Reflexiones desde la estadística educativa y la investigación etnográfica
Verónica Hendel y María Laura Diez
Las investigaciones colectivas que venimos desarrollando desde hace años buscan caracterizar la situación educativa de la población migrante a la luz de las transformaciones y los nuevos marcos normativos desde una perspectiva de derechos, intercultural e inclusiva[1]. También consideran las particularidades que asumen las trayectorias educativas de los/as estudiantes, estableciendo relaciones con múltiples variables: extranjeridad propia o de los/as progenitores/as, condiciones socioeconómicas de los grupos familiares, localidades de residencia, características de las escuelas con mayor matrícula de estudiantes migrantes, experiencias educativas y procesos de identificación en ámbitos familiares, comunitarios y escolares, diversidad lingüística y cultural de las comunidades de referencia, escolaridad previa en los países de origen, entre otros. Nuestros avances en la temática se sostienen principalmente en trabajos etnográficos desarrollados en distintas localidades del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) con población migrante limítrofe[2].
En experiencias más recientes, hemos procurado complejizar las aproximaciones realizadas desde la investigación etnográfica a partir de su contrastación con datos cuantitativos. Hemos buscado poner esas aproximaciones cualitativas en diálogo con la información cuantitativa que se ha producido en el marco de distintos dispositivos estadísticos: censos de población, registros de matrícula escolar, operativos de evaluación, encuestas nacionales.
En este escrito nos interesa detenernos en dos experiencias de trabajo colaborativas que combinaron ambos tipos de información, cualitativa y cuantitativa, para reflexionar acerca de los aportes a la producción de conocimiento, y los desafíos y las tensiones que surgieron en el marco de ellas.
En primer lugar, nos referimos a la producción de un informe técnico sobre el derecho a la educación de la población migrante tomando como insumo la información estadística que producen las jurisdicciones educativas, como los Relevamientos Anuales/R.A. y las Pruebas Aprender (Observatorio del Derecho a la Educación/Ministerio de Educación y Universidad Pedagógica Nacional, 2023)[3]. En segundo lugar, aludimos a la participación en la producción del capítulo “Educación” del Anuario Estadístico Migratorio de la Argentina 2023 (ENMA)[4]. A lo largo de este trabajo, nos detenemos en algunos nudos problemáticos con la intención de contribuir a la reflexión metodológica sobre el diálogo entre investigaciones cualitativas y cuantitativas vinculadas a la situación educativa (acceso, trayectoria, sentidos y experiencias educativas) de la población migrante en sus distintas generaciones: las categorías de clasificación de las generaciones jóvenes en los diferentes relevamientos, la participación en la producción o recolección de los datos y el diseño de los dispositivos y, en algunos casos, las formas de acceso a la información.
Nuestro foco: las jóvenes generaciones
Los/as hijos/as de migrantes han estado históricamente fuera del alcance de la producción de conocimiento estadístico, a pesar de que mejorar sus condiciones de vida siempre constituyó uno de los argumentos centrales de la movilidad familiar. No se trata de un hecho aislado, dado que su relevancia en el campo de los estudios migratorios en general solo ha comenzado a aumentar a lo largo de las últimas décadas (Gaitán, 2009). Nombrados/as como “descendientes” o “segundas generaciones”, los/as hijos/as han planteado una serie de dilemas a este campo de estudios (Maggi y Hendel, 2022; Novaro y Diez, 2021; Pedone, 2010).
En el marco de la ampliación del paradigma de infancia y de derechos en este milenio, distintas voces señalan el problema del “doble déficit”: la relativa ausencia de perspectiva de infancia en las políticas migratorias, así como la falta de atención a la especificidad del hecho migratorio en las políticas de infancia, que tienden a desconectar la situación de los/as niños/as de la de sus grupos de pertenencia (Ceriani Cernadas, et al., 2014; Martínez, 2017). Esos señalamientos se multiplican junto con el reconocimiento del lugar decisivo que en los proyectos migratorios ocupan los/as hijos/as, y cómo en los desplazamientos niños/as y jóvenes están expuestos a situaciones de vulneración de derechos junto a los/as adultos/as. En este punto, la dimensión educativa desempeña un papel central, por ser las instituciones educativas unas de las primeras en recibirlos cuando llegan a destino.
Nuestra preocupación por atender los procesos generacionales se fundamenta en el interés por la formación de la juventud migrante y los debates actuales, que intentan correrse de miradas adultocéntricas y brindarles a los/as hijos/as un lugar de mayor agencia y relevancia (Diez y Novaro, 2020; Hendel y Maggi, 2022). En este sentido, resulta fundamental el aporte de trabajos como los de Sayad (2010), Feixa (1996), García Borrego (2003), Levitt (2010), Gavazzo (2014) que han contribuido a repensar la noción de “generación”, reconstruir los modos de concebir y experimentar la migración, así como las formas de apropiarse de diversos mandatos en el plano de las relaciones intergeneracionales.
En cuanto a la reflexión metodológica, debemos señalar que los dispositivos estadísticos en general han tendido a ser elaborados desde perspectivas que no suelen considerar a las infancias y juventudes entre sus destinatarios. Los dispositivos censales sobre la población matriculada en las escuelas, al tomar como unidades de relevamiento a los establecimientos educativos, han tendido a omitir aspectos más precisos sobre la condición migratoria propia y familiar de los/as estudiantes.
Sin embargo, dispositivos más recientes (Pruebas Aprender y Encuesta Nacional Migrante) han comenzado a “darles voz” a las jóvenes generaciones, ya sea a través de preguntas específicas a su madre/padre (ENMA) o en forma directa a los/as niños/as o jóvenes (Pruebas Aprender).
Desafíos metodológicos en el trabajo con dispositivos y categorías creados por otros: nuestra experiencia con la estadística educativa
Una de las experiencias a partir de las cuales aquí queremos reflexionar comenzó en el año 2022, cuando nuestro proyecto fue seleccionado en el marco de la convocatoria del Observatorio del Derecho a la Educación en Argentina (ODE) de la Secretaría de Evaluación e Información Educativa (SEIE) del Ministerio de Educación de la Nación (MEN), para la producción de informes técnicos “sobre diversos aspectos y dimensiones del derecho a la educación, que tomen como punto de partida la exploración de variables e indicadores de las bases de datos de la SEIE” (Convocatoria 2022). El propósito de la iniciativa era caracterizar la situación educativa de distintos grupos poblacionales poniendo en relación el trabajo sostenido por equipos de investigación del sistema científico argentino y la información producida por la SEIE del MEN. Entre las temáticas posibles que abordar, esta vez aparecía “Estudiantes migrantes en la educación argentina. Aproximación a su situación, condiciones de acceso a la educación y trayectorias”.
Preguntas a la estadística desde aproximaciones etnográficas
La convocatoria surgió como una oportunidad para poner en relación las fuentes estadísticas del MEN con los avances de investigaciones etnográficas locales, en las cuales veníamos abordando las experiencias educativas y problematizando las categorías de adscripción y sociales de los/as niños/as y jóvenes en contextos de migración. Esto implicó, desde un inicio, la necesidad de sumar al equipo de trabajo a profesionales con experiencia y formación en el procesamiento y análisis de información estadística. En esta oportunidad, no se trataba de solicitarles información o procesamientos específicos, sino de pensar el proyecto en su totalidad junto con ellos/as. Así fue como comenzó el trabajo con el Observatorio Educativo y Social de la Universidad Pedagógica Nacional.
El diálogo entre la etnografía y la producción o el análisis de datos empíricos estadísticos en el marco de esta experiencia ha sido muy enriquecedor para la investigación, pero no ha resultado sencillo. Un aspecto que cabe mencionar es el extrañamiento respecto al modo de implementación de los dispositivos de recolección de la información, así como el hecho de no haber participado en la creación de estos. Esto trajo aparejado el trabajo con categorías que, en muchas oportunidades, entraban en tensión con aquellas que venimos revisando en el trabajo etnográfico, donde, a diferencia de la producción de información estadística, las categorías son construidas en diálogo con los sujetos. Por otra parte, esta misma situación no nos permitió evaluar o registrar los efectos del dispositivo sobre los sujetos que responden, ya que solo contamos con el dato crudo o procesado.
Otra tensión que emergió en el marco de este trabajo refiere a la preocupación por las categorías utilizadas para delimitar el grupo poblacional a partir de los relevamientos cuantitativos: ¿es lo mismo hablar de estudiantes extranjeros y migrantes?, ¿de estudiantes hijos/as de migrantes y descendientes?, ¿cómo juegan las categorías estatales, sociales o de uso cotidiano y las autoadscripciones en el modo en que se construyen los datos?
Las preguntas que anteceden buscan poner el acento en un aspecto clave del aporte de las ciencias sociales al estudio de las migraciones y los procesos estatales: la revisión de los instrumentos estadísticos con los cuales se registran presencias, se extienden o limitan derechos, se caracterizan dinámicas generacionales, se despliegan acciones y formas de intervención. Asimismo, introducen otro aspecto que viene siendo central para nuestras investigaciones: la tensión entre el uso de clasificaciones que amplían o restringen el universo de población en situación de migración, y con ello los riesgos de fijar marcaciones o invisibilizar aspectos de la condición migratoria.
Con respecto al lugar de los/as hijos/as de migrantes en la producción de estadísticas estatales, cabe señalar que, si bien existen trabajos previos que analizan las bases de información que producen las jurisdicciones educativas –Registro Anual/RA y Pruebas Aprender (Binstock y Cerruti, 2019; Scasso, 2019)–, lo novedoso de la experiencia que aquí mencionamos es que en este caso se trató de una aproximación direccionada por la experiencia de investigación socioantropológica. Desde las etnografías, consideramos las particularidades que asumen las trayectorias educativas estableciendo relaciones con múltiples variables a escala local. En particular, venimos atendiendo la situación de la población proveniente de algunas regiones de Bolivia en localidades del norte y oeste de la provincia de Buenos Aires, en relación con las expectativas sobre la escolaridad de los/as adultos/as sobre los/as hijos/as, las desigualdades, los proyectos y las oportunidades de futuro de los/as jóvenes, y la inserción de estos/as en las escuelas y en emprendimientos productivos familiares, así como en colectividades, asociaciones y fraternidades, entre otros. Recuperamos una concepción antropológica de la educación que no la restringe al recorrido escolar, desde categorías de análisis amplias de los procesos educacionales y la de experiencias formativas (Rockwell, 1994). En consecuencia, partimos de aproximaciones que, atentas a los condicionantes estructurales que afectan derechos, proponen una mirada cualitativa de las trayectorias formativas, recuperan voces de distintos actores, analizan la relación entre experiencias educativas y procesos de identificación en la población joven. Por otra parte, nos preguntamos por los/as estudiantes nacidos en otros países y también por aquellos cuyos padres-madres nacieron en otros países. De este modo, buscamos trascender la noción “niños migrantes” hacia una conceptualización de la situación de la niñez y juventud en contextos de migración donde se juegan los estatus legales y sociales de las familias, los desplazamientos familiares en origen y destino, los posicionamientos colectivos sobre lo nacional argentino, las marcas asociadas a la etnicidad y a lo nacional boliviano (Gaitán, 2009; Diez et al., 2023).
La doble oportunidad de ampliar y precisar el universo de análisis
Sobre la experiencia acumulada, pasamos de analizar el relevamiento anual, que, como anticipamos, es “un operativo educativo de carácter censal, cuya unidad de relevamiento y análisis son las unidades educativas”, a poner particular atención sobre las Pruebas Aprender. Estas pruebas, además de constituir “un dispositivo nacional de evaluación de los aprendizajes”, “sistematiza información acerca de algunas condiciones en las que ellos se desarrollan” (Ministerio de Educación, 2023)[5], entre esta última, factores sociodemográficos y socioeconómicos, y condición migratoria familiar. Asimismo, es un instrumento autoadministrado, son los/as mismos/as estudiantes quienes contestan preguntas acerca de las mencionadas condiciones, a diferencia del relevamiento anual, donde quien informa es un agente escolar.
Tomando a los/as estudiantes como unidades de análisis, encontramos en las Pruebas Aprender la posibilidad de ampliar la condición migrante, es decir, de construir a partir de las respuestas a los cuestionarios la categoría “hijos de”. En este marco, pudimos identificar que los/as estudiantes nacidos en otros países representan entre el 2 % y el 3 % de la matrícula total, mientras que los/as estudiantes argentinos/as hijos/as de migrantes, entre el 6 % y el 8 %, con algunas variaciones según el año y el nivel del que se trate (Diez et al., 2023). Esta caracterización permite relacionar y diferenciar aspectos del acceso, las trayectorias y las condiciones en que estas se producen, de un universo mayor (el 10 % de estudiantes atravesados por la condición migratoria propia o familiar). Asimismo, permite desagregar ambas categorías migratorias para avanzar comparativamente sobre cambios y continuidades entre grupos generacionales y con relación al resto de la población. Somos conscientes de que “hijos/as” es una categoría que testimonia la relevancia de esta condición, pero también que es compleja y objeto de debates en las ciencias sociales (García Borrego, 2003; Gavazzo, 2014). Aun así, la decisión de abordarla se fundamentó en conclusiones de nuestros trabajos previos de investigación acerca de la relevancia de considerar la situación migratoria familiar en las experiencias de formación e identificación, y en las demandas, expectativas y trayectorias escolares de niños/as nacidos/as en Argentina pertenecientes a familias que han migrado. Aludimos a procesos que registramos con familias migrantes en los que la condición migratoria es significada como algo que se extiende en muchos sentidos a la descendencia (Novaro y Diez, 2021).
Cifras que hablan de desigualdad
A partir del diálogo entre las aproximaciones cualitativas/cuantitativas, buscamos dar cuenta de la información que aportan las investigaciones estadísticas a la luz de experiencias de vida que testimonian procesos de identificación en las distintas generaciones de migrantes. Por ejemplo, pudimos saber que niños/as y jóvenes migrantes, en general, asisten con mayor frecuencia a escuelas públicas; hay una presencia masiva de la población de entre 6 y 12 años en la escuela primaria (que se asemeja a la de la población nativa), pero un panorama distinto en la población de entre 13 y 17 años en la secundaria (con una caída de más de 8 % en relación con la población nativa). Asimismo, registramos menores porcentajes de asistencia al nivel inicial (14 % de niños/as migrantes no asistieron, contra el 2 % de entre los/as no migrantes)[6].
Por otra parte, el trabajo nos confrontó con ciertos límites en el cruce estadístico y la advertencia sobre los cuidados metodológicos al momento de analizar y afirmar la incidencia de unos factores sobre otros, relaciones que aprendimos a matizar en el trabajo etnográfico. Por ejemplo, la información que aportan las Pruebas Aprender permite pensar relaciones entre la condición migratoria y la repitencia o el rendimiento escolar de los/as estudiantes. Sin embargo, con relación a esos y otros aspectos de los itinerarios escolares, el análisis de las fuentes educativas mostró que las desigualdades socioeconómicas tienen un peso explicativo sobre los aspectos de las trayectorias que releva la estadística, más allá de la condición migratoria, como reflexionamos en el informe (ODE/ME)[7]. A ese respecto, las fuentes estadísticas revelan que esta población se encuentra sobrerrepresentada en el nivel socioeconómico bajo (Cerruti y Binstock, 2019), otro dato que nos obliga a revisar y complejizar los alcances de lo que definimos como condición migratoria, al analizar su incidencia en los itinerarios educativos.
Una experiencia de coproducción de conocimiento: tensiones y desafíos en el trabajo con la ENMA
A diferencia del análisis de información estadística presente en las bases del Ministerio de Educación Nacional (Relevamientos Anuales y Pruebas Aprender), la Encuesta Nacional Migrante (ENMA) constituye una experiencia de coproducción de conocimiento entre organizaciones de migrantes e investigadoras del CONICET y otros organismos estatales y no gubernamentales. La experiencia en la cual aquí hacemos foco comenzó en el año 2022, retomando la primera edición de la ENMA del año 2020. Se trata de una iniciativa colectiva de construcción de datos desde un enfoque de derechos humanos inspirada en aquello que señala el prólogo del Anuario:
… los números no caen del cielo, son construcciones humanas, y en esa condición deben ser entendidos y utilizados. Ella (Susana Torrado) siempre insistía en que había que ir un poco más atrás del número, pensar cómo se había llegado a él, cuáles habían sido las decisiones y definiciones previas que lo conformaban (ENMA, 2023, p. 7).
Decisiones y definiciones previas de las cuales participamos y que hacen que este dispositivo se diferencie de manera notable de la experiencia mencionada anteriormente.
La construcción del dispositivo de relevamiento como desafío
La elaboración del “Capítulo 3. Educación” se basó en dos bloques de preguntas distintas. Por ello, se dividió en dos apartados en función de las particularidades que presentó cada temática: educación de hijos/as y educación de personas adultas. En el primer caso, el universo sobre el cual se trabajó se construyó a partir de quienes respondieron afirmativamente a las preguntas: 1. “¿Tiene hijos/as?” y 2. “En relación con los/as hijos/as que viven en la Argentina, ¿asisten actualmente a la escuela (jardín, primaria o secundaria)?”. Este universo, vale aclarar, abarcó a las personas adultas migrantes que tienen tanto hijos/as nacidos/as en otros países, como en la Argentina. Sobre la base de dicho universo, se avanzó en el análisis de un bloque de cuatro preguntas (una de ellas de respuesta múltiple), tratándose del único segmento de la ENMA en el cual la persona encuestada responde por otro/a/s integrante/s del grupo familiar. En este bloque se relevaron características de acceso, inconvenientes y experiencias de discriminación en la escuela por condición migrante o aspecto físico. El segundo apartado, por su parte, analizó un bloque de cuatro preguntas (una de ellas de respuesta múltiple). La primera pregunta filtra a las posteriores, que se dirigen solo a las personas que respondieron que estaban efectivamente estudiando en la Argentina al momento de realizar la encuesta. El bloque releva el nivel de estudios que se encontraba cursando la persona encuestada, si tuvo o no inconvenientes al momento de la inscripción, y, en caso de respuesta afirmativa, qué tipo de inconvenientes experimentó.
La construcción del dispositivo fue un proceso sumamente rico tanto por su carácter colectivo como interdisciplinario y nos ubicó ante el desafío de “hacer carne” esos límites de los cuales hablamos en el apartado anterior: pensar minuciosamente cada palabra; la imposibilidad de preguntar por cada hijo/a en particular; la necesidad de que el cuestionario fuera breve; la persistente pregunta retórica acerca de qué entenderá el respondiente al leer las preguntas planteadas.
Las preguntas por las categorías estuvieron presentes desde un inicio y dieron lugar a un interesante intercambio. Una de las primeras tensiones emerge del hecho de que se trata de un cuestionario respondido por personas adultas, lo cual implica que, en el primer bloque, quien responde acerca de las infancias y juventudes es uno de sus tutores/as. La perspectiva adulta se erige así en una variable que no se pudo modificar, lo cual no invalida la información provista por el cuestionario, pero sí alerta sobre ciertos límites y tensiones que pueden problematizarse al poner los resultados en diálogo con investigaciones cualitativas. En términos de nuestras investigaciones etnográficas, esto presenta una tensión, en cuanto es el adulto el que “habla” por el/la niño/a o joven, pero logra ampliar la conceptualización a los hijos/as que han nacido en el país de destino. A partir de estas tensiones, nos preguntamos cómo analizar la información recabada sin perder de vista las limitaciones mencionadas. ¿Es posible pensar en dispositivos estadísticos orientados a las infancias y juventudes que no requieran la mediación de una persona adulta?
Por otra parte, experiencias previas (ENMA 2020) nos condujeron a simplificar y abreviar la cantidad de preguntas del primer bloque. Esto llevó a que las respuestas tendieran a dar cuenta de la generalidad, y no la especificidad, de cada hijo/a debido a las características que adoptó el dispositivo. Sin embargo, la posibilidad de elaborar las preguntas abrió la oportunidad de interrogar sobre cuestiones que otros dispositivos no indagan y que resultan centrales para caracterizar el acceso a la educación de las jóvenes generaciones. Nos referimos a aspectos tales como dificultades en el acceso a la educación, motivos de no escolarización y vivencia de situaciones de discriminación.
Algunos de los debates más intensos se dieron en torno a cómo nombrar las opciones de respuesta de las dos primeras preguntas mencionadas[8]. En este punto, la participación de miembros de organizaciones de migrantes fue central, ya que habilitó un diálogo basado en su propia experiencia, que pocas veces ocurre en la creación de dispositivos estatales. ¿Cómo nombrar lo que se suele llamar “problemas de papeles”? ¿Hasta dónde especificar las problemáticas? ¿Cómo hacer que el aporte del “conocimiento experto” no dificulte la comprensión de las opciones?
De todos modos, entendemos que, más allá de las características particulares de la ENMA, la participación de entidades estatales como el CONICET no logra hacer que desaparezca la desconfianza que genera en cierta población la formulación de algunas preguntas. El para qué de la solicitud de información referida a dificultades de acceso, situaciones de vulneración de derechos o la no escolarización de los/as hijos/as sigue latente y resulta pertinente que constituya parte del análisis posterior. En este sentido, la participación en la implementación del dispositivo puede transformarse en un elemento sumamente valioso y, al mismo tiempo, difícil de concretar.
Reflexiones sobre el análisis de la información educativa: la construcción de la escucha del dato
El trabajo de análisis de los datos nos ubicó ante el desafío de seleccionar categorías que permitieran definir y delimitar las nociones de infancia y, sobre todo, de juventud-adolescencia y adultez. Las tensiones surgidas en este recorrido nos llevaron a hacer aclaraciones en el Anuario, dando cuenta de los debates que nos atravesaron en torno a las categorías de jóvenes y adolescentes y a los motivos que nos condujeron a optar por la segunda, atendiendo a la difusión de su uso tanto en espacios de diseño de políticas públicas como en ONG, organizaciones de migrantes y organismos internacionales:
No queremos dejar de señalar que, si bien prima una concepción vinculada a la edad (entre los 10 y los 19 años, con distintos rangos), debemos tener presente que ambas categorías constituyen construcciones sociales dinámicas, y son producciones relacionales y situadas que adquieren diferentes características según los contextos y los actores sociales involucrados, así como las relaciones de poder que las atraviesan (Kropff Causa, 2010; Chaves, 2010) (2024, p. 68).
A diferencia del trabajo con las categorías que venimos haciendo en nuestras investigaciones etnográficas, donde optamos por la noción de “juventudes”, en este caso primó la posibilidad de diálogo con otros dispositivos y organismos nacionales e internacionales, así como la posible incidencia de estos datos en la definición de políticas públicas. La participación y argumentación de quienes forman parte de organizaciones de y para migrantes fue central. Esta experiencia repercute sobre nuestras propias investigaciones y su sentido. Nos preguntamos, ante esta situación, por los aportes específicos que tanto los datos estadísticos como las investigaciones etnográficas pueden realizar a dichos diálogos, así como la complejidad que ese diálogo adopta en contextos como el actual, de retroceso en el reconocimiento y la efectivización de derechos adquiridos.
En este último plano, la ENMA 2023 ha ratificado la importancia de atender a las dificultades en el acceso a la educación, aspecto difícil de registrar en las investigaciones etnográficas –a pesar de los avances realizados en los últimos años; véase Hendel (2022, 2024)–. En este sentido, permitió advertir que los desafíos para el ingreso, la permanencia y el egreso de la población migrante en el sistema educativo argentino giran en torno a tres grandes cuestiones que se interrelacionan entre sí: la situación socioeconómica, el registro de mecanismos discriminatorios, y dificultades legales y burocráticas. En cuanto a las situaciones de discriminación, surge un diálogo interesante entre los análisis etnográficos que venimos realizando y cifras tales como que casi un 20 % de los adultos afirmó que sus hijos/as han experimentado situaciones de discriminación en espacios escolares. Dato que nos ubica ante la necesidad de retomar y complejizar los abordajes que venimos haciendo de estas situaciones en un contexto en el cual la garantía de derechos por parte del Estado se encuentra en profunda transformación.
Conclusiones
Este escrito constituye una aproximación crítica a la reflexión metodológica sobre las experiencias descritas. Cuestiones tales como la forma en que se construyen las categorías de los dispositivos de recolección de información estadística, sus consecuencias sobre la forma en que son respondidos y sobre quienes los responden, así como la forma en que elaboramos conocimiento a partir de estos constituyen elementos relevantes de un ejercicio analítico y reflexivo que esperamos enriquezca experiencias futuras.
La lectura y el trabajo con las estadísticas desde la investigación socioantropológica nos plantean un cuadro de la situación educativa de la población migrante que, si bien se caracteriza por ser provisorio, consideramos relevante. Aporta información que complementa datos registrados en el trabajo de campo y propicia la formulación de nuevas preguntas de investigación. También nos deja muchas advertencias sobre la forma de pensar la relación entre inclusión-exclusión educativa, la manera de delimitar el “universo migrante” y los cuidados al establecer relaciones entre trayectorias educativas, situación socioeconómica y migración.
Este ejercicio reflexivo también abre preguntas acerca del potencial que supone la incorporación del punto de vista de los sujetos en el análisis de los procesos y la contribución para abordar la forma en que los/as mismos/as actores/as se identifican, así como las limitaciones que la creación de dispositivos estadísticos desde los organismos públicos plantea a este tipo de dinámicas.
A la vez que mencionamos estas dificultades o tensiones, debemos señalar el enorme potencial de estas experiencias y el interesante aporte que las fuentes estadísticas suponen para el trabajo que venimos realizando. Precisamente, aquello que deseamos realizar en este escrito es pensar a la luz de algunos de estos desafíos que han surgido en el proceso de creación, procesamiento y análisis de la información mencionada, buscando, simultáneamente, ponerlo en diálogo con nuestras investigaciones previas.
No podemos finalizar este escrito sin hacer alusión a las distintas interlocuciones y temporalidades que atraviesan la investigación. A lo largo de estas páginas, ubicamos aspectos de una problemática social y un campo de conocimiento sobre las generaciones jóvenes en contextos de migración de muchos años, al que buscamos aportar y cuya provisoriedad es constitutiva de su carácter procesual. En ese punto, la articulación de fuentes, la producción colaborativa y la reflexión minuciosa sobre las categorías de análisis dan cuenta de múltiples avances en la investigación. Esto ocurre, sin embargo, en un contexto caracterizado por la amenaza y la progresiva vulneración de derechos de las personas migrantes, y por un retroceso en su reconocimiento y efectivización. Se trata de una coyuntura inédita que nos ubica ante interrogantes con respecto a los potenciales usos de la información estadística y su análisis a la luz del conocimiento local de carácter etnográfico. Tal vez sean tiempos de hacer el ejercicio inverso al planteado por Susana Torrado y tengamos que ir un poco “más allá” del número, para evitar que sea instrumentalizado o habilite lecturas que terminen generando efectos contrarios a los deseados, previstos o esperados.
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Scasso, M. et al. (2019). Desafíos de la diversidad cultural en la escuela primaria. Los aprendizajes de niños y niñas migrantes. Serie de informes temáticos, Aprender 2018. Secretaría de Evaluación Educativa. Ministerio de Educación de la Nación. En www.argentina.gob.ar/sites/default/files/migrantes-2018_final.pdf.
- Este escrito recupera dos experiencias de trabajo compartidas entre 2022 y 2023, período en que (no sin limitaciones) los consensos alcanzados sobre esas perspectivas fundamentaban orientaciones en algunas políticas públicas y legitimaban un terreno de demandas de las organizaciones en el acceso a derechos. Estos últimos vienen siendo objeto de crecientes impugnaciones en la coyuntura política actual.↵
- Aludimos a los proyectos de cada una para la Carrera Científica (CONICET) en Buenos Aires y a los proyectos colectivos (“Migración, identificaciones y educación: jóvenes de Bolivia y descendientes de migrantes en Argentina”/PICT-2021 y “Migración y educación en contextos de reconfiguración de la movilidad: relaciones generacionales, procesos de identificación y experiencias formativas”/PIP 2021), que compartimos con investigadoras tanto del AMBA como de otras regiones del país, algunas de las cuales forman parte de esta red (Gabriela Novaro, Brígida Baeza y Florencia Maggi).↵
- Diez, M. L., Novaro, G., Hendel, V., Martínez, L., González, D., Valencia, D., Suasnábar, J., Chiaravalloti, N., Fariña, F., Maggi, M. F., y Varela, M. Col: G. Kleidermacher y G. Estrada (2023). ↵
- Hendel, V., Buratovich, P., Barelli, A. I., Cabrera, C., Diez, M. L., Guazzaroni, C., Martínez, V., Nicolao, J. y Vargas Guzmán, J. (2024). ↵
- Estos operativos se aplican sobre los grupos de estudiantes que cursan sexto grado de la escuela primaria y el último año de la secundaria, en las distintas jurisdicciones del país. ↵
- Esa información recuperó datos censales de 2010, debido a la demora en publicarse los informes sobre el último censo. A la luz de la información con que hoy contamos, encontramos persistencia en las situaciones de desigualdad. Asimismo, los datos nos alertan sobre la (posible) menor asistencia a la escuela entre los grupos que por su edad se espera estén cursando el nivel primario (Censo 2022), como abordamos en dos artículos de un dossier reciente de la revista Migraciones Internacionales. Reflexiones desde Argentina (OIM, 2024). ↵
- Por ejemplo, entre los/as estudiantes del sector socioeconómico bajo, principalmente, no se constataban diferencias entre población migrante (tanto por condición migratoria propia o familiar) y no migrante con relación a aspectos de sus trayectorias educativas en la escuela secundaria, como la “repitencia” o las “asignaturas adeudadas”.↵
- “¿Tuvo algún inconveniente para el acceso a la educación (con alguno de sus hijos/as)?” y “¿Cuál es la razón por la que no asisten?”.↵






