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Capítulo IV

Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. Borges, JL. El Aleph “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”.

IV. 1. El “nuevo” CPCCS

Una vez que ganó el Sí en la Consulta Popular el 4 de  de 2018, el 28 de ese mismo mes se realizó la designación de la autoridades del nuevo Consejo Transitorio, por los miembrxs de la Asamblea Nacional luego de que Lenín Moreno enviase siete ternas con tres candidatxs cada una de lxs cuales algunxs habían sido sugeridos por organizaciones sociales.

El Transitorio inició su trabajo destituyendo a Patricio Rivera, ex ministro de Correa, de la Superintendencia de la Economía Popular y Solidaria, mientras iniciaba procesos contra el resto de autoridades a las que “debían” evaluar y que igualmente habían sido acusadas de supuestas irregularidades, con lo cual la mayoría de las autoridades de los Organismos designados por anteriores plenos del consejo terminaron destituidos. Únicamente se mantendría al Contralor General, indicando el Presidente del CPCCS Transitorio que no se realizó tal evaluación por la propuesta del presidente Moreno de la creación del Tribunal de Cuentas que reemplazaría a este Organismo. En suma, “un Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio con atribuciones descomunales y sin control, aunque suene como una contradicción en sus términos” (Ramírez Gallegos, 2020: 373).

En líneas generales se puede señalar que

(…) se ha observado un recurrente desapego del mandato popular por parte del órgano transitorio (CPCCS-T) que pilotea la transición. Así, se ha denunciado la destitución de autoridades sin debido proceso, la arrogación de poderes, la designación de autoridades encargadas (no definitivas) bajo parámetros discrecionales y el  decreto de una vacancia constitucional por destitución de la Corte. La lista podría ampliarse. Todo esto acontece sin que exista ningún control democrático sobre el transitorio. Una suerte de poder constituyente –nominado por el ejecutivo- opera de este modo más allá de la voluntad popular y de los procedimientos constitucionales para el cambio institucional. [1]

El CPCCS – Transitorio se arrogaría funciones incluso por encima de la Constitución Nacional del Ecuador. Sobre esto, coinciden los relatos de las entrevistas realizadas, en particular a académicxs y ex miembrxs de Alianza PAIS:

Entonces esas son las consecuencias de haber tenido una Consulta y que finalmente lo que querían es tener control de toda la institucionalidad del Estado de las tres funciones: la judicial que les permite perseguir, de la instancia de control como Contraloría como Defensoría del Pueblo, como las dos otras instancias que también les sirven para perseguir y las otras que te sirven para no regular al sector que debes regular sino para favorecer al sector que debes regular. Y en el tema electoral, llevar adelante lo que te digo, por ejemplo, un bloqueo directo a una revocatoria de mandato. [2]

Luego de transcurrido un año de la Consulta Popular y de la designación del Consejo Transitorio, el 24 de marzo de 2019 se realizaron las primeras elecciones mediante votación popular del nuevo CPCCS. Si bien las elecciones se realizaron en un contexto de permanente fuego cruzado y acusaciones entre  la fuerza política de la RC y la facción “morenista”, el nuevo Consejo finalmente comenzó su período de funciones recién el 13 de Junio, claramente fragmentado en dos facciones: mientras que cuatro miembrxs se colocaron en lo que llamaríamos una “facción correista”, los tres restantes estaban posicionados en una facción “morenista” y así se votó Presidente (José “el cura” Tuárez) y Vicepresidente (Rosa Chalá) del Consejo, elegidxs desde el bloque “correista”. A partir de allí, Tuárez tuvo una actividad muy intensa en medios de comunicación, repartiendo declaraciones polémicas, controvirtiendo con otros actores y empujando al CPCCS en la agenda pública.

Fue solo cuestión de días hasta que Tuárez fue denunciado por dos miembrxs de la minoría del CPCCS, de “fraguar” su hoja de vida para ser elegido como representante del CPCCS. En paralelo a ello, el 10 de julio la “facción correista” decidió conformar una comisión para analizar la designación de los integrantes de la Corte Constitucional que había ocurrido durante el año que funcionó el Consejo Transitorio. Hacerlo suponía desacatar un dictamen que había “blindado” las decisiones del Consejo Transitorio. Por este motivo y con una denuncia de incumplimiento de deberes de funcionarix públicx, finalmente el 14 de agosto de 2019 la Asamblea Nacional con 84 votos a favor y 32 negativos, destituyó [3] a los cuatro Consejerxs electos del CPCCS que integraban esta “facción correista”.

Posterior a ello, una de las consecuencias ha sido un notable declive de las capacidades burocráticas del CPCCS para llevar a cabo sus tareas de fomento a la participación, por ejemplo en el caso de las veedurías ciudadanas, dado que cada año se registran menos, cuando la tendencia de los últimos 7 años era de incremento constante. Sumado a eso, el CPCCS fue progresivamente desfinanciado [4], se fue perdiendo la capacidad investigativa del Consejo en cuanto a la agenda anticorrupción dado que el gobierno decidió apostarle a su agenda anticorrupción a través de espacios en el Ejecutivo y algunas organizaciones sociales formaron la Comisión Nacional Anticorrupción [5].

Todo ello colabora con un proceso “des- institucionalizante” que tuvo origen previo a la CP, pero cobró mayor fuerza luego de que ganó el Sí en la Consulta. Según Franklin Ramírez, la pregunta 3 de la CP siempre fue la principal pregunta que encarnaba la posibilidad de Lenín Moreno de “ocupar con su propia gente el Estado, una suerte de ´pequeña Asamblea Constituyente´”, pero que al mismo tiempo constituye según Ramírez el verdadero inicio del “Estado de excepción” y la supresión del Estado de derecho. Él sostiene entonces que “ya estábamos en Estado de excepción sin nombrarlo dado que ya se imposibilitaba que las Instituciones sean un canal de demanda de la sociedad. El triunfo del Sí en la CP inaugura el Estado de excepción” [6]

IV. 2. Octubre 2019. De la “fiesta  democrática [7]” al Estado de excepción

La presente Tesis tuvo como insumo fundamental un viaje a Quito, Ecuador realizado entre el Jueves 3 y el sábado 12 de octubre de 2019. La intención principal era realizar variadas entrevistas a académicxs y distintxs referentxs políticos, tanto actuales que permanecieron con Lenín Moreno, como aquellxs que habían permanecido en el espacio de Rafael Correa [8].

El martes 1 de octubre de 2019, Lenín Moreno emitió un Decreto Ejecutivo, el N° 883 que, entre otras medidas, estipulaba la eliminación total del subsidio al combustible en sus tres variantes: Gasolina Súper, Gasolina Extra y Diesel (éste último es el que se utiliza para transporte de pasajerxs, transporte pesado, etc.). Hasta el día anterior las tres variantes de combustible tenían los siguientes subsidios:

  • Combustible Súper: subsidio estatal del 20,25%
  • Combustible Extra: subsidio estatal del 16,6%
  • Diesel: subsidio estatal del 50,71% [9]

Hay tres partes distintas: por un lado, el fin de los subsidios estatales sobre el precio del combustible, lo que resulta en un aumento del 123% de un día para el otro. Esto tiene un efecto muy significativo en un país como Ecuador, ya que los subsidios afectan no solo el combustible utilizado para el transporte individual, sino también el del transporte público y el de los alimentos, que han experimentado un aumento generalizado de los precios.  Por otro lado, se implementa una reforma  de la legislación laboral que incluye la reducción de las vacaciones pagadas para los funcionarios de 30 a 15 días. Finalmente, el presidente Moreno anunció una  reforma en el campo macroeconómico, menos visible, pero igual de grave, porque Ecuador es una economía dolarizada y, por lo tanto, muy sensible a la caída del capital. Solía haber un impuesto sobre el capital que salía del territorio para evitar la fuga de divisas, que se eliminó. Se eliminaron las barreras comerciales y se liberalizó la entrada de importaciones, lo que también significa que saldrán más dólares del país. Esto puede conducir a una crisis e incluso cuestionar el sistema financiero de dolarización del país, que podría colapsar. (Parodi, Sticotti, 2020: 187/8)

La protesta social estalló al día siguiente, el 2 de octubre con un paro nacional de transportistas que también interrumpió el transporte de petróleo -la mayor fuente de divisas- por el principal ducto del país, debido a la ocupación de pozos en la Amazonía.

Al día siguiente, si bien el conflicto social todavía no había aumentado de manera considerable,  el Presidente Lenín Moreno decretó “Estado de excepción” por 60 días en todo el territorio ecuatoriano. Con la fuerte influencia de las cámaras empresariales, una de las fracciones del transportismo –el transporte pesado– ya había abandonado la protesta mucho antes que el resto negociara con el Gobierno. Asimismo, varios gremios locales ya habían comenzado a establecer acuerdos deforma aislada con las alcaldías para aumentar las tarifas de los pasajes (Ramírez Gallegos, 2020).Algunos servicios de transporte público empezaron paulatinamente a operar en varias ciudades, al mismo tiempo que el Gobierno anunciaba que estaría autorizando un incremento en las tarifas de transporte urbano de entre 5 y 10 centavos de dólar. La conflictividad social fue en veloz aumento, considerándose el mencionado Decreto como un “paquetazo [10]”y dando inicio a una protesta que –ya estando nosotrxs en Quito- nos aventuramos a denominar “del campo a la ciudad”, dado que los distintos movimientos indígenas comenzaron a avanzar hacia la capital, cortando los accesos a los centros urbanos y las periferias. El movimiento indígena, liderado por la CONAIE, continuó con las acciones colectivas que ya habían iniciado en distintas provincias del país y convocó a otro paro nacional para el día 9 de octubre. Rápidamente este sector ocupó el centro de la impugnación social, más aún luego de anunciar su llegada a la capital desde distintos puntos del país para exigir la derogatoria del Decreto 883 (Ramírez Gallegos, 2020). Al mismo tiempo también empezaron a confluir las protestas de distintas organizaciones sociales, sindicatos y sectores de la oposición política, en contra del #paquetazo.

La respuesta del Gobierno Nacional fue profundizar la represión y la puesta de fuerzas de seguridad en las zonas conflictivas. Durante los días de protestas, la Defensoría del Pueblo indicó que existieron 1192 detenidxs, 1340 heridxs y 8 fallecidxs [11].La aceleración de los procesos represivos junto con la paralización de los transportes de todo tipo, la creciente presión política y la inflexibilidad de la organización indígena CONAIE traducida en una protesta sostenida y en aumento, culminaron  en un acuerdo de diálogo público y televisado entre el Gobierno Nacional y el principal actor de la protesta social, la CONAIE, con la ONU como intermediario. Como bien señalan Stoessel e Iturriza, el movimiento indígena pidió que el diálogo fuera público y televisado, no solo para mostrar a la sociedad la postura de unos y otros, sino también para rendir cuentas a sus bases y exhibir su compromiso de que no iría a negociar una salida sectorial, sino a exigir lo que se les demandaba (Ramírez Gallegos, 2020). Este diálogo televisado aconteció el domingo 13 de octubre y durante el mismo, el Presidente Lenín Moreno accedió a retroceder con el Decreto 883 derogando el mismo, hasta la elaboración de un nuevo Decreto que –aparentemente– tendría en cuenta las demandas del movimiento indígena.

En los días posteriores, la persecución política se acentuó profundamente. “A los procesos y demandas contra líderes del correismo, se suman hoy amenazas y juicios contra dirigentes indígenas, reporteros comunitarios, líderes sociales, universidades, estudiantes, colectivos políticos y cuantos actores participaron de la protesta” [12] dando lugar ya no solo al Estado de excepción sino a la militarización de la política. [13]El escándalo institucional ecuatoriano es el más grave y aberrante de todo el continente, pues en verdad nadie se atrevió a tanto desde que cesaron las dictaduras de “seguridad nacional” (Parodi, Sticotti, 2020).

Durante los días de la protesta un ex miembro de AP nos decía que:

(…) todas esas cosas se van acumulando y la gente ya sale no solo por la subida de los combustibles que le va a encarecer su vida, sino por un cúmulo de descontento que existe en lo cotidiano; eso ha hecho que la gente empiece a reaccionar, empiece a salir. Entonces no creo que exista un grupo que diga que tiene el control sobre la ciudadanía o que tiene la capacidad de desmovilizar a la ciudadanía. Porque tienes a transportistas, funcionarios públicos, trabajadores cada uno de manera ciudadana movilizándose en todo el país, tienes agricultores los pueblos indígenas cada cual con su propia reivindicación más allá de las medidas económicas. [14]

Es más,

Los resortes de la intimidación afectan ya el trabajo político de movimientos y colectivos progresistas. Dicho temor fue expresado ante la delegación de la CIDH, que llegó a fines de octubre. La violentísima represión llamó la atención de organismos nacionales e internacionales de derechos humanos. Los movilizados pasaron, entonces, de la calle a las audiencias públicas de la Comisión para narrar las historias de vejaciones y violencia vividas en los días de manifestación (380 testimonios). Feministas, indígenas, correistas, estudiantes, periodistas de medios digitales, etcétera, vieron en el espacio abierto por la CIDH una ventana institucional para procesar la indignación y las denuncias que parecen impermeables a la Justicia local (Ramírez Gallegos, 2019).

Lo ocurrido en octubre de 2019 en Ecuador consiste para nosotrxs en una “crisis de representación”, que tiene su origen factual en la Consulta Popular de 2018 y en todos los procesos que se desencadenaron posteriormente a raíz de la CP. Hoy, Lenín Moreno es la cara visible de un Poder Ejecutivo tricéfalo repartido entre los grupos económicos, los medios de comunicación y la embajada de Estados Unidos (Parodi, Sticotti, 2020).La construcción discursiva de Lenín dislocó la fuerza Alianza PAIS, pero no logró sostenerse como nueva identidad discursiva estable, entre otras cosas por la  progresiva pérdida de legitimidad como discurso hegemónico, por el vaciamiento de los canales institucionales del Estado y por la disociación entre discurso y realidad dentro de las acciones del gobierno de Lenín (no solamente a partir de las protestas de Octubre, sino con las decisiones de corte neo-liberal que tomó durante toda su gestión de gobierno).

Así, la CP operó al mismo tiempo como “bisagra” entre:

  • La dislocación de AP y la fractura del movimiento.
  • El pasaje a una progresiva des-institucionalización de los organismos gubernamentales (la mayoría de las autoridades de los Organismos designados por anteriores plenos del Consejo terminaron destituidos) que derivó finalmente en un “Estado de excepción” y un ejercicio impune y excesivo de las fuerzas de seguridad.

En ese sentido la dislocación de AP no fue más que el comienzo de un complejo derrotero para el escenario social, político, económico y étnico del Ecuador, que tendría como corolario las protestas de octubre de 2019.

La crisis de representación desde las protestas de octubre de 2019 reveló además que no había ninguna identidad política que fuera suficiente para canalizar el alto nivel de demandas y de conflictividad social. “La dislocación de la distribución de lugares sociales opera entonces sobre los límites del demos produciendo una ampliación conflictiva del espacio de representación. Cuando se dislocan las estructuras de sentido, el orden comunitario se fragmenta, abriendo el espacio de representación a posibilidades que hasta ese momento no se percibían como tales” (Aboy Carlés et al. 2013: 50). Lo que ocurrió entonces fue que surgieron diversos discursos de distintos actores sociales que intentaron capturar esas demandas, y plenificar el vacío político ocurrido, dado que el terreno para intentar posicionarse se encontraba abierto a partir del fracaso del gobierno nacional. Nos comentaba Pabel Muñoz que:

(…) la derecha, a partir de lo que pasó con las medidas de Lenín y el estado de excepción ha clarificado las coordinadas de su discurso y su propuesta en un estilo que se va a terminar torciendo “al discurso Bolsonaro”. En ese sentido considero que el rédito de la derecha con estas manifestaciones populares es positivo porque sabe cuáles serán los ejes discursivos a explotar. [15]

IV. 3. ¿Por qué Lenín Moreno?

Nos pareció adecuado titular esta cuestión con esa pregunta, porque es la pregunta que nos hizo unx de los entrevistadxs cuando le comentamos el tema de tesis sobre el que trabajábamos [16].

La pregunta completa que nos hizo fue ¿Por qué estudiar a Lenín Moreno y no a Rafael Correa? ¿Porqué no estudiar el proceso político de la Revolución Ciudadana?

He aquí un intento de respuesta a modo de conclusión. Primero, porque lo acontecido también forma parte del proceso de la Revolución Ciudadana, no constituye un evento político “por fuera” del propio proceso del principal movimiento político en Ecuador de los últimos 12 años. También porque nuestro objetivo es elaborar posibles respuestas sobre lo que ocurrió con este proceso a la luz del análisis del discurso. Esto motivó a preguntar en nuestras entrevistas quién era Lenín Moreno para lxs entrevistadxs y lo que fue surgiendo resultó sumamente relevante y lo podemos ver aquí:

Tenía siempre mucho respeto por él y tengo que confesarlo, porque ahora ha traicionado… yo hice campaña por él y lo elegí porque creía en él. Nunca pensé que iba a actuar de esa manera. No solo me ha traicionado a mi sino ha traicionado a sus ideales ha traicionado la historia de su defensa desde la universidad, para mí ha sido muy duro y lo sigue siendo porque le tenía mucho afecto. [17]          

El nunca militó, nunca fue un compañero que lidere el proceso. Él fue una opción que en los espacios tomo posición para continuar con el proceso. Nosotros presentamos un plan de gobierno. Yo hice campaña con él, soy asambleísta.[…]

Fuimos engañados, no solo el movimiento fue traicionado, fue traicionado el país. Porque el país voto una propuesta, no votó por él. Votó por una propuesta de la revolución ciudadana que encarnaba el mejoramiento de esos 10 años de la Revolución Ciudadana. [18]

De hecho, creo que Lenín fue un soporte muy importante para las campañas electorales del 2006-2007, las campañas por la Asamblea Constituyente; las campañas del 2009 y  cuando fue la campaña del 2013 en la Convención de AP, que era un estadio de fútbol repleto y se le nominó a Jorge Glas de vicepresidente, porque Lenín no lo aceptó, hubo un conflicto tremendo, la gente protestó, pifió y se salió 3/4 partes del estadio.

(Respondiendo a la pregunta de ¿Por qué tenía mayor aceptación Lenín?)

Por su carisma de sensibilidad social y su inclinación al diálogo. Lenín tenía un respaldo impresionante como vicepresidente. [19]

Era la persona que, en alguna medida, equilibraba la imagen de un Presidente fuerte, que tomaba decisiones, pero de un Presidente que proyectaba una imagen de intransigencia, que aparentemente no escuchaba las críticas de sus adversarios y en donde Lenín Moreno se constituyó en la figura más amable del gobierno. Correa aparecía como inflexible. En apariencia, porque fui testigo de que efectivamente todas las decisiones eran tomadas sobre la base de un análisis profundo, consensuado con cada uno de sus ministros, dentro de un gabinete cuyas decisiones, tenían un eje vertebrador fundamental que se anclaba en los principios del proyecto político. [20]

Lenín fue un “personaje” y no un “actor”, dado que nunca tuvo gran desempeño como agente, en su capacidad de agencia. Lo único que llevó adelante fue el plan para personas con discapacidad. No era una persona con incidencia pero terminó oficiando de personaje que colaboraba en atenuar las críticas externas así como suavizar las internas. Cuando de algo no se lo podía convencer a Correa, muchxs funcionarixs acudían a Lenín para que tratara de mediar. No ejerció, sin embargo roles determinantes en la gestión de lo público. [21]

Lenín no fue nadie en cuanto tal, en relación al partido. Se le sobreestimó por tener una buena imagen. Se le dio importancia a las encuestas, la “democracia de audiencia”  en pos de un pragmatismo político electoral, pero Correa sabía que iba a ser un pésimo Presidente. Lenín nunca tuvo voluntad de poder a título personal, sino que siempre respondió al engranaje de intereses. [22]

Más allá de las diferencias entre todos los relatos, podemos detectar un cierto eje común: la proyección dialoguista de la figura de Lenín, en contraposición a la “intransigencia” de Correa y la falta de recorrido de Lenín en la gestión pública más allá de la misión Manuela Espejo [23]. Queda abierto el interrogante de si Lenín realizó pactos previos con representantes de la derecha ecuatoriana[24] que después se fueron revelando durante su gestión de gobierno.

Queda también abierto el interrogante acerca de quién es Lenín: ¿el militante de la Revolución Ciudadana que acompañó el proceso durante 10 años? ¿el “traidor” como lo llama Correa o el “títere” de los intereses económicos? Si esto fuera así, ¿por qué Correa fue explícitamente a solicitarle que fuera candidato a Presidente? Podemos pensar que era más importante conservar los objetivos  del movimiento. Pero este objetivo, ¿es disociable del líder? “La novedad de Moreno reside en que él es el primero en que luego de haber sido un protagonista directo del nuevo modelo nacionalista y sin haber nunca salido del poder decide destruir su propia criatura” (Parodi, Sticotti, 2020: 53).

Lo que es fácilmente reconocible es que Lenín Moreno fue un actor relevante del movimiento de la Revolución Ciudadana (no necesariamente en su gestión pero sí en sus diferentes roles) y que, una vez elegido Presidente, la construcción discursiva de Lenín paulatinamente fue disociándose tanto de sus acciones como de los principios del movimiento que lo posicionó donde estaba,  y cuando eso ocurre, se produce un extremismo de las fronteras del lenguaje. Al decir por ejemplo que “Mi estilo es consultar, no imponer. Mi estilo es definir juntos el gobierno y el país que ustedes y nosotros queremos” [25], y después en lo concreto desplegar inadmisibles niveles de violencia, expresados en hechos de represión desenfrenada y persecución ilegal (Parodi, Sticotti, 2020), entonces Lenín es capaz de decirlo todo porque ya se ha desvirtuado la capacidad performativa de su discurso. Ya no importa lo que diga, sus acciones estarán disociadas de su discurso.

Fue también una preocupación de esta tesista, al hacer las entrevistas, dar respuesta a nuestro propio interrogante interno: ¿Por qué nadie de lxs personajes políticos que entrevistamos se hace cargo de Lenín Moreno? Las respuestas de nuestrxs entrevistadxs a las decisiones de Lenín oscilaron entre la  total sorpresa y la certeza de que –aunque iba a ser un pésimo gobernante– él representaba la opción “menos mala” que tenía la Revolución Ciudadana para ganar las elecciones en 2017 y continuar el proceso progresista. Entonces, ¿debemos concluir que se apoyó la decisión de Correa de presentar a Lenín como candidato pero que el giro neo-liberal de Lenín despega a todxs aquellxs actores políticos (empezando por Correa) de la decisión primigenia? ¿Hay una responsabilidad política? ¿Esa responsabilidad es completamente de Lenín en su giro a la derecha?

IV. 4. Alianza PAIS hoy: De movimiento nacional a cáscara vacía

Por último, nos interesa retomar la configuración identitaria de AP que hemos realizado en el Capítulo II de la presente tesis basándonos en las entrevistas realizadas y el material disponible. Dada la fusión que ya hemos señalado en dicho Capítulo entre el desarrollo del movimiento AP y la gestión gubernamental, nos interesa señalar que respecto de los años de gestión de gobierno de Rafael Correa también se fueron señalando algunos déficits que probablemente contribuyeron al resultado actual: “La mayoría de los análisis coinciden en un exceso de pragmatismo en la mecánica de gestión de las políticas públicas.”(Hernández, Buendía,2011: 140).Esto, si bien en los primeros años tuvo resultados muy positivos y una bienvenida después de los años previos a Correa, posteriormente derivó en un “exceso de mercadotecnia”, que priorizó el pragmatismo por sobre la organización política y que abre un debate sobre la relación Gobierno-Movimiento (Hernández, Buendía,2011).

Sobre esto, recuperamos una de las entrevistas,       

Primero el gobierno de Correa, me parece a mí,  tuvo muchos problemas en su último mandato, acentuó su diferencia con organizaciones sociales y entró en un conflicto con casi todas ellas, que debían ser un soporte natural de un proceso de cambio democrático. Tuvo un largo conflicto con todas las organizaciones indígenas, porque entró con mano dura para empujar la minería, se reprimió algunas protestas, yo no diría que tuvo una posición anti- indígena, pero chocó porque Correa es sobre todo un “modernizador”. Esa condición contribuyó al desarrollo de la institucionalidad, al cambio del sector público, a la infraestructura, empujó su política de reformas en las universidades, que en algunas cosas fue importante y en otras un desastre. Pero se distanció del movimiento indígena, se confrontó con el movimiento estudiantil, con las organizaciones históricas de profesores. Es decir se peleó con el movimiento de docentes, de estudiantes, de indígenas, de trabajadores, después se peleó con los médicos, se peleó con los enfermeros, se peleó con los periodistas y con los medios, se peleó con todo el mundo y ello debilitó a su gobierno y a la base social de un proceso democrático de transformaciones sociales. [26]

Algo en lo que coinciden la totalidad de las entrevistas tanto como las lecturas teóricas, es en el enorme grado de enemistad que generó Correa con diversos sectores de la sociedad: movimientos sociales, indígenas, de la comunicación, del sector docente y con lxs empresarixs.

Y después Correa en el 2015 se distanció con sectores que fueron nuestro soporte, que son los sectores medios y particularmente los sectores medios de Quito, con los profesionales y otros sectores que siendo muy complejos tienen una confluencia en la lucha por la democracia y las libertades. Que son muy sensibles a cualquier agresividad, y el estilo de Correa, estilo costeño, en Quito por momentos va bien pero después te dicen “Ya deja de insultar, deja de agredir”. [27]

Esto, sumado a su exceso de pragmatismo, fue solidificando la conflictividad como núcleo discursivo del gobierno de Correa, y motivó la discusión al interior de AP, cuando Correa decide no presentarse a reelección. Las encuestas no daban números positivos en torno a su candidatura y allí comenzó el debate Glas/Lenín Moreno que hemos tematizado en capítulos anteriores.

Así, los déficits acumulados se hicieron eco en la (in) capacidad electoralista de Correa, y la decisión de que el candidato a Presidente fuera Lenín influyó negativamente sobre la hegemonía de AP, dando origenal fraccionamiento del movimiento que finalmente se consolidaría como ruptura para octubre de 2017. Ahora, ¿qué es Alianza  PAIS hoy?

Alianza PAIS no está representada en el gobierno, y ellos mismos se han encargado de decirlo. Uno de los logros expresados por el Sr. Cuesta, asesor de Lenín Moreno hasta hace un mes y que sigue de asesor, fue decir que han logrado barrer con el partido hegemónico; porque cuando él llegó todo estaba controlado por AP. No somos parte de las decisiones políticas ni económicas, sin embargo, hemos sido absolutamente prudentes y leales para con la gobernabilidad del país, de la continuidad democrática. Pero no somos parte de estas medidas, no estamos de acuerdo con estas medidas y bueno vamos a ver qué pasa.[…] Cuando terminamos la consulta en enero o  del 2018 comenzamos a tener roces internos. Llegaron algunos personajes en el Gobierno de Moreno que comenzaron a conducir y radicalizar la oposición a los llamados correistas. Si, es increíble, tuvimos que enfrentar a Correa por sus excesos pero no somos anticorreistas; pero para el gobierno de pronto nos convertimos en correistas, por no aceptar una agenda de negación de todo lo realizado en el gobierno anterior, de estigmatizar todo como corrupción y de ser parte de una política ciega contra Correa y su gobierno. [28]

Es decir, lxs propixs actuales “miembrxs” de lo que es Alianza PAIS hoy, admiten haber perdido Alianza PAIS, como movimiento con capacidad de injerencia sobre la gestión de gobierno. Esto, sin embargo, motorizó históricamente a AP dándole oxígeno, pero ahora lo sumió en un letargo del cual difícilmente salga, al menos bajo el sello de Alianza PAIS.

Recordemos que este Gobierno surgió de la Alianza PAIS, que estaba liderada por Correa. Sale de una fracción de este partido, con el apoyo de Moreno, pero ha ido perdiendo fuerza desde el punto de vista de la política electoral. En las últimas elecciones cumplió un rol secundario y quizás en las próximas elecciones ni siquiera se presente. Entonces, los que están jugando detrás del Gobierno son partidos como el socialcristiano y partidos de derecha. Esta coyuntura debe tomarse en cuenta, porque la reforma neoliberal implica abrir y dejar limpio el terreno para que estos otros actores políticos, más importantes y relevantes, sacrifiquen a Lenín Moreno y puedan ganar en un proceso electoral futuro.(Parodi, Sticotti (Eds.) 2020: 142)

Según Franklin Ramírez, a Lenín “nunca le interesó dar vida a AP, sino vaciar el instrumento de acumulación política” [29]. Lo que podemos observar es que Alianza PAIS ha perdido toda legitimidad política y validación por parte del actual gobierno nacional. Sus integrantes que aún subsisten allí, dos de los cuales hemos entrevistado, quedaron en una posición de “fuego cruzado” dado que no están plenamente “ni con Lenín”, ni con “Correa” y son deslegitimados de ambos lados de la frontera política.

La cuestión, entonces, no era apropiarse de Alianza PAIS, sino lograr que Rafael Correa no siguiera liderando el movimiento, ni tuviera una fuerza política partidaria para participar en procesos electorales. En ese sentido la neutralización partidaria y política ha sido letal. Alianza PAIS ha quedado entonces como una “cáscara vacía” o un despojo de restos políticos que no encuentran espacio para inscribirse en otras partes de la configuración actual. Queda por ver si en las elecciones de 2021 el movimiento resurgirá de alguna forma que intente configurar un carácter electoralista, pero vemos con pesimismo esta posibilidad, dado que lxs referentes de peso político se han retirado del movimiento y el mismo Correa ha intentado continuar con otra inscripción partidaria. Es quizás, la muerte de una identidad y el paso a una nueva.

CONCLUSIONES

Hemos reconstruido a lo largo de la Tesis la identidad discursiva de AP, en dos períodos, a saber, durante los gobiernos de Rafael Correa y posteriormente el de Lenín Moreno. La Consulta Popular operó sobre esta identidad como consolidación de su dislocación, pero hemos destacado que el quiebre de esta identidad tiene una historia previa. En este orden de ideas, la CP fue instanciada discursivamente a través de distintos elementos que hemos señalado durante la presente Tesis (constelaciones, iteraciones, relato, etc.) caracterizando la importancia que nosotrxs le damos a la construcción no sólo de “eso que se dice”, sino del entorno que se construye alrededor de lo que se dice. Decidimos tomar únicamente la voz del que consideramos el enunciador principal de esa instanciación discursiva, Lenín Moreno, dado que resulta inabarcable analizar todas las voces que operaron durante los meses que la CP estuvo en agenda y que la voz del primer mandatario resultó representativa de aquellas construcciones que queríamos señalar.Como la dislocación revela la contingencia de las identidades políticas y no posee en sí misma la respuesta acerca de qué nuevas identidades discursivas puedan conformarse y teniendo en cuenta que posterior a la CP se abrió un complejo proceso de des-istitucionalización del país, persecución política, decisiones económicas anti populares y demás elementos conflictivos para la coyuntura, hemos considerado necesario detenernos en los eventos de octubre de 2019 como otra bisagra relevante del proceso político del Ecuador, de cara a las nuevas construcciones discursivas que emanen posteriores a este proceso.

El desarrollo de la presente Tesis buscó poner en valor a los discursos políticos y su forma de incidir en la realidad: sus posibilidades de “construir sentido”, de enhebrar significantes, de realizar equivalencias, de preparar  escenarios y “relatos” posibles y de correr los límites identitarios permanentemente.

Si bien no es nuestra intención en esta Tesis avizorar el futuro, reflexionamos sobre algunas posibles identidades discursivas de cara a las elecciones presidenciales de 2021.

En relación al espacio de la Revolución Ciudadana, vemos un Rafael Correa “recargado”, ya sea como evidente contraposición al fracaso del gobierno de Lenín, pero también como alternativa que incorpore diferencias que destaquen o renueven su liderazgo. Esto implicará:

Proponer otrx candidatx a Presidentx que no sea Rafael Correa ante la imposibilidad de ser reelegido luego del triunfo del Sí en la pregunta 2 de la CP. Incluso Correa tiene tentativamente la chance de presentarse como candidato a Vicepresidente al “estilo argentino”, si no fuera porque –al momento de estar finalizando esta Tesis- fue procesado por un tribunal ecuatoriano en una causa por corrupción, en la cual habría liderado una red de corrupción que entre los años 2012 y 2016 recibió “aportes indebidos”, para el financiamiento de su movimiento político a cambio de adjudicar contratos del Estado a empresarios, con lo cual aún es incierta la presentación de su candidatura como Vicepresidente. En este sentido, Correa es el nudo de la producción de sentido del discurso de Lenín y por ello es fundamental neutralizar su figura en futuras alternativas electorales. Esto implicará reagrupar las fuerzas políticas y partidarias dentro o fuera de la fuerza política institucional en donde han logrado sobrevivir hoy, a saber, Fuerza Compromiso Social (FCS) de cara a las elecciones presidenciales de 2021, teniendo la dificultad de que algunxs referentxs fundamentales de la RC están encarceladxs y otros exiliadxs y que FCS no es un partido “propio.” [30]

En relación a su identidad discursiva, es importante que la Revolución Ciudadana reelabore o al menos morigere la construcción discursiva, que no puede ser ni será la misma que caracterizó su gestión de Gobierno al menos en los últimos años. Se requiere redefinir un estilo comunicacional, con enunciadorxs que puedan adquirir otras posiciones en el intercambio comunicacional. Sobre esto, quizás sea necesario trascender el “discurso de las denuncias” (principalmente de parte de Correa, que desde que inició el Gobierno de Moreno ha estado ubicado en esta posición) y pasar “de la protesta a la propuesta” [31], justamente porque la discursividad basada únicamente en la denuncia sólo genera desgaste sobre el elemento político como tal y no esperanzas de renovación o de surgimiento de algo nuevo. No es suficiente con diferenciarse de lo previo a través de la acusación, sino que también es necesario alcanzar construcciones discursivas propositivas para volver captar al electorado agotado. No olvidemos tampoco la importancia de reivindicar la escucha, porque lxs individuxs desean hablar [32], de modo que si Correa no logra desarmar la imagen autoritaria y “sorda” que ha construido de sí mismo, difícilmente redefina su estilo para pasar a la escucha y sobre todo la posibilidad de una autocrítica y una renovación.

También es relevante reflexionar sobre la mirada política que la RC tuvo sobre el movimiento indígena y qué rol tendrá a futuro en la correlación de fuerzas. Dado que históricamente Rafael Correa ha tenido dificultades para reconocer al movimiento indígena como un actor social y político relevante, incluso neutralizando en parte las autonomías territoriales que poseían previamente y minimizando su capacidad de injerencia como movimiento social.

Ahora, justamente otro actor relevante del escenario político de cara a las elecciones de 2021 es el movimiento indígena como actor de fuerte carga simbólica y social, en particular desde las manifestaciones de Octubre donde posicionaron en primer plano una demanda de clase (la lucha contra el ajuste estructural)en clave nacional (contra el sojuzgamiento del FMI), antes que las étnicas que venían gestionando” (Ramírez Gallegos, 2020), expresándose como representantes de un clamor universal que excedió la particularidad del reclamo propiamente indígena. La pregunta apuntará a su futura capacidad de generar “actores políticos” de peso electoral. Tengamos en cuenta que sus históricas alianzas con referentxs de derecha (Lucio Gutierrez, Guillermo Lasso) le han resultado contraproducentes y no han logrado sostener o incrementar un capital electoral contundente, a lo largo de los distintos procesos electorales.

Sumémosle su definitivo (¿?) divorcio del movimiento de la Revolución Ciudadana y de Correa y el hecho de que también tienen sus propios líderes denunciados de “terroristas” por el gobierno de Moreno. [33]Difícilmente se podrá pensar detener tal arremetida en Ecuador sin un pacto superior entre los indígenas y el correismo, también entre estos y los movimientos estudiantiles, ecologistas y feministas y otras agrupaciones políticas de izquierda como el socialismo y el comunismo (Ramírez Gallegos, 2020). Esto deja traslucir que el correismo necesita de los movimientos sociales, por mucho que haya renegado de ellos y es necesario que reelabore un discurso identitario fuerte, que incluya la mayor cantidad de diferencias posibles en su interior. Ahora bien, si la suspensión de actividades en octubre produjo el espacio político en que los heterogéneos mundos del precariado entraron en conexión y redibujaron las fronteras de un campo popular hasta entonces fragmentado y contenido por el clivaje entre correismo y anti-correismo (Ramírez Gallegos, 2020), la pregunta que queda abierta será si ese “nuevo” espacio de lo político podrá albergar la cadena de demandas y actores sociales suficiente para constituir una fuerza progresista de corte electoral, dadas las marcadas diferencias al interior de esos actores sociales y la complejidad de la inscripción partidaria y los sellos de esos actores. La cuestión es: ¿se podrá revalidar el clásico “correismo/anticorreismo” en una oposición “progresismo/neoliberalismo” que contenga la unión y las particularidades de los espacios sociales pero que no quede presa de esos particularismos? Observemos que en este sentido una luz de esperanza la ofrece el recambio generacional al interior de la dirigencia indígena, compuesta por la vieja dirigencia, fuertemente anticorreista, la nueva dirigencia que mantiene diálogos con el correismo y las bases del movimiento en la cual hay identificaciones más fuertes con los gobiernos de Correa.

En tercer lugar, pero no menor, es la reflexión sobre las figuras del ala política de derecha “recargadas” que articulan y enhebran sus ejes discursivos a partir de las protestas de octubre de 2019, buscando sostén electoral para el año 2021. A partir de lo ocurrido, la deslegitimación política constante del morenismo y lxs indígenas sobre la figura de Correa y la severa erosión de la representación política de cara al 2021 (Parodi, Sticotti, 2020), lxs representantes de esta derecha recargada buscarán capitalizar el tono general de la protesta y la pérdida de legitimidad de la figura de Lenín (su credibilidad ronda por el 4% actualmente [34]). Si bien es cierto que Lenín se encuentra, al momento, sostenido únicamente por el capital financiero y bancario, por aquellos sectores de poder con intereses privatizadores y por los medios hegemónicos, esto en cierta forma representa una parodia únicamente alimentada para que de esos intereses surja una figura de derecha que, con un discurso “bolsonarista”, se proponga para las elecciones de 2021 y continúe el giro a la derecha. Esa identidad discursiva será, a nuestra lectura, “una identidad embanderada en la lucha contra la corrupción”, cuyo hilo vertebrador es la propuesta descorreizadora del Estado, a la par que recuperará elementos discursivos del autoritarismo reclamando la vuelta a “cierto orden” perdido, agudizando las contradicciones para llevar al límite el campo de lo político.  Sobre esto, coincidimos con Pabel Muñoz quien nos decía que “pervive la preocupación de que este tipo de reacciones de descontento generalizado y consignas de anti-política puedan desembocar en un gobierno de derecha pero mantengo las esperanzas respecto de mi propia fuerza política aun cuando no sea Correa quien se pueda presentar.” [35] Sin ir más lejos, “el desafío es lo alternativo más allá del progresismo, para enfrentar una desvalida y autoritaria derecha que será apuntalada desde todos los flancos para ganar las elecciones” (Parodi, Sticotti (Eds.) 2020).

Una última reflexión sobre la identidad discursiva y política que tratamos en la presente tesis, la fuerza Alianza PAIS. Dicha fuerza, como sello electoral, ha perdido legitimidad y vigor electoral. De hecho la pregunta es quiénes podrían jugar electoralmente de cara al 2021 bajo ese sello.

Alianza PAIS ha quedado como una cáscara vacía en cuyo sello pueden inscribirse diversas identidades políticas que, lejos de representar los preceptos de la Revolución Ciudadana, incluso podrían ser utilizadas por figuras de la derecha. La pregunta que abrimos aquí es entonces, ¿Qué es hoy Alianza PAIS, cuando en un momento dado supo ser el movimiento político más poderoso y exitoso electoralmente y hoy persiste únicamente como un sello carente de contenidos? ¿Qué hubiera necesitado ese sello para no ser ultrajado ni reapropiado? ¿Se alimentó solamente de la figura del líder, de la gestión de gobierno y de los instrumentos políticos, pero en sus prácticas subestimó la relación con los movimientos sociales? ¿La identidad discursiva que supo representar AP, excede la inscripción partidaria y en cierta forma se desarmó cuando Rafael Correa se fue de AP? ¿Qué pasa con esa identidad al no conservar un líder? Podríamos decir, en definitiva que AP ya no es el corazón del movimiento, sino que este se enmarca en algo más grande, la Revolución Ciudadana, cuyas líder prevalece y cuyas características discursivas se mantienen, pero mientras no encuentre cauce formal, político y social para canalizar las demandas de la sociedad se reducirá a la mera oposición, sin posibilidad de disputa electoral.


  1. Foro de los comunes. Sin estado de derecho no hay lucha democrática contra la corrupción. 26/10/2018. Recuperado de: https://tinyurl.com/yyuaw79v
  2. Daney, B (2019). Entrevista a Edwin Jarrin. Manuscrito Inédito.
  3. Para más detalles ver: https://tinyurl.com/y6hs3am2
  4. Para más detalles ver:https://tinyurl.com/yyxgamcr
  5. Para más detalles ver:https://tinyurl.com/y5eeg64t
  6. Daney, B (2019). Entrevista a Franklin Ramírez Gallegos. Manuscrito Inédito.
  7. Expresión utilizada por Lenín Moreno para referirse a la Consulta Popular.
  8. Sobre esto detallamos quienes fueron entrevistadxs en Capitulo I.
  9. Fuente, Decreto 883. Disponible aquí: https://tinyurl.com/yy3r626b
  10. Sinónimo de una medida de Ajuste
  11. Ver: https://tinyurl.com/yxawra54
  12. Foro de los comunes¿Tiene fisuras el autoritarismo? 5/11/2019. Recuperado de:https://tinyurl.com/y4xswquw
  13. Lenín en las cadenas televisivas durante las protestas eligió mostrarse junto al Comando Conjunto de las FFAA.
  14. Daney, B (2019). Entrevista a Edwin Jarrin. Manuscrito Inédito.
  15. Daney, B (2019). Entrevista a Pabel Muñoz. Manuscrito Inédito.
  16. Nos referimos a Franklin Ramírez Gallegos.
  17. Daney, B (2019). Entrevista a Soledad Buendia. Manuscrito Inédito.
  18. Daney, B (2019). Entrevista a Franklin Samaniego. Manuscrito Inédito.
  19. Daney, B (2019). Entrevista a Miembro actual I de Alianza PAIS. Manuscrito Inédito.
  20. Daney, B (2019). Entrevista a Miembro actual II de Alianza PAIS. Manuscrito Inédito.
  21. Daney, B (2019). Entrevista a Pabel Muñoz. Manuscrito Inédito.
  22. Daney, B (2019). Entrevista a Franklin Ramírez Gallegos. Manuscrito Inédito.
  23. Campaña para visibilizar lxs discapacitadxs en todo el país, única que lideró Lenín y por la cual se volvió muy popular.
  24. La mayoría de lxs entrevistadxs respondieron que creen que así fue.
  25. Secretaría de Comunicación del Gobierno de Ecuador (2018). Programa El Gobierno Informa. Recuperadode https://tinyurl.com/y6czmulb
  26. Daney, B (2019). Entrevista a Miembro actual I de Alianza PAIS. Manuscrito Inédito.
  27. Daney, B (2019). Entrevista a Miembro actual I de Alianza PAIS. Manuscrito Inédito.
  28. Daney, B (2019). Entrevista a Miembro actual I de Alianza PAIS. Manuscrito Inédito.
  29. Daney, B (2019). Entrevista a Franklin Ramírez Gallegos. Manuscrito Inédito.
  30. De hecho, la Presidencia del Partido la ocupa Vanessa Freire que responde al fundador de FCS, Iván Espinel –preso actualmente por cargos de corrupción- y la Vicepresidencia corresponde a Virgilio Hernández que es un histórico referente de Rafael Correa.
  31. Frase acuñada hace muchos años por el mismo Rafael Correa.
  32. Mueve Argentina (2018). Rosso, D. Comunicación política. Recuperado de:https://tinyurl.com/yytlydk3
  33.   Ver:https://tinyurl.com/y6qbbten
  34. Ver: https://tinyurl.com/y5xqwo5s
  35. Daney, B (2019). Entrevista a Pabel Muñoz. Manuscrito Inédito.


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