Algunos resultados preliminares de un cuestionario autoadministrado realizado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales
Lucas Urrutia[1]
Introducción
El presente capítulo nace a partir de identificar las dificultades para incluir las experiencias y necesidades de los varones en los procesos de salud-enfermedad-atención en el sistema de salud. Este trabajo pretende presentar los primeros resultados de una investigación llevada adelante en el marco del proyecto “Conflictividad social, Estado y Praxis en la Neoliberalización de la sociedad. Un análisis desde el Alto Valle de Río Negro” en el cual buscamos, de manera exploratoria, indagar específicamente en las maneras en las que los jóvenes varones se relacionan con la salud sexual y reproductiva (SSYR).
La SSYR ha tomado un papel cada vez más preponderante en la agenda nacional e internacional. Tal es así que la agenda para el desarrollo sostenible 2030 de la Asamblea General de las Naciones Unidas destaca entre sus objetivos: “Garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos los de planificación familiar, información y educación e integrar la salud reproductiva en las estrategias y los programas nacionales” (Naciones Unidas, 2015). Del mismo modo, el Estado argentino centra sus esfuerzos en garantizar el acceso a la salud sexual a través de distintos lineamientos generales contenidos en los programas de salud sexual y procreación responsable (Ley Nacional N° 25.673, 2003), la ley de Educación Sexual Integral (Ley Nacional N° 26.150, 2006) y el Plan Nacional de Prevención de Embarazo No Intencional en la Adolescencia (Ministerio de Salud Argentina, 2017).
A pesar de contar con un amplio marco normativo, existen múltiples barreras sociales, culturales y económicas que condicionan la participación de los varones en los procesos más generales de la salud y específicamente en la SSYR. Nos parece necesario contextualizar que las formas particulares en las cuales los varones transitan su salud tienen mucho que ver con las sociedades patriarcales en las cuales estamos insertos y, al respecto, resulta igualmente indispensable incorporar la categoría del género y el enfoque de las masculinidades para analizar esta situación. Con el fin de conocer la relación de los varones con la SSYR, presentaremos algunos resultados provisorios explorando la relación con los sistemas de salud y la forma a través de la cual se informan sobre las temáticas vinculadas a la salud sexual en internet.
Por todo lo anterior, primeramente, realizaremos un recorrido por la relación entre la salud, el género y las masculinidades para dar cuenta de la particularidad del fenómeno que buscamos explorar. Luego, a partir de examinar estadísticas de salud intentaremos dar cuenta de cómo los hombres se exponen a sí mismos y a terceros a situaciones de riesgo altamente prevenibles. Seguidamente brindaremos el marco metodológico y presentaremos algunos resultados preliminares de un cuestionario autoadministrado realizado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Por último, se presentarán una serie de conclusiones parciales.
Aspectos teóricos para el abordaje del trabajo
Como punto de partida para estudiar la relación que guardan los varones adolescentes con la SSYR y su relación con los servicios de salud, nos parece ineludible pensar la salud como un proceso relacional. Siguiendo a Sacchi, Hausber y Pereyra (2007), este proceso es
una construcción individual y social mediante la cual el sujeto elabora su padecimiento, que condiciona los tipos de ayuda a buscar. La percepción de este complejo proceso es personal y subjetiva y solo puede comprenderse contextualizada en el universo de creencias, valores y comportamientos del medio sociocultural de cada persona, así como de las condiciones materiales de vida (p. 271).
Por lo tanto, optamos por comprender a la salud como un proceso de salud-enfermedad-atención que se da en un determinado momento histórico con diversas circunstancias socioculturales (Laurell, 1982; Reguis, 2007; Michalewicz, Pierri y Ardila-Gómez, 2014). Esta noción nos permite abordar las diferentes maneras que tienen las poblaciones de concebir la salud y tratar los padecimientos. En este estudio particular, queremos hacer hincapié en las desigualdades que generan los modos en los que los varones transitan el proceso de salud-enfermedad-atención[2], utilizando la perspectiva de género y el enfoque de masculinidades. Por lo tanto, la categoría del género puede echar luz sobre esta situación ya que, siguiendo a Scott (2011), permite analizar
cómo y en qué condiciones se definen los diferentes roles y funciones para cada sexo; cómo variaban los diversos significados de las categorías “hombre” y “mujer” según la época, el contexto, el lugar (…) cómo las estructuras simbólicas afectaban las vidas y prácticas de personas comunes y corrientes; cómo se forjaban las identidades sexuales dentro de las prescripciones sociales y contra ellas (p. 97).
Sumado a ello, seguiremos la propuesta de Fabbri (2019), asentada en el entendimiento de la masculinidad como un dispositivo de poder. Así, el autor comprende este dispositivo como un conjunto de discursos y prácticas a través de los cuales los sujetos con pene son producidos en tanto varones. Este conjunto de prácticas y discursos “se asienta sobre la idea o creencia de que los tiempos, cuerpos, energías y capacidad de la mujer están o deberían estar a disposición de los varones” (Fabbri, 2019: 116). Pero a su vez, incorpora múltiples maneras de ser varón, de apropiarse de la masculinidad y da cuenta que no todas son el resultado deseado de ese dispositivo. Por lo tanto, la masculinidad no es solo un arquetipo que se asienta sobre determinados atributos, sino también un dispositivo que se presenta como un faro de referencias que afecta los procesos de construcción de subjetividades a la vez que se define y redefine en el marco de relaciones de poder. En este sentido, la sexualidad de los varones parece verse aún permeada por una socialización marcadamente heteronormativa y a menudo distanciada de nociones como el cuidado de sí y el cuidado de otras subjetividades.
Si bien los varones cis heterosexuales gozan de una posición de poder en el ordenamiento de género, también constituyen un grupo particular en materia de salud que suele ser desatendido, entre otras razones, por su escasa participación. Siguiendo a Escobar, Chiodi y Vázquez (2018) la forma hegemónica de socialización representa claras ventajas para el varón, quien goza de un mayor dominio del espacio público, mayores concesiones para el ejercicio de la sexualidad además de menor exigencia en las tareas domésticas y de cuidado. Sin embargo, acorde a lo propuesto por De Stefano Barbero (2021):
Sostener la jerarquización entre hombres y mujeres, masculinidad y feminidad y entre las propias masculinidades, implica la constante vigilancia de uno mismo y de otras personas, genera múltiples contradicciones internas, limita seriamente las opciones vitales, genera sensaciones de soledad, tensión y diferentes formas de sufrimiento (p. 155).
En este sentido, podemos observar un cierto consenso en que “los preceptos de la masculinidad hegemónica responden en virtud de un comportamiento sexual y reproductivo de exposición y riesgo para hombres y mujeres” (Abou Orm y Camacaro Cuevas, 2013: 26). En consecuencia, resulta necesario observar la salud de los varones, así como su relación con la salud de mujeres y otras identidades, para elevar la salud de las poblaciones en general.
Un paneo general acerca de la salud masculina
En un primer acercamiento podemos contemplar en el índice de masculinidad[3] en Argentina que, entre los 13 y 17 años, hay 105.5 varones por cada 100 mujeres y entre los 18 y 24, el índice de masculinidad desciende a 103,6. El descenso a medida que avanza la edad da cuenta de la mayor mortalidad en los varones, decreciendo ese número a 58,4 luego de los 75 años (INDEC, 2013).
Esto se condice con las desigualdades en las tasas de mortalidad presentadas por la Dirección de Estadísticas e información del Ministerio de Salud de la Nación (2023). La tasa de defunciones de mujeres cada mil habitantes en el país ascienden a 8,86, mientras que en Río Negro ese número decrece a 7,61. Lo llamativo es que la tasa de mortalidad de los varones en el país es de 10,11, mientras que en la provincia ese número representa 10,06. Ahora bien, si examinamos las causas de las defunciones y, particularmente, aquellas causas externas que comprenden accidentes vehiculares, suicidios, agresiones, entre otras, en el año 2021 en Argentina, fueron 4487 las mujeres que murieron en estas circunstancias, mientras que el número de varones asciende a 12.517, siendo la franja etaria de los 20 a los 24 años la más representativa. Este número tiene un correlato en aquellos riesgos que mencionamos más arriba, pues los mandatos de la masculinidad asociados a la temeridad y el sentimiento de indestructibilidad son algunas de las prerrogativas que se desprenden del dispositivo de la masculinidad.
Estas causas, generalmente violentas y altamente prevenibles, también se condicen con la socialización de género propia de los varones, es decir, aquellas formas a través de las cuales las personas aprehenden los roles de género correspondientes en determinados momentos históricos. Los varones a través del miedo invisibilizan y normalizan la violencia, silencian y aíslan a las víctimas y perpetúan la legitimidad de las burlas, insultos y amenazas como una forma válida de relación entre pares (de Stéfano Barbero, 2017). Sumado a ello, tal como sostiene Escobar et al. (2018) esta relación implícita de dominación y subordinación entre los géneros naturaliza los celos, los sentimientos posesivos y las conductas coercitivas de control sobre las mujeres que muchas veces son interpretadas como manifestaciones de amor, lo que puede implicar diversas violencias hacia las mujeres u otras identidades. Respecto a las formas más extremas de violencia contra la mujer, según el Informe de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (2022), durante el año 2022 se registraron 226 femicidios, de los cuales más de 1 de cada 4 víctimas (el 26%) tenía entre 25 y 34 años, siendo el rango etario donde es más frecuente.
En relación con la salud sexual y acorde a los datos proporcionados por el informe de la Situación de Salud de Adolescentes y Jóvenes en Argentina (Ministerio de Salud, 2023a), el 31,8% de las y los estudiantes entre 13 y 15 años tuvieron relaciones sexuales alguna vez y el 63,7% lo hizo entre los 16-17 años. Entre los 13-15 años fue más frecuente en los varones que en las mujeres (38,4% y 25,7% respectivamente). Respecto al uso de métodos de barrera, 2 de cada 10 estudiantes refirió no usar preservativos, con diferencias entre las distintas jurisdicciones. Respecto de las ITS se destaca la alta incidencia de la sífilis en el grupo etario de adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años, que concentran el 44% de los casos de sífilis de los reportes, seguido por el grupo de 25 a 34 años, con 31,4 %. En Río Negro específicamente, el Ministerio de Salud de Río Negro (2017) alertó por el aumento en la notificación de casos de sífilis en todos los grupos sexualmente activos.
Este sucinto panorama nos demuestra las desigualdades genéricas producidas en el proceso de salud-enfermedad-atención, por lo que resulta necesario repensar los marcos de acción y promoción de salud masculina que hasta ahora han estado signados por ausencia en las instituciones de salud y en la falta de cuidado. Por lo que este trabajo es un primer paso para conocer de manera exploratoria qué sucede en esas poblaciones particulares. Además, cabe destacar que no sólo los sujetos masculinos pagan los costos de la masculinidad y su correlato en la salud, sino que también, como pudimos demostrar, son las mujeres y otras identidades las que sufren distintas modalidades de violencia derivadas de la relación asimétrica entre los géneros.
Marco metodológico
Con el fin de aportar datos acerca de cómo los varones se relacionan con su propia SSYR, la presente investigación utiliza un tipo de diseño exploratorio y comprensivo. El método de recolección de datos consistió en un cuestionario autoadministrado en el cual se exploraban diversas aristas de la sexualidad, conforme a recomendaciones de investigaciones previas y recomendaciones de organismos nacionales e internacionales (Figueroa Pedraza, 2014, Sanz Martos 2019, Xuemei Ma et al. 2021, Kpokiri et al. 2021, Vélez Álvarez y Girlado Osorio, 2015, Ballesteros, 2013 y Cleland et al. 2001). La población seleccionada para realizar la encuesta fueron estudiantes universitarios del primer año de las carreras de Abogacía, Comunicación y Trabajo Social de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Comahue. La muestra fue de carácter intencional, no probabilística. La edad no fue considerada como un determinante de la muestra. Se propuso la participación de todos los presentes en distintas cátedras de cada una de las carreras. A quienes participaron se les comentó acerca de los objetivos de la investigación y se les brindó un consentimiento informado asegurando el anonimato y la confidencialidad. De aquí, 31 personas que se auto percibían varones respondieron el cuestionario con el fin de explorar y conocer diversos aspectos acerca de cómo transitan su relación con la salud sexual y las instituciones de salud. En este capítulo presentaremos algunos resultados provisorios poniendo el eje específicamente en la relación con los sistemas de salud y la forma a través de la cual se informan sobre las temáticas vinculadas a la salud sexual en internet.
Relación de los varones con los sistemas de salud
En una instancia previa de investigación, pudimos recabar algunas pistas al respecto de cómo los varones se relacionan con los sistemas de salud. A partir de una serie de entrevistas con los equipos de salud de los CAPS en General Roca, pudimos observar que la participación de varones en la prevención y promoción de la salud sexual es escasa. En concordancia con lo anterior, los equipos de salud destacaban que las formaciones teóricas en salud sexual están pensadas para las mujeres exclusivamente, lo que nos permitiría pensar la reproducción de la desigualdad de género a través de las políticas propias de las instituciones sanitarias (Urrutia y Sans 2023). Esto se condice con resultados de estudios previos realizados en San Juan, Ciudad de Buenos Aires y Chile (Galoviche, 2018; Tajer et al., 2019; Obach et al. 2018) donde concluyeron que las consultas de los varones son muy poco frecuentes y que existe una ausencia de formación específica y estrategias de involucramiento para la atención de estos en el sistema de salud.
Frente a este panorama, notamos que la confianza con el equipo de salud fue un factor clave para la participación de varones adolescentes en instancias de promoción de salud. Es por ello que nos hemos propuesto explorar si los varones consultados tienen un médico al que vayan habitualmente y en qué se basa la decisión de elegirlo, para dilucidar si en efecto la confianza es un indicador que se tiene en cuenta a la hora de realizar una consulta. Además, buscamos ver si ese médico elegido alguna vez le brindó o consultaron acerca de alguna información sobre salud sexual.
Al respecto, de los 31 entrevistados, 16 señalaron que sí tienen un médico al cual acuden habitualmente cuando tienen algún problema de salud, mientras que 15 sostuvieron que no lo tienen. Cuando preguntamos acerca de cómo basan su decisión, en efecto apareció la confianza como un importante rasgo para tener en cuenta, pues 12 de los varones basan su decisión en ella. También 7 participantes aseguraron que al médico al que van habitualmente llegaron por recomendación y solo 2 personas optaron por tener en cuenta el renombre a la hora de elegirlo
No obstante, es dable destacar que, frente a la pregunta de si consultan sobre salud sexual con su médico habitual, 9 participantes respondieron que sí y 8 que no, por lo que la confianza en ese profesional bien puede habilitar el espacio de charla, pero habría que incorporar más factores para tener en cuenta este resultado. Finalmente consultamos a los participantes si alguna vez buscaron algún servicio de salud para acceder a información sobre SSYR y 16 respondieron que sí, mientras que 15 sostuvieron nunca haber buscado ese asesoramiento en esos servicios. Cruzando estos datos podemos observar que no necesariamente tener un médico al que se recurra habitualmente garantiza más consultas en servicios de salud. Si bien estos datos no son concluyentes, permiten observar que casi la mitad de los varones participantes jamás consultó un centro de salud, por lo que la información es buscada en otros lugares o bien es completamente omitida. En ese sentido, desde el cuestionario buscamos conocer cómo se informan los varones al respecto de la salud sexual, que desarrollaremos en el siguiente apartado.
Dinámicas para la búsqueda de información en internet
En este apartado nos interesa indagar de qué manera y con qué frecuencia los varones buscan información en internet. Partimos de comprender la notoriedad de la ausencia de los varones en los sistemas de salud pública, dando cuenta de su particular modo de transitar los procesos de salud-enfermedad-atención y las desigualdades de género que producen.
En principio, 14 de los varones aseguraron que algunas veces busca información en internet, mientras que 7 de los varones sostuvieron que siempre buscan información en internet y otros 7 sostuvieron que casi siempre. Solo una persona declaró nunca buscar información en internet. Por lo que podríamos argüir que, en esta población concreta, la mayoría tiende a utilizar con una frecuencia media a alta el internet con fines de búsqueda de información.
Al respecto, la mayoría de los varones participantes sostienen que el tema más buscado está vinculado a infecciones de transmisión sexual (ITS), particularmente aquellos relacionados a la prevención y la sintomatología. Seguidamente continúan aquellos temas relacionados a métodos anticonceptivos (MAC), específicamente cuáles son los métodos disponibles, su uso, confiabilidad y eficacia. Esto se condice con los registros del Programa Sumar (Ministerio de Salud, 2023), donde destacan que, de los motivos de las consultas incluidos en la categoría “Salud Sexual y Reproductiva”, el 70% del total de los asesoramientos a nivel nacional refieren a anticoncepción mientras que el motivo Sexualidad (iniciación, masturbación, disfrute, orientación sexual) representa sólo el 8%. Pero volviendo al cuestionario de nuestra investigación, los restantes temas que aparecieron refieren a la vasectomía, la relación entre pares, aspectos de la genitalidad y cuestiones generales de la salud y el bienestar.
Cabe destacar que 27 de los 31 participantes realizan su búsqueda en la plataforma Google, colocándose como la plataforma más utilizada para la búsqueda de información. Más abajo siguen Twitter, Tik Tok, Instagram y por último Whatsapp y Facebook.
Finalmente, cuando se consultó acerca de si se presta o no atención a las fuentes de la información, 13 de los participantes sostuvieron que siempre observan la fuente mientras que 7 declararon verlas bastante seguido y 6 algunas veces. Solo 3 de los varones sostuvieron no verlas casi nunca.
De todo esto podemos hacer una serie de hipótesis sin intenciones de generalizar a grandes poblaciones, y sostener que Internet es hoy una fuente importante de información para estos varones, donde los temas de mayor relevancia son los métodos anticonceptivos y las ITS, buscados principalmente a través de la plataforma Google. La mayoría suele prestar atención a las fuentes, por lo que resulta de gran importancia continuar con la generación de diversos contenidos por parte de organismos oficiales.
Conclusiones
A lo largo de este escrito intentamos contextualizar las formas particulares en las cuales los varones transitan su salud en nuestra sociedad. Para este análisis incorporamos la categoría del género y el enfoque de las masculinidades. Propusimos comprender a la salud como un proceso de salud-enfermedad-atención que incluye una serie de determinantes sociales y culturales que modifican las formas subjetivas de percibir la salud, la enfermedad y las formas de tratar los padecimientos. Tomando todo esto en cuenta y centrándonos en la SSYR, pudimos observar que los varones tienden a asumir ciertas conductas de riesgo para sí mismos y para terceros que resulta ineludible atender. Pues una concepción relacional de la salud nos permite observar cómo repercute de manera negativa esta falta de cuidados y temeridad a mujeres y otras identidades. A partir de un recorrido por las estadísticas vitales de la población argentina pudimos encontrar una serie de datos acerca de las desigualdades en los procesos de salud de los varones y su incidencia en la salud de la población en general.
Frente a esta compleja problemática es que decidimos indagar específicamente en la SSYR de los varones a partir de dos variables analizadas en una muestra de 31 varones jóvenes. La primera es la relación con los servicios de salud y la segunda es las dinámicas acerca de la recolección de información para transitar su sexualidad. Respecto de la primera, podemos decir que la participación de varones en la prevención y promoción de la salud sexual es escasa. Cuando preguntamos acerca de si los varones tienen un médico al que van habitualmente, 16 señalaron que sí tienen un médico al cual acuden habitualmente cuando tienen algún problema de salud, mientras que 15 sostuvieron que no lo tienen. Del total de los encuestados, 12 participantes basan la decisión de elegir un médico por la confianza. En este sentido, esta arista podría ser un emergente para comenzar a explorar otras particularidades de la salud masculina. Por ejemplo, la ausencia y el enigma de los deseos y las necesidades de los varones en el sistema de salud deteriora los lazos de confianza, por lo que trabajar en ella podría ser un inicio prometedor para mejorar el acceso a la salud de poblaciones específicas. De cualquier manera, la confianza en un profesional bien puede habilitar el espacio de charla y consulta, pero habría que incorporar más factores a la hora de pensar estrategias de promoción de salud. Como mencionamos más arriba, algunos otros factores podrían ser la ausencia de formación específica y la mirada de la masculinidad hegemónica que no sólo permea a los usuarios sino al propio sistema de salud y sus efectores.
Con relación a las dinámicas de recolección de información pudimos dar cuenta de que en esta población en particular es de medio a alto el uso de internet en temáticas vinculadas a SSYR. Los dos temas más buscados son referidos a ITS y MAC, habiendo un correlato con otras investigaciones previas que dan cuenta del mismo fenómeno. Esto nos hace replantear si la participación del varón se supone restringida a la colocación del preservativo o bien podrían formar parte de procesos más amplios como el cuestionamiento de las desigualdades de género y la toma de decisiones más asertivas para poder elevar la salud sexual y con ello la salud de las poblaciones. Finalmente podemos sostener que la mayoría de estas búsquedas se llevan adelante en la plataforma Google, prestando atención a las fuentes en la mayoría de los casos, lo cual puede ser un potenciador para pensar futuras piezas comunicacionales teniendo en cuenta estos aspectos. En este sentido, conocer y acercarnos hacia los deseos y las concepciones sobre SSYR de varones es un camino provechoso para incorporarlos en los procesos complejos y multidimensionales de la salud. Cobra relevancia la cuestión de incorporar a los varones a los procesos de SSYR, no solo en cuestiones cuantitativas de más varones participando, sino “al desafío ético de renunciar al posicionamiento existencial que nos habilita privilegios, en tanto único camino para lograr una corresponsabilidad en equidad” (Fabbri, 2019: 121).
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- Lic. en Comunicación Social y becario Doctoral Conicet.↵
- Nos parece necesario destacar que, si bien no serán abordadas en este escrito, hacia dentro de las poblaciones masculinas, existen diversas maneras de transitar la salud teniendo en cuenta factores como la etnia, la clase social, la orientación sexual, entre otras.↵
- Este índice indica la cantidad de varones por cada 100 mujeres en una población dada. Es un índice que puede contrastar con la perspectiva teórica propuesta en este escrito acerca del género y las masculinidades, pero sólo es presentado con fines ilustrativos, pues resulta limitante a la hora de evaluar diferencias en relación con el género.↵






