Un análisis de las relaciones entre memoria, identidad y género en el espacio social judío (Buenos Aires, Argentina)
Julieta Man[1] y Agustina Cinto[2]
Introducción
En este artículo abordamos algunas de las relaciones entre memoria, identidad y género en el espacio social judío a partir del análisis de dos fotografías, una tomada en 1983 y otra publicada en 2022, en busca de dar cuenta del vínculo que Judíes Feministas establece desde la actualidad con el Movimiento Judío por los Derechos Humanos. Esta grupalidad de mujeres e identidades no binarias, cuyo punto de unión se encuentra en su espiritualidad judía y lucha feminista argentino-latinoamericana, destaca la impronta local de su movimiento. Su creación va de la mano de las movilizaciones por el aborto legal del 2018 que dejaron en muchas mujeres y disidencias la necesidad de organizarse, hecho del que no estuvieron exentas quienes integran el espacio social judío. Es a partir de un comentario en la red social Twitter, en torno a la existencia de personas judías y feministas, que se crea un grupo de WhatsApp que pasa rápidamente de diez a cincuenta personas en dos semanas. En palabras de D., integrante de Judíes Feministas: “nadie entendía muy bien, que … era básicamente un caos, un grupo de gente que se sintió identificada con el slogan de judía y feminista”[3].
De esta manera, en 2019 nacen formalmente como grupo en la ciudad de Buenos Aires. Dos de las presentes en aquella primera reunión siguen formando parte activa del colectivo, hoy conformado por un núcleo más activo de doce a quince integrantes y otras personas que asisten de manera esporádica. Desde esa fecha, llevan a cabo distintas actividades que combinan características étnico-religiosas, socioculturales y político feministas. Orgánicamente, se definen como independientes: no se sienten representadas por las principales instituciones judías argentinas ni por sus gobiernos, destacando principalmente diferencias políticas. Específicamente, se diferencian de una política institucional ligada fuertemente a hacer Aliá (inmigrar a Israel), que piensan como expulsiva ante quienes no se identifican con el Estado de Israel. Entienden también que gran parte del espacio social judío institucional está atravesando un proceso de derechización: “hay un gran porcentaje dentro de la comunidad judía es muy `gorila`, mucho antiperonismo, que deriva en un discurso antipopular y antinacional”[4].
No obstante, se relacionan con otras organizaciones judías de la ciudad de Buenos Aires con las que comparten valores ligados a lo social e identificaciones con opciones políticas de izquierda y progresistas. Con estas agrupaciones, que podemos referenciar bajo el paraguas de “judaísmo humanista”, comenzaron a desarrollar alianzas estratégicas y actividades conjuntas, tales como la actividad virtual en 2020 con motivo de las Altas Fiestas judías (Año Nuevo y Día del Perdón) o la asistencia en 2022 a la marcha que condenaba el atentado a la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner. A su vez, se conectan con otros colectivos conformados por personas judías feministas de Chile, España, Brasil, Uruguay y de distintas provincias argentinas. En la actualidad, ya organizaron dos actividades en común: un primer encuentro latinoamericano judeo feminista virtual, donde dijeron presente junto con mujeres y disidencia de Pergamino, Córdoba, La Plata, Paraná, Concordia, Salta y Puerto Madryn, Sao Paulo, Porto Alegre, Río de Janeiro, Salvador de Bahía, Brasilia e Itacaré, Lima, Santiago, Montevideo, Asunción, México D.F. y San José Rica; y un segundo encuentro, donde junto a la colectiva Read Cycle de Rosario, Nejome de Buenos Aires y mujeres judías de San Luis, asistieron al 35º Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries realizado en San Luis.
Estos vínculos y divergencias nos permiten indagar en torno al lugar que sostienen al interior del espacio social judío. Por su corta trayectoria, falta de institucionalización e itinerancia podrían pensarse, en un primer momento, como una organización fronteriza o marginal, como es señalada por sus detractores. No obstante, cuando nos acercamos más a sus estrategias, actividades y alianzas, podemos ver que sus discursos cobran una importancia central. No es menor, en este sentido, la participación de una de sus representantes en el primer capítulo de la serie A Big Shtetl: huellas judías en Buenos Aires, estrenado en 2022, que muestra las huellas urbanas y el presente de los diversos judaísmos en seis barrios emblemáticos del colectivo judío en Buenos Aires. En esta producción, esta integrante y líder es entrevistada como referente y personalidad de la cultura judía porteña. A su vez, Judíes Feministas traspasan las fronteras del espacio social judío erigiendo conexiones con otros grupos atravesados por las mismas luchas e inquietudes, como la comunidad armenia o la árabe.
Mirar a través: memoria, identidad y género en el espacio social judío
Partimos de entender a las memorias como formas de producción social de interpretaciones públicas del pasado para constituir socialmente el presente[5]. Como aquella práctica de traer el pasado al presente[6] construida siempre con otros/as[7], la memoria es clave para comprender los procesos de construcción identitaria[8]. No obstante, cabe señalar que la conflictividad siempre está presente, dado que en toda sociedad existen múltiples memorias en pugna por establecer los sentidos que adquiere el pasado, pero también el presente y el futuro[9]. En cuanto a la interrelación entre memoria y género, las memorias son siempre generizadas ya que:
Los modos en los cuales recordamos, hacemos memoria de nosotros/as mismos/as y nos proyectamos en el futuro, se encuentran siempre atravesadas por nuestro ser generizado en el mundo. A su vez, es a través de prácticas de memoria particulares que mantenemos y construimos, o mejor dicho ficcionamos, una cierta identidad de género[10].
¿De qué modo abordar, entonces, las fotografías como archivos considerando esta intersección? En términos antropológicos, los archivos no son sólo objetos que proveen información, sino que pueden constituirse en “campos de indagación”[11]. De este modo, no son entendidos como proveedores de datos o variables independientes, sino como formas de contextualizar procesos sociales, atendiendo tanto a lo que expresan como a lo que no. En tal sentido, el archivo no sólo es el espacio físico donde se resguardan objetos (desde un sentido ligado al origen griego del término y aquel preponderante en el sentido común), sino también la acción que implica la selección como modo de conservar determinadas memorias materializadas del paso del tiempo. Los archivos fijan ciertas memorias, mientras que otras permanecerán subterráneas[12], habilitando la posibilidad de establecer un anclaje para la construcción identitaria tanto individual como colectiva. Ubicados entre lo material y lo simbólico, tanto los archivos privados como los públicos se hallan atravesados por las luchas memoriales en las que se inscriben, es decir, las relaciones de poder que se tejen por el establecimiento del sentido que adquiere el pasado desde el presente. Es precisamente en ello donde reside el poder de los archivos: los/as actores/as establecen disputas por preservarlos o constituirse en sus guardianes/as, pues resguardar los archivos es resguardar esas memorias allí materializadas[13].
Con ello, las fotografías pueden ser concebidas como archivos que, observados etnográficamente, pueden permitirnos ver más allá de la imagen y reconstruir contextos, así como tramas de relaciones. Desde esta perspectiva, seleccionamos dos fotografías para abordar algunas relaciones entre memoria, identidad y género en el espacio social judío: la primera corresponde al Movimiento Judío por los Derechos Humanos y fue tomada durante una movilización de repudio contra la última dictadura en el año 1983; la segunda fue publicada en el Instagram de la organización Judíes Feministas, tomada durante una marcha en contra del intento de magnicidio contra la entonces vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, en el año 2022. Las fotografías seleccionadas (y que, recordemos, fueron previamente seleccionadas y preservadas del paso del tiempo) se presentan como escenarios en los que profundizar en torno a las relaciones que se tejen entre los/as actores/as, así como en sus representaciones y prácticas contextualmente situadas. En términos del trabajo de campo, estas fotografías han sido puestas en diálogo con entrevistas realizadas a integrantes de Judíes Feministas en el año 2022. La intención es, entonces, mirar a través de las imágenes, y permitir que las fotografías funcionen como puntos de partida para el análisis.
1983: Movimiento Judío por los Derechos Humanos
La primera fotografía fue tomada específicamente en el mes de agosto de 1983, en un contexto en el que la dictadura comenzaba a resquebrajarse, mes en el que acababa de surgir el Movimiento Judío por los Derechos Humanos, organización fundada por Marshall T. Meyer y Herman Schiller en la década de 1980 que denunciaba la autoamnistía y la violación de derechos humanos. La imagen puede encontrarse en el semanario Nueva Presencia: moleculasmalucas.com[14].
Se trata de una fotografía que nos permite explorar las estrechas relaciones que el Movimiento Judío por los Derechos Humanos estableció con aquellos sentidos construidos por los organismos de derechos humanos, nacidos –en su mayoría- de la mano de las masivas desapariciones, asesinatos y apropiaciones de bebés y niños/as durante la última dictadura. En la fotografía observamos dos elementos que nos permiten interpretar este vínculo. Por un lado, la consigna “Aparición con vida”, plasmada de modo central en la bandera que portan las y los manifestantes. “Aparición con vida y castigo a los culpables” marcó los inicios de los organismos en plena dictadura, sobre todo a partir de 1980[15]. En particular, se trató de una consigna de notable potencia simbólica que se atribuyen a sí mismas las mujeres que conforman la Asociación Madres de Plaza de Mayo[16]. La consigna “Aparición con vida” expresaba un posicionamiento ético frente a la última dictadura que, a la vez que rechazaba la muerte como destino de las personas desaparecidas, reclamaba el castigo a los responsables de esas desapariciones.
En segundo lugar, observamos en la fotografía la presencia de las conocidas pancartas. Se trata de un dispositivo memorial donde cobraba centralidad la fotografía –por lo general, carnet- de las y los desaparecidos e incluía su nombre y, por lo general, fecha de desaparición. Estos soportes se inscriben en el uso público de fotografías privadas para visibilizar y denunciar las desapariciones, como un elemento que ha caracterizado la demanda de los organismos de derechos humanos en el espacio público[17]. Como sostiene Leonor Arfuch: “Las fotos de los desaparecidos se instituyen, así como una presencia: su corporeidad atestigua la huella de un ser que no solamente es pasado y otredad, un “haber sido”, sino todavía una insistencia en llegar a ser”[18]. Quien porta la pancarta en la fotografía no es una militante más: se trata de Matilde Saidler de Mellibovsky, madre de Graciela, la joven de la fotografía, e integrante de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Fue precisamente la familia Mellibovsky quien se reconoce como la creadora de las reconocidas pancartas que permitieron visibilizar el reclamo por los y las desaparecidas en la vía pública.
Matilde y su esposo Santiago no son religiosos, pero, dice, “siempre he reivindicado mi identidad y he luchado por ella”. Guarda en su memoria un lugar especial para el rabino Marshall Meyer. “Durante la dictadura nos reuníamos en la sinagoga de Bet El. Allí también iban muchas familias no judías porque se sentían cómodas. Nos poníamos los pañuelos blancos y oíamos sus palabras”[19].
Hay otra cuestión que requiere ser precisada: la estrecha relación que tempranamente se estableció en Argentina entre la última dictadura y el Holocausto[20], no sólo por las similitudes en términos de sistematicidad, sino también por el rol que luego tuvieron familiares y sobrevivientes en la transmisión memorial en la esfera pública. De hecho, esta asociación resulta observable a través de convocatorias realizadas desde el Movimiento Judío por los Derechos Humanos a través de frases que sintetizan ambos eventos como, por ejemplo: “Nunca más un Holocausto”. Dicha asociación les valió el cuestionamiento por parte de dirigentes de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas), que rechazaban dicha homologación por considerar que se trataba de hechos incomparables[21].
En dicho contexto, en el Movimiento Judío por los Derechos Humanos cobra centralidad una perspectiva que podríamos llamar “más amplia de los derechos humanos”, desde la lucha contra el antisemitismo y la plena vigencia de los derechos humanos. En este sentido, debemos destacar la inclusión de las problemáticas vinculadas con los reclamos de la comunidad homosexual (aún antes de la creación de la Comunidad Homosexual Argentina en 1984), pues el Movimiento Judío por los Derechos Humanos buscaba posicionarse como un espacio que contuviera a todas las personas oprimidas. El movimiento sostenía la idea de que los judíos como tales debían luchar con el resto del pueblo, consigna que les costó la crítica tanto al interior del espacio social judío, representado por AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) y DAIA, como de parte de diversos sectores del movimiento de derechos humanos[22].
2022: Judíes Feministas
La segunda fotografía fue tomada los primeros días de septiembre de 2022, en las movilizaciones que siguieron al intento de magnicidio perpetrado contra la entonces vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. En dicho contexto, la organización Judíes feministas se organizó junto a otras grupalidades identificadas bajo un “judaísmo humanista”[23], para salir a las calles levantando consignas que hacían converger su pertenencia al espacio social judío con la lucha por los derechos humanos, nuevamente entendidos desde “una perspectiva más amplia”.
Judíes feministas tras el intento de magnicidio
a Cristina Fernández de Kirchner, 2022[24]

Uno de los carteles que observamos en la fotografía tiene la leyenda “movimiento judío por los derechos humanos”, reconstruyendo una escena donde dicha organización, nacida hacia el final de la última dictadura, cobra centralidad. Entendemos que la presencia de este cartel en el contexto de aquellas movilizaciones del año 2022 busca posicionar al Movimiento Judío por los Derechos Humanos como antecedente y referente de una lucha donde lo judío interviene en el espacio público y político nacional. En este sentido y ante nuestra consulta por el significado de esta pancarta, Y., integrante de Judíes Feministas, señala:
Coincidimos de que no podemos quedarnos como por fuera de lo político, la idea también de, de conformarnos como movimiento judío – feminista, tiene que ver con una voz que se identifique de esa manera, que, y que pueda pararse y tomar postura frente a las cosas que pasan, no … o sea, una de las cosas que también nos hace querer formar una agrupación por fuera de lo institucional tiene que ver con eso, tener la libertad de poder alzar la voz … frente a las cosas que pasan, y que una comisión directiva, nos diga: “A quien podemos, y qué podemos decir”, eh … sin embargo, no deja de, de ser un desafío eh … el límite entre lo político y lo partidario, […] el acuerdo es eso, no tomar postura por ningún partido particular … pero si, cuando pasa algo relacionado con, con los valores de los espacios que empezamos a militar, bueno … si hay que salir a decir algo … si no pierde sentido también el espacio. […] pasó un poco con el atentado a Cristina, que claramente atenta contra los Derechos Humanos, no podemos no decir nada[25].
En este fragmento podemos observar de qué manera las consignas del Movimiento Judío por los Derechos Humanos cobran presencia, a la vez que se reactualizan las problemáticas e intereses de los movimientos actuales. Con ello, Judíes Feministas da forma a su identidad al interior del espacio social judío, estableciendo nexos memoriales con el pasado y resignificando su sentido en el presente. Así, en el cartel que expresa “judíes feministas”, judío es reemplazado por judíes sumando una capa de sentido a la lucha por los derechos humanos en la que se inscriben, al visibilizar la disidencia sexual en el lenguaje. Observamos también una necesidad, compartida por su antecedente y referencia al Movimiento Judío por los Derechos Humanos y otros movimientos del judaísmo humanista, por diferenciarse de las organizaciones referentes del espacio social judío en las que no se ven representadas, considerando que están atravesando “un proceso de derechización”[26]. Vale recordar, en tal sentido, que los nexos memoriales que Judíes Feministas retoma para su construcción identitaria actual se hallan atravesados por las disputas del pasado, pero también del presente. Por esta razón destacan la importancia de posicionarse como una organización autónoma, convirtiéndose de esta manera en otro político[27] que busca politizar su etnicidad.
Reflexiones finales
En este artículo llevamos a cabo el ejercicio de mirar a través de dos fotografías para reconstruir algunas de las relaciones entre memoria, identidad y género en el espacio social judío. Entendimos a las fotografías como archivos, es decir, como memorias materializadas que nos permitieron reponer sentidos compartidos entre dos organizaciones distantes en el tiempo, pero memorial e identitariamente conectadas. Desde una perspectiva etnográfica, analizar las fotografías como archivos implicó indagar más allá de aquello que se presenta a simple vista, con la intención de recomponer ciertas tramas actorales y representaciones sociales. En diálogo con entrevistas, las fotografías nos permitieron explorar no sólo las memorias allí materializadas, sino también las que fueron retomadas generacionalmente por Judíes Feministas. De este modo, esta grupalidad recupera sentidos y prácticas del pasado para resignificarlos desde el presente, tendiendo puentes desde la actualidad con el Movimiento Judío por los Derechos Humanos de la década del ochenta. Tanto en la disputa política en el espacio público como al interior de la comunidad judía, Judíes Feministas construye así una identidad propia, enlazando la perspectiva de género con la lucha por los derechos humanos, lo cual marca una impronta distintiva –y disruptiva- como parte del espacio social judío.
- CONICET, Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre las Mujeres, Universidad Nacional de Rosario.↵
- CONICET, Centro de Investigaciones Sociales – Instituto de Desarrollo Económico y Social; Universidad Nacional de Rosario.↵
- Entrevista a D., 14 de septiembre, 2022.↵
- Entrevista a D., 14 de septiembre, 2022.↵
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- Agradecemos especialmente a Wanda Wechsler, Mónica Hasenberg y Hernán Dobry, quienes nos ayudaron a establecer la autoría de la foto, perteneciente a la fallecida fotógrafa Alicia Segal, y a intentar dar con su localización. Lamentablemente, no pudimos obtener la autorización necesaria para reproducir la imagen en este trabajo.↵
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- Se trata de una categoría nativa asociada al judaísmo laico. Básicamente, disocia al judaísmo de lo religioso, comprendiendo a la religión como un componente posible, pero no necesario, del judaísmo. A la vez, la definición de quién es judío depende de la subjetividad de cada uno, no de criterios religiosos, étnicos, raciales, biológicos. ↵
- Agradecemos a Judíes Feministas por permitirnos publicar esta fotografía de su autoría.↵
- Entrevista a Y., 23 de septiembre, 2022. ↵
- Entrevista a D., 14 de septiembre, 2022.↵
- Setton, D. (2023). Entre identificaciones étnicas y políticas: Lo judío dentro del campo “nacional y popular. Sociohistórica, n° 51: e189. https://doi.org/10.24215/18521606e189.↵






