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Notas para la relación entre el sistema sanitario y los usuarios de drogas

Mariano Rey

Buenos días a todas y a todos. Buenos días también a quienes nos acompañan virtualmente. Antes que nada, quisiera compartirles que esta clase se enmarca en un proceso de formación a nivel nacional, tendiente a realizar un aporte específico y algunas herramientas para el trabajo que cotidianamente llevan adelante con las presentaciones de época con las cuales se encuentran. Así que vamos a intentar hacer el esfuerzo de trabajar con algunas cuestiones comunes sin perder de vista la heterogeneidad que contienen las particularidades de cada realidad municipal y provincial.

Les paso a proponer una dinámica para el desarrollo del encuentro, sería partir de algunas ideas previas que nos sirvan como disparadoras, para que después, con esa información que ustedes ya tienen que probablemente, o al menos conjeturamos, van a ser similares a las que pueden llegar a tener el resto de los cursantes–, las podamos retomar. Este conocimiento previo nos va a permitir avanzar en algunas cuestiones que tienen que ver con la comprensión de la forma de organización del sistema sanitario en nuestro país, así como también la articulación de conceptos tales como “continuidad de los cuidados, “integralidad”, “integración, “fragmentación”, entre algunos otros.

Empezaríamos por indagar un poco acerca de cuál es la concepción que tienen ustedes del sistema de salud y su relación con las problemáticas de salud mental y consumos, o del vínculo cotidiano que mantienen desde los espacios donde participan a nivel laboral, a nivel sindical, o a nivel de cada una de sus pertenencias institucionales y las trayectorias de vida con las cuales ustedes tienen algún punto de vinculación, algún conocido que ha tenido o tiene.

   

[Comentarios del público] En mi vida [], en el año 99, en una subsecretaría [], surge una internación, tengo que ir a un tratamiento [], vuelvo a la misma comunidad, y luego estudio internado.

¿Estuviste internado? ¿En el pabellón 1 de Cabred?

Sí, exacto.

Bien. Hoy ya no funciona más. Hoy es un hospital neuropsiquiátrico de la provincia de Buenos Aires en proceso de reforma, y hace ya un tiempo que dicho espacio ya no es un pabellón de abordaje de los consumos, pero sí lo fue en su momento.

Es que me ha salvado la vida, realmente. []. Luego me capacité [], pero, encima hoy por hoy, en la actualidad, lo que veo es que le falta, en mi opinión, faltaría más presencia, más presupuesto en salud, más presupuestos para los dispositivos de atención.

¿Ubicás lo que falta en torno a la cantidad de dispositivos que podrían dar algún tipo de respuesta organizada a esas necesidades de las personas?

Yo, particularmente, lo que veo es que a veces hay una falta de empatía cuando los chicos van a los hospitales o a guardias para pedir ayuda. Normalmente ellos van, pero luego no tienen una respuesta, están esperando un montón de tiempo, terminan la sesión y vuelven a esperar. O a veces, simplemente, los dejan esperando demasiado tiempo. Por eso, en donde yo estoy trabajando, cuando tiene que ponerse algo, cuando tiene un corte, cuando está enfermo, y estas cosas, siempre hay que ir acompañándolo, no solo los que atendemos, sino para decirle que espere un poco, que estamos haciendo el aguante, que falta muy poco.

Bueno, acá hay otra variable que estás planteando, más ligada a lo que podríamos ubicar dentro de lo que sería el modelo de atención. Vamos a tratar de plantear como si no todos fueran trabajadores del sistema de salud, para poder comprender también cómo se organiza el sistema sanitario en los niveles de atención para poder dar alguna respuesta organizada. Pero vos estás diciendo algo que es muy importante, y es que muchas veces una de las principales barreras de acceso que tienen las personas con el sistema es que esa exclusión que vivencian en sus propios territorios se repite después cuando llegan a los dispositivos y no encuentran una respuesta que los aloje como sujetos de derecho.

Salud mental, y dentro de ella el abordaje de los consumos, ha tenido un rol históricamente marginal dentro del sistema sanitario, salvo en contadas experiencias locales o de dispositivos innovadores. Si eso no hubiera sucedido, no existirían como tales los grandes manicomios, que terminaron configurándose como depósitos de personas abandonadas en dichos espacios, donde una enorme cantidad de ellas no presentan ningún criterio sanitario de permanencia ahí. Estas personas no terminaron externándose por una serie de cuestiones que no tienen que ver con el plano de la salud, sino fundamentalmente de índole social.

Ahora bien, también nos encontramos con que muchas veces en las guardias hospitalarias cuesta que se pueda garantizar la recepción y el alojamiento subjetivo de las personas. Esto sucede en parte porque la persona con padecimientos en salud mental atravesada por problemáticas de consumo llega como puede con lo que tiene. Esto genera un desbalance entre lo que las y los trabajadores del sistema suponen que deben recibir y lo que ciertamente ingresa en los establecimientos, que difiere mucho en las presentaciones de época.

Complementariamente a esto que les comparto, si nos trasladamos hacia donde han estado históricamente ubicadas las salas de internación por motivos de salud mental, en las cuales muchas veces entran los consumos dentro de ellas, las podemos encontrar al lado de la morgue, o en un subsuelo, siempre separados del cuerpo hospitalario, porque persiste una idea de que en realidad la persona o el usuario de salud mental requiere un abordaje diferenciado, deambula, molesta, se mete en habitaciones que no son las propias, todas características que no hacen a las presentaciones tradicionales de otras dolencias en salud en un hospital de agudos.

Paciente agudo que está en el tránsito con el sistema sanitario generalmente se encuentra en una cama, pasa el equipo de salud, hace las prestaciones que tiene que realizar, sigue, recorrida de sala, y así vamos. Y va en un proceso de mejoría. Sin embargo, se podría decir que una persona que está internada por motivos de salud mental es una persona que sería razonable que deambule, incluso, si estuviera de forma permanente en una cama, eso daría cuenta posiblemente de una mala evolución, o de una sobremedicación, por situar algún ejemplo. Entonces, generalmente tiene una circulación distinta. Esto nos lleva a pensar de forma diferente la dimensión de los cuidados y el acompañamiento durante el proceso de internación, más que pensar que no son personas que se puedan recibir en dichas instituciones.

Es así como surgen entonces tantas resistencias hacia dentro de los hospitales y centros de salud para abordar a personas con problemáticas de salud mental y consumos, diría en parte porque la comunidad profesional o el equipo de salud forma parte de la comunidad general. Entonces, ¿por qué suponer que no cargaría con los mismos preconceptos, que no cargaría con las mismas significaciones disponibles que etiquetan, estigmatizan y generan procesos segregativos? Quizás a quienes trabajamos hace mucho tiempo con temas de consumos nos parece moneda corriente; entonces, no tendemos a hacer lecturas reduccionistas o suponer que todas las personas son más o menos similares, sino que proponemos pensar las lógicas de funcionamiento que puedan atender a la singularidad, que puedan alojar a las personas y que puedan permitir, en última instancia, que el contacto entre ellas y el sistema sanitario, sea en el componente del sistema que sea, pueda ser una oportunidad para poder empezar a dar respuesta a esa presentación siempre compleja.

Asimismo, resulta común que una persona que transita un consumo problemático no llegue con una demanda organizada. Decodificar y construir algo en esa dirección pasa a ser tarea del equipo de salud, en vinculación con las personas y sus historias, que pueden llegar a articular, en la medida de lo posible, y en el mejor de los casos, algún tipo de demanda.

Recuerdo una anécdota que puede resultar un tanto extrema, pero no por eso menos descriptiva, de cómo puede darse una presentación que estuvo marcada por reiteradas intervenciones expulsivas previas, que me contaba una enfermera en un hospital en donde había un muchacho que ingresó armado a una guardia hospitalaria, caos total, porque el pibe había venido, naturalmente, de una forma muy difícil para el sistema; y estaba descontrolado supuestamente. Aparece la enfermera por el costado, que vivía a una cuadra de la casa donde vivía este pibe. ¿Y qué es lo que pasa? La enfermera le dice “Josecito”, supongamos que ese era el nombre, y el pibe baja. Encontró a alguien de confianza, cercano. “¿Qué te pasa? ¿Por qué estás así?”. Y el pibe lo que le empezó a contar es que ahí había ido cuatro veces en los últimos cuatro días, para pedir un calmante para el dolor de muela que le estaba causando un malestar insoportable. No podía conseguir un turno para que le pudieran hacer una extracción, tenía una infección en la muela, le pasaban un montón de cosas. Entonces, cuando el pibe encontró a alguien de confianza, pudo decir: “Lo único que necesito es que me den un calmante para la muela y me ayuden a resolver esto que siento, pero, cada vez que vengo, me echan sin siquiera hablar porque consumí”. Acto seguido, le dieron un calmante, y desde allí se pudo empezar a armar algo distinto. Entonces, cuando yo digo que la gente viene con lo que tiene, y como puede, lo digo en serio.

Por lo tanto, la gente que está acostumbrada a sobrevivir en la calle, ¿por qué tendría una forma distinta que no sea una estrategia de supervivencia para vincularse con nosotros? ¿Por qué tendríamos un aspecto diferencial? ¿Por qué suponemos que el otro se tiene que adaptar a las necesidades que nosotros creemos que tienen que tener? Y no comprender que la respuesta, la forma en la cual ellos se vinculan con nosotros, es parte de las respuestas a las formas en las cuales la sociedad se vincula con ellos. Entonces, probablemente, esa actitud, si se quiere, resulta comprensible, si bien yo no estoy diciendo “Qué bueno que se presentaron de esa manera”, de ninguna manera, ni lo estoy justificando, pero sí comprender algo de las particularidades que reviste la complejidad de las presentaciones.

Quizás una de las cuestiones más importantes que tienen los dispositivos barriales comunitarios, que a veces no tienen profesionales, es que atienden a la gente como viene. Entonces generan otro nivel de confianza y de accesibilidad, cuestiones que también hay que pensar para hacer formar parte de las vinculaciones con el sistema sanitario. Porque muchas veces son esas puertas de entrada al sistema.

¿Se entiende lo que voy diciendo? Porque, si no, el espacio de hoy podría haber sido solamente ubicar cuáles son los dispositivos, qué dispositivos tenemos, cuál es la oferta clínica terapéutica que pueden llegar a generar, si funciona o no funciona. Ahora, no es así.

Primero necesitamos comprender la organización de los servicios de salud para configurar una respuesta para el abordaje de los consumos, que en su momento, en la década de los 90, promovió la proliferación de dispositivos de comunidad terapéutica con un retiro del Estado, financiando dichos dispositivos de la sociedad civil sin organizar ninguna propuesta sistemática que fuera de gestión pública, tan solo transferencia de recursos, salvo algunas excepciones, como fue en la provincia de Buenos Aires la creación de los históricos CPA, los cuales tenían un componente de atención y uno de prevención. No estoy diciendo ni que está bien, ni que está mal. Quiero ser claro en esto, en que en realidad lo que estoy planteando es más bien descriptivo y no estoy manifestando una opinión, más allá de que sostengo que el único capaz de hacer una organización de sistema que o bien gestione o bien regule es el Estado. Con ausencia de regulación estatal, incluso los dispositivos que tienen más un anclaje de organizaciones sociales, o de la sociedad civil, o comunidades terapéuticas, o cualquier otro dispositivo, si no tiene una mirada, una regulación y un ordenamiento estatales, pasa lo que nos pasa aún en la actualidad, con una cantidad de espacios que se proponen como una oferta de atención y que son escenarios sistemáticos de vulneración de derechos, por fuera de toda legalidad y posibilidad de monitoreo.

Entonces, dentro de los componentes del sistema sanitario para dar algún nivel de respuesta a las problemáticas de consumo, nos podemos encontrar con los hospitales generales, cuyo rol debiera estar principalmente centrado en el abordaje de los episodios agudos, desintoxicaciones y desestabilizaciones de cuadros complejos en salud mental; asimismo con abordaje en dispositivos anclados en el primer nivel de atención, con modalidad ambulatoria, que podrían ser abordajes por consultorios externos o abordajes comunitarios desde las unidades sanitarias, dispositivos de referencia municipales o provinciales que tienen vinculación con la temática –daba el ejemplo de los CPA en Buenos Aires, pero podrían ser otros–, dispositivos comunitarios de gestión municipal, provincial o con financiamiento nacional como son muchos de los dispositivos de la red Sedronar como los DTC, las CAAC, o bien los CCC; también podemos encontrarnos con Unidades Residenciales para el Abordaje de los Consumos Problemáticos, que pueden ser de gestión pública, privada o de la sociedad civil. Todos estos componentes forman parte del sistema con un grado de trabajo en red muchas veces sólido y en otras con aspectos de funcionamiento que reproducen la fragmentación del sistema.

[Comentario del público]... la falta de conocimiento muchas veces de los dispositivos en el territorio es muy marcada, soy trabajadora social y vivo en el partido de La Matanza, y una de las cosas que se da, hablando del acceso a la salud mental, en niveles educativos, primarios, y de la falta de dispositivos, es que no se consigue turno. Esto lleva a que las familias terminen resolviendo en un tratamiento o dispositivo privado para salir de esa situación, pero hay que disponer de mucho dinero. También está la necesidad de resolverlo de la forma más rápida, y con esto incluyo el tema de la espera. Esta falta de accesibilidad a los recursos públicos lleva a que el sector privado saque ventajas frente a lo público.

También quiero reconocer a las iglesias evangelistas que atienden a las problemáticas del territorio, y creo que son unos actores importantes en esta temática.

Muchas de las cuestiones que decís son realidades que suceden, hay que ver eso de lo temporal y la velocidad. En mi opinión uno de los problemas que aún tenemos dentro del sistema sanitario es que es poco flexible, por lo cual repite muchas veces una forma de responder que dista de ser oportuna. De las personas que tienen problemáticas de consumo, llegan al sistema las que están en mejores condiciones. Pero aquellas personas que más nos necesitan, en términos de complejidad y deterioro de sus áreas vitales, no tienen la posibilidad de acercarse, decirnos “Voy a hacer esto, y me das un turno para dentro de tres semanas, y vengo; y después me das otro turno a la semana que viene, y vuelvo a venir”. Requiere pensar abordajes artesanales, situados, que contengan la realidad de cada quien, no hay lugar para un “Para todos lo mismo”, y repensar dimensiones ligadas a lo temporal, lo urgente, la asistencia a los espacios, entre otras cosas.

Si mi vida estuviera organizada en torno al consumo, estaríamos con seguridad hablando de un consumo problemático; sin embargo, no todo consumo problemático es una adicción. Esto es importante tenerlo presente, porque hay consumos que son problemáticos, por las circunstancias que se dan, por las dosis, por los contextos, por la ausencia de información, que no forman parte de aquellos consumos compulsivos que organizan la vida de la persona. Ahora, una persona que tiene su vida organizada en relación con consumir o valerse de las herramientas para poder garantizar esa situación de consumo es muy poco probable que se acerque a un dispositivo de salud de 9 a 14 horas, en el día en que lo citemos; y si el sistema sanitario, está acostumbrado a funcionar por la mañana, la realidad es que ahí ya se hace muy difícil. Entonces me parece importante retomar algunos conceptos en términos de salud pública, para poder pensar algo de lo que estamos trabajando. Por un lado, accesibilidad, que estuvieron viendo en un espacio anterior con Alfredo, y por otro lado, disponibilidad. ¿Qué es disponibilidad? Para decirlo de una manera simple, es que haya dispositivos ahí en donde se los necesita, en los lugares que se los necesita, en los horarios que se los necesita.

Muchas de las discusiones que se tienen en los armados locales, en los que intentamos hacer entrar a todos los dispositivos de un mismo municipio que puedan empezar a pensar el trabajo en conjunto, para poner el ejemplo de la provincia de Buenos Aires, que es donde trabajo en la actualidad, pero podría ser válido para cualquier otro rincón de nuestro país, son en torno a que estamos cerrando cuando los pibes están despertando, lo cual implica que tenemos una dificultad para poder recibirlos. Por eso, en mayor medida, a las personas que están más complicadas, los que tienen más llegada son aquellos que están dentro de los barrios, dispositivos barriales con perspectiva comunitaria.

Añado otro tema, y es que resulta necesario problematizar un problema que está instalado, a saber, el efecto del prohibicionismo en el sistema sanitario. El prohibicionismo como dimensión política, y el abstencionismo como su correlato, su respuesta sanitaria. Quiero ser claro, abstencionismo y abstinencia no son lo mismo, uno puede trabajar en el marco de un proceso de atención en la búsqueda de la abstinencia. Distinto es suponer que la abstinencia es la única condición de posibilidad para un tratamiento.

Si nosotros les seguimos pidiendo a todos primero que lleguen cuando nosotros podemos recibirlos y además que tengan el circuito y resultado que nosotros nos imaginamos, es mucho. Porque, además, aquellos que exigen abstinencia desde el primer momento, es abstinencia de todo, cuando hay una enorme cantidad de gente que se acerca (que después ahí podemos dar una discusión más clínica), y el planteo es “Yo quiero dejar de consumir. Esto me está haciendo mucho daño, y quizás esto otro no me generaría problema” –lo planteo en estos términos para hacerlo didáctico, ya que no sería esa la forma del planteo muchas veces, pero sí el mensaje–, ahí está la diferencia entre lo problemático y problematizar. Problematizar un consumo y que un consumo sea problemático no es lo mismo; de hecho, yo siempre pregunto “¿Problemático para quién?”. Porque una enorme cantidad de las personas que llegan a los servicios de salud llegan justamente por todas esas otras presentaciones que les comentaba. Porque puede resultar problemático para la escuela, el trabajo, el entorno, y quizás no para la persona; es un problema cuando tratamos de extrapolar lo singular a lo general y suponer que todos tienen el mismo recorrido, las mismas respuestas, las mismas sensaciones, todo lo mismo, y lo cierto es que homogeneizar es parte del problema. Entonces un consumo puede ser problemático y no problematizado, lo cual, para llegar a problematizar, exige un trabajo entre la persona que transita y en muchos casos padece efectos del consumo y el equipo de salud.

Entonces, ¿cómo organizar una respuesta accesible con una lógica? Me faltó la E, que es la E de “equidad”, “equidad en salud”. La equidad no es estrictamente igualdad, generar que pueda ser para todos, y que todos puedan tener las mismas posibilidades y las mismas oportunidades. La equidad en salud es un componente fundamental de la justicia social que nos lleva a pensar cómo lograr la ausencia de diferencias evitables, injustas o remediables entre grupos de personas debido a sus circunstancias sociales, económicas, demográficas o geográficas. Es necesario que el sistema sanitario pueda empezar a flexibilizar no solamente la puerta de ingreso, que es muy importante, sino después el tránsito por él. Se trata entonces también de garantizar la continuidad de los cuidados de las personas, y eso ya va muchísimo más allá del momento, la foto en la cual nos comenzamos a vincular con la persona que consume.

En muchas oportunidades hemos visto cómo lo administrativo termina condicionando la práctica clínica, y esto no carece de consecuencias para las personas. Un ejemplo de esto se da en espacios donde las fases temporales de los programas de tratamiento tienen tiempos rígidos sin contemplar la singularidad de cada caso. Asimismo, muchas veces se dan indicaciones clínicas no ideales por ausencia de dispositivos oportunos; he visto personas que venían de otras provincias y a las que en realidad se les ofrecía internación por ausencia de un dispositivo más próximo a su comunidad, teniendo criterio de centro de día, sin presentar criterio de internación. Recuerdo por ejemplo un muchacho de treinta y pico años que trabajaba, tenía un montón de condiciones como para poder garantizar una modalidad ambulatoria intensiva, con cierto grado de acompañamiento. Entonces ahí sí es una de las cuestiones que decían ustedes, ausencia de dispositivos acordes, cercanos a los lugares.

Pero después hay otro problema más: cuando sí tenemos dispositivos, ¿qué sabemos de lo que hacen otros? Porque otra de las cosas que sucede es que las personas que de alguna manera acceden al sistema sanitario van pululando por cada uno de los componentes del sistema. Entonces todos conocen más o menos a la persona, pero en realidad nadie sabe lo que hizo en cada uno de los lugares. Esa es otra de las cosas que debemos trabajar en las mesas locales. Me ha pasado estar en un lugar, en la primera mesa sin los hospitales generales, adrede, para ver qué pasaba, y todo lo que decían era “Los hospitales generales no dan respuesta”, la segunda, metiendo los hospitales generales, ¿cuánto sabían lo que sucedía en los hospitales generales? La cuestión es que la gente que estaba más anclada en el territorio no sabía lo que sí respondía o no. Entonces lo que había era falta de comunicación, ni tenían el teléfono del jefe del servicio de ese hospital, pero tampoco el hospital sabía qué es lo que hacía el dispositivo que estaba en el primer nivel de atención. Por esta razón, cuando tratamos de construir una mesa local que pueda incluir a todos los actores, convocamos al CPA, a los hospitales, a los DTC, las CAAC, las CCC, así como también a los dispositivos de gestión municipal, para intentar romper con la fragmentación que existe y así potenciar lo que cada uno puede aportar para poner en el centro la trayectoria de una persona por los distintos componentes del sistema sanitario, sin importar quién lo gestiona, establecer lenguajes comunes y acuerdos programáticos que no solapen ni superpongan intervenciones.

No es solo importante la cantidad de dispositivos que existen en un lugar, sino fundamentalmente la forma de vinculación que podemos construir para poder pensar la delegación de responsabilidades, qué para cada quien, sabiendo que lograr dichos acuerdos abona a la mejora de los procesos de trabajo y en definitiva a pensar la integralidad de la persona. Nosotros somos parte de un movimiento sanitario que viene planteando históricamente el desafío y la necesidad de avanzar en la integración del sistema. Avanzar en la integración del sistema es, entre otras cosas, romper con la fragmentación con que cada uno impresiona que le tocaría su partecita, y que se desentiende de todo lo otro que sucede. Es integrar modelos de gestión y de financiamiento, así como también avanzar fuertemente en lo que respecta con el modelo de atención. En relación con esto último, implica avanzar en darle importancia al trabajo de la continuidad de los cuidados, porque supongamos que el hospital general recibe una persona con una intoxicación aguda, lo compensa, pero después se va a la calle, porque no tenía las redes armadas para poder generar una continuidad de los cuidados posteriores a la desintoxicación, no sirve de nada, y repite, y repite, y repite. Entonces, hay algo de los vasos comunicantes dentro del propio sistema sanitario, independientemente de si hablamos de dispositivos de gestión pública o privada. Organizar las trayectorias posibles por los distintos componentes del sistema conlleva una dimensión político-institucional, generando las condiciones de posibilidad para que se favorezcan esas vinculaciones. Y en este punto nos podemos encontrar con diversos obstáculos, porque, por ejemplo, si yo soy jefe de un servicio de un hospital y no tengo la definición de vincularme con un dispositivo de anclaje territorial, y trabajo solo hacia adentro, eso ya es algo que lo transmito a mi equipo de trabajo, y tiene efectos sobre la vida y la trayectoria de las personas. Lo mismo me pasaría si fuera al revés, si estoy en un dispositivo de anclaje territorial, o en un centro comunitario o de una organización no gubernamental, no significa que no sean un elemento más del sistema. Son un componente más del sistema, que tiene que poder dialogar con el otro un conjunto de cosas, no podemos suponer que la vida empieza y termina en las paredes en donde estamos nosotros. Entonces, sería un error, si yo estoy en un centro comunitario, que todo el abordaje se haga en el centro comunitario, si yo estoy en una comunidad terapéutica, que todo el tratamiento se haga en ella, desconociendo lo que pasa afuera, acá no sobra nadie.

Repasando, entonces, uno de los desafíos más grandes que tiene el sistema sanitario es la disminución de las barreras de acceso, las cuales se amplifican aún más por razones de género, y tras acceder está la organización del sistema, la organización de la respuesta, la modalidad de vinculación entre los efectores, cómo se delegan responsabilidades y funciones, que no es dónde empieza y termina el otro; hay algunos proyectos interesantísimos que están avanzando en esta dirección en distintas partes de la provincia.

A modo de ejemplo, en la gestión provincial que tenemos a cargo, contamos con dispositivos residenciales de abordaje de los consumos problemáticos, así como también con los tradicionales centros provinciales de atención y los nuevos centros comunitarios de salud mental y consumos problemáticos, que desarrollan una modalidad ambulatoria y territorial. Cuando una persona requiere un abordaje en alguna unidad residencial, comienza a producirse el trabajo conjunto. Antes se avanzaba mayoritariamente en la derivación de la persona desentendiéndose del proceso que se realizaba en el otro dispositivo hasta tanto se agotase la intervención; hoy la propuesta es continuar trabajando a nivel territorial con la red vincular de la persona desde el equipo derivador mientras se está realizando el abordaje residencial, y, una vez que la persona está en condiciones de externación, ya tenemos un trabajo profundo de revinculación con quienes la continuarán acompañando.

Entonces, resulta central pensar cómo dialogan entre sí los distintos componentes del sistema en vías de romper con algunos aspectos de su fragmentación, pero, para que eso ocurra, necesitamos igualar algunas cuestiones en términos de lenguaje, manejar un lenguaje común. Porque, si para una misma situación nos encontramos hablando de posicionamientos antagónicos, deviene una tarea muy difícil, entonces hay que dar discusiones. Es muy importante que demos esos diálogos hacia adentro, y por eso es fundamental avanzar en el cambio del modelo de atención, tarea que no puede darse sin que eso sea acompañado por una instancia fuerte de formación, no solo teórica, sino también en términos de práctica y de construcción y gestión de redes. Puede tener una base conceptual sólida, pero debe ser acompañada de aportes que permitan interpelar la práctica situada, ya que hoy no recibimos las mismas presentaciones que teníamos hace 15 años, y les puedo garantizar que, dentro de cinco años, tampoco van a ser las mismas que hoy. Porque la sociedad va cambiando y con eso las formas en las cuales se configuran los padecimientos en salud, razón que ubica la importancia de pensar con otros, porque las situaciones que recibimos en los barrios, en los centros de salud, las unidades sanitarias, los centros comunitarios, incluso en los hospitales, vienen con un grado de complejidad cada vez mayor. Y esto requiere repensar tanto la organización de los efectores sanitarios, como la organización de las respuestas en las comunidades, generando organización comunitaria en salud. Cuando hablo de organización comunitaria en salud, estoy hablando de cómo hacer participar a la comunidad de los problemas que la comunidad tiene, y con ello hacerla parte de las discusiones sobre cómo encarar las respuestas necesarias a esos problemas, siendo los consumos una problemática de mucha preocupación a nivel comunitario.

Siguiendo la concepción de salud de Floreal Ferrara, la salud es en parte la capacidad que tienen las personas para poder resolver los conflictos o problemas de la vida cotidiana, no es tan solo la ausencia de enfermedad. Entonces, si nosotros proponemos pensar la dimensión social de la salud, es una salud que se construye con otros; no es una salud que tiene que ver solamente con lo que me sucede a mí. De hecho, en un acercamiento a la definición que les propongo tomar de lo que serían los consumos problemáticos, son aquellos consumos que atentan contra la salud y las realizaciones singulares y colectivas. Porque no somos solos, somos con otros.

Me interesa poder ubicar también cómo hay determinados atravesamientos que inciden cotidianamente en la forma en la cual se dan las presentaciones de las personas, y cómo el sistema sanitario, que está habitado y gestionado por personas que forman parte de esas mismas comunidades, con los mismos prejuicios, con las mismas ideas previas, con los mismos problemas, insisto, incluso organizan algún punto de respuesta. A mí me resulta más potente y profunda la perspectiva de la reducción de riesgos y daños para pensar el abordaje de los consumos. ¿Porque excluye la abstinencia? No, de ninguna manera, contempla la abstinencia como posibilidad, solamente no la propone como una instancia única ni como condición de posibilidad para un tratamiento posible, con lo cual puede admitir que haya otros objetivos que uno se pueda proponer. Porque aparte la reducción de daños no solamente se propone ocuparse de la dimensión de la atención de los consumos, sino que también apunta a trabajar en la disminución de los riesgos y las consecuencias negativas que los consumos generan en las personas y sus contextos, desde acompañar en trayectorias educativas o laborales, conflictos con la ley, acercar a personas que, por su problemática o deterioro, no podrían consultar al sector salud de manera oportuna y favorecer acciones que disminuyan las barreras de acceso, entre otras.

Cuando los compañeros hablaban de la importancia del consentimiento informado, de la ley de derechos del paciente, digo para los que más o menos lo tengan ahí en el radar, es importante destacar que es la expresión de la autonomía de la voluntad de las personas en la toma de decisiones sobre su salud. Es sustancial para intentar garantizar algún punto de éxito en una terapéutica, cualquiera sea, no importa si adscribís al conductismo, al psicoanálisis, o cualquier otra rama de la psicología, en la medida en la cual pueda generar una propuesta que pueda alojar a ese otro, de cómo en realidad nos vamos a parar frente a las presentaciones que nos llegan. ¿Cómo generamos dispositivos más flexibles? ¿Cómo ponemos en tensión la asimetría existente entre el equipo de salud y la persona que se encuentra padeciendo? ¿Cómo avanzamos en la comprensión de los límites actuales que tiene cada persona para hacerle frente a eso que lo trae a consulta? ¿Cómo avanzar en la definición ético-política de hacerles lugar a las personas en la manera como vienen, como pueden, y no como nos sería más confortable recibir? ¿Cómo incorporar la opinión y, por qué no, los deseos y las posibilidades concretas que las personas tienen en un momento determinado, para desarrollar desde ahí y junto con ellas una propuesta de acompañamiento y cuidados en salud?

No me puede convencer nadie de que una persona con problemáticas severas de consumo va a llegar a consulta siempre aseada, en horario, calmo, colaborador, tranquilo… y eso tiene que ver con cómo nosotros nos paramos frente a esto sin juzgar, voy a una dimensión ético-política. Una cosa es la política pública, aquella que se va a ocupar, entre otras cosas, de la organización de los servicios, otro es lo político-institucional, esto que decía, si yo habilito o no habilito, por ejemplo, en la coordinación de un espacio, a que mi equipo interactúe o no con otros, o reciba o no personas con problemáticas de consumo, es una dimensión político-institucional, que favorece o no, después, los procesos de integración, y otra dimensión es la éticopolítica, que es la que practican ustedes, en ese vínculo con la persona, que tiene que ver con esa concepción de otro que tenemos, y que no es para juzgar, si uno piensa mal, si uno piensa bien.

Recuerdo uno de los de los debates que teníamos con los gestores de comunidades terapéuticas, de organizaciones de la sociedad civil, que nos planteaban “Ah, bueno, por la Ley de Salud Mental, nos quieren cerrar a todos, nos piensan como monovalentes que no somos”, y nosotros les respondíamos que la discusión no era cierre o no cierre, sino sostener un piso de derechos y trabajar sobre el modelo de atención. Cuál es la garantía mínima de derechos que necesitamos para poder formar parte de una respuesta que siempre es un servicio público, independientemente de que sea de gestión estatal, privada o de organizaciones de la sociedad civil. Y con eso establecer una línea divisoria fuerte entre quienes cumplen estándares mínimos de calidad y quienes francamente pretenden trabajar en la ilegalidad, escenarios de vulneración sistemática de los derechos de las personas con padecimientos por salud mental o consumos que aprovechan la angustia familiar y subjetiva para armar espacios que lejos están de configurarse como un espacio de salud […] al margen de que, como decía la compañera, hay también un problema en términos de acceso a la información, información no solamente de cuáles son los dispositivos existentes a los cuales se puede acercar la gente, sino también información sobre cuáles son los dispositivos a los que no tienen que llevar a sus familiares.

Una de las deudas aún es avanzar en la reglamentación de la ley 26.934, que es la que crea el Plan Integral para el Abordaje de los Consumos Problemáticos (IACOP). Una de las cosas interesantes que planteaba era el armado de un Registro Nacional de Efectores que trabajan con la problemática de los consumos, abriendo la posibilidad de que después cada jurisdicción pueda tener uno propio. En la provincia de Buenos Aires, comenzó a funcionar en el año 2022 el RUPES (Registro Único Provincial de Establecimientos de Salud), que justamente tiene esa función, en donde están también todas las instituciones habilitadas para el abordaje de salud mental y consumos problemáticos, así como de cualquier establecimiento sanitario. ¿Por qué es importante este acceso a la información? Porque después pasa justamente que nos podemos encontrar con pancartas que a veces aparecen en las estaciones de trenes de un montón de lugares que son iniciativas que se generan, muchas desde la buena voluntad, y desde la convicción o del propio proceso de haber transitado una experiencia de recuperación, pero también muchas otras que configuran un escenario realmente complejo, en donde se producen vulneraciones de derechos gravísimas, escenas muy angustiantes, muy dolorosas, frente a lo cual no nos puede dar lo mismo. Porque yo puedo entender que un familiar diga “Prefiero que esté encadenado a que esté consumiendo”, y yo le puedo decir “No puedo darle esa respuesta”, como sistema no nos puede dar lo mismo que una persona esté encadenada o no esté encadenada, que tenga celdas de aislamiento, métodos de castigo o tantas otras prácticas que lejos están de ser una alternativa de cuidado o de acompañamiento.

Esto es lo que yo hablo en términos de piso de derechos. No da lo mismo que nueve personas duerman en una habitación de dos por dos, no da lo mismo que estén hacinados, que coman medio plato de fideos todos los días, que armen un ring y se agarren a trompadas para resolver las diferencias de convivencia, que por nueve meses no puedan ver a su familia. Entonces el problema no es normativo, porque nuestra Ley de Salud Mental, o de derecho de pacientes, también tiene un aspecto muy gráfico, y muy de hoja de ruta de organización de los servicios, de modalidad de atención y demás.

El problema no es la Ley de Salud Mental, el problema claramente es la implementación, y la implementación no se modifica alterando la ley, la implementación se modifica, entre otras cosas, cambiando las lógicas; y las lógicas son lo que muchas instituciones se resisten a cambiar. Esto, aparte, tiene que ver con lo que decía el compañero al principio, en parte también es presupuesto, pero no solamente es presupuesto, porque, si no hay direccionalidad y planificación estratégica, el presupuesto no sirve para nada. Entonces, no alcanza con presupuesto, tiene que haber planificación estratégica, sin ella es muy difícil que después demos ese paso que sigue, que es trabajar sobre el modelo de atención. Resulta imposible pensar una reforma o una planificación si no se tienen en cuenta tres aspectos del sistema que deben dialogar entre sí, a saber, el modelo de gestión, el modelo de atención y el modelo de financiamiento. Si nosotros no podemos ubicar esas tres dimensiones para poder pensar no solamente la organización, sino también cómo llega el sistema sanitario en la formación de la respuesta, vamos a continuar siempre detrás de lo urgente sin ocuparnos de lo importante.

Mi idea al pensar este encuentro no era generarles un montón de certezas, sino sobre todo acercar algunas inquietudes, algunos interrogantes, que nos permitan pensar cómo podemos construir un sistema sanitario más amigable, cómo hacemos para que mejoremos los vasos comunicantes entre dispositivos independientemente de que estos sean de gestión municipal, provincial, nacional, o de gestión privada o de las organizaciones sociales. No en todas las provincias el sistema de salud se organiza de la misma manera, en algunas las unidades sanitarias son todas provinciales, en otras provincias las unidades sanitarias son municipales, o el primer nivel de atención sería municipal, y un segundo nivel más provincial, en otros es mixto. En la provincia de Buenos Aires, tenemos en el primer nivel dispositivos municipales, provinciales, e incluso nacionales. Hay varios dispositivos de la Sedronar que los podemos ubicar dentro de una estrategia, no solamente de atención primaria de la salud, sino anclados en el primer nivel de atención, y después, ¿cómo dialoga con ese segundo nivel? Si nosotros necesitamos ampliar la capacidad de respuesta, estar más próximos a las necesidades de la gente, debemos construir dispositivos de cercanía a las comunidades, dispositivos que tengan la capacidad de moverse, de enlazar comunitariamente, de flexibilidad; y eso requiere también un aspecto de formación muy grande. Porque no nos preparan para eso en las carreras de grado, no contemplan los abordajes territoriales, y mucho menos de complejidad. No saben la cantidad de cosas maravillosas que hemos podido desarrollar a nivel comunitario, por fuera de los muros institucionales del sistema sanitario, afuera, que en definitiva es un terreno que les es más conocido a las personas que tienen problemáticas de consumo, y que tienen una percepción real de rechazo del sistema sanitario para con ellos. Para que confíen en nosotros, debemos primero mostrarles que la respuesta con la que se van a encontrar no es más exclusión, más mandatos, sino una escucha desprejuiciada. Si nosotros queremos proponer una alternativa, tenemos que flexibilizar las formas de vincularnos, extender los brazos y mostrarles que tenemos algo distinto para ofrecerles. Quizás eso es parte de las deudas más grandes que tenemos para con estas personas, en esto tenemos que concentrar parte de nuestros esfuerzos. ¿Cómo hacer un sistema sanitario más humano, más accesible, más solidario, más empático? En definitiva, eso es parte de lo que puede ser un proyecto de país distinto, que pueda generar esa otra perspectiva. Entonces hay que darse esa discusión de lo común, de lo común contemplando la singularidad del padecimiento, pero también de la dimensión deseante, de lo común desde lo colectivo, de cómo podemos ir construyendo con otros, para que, en definitiva, podamos comprender que nadie está de más, nadie sobra.

[Comentario del público] Un poco refiriéndome a lo que vos hablabas, yo trabajo en medicina laboral, a nivel nacional, y tenemos muchos problemas de consumo en todos lados, en las provincias el gran problema que tenemos es que, si no tenemos inspectores, no sabemos dónde mandarlos, y quedan boyando, buscamos entre los compañeros para ver quién puede hacer el sostén, y estamos hablando de personas que hacen tareas de mantenimiento y conservación de ruta arriba de máquinas, donde obviamente los compañeros, las compañeras no pueden hacer esa tarea. Pero se nos hace muy difícil, porque, cuando decidimos bajarlo, tampoco le podemos dar grandes contenciones. En mi caso, soy médica, obviamente vino corriendo al gremio a verme a mí antes de salir corriendo a la casa y empezar a consumir, porque, como decís vos, es una problemática más de alguien que ya viene con una problemática. Tenemos un país tan grande, y muchas veces falta la parte humana para poder generar más efectores y modelos de contención a los compañeros que por ahí están más lejos del alcance de lo que hay siempre en Capital y en Gran Buenos Aires, un comentario que quería hacerle.

Eso sucede, y también un tema que en mi opinión hay que poder tratar de profundizar en la transformación es el trabajo de las derivaciones cuidadas. Por ejemplo, en el marco de una internación, generar un contacto con un lugar más próximo a su domicilio para avanzar en la continuidad de los cuidados, y que al externarse pueda acudir o bien en un turno o bien en una franja horaria para facilitar que dicho encuentro con el nuevo equipo suceda, pueden ser espacios individuales o grupales, que permitan comenzar a generar una pertenencia, hasta tanto y en cuanto se define después cuál es el dispositivo más indicado para esa persona, esta instancia ya tranquiliza y comienza a alojar al otro. Desrigidizar la lógica tradicional de los turnos que muchas veces no pueden cumplirse, lo cual va en desmedro del sostenimiento de los procesos. Si a esto le agregamos que además tenemos la dimensión de la extensión territorial y la lejanía de los espacios de atención, eso se hace aún más complicado, y por eso deviene tan importante avanzar en disminuir las barreras de acceso.

[Pregunta del público] En un momento dijiste cómo dialoga el sistema hacia adentro, en un momento también planteaste esto de favorecer la vinculación y poder pensar en esta planificación estratégica. Yo tengo la curiosidad de poder saber si, como este diálogo, habría un diálogo que permita un encuentro nacional de todos estos centros, que hablaron de 700, 800 creo, en el país, que permita esa formación realmente no teórica, pero sí de las prácticas que pueden encontrar nuevas respuestas que piensan la investigación, acción participativa esos encuentros, pregunto si se organizó o si está el plan de organizarse, como así otros procesos de formación más formales.

Te voy a contar una que sí hemos armado en conjunto con la Sedronar, al menos a nivel de la provincia de Buenos Aires, que en definitiva es la provincia en la cual trabajo todos los días. Hemos armado un primer encuentro de referentes de los dispositivos, con los referentes regionales; la provincia se divide en doce regiones sanitarias, y arrancamos por las cinco regiones que forman parte del AMBA, y juntar el responsable de salud mental y consumos de cada una de las regiones sanitarias, con el de cada una de las líneas de dispositivos que tiene la Sedronar –DTC, CAAC, CCC–, para poder hacer un trabajo que permita avanzar en un segundo momento en la construcción de mesas locales de articulación a nivel territorial, donde los dispositivos municipales, los de la Secretaría, los nuestros de la provincia puedan comenzar ese diálogo común en vías de establecer prioridades y dinámicas de trabajo que favorezcan la integración de los recursos, poniendo en el centro las trayectorias de vida de las personas usuarias de dichos dispositivos.

Entonces, sí fue importante primero generar ese primer momento catártico donde todos dicen que está todo mal, después un segundo momento donde todos se dan cuenta de que trabajan un montón y de que en realidad el problema es otro, y después nos ponemos a laburar para poder generar otras formas de vinculación, incluyendo, entre otros, a los espacios formativos, que permitan también construir una matriz conceptual común. Sedronar tiene sus propias propuestas de formación, nosotros desde el Ministerio de Salud de la provincia tenemos la gran mayoría de las propuestas de formación centralizadas en la escuela de gobierno en salud Floreal Ferrara. En el marco de llevar adelante una reforma del modelo de atención en la provincia, consideramos que este tiene que venir acompañado por procesos formativos, por lo cual armamos una propuesta que se propuso en primera instancia incorporar a todos los trabajadores provinciales, y, en una segunda instancia –la cual ya estamos transitando–, empezamos a incluir a trabajadores municipales, cursos de, por ejemplo, Enfermería en Salud Mental para el abordaje de los servicios agudos, una diplomatura de Políticas en Salud Mental con problemáticas prevalentes de temas sanitarios, formación en urgencias, en abordajes grupales, en abordaje de infancias y juventudes, entre otras; toda formación gratuita porque tenemos el convencimiento, y así también lo expresa nuestro marco normativo, de que la capacitación del personal de salud debe ser permanente, convicción que se profundizó al encontrarnos, cuando asumimos la gestión, con que los equipos pagaban su formación. Asimismo, incluimos espacios de co-visión para poder repensar la práctica que se desarrolla en los dispositivos de atención y no dejar en soledad a los equipos de salud con situaciones complejas.

[Pregunta del público] Hola, me llamo Micaela, en un momento se habló de los cambios, los factores y con respecto a las prácticas, las presentaciones, y mi pregunta es, al respecto de lo que sería un eventual cambio de gobierno, cómo afecta eso en todo lo que recién planteaste.

Las definiciones que toman los gobiernos tienen implicancias directas en las vidas de las personas, es imposible escindir la vida social por fuera del rumbo económico que toma un gobierno, las políticas de trabajo, de contención social, educativas, por mencionar algunas que inciden también tanto en las presentaciones que recibimos en el sistema de salud, como en los trabajadores de este. Los cambios de gobierno producen muchas veces quiebres en los procesos de trabajo, según las definiciones que se tomen, entre ellas ubicar cuál es la concepción y cuál es el grado de importancia relativa que se le da a determinada política pública. Por ejemplo, decidir cambiar la Ley de Salud Mental o no, asignar o no presupuesto a determinada línea de trabajo. Después hay otra parte que no necesariamente la modifica un cambio de gobierno, y que es muy importante sostener, no todos los referentes de los dispositivos cambian cuando cambia un gobierno, y mayoritariamente la fuerza laboral, los trabajadores y las trabajadoras de estos dispositivos generalmente siguen más allá de la permanencia o no de un gobierno. Entonces, esa dimensión ético-política de la cual les hablaba, o poder trabajar para cambiar el modelo de atención con una percepción distinta, diferenciada en todo esto que compartíamos en torno a una concepción más humana, más solidaria, puede trascender gestiones de gobierno. Ahora bien, el rumbo que toma un gobierno resulta determinante como gestión política y afecta a la dimensión político-institucional, ahí radica la diferencia sustancial entre un gobierno u otro, es si realmente le da importancia al tema, si lo define como una política prioritaria, si asigna los recursos necesarios, o define que en verdad la salud es algo que puede ser recortado.

Entonces sí, hay una parte a la que determinado proyecto de gobierno le da una prioridad, y a la que otro proyecto de gobierno no le da, todo lo otro hay que tratar de conservarlo siempre, independientemente y más allá de cualquier gobierno. Por eso la importancia de la planificación estratégica, tiene que ver con generar una política de Estado. Una política de Estado es una política que logra mantenerse en el tiempo. En el caso de nuestro campo, si hay una razón por la cual no se ha cambiado la Ley de Salud Mental entre el 2016 y el 2019, tuvo que ver en parte con la organización de los trabajadores, usuarios y familiares. Porque acá hay un tema que me parece que es nodal no esquivar; hay muchos grupos de madres y familiares de personas con consumos problemáticos –he tenido la oportunidad de juntarme con muchos de ellos– que parten de una descripción de la realidad real, que tiene que ver con la inaccesibilidad del sistema, con la necesidad de poder generar más proximidad de las respuestas públicas, y algunos otros reclamos, pero llegan a una conclusión equivocada, que sería que hay que cambiar la Ley de Salud Mental, y así poder internar contra su voluntad a las personas que lo necesiten, cuando en realidad la legislación actual permite internar involuntariamente –hasta describe los procedimientos que deben llevarse adelante en tal supuesto–; la única diferencia es que lo puede decidir un equipo de salud y no lo va a decidir un juez, quien debe velar por los derechos de la persona en su tránsito por el sistema, en todo caso. Como tantas veces lo hemos planteado, el problema no es la ley, sino su correcta y plena implementación.

[Pregunta del público] Buenos días, voy a hacer una pregunta con respecto a lo que dijo la compañera, ¿vos decís que, a pesar de un cambio de gobierno, la política con respecto a la perspectiva va a seguir siendo humanista, de respeto por los derechos humanos? Porque nosotros anteriormente vimos cosas muy distintas [] conozco un momento de la Sedronar en donde, si te querías pasar a un barrio, te lo imposibilitaban [] muy diferente a esta perspectiva que compartís… Con la derecha no vas a tener nada. [risas]. Con la derecha no vas a tener derechos.

Te acabás de contestar.

[Pregunta del público] Hola, buen día, mi consulta es cuánto tiempo final se hace en total el tratamiento de un paciente o usuario. […] te digo porque yo trabajo en un dispositivo, soy operadora, entonces los pacientes o usuarios lo que dicen es “Mi tratamiento dura siete meses”, que es el tiempo que Sedronar paga el tratamiento, entonces por ahí me sacan esta duda de quién se hace cargo de pacientes que todavía, cuando hablamos de personas, por ahí no podemos hablar mucho de tiempo

Mi opinión es que no se puede subsumir el tiempo de tratamiento a una variable administrativa. De todas formas, esta duda no te la voy a poder contestar yo, porque no tengo una responsabilidad en el área de asistencia de la Sedronar.

[Comentario del público] Igual no voy a responder porque no soy de asistencia, pero, la semana que viene, ya ahí también para poder ir cerrando lo de Mariano, va a venir personal de asistencia para explicar los dispositivos propios del Sedronar, entonces ahí la pregunta de la compañera y otras que pueden surgir serán bienvenidas. Ver gente del propio organismo de esa gestión que está trabajando con dispositivos.

Igual dijiste algo importante, que es que cada gestión define una serie de aspectos que en el plano administrativo refleja posicionamientos en torno a una política pública, yo en el trabajo cotidiano que he tenido con las compañeras que están en asistencia he visto que no tienen un enfoque rígido en términos del proceso de atención, así que seguramente ellos les van a poder contestar un poco mejor, pero hay algo que se flexibiliza también en función de las necesidades de la persona. Después habría que preguntarles para que les puedan decir en estricto sentido si hay algún límite u otro aspecto a tener en consideración.

[Comentario del público] Quería saber qué pensás de la necesidad de reformar los planes de estudio de las carreras afines a la salud, por ejemplo, la compañera doctora está haciendo este curso para sumar herramientas, en mi caso yo estudié Psicología, me recibí de psicóloga, y nunca hablamos de consumo problemático como un abordaje desde la salud mental y de la psicología. [] tenemos muy poca formación sobre la vida. Entonces esa necesidad de que sea parte de los planes de estudio.

Sí, la ley 26.657 plantea la necesidad de revisar y adecuar los planes de estudio de las carreras del campo de la salud mental; dos cosas son sustanciales para repensar cómo nos formamos: una, que puedan incluirse problemáticas de prevalencia en salud, en este sentido hablar de los consumos problemáticos resulta clave, en el marco de cualquier materia de la facultad, no hace falta meter la materia Consumos Problemáticos, sino comprender que es posible incorporar de forma transversal algunas problemáticas. Porque, de no hacerlo, no nos preparan para intervenir sobre esas realidades. El otro aspecto es la práctica profesionalizante, que ilustra cómo vamos acompañando el trayecto formativo académico y teórico, con la posibilidad de generar algún grado de experiencia, y con esto evitar el cambio abrupto que implica salir de la facultad e incluirse de alguna manera a trabajar en el sistema de salud.

Les cuento una anécdota, y con eso cierro. Recuerdo en 2004 una intervención que se dio en el marco de una muestra del taller de música que coordinaba para personas que estaban internadas en una comunidad terapéutica. Esta se dio en el marco de lo que llamaban “graduación” –una suerte de ritual para aquellas personas que finalizaban su proceso terapéutico–, y se nos pidió al espacio de taller de música que mostremos algo del trabajo que realizábamos. En un momento, en plena muestra, veo que una persona se pone a llorar, y yo pienso “Bueno, está bien, están conmovidas, yo qué sé”, y se me acerca la directora asistencial cuando termina el tema que estaban tocando las personas usuarias y me dice “Mariano, hiciste cantar un fóbico social adelante de 150 personas”, y yo le dije, desde mi relativa juventud, irreverente, “No, hice cantar a S.”. Entonces, ¿qué quiero decir con esto? Probablemente, si yo pensaba desde la categoría diagnóstica –que en aquel momento desconocía ya que no participaba de las reuniones de equipo–, quizás hubiera dudado de tal exposición, probablemente lo hubiera “cuidado”, entre comillas, pero yo nunca lo traté de esa manera, casi en línea con nuestro marco normativo, partí de la presunción de capacidad de la persona, siempre lo traté como uno más y poniendo el foco en cuál era el objetivo del espacio, que el muchacho disfrutaba mucho. Lo mismo hacíamos para que un montón de pibes que nunca en su vida hubieran tenido la experiencia de poder visitar un estudio de grabación hayan podido armar sus temas, tocarlos, tener la experiencia de grabarlos en un estudio de grabación y tener una producción, un material terminado que, en términos de algo concreto, a mi juicio era absolutamente terapéutico.

Entonces, ¿qué quiero decir con esto? Quiero decir que está bueno que podamos ir pensando la práctica desde los aspectos teóricos y conceptuales, y así ir incorporando una serie de herramientas muy necesarias, pero que al mismo tiempo nunca perdamos a la hora de intervenir la dimensión humana que no nos da ninguna formación de base. Muchísimas gracias por la escucha, la participación, y espero les sea de utilidad lo que estuvimos conversando en este encuentro.



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