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Epistemología topográfica
y prácticas del espacio

Procedimientos de la creatividad científica

Diana B. Viñoles (UNTDF)

Para explicar el trayecto de su camino, Michel de Certeau tenía la costumbre de decir que se había limitado a dar “un paso lateral”.

 

Luce Giard

La producción del espacio científico. Extrayendo ciencia de las prácticas

La hipótesis inicial de este capítulo es que las afirmaciones que aparecen en los textos de Michel de Certeau (1925-1986), que tienen como sujeto la historiografía, pueden ser aplicadas a otras producciones científicas. Tiene como objetivo plantear algunas reflexiones que permitan abrir la pregunta sobre si, en el caso de la filosofía de las ciencias naturales, esta hipótesis se verifica. La metodología adoptada es hermenéutico-fenomenológica y la bibliografía empleada reúne, en primer lugar, textos del autor citado.

Michel de Certeau no pretendió construir una epistemología general, no obstante, en estas páginas, se intenta extraer, de la reflexión de este autor, perspectivas epistemológicas que permitan cruzar las fronteras entre campos del saber, por un lado, y profundizar en el recorrido de la propia disciplina (filosofía), por otro. Para el historiador francés, un observador neutro que alcance una visión totalizante es una ficción, ya que el investigador participa en el espacio que es su objeto de estudio. Las muchas maneras de la creatividad táctica señalan otras tantas metodologías científicas, que, sin dejar de lado el entrenamiento disciplinado en las tradiciones aprendidas en instituciones académicas, posibilitan la apertura hacia senderos propios trazados con el andar del camino. Este epistemólogo de la historia pretendió extraer ciencia de las prácticas, y tomó como ejemplo de estas últimas la marcha por la ciudad. Insiste en el marco histórico de cada disciplina y apela a otras, sin caer por ello en el eclecticismo.[1]

El conocimiento científico moderno exige que la investigación se desarrolle en el interior de los rígidos límites de cada disciplina, pero la complejidad y la proliferación de nuevos saberes hacen que las fronteras sean atravesadas. El gesto propiamente científico es el de cortar y definir con claridad y distinción. En el caso de la historia, se delimita una etapa de otra mediante una cronología o periodización, y se discrimina un testimonio verdadero de uno que es considerado falso. No obstante, la acción que marca el pasado en busca de la objetividad científica se continúa en el análisis de las tácticas cotidianas. En toda su obra de historiador, De Certeau coloca en el centro de la reflexión el análisis atento de las prácticas mediante las cuales los seres humanos se apropian, a su manera, de los códigos y los lugares que les son impuestos, o subvierten las reglas comunes para conformar prácticas inéditas. Distingue el lugar (orden según el cual los elementos se distribuyen en relaciones de coexistencia) del espacio (un cruzamiento de movilidades) y define a este como lugar practicado, aportando conceptualizaciones susceptibles de ser aplicadas a otras ciencias. Las tácticas consisten en un arte del débil, que se ve obligado a actuar en un espacio no propio, en el cual debe administrar relaciones impuestas desde una exterioridad. Supone tres dimensiones inseparables, cuya combinación asegura la pertinencia de un género específico. En primer lugar, la historia es el producto del lugar social del que surge y, en segundo término, es una práctica y no una palabra desencarnada y desinteresada; en tercer término, la historia es escritura.

Así como el historiador no puede captar ni desechar lo ausente de la historia, el científico natural no agota en su metodología cuantitativa el dinamismo de la realidad natural, más aún cuando la tecnología informática genera, en la presentación de sus resultados, efectos de cientificidad (De Certeau, 2007, p. 8). La pretensión de tales efectos se encuentra en “toda institución que asegura un lenguaje de sentido, de derecho o de verdad” (De Certeau, 2007a, p. 130).

Una aclaración de términos

El cientificismo identifica los problemas del conocimiento con los de la ciencia, mientras que la tradición positivista, dentro de la cual nacen las instituciones académicas argentinas, utiliza elementos empiristas y racionalistas para reforzar la validez exclusiva de la ciencia dentro del campo de los saberes. No obstante, en la práctica científica, aparecen procedimientos que problematizan estas afirmaciones de la “concepción heredada” del conocido Círculo de Viena. Mediante la metáfora epistémica del espacio como trayectoria, desarrollada por Michel de Certeau en su obra L’Invention du quotidien. 1. Arts de faire que da cuenta de las actividades de su propio grupo de investigación en la Universidad Paris VII–, se intenta analizar y cuestionar las reglas de la investigación científica que se llevan a cabo en el trabajo diario.[2] Se entiende por “metáfora epistémica” la operación en la cual una expresión y las prácticas con ella asociadas se agregan a otro ámbito con fines cognoscitivos. Este proceso se desarrolla en dos etapas: bisociación sincrónica y literalización diacrónica (Palma, 2004, p. 106).

El concepto de “invención”, en oposición a lo dado o admitido necesariamente por “naturaleza”, abre la posibilidad a caminos de libertad y creación en el trabajo metodológico, concebido rigurosamente, pero, a la vez, de modo pluralista. “La razón humana presente en las ciencias es multidimensional y opera desde el establecimiento de los fines de la actividad científica hasta las decisiones acerca de la aceptación y el rechazo de hipótesis y teorías” (Gómez, 2014, p. 16).

El modus operandi de los seres humanos al hacer ciencia es una manera específica de producción. En Hegel, la noción de producción tiene una importancia determinante. La idea absoluta produce la naturaleza, luego el ser humano, y este, a su vez, la historia y el conocimiento. La expresión “producción del espacio” hace referencia al libro ya clásico de Henri Lefebvre, La production de l’espace, que apareció en su versión original francesa en 1974. Mediante la aplicación del método regresivo progresivo, utilizado por Karl Marx en Ökonomie Das Kapital. Kritik der politischen (1867), Lefebvre busca analizar la noción de espacio en el presente, remontándose al pasado, lo cual da lugar a una ciencia del espacio, que no se refiere a la astronomía, sino a los productos culturales, concebidos habitualmente como mercancías en un ámbito social que se establece hegemónicamente, aunque no se lo explicite como mercado. Tradicionalmente, en filosofía, el espacio fue considerado como una categoría entre otras, o como un medio vacío desde una perspectiva geométrica. La noción de espacio social se desarrolla especialmente con este autor, citado también por Michel de Certeau, para el análisis de las prácticas que se desarrollan dentro de un determinado medio social, en nuestro caso, los espacios científicos. La epistemología ha aceptado una cierta definición del espacio como forma pura, ente o lugar mental, y esto se cuestiona y problematiza en esta reflexión.[3] Según este autor, el espacio contiene entrecruzamientos múltiples, y cada sociedad produce su espacio. Distingue la práctica espacial, dando como ejemplos los lugares de trabajo o de diversión, de las representaciones del espacio (el espacio concebido), y de los espacios de representación (el espacio vivido). Las maneras de practicar el espacio escapan a la planificación urbanística, y en este artículo se refieren al conocimiento generado en un centro científico y que, por su origen, suele ser reconocido y valorado como tal. Por ello, el modo en que el conocimiento científico se legitima es de una importancia crucial.

Una epistemología topográfica

Existe un concepto ampliado de “epistemología” que la equipara a la gnoseología o teoría del conocimiento en general. En un sentido más restringido, la epistemología es el estudio de las condiciones de producción y validación del conocimiento científico (Klimovsky, 2011, p. 27). Es una actividad crítica que reflexiona sobre las teorías y prácticas científicas, y construye conceptos sobre el conocimiento.[4] Toda empresa científica produce un corpus, un cuerpo de discursos propios, una red de prácticas, de límites y de conveniencias, según criterios de reproducción y de selección mediante la evaluación de pares, para la publicación de resultados o concursos académicos. Asimismo, analiza las condiciones de posibilidad para que una comunidad científica establezca acuerdos sobre problemas y métodos.

La filósofa argentina Esther Díaz (2007) se refiere a una epistemología ampliada entre la historia interna y la historia externa de la ciencia.[5] Propone aplicar conceptos filosóficos para abordar objetos de estudio que vayan más allá de la forma de los enunciados o la racionalidad de los métodos, tales como el análisis del deseo, la relación entre los cuerpos o la incidencia de la ciencia en la cultura, la sociedad y la naturaleza. Orienta su análisis afirmando que el conocimiento hunde sus raíces en luchas de poder (Nietzsche y Foucault),[6] factores económicos, connotaciones éticas, pasiones e intereses que influyen en los cambios de paradigmas o revoluciones científicas, para utilizar expresiones de Thomas Kuhn (2013).[7]

Los modos de representación espacial atrajeron especialmente a Michel de Certeau, quien elaboró ejemplos de prácticas a partir de la marcha en la ciudad, los viajes, los relatos que describen el espacio interior de la vida privada o el exterior del trabajo. En De Certeau hay una epistemología de lo intermedio: se mueve entre la oralidad y la escritura (lo entredicho), el lugar y el no lugar, el pasado y el presente, el habitar y el observar y, especialmente, el oxímoron ficción-ciencia. La redistribución del espacio, con sus áreas de intersección, metaforiza los ardides de la antidisciplina a los que este autor suele referirse. En la escritura, que recorre los pasos de otro, se teje una trama que no es exclusivamente del protagonista ni del autor, sino, nuevamente, un “entre-dos”, superando una visión dicotómica.

Las representaciones espaciales son pertinentes para aplicar epistemológica y metodológicamente en un territorio como América Latina, herido por genocidios, desapariciones, exilios y dictaduras. La filosofía de la ciencia práctica no es pensamiento ahistórico ni atópico; la epistemología puede abarcar el pasado y el presente y proyectarse hacia el futuro, y la metodología aspira a apropiarse de la investigación recorriendo caminos ya marcados, pero no inmutables. ¿Cuál es la distancia entre los principios epistemológicos y las condiciones reales en las que se ejerce el trabajo intelectual o académico?

Desde fines de la década de 1970, creció en Argentina la atención hacia temas que suponen categorías espaciales. El espacio-tiempo, como categoría de inteligibilidad, se hace memoria de tierra desaparecida y de territorio de desaparecidos. La ética espacial impugna a la racionalidad vertical y depredadora, y requiere un nuevo proyecto epistemológico.

Conclusión

Hay una analogía entre la acción de investigar y la de caminar. El recorrido disciplinario es una trayectoria o un itinerario atravesado con más o menos libertad, según se trate de investigación básica o aplicada, al menos, en principio. La representación de las realidades naturales no suele mostrar, junto con sus resultados, las condiciones de su producción. Y no solo se trata de su manifestación. Estas condiciones no son tampoco consideradas por los mismos que las realizan. Los modelos, las estadísticas o los productos científicos publicados son un relato eficaz, en el interior de las instituciones que los avalan y, más aún, en las sociedades que los reciben. Es importante sacar a la luz los presupuestos, las finalidades, las contradicciones y aquello que, en general, De Certeau llama “los aspectos vergonzosos” que la ciencia cree ocultar (De Certeau, 2007, p. 16). La concepción de la ciencia como una empresa racional no implica necesariamente la búsqueda de una universalidad abstracta que no explicite sus marcos teóricos. De este modo, el ideal nunca abandonado de rigor metodológico, como característica definitoria del conocimiento científico, se aplicaría al propio espacio de su producción. Así, la filosofía de las ciencias naturales, aplicando categorías certalianas, podría ampliar su tarea epistemológica más allá del contexto de justificación o de la mera diferenciación entre enunciados verdaderos y falsos.

La trama de vínculos sociales y de presupuestos necesarios para que los conocimientos generados en una universidad puedan efectivamente mejorar la producción y la calidad de vida de un territorio no es habitualmente tenida en cuenta ni, menos aún, explicitada de modo conjunto. El problema de la relevancia de la ciencia adquiere sentido según los espacios desde y hacia los cuales la actividad científica está dirigida. Se puede preguntar si la ciencia es siempre relevante por su contenido. “¿Ocurre esto cuando aporta conocimiento para problemas urgentes, cuando los actores sociales están involucrados o cuando las empresas están dispuestas a pagar por ella?” (Albornoz, 2010, p. 31). El problema de la fundamentación de las distintas ciencias abre espacios creativos que superan el monismo de una concepción unificada, tanto de la ciencia como del mundo.

Bibliografía

Albornoz, M. y López Cerezo, J. A. (ed.) (2010). Ciencia, tecnología y universidad en Iberoamérica. Buenos Aires: Eudeba.

Ambrosini, C. et al. (2014). Introducción al pensamiento científico. Orientaciones para el estudio. Buenos Aires: Eudeba.

Bowler, P. J. y Rhys Morus, I. (2012). Panorama general de la ciencia moderna. Barcelona: Crítica.

Collingwood, R. G. (2011). Idea de la historia. México: Fondo de Cultura Económica.

De Asúa, M. et al. (2006). La investigación en ciencias experimentales. Una aproximación práctica. Buenos Aires: Eudeba.

Chartier, R. (2007). La historia o la lectura del tiempo. Barcelona: Gedisa.

Chartier, R. (1996). Escribir las prácticas. Foucault, De Certeau, Marin. Buenos Aires: Manantial.

De Certeau, M. (2015). El extranjero o la unión en la diferencia. Buenos Aires: Ágape.

De Certeau, M. (2012). La posesión de Loudun. México: Universidad Iberoamericana.

De Certeau, M. (2009). La cultura en plural. Buenos Aires: Nueva Visión.

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De Certeau, M. (2007c). La invención de lo cotidiano. 1) Artes de hacer. México: Universidad Iberoamericana.

De Certeau, M., Giard, L. y Mayol, P. (2006a). La invención de lo cotidiano. 2) Habitar, cocinar. México: Universidad Iberoamericana.

De Certeau, M. (2006b). La debilidad de creer. Buenos Aires: Katz Editores.

De Certeau, M. (2006c). La escritura de la historia. México: Universidad Iberoamericana.

De Certeau, M. (1982). La fable mystique 1. XVI-XVII siècle. París: Gallimard.

De Certeau, M. y Domenach, J. M. (1976). El estallido del cristianismo. Buenos Aires: Sudamericana.

De Certeau, M. y Roustang, F. (1967). La solitude. Une vérité oubliée de la communication. París: Desclée de Brouwer.

Díaz, E. (2007). Entre la tecnociencia y el deseo. La construcción de una epistemología ampliada. Buenos Aires: Biblos.

Dosse, F. (2003a). Michel De Certeau. El caminante herido. México: Universidad Iberoamericana.

Dosse, F. (2003b). La historia: conceptos y escrituras. Buenos Aires: Nueva Visión.

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Gómez, R. J. (2014). La dimensión valorativa de las ciencias. Hacia una filosofía política. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes.

González Recio, J. L. (2004). Teorías de la vida. Madrid: Síntesis.

Klimovsky, G. (2011). Las desventuras del conocimiento científico. Una introducción a la epistemología. Buenos Aires: A-Z Editora.

Kuhn, T. (2013). La estructura de las revoluciones científicas. México: Fondo de Cultura Económica.

Lefebvre, H. (2000). La production de l’espace. París: Anthropos.

Murillo, S. (2012). Prácticas científicas y procesos sociales. Una genealogía de las relaciones entre ciencias naturales, ciencias sociales y tecnologías. Buenos Aires: Biblos.

Palma, H. A. (2004). Metáforas en la evolución de la ciencia. Buenos Aires: Baduino.

Payne, M. (comp.) (2008). Diccionario de teoría crítica y estudios culturales. Buenos Aires: Paidós.

Samaja, J. (2012). Epistemología y metodología. Elementos para una teoría de la investigación científica. Buenos Aires: Eudeba.


  1. “Esta manera de leer la historia cultural y social, Certeau la había constituido en los entrecruzamientos de disciplinas y de métodos, asociando a la historia y la antropología los conceptos y los procedimientos de la filosofía, la lingüística y el psicoanálisis. No se trataba de que pusiera en práctica un eclecticismo cómodo o un sincretismo conciliador, sino que trataba de rescatar cada momento histórico en la multiplicidad de sus componentes y en la contradicción de los conflictos, al mismo tiempo que desafiaba la imposición anacrónica, sobre las sociedades pasadas, de la grilla que recorta nuestros saberes” (Giard, en De Certeau, 2009, p. 7).
  2. “A principios de la década de los setenta se abre a Certeau un nuevo campo de investigaciones que dará lugar a una publicación de suma importancia en 1980, La invención de lo cotidiano. Resulta bastante habitual disociar dos fases en Certeau de un lado y del otro de una línea fronteriza que separaría el trabajo de erudición histórica de los años 60 y los estudios posteriores más bien sociológicos. Ciertamente, su ámbito se desplaza hacia el presente y lo cotidiano, pero el procedimiento sigue siendo el mismo, el de una interrogación de orden místico que busca con el mayor rigor posible, a través del anonimato de la muchedumbre, una respuesta a sus preguntas, aun sabiendo que ‘no es eso’” (Dosse, 2003a, p. 431).
  3. “Comment nommer la séparation qui maintient à distance, les uns hors des autres, les divers espaces: le physique, le mental, le social ? Distorsion ? Décalage ? Coupure ? Cassure ? Le nom importe peu. Ce qui compte, c’est la distance qui sépare l’espace idéal, relevant des catégories mentales (mathématiques) de l’espace réel, celui de la pratique sociale. Alors que chacun implique, pose et suppose l’autre” (Lefebvre, 2000, p. 21). (“¿Cómo nombrar la separación que mantiene a distancia, los unos de los otros, los diversos espacios: el físico, el mental, el social? ¿Distorsión? ¿Desplazamiento? ¿Fractura? ¿Ruptura? El nombre importa poco. Lo que cuenta es la distancia que separa el espacio ideal, dependiente de categorías mentales (matemáticas) del espacio real, el de la práctica social. Mientras que cada uno implica, afecta y supone al otro”. Traducción de la autora).
  4. “El epistemólogo se formula una pregunta de crucial importancia para comprender y analizar la significación cultural de la ciencia en la actualidad: por qué debemos creer en aquello que afirman los científicos. No acepta sin crítica el conocimiento científico sino que lo examina del modo más objetivo posible: para él es igualmente de interés una nueva teoría, que las teorías tradicionales que en su momento tuvieron gran prestancia. Al igual que un filósofo, frente a cualquier teoría y con independencia de que esté apoyada por la tradición o sea muy reciente, se preguntará por su aparición como fenómeno histórico, social o psicológico, por qué hay que considerarla buena o mala, o cuáles son los criterios para decidir si una teoría es mejor o peor que otra” (Klimovsky, 2011, p. 28).
  5. “La presente propuesta (a la que denomino ‘epistemología ampliada’) no es una sociología de la ciencia, aunque tiene un aire de familia con ella. La diferencia reside en que el sociólogo de la ciencia analiza específicamente la historia externa del conocimiento científico, mientras que el epistemólogo ampliado busca relaciones entre ambas historias, tratando de no desatender ninguna de las dos” (Díaz, 2007, p. 24).
  6. “El problema político esencial para el intelectual no es criticar los contenidos ideológicos que estarían ligados a la ciencia, o de hacer de tal suerte que su práctica científica esté acompañada de una ideología justa. Es saber si es posible constituir una nueva política de la verdad. El problema no es ‘cambiar la conciencia’ de las gentes o lo que tienen en la cabeza, sino el régimen político, económico, institucional de la producción de la verdad” (Foucault, 1992, p. 193).
  7. “Consideramos como revoluciones científicas aquellos episodios de desarrollo no acumulativo en los que un paradigma antiguo se ve sustituido en todo o en parte por otro nuevo incompatible con él” (Kuhn, 2013 p. 230).


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