A mi director de tesis, doctor Guillermo Quinteros, por su enorme compromiso como docente y como guía. Da gusto, de vez en cuando, cruzarse con personas tan generosas a la hora de compartir conocimientos y que nos empujan a crecer.
A todos los ferroviarios que me permitieron entrar en sus vidas, en su “mundo ferroviario”, mediante el relato de sus experiencias. En especial, a Juan Dall’Occhio e Ítalo Marone, quienes estuvieron siempre al “pie del cañón”, demostrando a través de sus acciones lo que es la solidaridad ferroviaria.
También debo un agradecimiento a quien se desempeñara como directora del Archivo Histórico de Junín, Alfonsina Iacullo. Asimismo, a Patricia y a Sol (del mismo espacio).
Además del aporte del Archivo Histórico municipal, agradezco los materiales valiosos del Archivo Universitario Roberto Dimarco.
A docentes y evaluadores del Doctorado de Historia que me estimularon y enriquecieron con sus saberes, así como a las instituciones que me brindaron la posibilidad de emprender este camino: la UNLP y la UNNOBA.








