Luciano Bolinaga y Alejandra Conconi
La partición del Estado coreano y el conflicto intercoreano han sido para las relaciones internacionales, la ciencia política y las ciencias sociales en general un tema constante y recurrente desde 1945. A principios del siglo xxi, el paralelo 38 se presenta como el último vestigio de la Guerra Fría en el mundo. Ciertamente, la comunidad internacional no ve en el horizonte cercano una solución para la cuestión coreana. ¿Qué relevancia tiene la cuestión coreana para América Latina y el Caribe? ¿Cuáles son las percepciones de nuestras élites políticas acerca de las relaciones intercoreanas? ¿Cómo esas percepciones han impactado en los vínculos de América Latina y el Caribe con la península coreana? Estos interrogantes son los ejes centrales del problema de investigación que nos planteamos desde el Centro de Estudios de Asia de la Escuela de Gobierno de la Universidad Austral, en un proyecto de investigación que cuenta con el apoyo de la Korea Foundation y que se titula “Building Bridges from Latin America to the Korean Peninsula: The Cases of Argentina and Brazil with the Democratic People Republic of Korea”[1].
En términos generales, América Latina no dio particular importancia a sus relaciones con Asia-Pacífico sino hasta la última década del siglo xx. Por lo tanto, la relevancia del vínculo con la Península Coreana tampoco ha sido significativa. Pensemos en que, al momento de la independencia de nuestras repúblicas, el eje mundial de poder estaba puesto en el Atlántico Europeo y que el Asia del Este[2] experimentaba una decadencia y subordinación a las potencias europeas y al creciente poder de Estados Unidos[3]. Fue en Europa y en Estados Unidos donde las repúblicas latinoamericanas –recientemente independizadas– buscaron el reconocimiento diplomático y centrar su comercio exterior. Por supuesto, el hábitat natural de sus políticas exteriores fue el continente americano, primero por cuestiones territoriales y de definición de fronteras, y luego por la expansión del comercio y la conformación de un sistema interamericano que dio progresivamente lugar a la formación de la Organización de Estados Americanos en 1948. En esa evolución, no se puede perder de vista la influencia y, en muchos momentos, hegemonía que ejerció Estados Unidos en nuestras orientaciones externas. Precisamente, muchas veces el posicionamiento político de estos países de la región terminaba subordinado a los intereses de la Casa Blanca. Siguiendo esa línea, la cuestión coreana y el posterior conflicto intercoreano implicaron un determinado posicionamiento político de parte de las repúblicas latinoamericanas que, en la lógica de la Guerra Fría, estuvo sesgado por la presión que ejercía Washington. Ni el mismo Perón y su Tercera Posición pudieron escapar a esa tendencia.
En el seno de las Naciones Unidas los países de América Latina y el Caribe debieron primero adoptar una posición frente a la invasión de Corea del Norte a Corea del Sur en julio de 1950. Posteriormente, también debieron decidir si apoyarían el ingreso de las dos Coreas al organismo internacional en 1990. Y en medio de esos dos acontecimientos –y por fuera del ámbito multilateral– se fue gestando el establecimiento de relaciones diplomáticas con los Estados coreanos. Primero, con la República de Corea. Pero en 1959, con la Revolución cubana y la llegada al poder de Fidel Castro se gestó el primer acercamiento entre un país latinoamericano y la República Popular Democrática de Corea. Cabe destacar que Cuba es el único país de la región que no reconoce a la República de Corea y que ha mantenido de forma ininterrumpida sus relaciones diplomáticas con el gobierno de Pyongyang desde 1960 hasta el presente.
Ya en la década de los 70, con posterioridad al encuentro entre Mao y Nixon y como consecuencia de esa apertura política e ideológica, otros gobiernos de la región establecieron relaciones diplomáticas con Pyongyang. Salvador Allende en Chile y Juan Domingo Perón en la Argentina fueron los casos más simbólicos y representativos del proceso de acercamiento al gobierno norcoreano, pero en ambos casos la ruptura fue inexorable cuando se produjeron los quiebres de los regímenes democráticos de esos países y la conformación de gobiernos militares.
Simultáneamente, a medida que se deterioraban los vínculos oficiales entre la RPDC y los países de América Latina y el Caribe comenzaron a fortalecerse aquellos no oficiales, y cobraron un particular interés los que se desarrollaron entre el gobierno de Pyongyang y las organizaciones armadas y guerrillas en la región. Esto ha sido constatado en el caso de México, Nicaragua, Argentina y Chile principalmente, donde estos diferentes grupos armados buscaban en Pyongyang una escuela de entrenamiento militar guerrillero.
Ya en la década de 1990 y principios del siglo xxi el ingreso de ambos Estados coreanos a Naciones Unidas, sumado al desarrollo de la llamada Sunshine Policy del presidente Kim Dae Jung, facilitó el acercamiento entre países de la región y el gobierno de Pyongyang. Por ejemplo, Chile restableció relaciones diplomáticas con la RPDC en 1990. En sentido estricto, la mayoría de los países que se acercaron al gobierno de Pyongyang en esta etapa fueron países de Centro América y el Caribe que podemos tipificar como potencias pequeñas. El caso más relevante por su condición de potencia media fue Brasil, que estableció relaciones diplomáticas con la RPDC en el año 2001 y abrió su embajada en este país en 2008.
Avanzando en el tiempo, para llegar a nuestro recorte temporal de la investigación resulta legítimo preguntarnos: ¿cuáles son los países de América Latina que mantienen relaciones diplomáticas con Pyongyang en la actualidad? La respuesta es: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Dominica, Guatemala, Guyana, Jamaica, México, Nicaragua, Perú, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y Granadinas, Santa Lucía, Surinam, Trinidad y Tobago, Togo y Venezuela. Ahora bien, cabe destacar que solo Cuba, Brasil y Venezuela tienen representaciones permanentes acreditadas en territorio de la RPDC. Y, en términos de política internacional, no podemos dejar de observar que las únicas potencias de la región que mantienen relaciones oficiales con el gobierno de Pyongyang son México y Brasil.
En este punto es importante destacar que el gobierno de Pyongyang tampoco ha dado prioridad a sus vínculos con América Latina y esto tiene dos grandes fundamentos. En primer lugar, la estructura de su Ministerio de Relaciones Internacionales incorpora en una misma división a América Latina, África y a la denominada por ellos “Región Árabe”. En segundo lugar, la RPDC solo tiene cinco embajadas acreditadas en la región: Cuba, México, Brasil, Venezuela y Perú.
Resulta interesante destacar que los estudios de los vínculos entre la RPDC y América Latina y el Caribe pueden ser abordados desde dos aristas. Por un lado, centrados en las relaciones oficiales. Es decir, de gobierno a gobierno. Y por otro, en las relaciones no oficiales. Este segundo nivel pone el acento en múltiples actores como organizaciones no gubernamentales, partidos políticos, grupos guerrilleros y agrupaciones armadas, entre otros.
La investigación que se plasma en este primer libro se focaliza específicamente en las relaciones oficiales. La metodología adoptada responde al tipo cualitativo, en tanto buscamos conocer y comprender las percepciones de los diferentes actores que forman parte de las élites políticas de nuestra región y a partir de esas percepciones poder identificar los tipos de vínculos que han existido y que existen hoy entre el gobierno de Pyongyang y los gobiernos de América Latina y el Caribe. Un instrumento central del estudio fue el análisis de casos, ya que nos permitía proyectar la investigación en términos más amplios que un programa de investigación. De este modo, la primera fase tomó como casos de estudio a la Argentina y a Brasil. Y hemos ya definido la segunda fase, cuyo inicio coincide con la publicación de este libro, centrándose en los casos de Cuba y México. Finalmente, la tercera fase tiene previsto tomar los casos de Chile, Perú y Venezuela. La selección de los casos ha tenido como principales fundamentos tomar los países más representativos de las relaciones oficiales y que se proyectan –al mismo tiempo– como actores centrales para construir puentes entre América Latina y la península coreana. Si bien el recorte temporal del estudio busca comprender la actual percepción de las élites latinoamericanas, resulta vital recorrer el proceso histórico que enmarca la relación bilateral entre la República Popular Democrática de Corea y los casos en estudio.
A efectos de definir la muestra de estudio fue necesario determinar cuáles son los sectores y actores más representativos de las élites políticas en cada caso. Se consideró pertinente tomar funcionarios, académicos y empresarios y se recolectó información por medio de entrevistas abiertas y en profundidad y, en algunos casos, cuestionarios con preguntas cerradas y abiertas. También se realizaron entrevistas a expertos tanto de Corea del Norte como de Corea del Sur. Además, también trabajamos con el archivo diplomático y un análisis exhaustivo de los estudios previamente realizados sobre los vínculos de la RPDC con la Argentina y Brasil. Siendo que no se trabajó con una metodología cuantitativa, no se testeó ninguna hipótesis, sino que esta se fue construyendo sobre la marcha por medio de la información recolectada, que hemos decidido presentar en la conclusión de esta primera fase de investigación.
Esta investigación no podría haberse desarrollado sin el apoyo de una serie de personas e instituciones a las cuales queremos agradecer y destacar en un sincero reconocimiento. Desde lo institucional queremos agradecer en primer lugar el apoyo y la confianza que nos ha brindado la Korea Foundation, agradecemos a su presidente, el Dr. Guen Lee, y nuestro enlace permanente, la señorita Hyeunjoo Lee, del Global Networking Department. El financiamiento para el desarrollo de la investigación ha sido crucial, pero también queremos agradecer porque simultáneamente fuimos seleccionados como Universidad para ser receptores de un espacio concreto que promueve la cultura y los estudios coreanos y así pudimos construir el “Rincón Coreano”, localizado en nuestro Campus Universitario de Pilar, que se plasmó en dos salas que simbolizan un puente entre ambas naciones. Por eso, fueron bautizadas “Sala Insadong” y “Sala San Telmo”. En ese sentido, extendemos también el agradecimiento al Sr. embajador Jang Myung-soo y al director de Diplomacia Pública, el Sr. Juwon Lee, de la Embajada de la República de Corea, por haber apoyado la puesta en marcha del “Rincón Coreano”.
En segundo lugar, nuestro profundo agradecimiento a la Escuela de Gobierno de la Universidad Austral y, en particular, a su director, el Dr. Alfonso Santiago, quien siempre alentó y motivó con su excelencia académica nuestra labor en el día a día. Este estudio que presentamos a continuación le da fuerza al compromiso asumido desde 2015 por el Centro de Estudios de Asia (CELPEA) para desarrollar conocimiento científico y generar debates y discusiones indispensables para pensar y desarrollar políticas públicas desde la República Argentina hacia esa región del mundo.
El proceso cognoscitivo que presentamos a lo largo de este libro se enriqueció gracias al intercambio de ideas, charlas y debates con profesionales y colegas a quienes les estamos muy agradecidos por sus intervenciones. En primer lugar, queremos agradecer muy especialmente al Sr. Alejandro Caos de Benós, delegado especial del Comité de la RPDC para Relaciones Culturales con Gobiernos del Exterior, por el tiempo que nos brindó tanto durante la entrevista realizada como acompañándonos durante el simposio que realizamos en diciembre de 2021, en el cual pudimos presentar algunos resultados preliminares de la investigación. También queremos reconocer y agradecer los comentarios y sugerencias que nos aportó nuestro estimado colega de Brasil, el Dr. Gilmar Maicero, director del Departamento de Estudios de Asia-Pacífico de la Universidad de San Pablo. Muy importantes también han sido los intercambios que pudimos mantener con: el ministro Jorge Taiana; el exministro Hernán Lombardi; el exembajador argentino en la República Popular de China Diego Guelar; el empresario Sergio Spadone; el Dr. Máximo Badaró, el Dr. Pablo Semán, el delegado Conrado Conci de la Asociación de Amistad de Corea en Argentina; la ministra María Alejandra Vlek (directora de la Dirección de Asia y Oceanía del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto) y del ministro Thiago Melamed de Menezes (jefe de la División de Japón y la Península Coreana del Palacio de Itamaraty). Cabe mencionar y agradecer también al Mgter. Francisco Taiana y a nuestros dos colegas de la Asociación Argentina de Estudios Coreanos, los licenciados Luciano Lanare y Dante Anderson, quienes nos enriquecieron con sus comentarios y compartieron generosamente avances de sus investigaciones vinculadas a nuestro tema de investigación. Fue muy relevante el testimonio de Cleyton Schenkel, exencargado de Negocios de Brasil en Pyongyang a través de su libro de análisis y relatos de sus dos años como diplomático, por ser tal vez la fuente más seria y en profundidad que existe con mirada latinoamericana en este territorio. También agradecemos a otros colegas de Brasil como Claudio Fernández; Silvio Caccia Bava, de Le Monde Diplomatique Brasil; el sociólogo y miembro del PCdoB Lejeune Mirhan; el exdiputado de Río Grande do Sul Raúl Carrión; Juliana De Paiva Oliviera; el periodista Marcos Magalhaes; Lejeune Mirhan y otros que prefieren no ser mencionados.
Durante el desarrollo de esta investigación contamos con la importante participación de una graduada y dos alumnas de la carrera de Relaciones Internacionales: la licenciada Verónica Ortiz y las alumnas Azul van Marrewijk y Abril Guadalupe Trankels. Su rol como asistentes de investigación en el Centro de Estudios de Asia refuerza el compromiso de nuestra casa de altos estudios con la formación de profesionales al servicio de nuestro país en el área específica de la investigación científica. Ellas han desarrollado una importante labor en la búsqueda de información bibliográfica, documental y periodística, como así también han contribuido a promover los estudios coreanos entre sus pares por medio de su participación como expositoras en el último Congreso Nacional de Estudios Coreanos celebrado en nuestro país durante el año 2021.
A continuación, los invitamos a adentrarse en los resultados de nuestra investigación. Podrán constatar en las páginas de este libro que la República Popular Democrática de Corea busca aproximarse a América Latina y el Caribe desde hace más de 70 años y que ese proceso no ha sido continuo. Las idas y vueltas de este proceso no lineal vienen de la mano de factores internos de nuestros países, así como también por condicionantes sistémicos externos. Precisamente, estos factores son los que nos permiten reconstruir el pasado de los vínculos de la RPDC con las élites de la región, comprender la naturaleza del vínculo presente e intentar, si acaso es posible, esbozar líneas para pensar en clave estratégica escenarios posibles en la relación bilateral, pero también para considerar cómo se enmarca y evoluciona la posición de América Latina sobre la cuestión coreana. Esperamos que este libro sea una contribución más para construir puentes que acerquen a ambas regiones en procesos que sean sostenibles, respetuosos de la diversidad y que fomenten la cooperación y la paz duradera en la península coreana.
Campus Pilar, 2 de marzo de 2022
Universidad Austral, Escuela de Gobierno,
Centro de Estudios de Asia
- “Construyendo puentes entre América Latina y la Península Coreana: los casos de Argentina y Brasil con la República Popular Democrática de Corea”. Ref. 1024000-2026.↵
- Al referirnos al “este asiático” o “Asia del Este” nos referimos a una subregión del continente asiático que se conforma por dos subsistemas: el “Sudeste Asiático” (Vietnam, Camboya, Laos, Tailandia, Malasia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Timor Oriental y Myanmar) y el “Nordeste Asiático” (Japón, las dos Coreas, China, Mongolia, Rusia). El concepto de Asia-Pacífico proliferó en la última década del siglo xx y no tiene una connotación más económica y política que geográfica dado que sus fronteras son poco claras; en rigor, debería incorporar tanto a países de Asia del Este, América del Norte y Oceanía como también a Estados de América Latina con costas sobre el océano Pacífico.↵
- China iniciaba en 1842 lo que se conocería como el “siglo de los tratados”; Japón, forzado por Estados Unidos, se abre al exterior desde 1854 y la península coreana (que venía siendo un “Estado tapón” entre las dos potencias asiáticas) terminaría siendo una colonia japonesa entre 1911 y 1945.↵









Reseña de Construyendo puentes entre América Latina y la península coreana publicada en la Revista Política Austral:
https://ojs.austral.edu.ar/index.php/revistapoliticaaustral/article/view/918/1102