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Las cinco casas y media
de Litzy Sequeiros

Un enfoque metodológico para el estudio de la vivienda y la apropiación del espacio público en contextos migratorios

Fulvio A. Rivero Sierra

La apropiación subjetiva del espacio es un proceso mediante el cual las personas transforman los lugares que habitan, dotándolos de significado y estableciendo con ellos una relación afectiva y funcional (Bachelard, 2012; Tuan, 2007; Vidal i Moranta y Pol, 2005). No se trata únicamente de ocupar un espacio, sino de intervenirlo, resignificarlo y construir un vínculo de pertenencia con él.

En el caso de los migrantes, este proceso adquiere características particulares, ya que la movilidad, la inestabilidad y las relaciones laborales condicionan sus posibilidades de apropiación. Para quienes deben reconstruir sus vidas en nuevos territorios, la apropiación del espacio no es solo un fenómeno subjetivo, sino también una estrategia para consolidar arraigo y autonomía dentro de su trayectoria migratoria (Benencia, 1997, 2012; Benencia y Quaranta, 2006).

Cuando se analiza específicamente la apropiación subjetiva del espacio en las viviendas que habitan los migrantes, aparecen dinámicas aún más complejas. Las condiciones de acceso a la vivienda, el grado de control sobre el espacio y las posibilidades de intervención material y simbólica determinan hasta qué punto una casa puede convertirse en un hogar.

Este trabajo propone una metodología para aprehender y analizar este fenómeno en profundidad. ¿Cómo se apropian subjetivamente del espacio los migrantes a través de su trayectoria habitacional? ¿Cuáles son las dimensiones que permiten operacionalizar este proceso y reducir la subjetividad de su análisis sin perder su riqueza interpretativa?

Desafíos metodológicos y enfoque del estudio

Analizar la subjetividad en su relación con el espacio plantea desafíos metodológicos. Reconstruir su contenido, interpretar los datos y minimizar sesgos requiere estrategias específicas (Charmaz, 2000; Charmaz y Belgrave, 2015; Giddens, 1981; Halfacree, 2004).

Este estudio adopta un enfoque cualitativo basado en un caso longitudinal, reconstruyendo la evolución de la apropiación del espacio en el tiempo (Neiman y Quaranta, 2006). Se combinan entrevistas en profundidad, observación directa y foto-elucidación (Mannay, 2017), triangulando fuentes para reducir interpretaciones arbitrarias. La clave es analizar no solo las transformaciones materiales del entorno, sino también los discursos que revelan sus significados (Kvale, 2011; Moyano-Lucero y Vanegas-Peña, 2020; Pol, 1996; Vidal i Moranta y Pol, 2005).

Más allá del caso particular de Litzy Sequeiros[1], el estudio propone un modelo para comprender cómo la apropiación subjetiva del espacio se estructura en función del habitus y la cultura migratoria (Bourdieu, 2016; Rivero Sierra, 2012b, 2012a). Desde esta perspectiva, la vivienda no es solo un espacio físico, sino un territorio subjetivo y culturalmente construido, donde los migrantes proyectan identidad y estrategias de arraigo (Faret, 2001; Lara Flores, 2012; Rivero Sierra, 2016, 2018, 2023; Tarrius, 2000).

Enfoque metodológico

Diseño de investigación

La apropiación subjetiva del espacio es un proceso dinámico que evoluciona con el tiempo, por lo que su estudio requiere un enfoque metodológico que permita dar cuenta de sus transformaciones. Un diseño longitudinal resulta adecuado, ya que posibilita reconstruir los cambios en la relación entre el migrante y el espacio habitado en distintos momentos de su vida (Neiman y Quaranta, 2006).

Originalmente, la investigación se planteó como un estudio comparativo sincrónico de seis casos de migrantes bolivianos en Lules con diferentes trayectorias, lugares de residencia, género, tiempos de residencia y tipos de ocupación para comprender sus formas de apropiación del espacio urbano. Sin embargo, durante el trabajo de campo, se evidenció una importante disparidad en la calidad del material etnográfico obtenido. Mientras que la mayoría de informantes proporcionaron datos limitados o fragmentarios sobre su relación con el espacio, el caso de Litzy Sequeiros ofreció un material etnográficamente denso y longitudinalmente completo.

La decisión de abandonar el estudio comparativo original y centrarse en el caso único de Litzy implicó un cambio sustancial: del análisis de la apropiación del espacio urbano, se transformó en un estudio de la relación con los espacios habitacionales; de un enfoque sincrónico, se pasó a uno diacrónico. Las preguntas de investigación se reorientaron para interrogar cómo evoluciona la apropiación subjetiva del espacio a través de las distintas viviendas en una trayectoria migratoria.

Litzy Sequeiros, nacida en Tupiza (Bolivia) en 1981, migró a Tucumán en el año 2000, a los 19 años, siguiendo el recorrido previo de sus padres migrantes: primero Salta, luego Tafí del Valle y finalmente Lules, donde se asentó junto a su pareja, David. Ambos se insertaron como peones rurales en la horticultura local.

Su trayectoria residencial –entendida aquí como los distintos espacios habitados y sus regímenes de tenencia– se desarrolló íntegramente dentro del ejido municipal de San Isidro de Lules, en un área acotada de características rururbanas, donde la producción hortícola convive con urbanizaciones recientes, espacios de cultivo y trabajo en oficios vinculados a la construcción. Las viviendas habitadas por Litzy y David se encuentran ubicadas a menos de un kilómetro entre sí, expresando un patrón de movilidad de corto alcance y un fuerte anclaje territorial.

Su primera residencia fue la Casilla, una vivienda precaria provista por el patrón para trabajadores golondrina. Allí vivieron junto a los padres de Litzy y otros familiares, mientras trabajaban como peones jornaleros en fincas hortícolas.

Luego se trasladaron al Cuarto, una pequeña habitación alquilada, donde convivieron solo Litzy y David. En esta etapa continuaron trabajando como peones en distintas quintas de la zona.

Más tarde, habitaron la Casa de Yerba Huasi, vivienda cedida en préstamo como parte de un acuerdo de mediería. Vivieron allí como pareja, y en ese período nació su primer hijo. Ambos trabajaban como medieros, compartiendo la producción con la propietaria de la quinta, mientras Litzy iniciaba sus estudios de obstetricia.

Posteriormente se mudaron a la Casa de Block, inicialmente alquilada y luego adquirida junto al terreno. Allí vivieron con sus hijos y consolidaron su actividad productiva con mayor autonomía: Litzy como quintera, y David combinando trabajo hortícola con el de la construcción en seco.

Finalmente, construyeron la Casa de Telgopor, contigua a la anterior y de su propiedad. Allí se estableció el grupo familiar completo. Litzy culminó sus estudios y comenzó a ejercer como partera profesional, mientras que David continuó dedicado a la construcción en seco, ocupación que sostiene hasta la actualidad.

El caso de Litzy poseía tres cualidades fundamentales: su representatividad dentro del proceso migratorio boliviano en Tucumán, la variabilidad de sus condiciones habitacionales a lo largo de cinco viviendas distintas, y la disponibilidad de datos longitudinales a través de entrevistas, registros visuales y observaciones directas. Este diseño trasciende el análisis transversal, proporcionando una visión diacrónica que permite comprender cómo los migrantes transforman su relación con el espacio a lo largo del tiempo.

La investigación se desarrolló durante casi dos años, aplicando entrevistas en profundidad, observación directa y análisis visual. Respecto al tratamiento de los datos, se estableció un protocolo de consentimiento informado donde, a diferencia de la práctica habitual, Litzy solicitó expresamente mantener su identidad real debido a su rol como dirigente comunitaria y su deseo de visibilizar su historia.

Mapa 1. Ubicación de las viviendas.
Municipio de San Isidro de Lules, Tucumán

Fuente: elaboración propia.

Estrategias de recolección de datos

Para reconstruir la trayectoria habitacional de Litzy Sequeiros y analizar su proceso de apropiación del espacio, se emplearon diversas técnicas que permitieron abordar el fenómeno desde distintas dimensiones.

La entrevista en profundidad fue el instrumento central, explorando su percepción del espacio, las modificaciones realizadas en cada vivienda y los factores que condicionaron su apropiación (Charmaz, 2000; Kvale, 2011). Se complementó con observación directa, documentando cambios materiales y simbólicos como la distribución del mobiliario y la presencia de objetos identitarios (Pol, 1996; Vidal i Moranta y Pol, 2005).

Además, se utilizó foto-elucidación, facilitando la reconstrucción de recuerdos y la reflexión sobre las transformaciones en cada vivienda (Mannay, 2017). Este recurso permitió captar aspectos subjetivos del espacio difíciles de registrar en una entrevista convencional.

Por último, se realizó un análisis georreferenciado básico, ubicando en Google Maps las viviendas habitadas por Litzy y midiendo las distancias entre ellas. Este ejercicio permitió observar que, pese a la movilidad experimentada a lo largo de más de 20 años, su trayectoria habitacional terminó teniendo un carácter circular, ya que las últimas dos viviendas, especialmente la Casa de Telgopor, se encuentran muy cerca de la primera que habitó al llegar a Tucumán.

Dimensiones de análisis y criterios de valoración

Dado que la apropiación subjetiva del espacio no opera en un único nivel, se establecieron cinco dimensiones analíticas, cada una con categorías y subcategorías específicas. Para evitar interpretaciones arbitrarias, se diseñó un sistema de valoración gradual, asegurando que la evaluación de los hallazgos sea rigurosa y fundamentada.

Cuadro 1. Dimensiones de análisis y criterios de valoración
DimensiónCategoríaSubcategoríaDefiniciónIndicadoresFuente de datosGradualidad
Intervención material (Pol, 1996)Modificaciones estructurales.Reformas físicas.Cambios en la estructura de la vivienda.Paredes, techos, pisos, distribución interna.Observación directa, entrevistas.1 (nulo) – 6 (alto).
Incorporación de servicios.Acceso a infraestructura básica.Instalación de agua, electricidad, saneamiento.Disponibilidad de servicios básicos.Observación, entrevistas.1 (nulo) – 6 (alto).
Resignificación simbólica (Vidal i Moranta y Pol, 2005)Uso de objetos identitarios.Decoración y símbolos culturales.Personalización del espacio mediante elementos culturales.Altares, adornos, fotografías.Entrevistas, foto-elucidación.1 (nulo) – 6 (alto).
Control territorial (Benencia, 1997)Modalidad de tenencia.Nivel de autonomía sobre la vivienda.Relación entre la vivienda y la estabilidad laboral.Dependencia patronal, alquiler, propiedad.Entrevistas, observación.1 (nulo) – 6 (alto).
Arraigo y topofilia (Tuan, 2007)Apego emocional.Expresión de estabilidad y pertenencia.Grado en que la vivienda es percibida como un hogar permanente.Relatos sobre seguridad y continuidad en el lugar.Entrevistas, observación directa.1 (nulo) – 6 (alto).
Dimensión territorial (Lara Flores, 2012)Construcción del territorio migratorio.Transformación del espacio en función de la movilidad y el arraigo.Interacción entre prácticas cotidianas, apropiación material y significados simbólicos del entorno.Uso del espacio público, estabilidad de ocupación, resignificación del territorio en la trayectoria migratoria.Entrevistas, observación directa.1 (nulo) – 6 (alto).

Estrategia de análisis

El análisis de los datos siguió un proceso de codificación abierta y axial, basado en la teoría fundamentada (Charmaz, 2006). Para garantizar una interpretación estructurada, las dimensiones analíticas fueron aplicadas en la comparación entre viviendas, permitiendo identificar patrones de apropiación material y simbólica en función de los niveles de autonomía y arraigo. Finalmente, el análisis se articuló con la noción de “territorio migratorio” (Faret, 2001; Lara Flores, 2012; Rivero Sierra, 2023; Tarrius, 2000), considerando que la apropiación del espacio no solo ocurre dentro de la vivienda, sino en su relación con el entorno y las redes migratorias. Esta perspectiva permitió contextualizar su experiencia dentro de lógicas más amplias de movilidad y arraigo en la migración boliviana en Argentina, mostrando cómo la transformación del espacio estuvo influida tanto por las condiciones estructurales de acceso a la vivienda, como por las estrategias individuales y colectivas de resignificación del entorno.

Análisis de la trayectoria habitacional

Aproximación al análisis: trayectoria habitacional y apropiación del espacio

La Casilla (2000-2001): el espacio de la precariedad

El primer lugar donde Litzy vivió en Tucumán no era una casa, sino una casilla de trabajadores dentro de una finca hortícola. Llegó ahí con su pareja, David, y la esperaban sus padres y su hermana. Era un espacio prestado por la patronal, un refugio temporal sin autonomía, donde su derecho a habitar dependía exclusivamente de su empleo. Si perdía el trabajo, perdía la vivienda.

La estructura de madera, sin aislamiento térmico ni divisiones internas, no permitía ningún tipo de intervención material. No había margen para modificar el espacio ni mejorar sus condiciones. La única posibilidad de “adaptación” fue cubrir las rendijas con cartones para evitar el frío, un intento desesperado que apenas ofrecía protección. “Tratábamos de cubrir las rendijas con cartones, pero igual se filtraba” (L. Sequeiros, comunicación personal, 28 de octubre de 2021).

El control territorial era nulo. No había decisiones sobre el espacio, ni opciones de reorganización. “Todo era prestado por el patrón; ni siquiera podíamos modificar nada” (L. Sequeiros, comunicación personal, 6 de abril de 2022). La casilla no solo no era suya, sino que tampoco podía convertirla en un lugar propio.

Esta falta de control se reflejaba en la relación emocional con el espacio. No había ningún objeto que indicara pertenencia, ningún rincón que pudiera sentir como propio. La vivienda no tenía valor simbólico, más allá de su función inmediata de techo. “Era un lugar donde dormíamos y nada más” (L. Sequeiros, comunicación personal, 28 de octubre de 2021).

Además, la inseguridad era constante. La casilla estaba aislada y sin protección, y una noche desconocidos intentaron ingresar arrojando un block contra la ventana. Sin vecinos cerca ni redes de apoyo, cualquier incidente de este tipo exponía su vulnerabilidad. “Nos apagamos la luz y nos armamos con lo que pudimos” (L. Sequeiros, comunicación personal, 6 de abril de 2022).

Desde la perspectiva de Vidal i Moranta y Pol (2005), la apropiación subjetiva del espacio implica la posibilidad de intervención y resignificación, dos aspectos imposibles en la Casilla. No podía hacer cambios, no podía hacer el lugar suyo, no podía imaginar un futuro ahí. “Nunca había vivido en condiciones así, tan tristes e ínfimas” (L. Sequeiros, comunicación personal, 23 de marzo de 2022).

Esta vivienda representó su punto más bajo en la escalera boliviana en la medida en que tanto Litzy como su marido se desempeñaban como peones. No solo las condiciones eran precarias, sino que su acceso al espacio dependía de un tercero, sin margen para la autonomía.

El Cuarto (2001-2003): seguridad sin apropiación

La mudanza a una habitación alquilada en el centro de Lules marcó un avance en estabilidad, ya que por primera vez su residencia no dependía directamente de su empleo. Fue un cambio significativo porque la vivienda ya no era una extensión del trabajo en el campo, sino un espacio independiente. “Ya no dependíamos de la patronal para el lugar donde vivíamos, y eso nos dio un poco más de libertad” (L. Sequeiros, comunicación personal, 6 de abril de 2022).

Si bien las condiciones materiales mejoraron, con acceso a agua corriente y electricidad, el espacio seguía siendo muy reducido. Era una habitación, no una casa, y no permitía un desarrollo pleno de la vida familiar. “Era pequeño, pero al menos teníamos agua y no hacía tanto frío como antes” (L. Sequeiros, comunicación personal, 6 de abril de 2022).

El control territorial seguía siendo limitado. Aunque ya no estaba bajo el dominio de la patronal, el alquiler imponía nuevas restricciones, impidiendo cualquier modificación estructural. “No se podía cambiar nada. No podíamos clavar un clavo en la pared sin pedir permiso” (L. Sequeiros, comunicación personal, 6 de abril de 2022). No había margen para intervenir en el espacio, lo que significaba que, aunque estaba en mejores condiciones que la Casilla, seguía sin ser un lugar donde pudiera proyectarse a largo plazo.

En términos de arraigo y apropiación simbólica, el Cuarto no ofrecía un espacio que pudiera hacer propio. No había intervención material ni objetos que reforzaran un sentido de pertenencia. La percepción de transitoriedad era clara: “Sabíamos que era temporario. No tenía sentido invertir en algo que no era nuestro” (L. Sequeiros, comunicación personal, 6 de abril de 2022).

La Casa de Yerba Huasi (2003-2010): una casa habitada más allá de su propiedad

La Casa de Yerba Huasi fue la primera vivienda en la que Litzy pudo sentirse en un hogar, aunque la relación con el espacio seguía siendo ambigua. No era suya: la patronal se la había cedido como parte de su trabajo, lo que significaba que su permanencia no dependía de ella. Sin embargo, a diferencia de la Casilla y el Cuarto, esta casa le permitió intervenir en su estructura, mejorarla y, sobre todo, habitarla en un sentido más profundo.

El cambio en términos de habitabilidad fue significativo. Las paredes eran de ladrillo, el piso, firme, y los espacios internos, más amplios, lo que por primera vez le permitió organizar su hogar sin las restricciones de las viviendas anteriores. “Era más grande y no entraba el frío como en la Casilla. Al menos teníamos un piso decente y las paredes eran de ladrillo” (L. Sequeiros, comunicación personal, 8 de julio de 2022). Este cambio no solo hizo que la casa fuera más cómoda, sino que también redujo la sensación de precariedad que había marcado sus experiencias previas.

Pero lo que realmente diferenció a esta casa fue la posibilidad de modificar el espacio. Aunque no era suya, pudo hacer mejoras que reforzaron su vínculo con la vivienda. Pintó las paredes, revocó los muros, arregló la instalación eléctrica y creó un jardín. “Esta casa estaba abandonada. Todo lo que ves lo hemos hecho nosotros. Revocamos las paredes y pusimos electricidad, plantamos flores en el patio” (L. Sequeiros, comunicación personal, 6 de abril de 2022). Si bien, en términos de control territorial, la casa seguía perteneciendo a otro, la capacidad de intervención le permitió un nivel de apropiación subjetiva que no había experimentado antes.

Además de las mejoras materiales, la Casa de Yerba Huasi se convirtió en un espacio con una fuerte carga afectiva, ligada a momentos importantes en su vida. Fue la casa donde nació uno de sus hijos, donde trabajó junto a él en la huerta que estaba a metros de la vivienda y donde celebraron cumpleaños. A diferencia de sus experiencias anteriores, donde la vivienda era solo un lugar de paso, aquí comenzó a asociar el espacio con la vida familiar, el trabajo y la comunidad.

Esa conexión con la comunidad también fue un aspecto clave. A diferencia de la Casilla, donde la sensación de aislamiento reforzaba la vulnerabilidad, en esta casa desarrolló una relación con los vecinos y con la finca en la que trabajaba. La cercanía de la huerta no solo significó un recurso económico, sino también un espacio de aprendizaje y de vínculo con su hijo. La casa dejó de ser solo un lugar donde dormir y se convirtió en un entorno donde se construían experiencias compartidas.

Sin embargo, la dependencia con la patronal seguía limitando su sentido de estabilidad. Aunque había logrado transformar la casa, sabía que no era completamente suya y que, en cualquier momento, podía perderla. “Hicimos lo que pudimos, pero no era nuestra casa. No sabíamos cuánto tiempo íbamos a quedarnos” (L. Sequeiros, comunicación personal, 8 de julio de 2022). Esta incertidumbre impedía que pudiera proyectarse a largo plazo, aunque su intervención en la casa la hubiera convertido en un verdadero hogar durante esos años.

Desde la perspectiva de la escalera boliviana, esta vivienda representó un ascenso claro en su trayectoria habitacional coincidente con su posición, ya no de peones, sino de medieros. No solo mejoraron las condiciones estructurales de su vivienda, sino que también pudo apropiarse del espacio en términos simbólicos y emocionales. Aunque la casa seguía perteneciendo a otro, su relación con ella no era de simple ocupación, sino de transformación y resignificación.

En términos de apropiación subjetiva, la Casa de Yerba Huasi fue la primera vivienda en la que experimentó un sentido real de pertenencia, aunque condicionado por la falta de propiedad. Pudo intervenir en el espacio, dotarlo de significado y construir una vida dentro de él, pero nunca tuvo control total sobre su permanencia.

La Casa de Block (2010-2019): la consolidación de un hogar propio

Después de años viviendo en casas que no le pertenecían, donde su permanencia siempre estaba condicionada por su empleo o el pago de un alquiler, Litzy y su familia lograron comprar su primera vivienda propia. Este fue el punto de inflexión en su relación con el espacio, porque por primera vez el control sobre la vivienda era total: ya no dependía de nadie más para decidir qué hacer con ella.

El cambio no fue inmediato. La casa que compraron estaba en malas condiciones y necesitó numerosas reparaciones antes de que pudieran habitarla cómodamente. “Cuando llegamos, la casa estaba prácticamente en obra. No tenía piso en algunos lados y había que arreglar las paredes” (L. Sequeiros, comunicación personal, 23 de marzo de 2022). Pero la diferencia con las viviendas anteriores era que, por primera vez, cualquier mejora que hicieran sería para ellos y no para otro dueño o patrón.

La apropiación del espacio comenzó con la transformación material. Revocaron paredes, pusieron pisos, arreglaron filtraciones y reorganizaron el patio, tareas que hicieron con esfuerzo propio y en etapas. “Pinté yo misma las paredes; así sentí que empezaba a ser nuestro” (L. Sequeiros, comunicación personal, 6 de abril de 2022). Estos cambios marcaron un giro en su relación con la vivienda: no solo estaba mejorando su calidad de vida, sino que cada intervención reforzaba el vínculo con el espacio y consolidaba su sentido de pertenencia.

A diferencia de la Casa de Yerba Huasi, donde había podido modificar la vivienda, pero con restricciones, aquí no había límites impuestos por terceros. La posibilidad de decidir sobre la casa fortaleció su autonomía y cambió su manera de habitar el espacio. Aunque las reparaciones eran costosas y demandaban tiempo, cada mejora era una inversión a futuro. 

Además del control territorial, esta casa le permitió proyectarse a largo plazo por primera vez, generando estabilidad para su familia. La vivienda dejó de ser un lugar de paso para convertirse en un hogar en el que podían hacer planes sin el temor de tener que marcharse. La relación con los vecinos también cambió: ya no era una inquilina más ni una trabajadora en una finca, sino parte de la comunidad barrial. La interacción con el entorno ya no estaba mediada por la dependencia laboral, sino por la construcción de redes propias.

En términos de la escalera boliviana, este fue el momento en que Litzy consolidó su ascenso en términos habitacionales y sociales en concordancia con su nueva posición como quintera. La propiedad de la vivienda la colocó en un lugar de mayor estabilidad, asegurando un punto de arraigo para su familia. Desde la perspectiva de Vidal i Moranta y Pol (2005), la apropiación subjetiva del espacio no solo implica intervenir en él, sino también dotarlo de significado y proyectarse en él a futuro, algo que en esta vivienda por fin fue posible.

La Casa de Block marcó la transición definitiva hacia la estabilidad y la autonomía. No solo significó una mejora en las condiciones materiales y en el control territorial, sino que también cambió la relación de Litzy con el espacio y con su propia historia migratoria. Después de años viviendo en casas prestadas, había logrado construir un hogar en sus propios términos.

La Casa de Telgopor (2019 en adelante): el punto culminante de la apropiación del espacio

La construcción de la Casa de Telgopor marcó el cierre de un ciclo y la consolidación definitiva de la apropiación del espacio. A diferencia de sus viviendas anteriores, donde siempre existían restricciones –ya fuera por la dependencia laboral, el alquiler o la imposibilidad de intervenir en el entorno–, esta casa fue concebida y construida enteramente bajo sus propios términos.

Esta vivienda no surgió de la nada, sino como parte de un proceso. Se construyó sobre el mismo terreno donde estaba la Casa de Block, la cual no desapareció, sino que terminó integrada en la nueva estructura. Esto hizo que el arraigo con el lugar no solo se mantuviera, sino que se fortaleciera. “Yo sigo durmiendo en la parte vieja, me siento más cómoda ahí. Es mi espacio de descanso” (L. Sequeiros, comunicación personal, 8 de julio de 2022). La convivencia entre ambos espacios es tanto estructural como simbólica, ya que reflejan distintas etapas del proceso de apropiación.

El cambio fue significativo no solo en términos materiales, sino también en lo que significaba para la familia. La casa fue construida con placas de telgopor, un material moderno que no solo facilitó la rapidez de la obra, sino que también estaba vinculado a la actividad laboral de David, su esposo, quien había perfeccionado su oficio en este tipo de construcción. “Toda esta casa está hecha de telgopor, de placas de telgopor. Él se dedica a la construcción en telgopor” (L. Sequeiros, comunicación personal, 23 de marzo de 2022).

Desde el punto de vista de la intervención material, la Casa de Telgopor fue el espacio donde alcanzaron el mayor grado de transformación posible. A diferencia de todas las viviendas previas, donde las modificaciones eran parciales o restringidas, aquí tuvieron total control sobre el diseño, la distribución y la funcionalidad de la casa. “En un mes ya estaba parada toda la casa, y en medio año ya teníamos ventanas, puertas, todo” (L. Sequeiros, comunicación personal, 6 de abril de 2022).

Este proceso no estuvo exento de negociaciones y tensiones familiares, ya que el diseño de la vivienda implicó una disputa de visiones entre Litzy y David. Mientras que ella prefería un espacio más modesto y funcional, su esposo tenía una idea más ambiciosa, con un diseño amplio y moderno. “Quería algo simple, pero David insistía en hacer algo grande y moderno” (L. Sequeiros, comunicación personal, 23 de marzo de 2022). Esta tensión refleja que la vivienda no solo es un espacio físico, sino también un terreno de proyección simbólica, donde se negocian aspiraciones personales y familiares.

Más allá de las discusiones sobre el diseño, la casa se convirtió en el espacio donde la familia pudo proyectarse plenamente, sin las limitaciones que habían atravesado en el pasado. “Nos reunimos todos los fines de semana con amigos, que son como nuestra familia” (L. Sequeiros, comunicación personal, 8 de julio de 2022).

La Casa de Telgopor adquirió una dimensión comunitaria y cultural que antes no había sido posible en otras viviendas. La incorporación de un quincho y un fondo amplio permitió que el espacio se convirtiera en un punto de reunión para familiares y amigos, fortaleciendo los lazos con la comunidad boliviana en la zona. “Con el quincho ahora podemos recibir a los amigos y hacer reuniones grandes” (L. Sequeiros, comunicación personal, 6 de abril de 2022). Estas reuniones no solo eran encuentros sociales, sino también instancias de reafirmación de identidad y pertenencia.

Uno de los aspectos más importantes de la apropiación subjetiva del espacio en esta vivienda fue la integración de elementos culturales y simbólicos que fortalecieron su identidad migrante. En el living, Litzy creó un “rincón boliviano”, un espacio donde exhibe fotografías familiares, recuerdos de festividades y objetos tradicionales. “Siempre me ha gustado tener un lugar donde poder ver lo que nos conecta con Bolivia” (L. Sequeiros, comunicación personal, 6 de abril de 2022).

Para Litzy, estos elementos no son meros adornos, sino anclajes simbólicos que refuerzan su historia y su identidad como migrante. “Cuando la gente entra a mi casa, lo primero que ven es este rincón. Me gusta que sepan de dónde vengo” (L. Sequeiros, comunicación personal, 8 de julio de 2022). Dentro de este espacio, destaca un charango que su abuelo le regaló antes de fallecer, un objeto con un fuerte valor emocional: “Lo tengo aquí porque representa mi historia y mis raíces” (L. Sequeiros, comunicación personal, 6 de abril de 2022).

La construcción de esta casa representó el punto más alto de estabilidad habitacional y social. Litzy pasó de depender de viviendas prestadas, alquiladas o condicionadas por su empleo a ser propietaria de una casa diseñada bajo sus propios términos.

En términos de topofilia, concepto desarrollado por Yi-Fu Tuan (2007) para describir el apego emocional a un espacio, la Casa de Telgopor es el lugar donde Litzy ha desarrollado el vínculo más profundo con su entorno. No solo representa estabilidad material, sino que es un espacio que sintetiza su historia, sus luchas y sus aspiraciones.

La Casa de Telgopor no es solo el cierre de un proceso, sino también el inicio de una nueva forma de habitar, una en la que ya no hay incertidumbre sobre la permanencia y donde la apropiación del espacio es total. Después de años de transitoriedad y dependencia, esta casa es la consolidación de su arraigo, el reflejo material de que finalmente tiene un hogar en sus propios términos.

Cuadro 2. Síntesis del análisis de viviendas
ViviendaIntervención materialResignifi­cación simbólicaControl territorialArraigo y topofiliaDimensión territorial
La CasillaNula, sin posibilidad de modificaciones.Ausente, espacio percibido como transitorio.Nulo, dependencia total de la patronal.Ausente, sensación de inseguridad y temporalidad.Bajo, escasa interacción con el entorno.
El CuartoLimitada, sin cambios estructurales.Baja, sin elementos identitarios significativos.Bajo, alquiler sin estabilidad.Baja, estabilidad limitada sin sentido de permanencia.Baja, entorno urbano sin redes comunitarias.
Casa de Yerba HuasiModerada, mejoras básicas (pintura, electricidad).Moderada, incorporación de objetos personales y carga afectiva.Moderado, vivienda cedida por la patronal, pero con intervención.Moderada, primera experiencia de estabilidad relativa.Moderada, participación en la comunidad y vinculación con la huerta.
Casa de BlockAlta, reformas significativas y distribución propia.Alta, consolidación del espacio como hogar.Alto, propiedad consolidada con autonomía.Alta, establecimiento definitivo con sentido de pertenencia.Alta, integración en el barrio y consolidación de redes.
Casa de TelgoporMáxima, construcción completa según necesidades.Máxima, integración de identidad cultural y significados propios.Máximo, propiedad total y plena autonomía sobre el espacio.Máxima, proyección de futuro y consolidación del arraigo.Máxima, consolidación del territorio migratorio y construcción de comunidad.

El cierre de un proceso de apropiación y un modelo metodológico para su estudio

La trayectoria habitacional de Litzy refleja los mecanismos estructurales que regulan la movilidad social en la migración boliviana. Su acceso a la vivienda no es un hecho aislado, sino parte de un proceso vinculado al trabajo, las redes migratorias y la acumulación de recursos. La escalera boliviana estructura esta movilidad, determinando los niveles de acceso, control y apropiación del espacio habitacional.

La apropiación subjetiva del espacio es un proceso dinámico que combina intervención material, resignificación simbólica, control territorial y arraigo. La Casa de Telgopor no es solo la última vivienda de su recorrido, sino la consolidación de un espacio propio, donde la vivienda deja de ser un lugar impuesto para convertirse en un territorio de proyección futura.

Desde una perspectiva metodológica, este estudio estructura un modelo para analizar la apropiación subjetiva del espacio en contextos migratorios. La operacionalización de dimensiones permite identificar cambios en la relación con la vivienda, evitando interpretaciones fragmentadas. A través de la contrastación, se maximiza la comprensión de cómo la subjetividad se vincula con el espacio, identificando patrones de intervención, limitaciones y resignificaciones que configuran el arraigo y la estabilidad habitacional.

Este estudio no solo analiza un caso particular, sino que propone un marco metodológico replicable para comprender la vivienda como un eje central en los procesos de movilidad y arraigo de los migrantes.

Referencias bibliográficas 

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  1. La entrevistada se encuentra informada y ha consentido el uso de su nombre para este trabajo.


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