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Los archivos de la cultura impresa evangélica en Hispanoamérica

De la dispersión documental a la construcción de un corpus

Juan Carlos Gaona Poveda[1]

La cultura impresa comprende el conjunto de elementos que hacen parte de la producción, circulación y consumo de testimonios escritos impresos; en otras palabras, hace alusión a los agentes y procesos que participan en el circuito de comunicación de estos objetos.[2] Se trata de un proceso ligado a las batallas intelectuales en sus coordenadas económicas e ideológicas por la construcción de imaginarios sociales a escala local, regional, nacional e internacional. La importancia del concepto ha crecido en la disciplina histórica durante los últimos años en torno al estudio de prácticas culturales, políticas y confesionales.[3] Para el historiador Jean-Yves Mollier los impresos religiosos son objetos transnacionales. La Iglesia católica fue la primera institución con una vocación universal, aprovechando los nuevos espacios de evangelización en América para extender su mensaje. Asimismo, los pastores protestantes en Estados Unidos y el Canadá Británico disputaron las almas de los inmigrantes a través de sus propias rotativas.[4]

Los impresos fueron parte fundamental del avance protestante en América Latina desde mediados del siglo XIX. Tratados, hojas sueltas, prensa, libros y revistas sirvieron para la propagación de sus idearios. Aunque se han hecho algunos estudios locales, regionales y nacionales sobre estas formas de difusión de ideas religiosas. Todavía es incipiente una caracterización de la incidencia de la cultura impresa evangélica en la intersección entre los campos cultural, religioso, político e intelectual. Los historiadores latinoamericanos han utilizado las publicaciones religiosas como fuentes documentales de las que se puede extraer información. El abordaje de sus contenidos ha permitido indagar por prácticas, formas de institucionalidad, doctrinas y el pensamiento social de ciertas comunidades. Sin embargo, son pocos los trabajos que han considerado dichos folletos, periódicos, revistas y libros como “artefactos culturales” con la capacidad de insertarse, revelar y escenificar redes relaciones y de significación al posibilitar su lectura y comprensión.[5]

Comprendo como un “impreso evangélico” toda publicación o título producido, circulado y recepcionado desde el campo evangélico a partir de posturas eclesiológicas, doctrinales e ideológicas muy diversas. En dichos artefactos culturales se pueden identificar marcas simbólicas que ayudan a definir a sus virtuales lectores y la orientación de los contenidos en los circuitos de comunicación en los que buscaron insertarse.[6] Es así que el término no se refiere a una categoría teológica o a una esencia de dichos materiales. Se delimita, más bien, a partir de sus espacios de producción, circulación y recepción; como también de la adscripción y/o identificación de sus promotores con el mundo evangélico. Aunque, desde una mirada de larga duración, estos agentes incidieron intermitentemente en circuitos de amplia circulación conectados al consumo secular de bienes simbólicos con la finalidad de cristianizar o interpelar a la cultura, considerando ciertas publicaciones como voces legítimas frente a otros grupos sociales.

El archivo de estas minorías religiosas, como una construcción política y cultural, no es algo que se encuentre como un recurso y capital dado y acumulado en un museo o en una biblioteca. Se trata de una tarea de trabajar con retazos e ir construyendo el problema de investigación, objetos de estudio y unidades de análisis. Implica, así, reconstituir fuentes dispersas y a veces difusas propias del estilo de escritura en revistas de difusión, folletos y libros mayoritariamente destinados a circuitos restringidos. En dicho plano, trabajar con esta documentación requiere de la construcción de una epistemología del archivo desde una doble perspectiva: metafórica y material. Desde el primer abordaje reflexiono sobre la posibilidad de articular un corpus de prácticas culturales, editoriales y textuales. Desde el segundo abordaje, caracterizo las fuentes que pueden analizarse en su reconstrucción; realizo, también, un balance de los lugares recorridos en mis investigaciones y de aquellos que tengo referencia.[7]

La cultura impresa evangélica

El primer momento de la estrategia editorial del protestantismo histórico en América Latina se remonta a la segunda mitad del siglo XIX hasta la década de 1910. La producción de biblias, periódicos, folletos y libros acompañó la inserción misionera en la región a través de dos modelos asociativos: sociedades misioneras y bíblicas. Las primeras se originaron en los países anglosajones, entre 1792 y 1815, con el propósito de difundir la fe a través de la actividad de misioneros. Las sociedades bíblicas iniciaron con la fundación de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera en Londres en 1804. Su objetivo fue difundir la Biblia localmente, aunque pronto consolidaron sociedades nacionales. El auge de ambos modelos coincidió con el florecer de la economía industrial europea, la cual aceleró el desarrollo de tecnologías del transporte y las comunicaciones en el marco de la expansión colonial británica y estadounidense. La figura del colportor, agente itinerante encargado de repartir literatura evangélica, resultó fundamental. Sin embargo, el proceso no fue una simple importación de ideas foráneas. La elaboración de impresos protestantes requirió que los misioneros consolidaran redes de apoyo con disidentes locales al modelo católico-clerical: masones, liberales, socialistas y librepensadores. Estos veían a los anglosajones como aliados en la promoción de valores religiosos, culturales y políticos alternativos. De manera que se generaron sinergias destinadas a establecer circuitos de comunicación impresos.

Tratados y periódicos fueron géneros centrales en la estrategia impresa protestante del periodo. Si bien no existe un conteo del total de publicaciones periódicas, si encontramos indicios de una importante cantidad en el periodo de 1870-1920. Para 1922, el Directorio de Misiones Evangélicas en América Latina registró 47 publicaciones periódicas en la región.[8] Estas hojas representan un volumen considerable si tenemos en cuenta que solo aparecen aquellas vinculadas al Comité de Cooperación para América Latina, dejando al margen otros proyectos.[9] Se puede inferir un número mayor en el tránsito entre los siglos XIX y XX, ya que solamente para México se contabilizó noventa publicaciones entre 1869 y 1914,[10] siendo este país el mayor polo editorial del periodo, seguido de Argentina, Chile, Estados Unidos y Puerto Rico. Preeminencia que no solamente se refiere al volumen de producción, sino también a la inserción de sus contenidos en hojas editadas en toda la región, demostrando la existencia de una densa red transnacional e interdenominacional.

El segundo momento comprende la reconfiguración de la estrategia editorial protestante en la tensión entre el panamericanismo estadounidense y el horizonte de nacionalización de las iglesias. El momento comprendió desde la Primera Guerra Mundial (1914-1919), hasta la segunda posguerra en la década de 1940. Años signados por la configuración de proyectos culturales e identitarios americanistas, hispanoamericanistas y nacionalistas, que influyeron en mayor o menor medida en las líneas editoriales evangélicas. Algunos sectores evangélicos manifestaron su distanciamiento y/o crítica a las directrices político-culturales estadounidenses, buscando legitimarse como agentes latinoamericanos ante las acusaciones de colonialismo por parte de católicos e intelectuales.[11] Desde dicha tensión se fundaron las empresas editoriales centenerias del protestantismo histórico: Casa Unida de Publicaciones (México, 1919) y La Aurora (Argentina, 1926). A la par emergieron las “misiones de fe”, producto de los grandes despertares espirituales del mundo anglosajón. Estas plataformas interdenominacionales fueron muy eficaces en el uso de impresos y radiodifusión. Entre las mismas encontramos a la Alianza Cristiana y Misionera, la Unión Misionera y la Misión Latinoamérica. Defendiendo una teología “fundamentalista”, se propusieron ser una alternativa al “modernismo” y al evangelio social de ciertas iglesias protestantes históricas. Asimismo, varios grupos pentecostales iniciaron una importante labor editorial a través de publicaciones periódicas, tratados y folletos, lo cual rompe el estereotipo de su naturaleza exclusivamente oral. Se experimenta una innovación en el formato del libro evangélico y de sus contenidos. Nace el editor como una figura diferenciada del impresor, el tipógrafo y el librero. Estos nuevos agentes diferenciaron entre la literatura orientada al mercado de las iglesias y aquella destinada al secular con el propósito de interpelar a la sociedad en términos religiosos, culturales, intelectuales e ideológicos. A su vez, varios periódicos mutaron hacia un formato revisteril, desligándose de la urgencia de incidir en la cotidianidad de la opinión pública y acentuando el vector interno orientado a la formación en la fe de los creyentes, aunque en ocasiones también abordando temas de política, economía, educación, templanza, entre otros.

El tercer periodo corresponde desde finales de la década de 1940 y llega hasta mediados de los sesenta. Se caracterizó por la búsqueda de una identidad evangélica diferenciada de la herencia misionera a partir de la ampliación del consumo cultural, el ecumenismo como principio orientador-diferenciador, y por los discursos desarrollistas que irradiaban a sectores del campo religioso. El campo editorial evangélico transnacional se diversificó en torno a la fundación de Editorial Vida de las Asambleas de Dios (pentecostal) en 1946 y de Editorial Caribe, perteneciente a la Misión Latinoamericana (Misión de Fe), en 1949. Los agentes evangélicos se hicieron más competitivos entre ellos y con los proyectos del mundo católico. Se evidenciaron importantes sinergias sur-sur como la llevada a cabo entre Casa Unida y La Aurora, aunque con la intermediación de agencias del Norte Global como el Comité de Cooperación de Nueva York y el Consejo Mundial de Iglesias con sede en Ginebra. En el periodo surgieron importantes revistas teológicas, se intensificó la práctica de la traducción y se empezaron a consolidar algunos autores latinoamericanos.

El cuarto momento de la estrategia editorial evangélica comenzó a mediados de la década de 1960 y se prolongó hasta los años ochenta. El triunfo de la Revolución Cubana (1959), el Concilio Vaticano II (1962-1965) y la emergencia del cristianismo liberacionista fueron antecedentes de una politización inusitada de ciertas publicaciones; mientras que otras mantuvieron una retórica presuntamente “apolítica”, aunque en ocasiones legitimaran un furibundo anticomunismo. Durante el periodo funcionó la única editorial abiertamente de izquierda del protestantismo: Tierra Nueva (1969-1985), fundada en Montevideo por el metodista Julio Barreiro. En paralelo, el movimiento neopentecostal promovió prácticas que cuestionaron la primacía de lo impreso al articularlo a plataformas comunicacionales masivas, que incluían campañas evangelísticas multitudinarias, televisión, plataformas radiales trasnacionales y cine. El formato libro se consolidó en el mercado religioso no católico, siendo Miami el principal polo para el mundo hispanohablante, desplazando a los tradicionales centros de irradiación de la cultura impresa evangélica: México, Río de la Plata y San José. No obstante, las editoriales del protestantismo histórico alcanzaron sus mayores cuotas de internacionalización con su participación en la Feria de Frankfurt en un momento en que los temas latinoamericanistas cobraron bastante auge.

El quinto periodo inició en los años noventa con la transnacionalización de la literatura evangélica gracias a los grandes conglomerados empresariales. El vector comercial primó sobre la búsqueda identitaria evangélica, irrumpiendo los best-sellers espirituales y la literatura transdenominacional sobre liderazgo de éxito e iglecrecimiento. La resistencia de editoriales de iglesias históricas y pertenecientes a pequeños grupos universitarios o teológicos no se hizo esperar. A través de circuitos de comunicación endógenos siguieron publicando los géneros editoriales privilegiados del siglo XX, como ensayo teológico y literatura litúrgica. Con estas excepciones, la categoría “libro evangélico” comenzó un relativo declive, siendo reemplazada por expresiones como “literatura cristiana” o “libros de espiritualidad” en un campo editorial religioso que perdía su especificidad.

Hacia un corpus de la cultura impresa evangélica

Frente a la historia apologética o prejuiciada del mundo evangélico es necesario superar la posición “extractivista” a sus archivos.[12] Pasar de la concepción de archivo-fuente o repositorio hacia su constitución como objeto y problema de investigación. No se trata de buscar “aquello que nadie ha encontrado”, sino de revisitar lugares comunes analizando etnográficamente las disputas por el poder sociocultural implícitas en la construcción, resguardo, ordenamiento y patrimonialización documental producidas por las prácticas de archivación de instituciones teológicas, iglesias y organizaciones para-eclesiales.[13] Diversas tradiciones evangélicas, incluyendo estudios académicos, construyen cánones identitarios e imágenes estáticas de su lugar social en torno a selecciones discursivas guiadas por principios institucionales e ideológicos sin referentes empíricos concretos. Ante dicha problemática, la noción de “corpus” tiene más potencialidad heurística que la de “canon” –entendido como la consagración de determinados órdenes simbólicos– en la búsqueda de las fuerzas sociales que jugaron un papel dentro del campo evangélico latinoamericano en relación con el resto de la sociedad en los siglos XIX y XX.

El corpus es concebido en términos de estructuras simbólicas tanto de poder y hegemonía como de oposición o resistencia a través del espacio social.[14] De manera que entrecruza diversos géneros discursivos, condiciones de enunciación y soportes materiales en torno a proyectos eclesiológicos articulados en contextos diferenciados. Los géneros mayores –periódicos, revistas, libros consagrados, confesiones de fe– solamente reproducen en su superficie los cánones denominacionales; puesto que su articulación histórica como artefactos culturales da cuenta de tensiones y/o afinidades entre sectores internos de las iglesias, el campo evangélico y la sociedad en general. En ese sentido, el acercamiento metodológico a estos formatos va más allá del análisis de contenidos, insertándose en la comprensión crítica de los espacios relacionales en los cuales se produjeron (material y simbólicamente), difundieron, resguardaron, legitimaron y leyeron (o no). Es necesario entretejer los hallazgos con el análisis de géneros menores, no necesariamente impresos, que dan cuenta de prácticas editoriales concretas: cartas, autobiografías, fotos, contratos de publicación y traducción, actas, anuncios publicitarios, cajas de cuentas y paratextos (prólogos, cuartas de forros, notas de editorxs/traductorxs, dedicatorias, presentación de colecciones bibliográficas, portadas). También la historia oral resulta fundamental en la comprensión de la recepción, circulación y apropiación de los impresos. Dispositivos que revelan la lucha por el poder interpretativo entre instancias del mundo evangélico; al igual que lo diversos juegos de legitimación, ocultamiento y canonización de ciertos discursos.

La construcción del corpus no tiene como fin extraer una única verdad en los documentos. Ni comporta la pretensión de reconstruir todo el ámbito de la experiencia de lo evangélico en América Latina. El archivo, como metáfora, no resulta de la suma de todos los textos que preserva una cultura, sino el sistema de enunciados y normas de práctica explícitas (organización institucional) o implícitas (relaciones informales), que moldean aquello que puede decirse.[15] La idea es establecer los juegos entre saber y poder presentes en circuitos de comunicación evangélicos: ¿quiénes escribían, publicaban, traducían y vendían?, ¿con qué finalidad?, ¿cómo se establecía lo que podía publicarse y lo que no?, ¿De qué manera se fijaron polos editoriales y espacios periféricos?, ¿cuáles voces se privilegiaron?, ¿qué significaba leer dicha literatura?, ¿qué relaciones se evidencian con otros sectores sociales (económicos, políticos, culturales)?

Archivos y repositorios

En la construcción del corpus, la pregunta por la domiciliación de los archivos es central; puesto que el carácter transnacional de la cultura impresa evangélica resalta las tensiones geopolíticas que definen este cuerpo disperso, fragmentado, interpolado y articulado por las trayectorias de sus artificies (autorxs, editorxs, traductorxs, lectorxs, librerxs, agentxs, pastorxs, misionerxs, laicxs). El localismo prima en los acercamientos historiográficos en la región, ya sea por falta de recursos económicos o por el nacionalismo metodológico; comprensible por la necesidad de legitimar la presencia social evangélica en los relatos nacionales frente a las acusaciones de ser enclaves del colonialismo anglosajón. Si bien los Estados latinoamericanos no han mostrado mayor interés por las publicaciones del mundo evangélico; es posible encontrar publicaciones periódicas y otros formatos en bibliotecas y archivos públicos. Es importante señalar que en sus clasificaciones pocas veces aparece la etiqueta libro evangélico, por lo que es necesario que lxs investigadorxs tengan un conocimiento previo de los posibles folletos, revistas o periódicos a encontrar. En mis investigaciones encontré publicaciones evangélicas en archivos públicos como: Hemeroteca Nacional, Biblioteca Daniel Cosío Villegas e Instituto de Investigaciones Doctor Mora (México); Biblioteca Nacional del Perú y Biblioteca de la Universidad de San Marcos (Lima); Biblioteca Nacional Mariano Moreno (Buenos Aires); y Biblioteca Nacional de Chile (Santiago). Todos de acceso abierto a investigadorxs, siempre y cuando se realice una inscripción previa.

La iniciativa de una visión de conjunto regional ha provenido de instituciones del Norte Global. Por ejemplo, Latin America Collection del Pricenton Theological Seminary, en Nueva Jersey. Colección en la que se encuentra una gran cantidad de publicaciones de variados países en un avanzado proceso de digitalización.[16] Los archivos de sociedades históricas de iglesias estadounidenses contienen una cantidad significativa de fuentes. Si bien el acceso a investigadorxs latinoamericanxs es bastante difícil, cuentan con algunas becas para estancias cortas de investigación para concursar.[17] Asimismo, se encuentran archivos del protestantismo europeo, destacando el perteneciente al Consejo Mundial de Iglesias, ubicado en Ginebra y Bossey, el cual se constituye en un acervo clave para estudiar las publicaciones producidas desde la Segunda Posguerra vinculadas a discursos ecuménicos, desarrollistas, tercermundistas y liberacionistas.[18]

Si bien las nuevas tecnologías de la información han permitido que una pequeña parte de la información resguardada en los espacios hegemónicos del Norte Global circule por el Sur; se mantiene el problema de la configuración de un tiempo vacío y homogéneo en el estudio del mundo evangélico con ecos de la mentalidad “civilizatoria” del protestantismo anglosajón. De ahí que la apertura, institucionalización y profesionalización de archivos locales en los últimos años permita modular la colonialidad del saber histórico. Aunque no existen vasos comunicantes entre estas iniciativas por la dificultad de comprendernos regionalmente a partir de unidades de análisis y tiempos dinámicos. En otras palabras, permitiendo que desde el análisis crítico del corpus documental se construyan contextos históricos específicos delimitados por los periplos concretos de sujetos y comunidades, y no por los marcos tradicionales de la historia Estado-céntrica.

Es posible encontrar materiales impresos en un sinnúmero de institutos bíblicos e iglesias locales de América Latina. En muchos casos, ser parte del grupo estudiado hace más fácil y confiable el acceso. Dado que estas instituciones religiosas no siempre confían en entregar su información a causa de malas experiencias pasadas, de la difamación o interpretación sesgada de lxs investigadorxs. La dificultad se puede sortear estableciendo contacto con miembros interesados en la historia de su propia comunidad. No obstante, en mis trabajos sobre cultura impresa evangélica me centré en los principales polos editoriales del siglo XX: Ciudad de México, el Río de la Plata y San José de Costa Rica. Mis indagaciones se concentran principalmente en el protestantismo histórico y en las misiones de fe. Es poco lo avanzado en términos del pentecostalismo y de las expresiones neopentecostales, aunque contamos con tesis de grado sobre revistas pentecostales.

Instituciones de carácter eclesial

En Ciudad de México se encuentra el Archivo Histórico de la Iglesia Metodista, ubicado en la Calle Sadi Carnot 7. Actualmente se encuentra bajo la administración de la Sociedad de Estudios Históricos del metodismo en México.[19] Cuenta con hemerografía, biblioteca histórica, fotografías, actas de instituciones mexicanas y de congresos latinoamericanos, incluyendo varios sobre literatura. Destaca la caja sobre Casa Unida de Publicaciones con informes de los años veinte, setenta y ochenta; como también una importante cantidad de libros y folletos, que permiten reconstruir el catálogo de la editorial. Llevan un proceso de sistematización del material, pero la mayor parte sin catalogar. Es de acceso libre al público, simplemente se debe llenar una ficha de inscripción. Los horarios de atención son irregulares y se deben concertar con la persona encargada. En la misma ciudad puede consultarse la Biblioteca del Seminario Teológico Presbiteriano, domiciliada en Arenal 36.[20] Esta cuenta con varias revistas, incluyendo El Faro, la cual brinda una semblanza sobre el desarrollo de la casa publicadora presbiteriana de nombre homónimo. El ingreso es entre semana en horario de oficina y no existen restricciones para la consulta.

Al sur del continente, uno de los repositorios de publicaciones evangélicas más potente es el Centro de Documentación Evangélico Protestante SENDAS, en Santiago de Chile. Este pone a disposición del público documentos, periódicos y revistas, tanto protestantes como pentecostales, siglos XIX y XX. Puede accederse en el link: http://www.sendas.cl. Sobre algunos de los archivos del protestantismo histórico en el Río de la Plata se puede consultar las reseñas realizadas sobre anglicanos, presbiterianos, metodistas y valdenses publicadas en un número anterior de Debates de REDHISEL. Estas incluyen indicaciones prácticas para acceder a fuentes, información sobre funcionarios, al igual que referencias a material institucional y de publicaciones periódicas conspicuas de los siglos XIX y XX.[21] De manera que me concentraré en señalar materiales que pueden trabajarse en la construcción del corpus de la cultura impresa evangélica latinoamericana.

En la Provincia de Buenos Aires tenemos el Archivo Histórico de la Iglesia Metodista, “Margarita Angeleri de Roubicek”. El archivo contiene información sobre la Editorial y Librería La Aurora, Methopress (imprenta histórica de los metodistas latinoamericanos) y de la Comisión de Literatura Evangélica del Río de la Plata. La hemerografía incluye publicaciones de iglesias, sociedades femeninas y juveniles, siendo la más relevante, en términos de su relación con los proyectos editoriales evangélicos, la revista El Estandarte Evangélico. También tiene material impreso del movimiento de Temperancia, el cual ha sido muy poco estudiado. Es posible rastrear cientos de cartas e informes de traductores, editores, gerentes y autores en conexión con diversos agentes de Estados Unidos, Europa y América Latina; al igual que varios contratos de traducción y/o publicación del siglo XX. Complementariamente, la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas, ubicadas en Condarco 321, CABA, cuenta con un pequeño archivo de Editorial La Aurora, el cual cobija informes eclesiásticos, correspondencia, derechos de publicación y estatutos de los años setenta y noventa. Igualmente, preserva varios libros producidos desde finales del decenio de 1920, hasta los años noventa. El horario de trabajo es de lunes a viernes, de 9:30h a 13:30h, y se debe concertar una cita al correo secretaria@faie.org.ar.

El Archivo Histórico de la Iglesia metodista de Uruguay, “Dr. José Alberto Piquinela” se encuentra ubicado en predios de la Iglesia Metodista Central en calle Constituyentes 1460 de Montevideo.[22] El acervo está dispuesto en estanterías en las que se encuentran biblias, amplia hemerografía, documentos administrativos, himnos, biografías, correspondencia, fotografía y cintas de audio. Entre las revistas representativas del protestantismo histórico uruguayo y latinoamericano destacan La Idea, ULAJE y Cristianismo y Sociedad. Estas publicaciones son fundamentales para la reconstrucción de la participación evangélica en los movimientos ecuménicos desde un marcado compromiso sociopolítico en el siglo XX. Se evidencia un ordenamiento temático y cronológico, pero no hay una sistematización del material. Se puede contactar al correo: archivometodista@montevideo.com.uy.

El Archivo de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de La Plata, en Colonia Valdense, Uruguay, cuenta con publicaciones periódicas, actos administrativos, diarios, epistolarios, libros antiguos, himnarios, entre otros documentos. Además, tiene una pequeña fonoteca y una fototeca. Se está llevando a cabo un proceso de organización del material bajo la dirección de una archivista. La hemerografía incluye revistas uruguayas y rioplatenses; pero, también, de índole latinoamericano, como: El Predicador Evangélico, Cuadernos Teológicos y Educación Cristiana. Páginas muy importantes para el estudio histórico de la renovación teológica del protestantismo en la región a partir de mediados del siglo XX. El acceso es libre con previa coordinación al correo archivovaldense@gmail.com.

Instituciones teológicas

Las instituciones teológicas –institutos, seminarios y universidades– se constituyeron desde muy temprano en recintos de la cultura impresa evangélica. Centros educativos, que tejieron variadas redes de cooperación denominacionales, interdenominacionales y ecuménicas a través de las que vehicularon contactos interbibliotecarios y editoriales, constituyéndose en espacios transnacionales de esta literatura. Los más insignes fueron el Seminario Bíblico Latinoamericano (1923), en San José de Costa Rica, transformado en 1970 en Universidad Bíblica Latinoamericana (UBL); y la Facultad de Teología del Río de la Plata (1936), renovada en 1969 en el Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET), con sede en Buenos Aires. La Biblioteca Enrique Stranchan, de la UBL, cuenta con un acervo bibliográfico y hemerográfico amplio, destacando la revista Latin America Evangelist, en la que se pueden encontrar bastantes datos de la estrategia editorial de las misiones de fe en Centro y Sudamérica, incluyendo lo relacionado con la Editorial Caribe (1949). A su vez, la biblioteca de ISEDET constituye, sin duda, el mayor patrimonio documental y bibliográfico del protestantismo histórico latinoamericano. En su erario se encuentran desde libros evangélicos del Siglo de Oro español, hasta una caja perteneciente a la Editorial Tierra Nueva (1969-1985), la única editorial de izquierdas en Hispanoamérica. Lamentablemente, con el cierre de la institución en 2015, estamos a la espera de poder volver a acceder a tan valioso material.

En Buenos Aires se encuentra el Archivo Histórico “Arnoldo Canclini”, perteneciente al teológico Seminario Teológico Bautista, ubicado en Cnel. Ramón L. Falcón 4080. Cuenta con un catálogo compuesto por 635 impresos, 107 piezas de museo, 40 registros de material audiovisual y una gran cantidad de documentos. El equipo se encuentra actualizando los registros para dar cuenta de todos los fondos disponibles. A parte de su hemerografía, la riqueza de este archivo inexplorado, para la cultura impresa, radica en los informes y correspondencia de la Asociación Bautista Argentina de Publicaciones (1911); como también en la bibliografía que pemite reconstruir el catálogo histórico de la editorial. El acceso es con previa cita al correo: biblioteca@sitb.edu.ar. Otras bibliotecas con amplio material impreso disponible, aunque muy poco digitalizado, pertenecen a la Fundación Universitaria Bautista, Cali, Colombia; el Seminario Evangélico Peruano de Lima, Perú; el Seminario Evangélico de Puerto Rico; la Comunidad Teológica de México y la Comunidad Teológica de Chile. Además de una gran cantidad de institutos bíblicos, que resguardan literatura de variada índole teológica e ideológica.

Conclusiones

La construcción de un corpus de la cultura impresa evangélica es una tarea que requiere de investigación colectiva y de la constitución de un campo de estudios transnacional e interdisciplinario. Más allá de un propósito patrimonial o erudito, el estudio histórico de los circuitos de comunicación impresa de este espacio de experiencia tan diverso puede contribuir a plantearnos nuevas miradas sobre temas de interés mayores como laicidad, secularización, modernidad, colonialidad, pluralidad religiosa. De igual modo, la fluidez de esta producción y consumo cultural, al igual que las dinámicas trayectorias de sus artífices, abonan a la matización histórica de las tipologías sociológicas realizadas sobre el mundo evangélico. La dispersión documental es superior a la del catolicismo dada las particularidades organizativas de los evangélicos. Sin embargo, más que una búsqueda de totalidad, vale la pena identificar órdenes simbólicos-materiales de autorrepresentación y de participación en la esfera pública desde la agencia de los productores y consumidores, muchas veces en tensión con sus instituciones religiosas. La cartografía que presento surge de mis recorridos vitales y no espera ser exhaustiva, aunque si busca motivar a otrxs investigadorxs a tomar en serio el potencial que se encuentra en la mirada propuesta en los estudios del hecho religioso.


  1. Universidad Arturo Prat, Chile.
  2. Darnton, R. (2008). ¿Qué es la historia del libro? Prismas. Revista de historia intelectual, 2, p. 139.
  3. Valinoti, B. & Parada, A. (2017). La cultura impresa en los avisos publicitarios de la prensa gráfica en la Argentina durante el siglo XX. Alcances y proyecciones. Información, cultura y sociedad, 37, pp. 154-155.
  4. Mollier, J.Y. (2012). Historias nacionales e historia internacional del libro y la edición. Primer Coloquio Argentino de Estudios sobre el Libro y la Edición. La Plata: UNLP-FAHCE, pp. 255-275.
  5. Isava, L. (2009). Breve introducción a los artefactos culturales. Estudios, 34, p. 445.
  6. Algranti, J. (2013). Introducción. Las formas sociales de las mercancías religiosas, en Algranti, J.(ed.). La industria del creer. Sociología de las mercancías religiosas (pp. 31-64). Buenos Aires: Biblos.
  7. Sobre la cultura impresa evangélica se encuentran mi tesis de Maestría en Historia: Prensa evangélica, esfera pública y secularización en Colombia, 1912-1957, Universidad del Valle (2015); y mi tesis doctoral en Historia: Una historia del libro evangélico en Hispanoamérica. Ciudad de México y el Río de la Plata, siglo XX, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (2023); como también, una serie de ponencias, artículos y capítulos ampliando y profundizando dichas investigaciones.
  8. The Committee on Cooperation in Latin America. (1922). Directory of Evangelical Missions in Latin America, fourth edition. New York: CCLA, pp. 82-87.
  9. El Comité de Cooperación para América Latina fue una organización misionera con sede en Nueva York cuya fundación se remonta a 1913 y que operó hasta la década de 1960. Su función consistió en coordinar el trabajo de las sociedades misioneras anglosajonas en el marco de promoción del proyecto panamericano estadounidense en la región.
  10. Mendoza, L. (2021). La prensa protestante en México 1867-1914, Investigación posdoctoral Inédita. Tijuana, Universidad Autónoma de Baja California.
  11. Piedra, A. (2006). Evangelización protestante en América Latina: análisis de las razones que justificaron y promovieron la expansión protestante. Quito: CLAI.
  12. Rufer, M. (2020). Presentación: Prácticas de archivo: teorías, materialidades, sensibilidades», Corpus 10 (2), pp. 1-3.
  13. Stoler, A.L. (2010). Archivos coloniales y el arte de gobernar. Revista Colombiana de Antropología, 46 (2), pp. 465-296.
  14. Mignolo, W. (1995). Entre el canon y el corpus. Alternativas para los estudios literarios y culturales en y sobre América Latina. Nuevo Texto Crítico, 14-15, pp. 23-36.
  15. Foucault, M. (1979). La arqueología del saber. México: Siglo XXI Editores.
  16. Se puede acceder a su colección virtual mediante el link: https://commons.ptsem.edu/latin-america En la misma línea se encuentra, para el mundo anabautista, la colección hemerográfica de Global Anabapatist Wiki (http://www.anabaptistwiki.org/mediawiki/index.php?title=Category:Periodicals). Otros repositorios en los cuales hallan revistas, informes y libros evangélicos a escala latinoamericana son: Internet Archive (https://archive.org/details/books); y WorldCat (https://www.worldcat.org/es). El primero es una biblioteca digital que permite la descarga de materiales completes o de secciones; el segundo es un catálogo digital colectivo alimentado por bibliotecas y bases bibliográficas de varios países.
  17. Destacan: Presbyterian Historical Society (https://www.history.pcusa.org/collections); Historical Society of the United Methodist Church, (https://www.umchistory.org). De igual manera, se encuentra en Archivo de la Casa Bautista de Publicaciones en el Paso, Texas. Pero este último, no cuenta con un catálogo web.
  18. Del Norte Global podemos agregar el de Archivo de British and Foreign Bible Society, resguardado por la Universidad de Cambridge, y que para el caso latinoamericano está prácticamente inexplorado.
  19. Para contactarse con los encargados se debe escribir a: https://www.metodismomexicano.org/contact
  20. El correo de contacto es: stpm.informacion@gmail.com
  21. Seiguer, P. Archivo de la Catedral Anglicana de San Juan Bautista; Silveira, A. Archivo de la Iglesia Presbiteriana de San Andrés; Silveira, A. Archivo de la escuela escocesa San Andrés; Morales, E. Archivo de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata; y Seiguer, P. (2019). Archivo Histórico de la Iglesia Metodista Argentina. (2019). Debates de REDHISEL, 2 (3), pp. 107- 120.
  22. Sobre el Archivo Piquinela consultar: Vázquez, M. (2006). El archivo histórico metodista del Uruguay: su organización documental. Revista Evangélica de Historia, III-IV, pp. 55-62.


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