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Comunidad, territorio y lazo social

Alfredo Carballeda

La idea para el encuentro de hoy es trabajar algunos conceptos que habíamos conversado con la organización del curso. Estos tienen que ver con vulnerabilidad, comunidad, territorio y lazo social desde una perspectiva interventiva. Me parece importante empezar contextualizando la cuestión; es decir, no podemos pensar los consumos problemáticos sin pensar los escenarios de intervención, y creo que la vía de entrada, en mi opinión, tal vez más operativa, es pensar el escenario desde lo macrosocial. O sea, preguntarnos qué está pasando en la sociedad. Tenemos algunas características bastante singulares en este momento, pero también ¿cómo eso que está ocurriendo en la sociedad se territorializa?, ¿cómo vuelve a resignificarse o resemantizarse a nivel del territorio?, es decir, determinadas circunstancias tienen ciertas características en un barrio, ciertas otras características en otro barrio; y creo que tenemos que buscar la forma de leer esas características especiales que cada territorio tiene, pero aplicando nociones y conceptos que nos sean útiles como para poder ampliar la capacidad de mirada.

El concepto de “vulnerabilidad”, que ahora vamos a trabajar, puede ser un poco aburrido, pero es útil. Cuando digo “vulnerabilidad” desde el punto de vista social, el tema está definido ya por Naciones Unidas, por muchos organismos internacionales, pero también creo que no alcanza esa definición, sino que hay que darle un carácter situado, o sea, vinculado con el territorio, pero también emparentado con nuestra realidad regional y latinoamericana.

Si miramos los escenarios actuales de intervención, a cualquiera que esté haciendo un trabajo territorial en este momento, lo primero que le surge es la cuestión de la desigualdad; y la desigualdad no solamente es un dato estadístico, sino que es un dato que marca las relaciones sociales, que impregna los lazos sociales, que se construye desde la violencia, que genera situaciones de conflictividad y genera una idea de no futuro, diría yo, de incertidumbre con respecto al futuro. Entonces, si nos quedamos ahí, ya tendríamos dos temas para trabajar desde el punto de vista interventivo, las violencias y la construcción de futuro colectivamente. O sea, no construir futuro desde la individualidad de cada una y cada uno de nosotros. Porque ahí estaríamos en el terreno complejo de la meritocracia, y ya sabemos cómo nos fue con el “Sí se puede”, y cómo nos puede ir si esto se profundiza. Pero creo que la salida es colectiva, y que la posibilidad de construcción de futuro es a partir de lo colectivo. Eso implica, en principio, una recuperación de lazos sociales, tema que vamos a trabajar después, desde un punto de vista más conceptual.

El primer punto pasa por la desigualdad. La desigualdad no es solamente un tema estadístico; no es un tema que tiene que ver con las características fácticas, o concretas, o cuantitativas de una población; sino que también se inscribe subjetivamente, se padece en dos aspectos: objetiva y subjetivamente. Esa desigualdad va a traer otro elemento, que es también para trabajar la fragmentación social. Vivimos en una sociedad fuertemente fragmentada, yo diría, un mundo que está fuertemente fragmentado. Pero, si miramos nuestra sociedad a partir de nuestra realidad, desde una perspectiva situada, vamos a ver formas más cercanas de fragmentación, más parecidas a nuestras características como sociedad.

Ahí es donde nos interesa trabajar el concepto de “lazo social”. Porque, si uno dice “fragmentación social”, uno se puede preguntar qué es lo que se fragmenta, y yo diría que lo que se fragmentan son los lazos sociales. Entonces, hay otro tema de intervención. ¿Cómo recuperar ese lazo social perdido? ¿Cómo recuperar sociabilidad? ¿Qué me va a llevar de vuelta a la construcción de lo colectivo? Entonces, no se trata de trabajar en el uno a uno el tema de lazo social, sino de cómo pensar instancias que recuperen la socialización a partir de que la fragmentación social no solamente tiene que ver con el lazo, sino también con las instituciones, y las instituciones están fragmentadas, y hace décadas que vienen siendo fragmentadas. A partir de la última dictadura cívico-militar, se fragmentó nuestro Estado, se desfinanció, se lo deslegitimó; así, cada parte, producto de esa fragmentación, construyó su propia lógica administrativa, de comprensión y explicación y fundamentalmente de intervención social.

En ese sentido, lo que ocurre, desde nuestro punto de vista, es que cada institución pierde capacidades de socialización, capacidad de encuentro con la otredad, capacidad de generar identidad y capacidad de generar pertenencia. Se encuentra alejada, separada dentro de su sector, y más aún por fuera de este. Entonces, analizamos estas cuestiones desde un punto de vista interventivo y territorial, tendríamos que pensar dispositivos que se complementen con los que tenemos aún sobreviviendo, las esferas estatales, como puede ser la escuela, por ejemplo, el centro de salud, etcétera. Es decir que fundamentalmente reintegren lógicas, estrategias y perspectivas. Eso es inespecífico, eso tiene que ver con lo inespecífico, incluso yo diría con lo específico en este contexto y en esta actualidad, en este momento. En otras palabras, no se trata de que el territorio sea penetrado por las instituciones, sino todo lo contrario; que el territorio las incluya, las absorba y las cargue de sentido.

Por otro lado, esa desigualdad y esa fragmentación social lo que traen es una falta de certeza, una fuerte incertidumbre, que hoy está muy marcada.

La incertidumbre también es un tema para trabajar, porque dialoga con los consumos problemáticos, y con otros problemas sociales; por eso nosotros ubicamos los consumos problemáticos como problemáticas sociales complejas. ¿Qué queremos decir con esto? Rápidamente, es que cuando estamos trabajando en un CPA, por ejemplo, un dispositivo de la Sedronar o una institución vinculada con este tema, no estamos solamente trabajando con consumos problemáticos, estamos trabajando tal vez con problemas de alimentación, con problemas familiares, con problemas de vivienda. Ahí es importante la mirada hacia la singularidad, y también la mirada interdisciplinaria entre lo social y lo psicológico. O sea, no puede haber una hegemonía de una sola mirada, sino que es necesario el diálogo de distintas miradas, e incluso diría que ya no nos está alcanzando para estas problemáticas, o que tienen que ver con estos escenarios tan confusos o difíciles, ya no nos están alcanzando los saberes que aprendemos en las universidades o las especializaciones. Yo creo que tenemos que salir a buscar a quién sabe, a veces una abuela o una madre nos puede enseñar cómo manejarnos en determinadas circunstancias, pero no al estilo de la OPS, el estilo de “Formemos agentes de salud que trabajen para nosotros”, sino nosotros trabajar para ellas; por decirlo de alguna manera, invertir en la cuestión de dónde está el saber, dónde está el conocimiento. Por ahí es muy extremo decir “Nosotros trabajamos para ellas”, pero sí decir “Todos formamos parte, y todos formamos parte de un mismo equipo, y todos tenemos el mismo lugar, y la misma capacidad de conocimiento en ese equipo”. Eso también es lo inespecífico, y, cuando uno lo ve esto en la práctica, funciona. No es una cuestión de decir “Teóricamente se me ocurrió que podría ser tal cosa”, sino que lo que yo estoy relatando tiene que ver con cómo ante la no llegada territorial, por ejemplo, se empieza a pensar desde un equipo cómo llegar; y de repente alguien dice “Pero hablémosles a las abuelas”, a las abuelas del barrio, me refiero; y eso funciona, pero solo en este barrio, y no en el barrio de enfrente.

Entonces, de ahí la importancia de conocer el territorio, de no solamente conocerlo desde el punto de vista cuantitativo, cuántos habitantes hay, los niveles de pobreza, que es muy importante; pero también encontrar el sentido común que existe en ese barrio, y la representación social con respecto al problema que existe en ese barrio. ¿Cómo se comprende y se explica el fenómeno de los consumos problemáticos en ese lugar donde estoy trabajando? Tal vez nos llevemos la impresión, o la noticia, de que, en ese lugar o en ese barrio, se entiende de manera diferente a como lo entendemos nosotros.

Esto también es un tema de intervención: ¿cómo generamos un diálogo? No se trata de decir “Nosotros sabemos más y usted no sabe”, porque volveríamos al mismo esquema que se nos impuso y se nos sigue imponiendo con mucha persistencia.

Por otro lado, esta idea de incertidumbre, que planteamos recién, se relaciona asimismo con una idea de un futuro colapsado que atraviesa a toda la sociedad, pero también a distintos grupos sociales, en el sentido de que el futuro se pone complejo, de diversas maneras: ¿cuándo voy a poder sostener el alquiler?, ¿cuándo voy a sostener el alimento?, ¿cuándo voy a sostener el trabajo? Pero el futuro también a nivel bien macrosocial se pone en cuestión, cuando vemos que hay un tremendo cambio climático, o cuando hay un mundo que está en guerra; porque también subjetivamente nos atraviesan esas situaciones extremas; por eso, por enterarme de que hay un mundo que está empezando a entrar en una guerra, y no saber cómo va a terminar, conociendo la existencia y los daños de las armas nucleares, por ejemplo, sabemos que hay una posibilidad remota de que esto exista, pero implica una forma de posibilidad de colapso.

Por otro lado, algunas cuestiones concretas más estadísticas, si quieren. La desigualdad implica, por ejemplo, que el 10 % más rico del planeta se apropió del 76 % de la riqueza durante la pandemia. O sea que la desigualdad se supera, se acrecentó; en este contexto, en este momento, somos mucho más desiguales que antes; y eso se inscribe en la subjetividad; y eso genera una forma de padecimiento; y eso también invita a que, cuando miramos la desigualdad, no miremos solamente la pobreza, sino además cómo se acumula la riqueza. Porque, en esa acumulación de riqueza, podemos encontrar algunas respuestas acerca de esa desigualdad.

Ustedes dirán: “¿Qué tendrá que ver esto con los consumos problemáticos?”. Yo creo que tiene mucho que ver, en el sentido de los efectos colaterales que esto genera. Decía también, desde el punto de vista estadístico, que hay una tendencia mundial –que se da asimismo en nuestro país– que es una tendencia a la urbanización. Se calcula que en el 2030 el 70 % de la población del planeta va a estar viviendo en ciudades. Lo que implica formas de vida mucho más complejas, es decir, ya estamos viviendo en ciudades, pero se va a acrecentar la cantidad de personas que viven en las ciudades. Lo que trae como consecuencia una reducción de los espacios de encuentro y también involucra una reducción de los espacios públicos. Sumado a una serie de complejidades con respecto al acceso de los recursos más concretos, como el agua, por ejemplo, las cloacas, etc.; y esto genera algo que implica un diálogo con el mundo, que es la aparición de nuevos padecimientos, nuevas formas de dolor, nuevas formas de sufrimiento que se caracterizan, en mi opinión, por los rasgos que comenzamos a visualizar en el siglo xxi, estos 23 años, que se van preparando en los noventa, pero que aparecen en el siglo xxi. Por ejemplo, cómo vivimos en una sociedad que está fuertemente atravesada por la corporalidad, el cuidado del cuerpo. La idea de que hay cuerpos que son aceptados y cuerpos que no son aceptados; la idea de que determinada corporalidad me va a permitir conseguir trabajo y determinada corporalidad no va a permitírmelo, o la pertenencia a cierto territorio me va a facilitar el acceso al empleo y, contrariamente, la pertenencia a cierto territorio no me va a permitir conseguir trabajo o construir una vida.

Si lo analizamos desde lo territorial, me voy a encontrar con fenómenos que ya veníamos viendo desde antes, que son fenómenos de diversificación, donde, si antes teníamos un solo barrio, hoy tenemos uno, dos, tres, cuatro, y cada porción de ese barrio está en competencia con la otra, en cuanto a cómo se comprenden y explican los problemas, incluso en cuanto a cómo se accede a los servicios sociales, a los servicios de las políticas públicas, por ejemplo.

Estos son datos que tienen que ver con nuevos padecimientos vinculados con el contexto, hablábamos de la nueva corporalidad, donde también aparece un terror al envejecimiento, eso que yo creo que es transversal no tiene que ver con sectores sociales, fundamentalmente con el mandato de siempre estar bien. O sea, llegar al trabajo y, ante la pregunta de cómo uno está, inevitablemente la respuesta será “Bien”, no se puede estar mal. Entonces voy a recurrir a algún medicamento para estar bien, o sea, me duele la cabeza, voy a tomar algún medicamento que me permita sostener esa sonrisa, si quieren falsa, de que estamos todos bien y que todos felices trabajamos en el mismo lugar.

Un elemento más marcaría ahí, que es la cuestión de la otredad, el otro como enemigo. Es decir, cómo uno enciende la televisión y se encuentra con programas que fortalecen la idea de que el otro es un enemigo, porque el otro me va a robar, el otro me va a agredir, matar. De esta forma, se mercantilizan la desigualdad y la violencia urbana. Simplemente, en la búsqueda de más puntos de rating, mostrando cómo la gente se pelea, o generando de alguna manera que esto ocurra: “Están quemando la casa del violador”, “Están asaltando”. No se trata de afirmar que algunos medios de comunicación generan estas cuestiones, simplemente reflexionar sobre cómo muchas veces instalan desde diferentes modalidades narrativas una expresión de temor a la otredad. Así también se hacen más complejos los temas relacionados con el lazo social, la integración, el encuentro, lo colectivo, en cuanto este otro compite por la sobrevivencia. Por ejemplo: en ver quién llega o quién continúa en el trabajo el mes que viene. Aparece, de este modo, una especie de ajenidad que va a generar una situación de individualidad suprema, importante, tal vez, también acompañada por una fuerte angustia.

Estos son, en líneas generales, algunos temas que planteábamos como padecimientos que dialogan con los consumos problemáticos y con las problemáticas sociales complejas. Otro elemento para tener en cuenta es el de la meritocracia, que logra dividir el mundo entre ganadores y perdedores, donde los perdedores son perdedores por su culpa y los ganadores son ganadores por su propia habilidad o capacidad. O sea que un supermillonario lo es porque es hábil, y una persona que está en extrema pobreza posee esa condición porque no supo salir de ella.

Ahí es donde se juega el tema de igualdad de posiciones, la igualdad de oportunidades. Un autor francés (Françoise Dubet) plantea que hay que superar la idea de la igualdad de oportunidades por la igualdad de posiciones, o sea, con igualdad de oportunidades no alcanza, necesitamos que el Estado, por ejemplo, iguale posiciones, que la universidad pública iguale posiciones, el hospital público, los subsidios, porque no todos nacemos con el mismo nivel socioeconómico y no todos nos vamos a desarrollar de esa manera. Eso también marca un poco la característica de la Argentina, de nuestro país, en el sentido de que, si lo miro en clave de América Latina, es el país que más desarrolló la igualdad de oportunidades y la igualdad de posiciones. Especialmente a partir de 1943, lo que, técnicamente, sociológicamente, se llama “primer peronismo”, que aplica los derechos sociales; cosa que hoy, en un contexto donde la desigualdad se intenta explicar a través de la meritocracia, está mal visto, tiene poca divulgación.

Si pensamos dispositivos de intervención territorial vinculados con los consumos problemáticos, también desde allí estamos igualando posiciones, porque estamos haciendo o construyendo accesibilidad a formas de asistencia, pero, si no las tenemos otorgadas o dadas por la construcción del Estado, vamos a tener que recurrir inevitablemente al sector privado. Lo mismo pasa en el campo de la salud mental.

Mi experiencia en salud mental tiene mucho que ver con el hospital Torcuato de Alvear. Un hospital se hace muy fuerte en el primer peronismo. A partir de que hay un Estado que va a ser fundamentalmente garante de un fuerte sistema de protección social. A partir de la política de la fundación Eva Perón, y de la política de Ramón Carrillo, articulada en el campo de la salud y la acción social.

Lo vamos hablando un poco contextualizadamente, fíjense en la palabra “vulnerabilidad”. ¿Qué significa? “Vulnerabilidad” deriva de vulnos, que significa ‘herida, ‘lastimadura’, ‘alguien que está lastimado’, ‘alguien que está herido’, ‘alguien que está vulnerable; y fíjense cuántos heridos sociales tenemos hoy en Argentina, cuánta población vulnerable tenemos; y cuántas heridas tenemos los que se supone que no tenemos heridas. Entonces, si pensamos la vulnerabilidad desde un punto de vista social, considero que hay una sociedad lastimada. El hospital Alvear incluso competía con cualquier clínica privada en la década de los 90; hoy, después de más de 16 años de un gobierno de extrema derecha, está fuertemente deteriorado, lo que muestra que las propuestas neoliberales traen un fuerte deterioro de lo público, y este deterioro de lo público lo que hace es que empecemos a despreciarlo, decir “Lo público no sirve”; si le quitamos presupuesto a una facultad, no va a tener luz, va a tener dificultades para tener conectividad, problemas edilicios, de infraestructura, de personal, y entonces empezamos como sociedad a verla como inservible. ¿Por qué la universidad pública no sirve? Porque le falta eso, le falta aquello; pero alguien cortó ese presupuesto, y fíjense que lo único que se está proponiendo es cortar con la universidad pública. Mientras que, por ahora, tenemos el orgullo de ser a nivel mundial un país que tiene la universidad pública y gratuita. No todos los países tienen esa posibilidad. En Chile, por ejemplo, la universidad es fundamentalmente privada, y poder acceder va a tener que ver con la capacidad de dinero que tengo en mi bolsillo, y la capacidad de dinero que tengo en mi bolsillo va a tener que ver con mis ingresos. Creo que, si lo planteamos del punto de vista más del tema del cual estamos hablando, sí dialogan con los padecimientos y sí dialogan con los consumos problemáticos.

Esto sería como una pequeña presentación de cómo contextualizamos el problema y trabajaremos algunos conceptos.

Uno de ellos es el de vulnerabilidad, que me parece interesante, porque, cuando se empezó a aplicar la Ley de Salud Mental, yo en este momento trabajaba en el hospital Alvear, como trabajador social de guardia, y la Ley de Salud Mental ustedes saben que una de las cosas que plantea es que no alcanza con la firma de un psiquiatra para internar a una persona, tiene que haber un acuerdo del equipo interdisciplinario que está evaluando esa persona, sea la internación voluntaria o involuntaria. Aprovecho para ratificar que existe la internación involuntaria, cosa que los medios y muchas personas parece que olvidan que existe. Desde ahí yo como trabajador social decidía, junto con el equipo, si una persona debía ser internada o no, la cuestión es cómo se justifica la internación socialmente, porque la psiquiatría es muy fácil, porque viene de siglos de justificación de internaciones a partir de categorías de psicopatología que ya están fuertemente armadas. Entonces, una de las categorías que empezamos a trabajar cuando había que decidir internaciones o externaciones era la de vulnerabilidad. Si profundizamos el estudio de la categoría vulnerabilidad social, explico un poco por qué trabajamos este concepto, y básicamente la categoría de vulnerabilidad social se vincula, si vamos a lo macro, con el sistema de protección social. El sistema de protección social podemos decir que es un conjunto de dispositivos, instituciones, que están orientados a eliminar o reducir los riesgos de las personas que habitan una sociedad. O sea, sistema de protección social es un centro de salud, sistema de protección social es un dispositivo de Sedronar, sistema de protección social es un CPA, sistema de protección social es un centro de salud mental comunitaria, un dispositivo de cuidado de la niñez; incluso podemos incluir dentro de los sistemas de protección social todo lo que es –y que dio muchas señales en la pandemia–el sistema de cobertura social sindical, que también forma parte del cuidado de los trabajadores; aunque uno podría decir que lo ideal sería tener un sistema único de salud, pero esas son discusiones de la salud pública.

Soy más vulnerable en la medida en que el sistema de protección social no funcione, o soy más vulnerable en la medida en que el sistema de protección social se desmantele. La vulnerabilidad social ya no es un problema mío solamente, yo lo estoy padeciendo, pero depende fuertemente del sistema de protección social que existe en la sociedad, en el país que estoy habitando. Entonces, ya podríamos hacer una primera correlación vulnerabilidad-sistema de protección social, y quienes tengan experiencia de trabajo interventivo saben que siempre estamos trabajando con problemáticas sociales complejas. Como decíamos antes, podemos estar trabajando con alguien que tiene consumos problemáticos, pero también puede tener problemas de alimentación, de vivienda. Sin embargo, en este diálogo que implica –y el proceso que implica– la intervención en lo social que todos hacemos, no hace falta ser trabajador social para hacer intervención en lo social; en esa intervención en lo social también, si alguien ha trabajado en eso, en lo que se está pensando es en qué apoyo pudo obtener del sistema de protección social frente a esta demanda que estoy escuchando. Una madre viene y plantea “Tengo un problema de consumos problemáticos vinculados con mi hijo”, por ejemplo, la vamos a escuchar, vamos a tratar de entenderla desde una perspectiva global, de situarla, de comprender lo que está pasando en el territorio; pero también inmediatamente nos preguntamos, en ese mismo momento, si alcanza el dispositivo donde estamos atendiendo para el problema que esta persona está planteando. ¿Necesito otro? ¿Necesito articular el que tengo con otro? Entonces, cuanto menos sistema de protección social tengo, más vulnerable se hace mi intervención, más floja se hace mi intervención, y más vulnerable se hace la persona que atraviesa ese proceso de intervención.

Entonces, básicamente pensamos vulnerabilidad social vinculada al sistema de protección social, y el sistema de protección social no tiene que ver solamente con proteger la emergencia, o proteger esta demanda que yo acabo de escribir como ejemplo; sino que el sistema de protección social apunta al futuro, apunta a vivir mejor; no solamente actúa en la urgencia, es decir, si yo pienso en una obra social sindical que tiene hoteles de vacaciones, eso también es sistema de protección social, y, si esa obra social sindical me facilita el acceso a eventos que tengan que ver con lo cultural, eso también es sistema de protección social, tiene protección social. No tiene que ver solamente con el problema, también soy vulnerable si no tengo la capacidad, o la posibilidad de descanso, de derecho, de derecho de vacaciones, de derecho de acceso al tema del ocio. Estamos tratando de relacionar el concepto de “vulnerabilidad social” con el concepto de este sistema de protección social, y la responsabilidad de garantizar el sistema de protección social recae siempre en el Estado. En un Estado débil, no puede haber sistema de protección social, es decir, si nosotros pensamos la década de los 90, lo que más se deteriora es el sistema de protección social. Incluso si lo pensamos a nivel de las obras sociales sindicales, se reduce todo lo del ocio, es lo primero que se corta; porque hay que sostener la parte de asistencia, en la cobertura social, de asistencia médica; por eso la resistencia de la salud.

Entonces, se empieza a deteriorar, en contextos de desigualdad donde me están proponiendo algunas personas reducir lo que se llama “gasto público”, ¿qué implicaría menor protección social? Pero este “gasto público” no solamente implica menor protección social, sino también menor salario. O sea que voy a tener más problemas sociales, y menos capacidad de resolverlos.

Eso es interesante también, cómo se juegan las palabras, cómo entendemos lo público, se lo nombró como gasto, y, si lo menciono como inversión, eso puede ser redundante. Seguramente lo escucharon, pero me parece importante remarcar por qué uno puede decir que la Sedronar hace un gasto público muy fuerte a partir de los más de 800 dispositivos, mucha gente dirá que es el gasto público, y en realidad es una fuerte inversión en el cuidado de la sociedad. Porque, en definitiva, ¿para qué hacemos lo que hacemos? Yo creo que esa es la pregunta más importante para hacerse. Cuando uno dice “Soy operador”, “Soy trabajador social”, “Soy psicólogo”, “Soy médico”, “Soy maestro”, ¿para qué hace lo que hace? Si soy maestro, mi fin último es la educación. No. Mi fin último es cuidar la sociedad, mi fin último es integrar la sociedad. El fin último del médico no es curar, obviamente hay que curar, pero, después de hacerlo, el sentido de esa cura tiene que ver con cuidar a toda la sociedad.

La pandemia nos enseñó –si es que aprendimos algo de la pandemia– para qué sirve la vacunación. No sirve solamente para cuidarme a mí mismo, sirve para cuidar a toda la sociedad. Pero había que recuperarlo a partir de décadas donde se nos decía que nos cuidemos a nosotros mismos y no cuidemos a los otros. Entonces estamos planteando la idea de quién garantiza el sistema de protección social, y no hay otro garante que no sea el Estado, porque no podemos dejar el sistema de protección social en manos del mercado; porque va a tener que ver con la capacidad de dinero que tenemos en nuestros bolsillos. Incluso, en el experimento de los 90, cuando se planteó todo lo que ya conocemos en Argentina, a partir de políticas impuestas por organismos internacionales, se dijo “El Estado puede ser reemplazado por la sociedad civil”. Entonces apareció una enorme cantidad de ONG que iban a hacer el papel que hizo el Estado. ¿Qué pasó? No resolvieron, e incluso muchas ONG eran financiadas por el Estado y se financiaban con deuda externa. Por lo tanto, hay que revisar eso.

Disculpen si es muy político lo que estoy diciendo, muy económico, pero creo que hace falta darnos esta discusión. ¿De qué hablo cuando hablo de vulnerabilidad? Y ¿de qué hablo cuando hablo del sistema de protección social? Y ¿por qué el sistema de protección social tiene que ser estatal? Vuelvo al pasado y estamos en Argentina; y en Argentina tenemos una fuerte tradición del sistema de protección social estatal. Diría a partir el primer peronismo, pero también hay antecedentes e ideas anteriores, y propuestas previas, en menor grado, y esa herida implica vulnerabilidad, e implica ya una necesidad de acompañamiento, una necesidad de cobijo, una necesidad de estar junto a una otredad, que me escuche, que me acompañe, que me cuide, etcétera. ¿Quién hace eso? Un sistema de protección social. Si no, estaríamos en un juego de autoayuda, donde buscamos una frase, que aparezca un gurú; pensemos en Buda, y, a partir de pensar en Buda, vamos a estar menos vulnerables, etcétera. Está bueno pensar en Buda, pero necesitamos del sistema de protección social, necesitamos del dispositivo de asistencia, necesitamos de quien nos escuche sistemáticamente.

Entonces, la palabra “vulnerabilidad”, decíamos, deriva de “herida”, refiere a la persona susceptible de ser dañada de distintas maneras. También muestra al otro en situación de ser herido. Me contaron que la semana pasada vino gente que trabaja con personas en situación de calle, ahí estamos hablando de vulnerabilidad, y de pérdida de derechos sociales y pérdida de derechos civiles. Quienes están en situación de calle no solo perdieron derechos sociales, sino también derechos civiles; porque hay un Estado que dejó de protegerlos. Si estoy en la Ciudad de Buenos Aires, es peor, no sé cómo será en otros lugares, pero yo puedo hablar de lo que conozco; porque voy a tener algunos mecanismos que van a ir a buscar a la gente que está en situación de calle y no la va a tratar muy bien.

El concepto de “vulnerabilidad” puede entenderse desde esta idea etimológica, pero también podemos pensar más profundamente algunas aproximaciones a la noción, a la idea, al concepto de “vulnerabilidad social”. La vulnerabilidad social también implica inseguridad e indefensión. Entonces, si estamos frente a alguien que manifiesta que hay inseguridad e indefensión, o si de su demanda se desprende esa información, estamos frente a alguien en situación de vulnerabilidad social. ¿Para qué nos sirve esto? Para ponerles nombre a las cosas, para poder entendernos. Cuando decimos “pasa esto, pasa aquello”, entonces tiene que ver con la inseguridad y la indefensión, nosotros podemos encontrarnos con territorios vulnerados en sus derechos, en situaciones de inseguridad y de indefensión. Incluso familias, personas que están golpeadas en sus condiciones de vida, y aparece como una consecuencia de ese impacto, “Perdí el trabajo”, aparece la situación de vulnerabilidad, aunque todavía tengo recursos económicos para sostener. A mí me parece que es importante que podamos ponerles nombre a las cosas, que podamos conceptualizar, y estamos trabajando el concepto de “protección social”, el concepto de “vulnerabilidad”.

La vulnerabilidad implica –y acá agrego otro concepto, que incluso ya viene trabajado desde la antropología médica, sobre todo estadounidense– ruptura biográfica. Es decir, ocurre algo que hace que mi vida cambie de manera trascendental, que se produzca un punto de giro en mi vida. Ahí de repente una ruptura biográfica puede ser un accidente; una ruptura biográfica puede ser una persona que es internada en una institución de salud mental o en una cárcel; una ruptura biográfica es cuando a una persona le dicen “A partir de ahora usted se tiene que dializar”. ¿Qué significa eso? Que cambió la vida de la persona, cambió la estructuración de su cotidianidad, y tiene que rearmar su vida cotidiana a partir de nuevos elementos, de nuevas cuestiones, de nuevas formas de armar, de organizar. Poner el ejemplo de diálisis es el más sencillo, hoy puede estar pasando, ahora mismo, en un hospital; a partir de este momento, va a tener que cambiar sus horarios, su relación con el trabajo, sus relaciones familiares, la dieta, va a traer dinero para poder sostener todo eso; pero la vida ya es otro concepto.

Aparece cuando se empieza a estudiar las trayectorias de las personas con VIH, eso es de los 80, hoy ya el VIH no es un problema, y sobre todo en nuestro país, que es tratable desde de la perspectiva estatal, justamente de la producción social. ¿Por qué se estudia esto? Porque el diagnóstico de VIH ya implicaba una ruptura biográfica, incluso se trabajó mucho acá en esta facultad, a partir de la doctora Margulis, en Antropología. O sea, recibo el diagnóstico y cambia mi relación con el cuerpo. ¿Cómo manejo mi sexualidad? ¿Cómo se lo comunico a mi pareja? ¿Cómo manejo la maternidad o la paternidad y proyecto esa maternidad o paternidad? Pensando en la lógica de los 80, cuando esto era una sentencia de muerte, hoy ya no lo es, ya es algo que puede ser tramitado como cualquier otra enfermedad. Pero ahí es donde se empieza a estudiar y se apela un poco a algunos autores, que venían trabajando esto en cuidados paliativos, en la antropología médica estadounidense, para compartir el origen de la fuente.

Entonces, la vulnerabilidad se puede construir a partir de una ruptura biográfica, o puede aparecer a partir de una ruptura biográfica, y ahí necesito un sistema de protección social que me escuche, que me acompañe, que me apoye, que te contenga. En ese sentido, diría, ¿cómo se vinculan la ruptura biográfica y el consumo problemático de sustancias? Cuando es problemático, ya la vida cambia.

Decimos “consumo problemático de sustancias”, decimos “drogadicción”, decimos “adicciones” porque lo que cambia es mi relación social. O sea, mi relación social con los otros se hace problemática, por el consumo se hace problemática con mi trabajo, con mi estudio, con la ley. Cuando esto ocurrió, mi vida cambió, se produjo una ruptura biográfica.

Creo que es bastante interesante y útil el concepto de “consumos problemáticos” para verlo y relacionarlo con lo que decíamos de vulnerabilidad y con la necesidad de quién trabaja, desde donde se trabaja esa cuestión también. Reafirmo, la vulnerabilidad no se refiere a un sector social en especial. Se vincula con las características de la sociedad, pero no tiene que ver con el sector. Podemos hablar de barrios vulnerados, donde hablamos de derechos vulnerados; o sea que hay una vulnerabilidad construida a partir de la desigualdad, y el rasgo del grado máximo de vulnerabilidad es cuando se pone en riesgo la vida de la persona, y en la reiteración de esas situaciones de riesgo irá también la vulnerabilidad. Implica la pérdida, a veces, de derechos sociales y derechos civiles. Pasa mucho en este campo, o pasaba más.

Si pensamos la década de los 90, una persona que se consideraba que debía ser internada por consumos problemáticos perdía derechos sociales y perdía definitivamente derechos civiles. Incluso se la obligaba al no contacto con el exterior, la condición de libertad estaba impuesta por la institución, y la libertad se la iba ganando en la medida en que iba cambiando las etapas en su tratamiento. Esos son los tratamientos más duros que se veían en la década de los 90; y que en nuestra opinión desconectaban a la persona del territorio y ponían el acento solamente en la cuestión de que el problema se terminara cuando concluía su relación con la sustancia; y en realidad finaliza cuando la persona puede resolver su relación con la sustancia. A partir de resolver otras cuestiones que tienen que ver con sus factores predisponentes, condicionantes y desencadenantes que hicieron que su consumo se volviera problemático o que tuviera consumos problemáticos en primer lugar.

También se puede considerar vulnerabilidad como una situación donde se conjuga la ausencia de grupos de pertenencia y grupos de referencia y debilidad de los lazos sociales. Desde esa cuestión, podemos hacer dialogar la cuestión de vulnerabilidad, protección social y ruptura biográfica con intervención. ¿Cómo recuperar sociabilidad? ¿Cómo recuperar lazos sociales? De repente yo puedo plantear que una sociabilidad perdida, un lazo social perdido se puede reconstituir a partir de un evento, a partir de la participación dentro de un sujeto colectivo, a partir de un elemento sociocultural, a partir de un elemento deportivo. Nada de lo que dije hoy tiene que ver con las drogas, ni con “decir que no”, como decía Mariela al principio, y ¿a dónde estoy apuntando? Interventivamente hablando, estoy apuntando a la recuperación de sociabilidad, del encuentro con otros en clave de un reconocimiento, de necesidad de la otredad y no de anulación de la otredad, como se está proponiendo desde la lógica neoliberal; y en ese sentido, en esa idea de encuentro con otros, aparece algo que es bastante interesante para pensar, en mi opinión, que es la cuestión de la responsabilidad.

Si planteamos interventivamente, desde la intervención en lo social, la recuperación de lazos sociales, el otro es necesario, al otro lo necesito, el otro me acompaña; ya dejó de ser un enemigo, ya pasa a otro plano, cambia la lógica que tengo de mirada a la otredad; que es un tema bastante largo, que tiene mucho que ver con la filosofía y que está muy trabajado por el pensamiento filosófico latinoamericano, sobre todo por Enrique Dussel. O sea, si nosotros no planteamos ningún dispositivo de intervención social que intente recuperar lazos sociales a partir, por ejemplo, de una obra de teatro. Supongamos que trabajamos, vamos a tener que ordenar el grupo, que ordenar responsabilidades, deberá haber un horario de encuentro, tendrá alguien que va a tener responsabilidades de actuar, otros van a tener una responsabilidad de armar la escenografía, otros de buscar y de trabajar el guion. Es decir, recupero también un sistema de pertenencia social, donde la responsabilidad tiene sentido, donde la responsabilidad no es una propuesta vacía. Una responsabilidad no es un enunciado que dice “Tenés que ser responsable”. ¿Responsable de qué? Se hace muy difícil discutir la responsabilidad cuando estamos frente a una sociedad que es irresponsable.

Si aparece alguien por la televisión y dice que con un serrucho va a romper el Estado, ¿cómo le podemos pedir responsabilidad a un joven? ¿Cómo le podemos pedir a un joven de una escuela secundaria que respete la ley? ¿Qué ley? ¿De la Suprema Corte? ¿La ley de quienes están juzgando el intento de asesinato de la vicepresidenta? ¿De qué línea estamos hablando? Esto que es bien macro repercute en lo micro, y repercute en toda la sociedad. No es un tema de los sectores vulnerados más empobrecidos, eso pasa en toda la sociedad.

Entonces, cuando hablamos de recuperación de espacio de asociación en el contexto del concepto de “vulnerabilidad”, porque la pérdida de espacio de asociación me hace más vulnerable, la responsabilidad también me hace menos vulnerable. El tema es cómo trabajar la responsabilidad, si la voy a trabajar desde una perspectiva punitiva o desde una perspectiva de cuidado del otro, o de cuidado de la sociedad, o de cuidado del territorio. Son temas por ahí un poco pesados, pero me parece que es importante para pensarnos, y pensar, diría yo, que todo derecho implica una responsabilidad. Eso no lo tenemos muy asumido como sociedad, pero no implica una responsabilidad del punto de vista punitivo, de “Si no lo cumplís, te voy a castigar”, sino que conlleva la necesidad de compromiso con el otro, el compromiso con la sociedad, involucrarme con la sociedad.

El derecho que gané es un derecho que gané como sociedad, no como persona solamente; lo uso como persona y cambia la sociedad, y puede ser que haya derechos que ganaron otros, pero que también impactan sobre toda la sociedad; que no me implican, o me pueden implicar o no. El matrimonio igualitario, por ejemplo, cambia la sociedad; ese creo que es todo un tema interesante, y una vía de entrada que me parece útil, en mi opinión, es pensarlo desde el punto más extremo, que es el punto de la vulnerabilidad, el punto del abstracto del derecho dual; decir “Tengo derecho”, pero también tengo que ver si lo veo en clave de vulnerabilidad y sistema de protección social. Porque, si yo tengo un sistema de protección social que me está cubriendo, que me está acompañando, también tengo el deber de cuidarlo; pero, para que yo lo cuide, el sistema de protección social me tiene que dar señales de que me cuida. Entonces ahí aparece todo un tema de cómo habitamos el Estado quienes trabajamos en el Estado, un tema que se trabaja mucho hoy en todo lo que es institucional, todo lo que es lógica institucional.

También podemos pensar la vulnerabilidad desde el análisis. Según cómo analizamos la vulnerabilidad, entonces podemos hablar de un proceso de análisis, donde podemos intentar determinar el nivel de exposición y el nivel de daño que la persona tiene en términos de vulnerabilidad. Podemos pensar en indicadores de vulnerabilidad y podemos acceder a esos indicadores de vulnerabilidad a través de escuchar la biografía o la historia de vida de esa persona; y quienes estamos trabajando trabajamos directa o indirectamente en este tema, escuchamos historias de vida, de vulnerabilidad, y muchas vulnerabilidades que son construidas a partir de instituciones de trayectoria. A veces la institución me puede hacer más vulnerable que antes, porque está desarticulada, porque no me dio respuesta, porque me dio una respuesta no del todo apropiada.



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