Como se ha señalado en la Introducción, la pretensión de este libro es la de contribuir a generar un debate sobre qué modelo de organización y funcionamiento de sus Fuerzas Armadas necesita y está dispuesta a sostener la República Argentina. Está claro que el modelo actual es, en esencia, una herencia alicaída de aquel heredado por la democracia en 1983; sus aspectos operacionales, logísticos y presupuestarios ponen de manifiesto con meridiana claridad esta circunstancia.
Más allá de los vaivenes y las crisis políticas que la Nación ha atravesado a lo largo de estas décadas, en la República Argentina rige un régimen democrático, un sistema republicano, representativo y federal y las Fuerzas Armadas están encuadradas en un marco de subordinación política. No hay autonomía política militar, ni las Fuerzas se rigen basadas en un corporativismo extremo.
El marco regional sudamericano en el cual está inserto el país está signado por una situación en la cual los conflictos interestatales de naturaleza militar no parecen primar. Mas por el contrario, la competencia y las disputas protagonizadas por las grandes potencias están a la orden del día y la región, más allá de su tradicional pacifismo y relativa lejanía de las líneas de confrontación más agudas entre estas, no puede (ni debería) dejar de ponderar esta situación desde una óptica defensivo-militar y de seguridad internacional. En ese cálculo hay que computar la posesión de recursos naturales –alimentos y combustibles– demandados por el mundo y la ubicación estratégica como “trampolín” hacia el Atlántico Sur y la Antártida propia de Sudamérica y de nuestro país en particular.
Asimismo, no podemos dejar de contemplar la persistencia de un conflicto de soberanía por las Islas del Atlántico Sur entre nuestro país y el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Al respecto, la instalación y permanencia de una dotación militar británica de cierta envergadura en nuestras Islas Malvinas da cuenta no solo del atrito con nuestro país, sino también de la relevancia estratégica de esta posesión para el control del Atlántico Sur y la proyección hacia el territorio antártico.
En función de lo expuesto, los recursos que Argentina destina a la defensa nacional no solo son insuficientes para sostener un instrumento militar cuyo despliegue, organización y otras dimensiones fueron pensadas para otro escenario internacional y regional, sino que tampoco permitirá –en el mediano plazo– dar cuenta de la relevancia que esta región del planeta está adquiriendo en el marco de la disputa global. En definitiva, debe comprenderse que no se trata únicamente de mejorar la asignación presupuestaria sino su calidad, de manera tal que permita contar con sistemas de armas modernos, adiestramiento y alistamiento acorde, y un despliegue y organización con capacidad de sostenerse en tiempos de paz y capacidad de mantener el esfuerzo militar en un conflicto armado, de ser necesario, en defensa de los intereses vitales y estratégicos del país.
Finalmente, la República Argentina, y en particular su dirigencia social y política y aquellos que nos hemos dedicado a estudiar estos temas, debemos enfrentar el desafío de definir qué tipo de Fuerzas Armadas debe equipar a la República Argentina actual, su forma de organización y funcionamiento, sus recursos presupuestarios, su despliegue, dotación, composición, equipamiento y sus misiones. Es decir, debemos poner en debate el modelo que sigue vigente y que ya tiene casi media centuria. Esto implica debatir y eventualmente consensuar un tipo de Fuerzas Armadas posible y necesario para abordar los desafíos contemporáneos de la defensa nacional o, de lo contrario, continuar con este esquema organizativo ya desgastado e inefectivo durante las décadas venideras.




