Soy parte del equipo con el que estamos gestionando la carrera de Trabajo Social, y que las Jornadas sobre Ciencias Sociales, Salud Mental y Derechos Humanos, que dan lugar a esta publicación, hayan surgido de una cátedra de la carrera, no sólo nos enorgullece, sino que además demuestra la posibilidad de hilvanar, de ir cosiendo, esta generación permanente de pensamiento que también se orienta a revisar la intervención en el campo social.
Es central el diálogo entre la investigación y las prácticas como forma de generar conocimientos, porque consolida los espacios que habitamos. Siempre repetimos que el conocimiento se produce colectivamente y que permite diálogos intensos, profundos, masivos, horizontales, diversos, como los que se fueron dando en el marco de las jornadas y que ahora pueden ser publicados en este libro. Diálogos que nos convocan a reforzar la idea de que el conocimiento se produce en espacios multiactorales y de que es mucho más rico que las trayectorias individuales.
Se trabaja, se ocupan las instituciones, se atiende, se escucha, se acoge, se mira, se cuida, pero hay algo fundamental, que es volver a revisar esas instituciones, porque a veces son iatrogénicas, patológicas, generan heridas, padecimiento. ¿Cómo construir instituciones que se habiten desde el sostén, desde el cuidado? ¿Cómo se traduce esto en políticas públicas? Es decir, ¿cómo pensamos un Estado que pueda contener y cuidar? Entender esa relación tensa que se da entre diferentes espacios –los territorios, las condiciones de vida, la salud pública, la salud mental– constituye para las ciencias sociales un gran desafío.
Esta invitación a transformar las prácticas se va recorriendo en distintos planos, en los diferentes capítulos que se publican en este libro: diálogos permanentes que nos dejan cargados con la posibilidad de seguir reflexionando y seguir revisando nuestros abordajes y nuestra generación de conocimiento, que se retomará desde las individualidades, en lo institucional, en lo colectivo y en la política pública.
Los aportes de esta publicación son por demás valiosos. Esto es la producción de la universidad pública. Una universidad pública que tiene el mandato social de no aceptar las cosas como se dan, de no naturalizar las injusticias. Tenemos la obligación de denunciar y también de actuar. Tiendo a pensar que si hay algo alejado de la salud mental es aceptar la crueldad como un método de trabajo cotidiano. La parálisis que nos quieren imponer como habitual en estos tiempos nos obliga a quebrarla, y si algo nos constituye identitariamente, es coincidir en que no se puede soportar ninguna vulneración (continua, profunda) a los derechos humanos. Y este libro nos fortalece en esa lucha.
- Directora de la Carrera de Trabajo Social Faculta de Ciencias Sociales-UBA.↵






