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2 Valentín Alsina

Devenir histórico de un espacio cosmopolita e industrial

En el primer capítulo nos hemos dedicado a ofrecer un marco de análisis general para nuestro objeto de estudio, tanto a través de una descripción de las características poblacionales en los niveles nacional, provincial y municipal desde una perspectiva comparativa como por medio del estudio de la evolución de los flujos inmigratorios en la provincia de Buenos Aires y el ámbito local de nuestro interés.

En este punto, entonces, nos parece preciso adentrarnos en la caracterización de la sociedad de acogida con la que los inmigrantes europeos se encontraron al radicarse en Valentín Alsina y en la que iniciaron un proceso de integración, cuyos rasgos serán el objeto de análisis de los próximos capítulos. Por lo tanto, en las siguientes páginas ofreceremos una síntesis necesaria acerca de la evolución histórica de la localidad de Valentín Alsina, deteniéndonos en los aspectos económicos, socio-culturales, urbanísticos, demográficos y políticos generales. En el primer apartado, veremos cómo la localidad se originó y se fue transformando, a través de un proceso de desarrollo que la diferenció de otras localidades vecinas, a la vez que la asemejó a la cabecera del partido. Por su parte, en el segundo segmento haremos foco sobre la cuestión económica, especialmente en lo que respecta a la gestación del claro perfil industrial de la localidad, a la vez que haremos mención a otras transformaciones acontecidas a raíz del crecimiento de las oportunidades laborales en la zona. Por último, nos detendremos en las particularidades de la política en el partido de Avellaneda y la provincia de Buenos Aires. El análisis de este aspecto nos será útil como contextualización para abordar una cuestión de sumo interés: la posición de Valentín Alsina frente a las reivindicaciones autonomistas de Lanús. Según entendemos, esta circunstancia resultó una clara ejemplificación de la construcción de una identidad diferenciada en este espacio local.

2.1. El surgimiento de la localidad y sus particularidades

Como ya señalamos en la introducción, Valentín Alsina es una localidad de la provincia de Buenos Aires, emplazada en el área ribereña del Riachuelo, dentro de la jurisdicción del partido de Lanús.[1] Se encuentra unida a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por el popularmente denominado Puente Alsina, a través del cual se comunica con el barrio porteño de Nueva Pompeya.[2] Por lo tanto, se encuentra incluida en el conjunto de los 24 partidos que, junto con la ciudad porteña, conforman el Gran Buenos Aires, ubicándose en la zona sur de este aglomerado.

Figura 2. Ubicación geográfica de Valentín Alsina

Fuente: elaboración propia (en colaboración con la Diseñadora Gráfica Romina Costa) sobre la base de https://www.google.com/maps.

A lo largo de nuestro periodo de interés, la localidad de Valentín Alsina integró dos distritos diferentes de la provincia de Buenos Aires. Hasta 1944 formó parte del partido de Avellaneda –anteriormente denominado Barracas al Sud–, en tanto este comprendía también el territorio correspondiente al actual municipio de Lanús. Sin embargo, una vez concretada la autonomía de este último, Valentín Alsina se constituiría en una de las localidades que lo integran. Por esta razón, el devenir histórico del espacio que nos interesa está profundamente ligado al desarrollo del conglomerado urbano Avellaneda/Lanús, respecto de cuyo conjunto de localidades se erige con sus similitudes y particularidades. Ambos aspectos nos ocuparán en las próximas páginas.

El “Pueblo Alsina” fue creado oficialmente a partir de un área de 101 manzanas en el año 1875, como parte de una secuencia de loteos que se efectuó durante esa década en territorios de la provincia.[3] El propietario de estos terrenos en el llamado “Paso de Burgos” era Daniel Solier, quien en 1874 solicitó la aprobación de las autoridades bonaerenses para subdividir su propiedad en lotes, al tiempo que sugería la posibilidad de constituir una municipalidad independiente.[4] Finalmente, el decreto N.° 2864 del gobierno provincial, expedido por el gobernador Carlos Casares el 6 de septiembre, autorizó la realización de la traza en la zona delimitada por el Camino Real al Puente Alsina (avenida Remedios de Escalada), el camino al saladero de Anderson (calles Coronel Luna-República Argentina) y el camino de Barracas (avenida Rivadavia) (De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, pp. 132-133; Fernández Larrain, 1986, pp. 142-143).

Figura 3. Plano del pueblo Valentín Alsina (1875)

Fuente: plano del pueblo Valentín Alsina, Archivo Histórico y Cartográfico de la División de Geodesia de la Provincia de Buenos Aires, 1875.

Según hemos podido constatar en la prensa periódica nacional, entre octubre y diciembre de 1875 se anunció una serie de más de media docena de remates en Valentín Alsina (La Nación, 10 de noviembre de 1875, p. 2; La Nación, 11 de noviembre de 1875, p. 2; La Prensa, 22 de octubre de 1875, p. 2; La Prensa, 29 de octubre de 1875, p. 2; La Prensa, 30 de octubre de 1875, p. 2; La Prensa, 31 de octubre de 1875, p. 2; La Prensa, 5 de noviembre de 1875, p. 2; La Prensa, 28 de noviembre de 1875, p. 2; La Prensa, 2 de diciembre de 1875, p. 2; La Prensa, 16 de diciembre de 1875, p. 2; La Prensa, 24 de diciembre de 1875, p. 2; La Prensa, 28 de diciembre de 1875, p. 2). Los avisos recurrían a la promoción de las bondades del flamante pueblo, tales como su cercanía respecto del Riachuelo y del centro de la Ciudad de Buenos Aires o el proceso de construcción de viviendas, al mismo tiempo que se invitaba a las grandes fiestas que coincidirían con la ejecución de los remates. Además, se ofrecía un servicio de tranvía gratuito para llegar a la zona y se informaba acerca de la realización de actividades recreativas: música a cargo de la banda de la sociedad Operarios Italianos, embanderamiento, carpa y refrescos. Por último, se daba cuenta de las facilidades de pago con las que contarían los potenciales compradores.

Figura 4. Avisos de los remates de terrenos en Valentín Alsina (1875)

Fuente: La Nación, 10 de noviembre de 1875, p. 2; La Prensa, 11 de diciembre de 1875, p. 2.

Sin embargo, la zona ya había sido testigo de importantes transformaciones, que acontecieron desde la fundación de Buenos Aires por Juan de Garay en 1580. En ese entonces, se organizó la distribución de tierras en calidad de mercedes, con eje en las fuentes de agua disponibles. La distribución de chacras sobre la costa del Río de la Plata determinó que el área que hoy en día corresponde a los partidos de Avellaneda y Lanús participara del pago de la Magdalena (estancia de Maciel, comprendida entre los actuales Parque Lezama y partido de Magdalena), el pago de la Matanza (chacra o ensenada de Juan Ruiz y estancia del Cabezuelo) y del paraje intermedio, llamado pago del Riachuelo (estancia del adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón) (De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, pp. 19-20).

En este contexto, las tierras de labor del pago del Riachuelo contribuyeron al abastecimiento de la ciudad. Pero la zona fue adquiriendo un perfil comercial, que se consolidó definitivamente a lo largo del siglo xviii. En tal sentido, contribuyó el hecho de que las barracas, espacios de almacenamiento de frutos del país (especialmente cueros), se fueran agrupando en las inmediaciones del Riachuelo desde principios de siglo.

Sin embargo, durante aquella centuria se produjeron otros hechos relevantes, que también fueron prefigurando la conformación del pueblo de Barracas al Sud. En primer lugar, se inició el proceso de transformación de los pagos en partidos, otorgándoles mayor precisión jurisdiccional a través de la utilización de los ríos como elemento de límite, mientras hasta allí habían sido el eje de la organización territorial. De esta manera, el partido de la Magdalena vio aumentada su extensión en detrimento del pago del Riachuelo (que dejó de existir) y el pago de la Matanza. Sin embargo, en 1784, se decidió la división del partido de la Magdalena en tres nuevas jurisdicciones: San Vicente, Magdalena y Quilmes, al último de los cuales pasarían a pertenecer la totalidad de los actuales territorios de Avellaneda y Lanús. Algunos años después, en 1791, el distrito de Quilmes se beneficiaría con la construcción del “Puente de Gálvez” sobre el Riachuelo. A su alrededor se fue configurando la primera agrupación de vecinos del futuro partido de Avellaneda (De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, pp. 42-43, 55-56; Sors de Tricerri, 1941, pp. 47-50).[5]

El siglo xix tampoco sería escaso en novedades, destacándose aquellas vinculadas al perfil productivo de la zona y a su organización política-administrativa, como veremos a continuación.

En 1822 se dispuso el traslado de los saladeros ubicados en los alrededores de la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) hacia la otra orilla del Riachuelo, al tiempo que nacía la división administrativa entre Barracas al Norte y Barracas al Sud (Cutolo, 1998, p. 93). Más tarde, en 1840, la zona aledaña al Riachuelo y al “Puente de Gálvez” comenzó a ser considerada un pueblo, cuya creación formal se efectuaría en 1845 (Marrazzo, 1910, pp. 47-48). Entre los motivos principales de este crecimiento se encontraba la formación de un importante núcleo industrial alrededor de los saladeros.

Los saladeros se dedicaban a la elaboración de productos ganaderos para la exportación, cueros y carnes saladas, para lo cual solían ocupar una planta laboral de entre 150 y 200 personas. Los destinatarios de la carne que producían eran principalmente los esclavos del norte de Brasil y los trabajadores de las islas del Caribe (Schvarzer, 2000, pp. 63-67, 81). La instalación de estas factorías en las inmediaciones del Riachuelo se debió a dos motivos principales: la existencia de una disposición que prohibió su radicación en Buenos Aires e inmediaciones hasta el Riachuelo y las facilidades para el traslado de las mercancías que ofrecían la cercanía respecto del puerto y la posibilidad de utilizar el mismo cauce del Riachuelo. Hacia 1840, Barracas al Sud contaba con un total de seis establecimientos de este tipo y la zona se convertía en el “emporio pecuario y saladeril del país” (Torassa, 1940, p. 51).

Valentín Alsina se mostró tempranamente como el asentamiento de población más importante en el área que actualmente conforma el partido de Lanús. Así lo evidenció el censo general de población ordenado por Juan Manuel de Rosas en 1838, momento en el que su población estaba constituida por más de 160 personas. Es posible que su radicación, al igual que en el conjunto del área ribereña del Riachuelo, estuviera asociada a la presencia de los emprendimientos saladeriles. En este caso, el ya aludido saladero de Anderson, que se contaba entre los seis establecimientos antes mencionados (Álvarez, 1993a).

Las condiciones poco higiénicas eran la característica más sobresaliente de estas factorías, que dejaban escurrir los desechos hacia el Riachuelo e invadían los alrededores de olores fétidos. Por esta razón se convirtieron prontamente en un foco de críticas. Estas se agudizaron con el desencadenamiento de una epidemia de cólera que motivó la suspensión de las faenas en 1868 (Cutolo, 1998, p. 609; Schvarzer, 2000, pp. 63-67). Al año siguiente, los saladeros cercanos al Puente Alsina fueron objeto de una inspección, durante la cual se detectó la frecuente quema de un basural. El saladero El Rincón, de Anderson, resultó el principal objeto de atención de las autoridades en lo referente al control de sanidad y la exigencia de más estrictas medidas de higiene (Cutolo, 1998, p. 609). Finalmente, tras la epidemia de cólera del año 1870, el funcionamiento de los saladeros y graserías en la Ciudad de Buenos Aires sobre el río de Barracas y sus inmediaciones fue interrumpido por la ley provincial N.° 772 del 6 de septiembre de 1871. A partir de esa fecha, estos establecimientos debieron situarse en parajes más lejanos de la provincia de Buenos Aires (De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, p. 92; Provincia de Buenos Aires, 1871; Schvarzer, 2000, pp. 63-67). No obstante, otros factores de carácter externo contribuyeron a la crisis del sector saladeril. Fundamentalmente, el autoabastecimiento del mercado norteamericano de tasajo y el rechazo de las magras carnes argentinas en algunos países europeos (De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, pp. 104-105; Fernández Larrain, 1986, pp. 151-152).

En lo que refiere a la cuestión política-administrativa, a mediados del siglo xix, la importancia del nuevo centro de población y la necesidad de fomentar su crecimiento condujeron a la creación del partido de Barracas al Sud, el 7 de abril de 1852. Tal medida fue impulsada por el juez de paz de Quilmes, Martín J. de la Serna, quien se convertiría también en el primer juez de paz del nuevo distrito. Un año después se constituyó la primera Municipalidad.

En 1855, la formación espontánea del pueblo requirió de una regularización de su situación, para la cual se solicitó la intervención del agrimensor Mariano Moreno (h), cuyo plano fue aceptado y rigió las construcciones a efectuarse desde entonces. Sin embargo, el partido demoraría en adquirir los límites definitivos que mantuvo hasta la autonomía de Lanús en 1944. En 1861 se le quitarían territorios en ocasión de la creación del partido de Lomas de Zamora. Pero cuatro años después, el “Decreto sobre reorganización de límites entre partidos bonaerenses”, del 24 de febrero de 1865, le reintegró prácticamente la totalidad del territorio actual de Lanús. Barracas al Sud fue declarado ciudad en 1895 y en 1904 adquirió el nombre de Avellaneda. Cuatro años después, nuevamente perdería una porción de su territorio para ampliar el distrito de Lomas de Zamora (De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, pp. 50, 56; Varela y Bra, 1990, p. 7).

James R. Scobie (1977) ha advertido acerca de la importancia de los progresos en el sistema de transportes para el desarrollo de nuevas comunidades suburbanas en la Ciudad de Buenos Aires, especialmente el aumento del uso del ferrocarril para el traslado de pasajeros a partir de 1880 y la progresiva expansión de la red tranviaria (pp. 131-132, 205). No obstante, esta situación puede constatarse también en los partidos que circundan a la urbe porteña.

En este sentido, la inauguración en 1865 del primer tramo del Ferrocarril Sud, que atravesaba Barracas al Sud en su trayecto desde Buenos Aires hacia Chascomús, sería un evento de gran relevancia para el desarrollo del partido que nos ocupa.[6] La cercanía de la traza ferroviaria fue central para la aparición de nuevos centros suburbanos, tal es el caso de Lanús. Si bien la compañía no había previsto la existencia de una estación donde en la actualidad se erige, las gestiones de su gerente Eduardo Banfield consiguieron que el propietario de los terrenos de la zona, Anacarsis Lanús, donara una fracción de tierra. Allí se instaló una casilla que funcionaría como apeadero. Habrían de pasar varias décadas hasta tanto la edificación fuera realizada y se convirtiera formalmente en estación el 12 de abril de 1902. A lo largo de los años siguientes, la importancia de estos pueblos vecinos a la Capital se hizo evidente en el continuo aumento del número de pasajeros recibidos y despachados en cada una de las estaciones. En el caso de Lanús, tal cifra se vio incrementada en un 50 % entre 1910 y 1913. No obstante, el área ya había sido testigo de importantes progresos urbanos, tales como los procesos de subdivisión y venta de tierras a los que ya nos hemos referido. En las inmediaciones del apeadero, el 22 de octubre de 1888 fue colocada la piedra fundamental del pueblo General Paz, antecedente de la porción ubicada al este de la traza ferroviaria de la localidad cabecera del actual partido de Lanús (Rögind, 1937, pp. 23, 145-146, 502-503; Varela, 2015, pp. 3-7).

Al respecto de lo anterior, De Paula, Gutiérrez y Viñuales (1974) destacaron que Valentín Alsina tuvo un desarrollo independiente y similar al de la cabecera del partido de Barracas al Sud, lo cual distinguió a esta localidad de otras del mismo distrito, también surgidas al calor de los loteos de las décadas de 1870 y 1880 en el área del actual partido de Lanús. Señalaron que

… su evolución urbana posterior presenta analogías con la de Barracas al Sud; ésta debe su desarrollo al Puente de Gálvez (Puente Pueyrredón) a la avenida Mitre y a los saladeros, aquélla lo debe al Puente Alsina (Puente Uriburu) a la avenida Remedios de Escalada y a los saladeros y posteriores fuentes de trabajo (p. 132).

El llamado Puente Alsina ha sido, hasta tiempos recientes, el único que unía el partido de Lanús con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.[7] Sus más tempranos antecedentes se remontan a la década de 1850, cuando Enrique Ochoa adquirió un lote cercano a un vado del Riachuelo, conocido como Paso de Burgos. Así era denominada esta zona en referencia a un antiguo propietario local, que proveía de una canoa para el traslado de viajeros a uno y otro lado del Riachuelo. Ochoa pretendía instalar allí un saladero en sociedad con Toman (Cutolo, 1998, p. 606; De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, p. 91). Asimismo, poseía un contrato con el gobierno nacional para mantener la conservación de los caminos reales desde la Capital hasta Chascomús.

En este contexto, en 1855, se presentó ante la gobernación de la provincia su proyecto para la construcción de un puente de mampostería. Al efectuarse, este no tardaría en ceder a las inclemencias climáticas, prestando servicio apenas tres meses. Enrique Ochoa probaría suerte nuevamente con la construcción del puente al año siguiente. La confección de los planos y la dirección de la obra fueron encargadas al ingeniero Carlos E. Pellegrini, quien ejercía la presidencia del Consejo de Obras Públicas del Estado. Este segundo puente tampoco resistiría las copiosas lluvias. Finalmente, en 1859, se erigió un puente de madera, diseñado por el arquitecto Otto von Armin von Lobbe. En la inauguración, Ochoa propuso bautizarlo Valentín Alsina, en honor al gobernador de la provincia de Buenos Aires, quien se encontraba presente en el evento. De allí tomaría, luego, su nombre el pueblo.

En este punto, cabe destacar que en 1856 la municipalidad de Barracas al Sud se manifestó en contra de la ejecución de la obra. Norberto Candaosa inscribe esta actitud en el contexto de los emprendimientos urbanísticos llevados a cabo tanto por Ochoa, como por Anacarsis Lanús y Esteban Adrogué, los cuales habrían constituido un avance en los pueblos de La Paz (Lomas de Zamora), Lanús y Valentín Alsina, en perjuicio de Avellaneda (Candaosa, 2015, p. 11).

Finalmente, el Puente Alsina fue expropiado por el gobierno nacional tras la federalización de Buenos Aires. Cabe recordar que la zona sería protagonista de las batallas asociadas a los enfrentamientos por esta cuestión. En 1910 fue construido un nuevo puente, el cual funcionó hasta tanto se habilitó en 1938 el puente actual de estilo neocolonial (Álvarez, 1993b, pp. 2-3; Ochoa, 1938, pp. 7-10).

Los avances en relación con la situación de accesibilidad de Valentín Alsina, en línea con lo que señaláramos previamente acerca de su importancia para el desarrollo de las comunidades suburbanas, se fueron sucediendo progresivamente. En principio, la autorización del trazado del pueblo coincidió con el otorgamiento a Daniel Solier de la concesión de una línea de tranvías que unía Corrales Nuevos (Parque Patricios, a donde se habían trasladado los mataderos del sur de Buenos Aires) con Valentín Alsina. De esta manera, la localidad quedó conectada con la ciudad porteña desde sus primeros años de vida. Este recorrido se mantuvo vigente hasta 1903, cuando se ordenó el levantamiento de las vías (Cutolo, 1998, pp. 610-611; Municipio de Lanús, 2014, p. 19; Ochoa, 1938, p. 16; Scaltritti, s. f., p. 2).

Por otra parte, hacia 1890 un periódico local informaba acerca de la realización del tendido de rieles para un tranvía que uniría los pueblos de Valentín Alsina y Lanús (Fernández Larrain, 1986, p. 3). El panorama se completaría ya iniciado el siglo xx. Entre los años 1908 y 1909 se consumó la inauguración de la totalidad del trayecto del Ferrocarril Midland (actual línea Metropolitana del Ferrocarril General Belgrano) desde Puente Alsina hasta Carhué. Esta línea instaló tres estaciones en el área del actual partido de Lanús: la estación cabecera, Diamante y Caraza (Álbum Argentino, 1910, p 254). Al mismo tiempo, durante 1908, se produjo la inauguración de la “Compañía de Tranvías del Puerto y Ciudad de Buenos Aires” que unía Valentín Alsina con la estación Retiro y, a través del “Tranvía Río de la Plata”, con la estación ferroviaria de Lanús y Villa Recondo (Lomas de Zamora) (Pesado Palmieri, 1987). Tres años después sería habilitado, además, un servicio de tranvías que unía dos puntos del actual partido de Lanús, Villa Edén Argentino y Valentín Alsina, con el barrio porteño de Retiro (Ippoliti, 1983, pp. 61-64).

2.2. El desarrollo como enclave industrial

Junto con la importancia del Puente Alsina y los progresos en materia de transportes, De Paula, Gutiérrez y Viñuales hicieron hincapié en la relevancia de las fuentes de trabajo disponibles en tanto factor de desarrollo para Valentín Alsina.

Al respecto, son de destacar algunos cambios en el plano económico que se registraron en el conjunto del entonces partido de Barracas al Sud en el tránsito del siglo xix al xx. La zona adquirió protagonismo a partir de la aparición de novedosos métodos para la conservación de carnes (Canosa, 2009, p. 173; Giberti, 1970, pp. 169-170). Como ya señalamos, la cercanía del puerto de Buenos Aires y la comunicación con todas las líneas férreas del país convirtieron a Barracas al Sud en un lugar apropiado para situar los frigoríficos. La instalación de esta industria principal, junto con otras –como las destilerías de petróleo, las fábricas de vidrio, las manufacturas de metales, los molinos harineros, y las fábricas de lana y algodón, fósforos y jabón, etc.–, convirtieron a la zona en el “emporio fabril e industrial más importante de la república” (Sors de Tricerri, 1941, p. 53).

El puntapié inicial de la expansión industrial del partido fue la instalación del primer frigorífico de la zona, el establecimiento La Negra. Fue inaugurado en el año 1885, bajo la denominación Compañía Sansinena de Carnes Congeladas, conformada por un conjunto de capitales argentinos, franceses e ingleses, bajo el liderazgo del francés Gastón Sansinena (Fernández Larrain, 1986, pp. 153-155; Junta de Estudios Históricos de Barracas al Sud, 2010a, p. 6; Schvarzer, 2000, p. 82). En 1902, lo sucedió el establecimiento La Blanca (Fernández Larrain, 1986, pp. 153-155).

En 1905 se agregaría el Frigorífico Argentino, emplazado en los terrenos donde anteriormente funcionara el saladero de Anderson de Valentín Alsina.[8] Este frigorífico fue fundado por una compañía liderada por importantes propietarios rurales de diversos orígenes y presidida por el encumbrado industrial italiano Antonio Devoto (Barbero, 2009). Hacia 1910 fue destacado como una de las principales industrias del partido de Avellaneda. El establecimiento contaba con una serie de edificios distribuidos en una superficie de ciento veinte mil metros cuadrados y terrenos contiguos donde habitaba el ganado. Asimismo, se caracterizaba por su inmejorable situación de accesibilidad, en virtud de su ubicación en la ribera del Riachuelo y en cercanías de la Dársena Sud del puerto, al tiempo que llegaban hasta sus instalaciones las vías de un ramal ferroviario, a través del cual se abastecía de la hacienda (Álbum Argentino, 1910, p. 171). Algún tiempo después, la propiedad del frigorífico mudaría de manos y pasaría a ser popularmente conocido como Frigorífico Wilson. Se convertiría, además, en una de las principales fuentes de trabajo de la zona.[9]

La identificación del partido de Avellaneda con la industria frigorífica se completó con la radicación del Frigorífico Anglo dos décadas más tarde, en 1927 (Junta de Estudios Históricos de Barracas al Sud, 2010a, p. 7; Junta de Estudios Históricos de Barracas al Sud, 2010b). No obstante, todos los rubros industriales básicos estaban representados entre los más de cuarenta grandes establecimientos existentes en Avellaneda para la época, los cuales la habían convertido en la mayor ciudad industrial y obrera de la República Argentina (Varela y Bra, 1990, p. 10).

Figura 5. Vista del frigorífico Wilson desde el Riachuelo (c. 1927)

Fuente: Cisneros (1927, p. 375).

En lo que respecta específicamente a Valentín Alsina, la instalación del Frigorífico Argentino estuvo precedida por la radicación de otra industria de singular relevancia en el área. En 1883 abrió sus puertas la fábrica de ponchos, mantas y frazadas Campomar Hnos., la cual se convertiría en fuente de trabajo por excelencia de numerosos vecinos de la zona. Fundada por iniciativa del español Juan Campomar, esta fábrica pasó a formar parte de un conjunto de establecimientos de la firma Campomar & Soulas –producto de la asociación con el comerciante francés Eduardo Soulas–,[10] que comprendía también la fábrica de paños y casimires, emplazada en el barrio porteño de Belgrano, y la hilandería de lanas peinadas ubicada en Avellaneda. Es de destacar el importante desarrollo de la empresa, cuyo origen fue un modesto emprendimiento de elaboración de trenzas y se convirtió posteriormente en la principal firma lanera del país, extendiéndose su actividad al Uruguay, donde también ocuparía el primer lugar entre las industrias de su tipo (Álbum Argentino, 1910, p. 55; Belini, 2010, pp. 7-8).

Cabe señalar que Campomar fue la primera de otras industrias textiles que se radicaron en la zona. Durante el periodo de entreguerras, cuatro de las más de veinte empresas más representativas del ramo en la Argentina se situaban en Valentín Alsina. Además de Campomar, la nómina incluía el emprendimiento de Félix Giardino, el de Giacomone y Ricardo, y Algodonera Flandria (que se trasladó a Jáuregui, en las inmediaciones de Luján, hacia 1927) (Ceva, 2010, pp. 55-56, 89). Es posible que Félix Giardino estuviera vinculado a otro de los establecimientos industriales más importantes de la zona, la hilandería de lana cardada de Ugolino y Juan Giardino, fundada en 1920 (Álvarez, 2011, pp. 113-114). Por otra parte, tenemos datos acerca de fábricas textiles de menor envergadura, tales como las siguientes firmas: Homar y Caimari; Gelabert, Monpeu y Oliver; y Bozzala Hnos (“Valentín Alsina”, 17 de enero de 1919, p. 3; “Valentín Alsina”, 23 de enero de 1919, p. 4; “Valentín Alsina”, 2 de abril de 1919, p. 3).

Tras la creación oficial del pueblo, y al compás de este aumento del nivel de industrialización de la zona, comenzarían a acontecer otros avances de diverso tipo: institucionales, urbanísticos, demográficos y asociativos. A continuación, nos referiremos brevemente a ellos.

El primero de los progresos institucionales sobre el que tenemos conocimiento es la apertura de una escuela. Según los datos con los que contamos, en noviembre de 1882 el Consejo Escolar de Barracas al Sud elevaba una nota al presidente del Consejo General de Educación en la que se reiteraba la demanda de instalación de una escuela en el pueblo Alsina. Algunos meses después, el 19 de marzo de 1883, comenzó a funcionar en Valentín Alsina la escuela N.° 8 del distrito de Barracas al Sud. El establecimiento, creado bajo la categoría infantil mixta, ofrecía el dictado del 1.° y 2.° grado de la formación primaria e inició sus actividades con una matrícula de 42 alumnos. Recién en 1926 se comenzó a dictar allí el ciclo primario completo, pero hasta 1940 no contaría con un edificio propio, funcionando en fincas de distintos vecinos de la zona a lo largo de distintos periodos. Tras la autonomía de Lanús, le sería asignado el N.° 3 (Scaltritti, s. f.).

Por otra parte, en 1897 se iniciaría la ocupación del primer barrio densamente poblado de la localidad, a partir del loteo de diez cuadras de propiedad de Francisco Bustamante. En esa área se instalaría la tejeduría de Gelabert, Monpeu y Oliver (Álvarez, 1993b, p. 6).

En este punto, cabe destacar que existen serias dificultades para sopesar la importancia numérica de la población de Valentín Alsina, en la medida que, como ya hemos señalado, tanto las estadísticas nacionales como las provinciales suelen carecer de datos acerca de los parámetros demográficos para la escala estrictamente local. Algunas referencias indirectas indican que hacia fines del siglo xix esta zona era la única que, a diferencia del resto del territorio del actual partido de Lanús, no era eminentemente rural. En 1908, Valentín Alsina habría contado con unos cinco mil habitantes y una edificación modesta, de alrededor de un centenar de viviendas precarias. No obstante, solamente dos años después, la localidad era señalada como el tercer centro poblado del partido de Avellaneda por su desarrollo e importancia, por detrás de Piñeyro y Villa General Paz (zona cabecera de Lanús) (Álbum Argentino, 1910, p. 122; De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, p. 133; Scaltritti, s. f., p. 2). Tras estos datos, contamos con los correspondientes a los años 1924 y 1944. El primero de ellos proviene del cálculo de población de los distintos núcleos poblacionales del partido de Avellaneda, ofrecido en un anuario estadístico bonaerense. Este indica que la población de Valentín Alsina rondaba una cifra similar a la de 1908, en este caso 5313 habitantes. Sin embargo, el número se hace más abultado y se acerca a las siete mil personas si sumamos los datos correspondientes a Puente Alsina (290) y Parada Diamante (1025), núcleos linderos generalmente asociados a la localidad de nuestro interés (Acerboni, 1926, p. 51). Ya en 1944, un artículo publicado en la revista social de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, a la que nos referiremos a continuación, indicaba que Valentín Alsina se encontraba habitado por unos sesenta mil individuos (Brey, 1944, p. 15).

Desde el punto de vista de la sociabilidad, en la primera década del siglo xx, harían su aparición en escena dos instituciones centrales de la vida de la comunidad: la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos en 1901 y la Sociedad Italiana Unione e Fratellanza en 1907. Su creación puede ser considerada el punto de inicio de una rica vida asociativa, animada por nativos e inmigrantes, que se extiende hasta la actualidad.

Algo más tarde, durante la siguiente década, la vida asociativa alsinense se expandió a través de la fundación de la Sociedad de Fomento de Valentín Alsina en 1914 y de la Biblioteca Popular Sarmiento en 1918. Por su parte, en 1919, se concretó la creación de la Sociedad Española de Socorros Mutuos de Valentín Alsina. Asimismo, el Club El Aeroplano, fundado en 1916, se convertiría en Sportivo Alsina en 1923, y en 1925 se daría inicio a las actividades del Centro Gallego de Mutualidad y Cultura de Valentín Alsina. Al acercarse a su fin la misma década, en 1927, se constituiría el Círculo de Obreros. Finalmente, debemos señalar que la sede definitiva de la parroquia local comenzaría a construirse en 1923, cuando María Scasso de Campomar –esposa del reconocido industrial Juan Campomar– donó el predio donde se emplazaría. No obstante, esta venía funcionando en un local provisorio desde 1908 (Álbum Argentino, 1910, p. 122; Álvarez, 2014, p. 6; Álvarez, 2018, pp. 89, 121, 324; De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, pp. 133-134; Levitán, 1993, p. 190; Scaltritti, s. f., pp. 3-6).

Para culminar este apartado, es preciso destacar las referencias halladas acerca de la importancia de la vida cultural en Valentín Alsina y el significado de esta localidad en términos simbólicos e identitarios.

En primer lugar, podemos referirnos a la temprana presencia en la localidad de grupos filo-dramáticos, pertenecientes por ejemplo a la Sociedad Cosmopolita y a la Biblioteca Popular Sarmiento, que representaban obras diversas. La mencionada Sociedad Cosmopolita logró inaugurar su propio teatro en el año 1917. Más tarde, en 1935, junto con la inauguración de un nuevo edificio social, se dio apertura al cine-teatro Carlos Gardel, que se mantiene en funciones hasta la actualidad (Álvarez, 2014, pp. 3-11; Cascante, 2006, pp. 304-305).

Por otra parte, ya nos hemos referido a la estrecha relación que unió a Valentín Alsina con el barrio porteño de Pompeya. Cabe aquí destacar, entonces, que el puente que los une ha sido señalado como el más invocado en el tango, a la vez que inspirador de la película Puente Alsina (1935), de José Agustín Ferreira.

El cancionero popular también se ocupó de retratar parajes míticos de Valentín Alsina: tal es el caso del boliche La Chancha Negra (Cascante, 2006, pp. 238-240). Este era frecuentado por el “Tigre” Millán, un personaje cuya existencia histórica no se ha comprobado, pero que es evocado en el tango homónimo compuesto por Francisco Canaro en 1934 y ha sido recientemente homenajeado con un monumento ubicado en las inmediaciones del puente.[11]

2.3. Consideraciones sobre la vida política local

Como mencionamos en la introducción del capítulo, en este apartado nos ocuparemos de aportar algunos datos generales acerca de la vida política de Avellaneda y la provincia de Buenos Aires, a modo de contextualización para ocuparnos del posicionamiento adoptado por Valentín Alsina frente a las primeras reivindicaciones autonomistas de Lanús, coyuntura en la que se pusieron claramente de manifiesto algunas de las particularidades de la localidad que ya hemos ido explorando.

Desde el punto de vista político, las primeras décadas del siglo xx estuvieron caracterizadas en el conjunto del partido por la clara hegemonía conservadora.

El principal caudillo local, Alberto Barceló, ocupó la intendencia (a lo largo de un total de 22 años)[12] o controló indirectamente el ejercicio del poder en Avellaneda en buena parte del periodo que se extendió entre 1900 y 1943 (Varela y Bra, 1990, p. 18). Su actuación como primer mandatario comunal estuvo precedida por la de otros miembros de su familia, como Domingo y Emilio Barceló. Su largo periodo de gobierno entre 1909 y 1917 se caracterizó por la puesta en marcha de numerosas obras públicas, entre las que se destacaron la pavimentación de la Avenida Mitre desde Crucecita hasta Sarandí, la rectificación del Riachuelo, la construcción del Hospital Fiorito y el levantamiento del primer censo municipal (Folino, 1983, pp. 51, 56-57, 70, 109).[13] Asimismo, su gestión a partir de 1924 se destacó principalmente por la promoción de la instalación de industrias y la administración de los problemas derivados de las ya existentes, a la vez que por la falta de una planificación urbanística.

No obstante, su figura adquirió relevancia dentro del conjunto del conservadurismo bonaerense, en el seno del cual se convertiría en el caudillo más representativo. Su eficacia y particular estilo personal estuvieron caracterizados por un tratamiento directo con los sectores populares avellanedenses y por su habilidad para vincularse con los gobiernos provincial y federal con el fin de obtener mejoras y beneficios para la comuna, mientras conservaba su predominio en el ámbito municipal (Béjar, 2005, pp. 140, 237; Walter, 1987, pp. 34-35).

Al respecto del influjo conservador en Avellaneda, debemos señalar que la situación no se alteró sustancialmente después de la apertura de la competencia electoral a los sectores radicales y socialistas, tras la sanción de la Ley Sáenz Peña y la modificación de la ley electoral provincial en junio de 1913.[14] Por el contrario, Barceló volvió a cosechar importantes triunfos electorales en su distrito, donde los conservadores lograron, en ocasiones, derrotar por amplio margen a los radicales, sin necesidad de recurrir al fraude (Béjar, 2013, p. 313).

Pero su ejercicio directo o indirecto de la autoridad municipal durante este periodo se vio interrumpido en dos ocasiones, bajo las intendencias del radical Manuel Beguiristain (1918-1920) y el socialista Jacinto Oddone (1920-1921). La primera de ellas se inscribió en el contexto del crecimiento de la influencia radical en la provincia de Buenos Aires y supuso un cuestionamiento a la hegemonía conservadora. Por su parte, la intendencia de Oddone fue posible por efecto del apoyo de los hombres de Barceló y se ha afirmado que el tinte socialista de su gestión apenas fue dado por la creación de dos dispensarios para lactantes y el cambio en la dirección del Hospital Fiorito (Folino, 1983, p. 103).

Más allá del contexto local, el crecimiento de la figura de Barceló lo condujo a presidir el comité partidario de la tercera sección electoral, en 1915, y a ser el primer conservador bonaerense en acceder al parlamento nacional en 1916 (Béjar, 2013, p. 313; Hora, 2013, p. 70).[15] La orden del presidente radical Hipólito Yrigoyen de intervenir la provincia, gobernada por el conservador Manuel Ugarte y a cuyo frente sería designado José Luis Cantilo, abrió un nuevo periodo en la vida pública del caudillo avellanedense. El importante retroceso en la performance electoral del partido conservador a partir de los comicios celebrados en 1918 no impidió que este se mantuviera competitivo en algunos distritos, como Avellaneda. Esta situación, y el apoyo de los legisladores que respondían a Barceló al plan de obras públicas propuesto por Cantilo (quien había asumido la gobernación tras el triunfo electoral de 1921), provocaron la ruptura con el partido. En 1923, un conjunto de dirigentes encabezado por Barceló dio origen al Partido Provincial, cuya actuación se limitaba a las elecciones provinciales y municipales de la tercera sección electoral (Béjar, 2013, pp. 313-315; Hora, 2013, pp. 65-70). El nuevo partido superó en caudal electoral a los conservadores en las elecciones legislativas provinciales y tuvo un considerable éxito en Avellaneda (donde aventajó al radicalismo en cuatro elecciones legislativas provinciales), Lomas de Zamora y Almirante Brown y, en menor medida, en Esteban Echeverría (Béjar, 2005, pp. 139-140; Béjar, 2013, pp. 315-316). No obstante, este grupo volvería al seno del partido tras la recuperación conservadora del gobierno provincial que sucedería al golpe de estado de 1930, su cambio de denominación por la de Partido Demócrata Nacional y la apertura de un periodo caracterizado por el uso del fraude para mantenerse en el poder (Béjar, 2013, pp. 323-330; Hora, 2013, p. 75).

A pesar del rol destacado del gobernador Manuel Fresco, cuyo mandato se extendió entre 1935 y 1940, durante esta etapa el partido estuvo sujeto a los conflictos por el liderazgo que derivaron de la antigua escisión (Béjar, 2005, p. 236). Fresco había iniciado su carrera política como concejal de Avellaneda y contó con el apoyo de Barceló, pero no siguió a este último en su incorporación al Partido Provincial (Béjar, 2005, p. 236). Tras una gestión caracterizada por los intentos de transformación del Estado provincial y sus vínculos con el conjunto de la sociedad, la conflictividad en el interior del partido se agudizó con motivo de la competencia abierta por la sucesión de Manuel Fresco entre Antonio Santamarina y Alberto Barceló. Este último logró desempeñarse como presidente del partido y sostuvo una acción dirigida a materializar sus aspiraciones de encabezar el gobierno provincial. Sin embargo, una vez concretado su proyecto, a través de la elección de la fórmula Barceló-Míguez para enfrentar las elecciones de 1940, y tras el triunfo –asegurado mediante el fraude–, la provincia fue intervenida por orden del presidente Roberto Ortiz (Béjar, 2013, pp. 329-330).

Finalmente, tras el golpe de 1943 y el posterior triunfo electoral de Juan Domingo Perón en 1946, los conservadores bonaerenses, así como los del resto del país, perdieron de manera progresiva su importancia en el escenario político argentino. A partir de ese momento, la representación política bonaerense pasaría a estar en manos de dos fuerzas políticas principales, la UCR y el Partido Peronista, que se iría constituyendo en mayoritario (Aelo, 2006, p. 14).

En 1943, la intervención de la provincia encabezada por Juan A. Bramuglia utilizó una estrategia tradicional para resolver la cuestión de los gobiernos locales, al designar “comisionados municipales” en reemplazo de los intendentes locales (Aelo, 2014, p. 184). Por su parte, el triunfo electoral de Juan Domingo Perón fue decisivo y la provincia de Buenos Aires fue clave en su victoria. En Avellaneda, sin ir más lejos, se impuso sobre la Unión Democrática por 63.730 votos contra 25.876 (Walter, 1987, p. 251). En este marco, el gobernador bonaerense Domingo Mercante, cuya gestión se extendió entre 1946 y 1952, logró un protagonismo inusitado y fue señalado como “tercera figura de la revolución” después de Perón y Evita (Panella, 2014, p. 92). Entre otros motivos, esta notoriedad se debió al rol de mediador que Mercante ejerció entre Perón, los líderes sindicales y la élite militar afín al peronismo durante el encarcelamiento del futuro presidente (Aelo, 2012, p. 27). Mercante tuvo que hacer frente al desafío de sentar las bases organizativas del partido en el ámbito provincial, cuyo principal hito fueron los comicios del 21 de septiembre de 1947, en los que se escogieron los delegados al congreso del partido a la vez que las autoridades partidarias municipales. Este procedimiento pretendía resolver la futura selección de candidatos para cargos municipales, ante la inminencia de la necesidad de convocar a elecciones comunales, tras la suspensión de la convocatoria anunciada para marzo de 1947 (Aelo, 2014, pp. 186-187).

La continuidad de Mercante al frente del gobierno bonaerense durante el segundo mandato peronista se vio impedida por el proceso de creciente limitación de la autonomía partidaria en las provincias, que se suscitó a partir del aumento de la conflictividad social y política hacia 1951. Esta situación originó el desplazamiento de los sectores mercantistas del Consejo Superior del Partido, la intervención de la sección bonaerense y el desplazamiento de sus dirigentes. Carlos Aloé fue el candidato elegido para las próximas elecciones y se desempeñó como gobernador durante el segundo mandato peronista (Aelo, 2012, pp. 152-161). Finalmente, su gestión fue interrumpida por la acción de la autodenominada “Revolución Libertadora”. Arturo Osorio Arana y Emilio Bonnecarrere ocuparon sucesivamente el rol de interventores de la provincia en los años de gobierno de facto. El último gobernador bonaerense de nuestro periodo de interés fue Oscar Alende, quien triunfó como representante de la Unión Cívica Radical Intransigente en las elecciones de 1958 (Panella, 2014, pp. 97-98).

Si bien no poseemos mayor información acerca de la política en el ámbito estrictamente local, es importante mencionar que Mabel Scaltritti señaló que la hegemonía de los conservadores adeptos a Barceló en Valentín Alsina fue indiscutida hasta 1943. En la localidad, Alfredo Suárez lideraba el comité conservador desde aproximadamente 1915. Él y sus afiliados se vinculaban con los vecinos a través del otorgamiento de diversos “favores”, especialmente en época preelectoral:

… resolvían problemas de trabajo a través del empleo público o por sus conexiones con empresarios privados; gestionaban ante el caudillo camisetas y pelotas de fútbol para los pibes del barrio, donaciones para instituciones y salvoconductos para escarpar de la conscripción. También mediante el favor político algunos accedieron a la propiedad de grandes franjas de terreno con la sola condición de hacerse cargo de los impuestos vencidos. Los más necesitados se beneficiaban con la distribución periódica de ropa y la copa de leche (Scaltritti, s. f., p. 8).

Fue en aquel dinámico contexto político que Lanús dio algunos de los pasos fundamentales hacia la obtención de su autonomía. Alberto de Paula, Ramón Gutiérrez y Graciela Viñuales (1974) ubican los más remotos antecedentes de los reclamos autonomistas de Lanús en el apoyo que los vecinos de la zona brindaron a la creación del partido de Lomas de Zamora en 1861. No obstante, la conformación de un movimiento autonomista organizado debió esperar hasta las dos primeras décadas del siglo xx. Algunos vecinos notables de la zona tomaron la iniciativa de su conformación en 1906 y algunos años después, en 1911, se constituyó el Comité Popular Pro Lanús (pp. 158-161). En este sentido, no resulta casual que en el mismo año Alberto Barceló, ferviente opositor a la autonomía de Lanús, proyectara la creación de una delegación municipal en la zona (Cisneros y otros, 1927, p. 206).

Varios proyectos referidos a las pretensiones de autonomía de Lanús fueron elevados a la legislatura provincial en los años 1918, 1919 y 1923 con resultados negativos (De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, pp. 158-161). Peor suerte habrían corrido ciertos proyectos presentados en los años 1926, 1927 y 1928, los cuales no fueron tratados.

Las iniciativas autonomistas se detuvieron frente a la coyuntura del golpe de Estado de 1930 (González, 1944, pp. 21-23), y Lanús recién obtendría su autonomía en el contexto de la instauración del gobierno de facto liderado por el Gral. Edelmiro J. Farrel,[16] tras su participación del golpe de estado que derrocó al presidente Ramón Castillo el 4 de junio de 1943. Por el decreto N.° 5321 del Interventor Federal en Buenos Aires, sancionado el 29 de septiembre de 1944, se creó el partido Cuatro de Junio. Luego, el gobierno de Lanús estuvo en manos de comisionados de facto hasta el año 1948, momento en el que asumió el peronista Bernardo Gago, primer intendente constitucional (Levitán, 2014, p. 132). El municipio cambiaría su denominación por la de Lanús en octubre de 1955.

A propósito de la cuestión de la autonomía lanusense, es interesante observar la singular actitud de Valentín Alsina, la cual se constituye en otra de sus particularidades y síntoma de su desarrollo independiente respecto de otras localidades del futuro partido. En este sentido, el relevamiento de más de trescientas noticias locales aparecidas en el diario La Libertad de Avellaneda durante los años 1919 y 1920 nos ha permitido observar la organización de un fuerte movimiento antiautonomista frente al derrotero legislativo de un proyecto presentado en la Cámara de Diputados bonaerense en julio de 1918. Este tenía por finalidad la división del partido de Avellaneda y la creación de un nuevo partido en su ejido, bajo la denominación José Hipólito Vieytes.[17] Esta aspiración se convertiría en uno de los principales antecedentes de la autonomía lanusense.

La actividad antiautonomista en la localidad estuvo encabezada por el denominado Comité proexclusión de Valentín Alsina del proyectado partido de Hipólito Vieytes, del que formarían parte importantes industriales, comerciantes y profesionales de la zona, entre ellos Miguel Campomar y el Frigorífico Wilson (“Valentín Alsina…”, 5 de agosto de 1919, p. 5). Este organismo, a su vez, mantuvo vínculos estrechos con la Comisión Popular pro Avellaneda Indivisible, conformada por iniciativa del Centro Industrial y Comercial de Avellaneda (“Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 5 de noviembre de 1919, p. 3; “Contra la creación…”, 14 de septiembre de 1919, p. 1; “Contra la desmembración de Avellaneda”, 16 de septiembre de 1919, p. 1).

Las proclamas antiautonomistas vertidas desde la localidad de Valentín Alsina centraron sus argumentos en la cuestión impositiva, los perjuicios que la creación del nuevo partido ocasionaría al notable perfil industrial de la zona y la evaluación positiva acerca de los progresos materiales alcanzados durante la gestión municipal radical encabezada por Manuel Beguiristain. En este sentido, no resulta casual que destacados industriales de la localidad formaran parte de las instituciones que lideraron el reclamo o prestaran sus firmas para diversas declaraciones.

En cuanto a lo anterior, vale la pena señalar que la importancia del desarrollo industrial en la zona de Valentín Alsina, ubicado en el contexto del área del denominado “tentáculo sur”, comprendida entre las avenidas Mitre y Pavón (actual Hipólito Yrigoyen) del partido de Avellaneda, ha sido contrastado por la historiografía con el carácter de “barrio dormitorio de obreros y empleados” que fue atribuido a Lanús (Chiozza, 2000, p. 429).

Por su parte, a propósito del tema impositivo, se afirmó que el futuro partido sería deficitario. Se expusieron cálculos que ponían en evidencia que el nuevo distrito debería atender las necesidades de una mayor superficie territorial con aproximadamente la tercera parte del presupuesto con el que contaría Avellaneda para responder a las demandas de una superficie semejante. Además, se afirmaba que esa situación obligaría a aumentar considerablemente los impuestos municipales, siendo Valentín Alsina la localidad que cargaría con el mayor peso por poseer industrias.

Este panorama se presentaba como doblemente perjudicial en la medida que se creía que se verían “…seriamente amenazados valiosos capitales e industrias importantísimas que al ser separadas de Avellaneda perderían por este solo hecho gran parte de su importancia” (“Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 18 de septiembre de 1919, p. 1). En igual sentido se argumentaba que las propiedades de la zona se desvalorizarían, por dejar de estar ubicadas en una ciudad importante. Por último, una mayor contribución económica de Valentín Alsina no era vista como una posibilidad de obtener mayores avances en las condiciones de habitabilidad de la zona sino que, por el contrario, se presentaba como un riesgo de pérdida de lo hasta allí alcanzado. Entre los adelantos mencionados se destacaban el alumbrado eléctrico, las gestiones para proveer el servicio de agua corriente y el adoquinado (“Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 18 de octubre de 1919, p. 3; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 19 de octubre de 1919, p. 3; “La creación…, 5 de septiembre de 1920, pp. 3, 5).

En definitiva, las expresiones más contundentes sostuvieron que una localidad de la importancia de Valentín Alsina –a la que se atribuía una decena de industrias que reunían un capital de cincuenta millones de pesos, unos doce mil habitantes y una importante vida comercial– tenía derecho a obtener su autonomía y no debía subordinarse a un nuevo partido en el que sus problemáticas no serían la prioridad. No obstante, se señalaba que se había decidido no realizar ese reclamo y continuar dentro de Avellaneda atento a la situación económica del país (“Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 19 de octubre de 1919, p. 3; “Creación del nuevo partido…”, 17 de agosto de 1919, p. 1; “La autonomía de Lanús…”, 25 de febrero de 1919, p. 1).

En línea de continuidad con lo anterior, cabe destacar un fragmento de la declaración vertida en una asamblea celebrada el 5 de agosto de 1919, donde se recordaba un anterior proyecto que pretendía anexar la localidad a la Capital Federal:

Estos parajes han sido la verdadera Cenicienta del partido de Avellaneda. En un tiempo era justificadísimo el deseo de emancipación que animaba a estos parajes y el deseo unánime era no crear un nuevo partido, sino ser agregados a la Capital Federal. Era esta solución un adelanto, porque nos sumábamos a una comuna que apreciando el valor de nuestras industrias y la riqueza que representaría su adición a la de la capital, haría que el gobierno y la intendencia procuraran dar medios de comunicación y comodidades para que se sacara de estos parajes todo el producto que se pudiera… (“Valentín Alsina…”, 5 de agosto de 1919, p. 5).

En cuanto a las iniciativas que llevaron a cabo las instituciones que se manifestaron en contra de la creación del nuevo partido, debemos señalar que se trató de actividades variadas. Entre ellas, cabe mencionar las reuniones periódicas de sus autoridades, la convocatoria de asambleas y mítines, y la organización de una masiva manifestación a La Plata, durante la cual se interrumpieron las actividades comerciales e industriales en la localidad y se dispuso de un tren expreso alquilado por el comité antiautonomista (“El pueblo de Alsina…”, 26 de septiembre de 1920, p. 1, “En el Senado”, 5 de octubre de 1920, p. 1; “Valentín Alsina demostrará…”, 5 de octubre de 1920, p. 1; “Valentín Alsina y la creación…”, 7 de octubre de 1919, p. 1).

Además fue habitual el pedido de audiencias ante las autoridades y la elevación de notas donde se exponían algunos de los argumentos que ya analizamos (“Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 12 de octubre de 1919, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 18 de octubre de 1919, p. 3; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 23 de octubre de 1919, p. 1 ; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 24 de octubre de 1919, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 25 de octubre de 1919, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 26 de octubre de 1919, p. 3; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 28 de octubre de 1919, p. 3; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 31 de octubre de 1919, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 15 de julio de 1920, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 18 de julio de 1920 , p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 28 de julio de 1920, p. 3; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 6 de agosto de 1920, p. 1; “Creación del nuevo partido…”, 17 de agosto de 1919, p. 1; “Sobre la creación del nuevo partido de ‘Hipólito Vieytes’”, 4 de septiembre de 1919, p. 1). Asimismo, se destacaron el reparto de miles de volantes, la redacción de memoriales y notas de difusión, las entrevistas de distintos integrantes de las instituciones ante la prensa del partido y de la Capital Federal, el levantamiento de firmas y una solicitud de visita de sondeo y estudio a la localidad elevada al senado provincial por la Sociedad Italiana Roma (“Comisión popular pro Avellaneda indivisible”, 30 de septiembre de 1919, p. 5; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 23 de septiembre de 1919, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 5 de octubre de 1919, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 14 de octubre de 1919, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 4 de noviembre de 1919, pp. 3, 5).

Finalmente, la realización de estas actividades hubo de requerir fondos, razón por la cual la Comisión pro Avellaneda Indivisible recurrió a la recepción de donaciones, de la que participaron algunas de las instituciones ya mencionadas: el propio comité antiautonomista, el Banco de Avellaneda, el Centro Comercial e Industrial de Avellaneda, el Club Pueblo Unido, el Club de Regatas, la Sociedad de Fomento Dock Sud y el Centro Comerciantes y Propietarios de Piñeyro (“Comisión popular pro Avellaneda indivisible”, 21 de octubre de 1919, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 4 de noviembre de 1919, pp. 3 y 5).

Un lugar destacado merece, sin embargo, el pedido de un plebiscito que permitiera conocer la opinión de los vecinos a propósito de la iniciativa de creación del nuevo partido.

A pesar de que la medida fue aceptada por las autoridades provinciales, y promovida especialmente por los legisladores conservadores tal como vimos anteriormente, suscitó múltiples críticas y una desacreditación del resultado obtenido. La realización de la consulta había sido solicitada por el Centro Comercial e Industrial de Avellaneda a la Cámara de Diputados provincial por medio de un telegrama en septiembre de 1919 y se llevó a cabo finalmente en el mismo mes del año siguiente (“Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 19 de septiembre de 1919, pp. 1-3; “Sobre la creación del nuevo partido de ‘Hipólito Vieytes’”, 4 de septiembre de 1919, p. 1). Sin embargo, antes de consumarse, el plebiscito comenzó a cosechar el descrédito de diversas instituciones locales y se organizó una campaña destinada a promover la abstención en la citada consulta. Para ello se utilizaron, por ejemplo, aeroplanos que distribuyeron manifiestos contrarios al plebiscito y que sugerían no votar. Esta determinación fue compartida también por varios comités radicales (“Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 25 de agosto de 1920, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 26 de agosto de 1920, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 27 de agosto de 1920, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 1.° de septiembre de 1920, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 4 de septiembre de 1920, p. 3; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 7 de septiembre de 1920, p. 1; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 19 de septiembre de 1920, p. 1-3; “Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 21 de septiembre de 1920, p. 1).

Figura 6. Mitin antiautonomista en Valentín Alsina (octubre de 1920)

Fuente: “De Valentín Alsina”, 10 de octubre de 1920, p. 31.

Antes de llevarse a cabo, el plebiscito era cuestionado por excluir de la consulta a los habitantes de la sección primera, considerada el núcleo del partido, y por permitir únicamente la participación de las personas inscriptas en los registros electorales, excluyendo a los extranjeros, “…dueños de valiosos intereses y sobre los que principalmente pesa el sostén de la comuna” (“Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 25 de agosto de 1920, p. 1). En este mismo sentido, se había manifestado la mayor pertinencia de realizar plebiscitos por pueblos. Una vez efectuada la consulta, se cargaron las tintas sobre la escasa representatividad de un acto en el que solo habían participado 101 votantes sobre 561 inscriptos, además de denunciar hechos de fraude (“Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 19 de septiembre de 1920, p. 3). Finalmente, estas características del plebiscito fueron determinantes en la decisión del Comité de Partido de la UCR de solicitar a los senadores provinciales de su bloque que no votaran favorablemente el proyecto de creación del nuevo partido, inclusive cuando el comité de Lanús había apoyado la iniciativa autonomista (“Contra el desmembramiento de Avellaneda”, 21 de septiembre de 1920, p. 1).

2.4. Reflexiones finales

A lo largo de este capítulo describimos la evolución histórica de Valentín Alsina con la finalidad de observar las particularidades que esta localidad presentó dentro del conjunto del conglomerado urbano Avellaneda/Lanús. A continuación, recuperaremos algunas de nuestras principales observaciones en este sentido.

En lo que refiere a las semejanzas con otros espacios de la misma área, debemos destacar la participación de Valentín Alsina dentro del núcleo industrial que, en las cercanías del Riachuelo, comenzó a gestarse alrededor de los saladeros y terminó por diversificar su producción tras la crisis de estos. De igual modo, tanto en Valentín Alsina como en la cabecera del partido de Avellaneda la conformación de núcleos urbanos alrededor de las industrias condujo a otros desarrollos, tales como el importante progreso del sistema de transportes, al que nos hemos referido.

Estas similitudes respecto de la cabecera del partido se constituyen, en cambio, en considerables diferencias entre la localidad de nuestro interés y otras, especialmente las ubicadas en el actual territorio de Lanús. En este sentido cabe destacar que, a pesar de las dificultades para arribar a un panorama certero acerca de los parámetros demográficos de la localidad, hemos visto que Valentín Alsina se mostró tempranamente como el asentamiento de población más importante del área y se constituyó en la única zona no rural a fines del siglo xix. Asimismo, en 1910 fue considerado el tercer centro poblado en importancia dentro del partido de Avellaneda.

Por otra parte, el desarrollo independiente y análogo al de la cabecera del partido que De Paula, Gutiérrez y Viñuales destacaron como propio de Valentín Alsina se cimentó sobre otras diferencias entre esta y otras localidades cercanas. A modo de ejemplo, podemos destacar la proximidad del Riachuelo y, especialmente, las posibilidades de comunicación y cercanía con la Capital Federal que garantizó el Puente Alsina. Al mismo tiempo, la instalación de emprendimientos industriales de envergadura, como Campomar y el Frigorífico Argentino no solo ofreció posibilidades laborales y alentó la radicación de población en la zona, sino que también promovió importantes avances urbanísticos e institucionales. En este sentido, cabe destacar la intensa vida asociativa y cultural que caracteriza a Valentín Alsina hasta nuestros días.

Finalmente, no podemos dejar de subrayar que todas las particularidades de la localidad en cuestión tomaron forma concreta en el momento de resistencia a los proyectos autonomistas de Lanús que hemos analizado detalladamente. En dicha ocasión, las características singulares de Valentín Alsina motivaron la configuración de un nutrido movimiento antiautonomista que se articuló, fundamentalmente, alrededor de los más destacados industriales de la zona. En el contexto de las argumentaciones en contra del proyecto de creación del partido de Hipólito Vieytes, se enfatizó en cuestiones tales como el peso impositivo que recaería sobre la localidad o la presunta desvalorización de las propiedades y los emprendimientos industriales. La progresiva configuración de una identidad local diferenciada y la idea de que la incorporación al nuevo distrito era una estrategia para que Valentín Alsina afrontara el peso económico de la creación, sin obtener ningún beneficio a cambio, fueron elementos decisivos para la manifestación de un posicionamiento contrario a la autonomía de Lanús. Es dable suponer que, desde la perspectiva de los antiautonomistas de la localidad, más que el mantenimiento de la integridad de Avellaneda, lo que se encontraba en discusión era la relación con la cabecera del futuro partido, respecto de la cual Valentín Alsina parecía encontrarse en una situación de competencia. Los sectores que analizamos no deseaban pertenecer a un nuevo municipio. Por el contrario, algunas de sus manifestaciones más decididas eran favorables a una presunta incorporación a la Capital Federal o bien al logro de una autonomía propia para la localidad.

Hasta aquí, entonces, una introducción a las características de Valentín Alsina, la sociedad receptora a la que arribaron los inmigrantes europeos que son el objeto de nuestro estudio. A partir del próximo capítulo, nos dedicaremos a profundizar en el análisis de sus características, para lo cual comenzaremos por conocer cuáles fueron sus principales orígenes nacionales, regionales y locales, y cómo interactuaron en materia matrimonial.


  1. El término Riachuelo es utilizado para designar el tramo del río de la Matanza comprendido entre el antiguo Paso de Burgos (Puente Alsina) y La Boca (De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, p. 10).
  2. Tras su denominación original, en honor al gobernador bonaerense Valentín Alsina, el puente ha sido rebautizado en dos ocasiones. En 1938, con el nombre de José Félix Uriburu y, en 2015, con el de Ezequiel Demonty –por la ley 27.050 promulgada en el Boletín Oficial el día 8 de enero de dicho año– en homenaje a un joven asesinado en 2002 por efectivos de la Policía Federal Argentina en las inmediaciones de la zona. En ese mismo año, los vecinos del área habían logrado que una disposición de la Legislatura Porteña le devolviera su nombre original (“Es oficial: cambiaron el nombre…”, 2015; Honorable Congreso de la Nación Argentina, 2015a; Honorable Congreso de la Nación Argentina, 2015b).
  3. En la década de 1870, la crisis económica-financiera de origen europeo repercutió localmente y originó un intenso movimiento inmobiliario basado en la especulación sobre tierras. El loteo del “Pueblo Alsina” fue contemporáneo a otros tantos que se efectuaron en territorio del actual partido de Lanús y zonas cercanas (De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, pp. 123-125; 1398-1149).
  4. Daniel Solier fue un militar y político de origen francés. Participó activamente de la guerra del Paraguay, donde fue malherido en la batalla de Curupaytí. Por esa razón, la nomenclatura de las calles de Valentín Alsina recuerda mayoritariamente eventos de dicha contienda (Álvarez, 2015, p. 2).
  5. Cabe aclarar que el Puente de Gálvez es el antecesor del actual Viejo Puente Pueyrredón que une el sur del Gran Buenos Aires con la Capital Federal por medio de la porteña Avenida Vieytes.
  6. A continuación se enumera el total de las estaciones previstas al momento de la inauguración: Buenos Aires, Barracas, Lomas de Zamora, Glew, San Vicente, Domselaar, Ferrari (Brandsen), Jeppener, Facio (Altamirano), Gándara y Chascomús.
  7. Esta situación se ha visto modificada tras la inauguración (en el mes de septiembre de 2018) del Puente Olímpico Ribera Sur, que une el partido de Lanús con el barrio porteño de Villa Soldati.
  8. Cabe mencionar que diversos autores señalan fechas diferentes para la fundación del frigorífico (Barbero, 2009, p. 28; Delledonne de Traverso, 1995, p. 48; Fernández Larrain, 1986, pp. 153-155; Varela, 2016, p. 13). A excepción de Barbero (2009), que señala 1903, los otros tres autores indican 1901. Por gentileza de la historiadora local Mabel Álvarez, hemos podido constatar el año 1905 como el de inicio de la faena (durante el mes de junio), mientras que en mayo de 1902 había sido constituida la sociedad anónima y en junio de 1903 se adquirió el terreno. A partir de aquel momento, se llevaron a cabo las obras correspondientes. Esta información proviene de una recopilación de artículos periodísticos del periódico El Pueblo, publicada por Álvarez (2018, pp. 261, 264). La fecha de inicio de la faena hallada por Álvarez coincide, además, con la señalada por Jorge Schvarzer (2000) como año de apertura del establecimiento (p. 84).
  9. En este punto es preciso aclarar que existen posiciones encontradas acerca de la empresa que compró el Frigorífico Argentino. Horacio Giberti (1970) señala que el frigorífico fue adquirido en 1914 por la empresa Sulzbeerger and Sons (p. 198), mientras que algunos historiadores locales afirman que la compañía que pasó a gestionar el establecimiento industrial fue Wilson and Co. (Canosa, 2009, pp. 186-187). También hemos hallado información acerca de una venta a capitales norteamericanos en 1917, en virtud de las dificultades para competir con los frigoríficos ingleses y norteamericanos (Barbero, 2009, p. 29) e inclusive que la sociedad anónima propietaria del mismo recién comenzó a funcionar a comienzos de 1924 (Cisneros y otros, 1927, p. 274).
  10. Cabe señalar que Hilda Sábato (1989) consideró el apellido Soulas entre los principales agentes compradores en Buenos Aires de las firmas extranjeras (francesas, belgas y alemanas) que estaban vinculadas al negocio lanero durante la segunda mitad del siglo xx (p. 270).
  11. El “Tigre” Millán habría tenido una muerte trágica, en manos de cuchilleros, a raíz de una traición amorosa (“El malevo…”, 2013).
  12. Alberto Barceló ocupó la intendencia en los siguientes periodos: 1909-1917; 1924-1926; 1927-1930; 1932-1940.
  13. Cabe aclarar que se ha intentado ubicar sin éxito el censo municipal de Avellaneda realizado durante la intendencia de Barceló. Hasta la fecha, no se ha podido acceder ni a las cédulas censales ni a una versión publicada.
  14. La nueva ley provincial incluyó el voto secreto y obligatorio, pero se diferenció de la normativa nacional en dos aspectos principales: el uso del desprestigiado padrón provincial confeccionado por las autoridades comunales y el establecimiento de la edad mínima de 21 años para el ejercicio del voto (Fernández Irusta, 2009, pp. 79-122).
  15. Las leyes provinciales N.° 3489 y 4202 establecieron la conformación de las secciones electorales bonaerenses en 1913 y 1934 respectivamente. Durante el primer periodo, la tercera sección electoral se encontró integrada por los siguientes distritos: Almirante Brown, Avellaneda, Brandsen, Cañuelas, Esteban Echeverría, Florencio Varela, La Plata, Lobos, Lomas de Zamora, Magdalena, Quilmes y San Vicente. A partir de 1934 se suscitarían dos cambios: La Plata pasaría a formar parte de la octava sección electoral y Matanza se integraría a la tercera, proveniente de la primera sección electoral (Béjar, 2005, p. 257).
  16. Cabe señalar que Farrel era oriundo de Lanús y su familia tenía una activa participación en el movimiento autonomista (Municipio de Lanús, 2014, p. 8).
  17. La denominación del partido pretendía rendir homenaje, a pesar del error en el nombre, al comerciante, periodista, político y militar Juan Hipólito Vieytes, quien había participado activamente de la Revolución de Mayo de 1810. Con el transcurrir de los debates, la denominación sería reemplazada por la de Hipólito Vieytes, eliminando el primer nombre.


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