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Procesos transformadores
en salud mental

Praxis y políticas públicas en el hospital
Alejandro Korn (provincia de Buenos Aires)

Belén Maruelli

En este texto quiero compartir algunos de los caminos estratégicos que se fueron consolidando en la construcción de un proceso desinstitucionalizador en la provincia de Buenos Aires,[1] particularmente en relación con el avance de la transformación del Hospital Alejandro Korn de la localidad de Melchor Romero, un hospital que aún tiene un sector con todas las características de un manicomio que aloja a personas con muchos años de internación.

No puedo narrar esta experiencia política institucional sin contar que mi tránsito laboral ha sido fundamentalmente en ese hospital. Allí es donde tuve que revisar mis propias prácticas, esas que en algún momento pudieron ser funcionales a la lógica manicomial contra la que hoy estamos peleando y queriendo cambiar. En este hospital escuché a quienes más saben del manicomio, que son las personas que lo padecen, sus víctimas, de las cuales aprendí mucho. En ese lugar también fui atravesada por otras vidas, por otros discursos, por compañeras y compañeros que iban entrando con otros modos de organizarse y en ese contexto me reterritorialicé y un día me supe parte de un colectivo. Esto que narro desde lo personal es importante para comenzar a pensar el cuidado y las formas de producción de cuidado en el campo de la salud mental, porque la posibilidad de gestionar colectivamente el dolor, la oscuridad, la tristeza que produce el manicomio, permitió que muchos ahora podamos estar trabajando desde otro lugar, es decir, que lo que podría haber sido queja se transformara en lucha por la garantía de los derechos de las personas para quienes están destinadas nuestras prácticas.

La gestión de la Subsecretaría de Salud Mental, Consumos Problemáticos y Violencias del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, de la cual hoy soy parte como directora del Hospital Korn, se propuso generar políticas públicas para la implementación de la Ley Nacional de Salud Mental, Ley 26.657, sancionada en el año 2010. Se trata de producir lineamientos y acciones que potencian esta norma, la reconocen, legitiman, y alojan procesos colectivos concretos que dan sentido a la política, la gestión y la práctica.

Considero también necesario hacer mención de la importancia de la perspectiva histórica en los procesos, ubicar que somos continuidad de disputas profundas que otros transitaron desde hace mucho tiempo en condiciones más adversas de las que hoy tocan recorrer con el fin de transformar las lógicas manicomiales en la provincia. En el hospital Alejandro Korn, el Movimiento por la Desmanicomialización en Romero (MDR)[2] se nutrió de esas tantas luchas anteriores, actualizó la instalación de potentes debates y cumple un rol constantemente activo en los procesos de transformación al interior del hospital y también en la comunidad, ubicando la centralidad del sentido de las reformas en la dimensión del cotidiano. Cuando los movimientos territoriales transformadores se ponen en diálogo con definiciones, lineamientos y acciones concretas ministeriales hacia un cambio de modelo de abordaje de los problemas de salud mental, las propiedades estructurales de la lógica manicomial indefectiblemente cambian.

Desde el comienzo de esta gestión política del gobierno bonaerense, en el año 2019, se viene fortaleciendo un proceso que avanza hacia la transformación profunda de los cuatro hospitales monovalentes públicos[3] de la provincia. Esta acción se encuentra contenida en un plan provincial[4] que es más amplio y que no se limita sólo a la transformación de los monovalentes, sino que avanza en otras líneas de abordaje comunitario, de inclusión social[5] y de reformas en todo el sistema de salud. Tal como expresé al comienzo, en este artículo voy a centrarme en la transformación de uno de estos hospitales, sin embargo, hay una interrelación permanente entre los cuatro y las decisiones que se van tomando son coordinadas entre sus equipos de gestión.

El Hospital Alejandro Korn se encuentra ubicado en la zona oeste de la ciudad de La Plata, con una población que ha ido incrementándose y emplazándose a partir del funcionamiento del hospital desde hace ciento cuarenta años. En las últimas décadas, la población no ha dejado de crecer y se observa un proceso de urbanización con diferentes grados de organización, con múltiples hogares en condiciones materiales muy precarias, con veinticinco barrios populares en la zona, con uno de los cordones frutihortícolas más grande del país, con un alto porcentaje de población migrante y con un conjunto de instituciones totales del Servicio Penitenciario y del sistema penal juvenil que atraviesan la ruta principal. Claramente, no podemos pensar en la adecuación del hospital sin pensar en las características del territorio en el que está inserto y sin considerar cuál es la comunidad con la que se trabaja, sobre todo teniendo en cuenta que, además de las áreas de salud mental, este nosocomio incluye un hospital general que garantiza la atención de problemas de salud de toda índole con todos los niveles de complejidad.

El plan de adecuación del Hospital Korn incluye diversos ejes o líneas de acción a partir de las cuales los actores institucionales y comunitarios construyen colectivamente. Eso es una potencia, porque al ser construida entre todas/os, el sentido de pertenencia con el proceso de cambio es común al conjunto. Hay acuerdos, disensos, resistencias, debates, heridas, peleas, consensos. Y cuando consensuamos, inevitablemente, también resignamos. El plan de adecuación permite imaginar colectivamente horizontes posibles entre quienes tenemos marcadas diferencias en los debates, a la vez que se vuelve un camino de producción conjunta y construcción de un cimiento común en el cual asentar y consolidar el proceso transformador.

Es interesante pensar esos ejes, porque permiten entender el entramado político-institucional-social-cultural-laboral-educacional que se entreteje para potenciar una política desinstitucionalizadora, que incluye los aspectos sanitarios, pero los trasciende.

Existe un eje sanitario, que puede sintetizarse en cuatro sub-ejes: a) garantía de la atención de las urgencias subjetivas, en las guardias y en los domicilios, con posibilidad de un medio internativo que respete los derechos de las personas; b) acompañamiento de los procesos de externación de todas las personas que se encuentran desde hace décadas en los sectores de internación de larga estancia, creando sistemas de apoyos singulares a las necesidades de cada sujeto y/o de grupos convivenciales; c) fortalecimiento de los dispositivos comunitarios y de atención ambulatoria; y, por último, d) integración de las áreas de salud mental al hospital general y a las redes de efectores regionales y provinciales. Un aspecto para destacar, en la organización del eje sanitario, fue la emergencia de una resolución ministerial,[6] que prohibió en los monovalentes públicos provinciales el ingreso o reingreso a salas de larga estancia. Es decir que, a partir del año 2020, no se pudo ingresar nuevas internaciones a ese sector. Esta medida fue muy importante, con un alto impacto en términos de política pública, lo cual obligó a repensar las prácticas en todo el sistema sanitario. El cierre de ingresos a larga estancia creó una especie de embudo en salas de internación de urgencias en salud mental y en los hospitales generales, por lo cual se debió enfrentar y evitar nuevos fenómenos de cronificación por fuera de los muros manicomiales.

El cierre de estos espacios requiere necesariamente en forma visible, palpable y urgente ampliar la creación y potenciación de dispositivos comunitarios. El trabajo de los equipos territoriales incluye la atención de urgencias en la comunidad y la construcción de sistemas de apoyo para las personas que transitan el medio internativo por períodos breves y para quienes se fueron externando de las salas de larga estancia y viven fuera del ámbito hospitalario. Son caminos estratégicos alimentados por el flujo de trabajadoras y trabajadores desde el hospital hacia la comunidad, que también vivencian la posibilidad de la desintitucionalización.

Las externaciones son procesos muy singulares, porque se basan fundamentalmente en las necesidades que tiene cada persona y los sistemas de apoyo se van creando en relación con esas necesidades. Las estrategias son diferentes, hay algunas personas que viven en casas construidas o alquiladas por el Estado. Otras que tienen ingresos económicos (provenientes de pensiones, subsidio provincial y/o espacios productivos) que posibilitan compartir entre ellas los gastos para financiar el pago del alquiler. En ambos casos los sistemas de apoyo se construyen y gestionan desde el hospital, con participación de trabajadoras/es y personas de la comunidad.

También se han abordado externaciones en las cuales las usuarias y los usuarios viven con sus familias y entonces el apoyo preferentemente se piensa y se construye con y para referentes vinculares. También hay personas que viven en pensiones, otras en hogares para adultos mayores.

En el Hospital Korn aún se encuentran internadas ciento veinte personas en las salas de larga estancia. Cerramos siete salas entre el año 2021 y 2023, y se van a cerrar todas las salas que quedan. Pero esos cierres deben ser paulatinos y cuidados, conforman procesos muy complejos, principalmente con aquellas personas que vivieron muchas décadas en el hospital. La construcción de los sistemas de apoyo es necesariamente compleja y singular, porque el impacto que causó −sobre sus cuerpos, sobre sus almas− la institucionalización es demasiado alto, devastador. Cada vez que se va alguien de las salas nos dignificamos todos. Es un momento muy hermoso, muy emocionante, donde se materializa la idea de cuidado y todos nos hacemos un poquito más libres.

Además del eje sanitario, hay otros ejes que ordenan propuestas, dispositivos, espacios, sueños. Abrir los predios a la comunidad significa convertir esos edificios testigos de tanto dolor en lugares de mayor acceso a derechos para toda la comunidad y como espacios de memoria colectiva. Así, los ejes culturales, educativos y productivos son imprescindibles para avanzar en la consolidación de procesos desinstitucionalizadores.

Un aspecto importante de la reforma es la necesidad de garantizar una mirada y un abordaje interministerial y territorial. Se fue diseñando y construyendo como un sujeto colectivo fundamental el Parque Cultural, con el club Alborada, el Teatro, talleres artísticos y espacios de diversidad cultural. Un ejemplo muy lindo es la organización del carnaval, donde históricamente venían una o dos comparsas de afuera a acompañar la comparsa de las/os usuarias/os. Ahora se generó un carnaval con participación de diversos actores barriales, vienen muchas más comparsas y artistas, porque el carnaval se realiza en el predio del hospital, pero la organización es comunitaria.

Se desarrollan múltiples propuestas cada vez más abiertas a lo territorial. La articulación con el Ministerio de Cultura permitió tener talleristas, con una experticia y un saber para sumar calidad a las ofertas culturales: espacios de muralismo, danza, folklore, mosaiquismo, circo, entre otros. Los talleres se van abriendo a la comunidad, a veces se ofrecen dentro del predio del hospital y otras directamente en la plaza o en alguna calle. Hace poco realizamos un evento de K-pop[7] en el teatro que tenemos, donde se organizaron competencias de baile. Además de la emoción de ver el teatro lleno de jóvenes bailando, fue un ejemplo que materializaba la apertura y a la vez el trabajo sobre el estigma. El muralismo también se constituyó en un movimiento cultural en nuestro quehacer, hay varios murales que se están desarrollando. De esta manera a medida que se van interviniendo paredes se van produciendo nuevos sentidos.

El otro eje que quiero enunciar es el educativo. Acompañar el acceso a la escuela primaria de las/os usuarias/os es un trabajo importante. La escuela primaria está a unas cuadras del hospital y transitamos un proceso en el que nos transformamos todas/os, las maestras/os, las/os trabajadores de la salud, las/os usuarias/os. El colectivo de acompañantes terapéuticas/os poniendo convicciones y cuerpos ha sido fundamental en el acceso a este y tantos otros derechos. Al principio había mucho temor por parte de docentes y compañeras/os de clase, luego fueron conociéndose y simplemente todos se hicieron parte de esta comunidad educativa. También hay un espacio de alfabetización dentro del hospital para quienes no eligen, o por diferentes motivos no quieren o pueden, concurrir a la escuela. La experiencia de la Escuela de género y diversidades fue una posibilidad de encuentro entre usuarias, trabajadoras y mujeres de la comunidad. Algunos de esos vínculos permitieron que mujeres que estaban en sala hayan podido transitar su proceso de vivir en pensiones del barrio con apoyo de quienes conocieron en ese mismo espacio. Algunos de los edificios que se cierran se convierten en aulas, de este modo se va construyendo el polo educativo. Hoy, en esas aulas, se dictan clases de las tecnicaturas de acompañante terapéutico y de enfermería. También se hacen capacitaciones, reuniones de comités y otros eventos.

Otro eje central es el productivo. La articulación entre la Subsecretaría de Salud Mental y el Ministerio de Trabajo de Nación permitió ampliar las becas en el marco del programa “Promover la igualdad de oportunidades de empleo”. Con este programa, ya son doscientas nueve personas (de sectores de larga estancia, personas externadas que viven en comunidad, concurrentes a nuestros centros comunitarios) que reciben un dinero por formarse, para trabajar y fundamentalmente para avanzar en la promoción y organización de empresas sociales o cooperativas. Esta política se enmarca en una concepción de trabajo entendido como un derecho, no como un requisito para salir del manicomio o sostenerse en comunidad. Hay personas que estuvieron cincuenta años internadas, y hoy tienen 75, 80 años y no pueden o no quieren o no tienen por qué trabajar. Para esas personas claramente entendemos que tiene que haber una reparación económica. Es cierto que los programas son finitos, pero esperamos poder ir organizando espacios productivos para que puedan convertirse en fuentes de ingresos para muchas/os, teniendo en claro que las formas convencionales de acceso al trabajo no son una posibilidad real.

El eje recreativo tiene mateadas y encuentros, salidas al camping de Punta Lara, a bailes, al cine, al teatro. El viaje a Chapadmalal es una experiencia por demás interesante, con personas que no conocían el mar y con quienes se encuentra una forma de conocerse desde otros lugares, con otros tiempos para conversar y para compartir.

El último eje a presentar es de “Memoria y derechos humanos”. El recorrido aquí expuesto es un proceso reparatorio para las personas víctimas del manicomio, para las trabajadoras, los trabajadores y para toda la comunidad, que conlleva una inmensa tarea de conservación de archivos y de recuperación de historias de vida. Hay una línea que se aboca a la búsqueda de hijas/os de mujeres que parieron y a las que se les arrebataron sus hijas/os en el manicomio. Este es un proceso complejo y muy cuidado donde, a veces, pueden generarse vínculos y encuentros. Otras veces, en cambio, eso no es posible. En este eje incluimos también la sistematización de registros de trabajadoras/es que fueron perseguidos y detenidos/desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar, y que fueron quienes generaron dispositivos que, muchos años después y a pesar de la fuerte ruptura que existió, nuevamente se continúan.

Relacionado con este eje, hay dos cuestiones que considero sustanciales. Posiblemente, quienes transitan este subcampo de la salud mental hayan visto un cartel, que para muchos significó algo polémico, que se colocó al cerrar una de las salas de larga estadía y que decía: “Manicomios nunca más”. El “Nunca más” nos precede, es inclusive anterior al Juicio a las Juntas, pero lo hicieron grande las Madres, las Abuelas, y ahora ya pertenece y es de todo el pueblo. Hoy esa frase es una consigna muy potente para la lucha contra todas las formas de violencia institucional. Así que, vamos a seguir gritando “Manicomios nunca más” hasta que no quede ni uno solo, ni público ni privado.

Por último, entendemos que todas las acciones que se desarrollen con la comunidad deben ser apropiadas por sus organizaciones, a ellas les pertenecen. Entendemos que esta es la única manera de que una política pública se pueda convertir en una política de Estado. Porque esa lógica que cancela, inhabilita y segrega lo diverso no se derriba solo tirando algunas paredes. Porque los abordajes para los padecimientos subjetivos requieren de un sistema de salud más humano e integrado, pero también de comunidades con lazos sociales solidarios. Aún falta mucho, y como lo que falta duele, seguimos caminando para consolidar nuestra consigna de “manicomios nunca más”.


  1. Buenos Aires es la provincia más grande de la Argentina. Tiene 17 millones de habitantes y su extensión total es de 307.531 km cuadrados y políticamente está conformada por 135 municipios. En el Gran Buenos Aires (31 municipios), se registra la mayor desigualdad social a nivel nacional y un índice de pobreza que supera la media nacional.
  2. El MDR es un movimiento que nace en el año 2014, conformado por trabajadoras/es del hospital (formales e informales), por organizaciones sociales y usuarias/os, con tres objetivos fundacionales: luchar por la vida y los derechos de las personas víctimas del manicomio, luchar por la democratización de los procesos de adecuación, sustitución y cierre de los manicomios y aportar a la incorporación y jerarquización de las prácticas comunitarias en el campo de la salud.
  3. Hospital Taraborelli en Necochea, la Colonia Cabred en Luján, Hospital José Esteves en Temperley y el Alejandro Korn en Melchor Romero. Sin embargo, cabe aclarar que la adecuación no es solamente para estos hospitales sino también se espera avanzar hacia los manicomios privados, que son muchos en esta jurisdicción, pero los avances en este sentido se desarrollan en forma más lenta, con otros intereses, con otros tiempos, con otras tensiones, con otros actores. Es así que la adecuación de todos los monovalentes de la provincia es concebida como una cuestión pública, independientemente de cuál sea el modo de financiación.
  4. En julio de 2022, se presentó el Plan Provincial de Salud Mental 2021-2027, diseñado y consensuado con la participación de los distintos actores: usuarias, usuarios, trabajadoras y trabajadores de los servicios de salud, universidades, organizaciones de derechos humanos. El plan fortalece la idea de una política desinstitucionalizadora. “Plan provincial integral de Salud Mental 2021-2027. Hacia un sistema solidario integrado de salud”. https://bit.ly/3Ri9UeW
  5. Se dio inicio a una importante reorganización de los servicios de salud mental para privilegiar la atención en la comunidad, la articulación interministerial, la atención e internación en hospitales generales, las unidades residenciales, el acceso a los psicofármacos de manera gratuita en el marco del Programa de Uso Racional del Psicofármaco y atención en los centros comunitarios en salud mental y consumos problemáticos.
  6. Disposición N° 3/2020 del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.
  7. Género musical coreano.


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