A Nicolás, a quien conocí al inicio de esta aventura, un canalla amoroso que me contuvo todos estos años, con el que hablé hasta el hartazgo de esta investigación y paciente me escuchó una y otra vez.
A Juana, que nació en el trascurso de esta investigación, que vino a problematizar de forma cotidiana mis propios sentidos sobre el cuidado, que ha visto por años a su mamá frente al computador, escribiendo un cuento largo llamado tesis.
A mi familia, mi mamá, mi papá, mi hermana y mi cuñado, que sin entender por qué me empeño en seguir los caminos de la investigación y la academia siempre me respaldan, siempre están para sostenerme en los momentos difíciles y alentarme a seguir adelante.
A mi familia extendida, el Observatorio sobre Infancia de la Universidad Nacional de Colombia, que, en cabeza de María Cristina Torrado y Ernesto Durán, nos ofrecieron a todos quienes pasamos por allí no solo un espacio para la formación y movilización de los derechos y políticas para la infancia, sino una familia amorosa y cómplice a la que siempre se vuelve.
A mis amigas y amigos, que me han escuchado hablar por años de la misma cosa, una tesis que no lograba terminar, que nunca se aburrieron de mi retórica –o, por lo menos, no lo demostraron– y que siempre me alentaron a no claudicar.
A los Petits Docteurs, ellos y ellas saben a quiénes me refiero, a los que con mucho mate y vino me acompañaron en la aventura llamada doctorado: un grupo de latinoamericanos y un gringo antiyanqui maravillosos que me hicieron muy feliz y que, aun en la distancia y con el paso del tiempo, se mantienen cerquita al corazón.
Al grupo de investigación Estudios Sociales de Infancias y Juventudes del Centro de Estudios Desigualdades, Sujetos e Instituciones (CEDESI-UNSAM), un grupete de mujeres inteligentes, valientes y maravillosas que no solo me acogieron de manera amorosa, sino con quienes aprendí, conversé y leí, siendo fundamentales en cada una de las reflexiones de esta investigación.
Al grupo de investigación Infancias, Cultura y Educación de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, coordinado por Alba Lucy Guerrero, otro de los espacios que alimentó las reflexiones que hacen parte de este documento.
A los profesores de los seminarios de FLACSO-Argentina por su apoyo y generosidad. En especial a Estanislao Antelo e Isabella Cosse, quienes con sus preguntas y aportes hicieron posibles los caminos teóricos y metodológicos de esta tesis.
A María Cristina Torrado, mi profe, mi amiga, mi codirectora, quien me apasionó por esto de la primera infancia. Mi eterna admiración y agradecimiento para ella.
A Valeria Llobet, quien posibilitó en mí nuevas preguntas, que de forma amorosa y rigurosa me abrió un camino de lecturas y autores, que siempre, a pesar de mis tiempos, me leyó de manera juiciosa y respetuosa, alentándome a seguir, a mejorar y, por fin, terminar.
A Milena Barrios, mi compañera y amiga por años en esto de hacer tesis, a quien sin duda le debo el lograr por fin tener un documento. Sin su apoyo, lectura y rigurosidad metodológica no lo hubiera logrado.
A los trabajadores y trabajadoras de la primera infancia que he conocido a lo largo del camino, que día a día ponen el cuerpo desde todos los niveles para lograr mejores condiciones para los niños y niñas.






