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5 “Peinar la ruta” y “limpiar la zona”

Mediaciones, normas y estéticas en la configuración de la territorialidad urbana

(…) entendido en su pluralidad, el “mundo tal cual es” no es la evidencia que hay que sacudir, sino el reservorio sin fondo ni límites de seres incapturables, enmarañados, siempre por venir (Hennion, 2017: 13).

Comenzamos una cartografía del Sistema de Recolección Diferenciada describiendo la implementación de dispositivos de recolección donde el trabajo cartonero, a partir de una conjunción de prácticas, actantes, tecnologías y mecanismos, da forma a distintas dinámicas territoriales. La descripción construida podría asemejar el dispositivo a una maquinaria que, de forma automatizada con sus técnicas y mecánicas, se ocupa de la mantención del espacio urbano. Sin embargo, esa descripción —que resalta una cierta inercia— no permite observar los niveles de heterogeneidad que presenta el sistema en su funcionamiento. En este capítulo nos proponemos observar una serie de mediaciones que, a diferencia de esta imagen inercial y automatizada, aportan incertidumbre al sistema. Aunque podríamos seleccionar otros elementos ambivalentes, para dar cuenta de la dinámica de estas mediaciones nos concentraremos en la tarea de los RG en tanto participantes significativos en la cogestión del servicio entre las cooperativas y el Estado local.

En esta búsqueda reparar en el papel activo que juegan algunos agentes en el funcionamiento del Sistema de Recolección Diferenciada, en primer lugar, nos centramos en la figura de los RG, trabajadores estatales que cumplen un lugar central en la implementación de las políticas públicas de gestión de residuos. Se toma distancia aquí de una lectura que neutraliza su función como meros intermediarios de información, y se apunta, por el contrario, a visibilizar el lugar activo que tienen como mediadores (Latour, 2008) en los procesos de inscripción territorial. Nos detenemos a analizar diferentes mecanismos de traducción que realizan estos RG, los efectos que producen en las dinámicas territoriales y sus posibles devenires. A su vez, nos preguntamos por los modos en que estos trabajos de traducción construyen una normatividad que permite distinguir entre “buenas” y “malas” formas de trabajo cartonero y configurar una esteticidad sobre el espacio urbano.

V.1. Los Responsables de Grupo (RG)

Como dijimos, en este capítulo nos centraremos en la figura de los RG y en el papel que desempeñan en el funcionamiento del Sistema de Recolección Diferenciada. En líneas generales, puede pensarse su rol a partir de tres tareas básicas. En primer lugar, ser quienes certifican el presentismo de los RA, al “tomar lista” antes, durante o luego del proceso de recolección. Luego, el control de las prácticas de trabajo cartonero a partir de la construcción de un sistema de sanciones y descuentos, que busca certificar que los RA vistan el uniforme correspondiente, no beban alcohol durante la jornada laboral y no asistan con personas menores de edad. En tercer lugar, su función sería la de comunicar las directivas que desde el Estado local se indican para el proceso de recolección en el espacio urbano, en caso de introducirse modificaciones en el Sistema de Recolección Diferenciada[1].

En este capítulo ahondar en la figura de los RG y en su papel activo como una forma de comprender las complejidades que confluyen en su rol. Así, pretendemos visibilizar, de una manera más amplia, la importante función de mediación y traducción que desempeñan una heterogeneidad de agentes en la implementación de una política pública urbana como lo es la gestión de los RSU secos.

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de DGOR-GCBA

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de DGOR-GCBA

A partir de la implementación del Sistema de Recolección Diferenciada, la participación de RG en diferentes cooperativas y espacios urbanos de la Ciudad ha ido en aumento. Desde 2014, cuando se contaba con 31 RG, se incorporaron trabajadores y el número creció progresivamente. Si tomamos el período 2014-2021, el crecimiento fue de un 161%, alcanzando los 67 RG en 2018 y los 81 RG en 2021, tal como puede verse en el Gráfico IV. Su distribución en el territorio es muy dispar. En 2021, como nos muestra el Gráfico V, mientras que algunas comunas de la Ciudad contaban con diez o más RG asignados (como las comunas 1, 2, 12, 13 y 14), otras no tenían ningún RG en su territorio (comunas 4, 7, 8, 9 y 10)[2].

Una primera explicación a esta desigual distribución se debe que los RG no son asignados de acuerdo a criterios específicamente territoriales (como podría serlo, por ejemplo, la cantidad y tipo de generadores existentes en las Comunas), sino en función de las demandas y necesidades planteadas por las cooperativas y las características del trabajo que ellas realizan. Sin embargo, como se verá aquí, las especificidades de la función propia de los RG como agentes estatales, junto con las características personales y los modos de organización de las cooperativas moldean la forma de trabajo, ligándola a un proceso de composición de una territorialidad específica. Es decir, a pesar de que los RG no son designados teniendo en cuenta las características demográficas de los territorios donde desarrollan su trabajo, por razones que a continuación se señalan, se terminan adaptando a las particularidades de estos y su trabajo está muy ligado a las dinámicas que los territorios urbanos adquieren.

V.2. Peinar la ruta: mediaciones externas, trabajo de recolección y vínculo con los clientes

En las siguientes notas de campo apuntamos a dar cuenta de la experiencia acompañando a un RG y un RA de la cooperativa RUO, durante sus jornadas de trabajo en el barrio de Caballito en 2022. Apuntamos a dar cuenta del modo en que ambos actores, RG y RA, trabajan colaborativamente para captar materiales y clientes en la zona de recolección.

Durante varias semanas acompañé a Nico, un RG de la cooperativa RUO en sus jornadas de trabajo. Esa mañana lo veo llegar al CV Yerbal en su bicicleta. Me pidió que llegue temprano para acompañar en su recorrido a Maxi, un RA y, así, peinar su ruta. Primero pasamos por una oficina, su lugar de trabajo, montada en un container, ubicada del lado izquierdo apenas se ingresa al predio. Nati, otra RG, está barriendo. Luego, pasará el trapo en su escritorio. Nico junto con otra RG toman asistencia de los RA que van pasando a saludar y dar el presente. Algunos piden también los remitos que encargaron el día anterior por WhatsApp. Los RG en el CV Yerbal se los entregan listos con la información necesaria ya completa.

A las 9:30hs salimos con Nico a hacer el recorrido junto a Maxi, un RA que empezó a trabajar como cartonero hace 8 meses, pero que hace tres comenzó a hacerlo como pleno integrante de la cooperativa, reconocido por el Estado local, precisamente porque se liberó un cupo y él estaba anotado en la lista de espera. Antes de eso, recolectaba en una zona acordada con la cooperativa y comercializaba el material a través del mecanismo de comercialización colectiva (ver Capítulo VI), aunque no percibía un salario o incentivo. Es decir, solo obtenía lo que lograba juntar y vender. Maxi comenzó a trabajar en la cooperativa porque su compañera pertenece a la misma. Actualmente comparten la zona de trabajo: la calle Guayaquil desde Av. Del Barco Centenera hasta Av. La Plata. Son 8 cuadras: cuatro para cada uno, aunque suelen repartirse los clientes más que las cuadras.

Al comenzar el recorrido, Maxi retira el material de algunos clientes que ya son fijos. Nico lo acompaña y va frente por frente preguntando si Maxi ya retira de ahí regularmente, anota como un cliente las respuestas positivas. Si aun no, ingresa al comercio o toca timbre del domicilio. En caso de que sea un edificio, intenta ubicar al encargado para arreglar un día específico para el retiro del material. Ante comerciantes, encargados o vecinos, Nico repite el mismo discurso: “Soy del Gobierno de la Ciudad. Trabajo en la Dirección de Reciclado. Maxi es recuperador de la cooperativa Recuperadores Urbanos del Oeste que trabaja aquí en el barrio y tiene un predio sobre la calle Yerbal. Estamos pasando por los domicilios para saber si separan los residuos y el material reciclable”. Con Maxi, nos quedamos a un lado. “Mirá cómo se los chamuya”, me dice Maxi sobre el discurso de Nico. En ocasiones, el RG lo llama para presentarlo a los interlocutores. En el recorrido con Maxi, pasamos por un quiosco, una verdulería, una escuela y varios edificios. En algunos casos se acordó inmediatamente la entrega de los materiales en mano. En otros casos se negaron argumentando que “no contaban con materiales reciclables”. En otras ocasiones, como una escuela, el acuerdo requiere más tiempo ya que es necesario convenir con las autoridades de la institución.

Imagen VI: Bolsón de un RA acomodado al costado de un cordón de vereda mientras un RA y un RG se contactan con el encargado de un edificio, Ciudad de Buenos Aires, 2022

Fuente: propia

Peinar la ruta de un RG implica este acompañamiento en el recorrido del RA, caminando las cuadras en la que recolecta. Mientras hace eso, el RG anota los clientes que el RA ya tiene y, juntos, van frente por frente intentando incentivar a los vecinos para separar los residuos y entregar en mano el material reciclable, apuntando a conseguir mayor cantidad de clientes. En ocasiones también se realiza lo que se denominan altas: un servicio que brinda el Estado local para que los comercios, empresas, oficinas y edificios con encargados envíen a través de un correo electrónico, disponible en el sitio web del programa Ciudad Verde, el pedido para que le retiren los materiales reciclables. Una vez hecha esa solicitud, el Estado local le asigna al generador la cooperativa que le corresponde según su zona y le envía a esta el pedido de alta. En este caso, son los RG quienes se encargan de asignar un RA que trabaje en esa zona y acercarse con él a acordar la entrega del material. Es un modo más práctico y directo de realizar la conexión entre generadores y cooperativas y, así, establecer la prestación del servicio de retiro de la fracción secos de los residuos domiciliarios.

El diferencial que aportan los RG en esta situación es presentarse ante los vecinos como “trabajadores del Gobierno de la Ciudad”, parte del Estado local. Esta credencial o carta de presentación permite identificarse en un lugar que supone cierto nivel de ejercicio de control y autoridad respecto a la normativa vigente, que establece las pautas para la clasificación domiciliaria. A esto se le suman una serie de habilidades retóricas con las que Nico cuenta y Maxi carece, o al menos no considera estar habilitado: Nico “se los chamuya”, decía Maxi. La carta de presentación y el ejercicio retórico resultan una combinación que permite que los RG tengan mayor capacidad de convencimiento para llegar a esos arreglos: qué día de la semana, en qué franja horaria hacer el retiro, así como también una estimación de la cantidad de material que se suele retirar (información que luego irá al remito que entregará al RA). Al finalizar, le envía al RA esta información a su celular para que quede asentado, pueda disponer de ella y organizar su jornada de trabajo.

Como peinar la ruta requiere pasar por todos los frentes de la cuadra, puerta a puerta, la jornada transcurre con bastante intensidad. Fueron alrededor de tres horas recorriendo domicilios. De hecho, al regreso desde Avenida La Plata, con los bolsones cargados de materiales, Maxi ya no quería que Nico siga deteniéndose en cada frente: “Ya está, Nico, volvamos”, le dice caminando más rápido.

Imagen VII: Un RG acompaña a un RG en la recolección del material para peinar su zona, Ciudad de Buenos Aires, 2022

Fuente: propia

Finalmente, llegamos con Maxi a su parada, conocida como “la de los Martínez”. La compañera de Maxi es una de las hijas de Martínez. Su madre le pide a Nico que pase un día de estos por su zona, ya que necesita que le pida el material a unos comercios que ya no están entregándole. Nico se compromete a hacerlo en unos días. Esto suele pasar con los RG que adoptan esta modalidad, ya que para los RA resulta muy valioso ese acompañamiento como una herramienta más en su repertorio para alcanzar la entrega en mano del material. Así, el RG trabaja la calle en conjunto con el RA, quien le indica los lugares donde necesita de su mediación para establecer, consolidar o transformar el vínculo con clientes.

En otra ocasión, me crucé con Maxi y me cuenta que sumó varios clientes más: “ya no tengo que andar estallando los contenedores[3]. Se concentra menos en buscar allí el material, ya que cuenta con el ingreso regular de materiales que proviene de sus clientes: “¡ya no trabajo!”, bromea.

A continuación, buscamos ampliar estas notas de campo, con la experiencia transitada con otro RA de la cooperativa RUO en el barrio de Caballito y con una RA de Las Madreselvas que realiza la recolección en Belgrano. Ambas experiencias se realizaron en el año 2022.

Vuelvo a acompañar a Héctor en su recorrido por el barrio de Caballito. Al preguntarle cómo viene siendo el trato con los vecinos de su zona, me responde: “Muy bien, me conocen todos acá”. Me cuenta que él ve muchos gestos de solidaridad de parte de los vecinos y que eso lo nota en la entrega del material. Le pregunto si tiene más clientes y me dice que sigue teniendo unos cuantos, aunque en el último tiempo “se me bajaron varios”, dice. La mayoría de ellos son comercios que cambiaron al encargado y los nuevos no sostuvieron el hábito de las entregas. Me explica lo difícil que se vuelve a veces, ante esa rotación de trabajadores (ya sean temporales, por despidos o renuncias), construir la confianza y la voluntad de separar en origen el material reciclable y entregarlo en mano. “Hay que empezar siempre de cero, ¿viste? —me dice— Volver a insistir para que te den el material en mano”. A veces, los remitos ayudan, en este sentido, a promover ese vínculo, dado que se trata de una constancia de que la práctica ya se realizaba previamente.

Otra cuestión que habla de esa relación entre RA y clientes es el modo en que se entrega el material, la calidad del material. Mientras que algunos clientes le entregan el material, “limpio y seco”, en otros casos Héctor encuentra muchas bolsas de materiales mezclados. Él me dice que cree que esto es responsabilidad de los encargados que no separan el material como corresponde a pesar de que “cobran un plus para eso”. Pero allí, agrega, se ponen en juego la antigüedad de la relación con los clientes —quienes entregan el material hace más tiempo parecieran adecuarse mejor a las formas de entregarlo limpio y seco—, como también a las características de los clientes —principalmente en grandes edificios, la relación es más indirecta e impersonal y las bolsas suelen traer mayor cantidad de materiales mezclados.

En el recorrido con Héctor nos dirigimos a un edificio donde retira el material. Héctor toca el timbre y avisa al encargado que llegó. El encargado abre la puerta del garage desde dentro del edificio y Héctor entra. El encargado no lo inspecciona. Solo abre y confía en que él no hará nada más que sacar el material que allí se encuentra esperándolo. Héctor lleva consigo una pequeña tablita de madera con la que tapa el sensor del ingreso al garage para evitar que se cierre mientras procede a realizar la tarea. Me dice que esta situación despertó algo de alerta en los vecinos, que organizaron una reunión para discutir si debían dejarlo ingresar al edificio o no. “Unas señoras cogotudas me preguntaban qué era exactamente lo que hacía”. “Ellas no estaban informadas, no sabían nada del reciclaje, de la cooperativa, de nada”, me dice. “Yo ahí chapeo con la cooperativa, con la campera[4]… y les dije que si necesitaban saber más les decía a mis compañeras las Promotoras (Ambientales) que vengan”. Esta situación, creo, condensa una importante trama de cuestiones centrales para pensar la relación entre los recuperadores y los vecinos. Aquí, como intentaré mostrar más adelante, se entrecruzan la circulación y actualización de estigmas con el modo de presentarse a sí mismo que tienen los recuperadores.

Durante varias mañanas de agosto realicé recorridos con una RA de la cooperativa Las Madreselvas. Al llegar al punto de encuentro en una de esas jornadas, le pregunto a la RG por Cecilia, una recuperadora que estuve acompañando antes en algunas ocasiones. La RG me dice que estaba muy dolorida, y que por eso se ausentó. Cecilia tiene artrosis, pero no hace ningún tratamiento específico más allá de tomar analgésicos de vez en cuando. Un coordinador de Responsables de Grupo me diría luego que muchas recuperadoras presentan dolores o problemas corporales, principalmente quienes trabajan hace mucho tiempo. Los RG, al conocer personalmente a todas las RA con las que trabajan, tienen bastante registro de este padecimiento. Según su propia percepción, no debe ser menor al 30% quienes declaran ese tipo de problemas entre los motivos de ausencias. A pesar de esto, no hemos encontrado datos ni líneas de acción específicas para este tipo de problemática en el marco de esta política pública.

Una de esas mañanas acompañaba a Elsa en sus recorridos por la calle Ciudad de la Paz. A diferencia de lo que sucede en la otra cooperativa de Caballito, aquí en Belgrano los RG no realizan ese trabajo minucioso de acompañamiento a RA. Elsa se gana sus clientes por su cuenta. Esa mañana estaba algo fastidiosa porque una escuela ya no le entregaba el material. Dejaron de hacerlo luego de que el encargado se jubiló. Ahora le dicen que la escuela no separa los residuos y que por ello no tienen materiales para entregarle. En la puerta de la escuela vemos una camioneta que dice Punto Verde. Elsa se pregunta si ahora le estarán entregando el material a ellos. Nos acercamos a preguntarles. Son tres hombres con unos uniformes y nos dicen que pertenecen al programa Escuelas Verdes[5]. No reciben el material de la escuela, sino que solo vienen a dar una charla sobre cuestiones ambientales. Uno de ellos pertenece al Ministerio de Educación y otros dos pertenecen a una organización no gubernamental contratada específicamente para las charlas. Me comentan que conocen la cooperativa Las Madreselvas, que estuvieron allí hace poco pero que no realizan ninguna actividad en conjunto específica con las recuperadoras de esa cooperativa.

Al seguir camino por la calle Ciudad de la Paz, un encargado le entrega el material y me interroga sobre mi rol. Primero piensa que soy del Gobierno de la Ciudad y lo que quiere es contarme por qué, para él, otros encargados de la cuadra no le entregan el material a Elsa: “porque mis colegas son vagos —me dice— porque quieren sacar el material a la hora que se les dé la gana”. “No quieren comprometerse a sacar la basura a la mañana”, me dice luego. Me comenta que a ellos les pagan un plus por esa separación y que los encargados cobran el valor de ese plus de acuerdo a la cantidad de unidades que hay en el edificio, que en algunos casos son edificios de muchas unidades, pero que aun así se niegan[6]. Según este encargado, los demás encargados de la cuadra optan por negar la entrega del material y así pueden sacar los residuos y el material reciclable (generalmente mezclados) una sola vez y en cualquier momento del día, dado que en el frente tienen contenedores. En esa cuadra, Elsa me señalará un edifico relativamente grande que parece ser de oficinas. “Sacan mucho papel, pero no lo entregan, porque lo sacan a la noche. Yo no pude hacer nada para que me entreguen”, me dice.

Los pasos por el trabajo de recolección en los barrios de Caballito y Belgrano permiten distinguir situaciones bien diferentes. El “yo no puedo hacer nada para que me entreguen” de Elsa —refiriendo al poco margen para intervenir ante la negativa de entregar el material reciclable— contrasta con el “mirá cómo se lo chamuya” con el que Maxi refiere al RG que media activamente para alcanzar la entrega en mano del material.

Efectivamente, peinar la ruta de un RA no es una práctica generalizada entre las cooperativas y las modalidades de trabajo de los RG. Existe como una forma específica de intervención de algunos trabajadores estatales en el territorio y se replica en cooperativas como RUO o El Amanecer en el Microcentro porteño (Tagliafico y Schamber, 2022). Como vimos, se instaura como una mediación entre los RA y vecinos de la zona de trabajo, en tanto potenciales clientes. Consiste, así, en una práctica de sensibilización de los actores del territorio con el objetivo de interpelarlos en tanto sujetos responsables de la separación en origen y de la entrega en mano del material. Ello se produce en dos sentidos: se participa en mejorar las prácticas ambientales de la ciudad y se colabora con el ingreso y las condiciones de trabajo de los recuperadores. Un reciclaje inclusivo a partir de la sensibilización ambiental y social[7].

Así, la “promoción ambiental” en tanto práctica de interpelación y sensibilización de los vecinos resulta una estrategia importante en la captación de clientes. En el caso de los RG, además, realizan esta práctica con conocimiento del territorio y de los RA con los que trabajan. No se trata de una promoción en abstracto, sino que acompañan al RA que a partir de entonces será el encargo del retiro. Como mencionábamos para las RA de Las Madreselvas, los RG están informados sobre sus situaciones personales y sus dolores. Además, están equipados con “cartas de presentación”, discursos y “habilidades retóricas” —auténticos paquetes (Becker, 2009)— que los RA no poseen, aunque son estos últimos quienes hacen uso de los RG como estrategia en su repertorio de herramientas y acciones en su trabajar la calle.

Las “cartas de presentación” y las “habilidades retóricas” dicen mucho sobre algunas dinámicas territoriales exploradas en nuestro trabajo de campo. Como vimos en aquella situación con Héctor en el acceso al edificio, en el territorio se produce juego de confianzas y estigmas en circulación. Por un lado, el RA busca construir una imagen de sí mismo como referencia en el territorio. Es decir, alguien en quien los vecinos y actores del territorio confían, conocen, sienten cercano, saben qué hace y reconocen el valor ambiental de su trabajo. Por otro lado, también reconoce la existencia de otros actores, las “viejas cogotudas”, que desconfían y persisten en ligar la práctica de recuperación de residuos a prácticas delictivas. En este caso, el contraste con la situación de 2001-2002 funciona como un modo de resaltar las virtudes que la institucionalización tiene para presentarse de cara a los vecinos como “servidores públicos” con prácticas que mejoran el espacio público y el ambiente. Sin embargo, este contraste esconde también la forma en la que aún circulan y se actualizan determinados estigmas sobre los cartoneros. Que las cartas de presentación y las habilidades retóricas de los RG, en su mayoría de clases medias, tengan mayor efectividad en el convencimiento de los actores del territorio y en la captación de clientes nos permite visibilizar cómo perviven la desconfianza y el recelo a la interacción con los cartoneros.

Fajn (2002) decía que el ciruja[8] debía cargar con el estigma que lo asociaba a la ilegalidad y que necesitaba revertir esta lógica con el objetivo de disminuir la segregación de la que podía ser objeto por parte de los vecinos. La repetición rutinaria de los recorridos funcionaba como una práctica que construía relaciones de confianza con los actores del territorio y, así, iba a contrapelo del proceso de estigmatización (Fajn, 2002: 177). En la actualidad, los RA deben lidiar con estos estigmas que, aunque de menor intensidad, aun circulan en las dinámicas territoriales. Las estrategias de promoción ambiental como las que realizan las Promotoras Ambientales y las conexiones que construyen los RG representan actualmente una forma de afrontas esta situación. En su trabajo junto a las Promotoras Ambientales, Verónica Puricelli (2017) da cuenta de cómo ellas perciben la marca histórica de la otredad que, desde el imaginario de una ciudad de élites, se presenta como un estigma a ser reparado. Para ello, desarrollan un conjunto de técnicas que habiliten vínculos cordiales con los vecinos: “Hablar bien, tener paciencia y no interrumpir cuando los vecinos hablan” son las técnicas con las que apuntar a que los vecinos y las vecinas las quieran y que se produzca una identificación con su trabajo (Puricelli, 2017: 205). Así, la forma de trabajar la calle de los RG al peinar la ruta, actúa como una práctica de conexión. Conecta a los RA con los potenciales clientes. Es una forma también de modificar la dinámica territorial: se busca desarmar estigmatizaciones, se incentiva a examinar y clasificar los residuos, a redistribuirlos y modificar las formas de disponerlos en el espacio público.

Ahora bien, las formas en que se producen (o no) esas conexiones resultan sumamente inciertas. No conforma un mecanismo generalizado, sino más bien una serie de procedimientos que varían de acuerdo a una heterogeneidad de situaciones: las modalidades de trabajo adoptadas por las cooperativas en cada zona, el “uso” que hacen estas cooperativas de los RG, las características propias de estos RG, las relaciones y afectos que se construyen entre los RG y los RA, las características propias de los territorios, entre otras. Esto hace, entonces, que hablemos de los RG como mediadores, en tanto, aquellos que transportan una serie de mensajes y elementos y que, al hacerlo, los modifican en el camino. Este proceso de traducción de los códigos del recuperador a los códigos de los vecinos, por centrarnos en nuestro caso, es un proceso cargado de incertidumbre, mucho menos automatizado que los mecanismos que describimos en el precedente capítulo. Por ello decimos que los RG conforman mediaciones externas en el marco del Sistema de Recolección Diferenciada. Al mediar entre los recuperados y los clientes, trazan conexiones, consolidan enlaces, posibilitan el ingreso y flujo de mayor cantidad de materiales reciclables en las redes del sistema.

V.3. Limpiar la zona: mediaciones internas, normas y estéticas en el trabajo de recolección junto a los vecinos

Recién abordamos el modo en que los RG participan como mediadores en los lazos externos al Sistema de Recolección Diferenciada, posibilitando conexiones con potenciales clientes y con actores que intervienen en las dinámicas territoriales. Nos enfocamos ahora en los modos en que estos trabajos de mediación se producen en el interior del funcionamiento del sistema. Como veremos, existen importantes traducciones entre Estado local, cooperativas y recuperadores en el territorio, que habilitan la institución de una determinada normatividad y una producción estética sobre el espacio urbano.

Son las últimas horas de una tarde de mayo. A medida que se pone el sol, comienza a oscurecer y a enfriarse el aire del Microcentro de la Ciudad de Buenos Aires. Es martes y resuenan los pasos de quienes salen de las oficinas. Celulares en mano, auriculares en los oídos, la muchedumbre se dirige apresuradamente a subtes, colectivos, taxis, autos para retornar a sus hogares. Esquivando el transporte y los peatones, las bicicletas de Rappi y Glovo cruzan a gran velocidad en una y otra dirección[9]. Sobre la calle peatonal Florida, manteros y artesanos se instalan en grupos y muestran sus productos. Los arbolitos[10] ubicados en distintos puntos de la cuadra. Están allí también vendedores de medias, de revistas, de pequeñas mesas de madera, barrenderos, quienes están “parando” o viviendo en la calle, quienes están mendigando. En estos casos, la circulación es a un ritmo más lento, buscando iniciar conversaciones, predispuestos a la interacción. Entremezclados en la multitud, cartoneros se acomodan junto con sus bolsones, revisan los contenedores de residuos, recolectan el material reciclable. Lo hacen solos o en grupos. Conversan con gente a quienes conocen, personal de limpieza, encargados de edificios y de comercios.

Chelo tiene 55 años y desde 2007 que trabaja en lo que anteriormente se llamaba Programa de Recuperador Urbanos (PRU). Antes de eso, como conoce muchos oficios, trabajó haciendo changas mientras militaba en una asamblea barrial de San Telmo[11]. En el Estado local trabajó siempre cumpliendo las funciones que hoy hacen los RG en el Programa de Promotores Ambientales. Allí participó de los conflictos desatados luego de la suspensión de los servicios de los trenes cartoneros. Tras eso fue despedido y acusado de “ñoqui del Gobierno de la Ciudad”. Por la intervención del sindicato y del Poder Judicial logró conservar el trabajo luego de estar tres meses sin funciones. En la actualidad es delegado[12] del gremio ATE. Desde hace varios años cumple sus funciones de RG en el Microcentro, tomando el presente a los RA de la cooperativa El Amanecer.

Hacer el recorrido que hace Chelo en el Microcentro significa estar deteniéndose en la calle cada media cuadra. Conoce y saluda a todo a quien se cruza. Vecinos, comerciantes, recuperadores a su cargo, recuperadores de otras zonas y también muchos otros cartoneros fuera del sistema. Chelo pasa por las distintas paradas de los recuperadores que trabajan en su zona, tiene un listado de casi veinte de ellos a los que debe tomar asistencia y controlar cómo se encuentra su parada o lugar de trabajo[13]: que esté ordenado, que no haya bolsas de residuos rotas en el piso, etc. (Ver Imágenes XI y XII). No siempre logra ver a todos los recuperadores en su jornada. A veces simplemente pasa y ve un bolsón en un lugar determinado y ya sabe a qué recuperador pertenece y, entonces, anota que está trabajando. En otras ocasiones, no los cruza en su recorrido, pero sabe quiénes son “los que vienen siempre”.

Imagen VIII: Calle Alsina, entre Diagonal Sur, durante el trabajo (izquierda) y luego de realizada la carga (derecha), Ciudad de Buenos Aires, 2019

Fuente: propia

Imagen IX: Avenida Diagonal Sur, durante el trabajo (izquierda) y luego de realizada la carga (derecha), Ciudad de Buenos Aires, 2019

Fuente: propia

Chelo cree que los RG cumplen sobre todo “una función social”. Para él su actividad es un trabajo, pero también “una militancia”. Con mayores o menores niveles confianza, sostiene una premisa: “Es importante llevarse bien con los cartoneros, dentro y fuera del sistema, y que confíen en vos, porque así también te respetan y te escuchan”. Sigue Chelo, “lo importante es que ellos sepan que pueden contarte las cosas, que ellos hablen, que uno escuche y que después establezcamos acuerdos. No es ser amigos, pero sí crear un lazo de amistad”. Aunque la construcción de este tipo de vínculo de confianza o lazo afectivo pueda variar en los diferentes casos, su existencia constituye sin dudas un elemento importante a la hora de considerar el funcionamiento del sistema. Desde la perspectiva de los RG, este tipo de vínculo permite que los cartoneros “te escuchen”, “te respeten”, “te den bola”. Así, se consigue mayor receptividad por parte de los cartoneros a la hora de modelar sus prácticas de recolección: evitando el rompimiento de bolsas de residuos, dejando las paradas más limpias o mostrando un mayor apego a las normativas vigentes, por ejemplo.

Pitu trabaja hace 21 años en el cartoneo, siempre en Microcentro, aunque en diferentes zonas y con distintas modalidades. “Antes era un quilombo”, dice. “Te vivías peleando y agarrando a las trompadas, por las zonas de trabajo y por los clientes”. En la actualidad, tiene su parada sobre la Avenida Belgrano. “Ahora nada que ver, es mucho más tranquilo, yo trabajo acá y los clientes ya me conocen. O me dan el material a mí o se lo dan a mi compañera. Si vienen otros a retirar, les dicen que no tienen y listo”. Al preguntarle los motivos de ese cambio me dice dos cosas. Por un lado, “estar con la cooperativa, ayuda”. “A mí no me hacen nada porque soy de la cooperativa y saben que trabajo acá, ya me conocen”. Aparece nuevamente esa imagen de aquel que “ya es conocido” en el territorio, que ha construido una referencia. Pero en este caso, respaldada por la figura de la cooperativa. Por otro lado, me dice Pitu, después de la pandemia de SARS-CoV-2 descendió el nivel de actividad económica y administrativa que se concentra en las oficinas del Microcentro porteño, “bajó mucho la cantidad de material” disponible y, a su vez, “ya no se ven tantos cartoneros independientes”. Entre él y su compañera, tienen varios “clientes” de la cuadra, salvo un edificio grande arriba de un Farmacity en una esquina. Allí el encargado vende el material por su cuenta, “ese es una rata”, dice Pitu.

En una de las jornadas de trabajo durante el 2022, a Pitu le robaron los bolsones. Según él, quienes se lo sacaron fueron del Área de Fiscalización del GCBA. Al consultarlo con Chelo, me dice indignado que es una “política represiva” del Gobierno de la Ciudad. La respuesta de algunos funcionarios, me dice Chelo, es que “queda feo” ver los bolsones con materiales reciclables sobre las veredas y calles del Microcentro. Me comenta que hubo operativos impulsados desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público del GCBA para despojar a los cartoneros independientes de los bolsones y desplazarlos del Microcentro. Al presentar el reclamo por los RA que forman parte del Sistema de Recolección Diferenciada, desde el Ministerio les transmitieron a los RG que fue una confusión, “un malentendido”. Aun así, los bolsones nunca volvieron.

En mis trabajos de campo durante 2018 y 2019 en el Microcentro transité varias ranchadas, conversé con varios cartoneros que habían armado pequeños asentamientos con sus bolsones y dormían en esas calles. Eran espacios que habilitaban una serie de posibilidades para quienes se encontraban allí: facilidad para acceder a los materiales, compartir espacios para dejar los bolsones o para clasificar lo recolectado, otras personas lo usaban para dormir, algunos otros solo pasaban allí la tarde o algunos días. Se mezclaban formas de trabajo más o menos pautadas, prolijas u ordenadas, consumos de drogas, conversaciones sobre barrios o actores del territorio urbano, trueques de materiales, préstamos de dinero, entre otros. Con el lema de ordenar el espacio urbano, de limpiar la ciudad, levantaron ranchadas, bolsones que eran el producto del trabajo de recolección, formas de apropiación del territorio y prácticas del espacio urbano que eran consideradas ilegítimas, ética y estéticamente reprobables: “sucios”, “delincuentes”, “chorros”, “vagos”, son algunos de los epítetos que decían recibir quienes circulaban por allí. Algo de todo eso quedó perdido cuando vuelvo a hacer el trabajo de campo en 2022 y 2023. Algo de ello se fue con los bolsones que le llevaron a Pitu y sus compañeros.

Otro día de trabajo de campo en Caballito. Al ingresar al CV Yerbal, saludo a uno de los trabajadores de seguridad que veo en el ingreso y paso a la oficina donde se encuentran los RG. Es un container ubicado en el lado izquierdo del ingreso. Hay tres escritorios en los que trabajan Nico, Nati y Dani. Los tres son RG del turno mañana, de 9 a 13hs. Luego, hay otros tres RG que trabajan en el turno tarde, entre las 14 y 18hs. En cada turno unos 100 RA dan su presente en el predio. Pero son aproximadamente 600 RA en la cooperativa: 400 trabajando “en calle” (200 en las inmediaciones del CV Yerbal y 200 se reparten entre Chacarita —“Santo Tomé”— y Once) y 200 en las instalaciones (CV Yerbal, CV Varela y el predio de Santo Tomé). Para el resto de los RA que no dan su presente en Yerbal, es decir que van directo a su parada, realizan su recorrido y entregan el bolsón, hay 4 RG que trabajan en calle (dos en Chacarita y dos en Once).

Llego unos minutos antes de las 9hs al predio de la calle Yerbal de la cooperativa RUO. A diferencia de otras veces, me llama la atención la fila de recuperadores frente a la oficina de los RG. Están dando el presente y Nico los hace firmar en una planilla donde ya están sus nombres. A su lado, Dani atiende otras consultas de los recuperadores. Algunos RA se ponen ansiosos y protestan porque se demoran en el inicio de sus recorridos. Nico hace un gesto con sus brazos como diciendo que él no puede hacer nada al respecto. Me explica luego que desde hoy se toma lista tras haber tenido situaciones donde se les descontaron días a RA que efectivamente habían asistido a trabajar pero que no habían sido tomados sus presentes por les RG[14].

Como en otras mañanas, ingreso a la oficina y me quedo conversando con los RG. Dani le comenta a sus compañeros que habló con un referente de la cooperativa[15]: “Me dijo que hay que levantar la parada de Donato y Bogotá, la que está ahí en la plaza”, dice. A Nico no le gusta lo que escucha y le responde: “Los de la mañana terminan pagando por los de la tarde”. “Sí, pero me dijo que hay que levantarla y hay que reubicar a los recuperadores en otras paradas”, responde Dani. La situación se produce luego de un reclamo iniciado por vecinos —que pedían que los recuperadores muevan su lugar de trabajo— y trasladado por el Estado local a la cooperativa. La parada a la que refieren está “sucia” y “desordenada”. Los recuperadores “trabajan mal”, esto es, rompen bolsas y dejan allí tirado lo que no les sirve. Ante el reclamo y por las características de un grupo díscolo, no habría posibilidad de reorganizarla. Según Nico, es porque “los de la tarde no trabajan bien, son un quilombo, son un bardo esos pibes”. Limpiar la zona, en esta situación, significa desplazar a quienes trabajan allí hacia otra zona donde no despierten la reprobación de los vecinos. Tiempo después se repite una situación similar. Una inmobiliaria que trabaja en el barrio de Caballito denuncia que, frente a su local, la vereda “está sucia” por la forma en la que trabajan los recuperadores. “Hay que caerles sin avisar —dice, entonces, Nati—, así revisamos cómo dejan la zona”. El caso, atravesado por el enojo de Nico con “los chetos esos de la inmobiliaria”, terminará con el desplazamiento del grupo a la vereda de enfrente, donde hay una casa abandonada. En estos casos, quienes “trabajan bien” o quienes “son un quilombo” o “un bardo” se definen en función de cómo queda la zona de trabajo y, en particular, la parada. Si no se puede modificar la forma de trabajo, se prefiere que el “bardo” quede frente a una casa abandonada y no frente a un comercio en funcionamiento.

Como vimos, las prácticas de los RG no son idénticas entre sí. No siempre realizan las mismas tareas y, cuando lo hacen, varían ampliamente sus formas. En algunos casos, se sitúan en un punto de la zona de trabajo de los recuperadores o en el CV y pasan allí gran parte de su jornada. En otros casos, realizan un determinado recorrido, visitando las distintas paradas o bases de trabajo de los recuperadores. En ocasiones, como entre los RG en el CV Yerbal, se produce una división del trabajo de acuerdo a las necesidades planteadas por la cooperativa: uno de ellos toma la tarea de recorrer las zonas, mientras que otra se ocupa más específicamente de cuestiones administrativas.

En líneas generales, una de las tareas principales de los RG es la de tomar el presente, es decir, dejar constancia en una planilla oficial de los recuperadores que asistieron ese día a la jornada de trabajo. De ello se desprende el presentismo y el cobro de la totalidad del incentivo o salario de calle. La forma de dar el presentismo es variada. Simplemente es un anuncio que hace alguien, estar y ser visto en un punto de encuentro al comenzar la jornada. En otros casos se requiere firmar una planilla y en otras ocasiones el RG confía en que ese recuperador asiste todos los días. Esa variedad de casos se modifica según situaciones, conflictos y tensiones que a veces trasciende la relación del RG con los RA e involucra las relaciones intra e intergrupos, con la cooperativa y las instancias estatales comprometidas. La información sobre el recuperador con la que cuenta el RG así como la confianza construida entre ellos constituyen elementos fundamentales para esto, moldeando muchas veces las distintas formas de certificar el presente.

Además, los RG tienen a cargo controlar que se cumpla con un sistema de sanciones y descuentos. Los recuperadores no pueden tomar alcohol en horario de trabajo, deben vestir el uniforme —con el logo de la cooperativa y del GCBA— y no pueden asistir menores de edad[16]. Incumplir esta normativa puede provocar que se le realice un descuento del día de trabajo. Es el RG el responsable de dar curso a esta sanción, anotándolo en su planilla e informándolo con su coordinador[17]. Algunas planillas incorporan incluso estas sanciones preestablecidas: si es el primer aviso (un día de descuento), segundo aviso (una semana de descuento) o tercer aviso (un mes de descuento). Luego de ello, se considera la posibilidad de expulsar al recuperador del Sistema de Recolección Diferenciada. Este sistema de sanciones y descuentos, diseñado entre la coordinación de los RG y la Dirección General de Reciclado del MAyEP, en tanto ejercicio del poder disciplinario sobre los recuperadores constituye un mecanismo de control y modulación de sus prácticas sobre el territorio urbano.

Ahora bien, brindarle normatividad a este tipo de prácticas, establecer un sistema de sanciones y descuentos, tiene un punto que quisiéramos destacar en nuestro análisis. Como nos recuerda (Tonkonoff, 2022), si las disciplinas son caracterizadas como microfísicas es por su “poder infinitesimal sobre el cuerpo activo” (Foucault, 2013: 125). En las situaciones analizadas, este poder sobre los cuerpos apunta a normativizarlos sobre el espacio urbano; se establecen criterios en función de los cuales algunos recuperadores “trabajan bien” y “dan bola”, otros “son un desastre”, un “bardo”, “un quilombo”. El cumplimiento de las normas básicas también implica evitar la diseminación de residuos en la vía pública, regla que se complementa con una serie criterios higiénicos y estéticos vinculados al orden en el lugar de trabajo, el rompimiento de las bolsas, el espacio utilizado en las tareas de clasificación, la forma en la que dejan la parada al finalizar la jornada. Este código estético del territorio urbano se pone en juego también cuando funcionarios del Gobierno dicen que “queda feo” observar los bolsones sobre las veredas. Por lo tanto, que un recuperador “trabaje bien” o “trabaje mal” resulta el efecto de una grilla de valores que refuerza, por sobre otros, este criterio normativo-estético. Algo de esto nos permite comprender mejor, ahora sí, por qué en el Capítulo IV de esta tesis decíamos que la forma en que son valorados los cuerpos y considerados esenciales en el territorio urbano constituye la expresión de un determinado régimen de valores. El Sistema de Recolección Diferenciada apunta a una forma de distribución normativo-estética de los cuerpos —de los recuperadores, de los residuos, de los bolsones, etc.—. Para ello, resulta esencial la aplicación de esta normativa con sus criterios éticos y estéticos: buenos y malos recuperadores, buenas y malas formas de trabajo, zonas limpias y ordenadas, zonas sucias y desprolijas.

Ahora bien, este régimen de valores funciona más allá del Sistema de Recolección Diferenciada y, como vimos, la búsqueda de reordenar el territorio y adecuarlo a una determinada estética urbana también se produce como efecto de la puesta en marcha de estigmatizaciones vecinales: ante quejas vecinales al GCBA o a la propia cooperativa se disparan una serie de medidas que apuntan a “levantar” una parada de trabajo, desplazarla hacia otro sector del territorio que resulte menos problemático. Comprender la complejidad de esta situación problemática nos demanda una lectura en perspectiva histórica.

Di Virgilio y Perelman (2017) muestran cómo las desigualdades en el espacio urbano “se construyen con base en elementos materiales y simbólicos, históricamente producidos y social y territorialmente contextualizados” (p. 355). En íntima relación con la (re)producción de las desigualdades socio-urbanas, se configuran diferentes modos de habitar la ciudad (Di Virgilio y Perelman, 2017). Como vimos, en las últimas décadas del siglo XX —y en particular desde la última Dictadura Militar—, la Ciudad de Buenos de Buenos Aires construyó un imaginario de espacio de élites que excluye las pobrezas —o las segrega en espacios con fronteras sociales marcadas, como las villas o las periferias urbanas—. El orden urbano se construye, así, como un orden moral, con fronteras simbólicas, regímenes de valores y prácticas legítimas (e ilegítimas) sobre el territorio (Di Virgilio y Perelman, 2017). En ese marco, la irrupción cartonera de 2001-2002 fue leída, en ocasiones, como una invasión del espacio público que desarmó la imagen de una “ciudad homogénea” (Perelman y Boy, 2010; Tufró y Sanjurjo, 2006). Los procesos de estigmatización, entonces, se ponen en marcha a partir de un cuestionamiento —ético y estético— a las prácticas de trabajo cartonero, aplicando un código de conductas y formas legítimas de apropiarse y practicar el territorio urbano (Di Virgilio y Perelman, 2017). La situación analizada condensa algo de estos procesos de estigmatización que, en ocasiones, derivan en desplazamientos del espacio urbano y en un reordenamiento de acuerdo a un determinado orden moral y simbólico y a cierto código ético-estético. Los recuperadores, tal como lo señalaba Fajn (2002) a comienzo del siglo XXI, retomando a Auyero (2001), lidian cotidianamente con estas diferentes manifestaciones de la violencia, no solo estructural —en términos de precariedad de la vida, sino también violencias interpersonales y represivas. En su formato actual, Sistema de Recolección Diferenciada participa de este (re)ordenamiento del espacio urbano y esta (re)configuración de los modos de habitar la ciudad.

Sin embargo, como ya se habrá notado, este ejercicio disciplinario del poder no se ejerce de un modo automático o mecánico. Depende, para ello, del trabajo microscópico de los RG que peinan y limpian el territorio. Es mediante ellos que determinadas normas y criterios estéticos específicos pueden ponerse en práctica. Los RG están constantemente vinculando la normativa y las líneas de trabajo —que se construyen en las oficinas estatales o en los predios de las cooperativas— con las territorialidades urbanas y las prácticas de los recuperadores. En algunos casos, se tornan más o menos exigentes con el control de la asistencia, con la limpieza y el orden al momento de trabajar. A veces, incluso, con un mismo recuperador se endurecen o flexibilizan las exigencias, contemplando sus situaciones personales. En ocasiones, se tornan consejeros de los recuperadores ante situaciones personales o conflictos vecinales: “lo importante es que ellos sepan que pueden contarte las cosas, que ellos hablen, que uno escuche y que después se acuerde”. En determinadas situaciones median entre los recuperadores y los clientes, entre los propios recuperadores o con cartoneros independientes. En todos los casos, lo hacen a través de los vínculos de confianza o afecto que han logrado construir, “un lazo de amistad” decía Chelo. Son estos los que brindar determinado margen de maniobra para la intervención de los RG en las prácticas de los recuperadores. Son la confianza y el afecto que logran construir con los recuperadores lo que les permite ampliar el grado de recepción que los recuperadores pueden tener ante los requerimientos normativos. Recepción que, entonces, se realiza mediada o traducida por los códigos afectivos del RG.

Pero si el RG funciona como el mediador que traduce la normativa gubernamental en las prácticas de los recuperadores —de “arriba” hacia “abajo”—, también funciona como una mediación en sentido inverso. Son los RG los que muchas veces reciben las demandas de los recuperadores y las transportan a las oficinas del Ministerio, canalizándolas —de “abajo” hacia “arriba”— institucionalmente (función que se asemeja a la de los delegados al interior de las cooperativas, como vimos en el Capítulo IV). Este trabajo también implica comprender los códigos propios de la territorialidad urbana en el proceso de recolección y su recodificación en los términos de una política pública que apunta a la gestión de los RSU secos. En uno o en otro sentido, la mediación que realizan los RG en estos casos resulta central para sostener la implementación cotidiana de una política pública que articula oficinas gubernamentales, predios de clasificación y organización cooperativa y recuperadores recolectando material en calle, por solo mencionar a los principales actores. Por este trabajo de sostenimiento de lo colectivo, denominamos a estas líneas de trabajo como mediaciones internas al Sistema de Recolección Diferenciada.

Este trabajo no se realiza siguiendo paso a paso las directivas de una “superior” instancia gubernamental. Los RG no trasladan a los RA la aplicación de las normativas sin más. Al contrario, los RG, en tanto mediadores, juegan un papel activo. Son traductores que conocen a normativas, recuperadores, dinámicas y códigos territoriales. Tienen competencia para comprender las situaciones y eso los convierte en agentes que están constantemente tomando decisiones sobre el modo de implementación de la política pública. Su propia forma de moverse en el territorio va modificando sus cartas de presentación propias: Chelo es, en cada ocasión, “Responsable de Grupo”, “trabajador de la Dirección de Reciclado”, “trabajador estatal”, “delegado sindical” o “militante”. Según la situación, hace uso de todas esas credenciales o inscripciones y todas son igualmente válidas para ellos. Es que los RG ocupan un lugar activo y, a la vez, ambiguo. Su virtud es la capacidad de moverse entre trabajadores estatales, entre recuperadores, entre cooperativistas, entre clientes o entre vecinos. Su lugar es el de agentes híbridos del Sistema de Recolección Diferenciada. Junto con otros trabajadores del Estado local y algunos trabajadores de cooperativas, los RG transitan en un territorio donde se difuminan los límites entre Estado y cooperativa. Como ya lo señalaban Carenzo y Fernández Álvarez (2011), desde las literaturas especializadas en “economía social” o en “ambientalismo” existen esfuerzos por separar Estado y sociedad civil (p. 174). Pero lejos de una cristalización de sujetos predefinidos donde podríamos preestablecer intereses y medir la autonomía de las cooperativas —y la sociedad civil— en relación con el Estado, los RG nos marcan el lugar donde se difuminan esos límites. En el funcionamiento del Sistema de Recolección Diferenciada se componen instituciones estatales y cooperativas en un juego de codificaciones y recodificaciones.

Esto nos permite entonces también tomar distancia de lo que, retomando los trabajos de Ferguson y Gupta (2002) traídos a la discusión por Carenzo y Fernández Álvarez (2011), podemos denominar una topografía vertical del poder. Los RG no transportan “de arriba hacia abajo” ni “de abajo hacia arriba”, sino que forman parte de un ejercicio del poder y una configuración de redes que se produce en un mismo plano (Latour, 2008). Son codificaciones que se producen de un territorio a otro, pero que comparten el mismo plano de existencias. Esto no debería llevarnos a desconocer al Estado como instancia privilegiada de ejercicio del poder, pero sí a comprender un poco mejor la modalidad de ese ejercicio, su funcionamiento ecléctico en un plano donde se producen diferentes territorialidades, lógicas de movimientos y subjetividades.

Esto, repetimos, nos permite desarmar una mirada dicotómica donde “cooperativa” (sociedad civil) y “Estado” se definirían “como entidades con límites precisos cuyas lógicas son esencialmente distintas y se definen en oposición” (Carenzo y Fernández Álvarez, 2011: 182). A la vez, nos permite comprender que el desarrollo de una política pública de este tipo —desde su diseño hasta su implementación— se encuentra atravesado por una serie de interrelaciones, de “actores” que se hacen y rehacen a cada instante (Hennion, 2017), que se modifican unos a otros y que se encuentran en constante tensión. Son estos mediadores los que se permiten “mezclar todo”, producir híbridos estatales-cooperativos, combinar lógicas institucionales y territoriales. Son ellos quienes hacen difícil segmentar entre Estado/sociedad civil o gobierno/cooperativa, pero también son quienes hacen posible esos agenciamientos, componiendo al Sistema de Recolección Diferenciada como una política pública híbrida.

V.4. Mediar y traducir en la territorialidad urbana

Una interpretación rápida del trabajo de los RG podría sintetizarlo como responsable de la tarea de tomar el presente a los recuperadores y controlar que cumplan la normativa según el sistema de sanciones y descuentos. Esta lectura llevaría a pensar a los RG como unos intermediarios: aquellos que transportan una fuerza o un determinado significado de uno a otro lado —del territorio urbano a las oficinas gubernamentales— sin transformación alguna. Como vimos al resaltar el papel activo de los RG, estos trabajadores hace mucho más que eso. Son, en los términos de Latour (2008), auténticos mediadores, “transforman, traducen, distorsionan y modifican el significado o los elementos que se supone que deben transportar” (p. 63). En esta red de líneas y enlaces que constituye el Sistema de Recolección Diferenciada, los RG conforman una parte importante de esa concatenación de mediaciones, donde “cada punto actúa plenamente” (Latour, 2008: 91), con margen de agencia y según las confianzas y afectos que se logren construir. Es decir, según las dinámicas territoriales que se construyan en cada caso, donde intervienen grupos, líneas de gobierno, disposiciones de la cooperativa y las propias características de los RG.

Como vimos, esa mediación no se construye en una línea “de arriba hacia abajo” o “de abajo hacia arriba”, sino en un mismo plano y en ambos sentidos, adaptando el control de las normativas y la aplicación de las sanciones y los descuentos, reformulando las demandas que emergen en el territorio de la ciudad. En una y otra dirección, el RG transporta mensajes que portan su tonalidad y son reformulados en un ejercicio de traducción. Así, posibilitan que cohabiten en una misma política pública, las exigencias gubernamentales y las demandas de los recuperadores, dos dinámicas territoriales y códigos muy distintos trabajando en un mismo plano. Ya sea colaborando en los procesos de recolección o controlando las prácticas según criterios normativo-estéticos, los RG funcionan median en los procesos de codificación de un territorio a otro.

Ahora bien, en el Capítulo IV, definimos mecanismos de composición de confianza interna y externa fundamentales para el funcionamiento del Sistema de Recolección Diferenciada. En su dimensión interna, son mecanismos que posibilitan la sostenibilidad de los colectivos, mientras que en su cara externa habilitan el ingreso de flujos de materiales reciclables al sistema. Los RG también juegan este juego de internalidades y externalidades del sistema. Componen confianza con actores externos al sistema como los clientes, mediando entre estos y los RA, inscribiendo nuevos clientes o consolidando prácticas de separación en origen y ensamblándolas al Sistema de Recolección Diferenciada. Permiten también la recodificación de normativas desde las instancias gubernamentales a los territorios de trabajo en calle, así como la expresión de demandas de los recuperadores en diferentes instancias de gobierno, consolidando los lazos internos de organización y colaboración.

Sin embargo, a diferencia de esos mecanismos, los RG cumplen su función con mayores grados de incertidumbre y flexibilidad que los objetos y actantes descriptos anteriormente en el Capítulo IV. Si profundizamos, personas u objetos pueden funcionar como mecanismos o mediaciones en el Sistema de Recolección Diferenciada. Unas y otros no se definen por una distinción entre lo humano y lo no-humano. Son siempre un agenciamiento de líneas heterogéneas, un conjunto de multiplicidades actuando en un instante: contenedores, recuperadores, trabajadores estatales u otros agentes pueden, en ocasiones, actuar como mecanismo y, en otros momentos, comportarse como auténticos mediadores. Que esto sea de una forma u otra, depende del grado de incertidumbre que encontremos en su posición y movimiento en el Sistema de Recolección Diferenciada.

Esto nos permite detenernos un momento en el proceso de implementación de esta política pública como un ejercicio de gobierno sobre el territorio urbano. Según vimos en este capítulo, no podemos pensar el mismo como un ejercicio de control donde “el Gobierno” manipula “desde arriba”, a través de la intermediación de los RG, las tareas que “la cooperativa” y “los recuperadores” llevan adelante “abajo”, en las calles. Todo territorio es, para nosotros, “una intersección de cuerpos en movimientos” (Mbembé, 2018: 169), una conjunción de posibilidades en constante disputa por el control de sus flujos y el trazado de sus fronteras. El control sobre el territorio se produce a partir de la producción, la supresión, el desplazamiento, la fragmentación, la dispersión o la multiplicación de fronteras (Mezzadra y Neilson, 2016; Mbembé, 2018). La composición de su territorialidad, de su lógica o dinámica, se define en función de los códigos que en ella circulan (Perlongher, 2016a). En el caso de las territorialidades de recolección de residuos, su configuración se produce a partir del entramado de relaciones con clientes, contenedores y otras fuentes de materiales y el modo en que determinadas fronteras simbólicas instituyen formas legítimas de habitar el espacio urbano. La modalidad de ejercicio del poder y del control sobre ese territorio es inescindible de los códigos que se pliegan sobre él y la forma en que se disponen los cuerpos. Por ello, no es posible trasladar automáticamente los códigos normativos o estéticos de las agencias gubernamentales al control microscópico de los territorios urbanos. El dispositivo de recolección conlleva para esto, como ya vimos, una serie de mecanismos y mediaciones ensamblados entre sí. Entre ellos, claro, mecanismos de control de las prácticas de clasificación y mediaciones que apuntan al ejercicio del control sobre el proceso de recolección de residuos en el territorio urbano. Pero también, los recuperadores, como vimos en este capítulo y en el precedente, hacen uso de los mecanismos y de las mediaciones que integran el sistema. Se encuentran, así, constantemente disputando el modo de implementación del dispositivo, apuntando a redireccionarlo en función de sus formas de controlar los territorios, de sus modos de constituirse en una referencia allí, en definitiva, en función de sus códigos. En ese sentido, en la implementación de la recolección se delinea lo que, retomando a Carenzo y Fernández Álvarez (2011), podemos denominar como un contradispositivo, en tanto conjunto de prácticas que, aun sin poner en cuestión el dispositivo, disputan la forma de implementarlo (p. 188). Las mediaciones, en tanto elementos con una mayor indeterminación que los mecanismos, resultan fundamentales en esta disputa por el direccionamiento del dispositivo de recolección y de todo sistema de gestión de los RSU. Como vimos, como buenos híbridos, los RG se ubican en posiciones ambiguas, vacilantes y direccionan en uno u otro sentido las normativas, las sanciones, las demandas, etc. En todo momento, ellos están en el medio de esta disputa por el direccionamiento y la implementación del Sistema de Recolección Diferenciada.

La composición de la territorialidad urbana que se pone en juego en el dispositivo de recolección está en íntima relación con la cantidad e intensidad de vinculaciones, mecanismos y mediaciones que se establecen entre los recuperadores y otros actores y actantes que hacen al agenciamiento del Sistema de Recolección Diferenciada. Estos enlaces, más estabilizados como los mecanismos, más inciertos como las mediaciones aquí estudiadas, son las que direccionan los flujos de materiales y de deseos, de prácticas y de discursos.

En una política pública con la cantidad de agentes y conectores que componen las redes del Sistema de Recolección Diferenciada, analizar los mecanismos y sus engranajes, las mediaciones y sus traducciones, los enlaces, conexiones y desplazamientos, resulta clave para comprender el movimiento entre las oficinas gubernamentales, los centros de clasificación, los territorios urbanos de recolección. Se trata, como decíamos al comienzo, de “seguir el fluir de las cosas (…) seguir a los actores mismos o más bien lo que los hace actuar, a saber, los entes circulantes” (Latour, 2008: 333). En ese sentido, como sostiene Latour (2008), “cuantos más enlaces mejor” (p. 332), es decir, mientras mayor cantidad de enlaces o asociaciones logren rastrearse, mayor cantidad de flujos logren mapearse, se lograrán mejores descripciones y análisis del sistema.

Consideramos que la descripción y el análisis aquí realizados tienen la virtud de poner en valor el trabajo de los RG. Una mirada que enfatiza su rol como intermediarios, como dijimos, no permite dar cuenta de su verdadero papel activo en tanto mediadores, grandes ensambladores. En este sentido, aun incluso sin ser reconocido, los RG ocupan un lugar central en una política pública urbana híbrida como lo es el Sistema de Recolección Diferenciada. Justamente el análisis de las mediaciones y la posición ambigua de los RG es lo que nos permite visibilizar con mayor precisión la hibridez de esta política donde se difuminan los límites entre Estado local, cooperativa, trabajadores estatales, militantes, entre otros. Por su posición, también, los RG y las mediaciones que cargan de incertidumbre al Sistema de Recolección Diferenciada son fundamentales para comprender las disputas en los territorios urbanos y el carácter que adquieran las diferentes territorialidades, es decir, las lógicas de subjetividad que primen en los distintos espacios de la ciudad. Son estas mediaciones las que —más allá de la inercia de los mecanismos— brindan un carácter diferente a cada composición de la territorialidad urbana.

Peinar la ruta y limpiar la zona constituyen dos prácticas significativas en el marco del Sistema de Recolección Diferenciada. No solo porque permiten dar cuenta de estas mediaciones externas e internas al sistema, sino también porque allí se condensan una serie de valores, moralidades y modalidades del ejercicio del poder en el espacio urbano. Al analizar la forma de peinar la ruta, se dio cuenta de las técnicas necesarias para construir confianza y lazos afectivos que permitan lidiar con las estigmatizaciones presentes en el territorio de la Ciudad. Cuando nos detuvimos en los modos en que se limpia la zona, nos percatamos de la forma de normativizar los cuerpos y los efectos que tiene el criterio normativo-estético dominante sobre los modos de habitar la ciudad, lo cual pone en marcha y refuerza procesos de estigmatización. Nos proponemos, a continuación, avanzar sobre estas modalidades de ejercicio del poder sobre el territorio de trabajo a partir del análisis de otras prácticas y estrategias que llevan adelante las cooperativas desde sus Centros Verdes.


  1. Aunque son denominados Responsables de Grupo por gran parte de los actores del sistema, en términos formales para el GCBA son nominados como “Organizador de recicladores urbanos” y sus tareas básicas consisten en “acompañar y contener a grupos de recicladores urbanos en la actividad que desarrollan incorporándolos al servicio público de higiene urbana” y “recorrer zonas asignadas”. Se encuentra, a su vez, dentro de los puestos concebidos como de “Asistencia y contención social” (GCBA, 2018).
  2. La Ciudad de Buenos Aires se divide 15 unidades político-administrativas, denominadas Comunas. Su existencia se encuentra sancionada en la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires de 1996 y luego fue reglamentada por la ley N° 1.777 de 2005. Al reconocer la preexistencia de trabajo de los cartoneros y sus cooperativas, las licitaciones del servicio de recolección y gestión de RSU secos no se adecúa a esta división administrativa, sino que se ordena a partir del trazado de sus propios límites.
  3. Estallar los contenedores” es una expresión que refiere a la práctica de búsqueda en los contenedores —sobre todo en los de color negro, destinados a los RSU húmedos— para recolectar materiales reciclables. Como se observó en las distintas experiencias de campo, los RA realizan un uso diferente, más o menos intensivo, de los contenedores y revisan, con más o menos minuciosidad, las bolsas y los objetos allí dispuestos. “Estallar los contenedores” constituye una práctica de búsqueda intensiva y revisión minuciosa de los contenedores para aprovechar a recolectar más material de esa fuente.
  4. Como vimos, desde la sanción de la Ley N° 992 en 2002, que el Estado local se propone, a partir del registro de los recuperadores, brindarles vestimentas o uniformes de trabajo a los cartoneros que realizan su actividad en la Ciudad de Buenos Aires. Con el proceso de cooperativización y con la formalización del Sistema de Recolección Diferenciada, esta práctica se acotó a los recuperadores que forman parte de las cooperativas que integran el servicio de gestión de RSU secos. Con distinta frecuencia, pero adecuando la vestimenta a las distintas estaciones del año, el Estado local brinda camperas, pantalones o remeras con el logo del GCBA y de la respectiva cooperativa. Durante las experiencias de campo, fueron frecuentes las quejas y demandas de los recuperadores debido a que el GCBA no brinda la vestimenta a tiempo: “Te dan la campera en septiembre cuando ya no la necesitás”, por ejemplo. Además de constituir un elemento básico para la realización de las tareas cotidianas, como dejan entrever las notas de campo, un uniforme constituye un elemento simbólico importante al actuar como signo de distinción que brinda legitimidad a la práctica, al mostrar cierta institucionalización a través de las cooperativas y el apoyo del GCBA. “Chapear” con la cooperativa o con el uniforme, como decía Héctor, refiere justamente a hacer uso de esa institucionalidad como credencial legitimadora.
  5. El Programa Escuelas Verdes es un programa implementado por el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires que, apoyado en diversas normativas entre las que se encuentran la Ley N° 992, N° 1.854, determina la importancia y la obligatoriedad de incorporar la educación ambiental en el ámbito educativo formal.
  6. Esto es válido para los edificios que se encuentran sujetos al régimen de propiedad horizontal. En esos casos, sus empleados perciben un adicional por el depósito de los RSU correctamente clasificados y dispuestos, lo cual se encuentra previsto por un acta acuerdo homologada por la Resolución N° 243-SSTR/13.
  7. Formas de sensibilización similares pueden encontrarse en las prácticas de las Promotoras Ambientales y en antecedente como el de cooperativas que incorporaron Promotores Ambientales, incluyendo a sus hijos en el trabajo de información y asesoramiento sobre formas de clasificación de los residuos (Fajn, 2002).
  8. Sostenemos aquí el denominador que utiliza el autor y que, como vimos en el capítulo II, era más propio de la época previa al fenómeno cartonero, cohabitando cirujas y cartoneros durante la crisis de 2001-2002.
  9. La empresa de capitales colombianos Rappi opera en Argentina desde 2018. De capitales catalanes, la empresa Glovo también comenzó a funcionar ese año y continuó haciéndolo hasta septiembre de 2020, cuando vendió sus operaciones en América Latina a Delivery Hero, empresa de capitales alemanes que posee la actual empresa PedidosYa. Para un abordaje de la situación de los trabajadores de estas plataformas en Argentina, puede consultarse el trabajo de Andrea Del Bono (2019). Una lectura sobre los modos de funcionamiento de estas aplicaciones en América Latina puede consultarse el trabajo de Alejandra Dinegro (2020).
  10. Los arbolitos son agentes que procuran clientes para las operaciones de compra-venta de dólares, constituyendo el punto de conexión entre los clientes y las cuevas (sociedades financieras que funcionan sin formalidad legal y se concentran en la recirculación del dinero sin ningún tipo de registro). Un excelente análisis sobre la cuestión puede encontrarse en el trabajo de María Soledad Sánchez (2013).
  11. El término militante refiere a la militancia o al activismo, una práctica de intervención y transformación del espacio público en diferentes dimensiones: políticas, sociales, ambientales, etc. Las asambleas barriales fueron una modalidad de organización muy difundida en la Argentina y, en particular, en la Ciudad de Buenos Aires en el marco de la crisis de 2001-2002, con las que además los cartoneros trazaron vínculos para organizar su trabajo y canalizar sus demandas (Villanova, 2015).
  12. Ser delegado refiere a una posición de representación o delegación de facultades, que en el caso de Chelo tiene una función al interior del gremio de trabajadores del Estado. Los RG, en tanto trabajadores estatales, tienen sus delegados que se encargan de construir y trasladar las demandas de estos trabajadores y canalizarlas ya sea con el resto del gremio o directamente con representantes del GCBA.
  13. Nos referimos al entorno donde los bolsones son cargados con los cartones y el resto de los residuos reciclables recolectados.
  14. Antes de esta jornada—y desde la pandemia de SARS-CoV-2— los RA pasaban y saludaban a la distancia, mientras que les RG debían observarles y anotar sus nombres en una hoja. Debido al gran número de trabajadores, en muchas ocasiones les RG anotaban los nombres agrupándolos por familia o grupo de trabajo como “familia Martínez” o “los de Pepe”.
  15. La cooperativa se organiza según distintos tipos de trabajos (como los RA, operarios, choferes, etc.) y diferentes funciones de representación (algunos ejercen como delegados, vocales, vicepresidente, presidente, etc.). Pero además existe una organización “menos formalizada”, aunque no por ello menos importante, donde ciertos actores cumplen la función de referentes, que se encargan de tareas de coordinación y decisión en las actividades cotidianas de la cooperativa, así como de conducir procesos de articulación con el Estado local y otros actores del circuito.
  16. El propio Pliego de Bases y Condiciones para la prestación del Servicio establece un Régimen Sancionatorio, con faltas leves, graves y muy graves, tanto para las cooperativas como para los propios recuperadores.
  17. Los RG poseen además un coordinador de RG que organiza las tareas en distintas zonas de trabajo y que funciona como mediador con instancias superiores de la Dirección General de Reciclado.


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