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Prólogo

Graciela Zaldúa

Este libro se constituye en una reflexión sobre el campo y las implicancias de múltiples actores, territorios, políticas, y la praxis del colectivo docente de Psicología Preventiva y el equipo de investigación UBACyT “Exigibilidad del Derecho a la Salud: prácticas instituyentes y dispositivos psicosociales en la zona sur de la CABA”, desarrollado entre 2014-2017 en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

Desde el inicio de la democracia a mediados de los años 80, instalamos en la enseñanza la problemática del manicomio y la locura, transmitiendo los cuestionamientos al encierro y otras miradas sobre el sufrimiento mental, y las propuestas sustitutivas promotoras de derechos y subjetivaciones no tuteladas. Hace cuarenta años, en mayo de 1978, en Italia se aprobó la Ley 180 de Reforma Psiquiátrica, y pocos días después la Ley de Legalización del aborto. Franco Basaglia (2008) se refirió a ellas como leyes fundamentales que nacieron por presión de los movimientos populares al Parlamento. A cuarenta años de la reforma psiquiátrica italiana, recordamos qué decía sobre la desmanicomialización: “No creo que el hecho de que una acción pueda generalizarse quiera decir que se ha vencido. El punto importante es otro, es ahora que se sabe que se puede hacer”. Estas palabras, que remiten a una acción transformadora permanente, iniciada en Trieste, contra la opresión manicomial y con la esperanza de vivir de una manera distinta, afirmaba que lo imposible se ha vuelto posible. De esta manera se logró el cierre de la institución asilar, la reconversión de recursos en centros de salud mental con atención continua, la creación de la red de alojamientos asistidos, las cooperativas de trabajo, la problematización de las representaciones de la locura y la pobreza. Todo ello exigía, a su vez, no retroceder ante las amenazas, las tensiones y las contradicciones políticas institucionales, instalando un proyecto de salud mental comunitaria en el marco de la salud pública (Principios de Brasilia, 1990).

En Argentina, en los años 60, un equipo coordinado por el Dr. Mauricio Goldenberg inició una transformación en el servicio de Psicopatología del Policlínico de Lanús. Se instalaron salas de internación en un hospital general, se creó el hospital de día, se organizaron consultorios externos para niños, adolescentes y adultos, se habilitaron interconsultas con otros servicios, se realizó investigación clínica y epidemiológica y se desarrolló extensión comunitaria. Esta experiencia, que convocó a múltiples profesionales, pudo revisar los paradigmas tradicionales hegemónicos e integrar equipos interdisciplinarios, con participación de la clínica psiquiátrica, farmacología, enfoques psicodinámicos psicoanalíticos, sistémicos, terapias breves, grupales y familiares, supervisiones, y con centralidad en una orientación comunitaria. Sin embargo, este proceso de transformación se canceló por la dictadura militar con sus efectos de detenciones, desapariciones y desprotección de la salud comunitaria.

En la provincia de Río Negro, desde mediados de los años 80 se inició un proceso de desmanicomialización con el cierre y reconversión del Hospital Psiquiátrico de Allen en Hospital General (1988) y la promulgación de la Ley 2440/91 de Promoción Sanitaria y Social de las personas que padecen sufrimiento mental. En ella se afirma la recuperación de la identidad, respeto y dignidad de las personas con padecimiento mental, expresada en términos de reinserción comunitaria como fin de la ley. Como señalan Cohen y Natella (2013), en el contexto de la desmanicomialización, lo comunitario fue un valor y una estrategia. También constituyó un espacio social de intercambio en el que todos pueden desarrollar capacidad de influencia, recibir y dar, aprender y enseñar, cuidar y ser cuidados. Las prioridades de la red de servicios se vincularon con la promoción de la persona con sufrimiento psíquico y su familia, con el propósito de cuidar/acompañar/autonomizar, pero también con la promoción de las instituciones sociales y la comunidad en su conjunto a fin de estimular: 1) el fortalecimiento y/o reconstrucción de la red social y ayuda mutua del usuario; 2) la atención de crisis en el propio territorio; 3) la inclusión social de los usuarios con garantía de derechos fundamentales; 4) el trabajo intersectorial y con las redes comunitarias para fomentar su sensibilización, involucración, responsabilidad y disminución del estigma social.

Para acercar la formación de las/os estudiantes de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires a una modalidad innovadora, planificamos una pasantía en la provincia de Río Negro denominada “Salud Mental y desmanicomialización”, a cargo de Graciela Zaldúa y en la que participaron docentes como Ana Tisera y Asunción Suárez, la cual significó un acontecimiento para quienes hicieron la experiencia varios años, hasta su cierre institucional a posteriori de un accidente automovilístico mortal, en una ruta provincial. Nuestro recuerdo a la alumna Mariana Suhilar y a los profesionales del equipo móvil de intervención a distancia, la patrulla de Salud Mental de Cinco Saltos, está también presente en este libro.

Hoy dos temas nos interpelan: la incertidumbre de la vigencia de la Ley Nacional de Salud Mental y Adicciones 26.657 y las limitaciones a las incumbencias profesionales que afectan a varias profesiones y en particular al ejercicio de la psicología. En este contexto, este texto es parte de una trilogía en la que se da cuenta de la existencia de diversos dispositivos instituyentes en los campos de géneros, infancias y adolescencias y salud mental. En este libro en particular, las problemáticas del campo de salud mental y los dispositivos instituyentes se presentan a partir de los/las siguientes autores/as docentes e investigadores del equipo mencionado.

Marcela Bottinelli nos proporciona un diagnóstico de situación, clave para la interpretación del campo de la salud mental en el capítulo “El derecho a la salud, la salud como derecho. Sobre el marco normativo en salud mental y adicciones y los dispositivos para su implementación”.

Ana Tisera y José Lohigorry transmiten reflexiones sobre la práctica y articulan con conceptualizaciones críticas del campo de la salud mental en los capítulos: “Contexto socioeconómico: la mercantilización de la salud”; “Modelos de atención en salud mental. Dispositivos asilares versus dispositivos comunitarios”; “La voz de los usuarios de dispositivos de salud mental” y “Prácticas inclusivas sociohabitacionales. Programa Residencial en Salud Mental, Hospital José T. Borda” .

Roxana Longo reconstruye una genealogía de “Experiencias y dispositivos instituyentes en salud mental”, alternativas y sustitutivas del campo, como memoria imprescindible que nos convoca al reconocimiento de quienes apostaron a otras lógicas dignificantes del otro y no hegemónicas y reificantes.

Esta segunda producción del proyecto de investigación UBACyT dialoga con saberes y prácticas que resisten la connivencia con la crueldad del estigma que asocia locura a peligrosidad, y del sometimiento a las relaciones de desigualdad y opresión. A manera de Benjamin, tratamos de cepillar la historia a contrapelo y con un futuro abierto y no dado como resultado inevitable de la evolución social ni del progreso económico, técnico o científico. Sus tesis sobre el concepto de la historia son como un aviso de incendio sobre la ideología del progreso que oculta la amenaza destructiva de las relaciones de desigualdad y opresión a la que se debe contraponer la fuerza negativa de la utopía emancipatoria. Hoy en contextos neoliberales de desigualdades e inequidades y discursos de resignación y naturalización encubridores vale resignificar el campo de salud mental.



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