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Era digital y recompensa

Silvia Herlyn

La era digital ha producido una transformación gigantesca en nuestra forma de establecer contacto y comunicarnos, de trabajar y de vivir. Este período de rápido avance tecnológico, caracterizado por la expansión de internet, redes sociales y dispositivos móviles, ha abierto nuevas posibilidades y tendencias, pero también ha presentado desafíos significativos para la salud mental y el bienestar.

La amplia difusión de los dispositivos de pantalla ha generado inquietudes respecto de los efectos que implica la vida en una arquitectura tecnológica. El cerebro tiene un papel central cuando se estudian las repercusiones de la era digital sobre el ser humano, y genera especial atención en referencia a su desarrollo.

El papel y el impacto potencial de la tecnología de pantalla digital han sido objeto de diferentes debates. Se ha intentado medir su uso a través de variedad de métodos: cuestionarios, diarios, muestreo electrónico, observación directa, cámaras fijas, cámaras portátiles, grabadoras de audio, registro de dispositivos de pantalla a bordo, registro de rastreo digital, con resultados controversiales.

Los tiempos actuales permiten visualizar el funcionamiento cerebral en forma directa a través de los estudios por imágenes. Se han identificado y estudiado varias redes cerebrales interconectadas. Algunos de los hallazgos documentados son:

  1. La relación inversa entre tiempo de conexión a través de pantallas y eficiencia de los sistemas de control cognitivo: red de modo predeterminada y red ejecutiva central.
  2. La relación directa entre las actividades online, que son estímulos potentes para el sistema de recompensa cerebral, y la tendencia hacia la búsqueda de gratificaciones a corto plazo.
  3. La necesidad de obtener información acerca del impacto de la conexión a pantallas sobre el desarrollo cerebral y los mecanismos neurobiológicos subyacentes.

La resonancia magnética nuclear funcional puede capturar los complejos cambios neuronales que se producen en diferentes circunstancias, y así permiten iluminar los que ocurren cuando hay una alta exposición a los dispositivos de pantalla.

El sistema de recompensa cerebral es una red compleja de estructuras cerebrales que se activa en respuesta a situaciones o contextos motivacionales positivos. Esta red involucra la respuesta hedónica ante una recompensa inminente o posible, el aprendizaje de la recompensa y la valoración de la recompensa capaz de cargar un incentivo.

En el contexto de la era digital, las pantallas (laptops, tablets y en especial smartphones) producen una poderosa movilización de la atención. Las plataformas y aplicaciones emplean estrategias que activan el sistema de recompensa: notificaciones, likes y contenidos personalizados. Estas técnicas generan vínculos cada vez más estrechos entre el sujeto y la tecnología, de modo que generan un universo emocionante y aun adictivo.

Las adicciones a internet constituyen un tipo de adicción comportamental que se ha vuelto relevante en la actualidad. Vale hacer una crítica a la nomenclatura ya que el verdadero problema está dado por el vínculo que las personas establecen con las actividades que realizan en línea y no con la tecnología misma. El desarrollo tecnológico oficia como medio.

Las adicciones comportamentales comparten las características de las adicciones a sustancias químicas: saliencia cognitiva, modificaciones del ánimo, tolerancia, síntomas de abstinencia, conflicto (interpersonal o intrapsíquico) y recaídas o tendencia a la recurrencia después de un período de control. Dentro del escenario digital se pueden presentar adicciones a

  1. Juegos de computadora
  2. Surfing (información/navegación)
  3. Compulsión neta: juegos, compras
  4. Cybersex
  5. Redes sociales

Se trata del comportamiento problemático que puede ser excesivo, compulsivo y que provoca consecuencias económicas, sociales y emocionales; un impulso irresistible y un aumento del tiempo dedicado a usar plataformas en línea, que acarrea deterioro o malestar. No solo se trata de las horas de inmersión en las pantallas, sino de la considerable parte de la atención que está pendiente de sus contenidos aun mientras no se encuentra online. Como ocurre con todos los trastornos de consumo, la mayoría de las personas que utilizan la tecnología regularmente no pueden considerarse adictas a ella.

Algunas adicciones comportamentales dieron el presente en el DSM 5, como el trastorno por juego en internet, y en la 11.ª Revisión de la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE 11), específicamente la adicción tecnológica por el juego online.

La saliencia cognitiva se refiere a la tendencia a pensar en un evento del mundo digital que se torna particularmente magnético para la atención. La modificación del ánimo comprende la necesidad de estar en línea como estrategia de afrontamiento del estrés. El concepto de tolerancia aplica a la creciente necesidad de pasar más tiempo en línea para alcanzar el mismo nivel de satisfacción. La abstinencia abarca tensión, inquietud, irritabilidad, malhumor. También se pueden observar alteraciones somáticas: ignorancia de necesidades básicas, cambio del peso, ojo seco, síndrome del túnel carpiano, dolor de cabeza o espalda, fatiga.

Influyen en la génesis de las adicciones el aspecto motivacional, aspectos de personalidad y aspectos neurobiológicos.

La respuesta cognitiva y afectiva en el medio digital, así como las gratificaciones obtenidas favorecen su uso posterior, actúan como incentivo. Inicialmente determinados comportamientos en línea pueden brindar placer y alivio de los estados de ánimo negativos creando expectativas de recompensa que pueden conducir a un comportamiento compulsivo. El desequilibrio entre los impulsos orientados a la gratificación y la disminución del control inhibitorio sostienen las adicciones. En las adicciones mediadas por internet, como en todas las adicciones, sin distinción del sustrato adictivo, la impulsión y la compulsión se entrelazan de manera compleja.

Koob y Volkow (2016) han delineado los modelos neurobiológicos de la adicción a sustancias que permiten comprender las tres fases de la conducta adictiva: atracón, abstinencia (afecto negativo) y craving (ansia o anticipación). Aunque desarrollado principalmente para explicar las adicciones relacionadas con el consumo de sustancias, puede extenderse a otras formas de adicción, como las comportamentales, incluyendo la adicción a la tecnología. El atracón es la etapa en la que un individuo consume determinado sustrato y experimenta sus efectos gratificantes o placenteros, implica principalmente a las estructuras de los ganglios basales; la abstinencia ligada al afecto negativo se refiere a un estado emocional negativo ante su ausencia, implica respuestas hormonales del estrés y la amígdala extendida; y la preocupación-anticipación consiste en la búsqueda del sustrato adictivo de nuevo tras un periodo de abstinencia, e involucra interacciones del córtex prefrontal, la amígdala extendida y los ganglios basales. La dinámica entre las tres fases ayuda a explicar el comportamiento adictivo.

Los correlatos neurobiológicos del placer involucran la señalización dopaminérgica en las neuronas que se proyectan desde el área tegmental ventral (ATV) hasta el núcleo accumbens (NAC), generadora de la asociación con la recompensa. Los estímulos placenteros se relacionan con la respuesta neuroplástica de la saliencia, o la prominencia que adquiere un estímulo para la atención, como ya fue mencionado.

Durante años se consideró que la dopamina era el neurotransmisor responsable de las sensaciones gratificantes que impulsan la búsqueda de drogas. En las últimas dos décadas, se pudo reconocer que la dopamina estaría relacionada con el aprendizaje por refuerzo y la búsqueda motivada de objetivos, mientras que en la experiencia hedónica quedan implicados otros sistemas de neurotransmisores, como los opioides y los cannabinoides. La señalización de la dopamina en los ganglios basales interviene respecto de las señales externas o internas, se libera en el NAC tanto en la anticipación de recompensas como cuando las recompensas superan las expectativas. A la inversa, si no hay recompensa o es inferior a la expectativa, la dopamina disminuye. La anticipación de la recompensa está relacionada con la saliencia, ya que los estímulos más prominentes generan mayor expectativa.

En la fase de atracón también se produce la liberación de dopamina y glutamato en el cuerpo estriado dorsal, que queda implicado en el refuerzo del comportamiento. De modo que a veces se compara la adicción con una habilidad bien aprendida y difícil de des-aprender.

La fase de abstinencia se relaciona con síntomas emocionales negativos causados por el aumento de la sensibilidad de la amígdala extendida al estrés, y en esto intervienen el factor liberador de corticotropina (CRF), la norepinefrina y la dinorfina. Esta sensación de disforia o malestar es otra fuente de motivación para experimentar alivio.

La anticipación aparece vinculada con el llamado “craving” por los anglosajones. Este término no tendría una traducción exacta, pero se refiere a la necesidad abrumadora y el ansia imperiosa de realizar el comportamiento vinculado a la adicción. Tiene que ver con la ligazón recíproca de las vías dopaminérgicas de la corteza prefrontal (asociada con las conductas dirigidas a objetivos y la autoinhibición) tanto con la amígdala extendida como con los ganglios basales. Se produce un cambio en el equilibrio entre los sistemas denominados “Go” y “Stop” del siguiente modo:

  • la conexión entre corteza prefrontal y los ganglios basales motiva la búsqueda en respuesta a señales;
  • las conexiones inhibitorias entre la corteza prefrontal y el cuerpo estriado dorsal se debilitan y resultan particularmente impotentes ante el sentimiento de disforia vinculado a los neurotransmisores del estrés de la amígdala extendida.

La neurobiología del placer sigue siendo un desafío actualmente. Se ha iluminado el papel de la dopamina en la anticipación de la recompensa mientras que no entra en juego en la percepción hedónica. Se han señalado como “puntos calientes” ligados a la experiencia placentera algunos ubicados en el córtex orbitofrontal, la ínsula, el NAC, el pálido ventral y el núcleo parabraquial pontino. Estos implican la señalización endógena de opioides, endocannabinoides y orexina.

Se han estudiado a través de RMN funcional la red de modo predeterminada, la red ejecutiva central y la red de saliencia.

La red de modo predeterminada comprende los circuitos activados cuando una persona no está focalizada en un estímulo externo y está relacionada con la autorreferencia, la cognición social, la memoria episódica y autobiográfica, el lenguaje y la memoria semántica y la divagación mental. En las adicciones puede verse desregulada, así como también estar involucrada con la prominencia dada a un comportamiento adictivo o la rumiación sobre él.

La red ejecutiva central tiene a su cargo la toma de decisiones, el control de la atención y la resolución de problemas. Su función se encuentra alterada en las adicciones.

El cerebro adolescente lleva adelante cambios significativos que dependen de factores ambientales y biológicos. La adolescencia es tiempo de maduración de los mecanismos de autorregulación especialmente emocional. Gradualmente se produce el desarrollo de estructuras referidas a funciones cognitivas de alto rango, como corteza prefrontal, corteza cingulada anterior y regiones parietales.

La regulación del sistema frío-cognitivo está relacionada con la corteza prefrontal (CPF) dorsolateral y la orbitofrontal, mientras que el sistema cálido-emocional se relaciona con la CPF ventromedial. Por supuesto que son regiones diferentes pero interrelacionadas. La maduración temprana del proceso de control cognitivo conduce a la maduración del control emocional y se relaciona con el aumento de la conectividad de la CPF con la amígdala y el estriado, implicados en la emoción y procesamiento de la recompensa. Los cambios hormonales tendrían repercusión también sobre esta maduración progresiva.

En la adolescencia, las regiones cerebrales ávidas de recompensa presentan un desarrollo más temprano que la corteza asociada al autocontrol encargada de aplazar la gratificación y de resistir la tentación. La maduración del procesamiento de la recompensa precede así al del control cognitivo, que involucra la red de modo predeterminada y la red ejecutiva central, por lo cual la mayor sensibilidad referida al procesamiento de estímulos hedónicos no estaría completamente modulada por el sistema de control cognitivo. Esto explica el mayor riesgo de presentar adicciones, en este caso teniendo en cuenta las estrategias destinadas a atizar el deseo y a propiciar la experiencia satisfactoria.

Un enigma aún no resuelto es cómo restablece el cerebro su equilibrio en la recuperación de las adicciones. La relación entre la red de recompensa, la neuroplasticidad neuronal y la recuperación de adicciones es un campo de estudio en expansión.

Referencias

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