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Agradecimientos

Muchas personas e instituciones colaboraron, ayudaron y participaron, de diferentes modos, en el camino que recorrí para llegar a la elaboración de este libro, sin las cuales, sin duda, este largo proceso de trabajo no hubiera sido posible. Quiero entonces agradecer y brindar un reconocimiento especial a todas ellas.

Al equipo de trabajo del proyecto PNUD-SSI “Intervención multiagencial para el abordaje del delito en el ámbito local”, desarrollado por la entonces Secretaría de Seguridad Interior de la Nación (2008/2010), y al de la Secretaría de Seguridad Comunitaria del Ministerio de Seguridad de la provincia de Santa Fe (2009/2011), contextos en los cuales inicié este camino allá por el año 2008. Las experiencias compartidas, las discusiones y los intercambios fueron importantes para conocer, pensar y escribir.

Al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, por el apoyo institucional y económico, sin las becas de doctorado tipo i y ii, la beca posdoctoral y luego el ingreso a carrera como investigadora asistente, hubiera sido muy difícil realizar la investigación, la escritura de la tesis de doctorado y su reescritura en formato libro. Al Doctorado en Antropología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, espacio institucional en el que realicé mi formación doctoral.

A la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario por el apoyo institucional. Un especial reconocimiento y agradecimiento a Francisco Broglia, Marcelo Marasca, María Eugenia Mistura, Santiago Bereciartua, Natalia Agusti, Luciana Torres, Marcia López Martin, Camila Aroza, Enrique Font y Gabriel Ganón, compañeres de la por entonces Cátedra de Criminología, con muches de elles compartí varios tramos de la investigación, espacios de intercambio de ideas y lecturas, pero también de incidencia en la arena pública y política; y momentos de relax y diversión, tan necesarios como todos los anteriores. Muchas gracias por haberme compartido hace casi veinte años el antídoto de la criminología y evitar así convertirme en una jurista ingenua.

Un especial agradecimiento y reconocimiento a María Victoria Pita, por haberme compartido a tiempo el antídoto de la antropología, con generosidad –poco frecuente en estos ámbitos–, creatividad, compromiso y mucha lucidez. Especial agradecimiento, además, por la lectura paciente y exhaustiva de cada una de las palabras que integran este texto; sus correcciones, observaciones, comentarios y sugerencias lo enriquecieron profundamente. Gracias además por la amorosa presentación que escribió para este libro. Sin duda, fue una de las principales guías en este pasaje no lineal– de la abogacía y criminología a la antropología.

Agradezco también a les compañeres del Equipo de Antropología Política y Jurídica del Instituto de Ciencias Antropológicas, Sección Antropología Social de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y, en especial, a Marcela Perelman, Maitén Pauni Jones y Sofía Belcic, por las discusiones, los intercambios y las recomendaciones que me aportaron nuevas miradas y preguntas a estos asuntos. Muchas gracias a mi amiga y compañera de aventuras Florencia Corbelle, quien me ayudó a disipar dudas y me escuchó, leyó y alentó en momentos cruciales.

Quiero agradecer enormemente a tres amigues antropologues, quienes también fueron guías claves y sumamente amorosas en este pasaje: a Tomás Bover, Lorena (La Gringa) Narciso y Marta Fernández Patallo, porque me leyeron, me escucharon, me sugirieron lecturas, me aportaron nuevas formas de mirar. A otras dos queridas conversas, Valeria Plaza y Marina Medan, por ese espacio de intercambio sobre juventudes, violencias y otras yerbas que supimos construir.

Al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación productiva y a la Coordinación de Perfeccionamiento de Personal de Nivel Superior de la República Federativa de Brasil (CAPES), que, a través de programas de cooperación y convenios, facilitaron mi estadía en la Universidade Federal Fluminense. Un agradecimiento especial a Ana Paula Mendes de Miranda y a Lucía Eilbaum. Allí, en el Núcleo Fluminense de Estudos e Pesquisas (NUFEP) y en el Programa de Posgrado en Antropología (PPGA), realicé actividades de investigación y académicas y cursé seminarios de doctorado. Experiencia que me aportó nuevos saberes y miradas sobre estos asuntos.

También a Luana Dias Motta, Janaina Maldonado, Deborah Fromm, Isabela Vianna Pinho, Andre de Pieri y Gregório Zambon, querides compañeres del Núcleo de Pesquisas Urbanas NaMargen, a quienes conocí en mi estadía Posdoctoral en el Departamento de Sociología de la Universidad Federal de Sao Carlos (Brasil) (UFSCar). Un agradecimiento especial a Gabriel Feltran, no solo por invitarme a ser parte de investigaciones colectivas y de tareas de docencia durante mi estadía en la UFSCar que enriquecieron sin dudas mi mirada sobre estos temas, sino también por el hermoso prólogo que escribió para este libro.

A Silvina Tamous, Daniel Schreiner y Leo Graciarena, periodistas de policiales que me ayudaron durante la investigación, con quienes en varias oportunidades intercambié pareceres y miradas. A Evangelina Benassi, con quien compartí parte de las tareas del trabajo del campo, intercambiando no solo bibliografía, sino “contactos” e información. Nuestras conversaciones y búsquedas enriquecieron este trabajo. También a Marilé di Filippo por su hermandad, su escucha atenta, su lectura y por haberme alentado en momentos definitorios.

A mis querides compañeres de la Multisectorial contra la Violencia Institucional – Rosario, y, en especial, a les amigues del potente equipo de comunicación y contenido: Julieta, Amalia, Cristián, Maru, Irene, Mariel y Juan.

A mis hermanes Marianela, Ezequiel y Constanza y mis cuñades Luciano, Cecilia y Fernando, por estar siempre. A mis sobrines Blas, Clara, Galo, Vera y Vicente por las risas, las ocurrencias y los juegos. A mi mamá Rita Devoto y mi papá Daniel Cozzi, por su apoyo incondicional con el que amorosamente me han acompañado todo este tiempo.

A Gabi, Chofa, Mercedes, Pipi, Celina, Laura, Valentina, Matilde, Marina, José, Sol, Marilina, Leo, Eze, Lucre, Álvaro y Mario, amigues que me hicieron la segunda todo este tiempo, me rescataron de conversaciones monotemáticas y, en momentos de saturación, me sacaron de paseo y lograron que todo este proceso fuera mucho más placentero. En especial, a la querida Ceci Scarciófolo, quien diseñó los gráficos del libro, por brindarme amorosamente su arte.

A Diego, un gran compañero que, con mucho amor y una paciencia inagotable, me acompañó en todo este camino y se convirtió en mi crítico preferido. Con quien además emprendimos hace un año un intenso y mágico viaje, a quien llamamos Uma.

Finalmente, y muy especialmente, a todas las personas, principalmente a les jóvenes de las tres generaciones, cuyas historias construyen este libro; si no hubieran confiado y compartido sus vivencias, experiencias y relatos, no hubiera podido escribir una sola línea. En especial a Darío, quien no solo me presentó a muchas de estas personas, sino que también me ayudó mucho a conocer y entender cómo la viven les jóvenes del barrio.



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