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Conclusiones

Discontinuidades de espacio y tiempo, de formas y colores, se sintetizan sobre la tela; el sentimiento los captó, los expropió de su contexto y les dio un nuevo aquí y ahora. Lo inabarcable se hace palpable, lo enceguedor se hace visible y lo que aturdía deja ahora escuchar su silencio. Síntesis del pincel, cuyo soporte es el paño; pero las síntesis y soportes son múltiples, incontables tal vez. (…) Collage visual de un mundo urbano (Saraví, 1994: 103).

En esta investigación nos propusimos analizar las prácticas y técnicas desplegadas, las mediaciones y tecnologías puestas en juego y los proceso de (re)configuración territorial en el marco del trabajo de las cooperativas cartoneras del Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad de Buenos Aires. A lo largo de la tesis, entonces, intentamos dar cuenta del funcionamiento del Sistema de Recolección Diferenciada como un ensamble compuesto por una heterogeneidad de lineamientos, políticas, deseos y flujos de distinto tipo.

En la primera parte de la tesis, establecimos coordenadas y emprendimos un ejercicio arqueo-genealógico para situar la actualidad de la pesquisa. En el Capítulo I, construimos una perspectiva-teórico metodológica que resituó el problema de la gestión de los residuos y la cuestión cartonera en el marco del Antropoceno. Allí dimos cuenta del efecto del anthropos moderno como fuerza geológica en nuestro ambiente y en la trama de la vida. En esa trama, consideramos central identificar el conjunto de prácticas y técnicas situadas que, en relación con territorios y dinámicas socio-urbanas, juegan un papel activo de redistribución de las existencias, transportando objetos entre regímenes de valores, diferentes sistemas de jerarquías y múltiples cosmologías. En ese sentido, nos propusimos sumergirnos en la red de prácticas compostistas que nos permiten pensar un cómo-hacer con el cambio climático.

En el Capítulo II, nos detuvimos en el fenómeno cartonero para analizar la trama de discursos que, desde el campo académico, construyeron una cuestión o problematización. El ejercicio arqueológico nos permitió dar cuenta del modo en que la crisis de 2001-2002 y la emergencia del fenómeno cartonero significaron un acontecimiento que conllevó transformaciones simbólicas fundamentales, mutando las formas de concebir los residuos y las prácticas de clasificación. Tras reponer los antecedentes sobre el tema y componer una serie de textualidades, elaboramos una reproblematización que nos permita poner en movimiento nuevos interrogantes. Dimos cuenta allí de la imposibilidad de circunscribir una “cuestión cartonera” o un “problema de los residuos” a la organización de fuerzas cooperativas y a procesos de asociación, sin considerar los procesos significantes que esto supone. Inversamente, el problema no se reduce a una serie de juegos significantes: los objetos y las materialidades asociadas ejercen resistencias y un papel activo en los procesos simbólicos. Desde ese diagnóstico, nos propusimos sumergirnos en el movimiento que realizan actores híbridos, tales como mediaciones y tecnologías, que forman redes de relaciones y son inescindibles de los ensambles socio-técnicos de los distintos territorios urbanos. Además, el reensamblaje textual que propusimos se propone integrar un enfoque etnográfico y relacional que permita cohabitar diferentes perspectivas (de sujetos y objetos), que se entraman en el campo social. A su vez, supone la imposibilidad de presumir una forma universal y homogénea de las prácticas de clasificación en el espacio urbano y, en ese sentido, nos exige ahondar en el vínculo entre prácticas de clasificación y los territorios en los que se inscriben. Como señalamos allí, toda práctica de clasificación lleva la marca de su temporalidad y espacialidad, supone una territorialidad específica y requiere de la producción de un conocimiento situado para su comprensión. Construir una problematización para luego reproblematizarla fue, para esta investigación, una forma de movilización (Callon, 1995), donde se ensamblan una serie de interrogantes, diagnósticos y formulaciones prospectivas para el abordaje del fenómeno.

Tras el ejercicio arqueológico sobre las materialidades textuales, en el Capítulo III nos abocamos a un ejercicio genealógico que permita rastrear las líneas que componen el actual Sistema de Recolección Diferenciada. Identificamos la institución de un modelo de gestión de los residuos en el AMBA a partir de la conformación de la CEAMSE en 1977, en el marco de la última Dictadura Militar. Se trató de un proyecto de ingeniería ambiental y la instauración de saberes expertos y nuevas tecnologías (de relleno sanitario) como la solución a los problemas socio-urbanos, se puso en marcha un dispositivo socio-técnico que, con normas, códigos y una intervención urbana fuertemente autoritaria produjo una nueva territorialidad en torno a los residuos. Una marca importante de esta dinámica territorial fue el disciplinamiento de los hábitos y la emergencia de un paradigma de la prohibición de las prácticas de clasificación. Se resignificó aquello que era considerado un residuo, pasando a preponderar su denominación como “basura” y se diseminaron modalidades irreflexivas de descarte de los residuos. La prohibición de las prácticas de clasificación, a su vez, estuvo fuertemente vinculada con lo que denominamos un proceso de acumulación por desposesión, en tanto negaba el acceso a los residuos como un bien común y los acotaba para un proceso de valorización en manos de unas pocas empresas contratistas. Finalizando el siglo XX, el impacto ambiental provocado, la denominada crisis de los rellenos y el fenómeno cartonero comenzaron a mostrar las figuras del modelo imperante. Tras la crisis de 2001-2002, a la par que se impugnaban ciertas políticas neoliberales, se comenzaron a cuestionar aspectos básicos de la modalidad de residuos: nos referimos particularmente a la impugnación de la prohibición de las prácticas de clasificación y a la reemergencia de una concepción valorativa de los residuos. Mostramos, entonces, cómo la construcción de un modelo de GIRSU con inclusión social implicó la incorporación de los recuperadores como participantes del servicio en una tensión entre el diseño de una política social y una ambiental. El trabajo cartonero tomó forma en esos primeros años a partir de la cooperativización y su incorporación a un Sistema de Recolección Diferenciada que, no se impuso “desde arriba”, ni constituyó una demanda “desde abajo”, sino que se forjó al calor de los conflictos. En ese sentido, recuperamos la idea de una cogestión, como forma específica de integración entre Estado local y cooperativas cartoneras, o también una colaboración problemática que hace de la GIRSU local un campo de disputas donde habitan tensiones y múltiples prácticas y sentidos.

En la segunda parte de la tesis realizamos un mapeo o cartografía de las líneas que componen el trabajo cartonero en el marco del Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad. A lo largo del Capítulo IV, nos enfocamos en el dispositivo de recolección y en las prácticas de trabajo cartonero en calle. En ese primer ciclo de clasificación, identificamos continuidades y singularidades de las prácticas cartoneras de la actualidad y las ligamos con objetos y tecnologías artefactuales y organizacionales que cumplen también un papel importante. Así, definimos al dispositivo de recolección como una serie de mecanismos que aseguran la provisión de flujos de materiales y estabilizan, interna y externamente, colectivos de objetos y personas. En ese ensamble, las técnicas cartoneras aportan una cierta dinámica a los territorios urbanos de la Ciudad y le imprimen cierta territorialidad. Suponen una movilización de valores y también el movimiento bajo ciertas lógicas de subjetivación.

En el Capítulo V, nos detuvimos en el papel que juegan los RG en tanto agentes híbridos que se mueven anfibiamente entre el Estado local, la cooperativa y el trabajo de los RA en calle. Su función, sin duda más incierta que la de los mecanismos, es la de transportar mensajes y reformularlos, traduciéndoles en diferentes sentidos. Hacia afuera del Sistema de Recolección Diferenciada, juegan un rol activo en la composición de confianzas con vecinos, clientes y otros actores importantes del territorio. Al interior del sistema, los RG recodifican normativas y expresan demandas, trabajando intensamente en esa colaboración problemática entre los participantes de la gestión. Su lugar vacilante nos permitió observar lo significativas que se vuelven las mediaciones para el funcionamiento de la GIRSU local y también para un amplio ejercicio del gobierno sobre los territorios urbanos.

Por último, en el Capítulo VI nos ocupamos de observar, describir y analizar las prácticas al interior de los Centros Verdes y su interconexión tanto con las prácticas de recolección, como con los territorios urbanos en los que se inscriben. Al interior de las plantas, describimos un segundo ciclo de clasificación, donde se refetichizan las mercancías para su comercialización. A la par que se despersonalizan los objetos, allí se ponen en juego arreglos grupales y colectivos y circulan una multiplicidad de sentidos y valores que, conviviendo con conflictividades y rispideces, hacen posible y reactualizan la organización colectiva. Al incorporar diferentes tecnologías artefactuales, como maquinarias, dimos cuenta del modo en que desde las cooperativas se afronta una fetichización de las tecnologías y una lógica tecno-productivista subyacente. Para ello, se han realizado experimentaciones, como el rediseño de maquinarias y de tecnologías organizacionales, que requieren de su creatividad y su saber-hacer en el territorio. Por último, ampliamos la mirada hacia formas en que el colectivo cooperativo incorpora problemáticas situadas a su dinámica en los Centros Verdes, localizando o reterritorializando la implementación de la GIRSU.

Como forma de concluir, en esta última parte destacamos algunos de los principales hallazgos que consideramos fundamentales para comprender el trabajo cartonero en el marco del Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad de Buenos Aires.

  • Prácticas y técnicas cartoneras: una reproblematización en la época del Antropoceno

En su tesis doctoral sobre el cirujeo en la Ciudad de Buenos Aires a principios de este siglo XXI, Mariano Perelman (2010) sostenía que, de algún modo, toda tesis “está signada por una época” (p. 294). En nuestro caso, esto se vuelve aún más literal. A partir de la intrusión del Antropoceno como concepto-diagnóstico de nuestra época, nos hemos propuesto resituar las prácticas y técnicas cartoneras para proponer nuevos modos de leer la cuestión cartonera en la actualidad. Al reproblematizar las prácticas y técnicas cartoneras en ese marco, no quisimos acotar las miradas a dimensiones “laborales”, “ambientales” o “sociales”. Los efectos que tienen las prácticas antropogenéticas sobre el ambiente nos demandan un esfuerzo de mayor integralidad. Así, apuntamos a conectar las prácticas y técnicas de trabajo cartonero con los distintos regímenes de valores en juego y las diferentes formas de distribuir las existencias. En este sentido, toda práctica de clasificación, en su trabajar la calle, constituye un movimiento performático en el territorio que moviliza objetos y sentidos de un régimen de valor a otro. En tanto prácticas de traducción, desfetichizan la basura y hacen visible otras vidas posibles para esos objetos, conectando con las prácticas del “mundo privado” de vecinos, clientes y otros habitantes del territorio.

Al detenernos en esos juegos de sentidos, dimos cuenta de cómo se vuelve indispensable considerar, además de economías de mercado y monetizadas, otras economías morales (y, por lo tanto, políticas) que atraviesan el proceso de recolección. Así, al referirnos a economías populares integramos no solo la asociación y cooperación para el trabajo no formalizado, sino la organización moral y política que apunta a aunar una serie de valores que circulan en las prácticas de trabajo de los sectores populares en general y, en este caso, de los cartoneros.

Las prácticas y técnicas cartoneras forman parte de estas economías en movimiento y, además, se encuentran atravesadas por múltiples procesos, donde participan personas y objetos (actores y actantes) que exigen un análisis situado para comprender la forma que adquieren en cada territorio. Al enfocarnos en el Sistema de Recolección Diferenciada, las prácticas y técnicas de trabajo cartonero, como vimos, están inmersas en un conjunto de mecanismos y mediaciones que la integran a un colectivo cooperativo y a los procesos de implementación de una política pública en el territorio urbano.

  • Mecanismos: componer confianzas y sostener colectivos estables

A lo largo de la investigación, nos detuvimos en diversas ocasiones a describir y analizar el funcionamiento de mecanismos que cumplen diversas funciones en el proceso de trabajo cartonero en el Sistema de Recolección Diferenciada. En el Capítulo IV, al analizar las prácticas de recolección en calle, dimos cuenta de la centralidad que adquiere la confianza como valor fundamental para sostener el colectivo de trabajo y el circuito del reciclaje. En la relación con clientes y fuentes de ingreso de materiales, construir confianza —así como lo era antes de la formalización de la GIRSU— forma parte del repertorio que hace al oficio cartonero. En el caso de una cogestión con el Estado local, se añaden elementos que permiten construir esa confianza externa: destacamos aquí el papel de objetos como los contenedores, los carros, los bolsones y los remitos. Uniformes y credenciales también pueden integrarse a esta lista de objetos que permiten una institucionalización y visibilización de las prácticas. En ese complejo entramado de objetos y comunicaciones, los mecanismos de composición de confianza externa apuntan a brindar cierta previsibilidad a las prácticas de trabajo cartonero. A su vez, identificamos una serie de mecanismos de composición de confianza interna, que permiten sostener el colectivo cooperativo y trabajar coordinadamente en un mismo proceso de recolección, clasificación y comercialización de materiales. Aquí se ponen en juego tecnologías organizacionales como las asistencias y un sistema de sanciones, así como sistemas de representación como los delegados por grupo de trabajo. Estos arreglos son los que permiten al colectivo lidiar con desacuerdos, conflictos, diferencias personales y grupales, sosteniendo la colaboración y la multiplicidad de colectivos que componen el Sistema de Recolección Diferenciada.

Este conjunto de mecanismos es lo que permite explicar cierto poder inercial, para decirlo con Becker (2009), en el funcionamiento de una GIRSU local. Ahora bien, todo mecanismo debe analizarse en su construcción histórica y su funcionamiento situado para dar cuenta del modo en que se compone confianzas y se estabilizan colectivos de forma singular. Además, como señalaremos a continuación, no es suficiente destacar las regularidades sin observar también sus espacios de indeterminación.

  • Mediaciones: prácticas de traducción y ejercicio del poder

A partir del Capítulo V, introdujimos al análisis el rol que juegan otros agentes cargados de un grado relativamente mayor de incertidumbre. Al detenernos en el trabajo de los RG del Sistema de Recolección Diferenciada, destacamos que una cogestión de la GIRSU entre Estado local y cooperativas requiere una serie de mediaciones y traducciones para transportar mensajes, lineamientos, demandas y toda una serie de sentidos. En el caso analizado, esto permite acompañar el trabajo en calle y su vinculación con vecinos y clientes, a la vez que reforzar una cierta normativización de las prácticas y los cuerpos sobre el espacio urbano, delineando un criterio normativo-estético sobre el trabajo cartonero en el Sistema de Recolección Diferenciada. En un proceso fluctuante donde intervienen estigmatizaciones vecinales, lineamientos gubernamentales, procesos de organización cooperativa y lazos afectivos, se configuran modos legítimos de habitar la ciudad y de (re)ordenar el espacio urbano de acuerdo a un determinado orden moral y cierto código ético-estético.

En ese sentido, el análisis sobre las mediaciones también nos permitió dar cuenta de cierta forma del ejercicio del poder. Aunque el Estado constituye una instancia privilegiada de poder sobre el territorio urbano, su ejercicio no se produce “desde arriba”. Si bien el modelo CEAMSE, especialmente en sus primeros años durante la Dictadura Militar, implicaba una intervención autoritaria sobre el territorio urbano, tras la puesta en cuestión del paradigma de la prohibición de los residuos, la gestión de los residuos adquiere otra dinámica. Como vimos, el modelo de la GIRSU supone un ejercicio de codificación territorial bajo una modalidad ecléctica, ambigua y, por momentos, contradictoria, que moviliza un entramado de relaciones y supone el trazado de fronteras simbólicas sobre los modos legítimos de habitar la ciudad.

A su vez, esto nos permite reflexionar sobre las formas que adquiere una política pública urbana. Desde su diseño, la misma está atravesada por todo un conjunto de interrelaciones que producen híbridos estatales-cooperativos y combinan lógicas institucionales y territoriales, dificultando las distinciones —y, a la vez, facilitando las interconexiones— entre Estado/sociedad civil o gobierno/cooperativa. La implementación de una política pública implica considerar ese entramado de personas, objetos, asociaciones y organizaciones que exigen un ejercicio de traducción de un territorio a otro. A la vez, analizar su forma local o situada implica dar cuenta de las disputas que se ponen en marcha a partir de esa implementación donde intervienen cooperaciones, tensiones, presiones e indiferencias de distinto tipo que moldean una forma ética, estética y, por lo tanto, política de habitar la ciudad.

  • Tecnologías: ensayos para una tecnodiversidad

En el Capítulo I, definimos a las tecnologías como artefactos o modos de organización que forman parte inescindible de las prácticas humanas y no-humanas en el marco del funcionamiento de ensambles. A lo largo de la tesis, describimos y analizamos el funcionamiento de diversas tecnologías artefactuales y organizacionales. En el Capítulo VI, nos detuvimos específicamente en la incorporación de determinadas tecnologías y la forma en que puede obturarse su análisis a partir de una fetichización de la misma. Si esto sucede, a lógica productivo-mercantil vista en el Capítulo IV, se le añade aquí una lógica tecno-productivista que limita el papel de las tecnologías al proceso productivo ligado a su valorización en el mercado. Esto puede leerse como cierto monotecnologismo, que instituye como válidas solo aquellas tecnologías ya consagradas por el mercado, y también, en su expresión práctico-política, lo que denominamos como tecno-solucionismo autoritario, que impide formulaciones alternativas a las de aquellos saberes expertos validados.

Esta forma de concebir las tecnologías, que atraviesa a todos los actores que componen la GIRSU local, convive con otros modos que contemplan una multiplicidad de entramados tecnológicos. Dedicamos una parte del Capítulo VI a la descripción y el análisis de una serie de experimentaciones que las cooperativas junto con agentes del Estado local impulsaron. Así, analizamos el reensamblaje de tecnologías artefactuales, como las MRF, y el rediseño de tecnologías organizacionales, como el mecanismo de comercialización colectiva, en tanto formas de adaptación en función de las problemáticas situadas. A su vez, identificamos ensayos y prácticas experimentales (desde ollas populares hasta huertas comunitarias, entre otras) que apuntan a ampliar las funciones iniciales de la gestión de los residuos y a contemplar de forma integral problemas locales que hacen también a otras dimensiones de la trama de la vida. Esto supone, entonces, un desplazamiento relativo del Sistema de Recolección Diferenciada, que excede la lógica predominante de lo productivo-mercantil y los contornos del mercado y el circuito de compra-venta de materiales.

En este sentido, resulta fundamental considerar la creatividad desplegada y el desarrollo de paisajes tecnodiversos en la implementación de una política pública y, en particular, de una GIRSU local. Lo local, desde esta perspectiva, se vuelve un espacio fundamental para la reflexión del desarrollo tecnológico y su propio funcionamiento situado. En el marco de una política ambiental urbana, trabajar en post de una biodiversidad implica también abrir paso a una tecnodiversidad que habilite formas alternativas de vivir y habitar “el planeta y el cosmos” (Hui, 2021: 106).

  • Territorios y territorialidad: los campos de batalla que habitamos

Como sostuvimos en el Capítulo VI, los campos de experimentación de estos ensayos son los territorios. Las mediaciones y los mecanismos que describimos, son las formas en que, a través de un movimiento de territorialización, se obtiene cierto control sobre los flujos que atraviesan los territorios. Como definimos en el Capítulo I, retomando a Haesbaert (2011), cuando hablamos de territorialidades incorporamos también una dimensión simbólica inescindible de la materialidad del espacio. A través la investigación describimos distintas situaciones donde la territorialidad aparece como una forma de batalla, material y simbólica, por el espacio urbano. En el proceso de trabajo cartonero y en la implementación del Sistema de Recolección Diferenciada, como vimos, se pone en juego también formas legítimas de habitar la ciudad y, por lo tanto, de (re)configuración de la territorialidad urbana. Al referirnos a habitar la ciudad, entonces, no nos limitamos a los vecinos de la misma, sino a todos aquellos que participan —ya sea trabajando, comerciando, circulando o en sus diversas formas— de la composición y la vida que hace a esa dinámica territorial. Las prácticas y técnicas cartoneras, como vimos, participan de esa territorialidad a partir de darle otras vidas a los objetos residuales y conectar con las prácticas de vecinos, clientes y otros habitantes del territorio de trabajo.

Desde el Capítulo IV en adelante, describimos la forma en que las territorialidades de trabajo cartonero se encuentran atravesadas tanto por lógicas productivo-mercantiles como por lógicas comunitarias. Unas y otras circulan por el espacio social y, como vimos, se enlazan en los mismos actores y las mismas prácticas. Cada ensamble específico resalta determinados rasgos y profundiza ciertas subjetividades. Cada territorialidad se compone, en distinto grado, por estas modalidades de subjetivación. No quisiéramos con esto inducir una lectura dicotómica, sino más bien visibilizar la forma en que, al interior del Sistema de Recolección Diferenciada, cohabitan diferentes lógicas de acción que el ensamble logra integrar, con menores o mayores grados de conflictividad. Un análisis situado en cada territorio puede dar cuenta de cuáles son las subjetividades cristalizadas en ese momento dado para ese territorio singular.

  • Cosmotécnicas: desafíos para el futuro

En el primer capítulo de esta investigación definimos a las cosmotécnicas como una forma de unificación del ordenamiento de un cosmos y una moral a través de actividades técnicas. Al analizar las prácticas y técnicas de trabajo cartonero en el espacio público, en el Capítulo IV las definimos como técnicas de traducción, que desplazan objetos de un régimen de valor a otro y, a su vez, permiten cultivar en el territorio urbano prácticas de valorización de los residuos por parte de otros habitantes del territorio. Ello, aun desde una escala microscópica, supone un interdicto al modelo de consumo-descarte imperante y, por ello, destacamos el modo en que las cosmotécnicas cartoneras constituyen una emergencia histórica singular. En el Capítulo VI, al detenernos en las prácticas y técnicas cartoneras desplegadas desde los Centros Verdes, destacamos, a partir de sus rediseños, adaptaciones, ensayos y experimentaciones, su forma de ampliar el mundo de los existentes, excediendo lo productivo-mercantil y acoplando una integralidad de elementos de la trama de la vida al Sistema de Recolección Diferenciada. Por ello, sostenemos que proponen territorialidades alternativas donde habitan en potencia prácticas que habilitan otros desplazamientos y nuevas formas de ordenar los existentes.

La pandemia de SARS-CoV-2 que paralizó al mundo durante comienzos del 2020, estalló en pedazos ciertos imaginarios sociales y disparó múltiples debates públicos. Entre ellos, en la Argentina y en gran parte del mundo, instaló la idea de esencialidad de los trabajos y, bajo ella, las formas de valorización de esas prácticas. El trabajo cartonero no estuvo entre aquellos considerados esenciales. ¿Cómo valoramos aquellas prácticas que, en momentos críticos, se nos aparecen como esenciales? ¿Cuáles son aquellas cosas que nos aparecen evidentemente como importantes? En esa búsqueda por aquello a lo que le damos importancia topé con el trabajo de Vinciane Despret (2022) como una forma de estudiar las “variaciones de importancia” (p. 13). De lo que se trata es de dar cuenta de esas diferencias, hacerlas proliferar en la investigación, “multiplicar las maneras de ser” (Despret, 2022: 13). No existe aquí una reivindicación moral de una manera sobre otra, pero sí cierta reivindicación de la creación de modos de atención. Detenerse, escuchar, atender aquello que para el mirlo resulta importante y compone las condiciones para su transformación. No existe, tampoco para nuestro planteo, una reivindicación moral sobre las maneras. Cohabitan, en los territorios analizados, diferentes lógicas. Existen lógicas productivo-mercantiles que son fundamentales para la sostenibilidad económica de un colectivo y un proyecto. Esto convive y se encuentra enlazado, a su vez, con otras lógicas comunitarias y economías morales que, por momentos, aparecen soslayadas. Por ende, insistimos en la necesaria atención sobre las formas de producción de sentidos en común. De la misma forma, resulta indispensable precisar el funcionamiento, los mecanismos y las formas de (re)producción de los modelos de gestión de residuos. Pero no por ello, debieran omitirse las formas singulares de ensayos y experimentaciones que se llevan adelante sobre los territorios urbanos. No solo atender a una gestión, administración o gobernanza del espacio urbano, sino también a las políticas —en tanto responsabilidad colectiva sobre el porvenir (Stengers, 2017)— en torno a los territorios urbanos y los residuos. Radica allí cierto derecho a la metamorfosis que, desde esta perspectiva, resulta central para poner en marcha prácticas que nos permitan atender a la importancia de hacer-con el cambio climático.

Un desafío consiste en buscar en los intersticios que brindan las líneas y los ensambles actuales para, como plantea bellamente Isabelle Stengers (Bordeleau, 2011), discernir en nuestro presente lo que puede producir algo que quizás haga futuro. Hacer una ciudad futura que nos permita pensar un mundo común es, sin dudas, uno de los desafíos de nuestra época. Si las políticas neoliberales trabajan cotidianamente, de forma rizomática, sobre los territorios, haciendo proliferar, a la vez, consumo y precariedad, los cartoneros constituyen y trabajan con los efectos del mismo. Recolectan los residuos del Antropoceno y, desde las propias ruinas que caracterizan a la precariedad, ponen en marcha procesos de valorización y (re)configuración territorial. Paradojas del tiempo, quizás las respuestas a nuestro futuro las encontremos allí, entre los restos que perviven en nuestro presente, de aquello que ya hemos desechado en nuestro pasado.



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