El presente capítulo pretenderá contribuir al conocimiento de otro aspecto dentro de las múltiples interacciones sociales que establecieron los inmigrantes en Valentín Alsina: el asociacionismo. En este caso, a través de dos variantes. Por un lado, el análisis de los vínculos que los unieron con una de las expresiones más importantes del mundo asociativo de la localidad, la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Valentín Alsina y, por el otro, el estudio de diferentes casos de asociaciones basadas en la afinidad de origen que los grupos de extranjeros establecieron en la zona.
Con este fin, comenzaremos por ofrecer algunas reflexiones generales acerca de la historiografía sobre las asociaciones y también con respecto al fenómeno asociativo en los espacios provincial y local. A continuación, nos ocuparemos de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Valentín Alsina, una institución pionera del área, creada en el año 1901, y que pertenece a un tipo sobre el que gozamos de menor conocimiento en el ámbito historiográfico. A través del acceso a una gama variada de fuentes institucionales (como estatutos, fichas de ingreso de socios, libros conmemorativos y publicaciones periódicas), abordaremos el surgimiento y las particularidades de dicha institución, pero en especial desarrollaremos un análisis de los lazos establecidos por los inmigrantes de la localidad con ella.
Sin embargo, a lo largo del capítulo pondremos en evidencia que además existió otro tipo de instituciones, representativas de las colectividades asentadas en Valentín Alsina, cuyos fines no fueron exclusivamente mutuales, sino también culturales, educativos o deportivos, entre otros. De acuerdo con la disponibilidad de fuentes institucionales (publicaciones periódicas, recursos audiovisuales, reseñas conmemorativas, etc.) y bibliografía, nos acercaremos en particular al estudio de los siguientes tres casos: el Centro Gallego de Mutualidad y Cultura de Valentín Alsina (1925), el Colegio Armenio Jrimián(1930) y el Club Social, Deportivo y Cultural Italiano Avellino (1960).
5.1. Panorama historiográfico y empírico sobre la cuestión asociativa
El interés por las modalidades de organización adoptadas por la sociedad civil es un punto de contacto ineludible entre las preocupaciones de las distintas disciplinas que conforman el espectro de las ciencias sociales. En el campo de la historia social, esta temática irrumpió por medio de la difusión del concepto de sociabilidad, consolidando el interés por la historia de las asociaciones en sus formas más diversas (Agulhon, 2009; Agulhon y otros, 1992).
En la historiografía argentina en particular, fue la coyuntura histórica de la transición democrática la que ofreció un momento propicio para el afianzamiento del interés por el asociacionismo. En el artículo titulado ¿Dónde anida la democracia?, elaborado por los integrantes del Programa de Estudios de Historia Económica y Social Americana (PEHESA) Ricardo González, Leandro Gutiérrez, Hilda Sábato, Juan Carlos Korol, Luis Alberto Romero y Miriam Trumper propusieron la hipótesis según la cual un análisis de los avatares sufridos por la democracia argentina desde el punto de vista de los sectores populares demostraría que es en los denominados “nidos” –organizaciones primarias de la sociedad civil– donde se inicia y se refugia la experiencia de la participación, inclusive cuando esta se ve interrumpida en el marco de la vida política nacional (PEHESA, 1982, pp. 6-10).
A partir de ese punto, el asociacionismo ha sido objeto de numerosos análisis que señalaron su vital importancia en relación con cuestiones variadas, como la construcción de una esfera pública en la Argentina, la integración de los inmigrantes en la sociedad de acogida y la configuración del sistema de salud y protección social (González Bernaldo, 2013).
Las asociaciones de carácter mutual comenzaron a proliferar en el ámbito rioplatense a mediados del siglo xix y fueron las más importantes y las de mayor expansión numérica en las primeras dos décadas del siglo xx. Ofrecer asistencia a los asociados ante las situaciones de enfermedad o muerte, por medio de los recursos obtenidos del cobro de las cuotas sociales, fue su principal objetivo y función (Sábato, 2002, p. 107). De este modo, tendieron a suplir, por medio de la autogestión, la falta de un sistema de salud en manos del Estado que ofreciera dichos servicios a los sectores de menores recursos (Belmartino, 2005, p. 32). Entre estas entidades, se distinguieron dos grupos principales: las establecidas por afinidad de origen (nacional o regional) y las integradas por individuos que ejercían el mismo oficio o profesión. Un tercer grupo resultó conformado por las denominadas “sociedades cosmopolitas” (Sábato, 2002, p. 107).
En términos fácticos, el censo nacional de 1914 puso en evidencia la gran extensión del fenómeno asociativo en la Argentina (Poder Ejecutivo Nacional, 1917, pp. 240-309). A través de los datos ofrecidos, podemos conocer que había en todo el país un total de 1202 asociaciones mutuales. El 46 % (553) de ellas estaban asentadas en la provincia de Buenos Aires, cifra con la cual superaba ampliamente al resto de los distritos. Como ha señalado Pilar González Bernaldo (2013), a fines de 1913 “…dos de cada tres mutuales se encuentran en la ciudad y provincia de Buenos Aires. Si agregamos la zona sur de la vecina provincia de Santa Fe […] cuatro de cada cinco SSM [sociedades de socorros mutuos] funcionan en esta región del litoral atlántico” (p. 162).
Las entidades bonaerenses se distribuían según la nacionalidad de sus asociados tal como indica el Gráfico 12. Allí es posible observar que las asociaciones de base étnica superaban con creces a la denominadas “cosmopolitas” (3 %; 46 entidades). Las mayoritarias eran las asociaciones italianas (38 %; 208 entidades), seguidas por las españolas (24 %; 135 entidades). Como es lógico, esta situación se reproducía en la consideración de la cantidad de socios y la magnitud del capital social.
Gráfico 12. Clasificación de las Sociedades de Socorros Mutuos de la provincia de Buenos Aires (1914)

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en Poder Ejecutivo Nacional (1917, pp. 240-309).
En el partido de Avellaneda había catorce asociaciones de socorros mutuos, fundadas entre 1887 y el momento de realización del censo. De ellas, nueve eran instituciones de base étnica, italianas o españolas. Estas últimas eran un total de cinco. Finalmente, tres de las entidades –una italiana, una española y una cosmopolita– se ubicaban en la localidad de nuestro interés: Valentín Alsina.
Por su parte, el censo de mutualidades de 1926 muestra la existencia de 1009 mutualidades en todo el país, número menor al observado en la década anterior (Honorable Cámara de Diputados, s. f., p. VII). Es dable pensar que esta situación se deba a cambios en la modalidad de relevamiento, fundamentalmente si tomamos en consideración que en el censo de 1914 fueron contabilizadas como instituciones de este tipo, entidades que, como se indicaba en la tabla provista, no distribuían ningún tipo de socorro.
Gráfico 13. Clasificación de las Sociedades de Socorros Mutuos de la provincia de Buenos Aires (1926)

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en Honorable Cámara de Diputados (s. f., pp. 4-10).
Del total de las entidades, 499 se ubicaban en la provincia de Buenos Aires, cifra muy superior a las registradas en Santa Fe (158), Córdoba (84) y la Capital Federal (77) (Honorable Cámara de Diputados, s. f. p. VII). Como ilustra el Gráfico 13, las mutualidades bonaerenses conservaban una distribución semejante en cuanto a la nacionalidad (Honorable Cámara de Diputados, s. f., pp. 4-10). Aun cuando las entidades cosmopolitas eran ahora el 14 % (71 instituciones), continuaban presentando un carácter minoritario frente a las asociaciones extranjeras, entre las cuales las italianas representaban el 34 % (171 entidades) del total de las mutuales, las españolas alcanzaban el 28 % (139 entidades) y las francesas, el 11 % (53 entidades). Por último, las sociedades argentinas registradas alcanzaban el número de 19 (4 %). No obstante, cabe señalar que esta drástica disminución y el aumento de la categoría “Otras” están relacionados con el hecho de que en este censo fueron consideradas separadamente instituciones tales como las gremiales y ferroviarias.
En el ámbito del partido de Avellaneda, se contaban ahora nueve mutualidades. Si bien es posible que algunas entidades hubieran desaparecido, o inclusive cambiado de denominación, también se evidencian las modificaciones en los criterios establecidos por el censo. Es posible notarlo en la ausencia de instituciones no estrictamente mutuales, que sí fueron consideradas en el relevamiento anterior. Tal es el caso de la entidad Bomberos Voluntarios y de Primeros Auxilios, o el Centro Comercial e Industrial (Honorable Cámara de Diputados, s. f., pp. 30-45). Las nueve asociaciones registradas se distribuían según la nacionalidad del siguiente modo: tres eran italianas; dos, españolas; dos, israelitas; y dos, cosmopolitas. De ellas, tres se ubicaban en Valentín Alsina, las mismas registradas por el censo de 1914. No obstante, cabe aclarar que hemos notado la ausencia de consideración de importantes instituciones españolas de la zona, como por ejemplo el Centro Gallego de Avellaneda.
5.2. Un caso de asociacionismo local: la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Valentín Alsina
Antes de ocuparnos de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Valentín Alsina (en adelante SCSMVA), es importante señalar que el conocimiento que poseemos acerca de las sociedades cosmopolitas es considerablemente menor que el que existe, por ejemplo, sobre las asociaciones de base étnica. Acerca de esta cuestión advirtió Alejandro Fernández, señalando que el estudio de las entidades cosmopolitas y la realización de análisis comparativos podrían permitir una mejor comprensión de las organizaciones basadas en la afinidad de origen (Fernández, 2001, p. 160).
A la hora de definir las particularidades de las sociedades cosmopolitas, contamos con escasas certezas. Sabemos que estas entidades tendieron a adquirir importancia en los albores del siglo xx, momento en el que las asociaciones gremiales ganaban en especificidad y se alejaban de la provisión de servicios mutuales (Sábato, 2002, pp. 147-148). Las entidades cosmopolitas se propusieron un reclutamiento en términos más amplios, que las condujo a reunir a sujetos de diversos orígenes nacionales y profesionales. Sin embargo, distintos autores coincidieron en advertir que podría haber existido un peso considerable de los obreros en su interior, al mismo tiempo que una posible vinculación con sectores políticos de identidad socialista (Belmartino, 2005, pp. 32-33; Devoto, 1985, p. 145; Fernández, 2001, p. 160). Este aspecto resulta de suma importancia en la medida que podría tratarse de una especificidad de las sociedades cosmopolitas, un rasgo diferenciador respecto del conjunto de las asociaciones mutuales, y particularmente de las basadas en la afinidad de origen, cuya masa societaria fue calificada por diversos autores como heterogénea desde el punto de vista socio-profesional (Devoto, 1985, p. 145; Fernández, 2001, pp. 146-147; Gandolfo, 1992, p. 312; Otero, 2010, p. 134; Prislei, 1987, p. 38; Sábato, 2002, pp. 147-148).
Por último, es pertinente recordar algunas otras advertencias. Por un lado, cabe señalar que el término “cosmopolita” fue incluido ocasionalmente en los nombres de sociedades gremiales y de resistencia, así como en la denominación de entidades empresariales (Sábato, 2002, pp. 134-137, 153). En segundo lugar, y en estrecha relación con nuestro objeto de estudio, es de destacar que no se conoce cuál es la proporción de inmigrantes que pudieron elegir participar de una entidad de tipo cosmopolita (González Bernaldo, 2013, p. 164), razón por la cual se hace precisa la realización de estudios de caso.
En cuanto a la entidad que nos ocupa particularmente, en el contexto de la localidad de Valentín Alsina, la SCSMVA se constituyó en la primera institución de relevancia de la comunidad. Hizo su aparición en escena recién comenzado el siglo xx y no tardó en convertirse en el verdadero punto de inicio de una rica vida asociativa, animada por nativos e inmigrantes, que se extiende hasta la actualidad.
Es preciso tomar en consideración que la existencia de una entidad de las características de la SCSMVA no supone un hecho aislado. Por el contrario, su desarrollo puede inscribirse en el contexto de la expansión de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, con el consecuente surgimiento de asociaciones de tipo barrial o local (Prislei, 1987).
En su análisis de la Asociación Española de Socorros Mutuos de San José de Flores, fundada en 1896, Alejandro Fernández (1992) puso en evidencia que la provisión de servicios de salud por parte de las entidades mutuales resultaba fundamental para aquellos barrios donde las condiciones de vida eran precarias. Si bien el autor focalizó su análisis en un barrio de la Capital Federal, su descripción tiene puntos de contacto notables con el contexto que aquí nos ocupa:
En primer lugar, no existe en Flores hospital alguno […]. En segundo lugar, la falta de desagües, el deficiente drenaje de las calles y la abundancia de pantanos […]. El tercer aspecto del problema lo constituían las epidemias (viruela, difteria, cólera, fiebre amarilla) […]. Finalmente, a las malas condiciones higiénicas se unían las materias en descomposición de algunas industrias (como las curtiembres y faenas de reses) (pp. 158-159).[1]
En este marco, la SCSMVA fue creada el 11 de marzo de 1901, por iniciativa de un grupo de vecinos que se reunía en un café de Valentín Alsina, cuando allí “…no existía nada más que una escuela elemental y dos o tres comercios de almacén y bebida” (“11 de marzo de 1901…”, 1964). El local en cuestión era el de don Luis Ferrero, sito en Boulevard Alsina y Aldecoa (actual Pres. Tte. Gral. Juan Domingo Perón y Habana) (Álvarez, 2018, p. 61). Por aquellos años, el normal desenvolvimiento de la vida en la localidad se veía continuamente alterado por los problemas derivados de las inclemencias climáticas y la falta de pavimentos, al mismo tiempo que los vecinos percibían un cierto aislamiento de otros centros urbanos (“Las bodas de oro…, 1951, p. 1). En particular, las inundaciones resultaban una constante dificultad en Valentín Alsina (Álvarez, 2018, pp. 86, 87, 205-209).
El día de la constitución de la SCSMVA se reunieron más de veinte personas, convirtiéndose en socios fundadores de la entidad. Varios de estos hombres, además, pasaron a conformar la primera comisión directiva de la institución y contaron para su emprendimiento con el apoyo de una comisión honoraria que prestó colaboración económica.
Según sus estatutos, la asociación se propuso como objetivo principal el socorro mutuo y el fomento de la confraternidad entre los asociados, excluyendo cualquier tipo de identificación política o religiosa. No obstante, esto no le impidió participar activamente en diversas esferas de la vida local, tales como las exigencias de mejoramiento de las condiciones de habitabilidad, la organización de actividades recreativas o la pronunciación respecto de temas de interés para la comunidad.
Entre los beneficios ofrecidos a los socios, se establecía la asistencia por enfermedad, tanto en lo que respecta a la atención médica como a la provisión de medicamentos, con excepción de las enfermedades atribuidas a “causas voluntarias” (como por ejemplo las enfermedades venéreas y las derivadas del abuso del alcohol) o contraídas en el contexto de “epidemias o calamidades públicas”. También se preveía la asistencia frente a la internación y el entierro. En lo que respecta a las mujeres, en el año 1943 se indicaba que, si bien percibirían un monto de dinero en caso de parto natural, no podrían ser asistidas por cuenta de la entidad en los partos, interrupciones del embarazo o enfermedades resultantes del puerperio. Los hijos menores de doce años de los asociados tenían derecho a la asistencia médica en consultorio, aunque no así a los medicamentos (SCSMVA, 1943, pp. 3, 8-11).
Según el estatuto de 1943, los socios de la entidad se dividían en cuatro categorías: honorarios, protectores, fundadores y activos. En el primer caso, se establecía la necesidad de ser postulado y aclamado en el contexto de una Asamblea General Ordinaria, con motivo de haber prestado servicios relevantes a la entidad. Por su parte, los socios protectores eran designados de entre quienes colaboraban materialmente con el fomento de la asociación. En ambos casos se trataba de un nombramiento honorífico que no implicaba el acceso a los beneficios de la mutualidad y les otorgaba voz pero no voto en las asambleas.[2] La tercera clase de socios se reducía a quienes hubieran estado presentes en la reunión que dio origen a la SCSMVA. Mientras tanto, los socios activos debían cumplir una serie de requisitos para acceder a los servicios acordados por la institución. Entre ellos, su edad debía situarse entre los 12 y los 50 años, debían gozar de buena salud y ser presentados por dos socios de la entidad. Vivir por fuera del radio establecido (cuarenta cuadras de la sede social) implicaba la exclusión del servicio de médico a domicilio y la obligación de acercarse a la institución para abonar la cuota social (SCSMVA, 1943, pp. 5-8). En cuanto a su valor, no contamos con datos certeros para la década de 1940. Pero, por lo visto a través del Censo de Mutualidades de 1926 (Honorable Cámara de Diputados, s. f., p. 29), el monto podría haber resultado accesible para los trabajadores de la zona. Los ingresos por cuotas de la SCSMVA eran, por cada socio, aproximadamente la mitad que los de la Sociedad Cosmopolita Obrera de la localidad de Campana.
A lo largo de su evolución hasta nuestros días, la SCSMVA debió hacer frente a múltiples desafíos. El primero de ellos, la consecución de un edificio social. En 1906 se concretó la construcción del primer inmueble ubicado en la calle Portela 2989 (actual Pallares). Pocos años después, en 1910, la entidad se vería afectada por un incendio en la sala de teatro que poseía y debió afrontar tiempos de crisis económica. Ya más tarde, en 1935, se efectuaría la inauguración del edificio social definitivo, sito en Valentín Alsina 2032/2038 (actual calle Pres. Tte. Gral. Juan Domingo Perón al 3700). Allí, la asociación nuevamente contaría con una sala teatral, denominada “Carlos Gardel”, también en pleno funcionamiento hasta la actualidad. Sería en esta sede donde se ubicarían los consultorios sociales, en los que progresivamente atendieron médicos de variadas especialidades (Cosmopolita, 1938, p. 1; SCSMVA, 1951).
Además de los servicios mutuales anteriormente descriptos, los fundadores de la entidad se propusieron algunos objetivos secundarios, tales como la edición de una publicación mensual, el funcionamiento de una biblioteca social y una banda musical (SCSMVA, 1943, pp. 24-25). Lo primero fue logrado en marzo del año 1929, cuando se concretó la salida del primer número de la revista social Cosmopolita (“Una institución mutualista…”,14 de marzo de 1951, p. 3). Por su parte, la biblioteca fue inaugurada en los primeros meses del año 1931. Esta funcionaba de lunes a viernes en horario vespertino, de 19:30 a 21:00 horas, y contaba con la colaboración de diversos socios, tanto en lo que refiere a la donación de libros como a las tareas de organización y ejercicio del rol de bibliotecarios (“Memoria”, 1931, p. 7). Finalmente, no contamos con información que permita aseverar que fue organizada la banda musical de la asociación.
En lo que refiere a la evolución de la masa societaria de la SCSMVA, sabemos que hacia 1926 contaba con poco más de 400 socios (Honorable Cámara de Diputados, s. f., p. 30). Los socios activos eran 404 y los socios protectores, apenas siete. Todos eran varones, razón por la cual es dable pensar que la posibilidad de que se asociaran hombres y mujeres sin distinciones fue establecida más tardíamente e incorporada al estatuto con el que contamos para estas reflexiones.[3] Los últimos años de la década de 1920 parecen haber sido de gran crecimiento para la asociación, puesto que en 1931 la publicación oficial de la entidad daba cuenta de un número de 750 asociados (“Memoria”, 1931, p. 6). Es posible observar un aumento considerable de esta cifra más de una década después, en 1944, cuando alcanzó el monto de mil socios (“Memoria”, 1944, p. 5). En este aspecto, es preciso destacar que en la revista Cosmopolita correspondiente a dicha fecha es la primera vez que se constata la presencia de mujeres como socias de la entidad. Se trataba de 176 socias frente a 734 varones asociados. Posteriormente, el monto total de socios se mantendrá bastante estable. El único dato relevante es el descenso registrado hacia 1964, cuando el número era de 845 socios (“Movimiento de socios”, 1964). Esta cifra resulta de interés, sobre todo si tenemos en cuenta que la asociación mantuvo su vida independiente hasta 1962, cuando se llevó a cabo la fusión con la Sociedad Italiana Unione e Fratellanza, dando origen así a la Sociedad Cosmopolita e Italiana de Socorros Mutuos de Valentín Alsina, forma que permanece hasta la actualidad (“Asamblea General…”, 1964).
5.2.1. Los extranjeros en el asociacionismo local: breve descripción de su perfil socio-demográfico
Anteriormente nos referimos a los indicios de la amplia concentración de inmigrantes que existió en Valentín Alsina. Por ese motivo, a continuación nos dedicaremos a analizar la cuestión de la participación de los extranjeros en una institución como la SCSMVA.
A los fines de conocer el perfil de los asociados de la entidad, contamos con las fichas confeccionadas al ingreso de estos, entre los años 1902 y 1960 (SCSMVA, 1902-1960). No se trata de una serie continua. Por el contrario, es de suponer que pertenecen a aquellos socios con mayor permanencia, cuyas fichas se conservaron aun después de la fusión de la institución de nuestro interés con la Sociedad Italiana Unione e Fratellanza.
El total de socios cuyas fichas se conservan es de 210: 122 varones (58,1 %) y 88 mujeres (41,9 %). Su análisis muestra que el ingreso de mujeres a la entidad se podría haber iniciado alrededor de 1930 y, aunque nunca supera al de varones, rápidamente se registra una cierta paridad.
Tabla 27. Nacionalidad de los socios cuyas fichas se conservan (1902-1960)
| Varones | Mujeres | |
Argentinos | 86 | 77 | |
Naturalizados | 2 | 0 | |
Extranjeros | Árabes | 1 | 0 |
Españoles | 16 | 5 | |
Griegos | 1 | 0 | |
Italianos | 9 | 5 | |
Norteamericanos | 1 | 0 | |
Polacos | 3 | 0 | |
Uruguayos | 1 | 1 | |
Sin datos | 2 | 0 | |
TOTAL | 122 | 88 | |
Fuente: elaboración propia a partir de SCSMVA, 1902-1960.
En cuanto a la nacionalidad de los socios, las fichas conservadas corresponden a una amplia mayoría de argentinos (163 socios sobre los 208 de los que poseemos datos, 78,4 %). Sin embargo, podemos observar una considerable variedad de orígenes entre los socios extranjeros. Como muestra la Tabla 27, los hay árabes, españoles, griegos, italianos, norteamericanos, polacos y uruguayos. Para estas reflexiones hemos considerado también como extranjeros a dos socios naturalizados; en uno de los dos casos, sabemos que se trató de un individuo de origen español. A pesar de haberse conservado un número acotado de fichas, podemos señalar que los españoles y los italianos se constituyeron en los grupos más abultados. Hallamos 22 socios provenientes de España (17 varones –incluido el asociado naturalizado de origen español– y 5 mujeres). Este grupo es seguido por el de origen italiano, con un total de 14 socios, que reúne la misma cantidad de mujeres que el grupo español, pero apenas poco más de la mitad de varones (9 socios).
Es de destacar que los socios más antiguos con cuyos datos contamos son españoles. Las fichas de ingreso conservadas correspondientes al periodo 1902-1910 son todas de asociados de dicha procedencia, lo que hace suponer cierto protagonismo de los oriundos de la península ibérica en los orígenes de la institución, así como una importante estabilidad en esta a lo largo de los años. En relación con ello, también es importante destacar que casi una tercera parte (5 socios) de los socios españoles varones cuyas fichas se conservan ejerció cargos en la institución. A modo comparativo, podemos señalar que solo uno de los socios italianos considerados ocupó un puesto en la comisión directiva, al mismo tiempo que los españoles igualaron en términos absolutos a los socios argentinos que así lo hicieron, también cinco en total.
Cabe recordar aquí que el rol que alcanzaron los socios españoles en el marco de la entidad pudo estar en relación con su lugar destacado en el conglomerado urbano Avellaneda/Lanús. Como ya hemos señalado, si bien la preponderancia de los italianos, tras los cuales se ubicaban los españoles y los franceses en ese orden, se mantenía en 1895, en 1914 ya fue posible detectar un importante crecimiento de la colectividad española. En la misma dirección se manifestaba la importancia adquirida, entre 1895 y 1914, por el grupo español en el ámbito de la propiedad de bienes raíces.
A continuación, presentaremos algunas reflexiones sobre el perfil de los socios extranjeros cuyas fichas se conservan. Dada la escasez de estas, nos ocuparemos siempre de establecer comparaciones entre distintos grupos, incluidos los socios argentinos. Tendremos en cuenta aspectos socio-demográficos, ocupacionales, residenciales y de uso de los servicios ofrecidos por la entidad.
En primer lugar, en cuanto a la edad, la principal diferencia que es posible observar entre los extranjeros y los argentinos asociados a la entidad es el hecho de que los primeros iniciaron su participación en la SCSMVA en un periodo posterior de su vida. En este sentido, mientras entre los inmigrantes la incorporación a la entidad se dio fundamentalmente en la etapa comprendida entre los 30 y 44 años (30 casos), seguida por la correspondiente al periodo entre los 15 y 29 años (14 casos), la mayoría de los socios argentinos ingresaron a la institución entre los 15 y los 29 años (92 casos), al mismo tiempo que una importante cantidad lo hizo en la etapa anterior, fundamentalmente a partir de los 12 años (38 casos). Para la franja perteneciente a los menores de 14 años, no encontramos ninguna ficha de extranjeros. Esta situación resulta coherente con el fuerte predominio de los varones en edades activas que conformaron los flujos migratorios hasta bien avanzado el siglo xx (Massé, 2001, pp. 43-76).
La conducta de los extranjeros y los argentinos también resulta contrastante en lo que respecta al estado civil de los asociados considerados. Mientras que entre los primeros predominaban los casados (80 %, 36 casos), entre los argentinos los solteros eran el grupo mayoritario (55,3 %; 94 casos). Si tomamos en consideración el colectivo extranjero más abultado, el de los españoles, solo hallamos dos varones y una mujer solteros entre los asociados de la institución cuyas fichas se conservan.
Tabla 28. Perfil ocupacional de los asociados cuyas fichas se conservan (1902-1960)

*La suma no es igual a 100 por efecto del redondeo.
Cabe señalar que uno de los socios españoles sobre los que se carece de datos figura como “textil”, haciéndose imposible determinar a qué categoría pertenece.
Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en SCSMVA, 1902-1960.
En lo que refiere al perfil socio-profesional, nuevamente hemos utilizado la clasificación propuesta por Barbero y Cacopardo (1991) para el análisis de la última oleada inmigratoria europea de la segunda posguerra (p. 309). Esta codificación, basada en la Clasificación Ocupacional para el Censo de América de 1960 (COTA-1960), nos ha resultado acorde a la información con la que contamos para este estudio y ha requerido mínimas modificaciones.[4]
La Tabla 28 evidencia las diferencias en el comportamiento ocupacional entre los socios nativos y los inmigrantes pertenecientes a los dos grupos mayoritarios, españoles e italianos. A grandes rasgos, mientras entre los extranjeros se hace notar el predominio de las categorías correspondientes a artesanos y operarios, y obreros y jornaleros (que suman más del 80 % entre los varones de ambas nacionalidades), podemos señalar que el perfil ocupacional de los socios argentinos de la entidad era más variado, destacándose la presencia de profesionales, estudiantes y empleados en proporciones más considerables.
No obstante, también existe una diferencia muy notable entre los dos grupos extranjeros mayoritarios. Al tiempo que entre las mujeres españolas solo una de las cinco se desempeñaba fuera del ámbito del hogar, como empleada, entre las socias italianas la situación es la inversa, solamente una ejercía exclusivamente tareas en el ámbito doméstico. Por el contrario, de las cuatro restantes, tres se ocupaban como obreras especializadas en el ámbito de la industria textil y una como jornalera.
Finalmente, también cabe señalar que los empleos asociados a la industria textil fueron muy frecuentes en el conjunto de los asociados considerados, dadas las características de Valentín Alsina en relación con esta actividad.
Con respecto a las pautas residenciales de los socios extranjeros de la SCSMVA, hemos considerado la totalidad de los domicilios consignados en las fichas, aun cuando se registran mudanzas, y podemos señalar lo siguiente. En el caso de los españoles, aproximadamente la mitad de los domicilios registrados (14 casos) se ubicaba en la propia localidad de Valentín Alsina, a no más de doce cuadras de las sedes de la entidad en cuestión. Mientras tanto, los restantes se distribuían entre las localidades vecinas de Villa Diamante, Villa Caraza y Lanús Oeste (13 casos en total). Por su parte, los domicilios de los italianos se ubicaban predominantemente en la localidad de Villa Diamante (12 casos), donde, como ya hemos señalado en capítulos precedentes, la importancia de los oriundos de algunas zonas específicas de Italia era realmente relevante. Los diez casos restantes corresponden a domicilios ubicados en Valentín Alsina, también en las cercanías de las sedes sociales de la institución, como en el caso español.
Un último dato interesante que ofrecen las fichas refiere a la utilización que los asociados de distintos orígenes hicieron de los servicios ofrecidos por la entidad mutual. Esta información refleja un amplio uso de los beneficios de atención médica y otras ayudas ofrecidas por la institución entre los socios de todas las nacionalidades.
5.2.2. La Sociedad Cosmopolita y los empresarios extranjeros de la localidad
Llegados a este punto, resulta de gran relevancia resaltar que, más allá de los asociados, la Sociedad Cosmopolita mantenía vínculos sólidos con otras personas de origen extranjero. En el contexto del acentuado perfil fabril de la zona y de los lazos que mantuvo con importantes industrias, nos interesa destacar los establecidos con la empresa Campomar y con la hilandería de Ugolino y Juan Giardino, a las que nos referimos detalladamente en el capítulo anterior.
Las fuentes que disponemos nos permiten subrayar algunos momentos específicos de la larga relación entre dichas empresas y la entidad mutual.
Desde la fundación de la institución, el apoyo económico de las industrias de la zona resultó trascendente. Por ejemplo, como ya hemos mencionado, en el contexto de la fundación de la SCSMVA, se contó con el apoyo de una comisión honoraria que prestó colaboración económica. En ella, se destacaba la presencia de Melchor Campomar, miembro de la familia vinculada a la industria textil (“11 de marzo de 1901”, 1964). Más tarde, estas contribuciones, siempre altamente valoradas en el marco de las continuas dificultades para hacer frente a los gastos ocasionados por la labor mutual, no se detendrían. La realización por parte de la institución de colectas anuales entre sus socios honorarios, protectores y simpatizantes redundó en una permanente participación de las empresas Ugolino y Juan Giardino, y Campomar, así como de distintos miembros de ambas familias a título personal. Además, sus aportes tendieron a ubicarse siempre entre los más abultados (“Colecta anual”, 1933, p. 3; “Colecta anual”, 1938, p. 27; “Colecta anual”, 1939, p. 32; “Colecta anual”, 1944, p. 34; “Colecta anual”, 1946, p. 31; “Colecta anual 1944”, 1945, p. 38). Asimismo, participaron del plan de construcción del nuevo edificio social a través de la compra de bonos, cuyos intereses donaron a la entidad en algunas ocasiones (“Bonos de Construcción…”, 1944, p. 32; “Importes de intereses…”, 1938, p. 31; “Importe de intereses…”, 1944, p. 37; “Importe de las acciones…”, 1945, p. 36 “Importes pagados…”, 1938, p. 7). Varios miembros de la familia Giardino, por último, realizaron otras donaciones en ocasiones variadas, que también fueron subrayadas en la publicación periódica institucional (“Donaciones”, 1946, p. 32; “Donaciones”, s. f.; “Donaciones Recibidas…”, 1945, p. 40; “Donaciones Recibidas…”, 1948, p. 16; “Socios donantes…”, 1931, p. 9).
A propósito de esto último, resulta interesante remarcar el rol protagonizado por las esposas de los industriales, a través de las cuales parece haberse canalizado en buena medida el estrecho vínculo entre los emprendimientos productivos y la vida institucional de la Sociedad Cosmopolita. En este sentido, María Scasso, esposa de Juan Campomar, colaboró ampliamente con la asociación, al punto de convertirse en la madrina de la institución y participar del acto de colocación de la piedra fundamental del primitivo edificio social a principios del siglo xx (Cumini, 1947, p. 25).
De igual modo, para conocer acerca de la relación entre la SCSMVA y la familia Giardino, basta con ingresar a la actual sede social. Allí podemos hallar una placa conmemorativa (Figura 15), colocada a la memoria de Juana Micono, esposa de Ugolino Giardino, por sus contribuciones a la institución y por haberse constituido en madrina del nuevo edificio social. Esta fue colocada en diciembre de 1947, algunos meses después de su fallecimiento. En la revista social, se destacaba la personalidad de Micono con las siguientes palabras:
El día 19 de octubre próximo pasado quiso la Atropos enlutar a la gran masa mutual de Valentín Alsina, arrebatándole a una de sus más queridas benefactoras, doña Juana Micono de Giardino.
Dama extensamente vinculada en el corazón mismo de la población alsinense; respetuosa y respetada por sus nobles actos humanitarios, supo conquistar la simpatía y el cariño de todos los que tuvimos el honor de tratarla y conocer sus excelsas virtudes (“Juana Micono de Giardino”, 1948, p. 7).
Figura 15. Placa conmemorativa a la memoria de Juana Micono

Fuente: fotografía de Denise Ganza (noviembre de 2015).
Asimismo, algunos miembros de la familia Giardino tuvieron una participación activa en la vida interna de la institución. Tal es el caso de Remo H. Giardino, quien fue socio de esta, y Marino Giardino, quien integró como vocal la primera comisión directiva de la Sociedad Cosmopolita e Italiana, luego de la fusión (“Comisión Directiva…”, 1964; “Socios Fallecidos…”, 1947, p. 10). A propósito de ello, cabe aclarar que es muy probable que, paralelamente a su relación con la entidad de nuestro interés, la familia Giardino también sostuviera lazos estrechos con la Sociedad Italiana Unione e Fratellanza, cuya reunión fundacional había contado con Ugolino Giardino como presidente. Tras la votación para decidir quiénes serían miembros de la comisión, pasaría a desempeñarse como cobrador (“Acta de Fundación…”, 1964).
Por último, el vínculo establecido a lo largo de los años quedó ilustrado por la invitación especial remitida por la Sociedad Cosmopolita a Ugolino Giardino y Miguel Campomar –encargado de la fábrica local–, con motivo de contarse entre los “…simpatizantes de la obra…” de la institución, al banquete organizado para el festejo de las bodas de oro de la institución mutual. No obstante, ambos se excusaron por su ausencia a través de una carta y un telegrama respectivamente (SCSMVA, 1951).
5.2.3. Mutualismo y nacionalidad: las relaciones intersocietarias y el desafío de la integración
A lo largo de la trayectoria de la SCSMVA, la extensión de la provisión de los servicios sanitarios demandados hizo que la necesidad de expandir el número de asociados y las dificultades económicas de la asociación fueran temas recurrentes, lo cual la colocó en una situación semejante a la del conjunto de las asociaciones mutuales (Belmartino, 2005, pp. 35, 72-77). Distintas circunstancias así lo demuestran.
Por un lado, el monto de las cuotas fue aumentando progresivamente. En septiembre de 1944, esta acción fue justificada por la comisión directiva arguyendo el considerable incremento de los precios de los medicamentos, los importantes beneficios reportados por la institución a sus asociados y las pérdidas ocasionadas por la atención sanitaria (“Aumento…”, 1945, p. 5).
Además, se realizaron campañas para aumentar el número de asociados, que incluyeron el otorgamiento de una medalla de oro al socio que presentara un mayor número de potenciales nuevos integrantes (“Contribuya”, 1931, p. 10), y fue frecuente la exposición de información acerca de los gastos producidos por la actividad mutual, en ocasiones atribuyéndolos al mal uso realizado por los asociados (Majo, 1939, p. 43). A principios de la década de 1950 se llegó a suprimir uno de los servicios, el de aplicación de inyectables a domicilio, ante la imposibilidad de conceder un aumento de salario a los enfermeros encargados de ello (“Memoria”, s. f).
Entre las alternativas para hacer frente a estas circunstancias, podemos mencionar la promoción de las actividades de proyección cinematográfica en la sala “Carlos Gardel” o la realización de rifas (“Memoria”, 1939, p. 5) y colectas anuales, a las que ya nos hemos referido. En el caso del cine, los beneficios obtenidos serían destinados a pagar las deudas generadas por la construcción del salón social (“Cine…”, 1938, p. 15).
Sin embargo, en las próximas páginas nos ocuparemos de reflexionar sobre una alternativa particular que comenzó a perfilarse hacia 1933: la de la fusión con el resto de las entidades mutuales de Valentín Alsina. Nos ocuparemos particularmente de esta cuestión dado que involucra tanto a la SCSMVA como a instituciones representativas de las colectividades española e italiana de la localidad. La descripción del devenir de estos planes nos permitirá observar la interacción entre estas instituciones y las implicancias de la cuestión nacional y regional en relación con la posibilidad de fusión en pos de un mejoramiento del alcance de los servicios para el conjunto de los vecinos de Valentín Alsina.
Como ya hemos mencionado, la SCSMVA fue la primera institución de relevancia en la zona y de la que surgieron, a través de sucesivos desprendimientos, las otras tres asociaciones involucradas en estos intentos de integración: la Sociedad Italiana en 1907, la Sociedad Española en 1919 y el Centro Gallego (sobre el que abundaremos en este mismo capítulo) en 1925 (“Orientación mutualista”, 1964). Por esta razón, a la Sociedad Cosmopolita le fueron atribuidos “…los títulos de ‘madre’ y ‘abuela’ de sociedades, y el justo orgullo de haber sido cuna del Mutualismo en Valentín Alsina” (Serra, 1947, p. 21).
En 1933, un artículo titulado Asociación y auxilio mutuo llamaba por primera vez a la realización de un “Congreso de sociedades locales” con la finalidad de contribuir a la unión de las instituciones mutuales de Valentín Alsina (Bruno, 1933, pp. 10-11). Con la intención de justificar la convocatoria a esta reunión, se remitía a los inicios de la Sociedad Cosmopolita, ocasión en la que habían participado socios de diversos orígenes.
Tras dicha publicación, distintos autores harían sus aportes en el marco de la revista social, a los fines de argumentar a favor de la fusión de las entidades mutuales. Así, realizaban profundas críticas a la actitud de quienes se manifestaban contrarios al proyecto y atribuían esta oposición al problema de la nacionalidad.
La principal explicación a favor de la constitución de una única entidad mutual en la localidad giraba en torno a la posibilidad de satisfacer con mayor amplitud las necesidades de la población de la zona (García, 1933, p. 12). A propósito de ello, el presidente de la SCSMVA en 1944, Alfonso Brey (1944, p. 15), hacía referencia a una posible extensión de los beneficios para los asociados, con la incorporación de una farmacia propia, ambulancia, internación y maternidad. Inclusive se mencionó la alternativa de construir un hospital vecinal (Bianchettin, 1944, p. 16).
En contraposición, según las opiniones vertidas por quienes eran favorables a la fusión, la principal limitación para la consolidación del proyecto era la dispersión ocasionada por la diversidad de orígenes nacionales y regionales de los socios de las instituciones involucradas. En este sentido, se trataba de combatir este impedimento haciendo hincapié en la preponderancia del ideal mutual y la igualdad de los hombres ante las situaciones desafortunadas de la vida, por sobre las lealtades o los privilegios basados en el origen nacional o regional. Se afirmaba, por ejemplo, que “la enfermedad, cuando se apodera del organismo de una persona, no pregunta si es argentino, español o italiano” (García, 1933, p. 12) o que “…ante el dolor no existen patrias ni religión” (“Una vida…”, 1939, p. 19). Al mismo tiempo, se condenaba la existencia de “los intereses regionales que hoy son trabas para la acción de tan grandiosa obra benéfica” (Brey, 1944, p. 15).
Las gestiones para la concreción de la integración mutual se dinamizaron hacia 1943, cuando se llevaron a cabo algunas reuniones entre los presidentes de las cuatro asociaciones y los delegados asignados para tal fin, por iniciativa de la Sociedad Cosmopolita (“Memoria”, 1944, p. 7). Tras estos encuentros, solamente tres de las asociaciones, con la exclusión de la Sociedad Italiana –que adujo necesitar la autorización de una asamblea–, se comprometieron en el estudio del proyecto. Los presidentes de cada una de las cuatro instituciones ofrecieron sus argumentos acerca de la fusión. Allí se puede observar claramente la postura diferenciada de la entidad italiana, cuyo presidente, Celestino Lampo (1944), afirmaba creer en “… la fusión del mutualismo y no de las entidades mutuales…” (p. 11) y consideraba necesario el cumplimiento de una serie de requisitos antes de avanzar en las conversaciones acerca de la integración: observar los balances de cada institución, analizar sus estatutos y convocar a una asamblea general extraordinaria para obtener la legitimación del conjunto de los socios. Por el contrario, existía un total acuerdo entre la SCSMVA y las entidades representativas del colectivo español, la Sociedad Española y el Centro Gallego de Valentín Alsina, en cuanto a la inmediata necesidad de concretar la fusión. No obstante, mientras el presidente de la entidad española, Juan Grovas (1944), se mostraba partidario de una integración total (p. 9), Manuel Chouza (1944), presidente del Centro Gallego, propuso la conservación individual de un pequeño porcentaje del capital social para mantener otras actividades, fundamentalmente de tipo cultural y recreativo. Asimismo, reconocía en su artículo la preponderancia de la Sociedad Cosmopolita (p. 12).
A pesar de esta cercanía entre las posturas de los líderes de la Sociedad Cosmopolita y los de las asociaciones pertenecientes al colectivo español de Valentín Alsina al comienzo de las negociaciones, un cambio abrupto se ocasionó entre 1944 y 1946. Durante el año 1945, la entidad de nuestro interés y la Sociedad Española se habían abocado a la confección de un proyecto conjunto, cuyo resultado fue la aprobación por parte de la primera durante una asamblea celebrada el 30 de diciembre del mismo año (“Memoria”, 1946, pp. 3-4). No obstante, en la memoria correspondiente al ejercicio 1945, publicada en los primeros meses del año siguiente, la comisión directiva acusaba a algunos asociados de la Sociedad Española de haber emitido comentarios desprestigiantes acerca de la Sociedad Cosmopolita, “…fincados sus espíritus en antiguas normas degeneradas en egoísmo regionalista y sordos al deseo popular de coordinación mutual” (“Memoria”, 1946, p. 3). En respuesta a ellos, se manifestaba que
La Sociedad Cosmopolita tiene el honor de haber sido la primer [sic] institución que organizó en su perímetro de acción la humana obra de AYUDA AL SEMEJANTE. Fue el primer organismo que puso de relieve, con hechos, la imperiosa necesidad de asociarse para un mayor éxito en los principios del socorro mutuo. Bajo esos principios se crearon nuevas entidades. Sus estatutos fueron punto básico para aquellas creaciones. Nadie puede negar a la COSMOPOLITA la propiedad de HABER MARCADO RUMBOS EN MATERIA MUTUALISTA, ni restarle el significativo y merecido nombre de MADRE DEL MUTUALISMO LOCAL.
La administración de la sociedad COSMOPOLITA lo ha sido siempre a puertas abiertas. Mal está, entonces, atribuirnos “Oscura administración”. Sus resoluciones lo fueron en todo momento acariciando el progreso social y el mejoramiento sanitario de la localidad. Jamás con la idea de SUPER DOMINACIÓN sobre las demás instituciones similares (Énfasis original) (“Memoria”, 1946, p. 3).
Además, se agregaba que la Sociedad Cosmopolita carecía de problemas económicos serios y que siempre atendía a la ampliación de los beneficios para su masa societaria, por ejemplo a través de la reciente incorporación de especialistas para la atención en sus consultorios (“Memoria”, 1946, p. 3).
Tras este episodio, la información acerca de los intentos de fusión se discontinúa. Solo sabemos que las relaciones posteriores fueron cordiales. Especialmente, con motivo de la celebración de las bodas de oro de la Sociedad Cosmopolita. El banquete a tal fin fue desarrollado el 11 de marzo de 1951 en el salón del Centro Gallego de Valentín Alsina (SCSMVA, 1951).
Es de destacar también que, cuando la SCSMVA se vio involucrada en una fusión, hacia 1962, no fue con las asociaciones de origen español, con las que había mantenido una mayor cercanía, sino con la entidad italiana. Por su parte, la Sociedad Española continuó con su vida independiente hasta su disolución y el Centro Gallego de la localidad se convirtió en un anexo del de la Capital Federal, condición que mantiene en nuestros días.
5.3. Un abordaje sobre las iniciativas asociativas de diversos grupos nacionales
Como ya adelantamos, a continuación evidenciaremos la existencia de otro tipo de instituciones, representativas de las colectividades asentadas en Valentín Alsina, cuyos fines no fueron exclusivamente mutuales, sino también culturales, educativos o deportivos, entre otros.
La disponibilidad de fuentes institucionales (publicaciones periódicas, recursos audiovisuales, reseñas conmemorativas, etc.) y de bibliografía nos permitirá abordar el estudio de los siguientes tres casos: el ya mencionado Centro Gallego de Mutualidad y Cultura de Valentín Alsina (1925), el Colegio Armenio Jrimián (1930) y el Club Social, Deportivo y Cultural Italiano Avellino (1960). La elección de estas instituciones se vincula directamente con algunos aspectos ya considerados en capítulos anteriores. La importancia de los colectivos español e italiano ha sido ya constatada. Por esa razón, hemos decidido considerar una institución de cada una de estas colectividades. En el caso del Centro Gallego, la particularidad de su posterior incorporación a su homónimo de la Capital Federal lo convierte en un caso especialmente interesante. Por su parte, el Club Avellino resulta una clara expresión de la importancia de los oriundos de dicha zona en el espacio que nos ocupa, además de brindarnos la posibilidad de estudiar la conformación de una asociación que es producto de la reactivación de los flujos migratorios en la segunda posguerra.
Finalmente, con respecto a la inclusión de la comunidad armenia en un estudio que se ocupa centralmente de los inmigrantes europeos, esta nos pareció una opción metodológica apropiada para profundizar, a través de una mirada comparativa, en el estudio de las características de estas entidades de base étnica establecidas en Valentín Alsina. Asimismo, no podemos dejar de insistir en la sabida importancia de los inmigrantes armenios en el área, a pesar de que no nos es posible señalar su aporte en términos cuantitativos, por las particularidades de las fuentes con las que contamos para nuestro análisis. En especial, cabe recordar que recurrimos fundamentalmente a las actas de los matrimonios efectuados por medio de la Iglesia católica. En estos documentos solo fueron hallados escasos representantes armenios, en tanto la mayoría podría haber contraído matrimonio a través de otros cultos. Con la intención de subsanar aunque sea parcialmente esta falta, también analizaremos los orígenes y el desarrollo del colegio armenio de la localidad a lo largo de este capítulo.
5.3.1. El Centro Gallego de Mutualidad y Cultura de Valentín Alsina
El Centro Gallego de Mutualidad y Cultura de Valentín Alsina fue fundado el 9 de mayo de 1925 (Álvarez, 2018, p. 121). Como dijimos, es posible que su fundación fuera el producto de un desprendimiento de la Sociedad Cosmopolita (como ya había sucedido con la sociedad italiana y la sociedad española de la zona), con motivo de la prevalencia de la identificación de origen entre los oriundos del norte de la península ibérica.
Según consta en las fuentes citadas por otros autores, durante la segunda mitad de la década de 1920 y el decenio siguiente, la entidad ejerció sus funciones en diversas sedes: Boulevard Alsina 1990, Portela 2365 (actual Pallares) y Coronel Molinedo 2750 (actual Armenia), hasta su definitiva instalación en Boulevard Alsina 2374 (actual Pte. Tte. Gral. Juan Domingo Perón 3176), como resultado de la adquisición de la propiedad allí situada (Álvarez, 2018, p. 121; Padorno, 2007, p. 322).
Al igual que otras instituciones de su tipo, el Centro Gallego de Valentín Alsina contó en sus inicios con el apoyo de una comisión honoraria integrada, entre otros, por representantes de las firmas Campomar y Giardino. Si bien en principio sus objetivos integraron el aspecto cultural (“estrechar los vínculos entre los gallegos”, “promover el bienestar de la colectividad” y “salir en defensa de su buen nombre”) y el mutual (Álvarez, 2018, p. 121), con el tiempo, y a juzgar por los hechos que relataremos a continuación, parece haber prevalecido el primero.
El Centro Gallego de la localidad formó parte del panorama asociativo que describimos a partir de la información contenida en el censo nacional de 1914 y el censo de mutualidades de 1926. Sin embargo, y si bien la entidad de nuestro interés ya había sido fundada en ocasión de este último relevamiento, no figura entre las instituciones consideradas. Por esa razón, los únicos datos con los que contamos acerca de su capital social y cantidad de asociados son los de la prensa periódica, citada por Mabel Álvarez (2018). Ellos nos permiten observar el importante crecimiento que el Centro Gallego registró entre los años 1929 y 1930, lapso durante el cual su capital social creció hasta superar el doble, aumentando de 1300 pesos a 2949. Lo mismo ocurrió con el número de socios, que pasó de 180 a 403 (p. 121).
Asimismo, a modo de ejemplo, podemos mencionar que la importancia del Centro Gallego, no solo en la localidad de Valentín Alsina sino también dentro del conjunto de las instituciones representativas de la colectividad, quedó demostrada por la asistencia de Alfonso Rodríguez Castelao, figura representativa del nacionalismo gallego,[5] al xantar servido con motivo de la celebración del Día de Galicia, el 27 de julio de 1941 (Álvarez, 2018, p. 122).
En las próximas líneas nos detendremos a analizar un hecho relevante de la vida de la entidad galaica de Valentín Alsina que, aun más que el referido anteriormente, da cuenta de su crecimiento y de la relevancia adquirida en dos décadas de labor.
En 1947, la institución de nuestro interés se incorporó al Centro Gallego de la Ciudad de Buenos Aires, con el que ya habría tenido vínculos fluidos anteriormente.[6] No obstante, el primer indicio concreto acerca de las tratativas para la anexión es una nota remitida por el Centro Gallego de Valentín Alsina por medio de la cual se hacía una propuesta de incorporación con todo su patrimonio y asociados. En la misma sesión en la que se dio lectura a esa propuesta, se la aceptó, tras considerar que el estado económico de la entidad bonaerense se encontrada saneado y las edades de los asociados resultaban aceptables (“Sesión Extraordinaria del 21 de Julio…”, 1947).
Los pasos siguientes fueron la comunicación del acuerdo a las autoridades del Centro Gallego de Valentín Alsina, a los fines de que pudieran convocar a la Asamblea que debía confirmar la iniciativa, la celebración de la Sesión Conjunta y, finalmente, el sometimiento del asunto a la Asamblea de Representantes del Centro Gallego de Buenos Aires (“Sesión Extraordinaria del 21 de Julio…”, 1947).
En la Asamblea General Extraordinaria realizada por el Centro Gallego de Valentín Alsina el día 7 de septiembre de 1947, la propuesta de incorporación fue aprobada por unanimidad, dentro de los requisitos estipulados por el ofrecimiento realizado (“Sesión del 18 de Septiembre…”, 1947).
Por su parte, en la Sesión Conjunta celebrada por el Centro Gallego porteño se discutieron dos asuntos: la reforma de su Estatuto Social y la propuesta de fusión que nos ocupa. Esta última resultó también aprobada por unanimidad, bajo las siguientes condiciones:
1°) Incorporación de sus asociados, reconociéndoles su antigüedad a fin de que puedan disfrutar de los beneficios que acuerda el estatuto de esta entidad;
y 2°) Incorporación de su activo y pasivo de acuerdo a un inventario a practicarse oportunamente (“Acta de la Sesión Conjunta…”, 1947).
Al mes siguiente, entonces, se concretó la realización de la Asamblea Extraordinaria del Centro Gallego porteño, llevada a cabo el día 30 de septiembre del mismo año (“Acta de la Asamblea Extraordinaria…”, 1947, pp. 25-26). Allí se trató exclusivamente la cuestión de la incorporación del Centro Gallego de Valentín Alsina, con la asistencia de los representantes de los socios de la entidad capitalina; sus autoridades, principalmente el presidente Manuel Otero; el inspector de Justicia, Dr. Fernando Ortiz de Rozas; el inspector de la Dirección de Mutualidades, Dr. Guillermo del Río; y el vicepresidente y secretario del Centro Gallego de Valentín Alsina, en calidad de invitados.
En esta ocasión, si bien la incorporación fue aprobada, se lo hizo ante la ausencia de los representantes minoritarios, que se habían retirado del recinto con motivo de reclamar a la Junta Directiva la falta de información suficiente acerca de los socios y los derechos de los que gozarían a partir de la anexión.
En este punto, es pertinente introducir algunas reflexiones acerca de las motivaciones y los argumentos que estuvieron presentes en este proceso de fusión.
Figura 16. Visitas médicas a domicilio efectuadas por el Centro Gallego porteño (1946-1947)

Fuente: “Memoria de la Junta Directiva del Centro Gallego correspondiente al Ejercicio 1946-1947” (1947).
En primer lugar, podemos hacer referencia al importante rol protagonizado por el Centro Gallego porteño en la atención sanitaria en pueblos suburbanos. Así lo muestran las memorias correspondientes a los Ejercicios 1946-1947 (“Memoria de la Junta Directiva del Centro Gallego…”, 1947) y 1947-1948 (“Memoria de la Junta Directiva del Centro Gallego…”, 1948).
Si bien por el modo de presentación de los datos resulta imposible deslindar el número específico de visitas médicas a domicilio realizadas en Valentín Alsina, es posible observar en la Figura 16, correspondiente a la primera memoria, la importancia de esta localidad, en conjunto con las de Piñeyro y Gerli (1185 visitas). Ellas representaban el número más abultado luego del correspondiente a un grupo más amplio, integrado por Aristóbulo del Valle, Munro, Florida, Bartolomé Mitre, Villa Adelina, Martínez, Anchorena, Olivos y Vicente López (3048 visitas). Porcentualmente, representaban el 9,9 % y el 25,5 % del total (11.956), respectivamente. Una situación similar se registró para el periodo 1947-1948, cuando las localidades de Piñeyro, Valentín Alsina y Gerli alcanzaron el 10,8 % (1122) del total de visitas (10.378) y la zona encabezada por Aristóbulo del Valle, el 21,3 % (2206 visitas), tal como puede verse en la Figura 17.
Figura 17. Visitas médicas a domicilio efectuadas por el Centro Gallego porteño (1947-1948)

Fuente: “Memoria de la Junta Directiva del Centro Gallego correspondiente al Ejercicio 1947-1948” (1948).
Al respecto, Ruy Farías (2010b) en su tesis doctoral constató la importancia adquirida por el grupo gallego entre los inmigrantes españoles del partido de Avellaneda, en el periodo que nos ocupa. Señaló, a partir de un análisis basado en la consulta de las actas matrimoniales de los registros civiles de la zona, que entre 1890 y 1930 se ocasionó un aumento general del volumen de inmigrantes hispánicos, a la vez que la constitución de los gallegos como el grupo peninsular mayoritario (en reemplazo del vasco-navarro), al punto de comprender siete de cada diez españoles radicados en el partido (pp. 151-152, 168). Asimismo, el autor observó la relevancia de la localidad de Piñeyro, lindera a la de nuestro interés, en lo que respecta a las zonas preferentes de asentamiento de los gallegos, en la medida en que avanza su periodo de estudio (Farías, 2010b, pp. 245-246).
En este punto, las necesidades en materia de salud de una localidad como Valentín Alsina, y en particular las de los socios del Centro Gallego allí instalado, parecen haber coincidido con la voluntad de la entidad porteña de descentralizar los servicios prestados exclusivamente en su sede. Una vez concretada la fusión, una de las primeras demandas de los socios de la entidad bonaerense fue “que se crearan consultorios clínicos en el local de la misma para ofrecer atención a los asociados domiciliados en esa zona y las colindantes, a la vez aliviando también a los servicios del sanatorio social de la Capital” (“Toma de posesión…”, 1948, p. 29).
A juzgar por las remodelaciones que se llevaron a cabo a fines de la década de 1990, esta demanda fue satisfecha. En ocasión de la inauguración de las obras de ampliación y modernización del denominado Anexo Valentín Alsina, el presidente en ejercicio del Centro Gallego, Alberto Adrio, se refirió con regocijo a las obras, realizadas en coincidencia con el cincuentenario de la incorporación, a la vez que señaló los beneficios de contar con dichos consultorios:
Tenemos que tratar de dar comodidades a los socios de la Institución, tenemos que tratar de evitar el traslado desde lugares distantes de la ciudad hasta nuestra sede central de Belgrano y Pasco, tenemos que facilitarles el traslado, principalmente tomando en cuenta el elevado promedio etario de nuestra masa social (“Ampliación y remodelación…”, 1998, pp. 16-17).
Por todo lo anterior podemos arribar a la conclusión de que, durante su vida independiente, las intenciones mutuales manifestadas inicialmente entre los objetivos del Centro Gallego de Valentín Alsina debieron haber perdido peso frente a las iniciativas de tipo cultural y recreativo. De allí, las demandas insatisfechas que se plantearon en ocasión de la fusión.
En otro orden, el Centro Gallego porteño se vio beneficiado con la incorporación de los cuatrocientos socios con los que contaba, a la fecha, la institución bonaerense, y un patrimonio que era calificado de considerable (“Acta de la Asamblea Extraordinaria…”, 1947, pp. 25-26).
No obstante, hemos señalado la existencia de una resistencia minoritaria a la fusión. En ella, parecen haberse jugado, al mismo tiempo, dos cuestiones: los intereses electorales y la preocupación por el lugar de origen de los socios. Lo primero quedó evidenciado durante la asamblea, en tanto los representantes minoritarios interrogaron acerca de los derechos que asistirían a los socios recién incorporados, principalmente en lo referente a su participación en el acto eleccionario que se celebraría próximamente (“Acta de la Asamblea Extraordinaria…”, 1947, p. 26).
En cuanto al interés por la identidad de origen de los socios, ya hemos expuesto algunas consideraciones en las páginas anteriores, al mencionarlo como un elemento central en cuanto al impedimento de la concreción del proyecto de integración de las asociaciones mutuales de la localidad, esbozado entre las décadas de 1930 y 1940. En este caso, los representantes minoritarios expresaron durante la Asamblea su interés por conocer los detalles acerca de la nacionalidad y provincia de procedencia de los asociados (“Acta de la Asamblea Extraordinaria…”, 1947, p. 26).
Por otra parte, las fuentes institucionales destacan el “espíritu de hermandad” que motivó la anexión. Se señalaba el aporte del patrimonio por parte de la asociación de Valentín Alsina como un síntoma de que su propuesta no estaba motivada por el interés (“Acta de la Asamblea Extraordinaria…”, 1947, p. 26). Además, se remarcaba la importancia para el Centro Gallego porteño del fomento de la vinculación entre entidades galaicas, con énfasis en el caso de reciprocidad expresado por el Centro Gallego de Valentín Alsina, “…benemérita entidad mutual-social que luego de numerosos años de vida societaria en los que descolló por su acción entusiasta en pro de la colectividad radicada en esa importante zona, resolvió incorporarse a nuestra entidad…” (“Memoria de la Junta Directiva del Centro Gallego…”, 1948).
Para finalizar con la cronología de los acontecimientos, y para culminar este apartado, solo nos resta decir que la toma de posesión del Centro Gallego de Valentín Alsina se efectuó el domingo 29 de agosto de 1948, con la presencia de los directivos de ambas entidades. Durante la ocasión, se celebró un almuerzo típico gallego e hicieron uso de la palabra representantes de las dos entidades involucradas (“Toma de posesión…”, 1948, p. 29).
5.3.2. El Colegio Armenio Jrimián
La instalación de la escuela armenia Jrimián en Valentín Alsina fue el producto de la llegada de una importante cantidad de armenios a la zona, como consecuencia del genocidio perpetrado por las autoridades del Imperio otomano en el año 1915, junto con otros acontecimientos anteriores y posteriores de persecución a la población armenia residente en dicho estado (Boulgourdjian, 1999b, p. 69; Kirakosyan, 2015, p. 21; “La escuela armenia…”, 2010; Ohanian, 1986, p. I).
Estos acontecimientos se vincularon con el deterioro de la relación entre los ciudadanos de origen armenio y el Imperio otomano. Los primeros comenzaron a sufrir un aumento de la intolerancia al compás del progresivo declive financiero y administrativo imperial, provocado, entre otras cosas, por la pérdida del control de las provincias balcánicas como resultado de las revoluciones europeas de la primera mitad del siglo xix. En este contexto, las primeras matanzas fueron ordenadas por el sultán Abdul Hamid entre los años 1894 y 1896. Estas afectaron a trescientos mil armenios aproximadamente, que habían comenzado a solicitar seguridad para su vida y sus bienes en este clima de inestabilidad (Boulgourdjian, 1999b, p. 22).
Más tarde, la oposición conformaría el Comité Unión y Progreso, que encabezó una revolución en 1908 y obligó al sultán a reponer la constitución de 1876. Esta situación resultó esperanzadora para los armenios, puesto que la intención inicial era la de instaurar un gobierno liberal que permitiera la participación de las múltiples nacionalidades que convergían en el Imperio: turcos, árabes, armenios, griegos, kurdos y albaneses, entre otros. Sin embargo, otras pérdidas territoriales (Bosnia Herzegovina y Bulgaria) complicaron el panorama e incentivaron una contraofensiva de los sectores conservadores vinculados al Sultán. Si bien esta fracasó, también otorgó una oportunidad de persecución de los armenios, en un clima de desarrollo de los conceptos de turquismo y nacionalismo exclusivo por parte del partido de los Jóvenes Turcos, dentro de los cuales aquellos suponían un obstáculo.
Finalmente, la Primera Guerra Mundial ofreció el marco durante el cual se produjo la muerte de un millón y medio de armenios aproximadamente, entre 1915 y 1917. Los dirigentes de la comunidad fueron detenidos y se inició un proceso de deportación forzosa hacia campos en el norte de Siria que, para muchos, solo hizo pensar en la emigración como solución definitiva. Más tarde, en los primeros años de la década de 1920, la actitud indiferente de las potencias occidentales frente a los reclamos armenios (expresada en el abandono francés de la ciudad de Marash y la posterior matanza de diez mil armenios a manos de los turcos, así como en los términos del Tratado de Lausana, que estableció las fronteras de Turquía en 1923) potenció el inicio de sus trayectorias migratorias (Binayán, 1996, pp. 33-34, 87; Boulgourdjian, 1999a, pp. 22-23).
Por todo lo anterior, la primera oleada inmigratoria de armenios comenzó en la década de 1910, como efecto de las matanzas de Cilicia de 1909, tras la revolución de los Jóvenes Turcos en el Imperio otomano. Posteriormente, la afluencia de migrantes de ese origen aumentó, tras el genocidio de 1915 y el ya mentado Tratado de Lausana de 1923 (Boulgourdjian, 1999b, p. 69).
Estos inmigrantes armenios se instalaron fundamentalmente en la Ciudad de Buenos Aires y en zonas suburbanas como Valentín Alsina, hacia el sur, y Vicente López y Olivos, hacia el norte (Boulgourdjian, 1999b, p. 70).
Los cálculos del volumen de la población armenia se dificultan por las particularidades de las fuentes, principalmente su registro como turcos, en función de la vigencia del jus soli en la Argentina. No obstante, los autores coinciden en estimar la existencia de un conjunto de dos mil personas hacia la década de 1910 (luego desarticulado por efecto de la contienda mundial y las matanzas, reemigración a los Estados Unidos, partida de voluntarios al frente turco o regreso a Oriente), unos veinte mil armenios hacia mediados de la década de 1940, y unos cincuenta y cinco mil como máximo a fines de los años sesenta (Binayán, 1974, pp. 64-65; Boulgourdjian, 1999b, p. 81).
Respecto de sus patrones residenciales, las mayores concentraciones de armenios para el periodo 1917-1930 se registraron en los barrios de Palermo (22 %) y Nueva Pompeya (20,5 %), aunque en este último se concentraba un mayor número de adquirentes de propiedades (Boulgourdjian, 1989, pp. 7-12).
En cuanto a su instalación en Valentín Alsina, Nélida Boulgourdjian destacó la atracción ejercida por las oportunidades para el acceso a la propiedad, a lo que podríamos agregar la cercanía respecto del barrio de Nueva Pompeya, donde se concentraba un grupo considerable de armenios. De igual modo, la autora remarcó el valor que esta localidad fue adquiriendo con el tiempo por su calidad de notable centro de preservación de la memoria colectiva (Boulgourdjian, 1999b, p. 70).
En este punto, tendremos ocasión de destacar la importancia de la localidad de Valentín Alsina como área de asentamiento, observando la presencia de socios residentes en esta zona en el listado de los asociados del Centro Armenio sito en la Capital Federal, para el periodo 1929 y 1933 (Centro Armenio de Buenos Aires, 1929-1933).[7] De los casi 1500 socios relevados, la mayoría residía en la ciudad porteña. Sin embargo, la presencia de armenios instalados en Valentín Alsina es destacada, alcanzando un número de más de cuarenta socios (el 3 % aproximadamente). Se trata, en su mayoría, de hombres casados, más de la mitad de los cuales provenían de Hadjin. Asimismo, un número semejante residía en una zona delimitada por menos de diez cuadras de la calle Curupaytí. Si bien no contamos con los datos de ocupación de todos estos socios, dentro de los casos en que se la señaló se destacan por su número los carniceros, zapateros, sastres y panaderos. Estas ocupaciones coinciden con las observaciones hechas por Boulgourdjian en lo que respecta a que la mayoría de los armenios de Buenos Aires “…se dedicó al comercio minorista de diversos rubros, con especial incidencia en el de mercería, tienda y calzado, así como a ciertos oficios –zapateros, joyeros, sastres, etc. –” (Boulgourdjian, 1997, p. 122).
Por todo lo señalado anteriormente acerca de las particularidades del contexto de expulsión de los armenios arribados a la Argentina, la conformación de instituciones comunitarias se convirtió en una prioridad, en especial la de escuelas, que tomaron parte privilegiada en la transmisión de los símbolos culturales (lengua, religión, memoria colectiva). En 1930, su número ascendía a quince, ubicadas en distintos barrios porteños y del conurbano bonaerense, y la cifra de alumnos rondaba los novecientos (Boulgourdjian, 1999c, pp. 106-107).
No obstante, la instalación de establecimientos educativos en Valentín Alsina resultó en emprendimientos que fueron de los más tempranos de la colectividad (junto con los de Nueva Pompeya, Flores y Piñeyro). El 28 de marzo de 1928 se creó la Unión pro Educación Armenia de Puente Alsina, que dio origen a la escuela Jachikián. Su nombre se estableció en honor al presidente del Centro Colonial Armenio entre 1918 y 1925, y el benefactor que garantizó la adquisición de un lote en la calle Murguiondo 2138. Los armenios residentes en Valentín Alsina recolectaron fondos y colaboraron con su trabajo en la construcción inmediata del edificio escolar. Allí funcionó también una capilla (Kniasian, 1989, p. 52).
Figura 18. Frente de la sede definitiva de la Escuela Jrimián

Fuente: fotografía gentileza de Natalia Martínez Sayé (febrero de 2020).
Pero, progresivamente, los integrantes de la comisión entraron en disputa con motivo de pertenecer a distintas corrientes de pensamiento político de la patria de origen. Uno de los grupos finalmente se escindió, dando impulso a otro emprendimiento educativo: la Escuela Comunitaria Jrimián, cuya apertura se efectuó en noviembre de 1930. El nombre de la escuela fue elegido, al mismo tiempo, en honor al patriarca Meguerdich Jrimián, educador e inspirador del movimiento de liberación armenio, y a la escuela de la patria de origen donde había estudiado uno de los miembros de la comisión. La financiación inicial corrió por cuenta de cuatro benefactores y de las pequeñas cuotas abonadas por los alumnos (Kniasian, 1989, p. 53; “La escuela armenia…”, 2010).
La escuela alcanzó el centenar de estudiantes pasada la primera mitad de la década de 1930 y funcionó sucesivamente en cuatro locaciones. Las tres primeras se ubicaron en la calle Yatay y la última, donde el colegio funciona hasta la actualidad, inicialmente con su entrada por Jean Jaures 3111 y ahora por Choele Choel 555 (“La escuela armenia…”, 2010; “La sede definitiva”, 2010).
Como se mencionó anteriormente respecto del conjunto de las escuelas armenias, el colegio Jrimián también se propuso como objetivos principales preservar la herencia cultural y enseñar el idioma. En este sentido, su carácter era complementario de la educación brindada por las escuelas oficiales y funcionaba en dos turnos. Las materias dictadas eran Lectura y escritura del idioma armenio, Gramática, Historia armenia, Geografía de Armenia, Canto y Religión. No obstante, en 1963, la escuela se incorporó a la enseñanza oficial, integrando ambos aspectos (“La escuela armenia…”, 2010).
Esta situación coincidió con la inauguración de su sede definitiva, cuyo predio había sido adquirido en 1955 con la finalidad de contar con un campo deportivo propio y de las dimensiones adecuadas. Más tarde, sin embargo, se tomó la decisión de construir el nuevo edificio escolar, para lo cual se contó con el apoyo de la Asociación Cultural Armenia (“La sede definitiva”, 2010). Algunos años después, hacia la década de 1970, el colegio alcanzó la cifra de seiscientos estudiantes, incluyendo muchos que no provenían de la zona de influencia de Valentín Alsina y que llegaban hasta el establecimiento por medio de un sistema de micros, o inclusive permanecían como pupilos. La institución, que comprende jardín de infantes, primaria y secundaria, continuó la expansión de las instalaciones, con la incorporación de una biblioteca, un campo deportivo y una sala de informática, entre otras. A fines de 1990, la escuela abrió su inscripción a la comunidad en general, con una fuerte impronta de formación en derechos humanos (“Colegio Jrimián…”, 2010).
Para finalizar, es de destacar que el colegio no solo se concibió siempre como un baluarte de la causa armenia, en lo que refiere a la lucha por la independencia, el reconocimiento del genocidio y la restitución de los territorios históricos, sino que también se convirtió en el centro de la vida comunitaria de los armenios en la zona. Varias instituciones se fueron instalando al compás del crecimiento de la escuela: la filial local de la Unión General Armenia de Cultura Física (1932), la filial de Valentín Alsina de la Unión Juventud Armenia (1941) y la Sociedad de Damas Armenias de Beneficencia (1946). El grupo Ararat de la Asociación Cultural Armenia ya actuaba en la localidad antes de la fundación de la escuela, pero luego se trasformó en la filial Zavarián. Por último, no podemos dejar de mencionar que los jóvenes formados en el colegio armenio, más tarde, ocuparon puestos de responsabilidad en diversas entidades de la comunidad (“Colegio Jrimián”, 2010; Kniasian, 1989, p. 54).
5.3.3. El Club Italiano Avellino
El Club Social, Deportivo y Cultural Italiano Avellino fue fundado el día 25 de mayo de 1960, por iniciativa de Luis Argentino, Carmine Rossi (quien se convertiría en el primer presidente de la institución), Ángelo Semente, Mario Mazzoni y Ángelo Giordano. La sede se fijó en la calle Manuel Maza 3157 del partido de Lanús y la reunión contó también con la presencia de los futuros socios y simpatizantes (“Nuestra historia”, 2005, p. 4).
Tal como vimos en capítulos anteriores, la instalación de los italianos de este origen en Villa Diamante fue muy frecuente, pudiendo inferir la llegada de estos inmigrantes a través de los mecanismos de “cadena”. Este concepto, acuñado por la Escuela de Canberra con la finalidad de explicar el flujo de europeos del sur hacia Australia en la segunda posguerra, se convirtió en una herramienta indispensable para diversos historiadores, que la han utilizado para sus investigaciones. En particular, Franc Sturino (1988) destacó la relevancia de este concepto a la hora del análisis de la inmigración italiana, ya que permite explicar su selectividad, es decir su limitación a una serie de puntos de partida y destino, la importancia de las redes informales y su relevancia a la hora de comprender los patrones de asentamiento (pp. 5-7).
De hecho, así se desprende de una entrevista realizada para la publicación periódica de la institución, en la que Felipe Argentino relata las razones que lo condujeron hacia al país rioplatense y expone una situación de reagrupamiento familiar:
Porque había terminado la guerra, nos habían destruido parte de la vivienda, y por consejo de un familiar que nos vino a ver. Resolvieron que al tener dos hermanos y otros familiares en la Argentina, viajáramos todos juntos hacia aquí. Entonces hablaron con el familiar de Argentina para que le mandara un contacto de trabajo, y le pidieron pasajes para todos, si no no podían abandonar su país de origen (“Una historia de vida”, 2005, p. 22).
La posibilidad de reactivar los lazos familiares y la acción de los gobiernos, que tendieron a promover los reencuentros entre parientes ubicados a ambos lados del Atlántico en el contexto de la segunda posguerra, estuvieron en la base de una estructura demográfica caracterizada por la mayor llegada de familias completas y adultos mayores, padres o suegros de las familias ya instaladas en la Argentina (Barbero y Cacopardo, 1991, pp. 297, 299, 305).
Otro ejemplo de esta situación se hace explícito en la historia del barco Eugenio C, que, con 25 años de diferencia, transportó, en principio, a los jóvenes inmigrantes italianos, oriundos de Avellino, y más tarde a sus padres y hermanos. Todos protagonizaron emotivos reencuentros en el puerto de Buenos Aires (“Un poco de historia”, 2006, p. 19).
Particularmente, la conformación del Club Italiano Avellino parece responder al contexto de reactivación de los flujos migratorios tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, durante el cual los italianos ocuparon el primer lugar en número de arribos, manteniendo siempre una relevancia muy acentuada respecto de los inmigrantes provenientes de España, aunque esta situación se atenuó en la medida que se acercó el final del periodo (Barbero y Cacopardo, 1991, p. 305).
A pesar del carácter tardío de la fundación de la institución respecto de las otras consideradas en este capítulo, la conformación de la entidad estuvo precedida por otros vínculos y formas de organización.
En principio, es relevante destacar que la mayor parte de los oriundos de Avellino que se instalaron en Villa Diamante se insertaron en un segmento específico del mercado de trabajo, el de la producción de cueros, en virtud de la experiencia que traían desde su lugar de origen. En particular, el pueblo de Solofra se encuentra muy identificado con la industria curtiembrera y es, en nuestros días, una de las ciudades con mayor desarrollo tecnológico en el rubro (Pirolo y Cuvertino, 2006, pp. 66-67). Según el relato del actual presidente de la institución, Aldo Iandorio, los primeros socios de la entidad estaban vinculados a la industria curtidora. Aunque, por aquellos tiempos, no se dedicaban exclusivamente a esta tarea (Aldo Iandorio, 21 de febrero de 2019). Por el contrario, su actividad diaria se organizaba del siguiente modo: tenían una jornada completa de trabajo en fábricas de la zona, como Parodi/Pini, Pratti, Vázquez e Iglesias o Volcán, de la mañana a la tarde; luego, se dedicaban a la producción de sus cueros.
El testimonio de Carmine Rossi, primer presidente de la institución, resulta ilustrativo acerca de cómo estos italianos se fueron agrupando en torno del nuevo proyecto asociativo:
… la mayoría éramos todos paisanos, todos de la provincia de Avellino, casi del mismo pueblo, el mismo paese […] pensé en alquilar para empezar a laborar el cuero […] la juventud venía a verme porque éramos tutti amici y yo… pensai ¿por qué no facciamo una cancha de bochas? […] y facemmo esa cancha de bochas en la [sic] Itapirú e Maza […] (Club Italiano Avellino, s. f).
La vinculación de la institución con quienes se desempeñan en la industria del cuero es evidente, aún en nuestros días, con la mera observación de los anuncios de su publicación periódica (Figura 19).
Además, es preciso mencionar que la industria curtidora reviste una gran importancia en la localidad de Valentín Alsina y Villa Diamante, en particular. Los primeros italianos dedicados a esta actividad se instalaron en la zona a comienzos del siglo xx tras la llegada del Ferrocarril Midland y la construcción de la estación, al tiempo que como consecuencia de una Ley de Erradicación en la Capital Federal, que los obligó a abandonar la zona de Parque Patricios (Ureta, 2017). Según se mencionó en un artículo publicado con motivo de un festejo convocado por el rubro, en el contexto de una serie de reuniones para discutir sobre la realidad de la industria y tomar medidas en relación con los posibles daños infligidos al medio ambiente, la zona vive aproximadamente en un 80 % de la industria curtidora. Asimismo, un porcentaje similar de los calzados, carteras y camperas que se utilizan en la Argentina son producidos en esta área, en un radio de aproximadamente 40 cuadras a la redonda (“Fiesta de Curtidores”, 2008, pp. 6-8).
Figura 19. Anuncios vinculados a la industria del cuero, publicados en la tapa y contratapa de la publicación del Club Avellino (2005)

Fuente: Revista Avellino (2005).
Por otra parte, la creación de la institución también fue antecedida por la conformación de un equipo de fútbol que se desempeñó exitosamente en la participación sucesiva en la Copa Italia, obteniendo el segundo puesto en 1956 y 1958, y el campeonato en 1957 (Club Italiano Avellino, s. f.). Estamos en condiciones de decir que, ya desde este antecedente, la institución adquirió un marcado perfil cultural y recreativo, que se completó además con la práctica de distintos deportes.
Hasta la fecha, el calendario del Club Avellino está marcado por la celebración de su cumpleaños –una fiesta que su presidente define como “netamente italiana”–, un festejo de fin de año y la fiesta del patrono (Aldo Iandorio, 6 de febrero de 2019). La procesión de San Miguel Arcángel tiene una gran importancia en Villa Diamante. Los orígenes de la celebración se remontan a 1934, cuando los italianos radicados en la zona tomaron la iniciativa de su organización y, así, importaron la devoción por San Miguel Arcángel, originaria de Solofra, Avellino (Ureta, 2017).
Figura 20. Procesión de San Miguel Arcángel en Villa Diamante (2017)

Fuente: Ureta (2017).
Otros elementos que evidencian la relevancia del aspecto religioso en la vida institucional del Club Avellino son, por ejemplo, el nombramiento como presidente honorario de José Luis Ispizua, sacerdote español, cura párroco de la iglesia San Miguel de Villa Diamante y principal promotor de la creación de la escuela homónima, así como la presencia de Miguel Alfano, cura párroco de la iglesia de Solofra, entre la comitiva italiana que visitó la entidad en octubre de 2005 (Iandorio, 2005, p. 10; “Nuestra historia”, 2005; p. 5; “Visita…”, 2005, p. 18).
5.4. A modo de conclusión
A lo largo del presente capítulo nos hemos propuesto contribuir al conocimiento de uno de los aspectos centrales de la interacción de los inmigrantes que arribaron a Valentín Alsina con respecto a la sociedad receptora: las diversas modalidades de asociacionismo. En primer lugar, analizamos sus vínculos con una institución local, la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Valentín Alsina. Luego, hemos dado cuenta detalladamente de las características de tres instituciones basadas en la afinidad de origen de sus socios: el Centro Gallego de Mutualidad y Cultura, el Colegio Armenio Jrimián y el Club Social, Deportivo y Cultural Italiano Avellino, todas ellas fundadas entre 1920 y 1960.
Una primera reflexión relevante es que, en todos los casos, creemos haber contribuido a dar visibilidad a tipos de instituciones menos abordadas por la historiografía, como ocurre tanto en el caso de las sociedades cosmopolitas como en el de las instituciones surgidas en periodos más recientes, no exclusivamente durante los años de la denominada “inmigración masiva”.
A grandes rasgos, en el caso de la Sociedad Cosmopolita de Valentín Alsina, expusimos las acentuadas similitudes entre la entidad de nuestro interés y otras aparecidas al calor de la expansión de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, con el consecuente surgimiento de instituciones barriales y locales, especialmente allí donde se registraban condiciones de vida precarias.
A pesar del número acotado de fichas de socios analizadas, estas nos permitieron observar que los españoles y los italianos podrían haberse constituido en los grupos más numerosos dentro del conjunto de los extranjeros, en consonancia con su peso cuantitativo en la población del conglomerado urbano Avellaneda/Lanús en general. Además, fue posible evidenciar cierto protagonismo de los socios españoles, que se destacaron por su antigüedad y permanencia en la institución y por el alto porcentaje de socios cuyas fichas se conservan que ejercieron cargos directivos. Asimismo, el análisis del perfil socio-demográfico posibilitó analizar algunas diferencias entre los socios nativos y los extranjeros, principalmente el ingreso de los segundos en la institución a edades más avanzadas y el predominio, entre ellos, de los socios casados. En cuanto al perfil laboral, la variedad de ocupaciones fue más considerable entre los socios argentinos, mientras que entre los extranjeros fue más evidente un perfil obrero. No obstante, hasta el momento, no hemos podido comprobar la existencia de vínculos entre la entidad y sectores socialistas, como han indicado algunos autores.
En otro orden, hicimos evidente la relación ente la entidad mutual y la vida económica de los extranjeros en la localidad, a través del análisis de los lazos con la industria textil Campomar y la hilandería de Ugolino y Juan Giardino. Destacamos, sobre todo, la importancia de las contribuciones económicas que realizaron a la Sociedad Cosmopolita, aunque también otros aspectos, como el protagonismo de las esposas de los industriales en el mantenimiento de estas relaciones.
El apoyo económico de las empresas de la zona solo constituyó una parte de las estrategias de la institución para hacer frente a las dificultades económicas que fueron comunes a todas las entidades de su tipo, en la medida que los servicios ofrecidos se fueron expandiendo. En este sentido, la Sociedad Cosmopolita intentó otra solución: la fusión con otros emprendimientos mutuales de la localidad. Así, la exposición del derrotero de los planes de integración de las décadas de 1930 y 1940 nos mostró, por un lado, la intención común de satisfacer las necesidades de los vecinos, pero, por el otro, también la centralidad del factor étnico en este contexto. En definitiva, la diversidad de orígenes nacionales y regionales de las instituciones parece haber sido determinante en el fracaso del proyecto.
Con respecto a las instituciones de base étnica estudiadas, una mirada comparativa puede arrojar algunas conclusiones interesantes. En primer lugar, si nos detenemos en la cuestión del lugar de referencia, nos encontramos con dos asociaciones identificadas con espacios más restringidos que el de los países de origen: una región y una provincia. En este sentido, resulta notorio que el carácter más numeroso de los grupos español e italiano permitió el surgimiento de instituciones que fueron más allá del espacio nacional como punto de referencia, dando origen a una entidad regional como el Centro Gallego y al Club Avellino, referenciado en la provincia homónima. Sin embargo, en el caso de la escuela armenia Jrimián, se destaca el hecho de que no solo se referenció en un espacio nacional, sino que, además, se convirtió en un baluarte de la defensa de la identidad armenia, de una nación que se vio atravesada por luchas por su independencia a lo largo de buena parte del siglo xx.
En relación con lo anterior, se encuentra también la cuestión del momento de surgimiento de estas distintas instituciones. Si bien la fundación del Centro Gallego y la del Colegio Armenio Jrimián resultan prácticamente contemporáneas, el análisis de las circunstancias particulares de cada una de las colectividades en dicho momento los presenta como casos claramente diferenciados. Mientras que podemos atribuir la temprana creación del Centro Gallego a la importancia de la colectividad en el área de Avellaneda y Lanús desde fines del siglo xix, la instalación de los armenios y sus organizaciones en Valentín Alsina fue el producto de una coyuntura concreta que ocasionó una emigración forzada por acontecimientos políticos de carácter violento, a los que ya nos hemos referido. Valentín Alsina, por su parte, se transformó en una zona que, por hallarse cerca de otros núcleos de concentración de la población armenia y por las oportunidades de acceso a la propiedad barata, terminó por albergar un núcleo importante de armenios y comenzó a revestir un carácter de centro de referencia para la colectividad. Por su parte, la creación del Club Italiano Avellino se presenta mucho más tardía en relación con las dos entidades anteriores. Esto se debe a que, si bien el colectivo italiano resultó mayoritario en el área de Avellaneda y Lanús hasta el censo de 1914 (cuando fue sustituido por el español), esta institución en particular fue un claro producto de la reactivación de los flujos migratorios hacia la Argentina luego de la Segunda Guerra Mundial, en buena medida a través de mecanismos de “cadena migratoria”, que no solo favorecieron la concentración residencial sino también la inserción laboral y las iniciativas asociativas.
Finalmente, en cuanto a los objetivos de estas instituciones, en el caso del Centro Gallego, las metas iniciales combinaron el propósito mutual con el cultural. La primera cuestión pudo haber estado motivada por la falta de recursos sanitarios en la zona. Sin embargo, a lo largo de los años se observó una clara prevalencia de la finalidad cultural. A modo de hipótesis, podríamos sugerir que la existencia de otras entidades mutuales en la zona (de las que los socios podrían haber participado simultáneamente), la atención médica prestada por el Centro Gallego porteño en las áreas suburbanas y la posterior fusión (con la consecuente construcción de consultorios en Valentín Alsina) lograron satisfacer las necesidades sanitarias de la masa societaria. El Club Avellino, por su mismo surgimiento más tardío, nunca tuvo entre sus metas satisfacer las necesidades de sus socios en materia sanitaria. Tengamos en cuenta que en los años que mediaron entre la inauguración de una y otra institución se produjeron importantes progresos en la salud pública, especialmente a partir de 1943 y con la consolidación del peronismo, cuando se inició la construcción de nuevas agencias estatales que tomaron a su cargo las cuestiones vinculadas a la atención de la salud/enfermedad (Belmartino, 2007, pp. 392-393). Por el contrario, el Club Avellino se vio motivado por el afán de reunión, la existencia de una actividad laboral común, la práctica de deportes y las celebraciones vinculadas a la cultura italiana y las tradiciones del lugar de origen, con un fuerte peso de la cuestión religiosa. Por último, la escuela Jrimián se caracterizó por poseer un objetivo específico, común al conjunto de las instituciones educativas de la colectividad: transmitir la identidad cultural armenia y, especialmente, motivar el aprendizaje de la lengua. No obstante, sus funciones se hicieron más amplias en la medida en que articuló sus actividades con las de otras instituciones. Al igual que en el caso del Club Avellino, la importancia de la religión fue acentuada, considerada como otro elemento importante de la identidad nacional. En tanto baluarte de la causa armenia, Jrimián terminó por convertirse en el centro de la vida comunitaria, alrededor del cual surgieron y se desarrollaron otras instituciones a lo largo del tiempo.
Sin embargo, es preciso decir que todas las entidades analizadas tuvieron en común la transformación y adaptación de sus objetivos iniciales a lo largo del tiempo. En el caso del Centro Gallego, la fusión con otra entidad de la colectividad, de mayor envergadura, posibilitó el cumplimiento de las intenciones mutuales, cuyo desarrollo continúa hasta la actualidad. Por su parte, en los casos del Club Avellino y el colegio Jrimián, la apertura al conjunto de la comunidad local fue condición de posibilidad, no solo de su permanencia, sino también de su crecimiento continuo. En el primer caso, a través de la expansión de la oferta de actividades principalmente deportivas y, en el segundo, por medio de la aceptación de estudiantes no armenios.
Pero, para terminar, también resulta interesante evidenciar las diferencias entre estos emprendimientos y la mutual cosmopolita, con la intención de iluminar las características propias de uno y otro tipo de entidades, y su relación con la población inmigrante.
Una primera cuestión para tener en cuenta es la del origen de los socios. Como ya hemos visto, el reclutamiento de asociados en términos amplios, especialmente en lo que refiere a su lugar de nacimiento, fue una de las características particulares de las llamadas sociedades cosmopolitas y, en este sentido, también de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Valentín Alsina que nosotros hemos analizado. Por el contrario, en los otros casos que describimos, el origen particular de los socios resulta siempre un elemento de importancia. En el caso del Centro Gallego, lo fue inclusive durante el proceso de fusión con una institución de la misma colectividad, si tenemos en cuenta las resistencias que se generaron entre un grupo minoritario de los representantes en la Asamblea. En los casos del Colegio Armenio Jrimián y el Club Avellino, por su parte, el surgimiento de las entidades estuvo vinculado a un grupo de individuos atravesados por circunstancias muy particulares. En el primer caso, su condición de migrantes forzados como producto del genocidio perpetrado por el Imperio otomano. En el segundo, el de inmigrantes de una colectividad de larga data en la Argentina, pero provenientes de un espacio bien circunscripto de la sociedad de partida y en el singular contexto de recuperación de los flujos migratorios que sucedió a la Segunda Guerra Mundial.
Otro aspecto importante, el de los objetivos propuestos por cada institución, está íntimamente ligado a su momento de creación. En este sentido, no resulta extraño que, mientras la Sociedad Cosmopolita surgió y se mantuvo aglutinada en torno del objetivo mutual a lo largo del tiempo, las otras instituciones analizadas se propusieron objetivos diversos. El Centro Gallego, por ejemplo, solo concretó sus pretensiones mutuales cuando se fusionó con su homónimo porteño y durante su vida independiente terminó por privilegiar los objetivos culturales que también se había propuesto en ocasión de su fundación. Por su parte, el Colegio Armenio Jrimián surgió con una meta concreta en materia educativa, pero expandió sus pretensiones en materia de sociabilidad al articularse con otras entidades armenias. En el Club Avellino, finalmente, se destacó la oferta de actividades deportivas.
En definitiva, en todos los casos, hemos podido observar la evolución y los cambios acontecidos en estas entidades a lo largo del tiempo. La Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos se fusionó en la década de 1960 con la Sociedad Italiana Unione e Fratellanza de la localidad y, bajo esta forma, continúa con sus actividades, a pesar de que estas fueron sustituidas en buena medida por la acción del Estado y otras formas de atención de la salud. El resto de las entidades permanecen con mayor o menor vitalidad, sobre todo si logran abrir exitosamente sus actividades al resto de la comunidad, más allá de quienes comparten un origen nacional o regional común.
Una vez analizadas estas iniciativas asociativas, nos propondremos reducir nuevamente la escala de análisis y concentrarnos en un estudio del proceso migratorio y las alternativas de integración desde un punto de vista personal. A tal fin, en el último capítulo de este libro nos dedicaremos a observar y reflexionar sobre el caso de una familia emigrante italiana.
- Cabe mencionar, a modo de ejemplo, que el Hospital Interzonal General de Agudos Pedro Fiorito, primer establecimiento de salud del partido de Avellaneda, recién fue inaugurado en 1913 (Asociación Cooperadora del Hospital Fiorito, s. f.). Mientras tanto, los vecinos de la zona de Lanús habrían de esperar a los progresos observados en materia sanitaria durante las décadas posteriores, entre los que se destaca la inauguración en 1952 del Hospital Interzonal General de Agudos Evita(“El hospital Evita…”, s. f.).↵
- Pilar González Bernaldo (2013) se refirió a las críticas suscitadas entre los socialistas respecto de los socios “honorarios” y “protectores”. Aquellos consideraban que su existencia le daba un carácter tutelar al sistema mutualista (p. 169).↵
- Cabe señalar que Mabel Álvarez (2018) destaca la presencia femenina en una fotografía de la Comisión de Fiestas de 1929 aparecida en la revista social. Se trataba de un total de 32 mujeres sobre 58 miembros (p. 66).↵
- Al igual que en la ocasión anterior, fue omitida la categoría “Otros artesanos y operarios” y fueron incorporadas las categorías “Labores” y “Estudiantes”.↵
- Nacido en 1886, atravesó las experiencias de la emigración (al partir desde Vigo con sus padres en 1896 y permanecer en la Argentina hasta el año 1900) y el exilio, frente a la coyuntura de la caída de la república en manos del franquismo. Cuadro del Partido Galeguista, que dio forma institucional a la movilización política republicana-galleguista a uno y otro lado del Atlántico en los albores de la república, Castelao inició un periplo que lo condujo a la Unión Soviética, Norteamérica y Cuba, donde actuó como propagandista de la república. Finalmente, la imposibilidad de regresar a la Península lo detuvo en Nueva York, hasta que en 1940 arribaría a la Argentina. Aquí, se constituiría en líder indiscutido del galleguismo político organizado, en un periodo de intensos cambios y durante el cual su proyecto de unidad del colectivo galaico derivaría en un proceso del que no estuvieron ausentes los conflictos (Baramendi y Núñez Seixas, 1996, p. 175).↵
- Entre los temas tratados en la sesión de la Comisión Directiva del Centro Gallego de Buenos Aires, el día 30 de abril de 1947, se hizo mención a una invitación remitida por su homónimo de Valentín Alsina al señor presidente de la institución, con motivo de la celebración del 22.° aniversario de la fundación de la entidad del Gran Buenos Aires (“Sesión del 30 de Abril…”, 1947, p. 29).↵
- Datos obtenidos por gentileza de la Dra. Nélida Boulgourdjian.↵








