La República Popular Democrática de Corea ha intentado acercarse y tener lazos con numerosos países del mundo y, en particular, con América Latina y el Caribe. No obstante, los puentes que ha logrado construir hacia nuestra región son limitados: actualmente posee cuatro embajadas y solo tres países de la región tienen sedes diplomáticas permanentes acreditadas en Pyongyang. Vinculado a esto también se verifica que la comunidad coreana en la región es casi totalmente originaria de la República de Corea y anticomunista y, en consecuencia, ejerce una influencia mayor en la orientación externa de los países de la región.
El mundo en el que Pyongyang busca insertarse lo relaciona casi exclusivamente con los temas nucleares, a las pruebas misilísticas y a uno de los últimos sistemas políticos autocráticos en el mundo. No obstante, la comunidad internacional no percibe que la RPDC este cambiando tanto en cuestiones políticas como sociales. Un ejemplo de esa tendencia son las Asociaciones de Amistad con Corea con sus delegados oficiales en países de América Latina como son los de Brasil, la Argentina, Chile, México y El Salvador, en los cuales mantienen relación directa con embajadas y ministerios en Pyongyang y se gesta la participación de funcionarios norcoreanos en actividades de estas asociaciones, incluso en países donde hay ausencia de relaciones diplomáticas, como es el caso de la Argentina.
Estos contactos y encuentros son sin embargo escasos, insuficientes, muy concentrados y recaen en pocos interlocutores con lazos de confianza construidos con la RPDC. Pero no llegan a impactar tampoco en la percepción de las élites políticas sobre los vínculos con Pyongyang. Es interesante considerar que un país que controla rigurosamente no solo a su población sino también el contacto de sus elites políticas con el mundo exterior ha promovido como representante de la Asociación de Amistad con Corea en el mundo, que tiene un rol similar al de otras entidades culturales internacionales, a un ciudadano español posteriormente nacionalizado norcoreano.
Las temáticas que unen y acercan a nuestros países en América Latina y el Caribe con la RPDC son resultado de las percepciones de las élites políticas, en general, acotadas a pocos temas, entre los cuales sobresalen la diplomacia cultural, la ayuda humanitaria y la dificultad de abastecimiento de alimentos que rige hasta nuestros días, algo que corroe una de las premisas nativas de la autarquía. No se puede negar la influencia que tienen los medios de comunicación locales e internacionales en la percepción de las élites políticas al respecto de la RPDC. Como puntos de contacto en el caso de Pyongyang y Brasilia, en las relaciones diplomáticas están la cooperación técnica en temas agrícolas y mineros, el apoyo en postulaciones a los grandes acontecimientos de deportes internacionales (como son los Juegos Olímpicos y el fútbol) y, por último, el idioma portugués. Pyongyang no ha logrado desarrollar un softpower similar al de Seúl y, en consecuencia, las sociedades latinoamericanas no conocen lo suficiente para generar interés por el país y por su cultura. El softpower sucoreano, con su cine, su música y comidas, ha despertado muchísimo interés en las sociedades, principalmente en las generaciones más jóvenes.
De modo que resulta inexorablemente superior la cantidad de puentes que Seúl logró construir con nuestra región en términos comparativos con los que ha logrado desarrollar Pyongyang. Es una brecha enorme y que claramente explica la presencia y la influencia de ambos actores en América Latina y el Caribe. La particularidad de los puentes con los cuales el pequeño grupo que lidera la RPDC ha encontrado formas de acercamiento con América Latina es que son instancias que facilitan consolidar la imagen de Pyongyang como una entidad política diferente a la República de Corea y al mismo tiempo contribuyen a reducir tensiones y a la supervivencia en el tiempo del país, dada la necesidad de diversificar proveedores, principalmente en materia alimenticia.
El rol que ha tenido Itamaraty como jugador en la RPDC tiene un gran valor en el escenario internacional gracias a ser un observador e interlocutor neutral. Los pocos diplomáticos que han residido en Pyongyang han tenido la habilidad de acercarse y relacionarse en los términos, temáticas y espacios en que la Cancillería norcoreana permite, mostrando un camino posible para que otras naciones construyan puentes para favorecer mayores aperturas y conocimientos no mediatizados sobre la RPDC. En este sentido, consideramos que Brasil ha acumulado un capital político que le ha permitido desarrollar confianza con las élites políticas en Pyongyang, de forma tal que lo constituye en un interlocutor bien informado y capaz de mediar ante futuros escenarios de tensiones y crisis en la península. La posición de Brasil en la península, dada la relación que ha logrado construir con ambas Coreas, no es equiparada por ningún otro país de la región. No podemos pretender que una cooperación más intensa entre Brasil y la RPDC lleve de forma lineal a una mayor apertura del país, pero sí expone a sus élites y otros sectores de la población a nuevas narrativas y tradiciones políticas y culturales, y posibilita a través de estos “puentes” o encuentros interculturales una transformación a formas políticas más abiertas para el país y su población.
En el caso de la República Argentina, se ve una herida en la relación bilateral que no ha permitido avanzar en un proceso de normalización de las relaciones diplomáticas. El período de tiempo transcurrido entre la ruptura de relaciones y la actualidad actúa como una brecha muy significativa en la percepción de las élites locales sobre Corea del Norte y entendemos que sucede lo mismo con las élites norcoreanas respecto de la Argentina. Justamente los vínculos son extremadamente limitados y no hay conocimiento real entre las partes. Además, una aproximación o reanudación en las relaciones diplomáticas entre ambos países en el contexto actual de problemas macroeconómicos y de incertidumbre acerca de la orientación externa hacia las grandes potencias (Beijing y Washington) puede generar un altísimo costo político en la Argentina, que nadie en la élite política parece estar dispuesto a pagar. Sencillamente, hoy no hay voluntad política de normalizar relaciones diplomáticas con la RPDC. En ese sentido, las tres condiciones que impone actualmente la Argentina son –muy posiblemente– una excusa para no tener que afrontar el costo político de normalizar el vínculo diplomático con Pyongyang.
La reanudación de las relaciones diplomáticas entre la República Federativa de Brasil y la República Popular Democrática de Corea ha posibilitado también toda una serie de nuevas actividades y narrativas en medios de comunicación y universidades. No obstante, en este nivel analítico, hay una importante diferencia entre las academias y el desarrollo de los estudios coreanos en la Argentina y Brasil. A pesar de las voluntades individuales, las Asociaciones, Centros y Congresos de Estudios Coreanos no han prosperado en las últimas décadas en Brasil, como sí sucedió en la Argentina, donde claramente el vínculo académico ha proliferado significativamente. Existe una oportunidad de mayor desarrollo de los Estudios Coreanos en Brasil que no está siendo fomentada ni por Brasil ni por la RPDC, y tampoco por la República de Corea.
Con esta investigación nos propusimos construir una taxonomía que explique los tipos de vínculos que se desarrollan desde la región hacia la RPDC y los casos estudiados (la Argentina y Brasil) nos dan dos categorías muy claras. La primera, países de la región que han tenido relaciones diplomáticas en algún momento de su historia con Pyongyang pero que al presente ese vínculo está extinto. Este sería el caso de la Argentina. La segunda categoría, y en la cual consideramos que Brasil fue el primer país de todo el continente que se encuadró en ella, refiere a los países que mantienen relaciones diplomáticas y sedes permanentes en ambas Coreas. La apuesta ahora es utilizar esa taxonomía para analizar la orientación de otros países de la región y si acaso es posible agregar más categorías a esta tipología en construcción. En este sentido, es clave poder avanzar con otros casos de estudio significativos, como son México y Cuba. Se trata de una nueva fase en la investigación que comenzamos a transitar en el momento en que este libro es publicado.








