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Introducción

En el ensayo documental Adiós a la memoria (2020), Nicolás Prividera recupera la historia de su familia a través de imágenes y filmaciones de su infancia, en un trabajo de montaje que tiende a establecer un puente entre el período de la última dictadura cívico-militar argentina y el presente. Con el foco puesto a la vez en la enfermedad de Alzheimer sufrida por su padre y en las fisuras de la memoria colectiva, en un tramo del film el director-narrador se interroga acerca del comportamiento de una cierta parte de la sociedad que vivió recluida y “en piloto automático” después de 1976, tal como ocurrió con su padre antes de ir perdiendo la memoria. Cuando se pone en su lugar, trata de comprender las razones que lo llevaron a un paulatino aislamiento y lo interpreta como una respuesta ante un exterior hostil durante la dictadura; así como otros, más alejados de la política, pudieron haber optado por ignorar lo que estaba pasando, por comodidad, por desidia o simplemente por inercia. Sin embargo, propone a continuación que no todo fue represión o indiferencia, sino también, y quizás en mayor medida, “una complicidad subterránea o abierta”. Menciona, por caso, a sus abuelos, que reclamaban por el orden militar hasta que miembros de las Fuerzas Armadas secuestraron a su madre de la casa donde vivía. Es para reforzar esta idea que recurre al pensamiento de Gilles Deleuze y Félix Guattari, de quienes cita un conocido pasaje de El Anti Edipo (1973):

Incluso las formas más represivas y más mortíferas de la reproducción social son producidas por el deseo. Por eso, el problema fundamental de la filosofía política sigue siendo el que ya Spinoza supo plantear (y que Reich redescubrió): “¿Por qué combaten los hombres por su servidumbre como si se tratase de su salvación? ¿Por qué soportan los hombres desde hace siglos la explotación, la humillación, la esclavitud, hasta el punto de quererlas no sólo para los demás, sino también para sí mismos?” Cómo es posible que se llegue a gritar: ¡queremos más policía y menos pan! Nunca Reich fue mejor pensador que cuando rehúsa invocar un desconocimiento o una ilusión de las masas para explicar el fascismo, y cuando pide una explicación a partir del deseo, en términos de deseo: no, las masas no fueron engañadas, ellas desearon el fascismo en determinado momento, en determinadas circunstancias, y esto es lo que precisa explicación, esta perversión del deseo gregario.

Cuando retoma su propia voz, ya no se observan imágenes del pasado familiar, se sitúa en otra época. Transcurren los últimos meses de la gestión de Mauricio Macri (2015-2019) y Prividera muestra ahora fotografías de personas durmiendo a la intemperie, carteles vandalizados de la próxima campaña electoral y transeúntes que caminan indiferentes por las calles de la ciudad de Buenos Aires mientras confiesa la profunda decepción de tener que volver a discutir, tantos años después, el número de desaparecidos “con los que ayer decían que estaban paseando por Europa”.[1] También se lamenta por quienes, una vez más, han sido “ganados por el individualismo, la salvación del más fuerte y la admiración sin reserva por los ladrones”. Hace una pausa y remata con ironía: “sólo si son de guante blanco, claro”.

Argentina lleva 36 años de continuidad institucional pero las preguntas de Deleuze y Guattari resuenan en el presente que bosqueja el documental, abriendo nuevos interrogantes. Si hoy como ayer –para citar una vez más a su realizador– hay quienes viven la política como una intromisión en su pacífica vida familiar, ignorando todo lo que no sea su propia salvación, ¿cuál fue efectivamente el alcance –y los límites– del llamado “proceso de democratización” iniciado en 1983, tras la asunción presidencial de Raúl Alfonsín? ¿No debía comprender, además del Estado y sus instituciones, los diversos ámbitos de la vida colectiva, sustituyendo –como se argumentó en ese momento– el silencio, el miedo y la complicidad por la participación ciudadana?

En base a estos interrogantes, la presente investigación toma como punto de partida una interlocución crítica con los debates sobre la transición (Portantiero y de Ípola, 1984; entre otros) y post-transición (O’Donnell, 1994; entre otros) democráticas, dado que en el escenario postdictatorial emergieron como un intento de proponer ciertos horizontes frente a la encrucijada democrática del momento. Si bien es indudable que estos debates significaron un punto de inflexión fundamental en los procesos de institucionalización de la vida democrática, resulta importante señalar que ellos cargan también con algunas de los supuestos que darían, en cierto modo, vía libre a los procesos de cristalización neoliberal a partir de la década del noventa. Vale decir, en los primeros años de la transición democrática, profundizando una concepción tendiente a la negación de la condición agonal de la política[2] y limitando a esta última a una puesta en escena para la rutinización de los procedimientos más básicos de la democracia liberal. Durante la década del noventa, impulsando una desarticulación entre el espacio público y los asuntos de interés común, que quedaron en manos de técnicos y políticos profesionales.

Por otra parte, en ese marco es posible identificar ciertas huellas de un proceso de reconfiguración subjetiva que, de manera compleja pero cada vez más subordinado a la lógica de lo que Michel Foucault denominó gubernamentalidad neoliberal (2007), sentó las bases para la formación de una ciudadanía dispuesta a aceptar, ya sea en silencio o abiertamente, una serie de restricciones derivadas de la implementación de políticas económicas y sociales que en otro momento habrían encontrado una mayor resistencia. Durante la dictadura, estas huellas se evidenciaron en las prácticas de complicidad, silencio y aceptación de la violencia institucional. Posteriormente, tras los años de repolitización de la denominada “primavera democrática” (1983-1987), en el predominio de una ciudadanía caracterizada por la apatía, la desafección política y volcada hacia los intereses meramente individuales. Un perfil ciudadano que aparecía imponiéndose sobre otros que –como en el caso de algunos movimientos sociales, piqueteros y cierto sindicalismo– iban tejiendo lazos políticos en las acciones de resistencia.

Este derrotero encontraría cierto fin de ciclo en el escenario de repolitización despejado tras la crisis de representación del 2001. Sin embargo, aunque transformados, muchos de los rasgos propios del arte de gobierno neoliberal emergerían en los años posteriores en la forma de nuevas figuras subjetivas. Focalizando en estos desplazamientos, en un segundo momento, la investigación propone centrar la atención en dos episodios significativos de la etapa más reciente de la democracia argentina (2008-2019). Asumiendo que la democratización de la vida ciudadana ha sufrido avances y retrocesos desde la recuperación de la institucionalidad, el análisis de esos acontecimientos clave permite advertir la continuidad y profundización en las últimas décadas, de la producción de una forma de subjetividad social que, en tensa coexistencia con otras que operan en un sentido de construcción del ser-en-común, se manifiesta impregnada de un deseo de servidumbre.

El primero de ellos, cuyo estudio fue abordado en una investigación anterior (Schtivelband, 2016),[3] es el denominado “conflicto del campo” de 2008, que surgió como una protesta de los productores agropecuarios en contra de las retenciones a las exportaciones de granos impuestas durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015). En el marco de un complejo proceso de repolitización en la región,[4] que en la Argentina llegó a involucrar a sectores que, como se mencionó, hasta poco tiempo atrás se habían autoexcluido de la esfera pública, el conflicto desencadenó una serie de movilizaciones masivas a favor y en contra de la medida involucrando un amplio espectro social. Se trató de un escenario en el que, por un lado, un gran sector de tradición militante mostró su apoyo al gobierno de la Presidenta y, por otro, las entidades rurales, algunos partidos minoritarios y una porción de la clase media coincidieron en su rechazo a la medida de gobierno. En ese contexto, llamó particularmente la atención la manifestación de esa parte de los sectores medios urbanos que hasta ese momento no sólo se había mantenido completamente al margen sino que también había repudiado las protestas sociales de años anteriores. En esta ocasión, el conflicto por las retenciones móviles encontró en ese sector social un actor que, sin estar necesariamente identificado con una posición ideológica ni guiado por intereses particulares, al apoyar a las entidades agrarias en su búsqueda por obstaculizar las políticas fiscales del gobierno, mostró cierta implicación en los asuntos públicos, pero sobre todo expresó un rotundo rechazo a cualquier forma de intervencionismo estatal que supusiera formas más equitativas de redistribución. En dicha investigación se propuso denominar a ese actor sujeto neopolítico, aludiendo con el neologismo tanto a la novedad que implicó su incorporación a la esfera pública y su involucramiento en discusiones y controversias de carácter político, como a la persistencia, en la subjetividad de ese mismo sujeto, de disposiciones afectivas provenientes de una configuración de larga data –cristalizadas en una identidad de clase media con un fuerte componente antiperonista– sobre las cuales operaron durante la década del noventa modos de identificación y participación ciudadana configurados por la gubernamentalidad neoliberal. Ambos componentes –el antiperonista y el neoliberal– confluyeron en un denominador común que configuró la subjetividad de una parte de la clase media porteña,[5] para la cual la fantasía de una “vida buena” o una “sociedad justa” pasaría por la defensa y reivindicación de las libertades individuales por sobre la construcción de la comunidad, la preeminencia de la lógica del mercado y el rechazo de la acción del Estado en la regulación de la vida social y el odio hacia el otro en tanto amenaza de la propia existencia.

Ahora bien, la figura del sujeto neopolítico que se perfiló en el transcurso del conflicto por las retenciones móviles fue la manifestación más destacada –aunque no la única– de un movimiento de mutación subjetiva que, como se indicó más arriba, ya estaba en curso mucho antes. Es cierto, como también se ha dicho, que los procesos abiertos tras la crisis político-institucional de 2001 significaron la apertura de lo que Martín Plot (2008) dio en llamar un tiempo público” (2008) –en referencia a ese momento en que se dejan de lado las ocupaciones particulares–, durante el cual se evidenció cierto resquebrajamiento de la hegemonía neoliberal; sin embargo, en el transcurso del conflicto agropecuario, la emergencia del sujeto neopolítico no significó un liso y llano retorno a posiciones antipolíticas sino que mostró tanto una ampliación de la preocupación por los asuntos comunes como la persistencia e intensificación de disposiciones y tendencias preexistentes. Frente a otros momentos de la historia reciente, como había ocurrido durante el gobierno de Carlos Menem, por ejemplo, cuando las manifestaciones de apoyo a las políticas de ajuste se daban de manera tácita, y sólo eventualmente más explícita, la adhesión de los sectores medios a los reclamos de la dirigencia rural no sólo permitió observar la continuidad de una producción subjetiva basada en la interiorización –a través de distintos dispositivos[6] de rendimiento y goce (Laval y Dardot, 2017; Alemán 2016; entre otros)– del deseo de servidumbre, sino también su creciente exteriorización, manifestada en movilizaciones y actos masivos.

Si bien el modo de operar de la subjetividad neopolítica se ha reconocido privilegiadamente en un sector de la clase media, la continuidad y diseminación de dicha operatoria condujo a reinterrogarse acerca de sus alcances. En este sentido, en el presente trabajo la preocupación se dirige a identificar algunos de los rasgos que adquirió la referida mutación subjetiva en la escena política posterior. ¿Qué vínculos pueden establecerse entre la figura del sujeto neopolítico y el nuevo avance de la ofensiva neoliberal-conservadora encarnada en la Argentina por la Alianza Cambiemos? ¿Qué parecidos y qué desemejanzas existen entre la subjetividad que dio origen a la intervención de los sectores medios que adhirieron a las demandas de la dirigencia rural en 2008 y la que se expresó en el apoyo de una parte de la ciudadanía a Mauricio Macri, tanto en las elecciones presidenciales de 2015, cuyos resultados permitieron el regreso de un gobierno neoliberal en Argentina, como en los comicios legislativos de 2017?

Para avanzar en el esclarecimiento de estas cuestiones, se utilizó como segundo ejemplo de análisis la escena política surgida a raíz del conflicto por la fuerte alza en las tarifas de los servicios públicos esenciales dispuesta por el gobierno nacional en 2016. La medida formaba parte de una reforma al sistema de subsidios que recortó considerablemente las partidas presupuestarias del Estado destinadas a financiar parcialmente el costo de la luz, el gas y el agua. Ante el impacto en las facturas, muchos de los afectados participaron en marchas por todo el país y presentaron denuncias en los juzgados para tratar de frenar lo que se consideró un “tarifazo”. Sin embargo, también hubo sectores de la sociedad que, aún perjudicados por los aumentos excesivos, se pronunciaron con fervor a favor del gobierno. A diferencia de las intensas movilizaciones que se produjeron durante el conflicto de 2008, en esta ocasión las muestras de apoyo se manifestaron de forma más esporádica y principalmente a través de las redes sociales, en una coyuntura donde comenzaba a hacerse patente el viraje hacia un espacio público digital (Aruguete y Calvo, 2020). Lo que llamó la atención en este caso fue que quienes ofrecieron su respaldo a las medidas oficiales, a pesar de que les reportarían menores grados de bienestar, lo hicieron expresando una voluntad de sacrificio y una disposición sin precedentes para soportar las privaciones que exigía el plan de ajuste económico y social impulsado por la Alianza Cambiemos. Estas observaciones condujeron a pensar que a partir del conflicto por el tarifazo se habría asistido a la manifestación de huellas novedosas del proceso de reconfiguración subjetiva iniciado desde los tiempos de la dictadura.

En relación a lo expuesto, y en continuidad con las conclusiones aportadas en el trabajo previo, es posible delinear la hipótesis principal que guía esta investigación: en el marco de los procesos de neoliberalización a nivel global, la relación entre neoliberalismo y subjetividad adoptó diferentes características en los distintos escenarios políticos a lo largo de las últimas décadas. Así, en la escena política 2015-2019 de Argentina se asiste a la emergencia de una nueva forma de subjetividad caracterizada como neosacrificial.

Esta figura presenta, por un lado, la exacerbación y el desplazamiento de ciertos rasgos de la denominada subjetividad neopolítica. Aun manteniendo algunas de las disposiciones afectivas ligadas a la identificación antiperonista y la racionalidad neoliberal, en la coyuntura 2015-2019, la emergencia de la subjetividad neosacrificial presenta un desplazamiento de algunos de esos rasgos, desdibujando la voluntad de participación política de estos sectores que había caracterizado la escena del 2008.

Por otro lado, la nueva figura también hace referencia al abandono del discurso de la “buena vida”, que expresaba el deseo de un estado presente o futuro de disfrute, y su reemplazo por un discurso sacrificial en el que se acepta la frustración del propio disfrute (ya sin la promesa de una felicidad futura), siempre y cuando se impida el disfrute de los demás. Estos rasgos distintivos aparecen enlazados a la efervescencia de los discursos del odio y la legitimación de la desigualdad, tramitados tanto desde ámbitos gubernamentales como desde distintas esferas de la sociedad civil. En concreto, la subjetividad neosacrificial se inscribe en lo que puede denominarse nuevas formas de servidumbre voluntaria.

Tras estas consideraciones, cabe añadir que el presente trabajo se propone aportar elementos de análisis sobre la relación entre neoliberalismo y subjetividad para contribuir al diagnóstico de la democracia argentina y latinoamericana en el marco de la ofensiva neoliberal-conservadora (véase Capítulo 5, Apartado 1) que se desplegó en la región en los últimos años. Más precisamente, se pretende dar cuenta de la reconfiguración que el neoliberalismo ha producido en las subjetividades, focalizando particularmente en la forma en que se vincula el surgimiento del sujeto neopolítico en el marco del conflicto agropecuario de 2008 con las disposiciones subjetivas puestas en juego en la escena política 2015-2019. Ligado a ello, finalmente se procura profundizar en las contribuciones del psicoanálisis a la teoría política contemporánea con vistas a examinar su capacidad explicativa a la hora de dar cuenta de la reconfiguración que el neoliberalismo ha producido en las subjetividades.

Finalmente, se impone alguna aclaración sobre la óptica y el alcance de estas últimas consideraciones. La preocupación por reconocer ciertos derroteros de una subjetividad tendiente a la subordinación al arte de gobierno neoliberal, cuya emergencia en el caso de la Argentina se rastrea tempranamente en relación con el proyecto de la última dictadura militar, no pierde de vista las continuidades que pueden plantearse con ciertas lógicas que fueron generándose y replicándose a nivel global. Pero, al mismo tiempo, la interrogación desde el andamiaje psicoanalítico pretende aportar respuestas que hurguen en ciertas condiciones psíquicas que operan como una suerte de sustrato (la división estructural del sujeto) que se moldea en un sentido epocal, en un ordenamiento histórico-político. Dicho esto, puede afirmarse que antes que una suerte de universalidad transhistórica, la subjetividad neosacrificial se entiende como aquella en la que los rasgos propios de una propensión a la servidumbre voluntaria se expande a partir de la ética social de la empresa propia de la gubernamentalidad neoliberal de un modo especialmente potente. A diferencia de otras subjetividades que operan en un sentido de construcción del ser-en-común, es una subjetividad gobernada por una lógica individualista de sumisión. No obstante, reconocer predominancias no supone que las figuras subjetivas deban interpretarse en un sentido puro. En buena medida, son atravesadas por condiciones históricas y coyunturales que explican las distancias pero también las continuidades entre configuraciones subjetivas en disputa. En el mismo sentido, la caracterización de la figura neosacrificial no pretende comprender todas las subjetividades configuradas en relación con la razón neoliberal. Por el contrario, esa racionalidad se despliega en una dinámica múltiple (Gago, 2014), dando forma a subjetividades muy diversas. Bajo esta premisa, la figura del sujeto neosacrificial se propone como clave interpretativa para comprender una problemática compleja de alcance mayor ligada a los desafíos y obstáculos que afronta la democracia contemporánea.

Estado actual del conocimiento sobre la relación entre subjetividad y política

Entre los principales antecedentes de la investigación se encuentra una serie de producciones que, desde las Ciencias Sociales, analizaron las transformaciones que el neoliberalismo implicó a nivel global y latinoamericano. En primer lugar, se pueden señalar los trabajos que consideran al neoliberalismo principalmente como una doctrina anti-estatista o un programa de políticas públicas que modifican la estructura económica causando el debilitamiento del Estado y consagran al mercado como principio de regulación privilegiado. El foco de estos estudios se dirige tanto a la comprensión de esos procesos de reforma durante los años ochenta y noventa como a la evaluación de las consecuencias económicas, sociales, políticas y subjetivas que la llegada de la neoliberalización produjo en las últimas décadas (Duménil y Lévy, 2010; Gudynas, 2009; Harvey, 2005; Laval y Dardot, 2017; Petras y Veltmeyer, 2003; Puello Socarras, 2013; Svampa, 2013). Pese a lo valioso de estos aportes, un conjunto de autores ha señalado la poca atención prestada a la especificidad del neoliberalismo con relación al liberalismo precedente, planteando la necesidad de dirigir el análisis hacia el modo como se estructura el capitalismo contemporáneo en función de otras transformaciones sociales más recientes (Secchi, 2016; Wegelin, 2017).

En esa perspectiva, se ubican –en segundo lugar– los trabajos que, basándose en los estudios de Foucault (2007; 2008) sobre la gubernamentalidad liberal y neoliberal, caracterizan al neoliberalismo no sólo como un conjunto de políticas de Estado sino, en un plano mucho más general, como un modo de gobierno del comportamiento humano que opera de manera capilar creando normatividades, prácticas y discursos que dan forma a un nuevo tipo de “racionalidad” dominante (Brown, 2010; Harvey, 2005; Laval y Dardot, 2017; entre otros).[7] Así, un aspecto central de este enfoque recae en explorar la relación entre neoliberalismo y modos de subjetivación. Bajo el supuesto de que el neoliberalismo pretende construir un nuevo tipo de sujeto, sometido a las nuevas condiciones del capitalismo y expuesto a una competencia constante, una vasta producción bibliográfica analiza los actuales dispositivos de producción de la subjetividad –de rendimiento y de goce (Laval y Dardot, 2017; Alemán 2016), de felicidad (Ahmed, 2019; Sztulwark, 2019a), entre otros– y las figuras subjetivas que la gubernamentalidad neoliberal produce, como el “empresario de sí mismo” (Foucault, 2007; 2008; Laval y Dardot, 2017), el sujeto “desesperado” (Caletti, 2011), “endeudado” (Lazzarato, 2013), “inmunizado” (Espósito, 2005), etc.

Particularmente en lo que respecta a la situación argentina, se puede destacar algunas producciones que abordan el vínculo entre subjetividad y neoliberalismo en clave de colonización de los procesos de subjetivación (Murillo, 2008); estudios que señalan como determinante el papel que ocupan las corporaciones mediáticas en la tarea de allanar el terreno de la subjetividad social (Forster, 2016; Merlín, 2017; 2020); análisis que se centran en los modos que adquiere la racionalidad neoliberal en los sectores subalternos (Gago, 2014); publicaciones que evalúan la incidencia de procesos de más largo alcance, enfocándose en diferentes planos como el político, el estético o el social (Adamovsky, 2009; 2010; Canelo, 2019; Romé, 2018; Schwarzböck, 2015; Vommaro, Morresi y Bellotti, 2015; Vommaro, 2017; entre otros).

Avanzando en la hipótesis de una nueva racionalidad neoliberal definida como el despliegue de una lógica normativa generalizada que vincula desde el Estado hasta los mecanismos más íntimos de la subjetividad, algunos de esos abordajes sostienen que en la actualidad la soberanía del sujeto se ve comprometida de manera radical (Berardi, 2007; Brown, 2010; Hardt y Negri, 2005), enfatizando en ciertos casos una mirada nihilista, que acaba obturando todo horizonte político (Chul-Han, 2014). En contraste, otra serie de trabajos plantean que sostener la hipótesis de una apropiación absoluta de la subjetividad constituye un escenario apocalíptico para la democracia, para la política y para el sujeto. Defienden, en cambio, la premisa de la autonomía relativa de la política basándose, por ejemplo, en el estudio de la fluctuante y compleja relación de la figura de la ciudadanía en diferentes momentos de la historia del capitalismo. Desde esta perspectiva, el neoliberalismo no es considerado como una racionalidad coherente y consistente sino más bien como un entramado de sentidos que se articula en los sujetos de manera contradictoria (Balibar, 2013; 2017; Wegelin, 2017). De esta manera, junto a los dispositivos neoliberales de creación y captura de la subjetividad, es posible distinguir “formas de vida” (Sztulwark, 2019a) o modalizaciones ciudadanas instituyentes (Guindi, 2021) que supondrían una cierta incompatibilidad sensible con los imperativos de adecuación a la racionalidad dominante.

En una línea cercana, un tercer conjunto de estudios incorpora otros elementos de análisis, particularmente las conceptualizaciones provenientes del psicoanálisis (Freud, 1976; 1976; 1976; 1979; Lacan, 1975). Por un lado, profundizan en la comprensión de los procesos de configuración de la subjetividad en el marco de la sociedad neoliberal a partir del análisis de fenómenos como el “neorracismo” (Balibar, 1991; 2014; 2016). Por el otro, confrontan con quienes sostienen que se puede producir enteramente al sujeto afirmando que hay ciertos elementos en la propia constitución estructural de la subjetividad de las personas que ningún orden político-histórico puede integrar al menos en forma total y definitiva. Así, abonan la idea de que el sujeto puede lograr separarse del discurso que lo ha constituido como tal y, por esta vía, subvertir las identificaciones que lo dominan y fijan al dispositivo de goce (Alemán, 2012; 2014; 2016; Merlín, 2017). Destacan además el rol decisivo que desempeñan los afectos, las emociones y las pasiones en la constitución subjetiva (Laclau, 2005; Mouffe, 2018; Stavrakakis, 2010) y sostienen la posibilidad de que mediante prácticas discursivas/afectivas puedan debilitarse los afectos comunes que sostienen la hegemonía neoliberal y así generar las condiciones necesarias para crear una hegemonía diferente (Mouffe, 2018).

Como se verá a lo largo de su desarrollo, la presente investigación se sustenta, con mayor o menor lejanía, en varios de los estudios hasta acá expuestos. En primer lugar, el trabajo adopta la mirada foucaultiana que permite dar cuenta de la complejidad y multidimensionalidad del fenómeno neoliberal. En este marco, se parte de los diagnósticos y perspectivas acerca de los procesos de des-democratización (Brown, 2010) y moralización de la política (Mouffe, 2007); el fenómeno del “odio a la democracia” (Rancière, 2007), la elección de la desigualdad (Dubet, 2015), el “neorracismo” (Balibar, 1991; Miller, 2010; Žižek, 2007) y las nuevas formas de servidumbre voluntaria (Alemán, 2014; 2016). Por otra parte, se asumen los supuestos de las denominadas teorías postestructuralistas y postmarxistas (Laclau y Mouffe, 1987) que sostienen tanto la insuficiencia de las miradas esencialistas como las críticas al racionalismo. En este sentido, la propuesta laclausiana que pone en juego su concepción de lo social como discursivo permite analizar la constitución de sujetos políticos a partir de los conceptos de “hegemonía”, “articulación” y “afecto” (Laclau y Mouffe, 1987; Laclau, 2005). También se incorpora al análisis los aportes de autores como Alemán (2012; 2014; 2016), Braunstein (2010); Laclau (2005), Miller (2010); Mouffe (2007; 2018), Stavrakakis (2019), Žižek (1992; 1993; 2007), que recuperan herramientas provenientes del psicoanálisis para la comprensión de la configuración de la subjetividad en el marco de la teoría política contemporánea (centralmente las categorías de “sujeto de la falta”, “identidad”, “identificación”, “deseo”, “goce” y “robo de goce”, para pensar la relación entre política y afecto). Por último, este trabajo se basa en la asunción de que estas categorías psicoanalíticas no sólo permiten explicar la inercia o contención de los dinamismos de lo social, sino también la transformación y la acción política (Alemán, 2012; 2014; 2016). Situada en el marco de estas discusiones, la presente investigación apunta a dar cuenta de la singularidad de las configuraciones subjetivas en la política vernácula actual. Una tarea que procura reformular críticamente ciertas antinomias poco conducentes entre la historicidad de las configuraciones subjetivas y la posible universalización de ciertos aspectos que persisten en las distintas expresiones epocales.

Enfoque y modo de abordaje

Este trabajo se enmarca en una perspectiva comunicacional,[8] asumiendo los estudios de dicho campo en términos transdisciplinarios. La transdisciplinariedad alude no a la dilución ni a la mera convergencia de disciplinas –al estilo pluri o multidisciplinario–; propone un abordaje transversal que interroga a los fenómenos sociales en sus distintos niveles de complejidad. Como sostiene Fernando Almarza Rísquez (2006) –siguiendo a Edgard Morin y Basarab Nicolescu, entre otros:

La acción Transdisciplinar se manifiesta y produce interactiva y complementariamente entre, a través y más allá de disciplinariedad, simultáneamente en distintos niveles de Realidad, integrando y complementando conocimientos de todas en favor de una comprensión del mundo en los términos en que actualmente se problematiza, y teniendo como meta el compartimiento de un nuevo lenguaje y una nueva lógica conceptual producto del flujo de la nueva información resultante, que permita el diálogo real e integrador entre especialistas de diversos campos y disciplinas de conocimiento. (Almarza Rísquez, 2006: p. 2).

Desde este punto de vista, el campo comunicacional no sólo permite nutrirse de los aportes de otras disciplinas, sino además, pone el foco en el nivel que atañe a la dimensión significante de diferentes fenómenos sociales, lo cual implica una lectura de los procesos políticos en clave de circulación de significaciones sociales. Este enfoque, que epistemológicamente se fundamenta en el giro lingüístico de la filosofía analítica (Rorty, 1998), asume la opacidad del lenguaje (no hay un acceso inmediato al ser de las cosas) y concibe a la producción de sentido como una de las dimensiones fundamentales de la vida social. De este modo, la superficie del discurso no aparece como un telón que guarda sentidos ocultos y verdades últimas sino que es el lugar de manifestación de las significaciones que constituyen la realidad social (Angenot, 1989; Foucault, 1973; 1985; Laclau, 1995; Žižek, 1992).

En cuanto a las decisiones específicas concernientes a esta investigación, la mencionada preocupación por el proceso de mutación subjetiva obligó a realizar una revisión extensa de la literatura proveniente de corrientes de pensamiento y tradiciones teóricas diversas respecto a la relación entre subjetividad y política, procurando establecer los alcances y limitaciones de cada una de ellas. Asimismo, se llevó a cabo una sistematización de las principales contribuciones del psicoanálisis para la comprensión de la configuración de la subjetividad en el marco de la teoría política contemporánea (Laclau, 2005; Mouffe, 2007; 2018, Alemán, 2012; 2014; 2016; Žižek, 1992; 2007; Stavrakakis, 2010; entre otros). Esta tarea no pasa por alto las distancias entre las mencionadas perspectivas. Por el contrario, reconociendo y señalando las divergencias, propone nutrirse de dicha pluralidad para iluminar distintas zonas del problema, procurando generar puentes y enlazamientos tendientes a sortear esas distancias.

Por otro lado, se procedió a la revisión de ciertos artículos que, tanto por el peso que fueron cobrando sus autores (Juan Carlos Portantiero, Emilio de Ípola, Albert Hirschman, Daniel Lutzky) como por la relevancia de las revistas donde fueron publicadas (Punto de Vista, La Ciudad Futura, Crítica & Utopía), tuvieron particular impacto en la escena política de la coyuntura. Se trata de textos paradigmáticos que marcaron cierto rumbo en lo que respecta a las formulaciones teórico-políticas de la época y en torno de los cuales se cristalizaron ciertos usos conceptuales[9] (entre ellos con particular énfasis la noción misma de democracia), que vertebraron la teoría de la transición. En vinculación con ello, se complementó el trabajo de indagación a partir de la puesta en relación con otras producciones más recientes que comentaron críticamente las publicaciones previas. Esta vía permitió reconstruir una parte importante del debate político-intelectual de los años ochenta, así como individualizar algunos de los ejes sobre los que giraron las reflexiones suscitadas en relación con la transición y postransición democrática en años posteriores. El análisis se centró en la identificación de ciertos elementos presentes en esta materialidad (supuestos, cosmovisiones, lugares comunes, etc.), que permitieron dar cuenta de los límites de lo decible y pensable (Angenot, 1989) acerca del proceso de reconfiguración subjetiva en ese momento histórico. Esto resultó fundamental para iluminar no sólo los obstáculos que tuvo el modelo de la transición para promover la constitución de una ciudadanía más activa, crítica y participativa, sino también las dificultades que tuvieron los académicos e intelectuales que participaron en esos debates para reconocer la presencia de actitudes que no sólo implicaban una mera aceptación pasiva de los efectos perniciosos de las políticas de ajuste y austeridad sino que, en muchos casos, también resultaban expresión de posiciones que paulatinamente establecieron una relación más estrecha con el orden neoliberal.

Para arrojar nueva luz sobre esta última cuestión, se recuperaron los resultados del trabajo previo, en el cual se había abordado el análisis de los discursos en torno del conflicto por las retenciones móviles, indagando particularmente en las motivaciones de los ciudadanos que tomaron partido por “el campo”. En aquella ocasión, se recolectaron testimonios utilizando técnicas etnográficas: se llevaron a cabo y analizaron treinta entrevistas semiestructuradas a personas que se autopercibieron como pertenecientes a los sectores medios urbanos de la Ciudad de Buenos Aires y que manifestaron haber apoyado o participado activamente en los reclamos de la dirigencia rural durante el conflicto. Aunque las entrevistas no arrojaron conclusiones definitivas, resultaron valiosas para obtener información relevante y echar luz sobre el fenómeno en cuestión. Se exploraron diversos temas, como la narración de los acontecimientos del conflicto (ya sea vividos directamente a través de la participación en marchas y actos, o a través de los medios de comunicación), las emociones que despertó el conflicto, las razones por las que el tema cobró tanta importancia, la reflexión del entrevistado acerca de las causas del conflicto, el consumo de medios (a través de qué medios siguieron el conflicto), la construcción del “nosotros/otros” (juegos de miradas, autopercepciones, etc.), la relación entre el conflicto y las condiciones de vida de los entrevistados (cómo afectó el conflicto a su ocupación o profesión, qué impacto tuvo en su vida cotidiana), las virtudes que se atribuyeron a los actores respetados (dirigentes agrarios, legisladores, gobernadores, etc.) y los mayores defectos de los actores criticados (presidenta, gobierno, piqueteros, políticos).

A partir de herramientas propias del análisis discursivo (Angenot, 1989; Laclau, 1995; Žižek, 1992), se indagaron algunos elementos indicativos tales como el uso de ciertas palabras o frases con carga emocional, la repetición de ciertos términos, la selección de ciertas imágenes o metáforas, entre otros, que acompañaron los actos enunciativos (y que no necesariamente estuvieron gobernados por el enunciador), lo cual permitió echar luz sobre dos aspectos distintos pero estrechamente relacionados. En primer lugar, sobre las disposiciones que permitieron el involucramiento de aquellos sectores que hasta poco tiempo atrás se habían autoexcluido de la esfera pública o que se habían sentido ajenos a las historias y memorias colectivas de lucha. Al respecto, se rastrearon algunas de las huellas que, tras el 2001, la crisis del neoliberalismo dejó en la subjetividad de los entrevistados (tanto la posible incidencia de las transformaciones propias del nuevo momento político como de la dislocación de la estructura simbólica y la desestabilización de las identificaciones que sostenían la identidad de los ciudadanos como “empresarios de sí mismos”), las cuales permitieron iluminar algunos de los resortes internos que se pusieron en juego en su actuación durante el conflicto. Por otra parte, se encontró que estas marcas aparecían frecuentemente imbricadas de manera ambivalente con la exteriorización de ciertas disposiciones afectivas provenientes de una configuración de larga data.

Los rastros de la persistencia de esas disposiciones resultaron ser un factor fundamental para explicar el proceso de identificación que condujo –en segundo término– a la constitución de una identidad colectiva en torno de las demandas del agro. En relación con este último aspecto, se identificaron además algunas huellas de lo que podría llamarse el discurso “pro-campo” o “anti-gobierno nacional”, las cuales permitieron dar cuenta de dos mecanismos ideológicos complementarios: por un lado, el que produjo el efecto de creencia ideológica en los argumentos de los productores rurales y el efecto interconexo de subjetivación, de reconocimiento de la propia posición ideológica; por el otro, el que operó sobre la dimensión afectiva de los entrevistados, reintegrando cierto goce en la forma de una fantasía ideológica. En base a estas indagaciones y para aportar a la inteligibilidad del fenómeno en cuestión, resultó operativo acuñar la categoría de subjetividad neopolítica.

Desde el mismo enfoque teórico-metodológico, en el abordaje del segundo caso (la escena política 2015-2019) se sostuvieron varias de las mencionadas tareas aunque incorporando algunas variaciones en virtud de la coyuntura específica. En esta ocasión, se puso el foco en la incidencia de la formación discursiva neoliberal en las disposiciones afectivas que operaron en la subjetividad de quienes, aún afectados por el alza de las tarifas y la inflación, siguieron apoyando al gobierno de la Alianza Cambiemos en sus políticas económicas. En tal sentido, se procedió a la elaboración de una base documental compuesta por un conjunto de materiales heterogéneos (intervenciones públicas de políticos y funcionarios, producciones periodísticas, notas de opinión, entre otros) a partir de los cuales se realizó el análisis de los tópicos centrales de la discursividad neoliberal entre los años 2015 y 2019. Se rastrearon y expusieron ciertos temas recurrentes y lugares comunes (invocación al mérito y el esfuerzo individual, apelación al sacrificio y a la austeridad, la construcción del otro como objeto del odio, etc.) con el propósito de identificar no sólo el sentido (que puede ser objeto de interpretaciones antagónicas), sino fundamentalmente “los encantos” (Angenot, 1989) –una eficacia más afectiva que informativa o comunicacional–, que hicieron posible la aceptabilidad de dichos elementos.

En vinculación con la tarea previa, seguidamente se elaboró un corpus con muestras de opiniones y comentarios de ciudadanos adherentes al gobierno de Macri (mensajes y publicaciones provenientes de redes sociales, testimonios obtenidos por diferentes medios de comunicación tanto en la vía pública como en actos de apoyo a la gestión de la Alianza Cambiemos) indagando en los mecanismos que en la web facilitan dinámicas de activismo social y construcción de comunidad política pero también “favorecen la propagación de conflicto y polarización” (Calvo y Aruguete, 2020: p. 6). A partir del rastreo de ciertas frases y/o palabras claves vinculadas a los temas recurrentes observados en la instancia previa que apuntó a la identificación de ciertas regularidades (Foucault, 1973; 1985; Angenot, 1989), el análisis permitió detectar una serie de expresiones del orden de lo afectivo (identificaciones con un ideal segregativo, síntomas de gozar la insatisfacción, odio al modo particular que el otro tiene de gozar, etc.), las cuales contribuyeron a arrojar luz sobre el proceso de exacerbación y transfiguración de los rasgos característicos de la subjetividad neopolítica que llevaron a la emergencia de lo que aquí se llama el sujeto neosacrificial. En este caso, el énfasis en adoptar un abordaje capaz de articular intervenciones de orden mediático y virtual respondió a la preeminencia que, a diferencia de la coyuntura del 2008, presentaron los intercambios y expresiones por medio de esas vías. Esta decisión se sustenta en el diagnóstico de un creciente protagonismo de la cultura de la convergencia (Jenkins, 2008)[10] caracterizada, entre otras cuestiones, por la tendencia a una transversalización de sentidos dispersos en dinámicas complejas en las que las intervenciones de los usuarios también participan en la configuración del espacio público.

Una vez establecida la metodología de trabajo, cabe realizar una serie de aclaraciones. En primer lugar, señalar que la decisión de focalizar en estas dos coyunturas críticas no obedeció a la necesidad de dar cuenta de los hechos tal como sucedieron en su facticidad empírica, sino porque ofrecían una vía productiva para avanzar en la inteligibilidad de un proceso histórico-problemático más amplio. En este sentido, tanto el conflicto agropecuario de 2008 como la escena política 2015-2019 pueden interpretarse como la emergencia de un “tiempo público” de acuerdo con la propuesta previamente mencionada de Plot (2008).

En segundo lugar, la decisión de adscribir a categorías psicoanalíticas no supone solamente una búsqueda de explicación de la pasividad de los sujetos o la contención de los dinamismos internos de la sociedad. En este sentido, es destacable el camino abierto por algunos autores de esta corriente (Laclau, 2005; Mouffe, 2007; 2018, Alemán, 2012; 2014; 2016; Žižek, 1992; 2007; Stavrakakis, 2010; entre otros), quienes en los últimos años se han apoyado en los desarrollos conceptuales aportados por Sigmund Freud y Jacques Lacan para pensar la transformación y la acción política. En continuidad con esos esfuerzos, este trabajo apela a ciertos aportes psicoanalíticos como una vía para visualizar el papel que juegan la afectividad y las emociones en la transformación de las identidades políticas. Es decir, cómo los procesos políticos y económicos dominantes, que frecuentemente obturan el surgimiento de subjetividades potencialmente transformadoras, a veces chocan con motivaciones profundas que están más allá de la voluntad y la razón de los sujetos. Al respecto, como complemento de los corpus mencionados más arriba, se conformó una serie heterogénea de producciones artístico-culturales (fragmentos de novelas, viñetas satírico-políticas, memes, GIFs) a partir de las cuales se indagó acerca del modo en que dichas producciones, en la medida en que son capaces de operar en un registro afectivo (Mouffe, 2014; 2018), podrían contribuir con procesos de desidentificación y construcción de nuevas formas de subjetividad crítica. Cabe aclarar que, si bien puede pensarse en cierta especificidad con la que operan los distintos materiales lingüísticos y visuales,[11] las imágenes no son leídas en ajenidad a las palabras dado que, como afirma André Gunthert (2020), “[l]as imágenes existen en composición con textos y con otros elementos, son formas híbridas como también lo es el lenguaje” (s/p.)[12]. Desde esta mirada, las piezas de humor en sus distintos formatos aluden a esa composición aunque, a diferencia de las de humor gráfico clásico, las intervenciones propias de las plataformas digitales (tales como memes y GIFs) contienen ciertos rasgos específicos en virtud de la posibilidad que brindan a los usuarios de producirlos y de su capacidad de propagación.[13] Estas intervenciones digitales son un distintivo de esta época en tanto tiene una incidencia clave en la actual dinámica de las plataformas digitales, espacialidad privilegiada del actual despliegue de los debates públicos (Srnicek, 2018).

Organización del trabajo

El trabajo está organizado en tres partes, las dos primeras integradas por dos capítulos cada una y la última por tres. La primera parte trata sobre el proceso de reconfiguración subjetiva posterior a la dictadura cívico-militar. En el Capítulo 1 se reconstruye críticamente algunos de los ejes en torno a los cuales giró el debate político-intelectual una vez iniciada la democracia en 1983. A partir del trabajo de archivo realizado, se identificaron los aspectos positivos pero también las limitaciones y los obstáculos que tuvo el modelo de la transición democrática para fortalecer la articulación entre el espacio público y la política restablecida durante el período conocido como la “primavera democrática”, que expresó el rechazo a la dictadura militar que recién había terminado y la identificación con una nueva actitud política. Se muestra cómo, entre otros factores, la primacía asignada al aspecto procedimental de la democracia sobre el aspecto sustantivo, el énfasis en la racionalidad política y la búsqueda de consensos, la recuperación de la noción de “pacto” como regulador de las “pasiones políticas”, en lugar de favorecer el reforzamiento de la sociedad civil, no lograron constituir una barrera contra las nuevas formas de servidumbre voluntaria que sobrevendrían en los años siguientes.

El Capítulo 2 analiza la cristalización de la subjetividad neoliberal en los años noventa. A partir de la reposición del debate académico en torno a la postransición y consolidación democrática, se pone el foco en lo que muchos intelectuales y académicos coincidieron en señalar como un fenómeno “anómalo” a explicar: el inesperado consenso, pasivo o activo, de gran parte de la ciudadanía a las reformas y ajustes pro-mercado implementados por el gobierno de Menem. Lo que se pretende mostrar es que la disposición social no sólo a tolerar sino también a apoyar de manera más o menos encubierta u ostensible las políticas de sometimiento al capital, no tuvo su génesis en ese momento histórico-político sino que se remonta a la época dictatorial, aunque cobró un mayor y decisivo impulso durante los años del menemismo. En función de estas premisas, se focaliza en las fuertes conexiones entre el despliegue del arte de gobierno neoliberal y los rasgos predominantes que adquirió la ciudadanía durante la década del noventa. En particular, se analizan las consecuencias derivadas de la desarticulación entre lo político y lo público, proceso que permite comprender la profundización de la tendencia ciudadana a caer en la apatía y la indiferencia hacia la política pero también, como contracara, las cada vez más entusiastas adhesiones a las reformas neoliberales.

La segunda parte del trabajo recupera los principales resultados obtenidos en la tesis de maestría, donde se estudió la emergencia del sujeto neopolítico. El Capítulo 3 busca conectar algunos interrogantes acerca del proceso de reconfiguración subjetiva objeto de la indagación, con el particular momento de reactivación de la política que, de manera compleja y heterogénea, sirvió de marco para la constitución de la nueva subjetividad y las formas de intervención que se pusieron en escena. Para ello, se propone una lectura histórico-política de ciertas condiciones que posibilitaron la emergencia del conflicto del 2008. Se indaga el rumbo que fue tomando la relación entre neoliberalismo y subjetividad desde la década de los noventa hasta el escenario en el que se produjo el conflicto por las retenciones móviles. De modo que la preocupación central consiste en visualizar tanto los puntos de inflexión –el retorno de la política– como las persistencias –del discurso neoliberal– entre uno y otro momento.

El Capítulo 4 centra la atención en las condiciones que posibilitaron los procesos de identificación colectiva durante el conflicto agropecuario de 2008, en particular el que propició la adhesión de una parte de la clase media al reclamo de la dirigencia rural. Por un lado, se desarrollan las categorías teóricas a partir de las cuales se propone iluminar el papel central jugado por la dimensión afectiva en la configuración de la subjetividad neopolítica. Por otro lado, se expone el trabajo realizado a partir de las entrevistas, que permite dar cuenta tanto de las disposiciones que posibilitaron que una parte importante de los sectores medios urbanos –hasta hacía poco autoexcluidos de la escena pública–, se haya interesado e involucrado en el conflicto, como de las que permitieron la adhesión de esos sectores –que no tenían intereses económicos o de otro tipo con “el campo”–, a las demandas de los productores agropecuarios durante el conflicto por las retenciones móviles.

La tercera parte está dedicada a examinar la fase más reciente del proceso de mutación subjetiva que, en el contexto de la renovada embestida neoliberal que sufrió la Argentina tras el conflicto de 2008, significó lo que en esta tesis se ha interpretado como el tránsito del sujeto neopolítico al sujeto neosacrificial. Tomando nota del surgimiento de nuevas formas de servidumbre voluntaria basadas en el sacrificio y el sufrimiento, el Capítulo 5 retoma uno de las interrogantes planteadas tras las elecciones presidenciales de 2015 por analistas y académicos sobre los factores que hicieron posible la victoria de la Alianza Cambiemos: ¿cómo se explica que una parte de la ciudadanía, luego de una década de puesta en marcha de ciertos principios tendientes a la igualdad, se haya inclinado por un candidato ideológicamente cercano al neoliberalismo y haya decidido renovarle su apoyo una vez en el gobierno a pesar de verse afectada por las políticas de ajuste implementadas? Para esclarecer esta cuestión se propone una revisión del problema de la servidumbre voluntaria, desde la formulación original de Étienne de La Boétie en 1549 hasta los planteamientos más recientes que, desligando la palabra voluntad de la definición tradicional, propia del racionalismo ilustrado, se interrogan por el apoyo social al modelo neoliberal y la aceptación cada vez más abierta de las consecuencias producidas por las políticas de ajuste estructural.

El capítulo 6 se centra en los nuevos discursos de servidumbre voluntaria que surgieron de la mano del proceso de recomposición del precio de los servicios públicos y otras políticas de corte neoliberal implementadas en Argentina durante el gobierno de Mauricio Macri. Resaltando el rol cumplido por los medios digitales como nuevas tecnologías de difusión e intercambio de información, especialmente en lo que se refiere a la propagación de fake news y posverdad, se analiza el discurso de austeridad promovido por el gobierno nacional y (re)producido en medios de comunicación y redes sociales.

En el Capítulo 7 se aborda la constitución de la figura del sujeto neosacrificial. Se expone el análisis del corpus de testimonios que permite dar cuenta de las disposiciones que posibilitaron que una parte de la sociedad brindara su apoyo a las medidas oficiales a pesar de que traerían consigo menores niveles de bienestar. Se muestra cómo el odio por el otro y la disposición a sacrificarse a condición de impedir el disfrute de los demás fueron las características distintivas de la nueva subjetividad emergente. Por último, se presenta el trabajo realizado a partir del corpus complementario con vistas a identificar las condiciones que permitirían una eventual desestabilización de las identificaciones neosacrificiales.

El trabajo cierra con un capítulo de conclusiones donde se propone una recapitulación que vertebra las tres partes de la investigación. El énfasis está puesto en subrayar las continuidades o los denominadores comunes entre las diferentes etapas del proceso de reconfiguración subjetiva que se inició con la última dictadura cívico-militar, se acentuó en la década de los noventa y tuvo su expresión más evidente en el marco de la ofensiva neoliberal-conservadora que viene desarrollándose en Argentina desde, al menos, 2008 a la fecha. Finalmente, se abren ciertos interrogantes que prefiguran algunas líneas de investigación futura.


  1. Hace referencia a los discursos negacionistas que en parte proliferaron en las filas de la gestión del Gobierno de Macri pero que también comenzaron a tener eco en cierta parte de la sociedad. Véase, por ejemplo: https://www.lanacion.com.ar/politica/dario-loperfido-sobre-los-desaparecidos-yo-abri- la-tranquera-para-que-se-discuta-el-tema-nid1982938/.
  2. Uno de los supuestos básicos de este trabajo sugiere que para poder analizar los fenómenos de la política en las sociedades democráticas contemporáneas no alcanza con abordar el estudio de las luchas de poder en torno de las instituciones del Estado o las maneras que este tiene para determinar las acciones y reacciones de los ciudadanos. También se deben tomar en consideración aquellas actividades que, llevadas a cabo por esos mismos ciudadanos en el espacio de lo público, permiten su intervención en los procesos políticos, no sólo a través de los mecanismos o instrumentos e instancias de participación que contempla la Constitución y las leyes, sino también, y fundamentalmente, a partir de un eventual involucramiento en las disputas por la definición de los asuntos comunes y, por consiguiente, en la configuración de la sociedad en la que viven. Esta mirada intenta “eludir la trampa de reducir el estudio de la política sólo a su expresión institucional, vale rescatar la noción de politeia en su cabal generalidad, esto es como «la forma de vida política de la comunidad, de la cual los aspectos constitucionales representan sólo una cristalización formal» (Laclau, 2005: 214); podríamos agregar, al decir de Chantal Mouffe (1993), que dicha noción supone además la formación de subjetividades” (Biglieri y Perelló, 2018: p. 69). En un sentido general, se trata de asumir la condición agonal intrínseca de la política, en contraposición a aquellas que la limitan a un procedimentalismo tendiente al alcance de acuerdos consensuados, tal como propone el filósofo alemán Jürgen Habermas (1999; 2009). Desde andamiajes teóricos en varios aspectos divergentes, en esta línea pueden incluirse las perspectivas de Rancière, 1996; Balibar, 2012 y 2013; Laclau y Mouffe, 1987; Mouffe, 1999, 2003; entre otros.
  3. Entre la ausencia y el regreso de la política: acerca de la emergencia de una subjetividad neopolítica. El caso del conflicto por las retenciones móviles de 2008 (2016). Tesis de Maestría en Investigación en Ciencias Sociales (Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires).
  4. El término “repolitización” hace referencia al proceso de renovación y reactivación de la participación ciudadana en temas políticos y sociales. Esencialmente, la repolitización implicó un retorno al compromiso cívico y político en una época en la que la desafección política y la apatía eran frecuentes en la región.
  5. Si bien en el trabajo se focalizó en la clase media porteña, también se destacó que el fenómeno fue más extenso e incluyó capas medias a nivel nacional, además de ciertos sectores populares.
  6. Judith Revel (2008) explica que el término “dispositivo” aparece en la obra de Foucault en la década de 1970 para referirse a los operadores materiales del poder, es decir, a las técnicas, estrategias y formas de sujeción utilizadas por el poder. Por definición, los dispositivos son de naturaleza heterogénea: “se trata tanto de discursos como de prácticas, de instituciones como de tácticas móviles; de tal modo, Foucault llegará a hablar, según los casos, de ‘dispositivos de poder’, ‘dispositivos de saber’, ‘dispositivos disciplinarios’, ‘dispositivos de sexualidad’, etcétera” (p. 52). Posteriormente, Giorgio Agamben (2011) amplió el alcance general de la categoría de dispositivos de Foucault, abarcando a “todo lo que tiene, de una forma u otra, la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, moldear, controlar y asegurar los gestos, comportamientos, opiniones y discursos de los seres vivos” (p. 257).
  7. En base a lo mencionado, es necesario distinguir entre “gestión de gobierno” y “arte de gobierno”. Según Sebastián Botticelli (2016), en el primer caso se hace referencia a una teoría del gobierno que “comprende al Estado como un conjunto de instituciones que sirven como asiento y base de la autoridad, por eso atiende cuestiones tales como la legitimidad, las diferentes modalidades que el Estado puede adoptar (democracia, populismo, totalitarismo, etc.) o el alcance de las potestades legislativas, punitivas y regulativas” (p. 92). En tanto que “arte de gobierno”, en una línea foucaultiana, remite a una gubernamentalidad que “no parte del supuesto de la unidad del Estado sino que atiende a la multiplicidad de prácticas que configuran la racionalidad gubernamental. Desde una analítica de la gubernamentalidad, el Estado ya no puede interpretarse como la sede y el origen del gobierno, sino únicamente como el lugar de su codificación” (p. 92). En este trabajo, se mantendrá esta distinción excepto en aquellos casos en que el término “gobierno” se defina en función del contexto en que se utiliza.
  8. La Licenciatura en Ciencias de la Comunicación es la formación de grado del autor.
  9. La alusión a los “usos conceptuales” debe interpretarse en el sentido propuesto por la denominada Historia Conceptual delineada por Reinhart Koselleck (1993; 2012), la cual plantea un modo teórico–metodológico de hacer historia sustentado en los lenguajes políticos, desde una mirada alejada de los supuestos esencialistas y teleológicos propios de la historiografía clásica. No trata de analizar un determinado conjunto de ideas propio de un momento histórico-político sino que problematiza en la trayectoria y los desplazamientos de los conceptos, reparando en la circulación y las eventuales mutaciones o desplazamientos de sentido. Para Koselleck, “[u]n concepto reúne la pluralidad de la experiencia histórica y una suma de relaciones teóricas y prácticas de relaciones objetivas en un contexto que, como tal, sólo está dado y se hace experimentable por el concepto” (1993: p. 117). Si bien el foco del presente trabajo no está puesto en el derrotero de los conceptos y/o lenguajes políticos, los supuestos de este enfoque resultan compatibles con la preocupación de esta investigación.
  10. Con el término convergencia Jenkins hace referencia “al flujo de contenido a través de múltiples plataformas mediáticas, la cooperación entre múltiples industrias mediáticas y el comportamiento migratorio de las audiencias mediáticas, dispuestas a ir casi a cualquier parte en busca del tipo deseado de experiencias de entretenimiento. ‘Convergencia’ es una palabra que logra describir los cambios tecnológicos, industriales, culturales y sociales en función de quienes hablen y de aquello a lo que crean estar refiriéndose” (2008: p. 14).
  11. Al respecto, conviene considerar la formulación de Bredekamp (2004) quien se refiere a la performatividad de las imágenes a través de la noción de “acto de imagen”, que alude a la de “acto de habla” de John Austin (1982). Según Austin, la performatividad refiere a la capacidad del lenguaje de no sólo describir o representar el mundo, sino también de producir efectos en él. No obstante, Bredekamp asume que las imágenes poseen atributos que la distinguen de las palabras, de modo que su capacidad de movilizar afectos opera en un sentido mucho más efectivo.
  12. Al modo en que lo propone el historiador Enzo Traverso (2019), la propuesta de trabajar con una heterogeneidad de materiales, pasando “una y otra vez de los conceptos a las imágenes y de estas a aquellos” asume que todos ellos son “importantes en la formación y a expresión de la cultura” (p.16).
  13. El modo de ser y proceder de este tipo de imágenes puede interpretarse en términos de lo que Hito Steyerl (2014) denomina “imágenes pobres”, un tipo de visualidad propia de la cultura contemporánea. En tanto copia en movimiento, se caracteriza por su “mala calidad y definición subestándar. (…) La imagen pobre ha sido subida, descargada, compartida, reformateada y reeditada” (pp.33-34). Sin embargo, su aparente pobreza guarda una potencia de intervención en el espacio público a partir de las posibilidades de apropiabilidad y viralización.


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