasajes de los diálogos platónicos por él elegidos. Si bien al transcribir los textos Jámblico realiza variaciones, estas no son sustanciales. Al modificar los diálogos platónicos, Jámblico no estaría alterando las concepciones allí esbozadas, sino adecuando los pasajes seleccionados para citarlos en su propio texto. De aquí que estos autores concluyen que Jámblico realiza modificaciones de estilo, pero no de fondo.
Disipadas las dudas sobre los pasajes de procedencia platónica, Hutchinson y Johnson creen disipar las perplejidades generadas en torno a la procedencia de los fragmentos conservados de Aristóteles. Por tal motivo, la segunda parte del trabajo constituye un intento por demostrar que los pasajes de la obra de Jámblico reflejan concepciones que tienen un paralelo real con la obra conservada del Estagirita, razón por la cual su comentador se estaría valiendo de una obra genuinamente aristotélica. Sobre la base de estas dos secciones, ambos autores concluyen que esta obra debe de ser el Protréptico.
De este modo, el artículo de estos dos autores constituye una respuesta indirecta a la edición de Gigon, quien, como ya dijimos, excluye las citas de Jámblico. Si bien en este artículo no se menciona dicha edición, la problemática de la legitimidad del uso de la obra del neoplatónico hace que, si se aceptan los argumentos de Hutchinson y Johnson, debamos rechazar los argumentos de Gigon y, por lo tanto, considerar su edición incompleta. En consecuencia, si bien esta edición se debe tener en cuenta a los efectos de la investigación, no podemos basarnos solo en ella.
En el mismo año de la aparición del artículo de Hutchinson y Johnson, Schneeweiss,[74]basándose en su trabajo de 1966, publica su edición bilingüe del Protréptico. La novedad de la edición de Schneeweiss respecto de la de Düring es no solo la ordenación de los fragmentos sino también el agregado de nuevos fragmentos. Sin embargo, es importante mencionar que entre estos fragmentos nuevos, Schneeweiss pone pasajes de la Política, tales como VII 13, 1331b 39-41; VII 13, 1332a 2-3; VII 2, 1324a 25-35; y de la Ética Nicomáquea, como por ejemplo I 1, 1094a 10; I 2, 1094a 22; I 7 1097b 25 -1098a 4. Ahora bien, la lectura de estos pasajes en los cuales Aristóteles no menciona ni alude a su obra perdida nos lleva a cuestionarnos sobre la pertinencia de su inclusión en el Protréptico. Si bien los pasajes tratan problemáticas y concepciones que presentan coincidencias notorias con las cuestiones y tesis defendidas por Aristóteles en esta última obra,[75] esto no parece ser una causa suficiente para introducirlos como parte de la obra. En relación con la Política VII 13, 1331b 39-41, pasaje que Schneeweiss considera como el fragmento 1b, Santa Cruz y Crespo[76] afirman en su traducción que este pasaje es una afirmación general que Aristóteles bien podría estar realizando en Ética Nicomáquea o Ética Eudemia. Por tal motivo, es imposible establecer a cuál texto podría estar haciendo referencia. Si se acepta esto, deberíamos preguntarnos: ¿por qué este pasaje debería estar remitiendo o debería ser considerado parte del Protréptico? ¿Qué nos autoriza a tomar este pasaje u otro de otra obra del corpus como parte del Protréptico solo por el fuerte paralelismo que se pueda establecer entre ellos? Si bien la mención de todos estos pasajes constituye un aporte significativo para el análisis del Protréptico, es importante señalar que una cosa es realizar un análisis comparativo entre los pasajes conservados del Protréptico y aquellas obras cuya procedencia no es puesta en cuestión y otra es introducir esos pasajes como si fueran parte de la obra analizada cuando nada nos autoriza a hacerlo. Es difícil entender por qué Schneeweiss incluye estos pasajes en el Protréptico de tal forma, más aún si consideramos que solo este autor procede así. Por consiguiente, debemos concluir que si bien su edición constituye un aporte importante en tanto problematiza el Protréptico poniéndolo en conexión con el resto del corpus y agrega algunos pasajes de la obra de Jámblico que no son considerados por autores como Düring, no se puede considerar una edición ampliada en el sentido pleno del término. Para considerarla de este modo, debería dar cuenta de la legitimidad de usar pasajes de otras obras del Estagirita como si hubiesen formado parte de la obra en cuestión.[77]
A modo de cierre de este apartado, podría decirse que parece evidente que la reconstrucción de los fragmentos de Aristóteles forma parte de un debate que aún no está plenamente concluido. El estudio de dicho texto implicará llevar a cabo un análisis que haga un empleo cruzado de estas ediciones. Sin embargo, el resultado final estará condicionado por el hecho de que estará basado en reconstrucciones del texto, cada una de las cuales tiene sus propias problemáticas y nos brinda, a su vez, versiones posibles del texto aristotélico, pero no el texto en sí. En este sentido, Vallejo Campos advierte que el Protréptico, a diferencia de otros tratados del corpus que pudieron ser modificados por el mismo Aristóteles, fue una obra que no pudo haber sido ni reescrita ni retocada. En este sentido, si bien debemos leer los fragmentos con precaución, debido a las posibles modificaciones de Jámblico, tenemos la certeza de que el texto había presentado “la visión filosófica que tenía Aristóteles del mundo y de la vida humana en un período muy determinado de su existencia”.[78]
Advertencia sobre las ediciones y traducciones del Protréptico utilizadas
Para la realización de la tesis, en lo que respecta al Protréptico, hemos utilizado las ediciones de Ross Düring (1961), (1962), Rose (1966), Gigon (1987) y Schneeweiss (2005). No obstante, para las citas y numeración de los fragmentos, hemos optado por seguir la edición de Düring (1961). Dado que esta última edición fue además una reconstrucción del texto que no entra en mayores conflictos con las restantes ediciones, salvo con la de Gigon, creímos más acertado tomar como punto de partida dicha edición, ya que ofrece una ordenación de los fragmentos más organizada que permite una mejor identificación de los diferentes extractos de lo que habría sido la obra aristotélica.
Para la traducción de los fragmentos, hemos adoptado la propuesta por Vallejo Campos (2005). En aquellos casos en los que nos hemos apartado de su traducción ha sido aclarado mediante nota. A tales efectos hemos consultado también las traducciones de Düring (1961), Barnes (1985), Choust (1964), Casaglia (2001), Megino Rodríguez (2006), Berti (2008) y Zanatta (2008).
En el caso de las obras que integran el resto del corpus, hemos especificado junto con la cita de los pasajes seleccionados la traducción utilizada. En los casos en el que se consultaron para una misma obra dos traducciones diferentes, el criterio para adoptar la traducción a seguir fue su adecuación respecto del texto griego. Así, por ejemplo, para la Física hemos utilizado las traducciones de Echandía (2007) y la de Boerí (1993). No obstante, al igual que en los restantes casos, especificamos cuál de las dos se está adoptando.
- Bywater (1869: 55-69)↵
- Quiñonez (1999).↵
- Berti (1997).↵
- Douglas Madison (2008).↵
- null↵
- Schneeweiss (2005).↵
- Chroust (1973: 105-115).↵
- Düring(1961:173-175).↵
- Berti (1997: 35).↵
- Vallejo Campo (129-130).↵
- Schneeweiss (2005: 29).↵
- Schneeweiss (2005: 29).↵
- Schneeweiss (2005: 29-30).↵
- La tesis de Bernays es tomada del comentario realizado por Chroust (1965: 229-230).↵
- Chroust (1965: 89).↵
- Bywater (1869: 64-66).↵
- La tesis de Hirzel es tomada del comentario realizado por Chroust (1965: 230) y Berti (1997: 399).↵
- La tesis de Diels es tomada del comentario realizado por Chroust (1965: 231).↵
- Entre quienes apoyaron una influencia platónica podemos citar a Theiler (1997: 400), mientras que entre quienes negaron dicha influencia podemos mencionar a Bywater (1869: 55-69) y Diels (1888: 477-497).↵
- Jaeger (1993: 111).↵
- Nuyens (1973: 90-100).↵
- Nuyens (1973: 104-105).↵
- Bignone (1973).↵
- Gadamer (1928: 138-165).↵
- Needler (1928: 282).↵
- Düring (1961: 274).↵
- Düring (1990: 88-94).↵
- Düring (1990: 921).↵
- Chroust (1969: 236).↵
- de Vogel (1960: 248-256).↵
- de Vogel (1960: 253).↵
- Allan (1970: 1-11).↵
- Witt (1996: 76-77).↵
- Dumoulin (1981).↵
- Berti (2008a).↵
- Berti (2008a:164), afirma que “en el momento en que escribió su Protréptico Aristóteles estaba en posisión de una concepción filósofica personal y madura, no diferente de aquella encontrada en los tratados escolares”.↵
- Dumoulin (1981:140).↵
- Guthrie (1981: 90). Case (1996: 4) afirmó que el Eudemo y el Protréptico eran escritos a favor de las tesis defendidas por Platón y que el diálogo Sobre la filosofía y el tratado Sobre las ideas eran escritos en contra de las tesis platónicas. Según este autor, esta presencia de las teorías platónicas en los dos primeros escritos “es quizás una razón por la cual Cicerón, que conoció los primeros escritos de Aristóteles, dijo que no había diferencia entre la Academia y los peripatéticos” (1996: 5).↵
- Guthrie (1981: 91).↵
- null↵
- Berti (1997: 35).↵
- De esta manera Berti se aparta parcialmente de la tesis que había defendido en la primera edición de su libro. Si bien en esa primera edición Berti ya advertía la presencia del Aristóteles maduro, tenía una postura tendiente a conciliar el platonismo con el aristotelismo.↵
- Vallejo Campos (1994: 71-90).↵
- De este modo, según Vallejo Campos, en esta obra Aristóteles es continuador del proyecto sostenido por Platón en diálogos como el Gorgias y el Fedro.↵
- Vallejo Campos (2005: 14).↵
- Vallejo Campos (2005: 368-369).↵
- Si el Protréptico presupone Sobre el bien, que es cronológicamente anterior, y este a su vez es contemporáneo de Sobre las ideas, es evidente que el Protréptico tiene que presuponer también la crítica realizada en este último escrito a la teoría platónica de las Ideas.↵
- Schneeweiss (2005).↵
- Schneeweiss (2005: 9).↵
- Düring (2000: 619).↵
- Bernays (1863).↵
- Bywater (1869: 55-69).↵
- Bywater (1869 :59-60) No obstante, al comparar los pasajes de la obra de Boecio y Jámblico, este autor sostiene que en el texto de Boecio solo hay un eco distante del Protréptico aristotélico. Sin embargo, desde su perspectiva, es muy probable que en el proceso de transcripción Jámblico haya modificado el original.↵
- La tesis de Hirzel es tomada del extenso comentario realizado por Jaeger (1993: 91).↵
- Rose (1966).↵
- Jaeger (1993).↵
- Gauthier et Jolif (1970 : 14).↵
- Jaeger (1993: 90-91). Según Jaeger, “la prueba de la superior fidelidad de Cicerón debe encontrarse en el libro décimo de la Ética Nicomáquea. Una vez más influye en la pluma de Aristóteles una reminiscencia de una antigua obra”.↵
- Jaeger (1993: 90-91).↵
- Chroust (1973: 93).↵
- Rabinowitz (1957).↵
- Düring (1961).↵
- Chroust (1965: 233).↵
- Chroust (1965: 116).↵
- Guthrie (1993: 89).↵
- Gigon (1987).↵
- Casaglia (2001: XXVII).↵
- Chroust (1964).↵
- El autor se refiere a la traducción de Berti (2008a).↵
- Es importante señalar que Zanatta (2008: 37-38) también sigue la edición de Ross, aunque advierte que para la traducción del Protréptico tiene en cuenta la edición de Düring y la traducción de Berti. Paralelamente, afirma tener presente la edición de Gigon a los fines de documentar la distinción de criterio establecida entre todos estos trabajos.↵
- Casaglia. (2001: XXVII). Con todo, es importante señalar que este autor reconoce que los trabajos de Düring y de Gigon reflejan una profunda indagación crítico-filológica. Quien realiza una síntesis de las diferentes ediciones y basa su traducción en ella es Álvaro Vallejo Campos. Si bien Vallejo Campos afirma seguir la edición de Ross, en su trabajo cita y trae a colación las otras ediciones aquí mencionadas, tales como la de Düring y la de Gigon. Aunque esta forma de proceder genera algunas complicaciones al leer el texto, porque finalmente no termina de quedar claro qué criterio estaría adoptando, tiene la riqueza de dar cuenta de la complejidad del texto y de las problemáticas que el trabajo de realizar su traducción implica. La razón por la cual toma partido por esta edición, aunque, en realidad, proceda de manera sincrónica, es “incluir todos los textos atribuidos a las obras seleccionadas” (2005: 13). El criterio con el cual Vallejo Campos opera es “poner el material a disposición de los investigadores sin anticipar ninguna discusión” (2005: 12).↵
- Helmut (1965). Según este intérprete, la clave para comprender la metodología adoptada por Jámblico para citar la obra de Aristóteles debe ser el estudio de los pasajes platónicos citados en esa misma obra. Pese a ello, su análisis se centra en el examen comparativo entre los diálogos platónicos y los extractos citados por Jámblico en su Protréptico, desdibujándose el objetivo central: el estudio del Protréptico aristotélico.↵
- Hutchinson-Johnson (2005).↵
- Schneeweiss (2005).↵
- Los pasajes de la Ética Nicomáquea introducidos por Schneeweiss forman parte en su mayoría del libro I, libro en el cual Aristóteles define a la felicidad como el fin último del hombre e identifica a este último como el bien humano y la realización de su érgon. El paralelo que se puede establecer entre esto y las tesis defendidas en fragmentos del Protréptico (tales como el 53, 65, 63, etc.) nos permite trazar una continuidad entre las concepciones defendidas en una y otra obra, pero no nos autoriza a usar una de ellas, en este caso, la Ética Nicomáquea, como si fuera parte de la otra.↵
- Santa Cruz– Crespo (2007: 426).↵
- Es importante recalcar que la mayor parte de “fragmentos” que este autor introduce como nuevos son de esta naturaleza.↵
- Vallejo Campos (2005: 132).↵






