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17 Santo Domingo de Silos

La construcción de su memoria redentora y taumatúrgica en la castilla medieval entre los siglos XI y XV

Ana Escribano López

Abstract: St. Dominic of Silos was a key figure in the medieval Spanish religiosity. Since the 11th century, the saint was known for his many virtues and the wonderful miracles that he performed for his faithful. Therefore, his hagiographies compiled those actions to praise his goodness, creating that way the memory of the silense saint as a thaumaturgist and redeemer of captives, whose devotion has travelled throughout the Middle Ages and Modernity until the present.

Keywords: Memory, St. Dominic of Silos, miracles, miracle worker, redeemer

1. Introducción

La memoria de Santo Domingo nace en el Medievo a partir de tres fuentes hagiográficas basadas en su vida y milagros. Sin embargo, hoy, aunque sus milagros continúen siendo enigmáticos, comprendemos porqué estos fueron los cimientos de su memoria y posterior culto. En ese sentido, analizaré aquí esas manifestaciones sobrenaturales, centrándome en los milagros taumatúrgicos y de liberación de cautivos ligados a su figura. Tras esto, veremos cómo la devoción y culto hacia este santo se personificó de múltiples formas como las peregrinaciones a su tumba, la veneración de sus reliquias, la protección de su monasterio, la titularidad de parroquias y ermitas y la fundación de cofradías bajo su tutela.

2. Santo Domingo. Una breve biografía[1]

Domingo nació alrededor del año 1000 en Cañas (La Rioja) en el seno de una familia humilde[2]. Profundamente cristianos, dueños de una pequeña hacienda y algún ganado, cuyo cuidado confiaron al pequeño Domingo por espacio de varios años, en los cuales demostró gran virtud, pues la tradición recuerda que siendo pastor daba limosnas y víveres a los pobres y peregrinos que lo necesitaban.

Quiso ser sacerdote, siendo ordenado con 26 años por el obispo don Sancho, administrador de la diócesis de Nájera, en la que estaba enclavada Cañas, su villa natal, donde se dedicó a la oración, predicación y a visitar enfermos. Como esta vida no le complacía se retiró a hacer vida de ermitaño en una cueva de la serranía riojana. Sin embargo, decidió abandonar esa soledad y llegó al monasterio de San Millán de la Cogolla, donde tomó el hábito benedictino de manos de este abad, y volvió a destacar por sus virtudes.

Poco después, le fue confiada la restauración del priorato de Santa María de Cañas, el más pobre de los dependientes de San Millán, el cual fue mejorado, restaurando y consagrando su iglesia. A finales de 1038 fue llamado por su abad a San Millán para ejercer el cargo de prior mayor[3], oficio que realizó con gran diligencia. Sin embargo, tuvo un grave enfrentamiento con el rey García Sánchez de Nájera, quien en 1040, se presentó en el monasterio exigiendo dineros para la guerra[4]. Domingo, como prior del monasterio, se opuso a las pretensiones reales, a pesar de que el monarca le amenazó con la muerte si continuaba con su negativa, pero no cedió ante el intento de usurpación real.

Como consecuencia, el abad de San Millán le depuso del cargo de prior mayor y le relegó al priorato de San Cristóbal de Tobías, desde donde huyó a Castilla en 1041. En Burgos fue acogido por el rey Fernando I, quien le confió la restauración del monasterio benedictino de San Sebastián de Silos enviándole allí como abad en enero de 1042. Desde su llegada, Domingo cumplió su mandato, pues recuperó la hacienda, mejoró la observancia y reparó los edificios monásticos. También comenzó el hermoso claustro románico[5], que se conserva en la actualidad, y levantó la labor intelectual y artística con el escriptorio, la escuela monástica y la biblioteca. Es en su estancia en Silos cuando comenzó a realizar milagros que asombraron a sus hermanos y a las gentes de los alrededores.

Pronto le llegaría la muerte, el 20 de diciembre de 1073, dejando el monasterio de Silos completamente restaurado. Allí fue enterrado, en el suelo del claustro, donde en el siglo XIV se colocó una losa sepulcral sostenida por tres leones. Posteriormente, tras distintos cambios, su cuerpo descansa en la iglesia, en capilla propia desde 1733[6]. A pesar de su muerte, su fama no quedó ahí, pues se acrecentó enormemente gracias a los tres corpus hagiográficos que aquí se presentan.

3. Las bases del culto al santo

Para conocer el culto a este santo debemos tener en cuenta tres libros, claramente separados en el tiempo, pero que forman entre sí un conjunto indivisible: la hagiografía de santo Domingo.

El primero de estos libros es la Vita Dominici Silensis escrita por el monje francés Grimaldo, alrededor del año 1090 (Valcárcel Martínez 1982, 99). Dicha obra fue un encargo del nuevo abad de Silos, Fortún, posiblemente un monje que acompañó a Domingo a Castilla y, por tanto, figura clave para continuar con la obra impuesta por este en su abadía (Álvarez Palenzuela 2003, 59).

Esta Vita de Grimaldo se divide en tres libros o volúmenes; mientras que en el I se relatan las virtudes y milagros que Domingo realizó en vida, los libros II y III recogen los milagros realizados tras su muerte, sobre todo mediante sus reliquias ubicadas en Silos. Es una obra bastante extensa, con un total de 109 milagros, donde no sólo se plasma la vida y milagros de Domingo, sino que aparecen personajes y acontecimientos históricos varios. Por tal motivo, para Valcárcel la Vita es una de las obras clave del Medievo, pues no sólo es la base de conocimiento de la figura del santo, sino también de la Historia, la sociedad y la religiosidad de la España del momento (Valcárcel Martínez 1982, 11).

La segunda hagiografía del santo fue realizada por el poeta Gonzalo de Berceo quien, hacia 1236, redactó una nueva Vida de Santo Domingo de Silos. Esta obra presenta la Vita de Grimaldo, con un gran cambio, pues pasó de estar escrita en latín a estar escrita en verso y en lengua vulgar (García de la Borbolla 2008, 231). Sin embargo, la obra de Berceo presenta carencias, pues tan sólo se conserva completo el libro I, mientras que del libro II se conserva la mitad y el III ha desaparecido totalmente. Según parece, los monjes silenses enviaron a San Millán de la Cogolla un ejemplar de la Vita de Grimaldo que, o estaba incompleto o debió de sufrir algún tipo de incidente que hizo que perdiera parte de su contenido (Dutton 1987, 17).

El último de los biógrafos de santo Domingo, Pero Marín, cierra su tradición hagiográfica con la obra Miráculos romançados de como sacó santo Domingo los cativos, escrita hacia 1285 (Boto Varela 2008, 53). De su autor, Marín, monje silense, los investigadores señalan que pudo ser redactor de algunos milagros, pero también el compilador de muchos otros que estaban dentro de la tradición oral del monasterio y que nunca llegaron a ser plasmados en papel. Igualmente, tal y como señala Amaia Arizaleta, Marín fue el rector de la empresa de escritura de los Miráculos, y que otros, monjes anónimos, fueron los artífices de la redacción de estos relatos (Arizaleta 2009, 269). Sin embargo, a diferencia de los dos anteriores, a Marín no le interesó su biografía y se centró únicamente en los milagros de redención póstumos realizados por el santo desde el año 1232 hasta el año 1325[7].

3.1. Objetivos, finalidad y público de estas hagiografías de santo Domingo

Las fuentes hagiográficas son documentos de carácter religioso, inspirados en la devoción a los santos y su fin es fomentarla (García de la Borbolla 2008, 218), porque no son sólo libros históricos destinados a proporcionar información veraz sobre un personaje específico, sino que buscan mantener el recuerdo de un santo dentro de la comunidad cristiana. Igualmente, este tipo de fuentes se suelen elaborar por la necesidad de su uso en las celebraciones litúrgicas y en las festividades de los santos y, por ello, están estrechamente ligadas a los santuarios donde este culto se celebraba (García de la Borbolla 1999–2000, 335). Por tanto, la continuas Vidas de santo Domingo se van a convertir en el pilar básico e inicial de la propaganda destinada a mantener la memoria y el culto del santo y de la propia abadía de Silos.

La Vita Dominici Silensis, buscó sustentar primero, sostener y extender después, el culto del santo (Valcárcel Martínez 1982, 100), pues en los prólogos de los tres libros se destaca el interés de dar a conocer esta figura, con dichos como “nunc autem, omni dubitatione postposita, secure illum iam cum Chrito regnantem laudemus et honorificemus…”[8]. Así, comienza la propaganda del culto a santo Domingo pues, con una intención didáctica, se dibuja un santo al que hay que imitar en todas las facetas de la vida. Asimismo, Grimaldo buscó inculcar a la comunidad silense la idea de que ellos, propiamente, tenían un patrón y un protector, un mediador ante Dios, que otros cenobios no tenían (Valcárcel Martínez 1982, 101): “Nos itaque, Deo dilecti fratres, qui tam dignissima merita tamque preclara beneficia tanti patroni quotidie occulis intuemur et asidua ipsius largitate perfruimur…”[9].

Sin embargo, Grimaldo buscaba algo más: un patronazgo económico (Pérez–Embid 2002, 86). Así, si el monasterio de Silos no tenía un santo destacado, cuyas reliquias no se venerasen ni produjesen milagros que ayudasen a la comunidad y a sus fieles, no habría peregrinos que, buscando la intercesión del santo, ofreciesen donativos y limosnas. En consecuencia, plasmando todos los milagros, las reliquias del santo se convierten en una fuente continua de ingresos mediante los donativos que hacían aquellos a quienes había ayudado.

Por su parte, los objetivos de Berceo fueron múltiples. Ideológicamente, su Vida responde al mandato del IV Concilio lateranense (1215) de acercar la religión al pueblo. De este modo, el autor convierte al santo en un modelo humano de santidad, en un héroe cuya función es dispensar a los cristianos la libertad de todo mal (Nieto Pérez 2003, 526). En el sentido estético, buscó enseñar esta vida ejemplar, mediante un lenguaje sencillo que el pueblo podía comprender (García de la Borbolla 2003, 451). Asimismo, al igual que su predecesor, Berceo buscó estimular la afluencia de peregrinos que viajaban hasta Silos con el deseo de solicitar la intercesión del santo y, gracias a la difusión literaria de estos prodigios y milagros, revitalizar la situación económica del monasterio (Boto Varela 2008, 51).

Hay que tener en cuenta que a lo largo del siglo XIII proliferaron nuevos centros religiosos nacidos al amparo de la ruta de peregrinación a Santiago de Compostela, como Santo Domingo de la Calzada o Santa María la Real de Nájera. Este hecho suponía la aparición de competencias en el ámbito espiritual y consecuencias negativas en la economía de los antiguos monasterios (García de la Borbolla 2008, 230). Por ello, el cenobio silense buscó recordar las virtudes y méritos de su abad con el fin de atraer a Silos esos peregrinos que se dirigían a Compostela y, para ello, lógicamente, la propaganda ideal era ensalzar la inmensa cantidad de milagros realizados por el abad. Tanto es así que, incluso el propio Berceo, afirmó que los milagros que el santo había realizado hasta la fecha no eran nada en comparación con los que realizaría en el futuro (García de la Borbolla 2003, 452), por lo que anima a visitar Silos para conocer estos hechos[10].

Por último, los Miráculos romançados de Pero Marín volvieron a reforzar esa propaganda y culto al santo de Silos, especialmente como redentor de cautivos, pues la Reconquista se había revitalizado (Boto Varela 2008, 55) y Marín, astutamente, buscó unir la imagen del abad como luchador contra el islam con su faceta de redentor de cautivos cristianos.

Respecto al público que recibe estas obras, vemos que siempre encontraron una gran expectación fuera del claustro silense. La Vita de Grimaldo, como ya dije, fue escrita expresamente para inspirar a la comunidad de Silos. No obstante, también explica a los posibles lectores y oyentes enseñanzas diversas, relevantes para la religiosidad cristiana, como qué es la lucha espiritual (Prólogo, Libro I, 21–24), en qué consiste la humildad (Libro I, 5, 29 y ss.), la obediencia (Libro I, 5, 53 y ss.) o en qué se fundamenta la salvación total (Libro I, 10, 29–45), entre otros aspectos (Valcárcel Martínez 1982, 101).

¿Cómo es posible que estas Vidas se extendieran tan rápidamente? De múltiples formas, pues sus conocimientos llegaron a la gente del pueblo, mayormente iletrada, mediante homilías dadas en las iglesias, por ejemplo, en el aniversario de la muerte del santo o en sermones dados en las plazas públicas (Valcárcel Martínez 1982, 106). Para los más afortunados, aquellos que podían realizar alguna visita a Silos, sobre todo, durante las festividades realizadas en su honor, se relatarían de viva voz sus milagros (Boto Varela 2008, 36), favoreciendo y acrecentando el culto y la extensión de su prestigio.

Es cierto, que en algunos momentos los propios hagiógrafos son conscientes de lo increíble de los hechos que narran. En consecuencia, acuden a garantías o ejemplos que otorguen fiabilidad a su relato, tales como los testimonios personales de testigos directos de los hechos (García de la Borbolla 1999–2000, 344), como era la continua presencia en Silos de enfermos que iban a sanar y cautivos redimidos. También mencionan a reyes del momento, como Fernando I, Alfonso VI o Alfonso X, personajes clave de la Iglesia, como el cardenal Ricardo o nobles, espectadores directos o inmediatos de los milagros del santo, que se convierten así en testigos incuestionables de la veracidad de los mismos (Boto Varela 2008, 56).

4. Un santo lleno de virtudes. Taumaturgia y redención de cautivos

El término taumaturgo se refiere a aquella persona que presenta la facultad de realizar milagros o hechos extraordinarios y prodigiosos. Esta definición aparece vinculada al santo, pues como taumaturgo realizó, tanto en vida como post mortem, múltiples milagros. Independientemente de su temática, cada uno de ellos recoge un relato específico, donde aparece un fiel que necesita su ayuda. En ellos, hay información de todo tipo, como el nombre, edad, el lugar de origen del solicitante e, incluso, el tiempo que llevan padeciendo el mal por el que pide asistencia. Estos datos son relevantes, puesto que indican que el santo no dejó a nadie de lado, intercediendo y ayudando a gente de todo tipo, sexo y condición: desde nobles hasta campesinos, hombres, ancianos, mujeres y niños.

4.1. El sanador santo Domingo de Silos

La taumaturgia del santo se mostró gracias a las curaciones milagrosas que realizó a sus fieles. Como ejemplo de un milagro sanador de santo Domingo, en vida aún, expongo la curación de un conde de Galicia con una grave ceguera[11].

Si leemos el texto, lo primero que se señala es la información de la persona a la que el santo va a ayudar, en este caso, un conde gallego, amigo del santo[12], llamado Pedro Pelaíz, que sufre una severa ceguera. Este hombre “con la esperanza de recuperar su salud, había visitado muchos santuarios, después de gastar en médicos gran cantidad de dinero”. Tras este revés, y al conocer la fama de milagrero del santo, acudió a Silos. Allí, tras pedir su favor, el santo accedió a ayudarle y comenzó a rezar, pidiendo a Dios misericordia divina. Tras el rezo, el santo pidió como “medicina” agua, la cual “bendiciéndola con su propia mano, derramó sobre los ojos del enfermo oprimidos por una larga y desgraciada ceguera, invocando el nombre del Señor al tiempo que daba un gran suspiro. Y, ¡oh, maravilla!, de inmediato lo sanó totalmente”. Todos los presentes, ante la rapidez de la curación, se maravillaron y alabaron su hazaña.

Dicho esto, el santo, tanto en vida como tras su muerte, curará todo tipo de enfermedades y dolencias, como mudez, sorderas, parálisis, endemoniados, curó a tullidos, jorobados, leprosos[13], etc. Para sus curaciones, usó siempre la fe y la devoción, junto con otro tipo de medicinas, bendecidas por él mismo, como el agua, vino o sal. Tras su muerte, sus reliquias, concibieron otros milagros de semejante maravilla. Así, con estas curaciones hechas ante los ojos de todos los presentes en Silos, hizo que su fama se engrandeciese enormemente.

4.2. La redención de cautivos

Los relatos de liberación de cautivos llegaron a ocupar un lugar central en la hagiografía castellana, pues tal y como se dijo anteriormente, la Reconquista avanzaba y, en la frontera, se creó un clima de cabalgadas, raptos e inseguridad que dio como consecuencia la cautividad continua de un gran número de cristianos.

A pesar de que sea Pero Marín, el único que se centre exclusivamente en los milagros redentoristas, Grimaldo dio a esta temática una gran importancia, pues es precisamente la liberación de un cautivo, Servando Coscorrita[14], el milagro que corona la consagración de la iglesia del monasterio, en presencia del cardenal Ricardo y otros miembros destacados de la comunidad, testigos de cómo el excautivo narró a los presentes la aparición del santo, que por aquellas fechas ya había fallecido, en su prisión y la ayuda que le brindó para llegar a Silos.

Berceo también destaca enormemente esta labor redentorista y, aunque conocía más milagros de cautivos, tanto de otras lecturas que no fueran de la Vita Silensis como de oídas[15], lamentablemente no los plasmó en su obra. Independientemente de estas faltas, Berceo exalta en toda la obra la figura de Domingo como redentor de cautivos.

Como ejemplo, podemos destacar el milagro número 12 del Libro I de la Vita Dominici de Grimaldo[16], cuando el santo aún vivía. El cautivo de este relato se llama Domingo, por quien pedían 500 sueldos en moneda. Sus familiares no tenían tal cantidad y acudieron a Silos a pedir ayuda. El santo no tenía dinero, pero les prometió que los ayudaría. Al día siguiente ofreció una misa por este cautivo y, a la vez que esta se celebraba, los hierros del cautivo se rompieron y se abrió la cárcel donde estaba preso, pudiendo regresar a su casa. Sus padres lo llevaron ante santo Domingo y el excautivo contó cómo había salido de la cárcel gracias a la ayuda del abad.

En este milagro se destaca la intercesión de Dios ante santo Domingo, pues le concede el don de la redención. Para Grimaldo es una liberación simplemente, pero para Berceo, estableciendo una relación de causa y efecto, ve que esta primera liberación es el inicio de los numerosísimos rescates que el santo realizará, incluso, tras su muerte (Uría Maqua 1995, 167):

Sennor sancto Domingo, complido de bondad,

porque fo tan devotoe de tal caridad,

por sacar el cativo de la captividad

Dioli Dios bona graçiacommo por eredad.

Diéronli alta graçiaestos merecimientos,

que faze ennos morosgrandes escarnimientos;

quebrántalis las cárceres, tórnalos sonolientos,

sácalis los cativos a los fadamalientos

de guisa que non avennin oro nin argientos[17]

Ya muerto el santo, expongo como ejemplo la liberación de un grupo de cautivos que fueron llevados a Granada, donde:

metiero(n) los en gra(n)des fierros, de día façianlos labrar & cauar enlas vin(n)as de noche metianlos e(n)la carçel. Yoguiero(n) captiuos III annos”. Durante su tiempo de cautiverio, nunca dejaron de rezar al santo, pues pasaban las noches y “rogauan a Dios & a S(an)ta María & a S(a)nto Domingo q(ue)los sacasse(n) de captiuo

Finalmente, el santo intercedió por ellos y les insufló el poder y la fuerza para liberarse y llegar a Silos.

Martes XIII días de Junio enla era sobr(edich)a estauan todos caua(n)do enla vin(n)a de su sen(n)or. Metiolos Dios & S(an)to D(omingo) en coraço(n) a todos q(ue) se fuessen a tierra de (cristi)anos. Seye(n)do medio dia tomaro(n) a Mahomat moro q(ue) los guardaua & echaron en vn poco & diero(n)se a yr por las vin(n)as & fallaro(n) muchos moros enla carrera & ninguno no(n) les dixo nada & arribaro(n) a Iahe(n). Sacar(o)n les y los fierros, llegaro(n) al monesterio con sus fierros. Martes XII días de agosto.

Todos los milagros de redención de cautivos son muy similares entre sí, pero, para estudiar la cautividad cristiana en la Península Ibérica, estos milagros son de gran relevancia pues dan al lector todo tipo de información acerca de los cautivos redimidos, ya que cada uno lleva consigo una historia diferente que, contada a los fieles, no hacía otra cosa sino acrecentar su culto y devoción.

Todos ellos, por breves que sean, insisten en la intervención directa del santo en las fugas y liberaciones de los cautivos. Este se aparecía físicamente o su voz llenaba el silencio de las mazmorras diciendo a los cautivos que serían libres y lo que debían hacer para alcanzar su libertad. No importaba la dificultad del rescate, pues los ayudaba de múltiples modos: dándoles fuerzas superiores para romper las cadenas y grilletes de sus manos y pies, romper las puertas y paredes de las mazmorras donde estaban presos; les brindaba objetos que les ayudasen a liberarse como cuerdas y escaleras para salir a la superficie desde mazmorras subterráneas o, incluso, un barco para poder cruzar el Estrecho y llegar a la Península. Lo único que el santo “pide a cambio” es que vayan a Silos, dejen sus cadenas allí y cuenten su historia a los que estén presentes, tal y como ocurre con el mencionado milagro de Servando Coscorrita (Libro II, cap. XXI)[18].

Igualmente, santo Domingo tiene poder sobre los seres vivos, pues hace que los guardianes caigan en un profundo sueño o, incluso, que no los vean escapar, así como que los perros no ladren dando la voz de alarma. Tampoco olvidemos, cómo el santo facilita la huida a los cautivos cristianos, pues los salva de los incendios que encuentren a su paso y los esconde en la noche para que nadie de con ellos y lleguen a Silos.

¿Cómo recibió el pueblo estos milagros? El conocimiento de estos hechos debió de constituir una gran sorpresa, asombro y admiración. La llegada de los cautivos a Silos y la narración de sus historias, llenas de detalles, permitió que las gentes conociesen una situación tan horrible como era el cautiverio. Asimismo, la exposición del gran número de cadenas, grillos y grilletes[19], ahora convertidos en exvotos, llevados en acción de gracias por estos excautivos al monasterio, se convierten en una prueba irrefutable de la virtud libertadora del santo, que hoy todavía pueden admirarse[20].

Como consecuencia, estas narraciones sumadas a la exaltación continua de sus hagiógrafos, hicieron que santo Domingo acabase acaparando el oficio de redentor para sí, adelantando a otros santos que también realizaban estas labores de rescate de cautivos, como san Íñigo de Oña (Uría Maqua 1995, 172). Asimismo, desde mediados del siglo XIII, aparecen en la Península dos órdenes religiosas dedicadas a la redención de cautivos, los Trinitarios y los Mercedarios, las cuales podían amenazar su culto y las donaciones que Silos recibía. Tal y como se pregunta Boto Varela ¿Advirtieron los monjes silenses esta competitividad en la redención de cautivos? Rotundamente sí (Boto Varela 2008, 56), puesto que Marín buscó menospreciar a la Orden de la Merced en uno de sus milagros[21], en el que se narra el cautiverio de Simón y Martín de Montfalcon de Mesina. Uno de estos dos mercaderes pretendió la liberación del segundo ante el señor de Almería con el auxilio ineficaz de dos monjes mercedarios, del monasterio de Santa Olalla de Barcelona. Tras esto, estos monjes les sugirieron que se encomendasen a santo Domingo de Silos, que liberaba cautivos, como hicieron. Así, se encomendaron a Dios, a la Virgen y a santo Domingo de Silos, quien finalmente obró ambas liberaciones. Con este milagro, podemos ver la justificación de que el santo superaba en efectividad libertadora incluso a órdenes especializadas como la mercedaria (Boto Varela 2008, 56–57).

Con todo lo dicho, entendemos que santo Domingo se convirtiese en el santo redentor de España por excelencia, lo que le valió la otorgación de los epítetos de “El Moisés Segundo” y “Redentor de cautivos” por antonomasia[22].

5. Unos milagros hechos imágenes. La iconografía del santo

Recordemos que el mundo medieval es un mundo figurativo donde la imagen cobra una especial relevancia y, en este caso, se va a producir la unión entre hagiografía y producción iconográfica. Vistos sus milagros, es comprensible que en torno a su figura se creasen un sinfín de representaciones artísticas distribuidas por toda la geografía española que alabasen tales virtudes. Tal y como señala Ismael Gutiérrez, el santo es representado mediante tres variantes iconográficas[23]: santo Domingo como abad, vestido con ropas pontificales, báculo y mitra; su defunción y, por último, su faceta de libertador de cautivos. Con respecto a su faceta como taumaturgo, llama la atención que no se conserven en Silos ni en otras iglesias al santo dedicadas representaciones de este tipo. La respuesta a este interrogante viene de la mano de Boto Varela quien señala que no era necesario realizar ningún tipo de representación taumatúrgica, puesto que las curaciones milagrosas se realizaban en el propio monasterio ante todos los presentes. Sin embargo, nadie podía asistir a la liberación de un cautivo que se encontrase preso en Granada y, de ahí, surgió la necesidad de crear esta iconografía redentora que permitiese imaginar a los fieles esta faceta (Boto Varela 2008, 49).

Esta iconografía redentorista que nace a partir de las Vidas realizadas por los hagiógrafos del santo, acabará por convertirse en otro pilar clave para su culto posterior, pues la representación de estas virtudes, ya sea mediante la pintura o la escultura fueron de gran importancia, puesto que se convirtieron en la literatura del iletrado, transmitiendo y acrecentando, aún más, su culto y devoción.

Existen múltiples representaciones de santo Domingo redentor repartidas por toda la Península Ibérica, sin embargo, de época medieval son escasas, pues la mayoría corresponden a los siglos XVI en adelante. De todas ellas, una de las más antiguas es el relieve de Santo Domingo como redentor de cautivos[24] situado en el claustro silense. También destaca el ciclo dedicado al santo en el retablo del siglo XIV del Museo de Bellas Artes de Bilbao, que contiene cuatro escenas de la vida del santo[25] (Galilea Antón, 1996, 452). De estas cuatro, subrayo la titulada “El milagro del moro Abeozar”, situada en la parte superior de la calle izquierda del mismo. En esta representación aparecen seis figuras, santo Domingo, el moro Abeozar, con una marcada tez negra, dos cautivos, un gallo y un perro. Destaco esta imagen porque es la plasmación en pintura de uno de los milagros redentores más extendidos[26], tal y como aparece recogido en los Miráculos de Marín[27]. Corresponde al milagro ocurrido el 5 de mayo de 1285, cuando el excautivo Gil Pérez llegó a Silos y allí, en el claustro, ante el convento reunido, explicó que por la intercesión del santo había sido liberado del cautiverio en la ciudad de Granada, junto con otro cristiano, llamado Martín (Vivancos Gómez 2018, 212).

También relató el caso de otro cautivo, tal y como se lo oyó decir a su señor. El relato dice que un moro granadino, Aboacán, había comprado en una ocasión doce cautivos cristianos, pero santo Domingo los había liberado a todos. Poco después, compró otro cautivo más, Domingo Pérez de Xodar, al cual “metió en grandes fierros, e metiol en una archa grant, e foradóla yuso en el suelo e sacó los fierros por yuso del archa e metiólos en una algorfa, e atólos yuso con una cadena a una estaca de fierro”. Por miedo a que el santo apareciese de noche y lo liberara, el moro decidió echarse a dormir encima del arca. Sin embargo, el santo si intercedió por dicho cautivo, pues a la mañana siguiente, “amanesçió el moro sobre su arca e el cristiano dentro en ella con sus fierros e con la cadena en Priego, castiello de los freyres de Calatraua”.

No nos extraña que este milagro tan increíble, se convirtiese en uno de los más populares, pues se mantuvo vigente a lo largo de los siglos posteriores, cuando nuevos hagiógrafos volvieron a escribir los milagros más asombrosos del santo, que se multiplicaron y expandieron gracias a la imprenta (Gutiérrez Pastor 2003, 482). Por ello, la gran mayoría de las representaciones de la Modernidad representarán al santo con grilletes y cadenas, aludiendo así a su intercesión en la liberación de los cautivos.

6. Memoria y culto de santo Domingo de Silos

Nos encontramos ante un santo, cuyo culto comienza en una pequeña zona geográfica de Burgos y La Rioja, desde donde se extendió a toda la Península, pero ¿cómo se extendió tan rápidamente su veneración? Para ello, no solo contó con las tres Vidas y sus fieles, sino que tuvo otras “ayudas” que no hicieron más que acrecentar su devoción.

La primera de estas ayudas fue su “doble” canonización, fundamentada en todos los milagros que había realizado en vida y tras su muerte. La primera se produjo en el año 1075, dos años después de su muerte, cuando su amigo y devoto, el obispo don Jimeno, lo declaró santo en su diócesis y abrió la posibilidad de que los fieles pudieran venerarlo dentro de los límites de la misma (Abad Ibáñez 2003, 90). La segunda canonización, ahora universal, fue realizada en 1096 por el papa Urbano II. En ella tuvo mucho que ver el que fuera legado pontificio de Gregorio VII, el cardenal Ricardo, quien fue testigo de algunos milagros y conocedor de muchos otros, lo que le hizo muy devoto del santo y buscó su santificación (Abad Ibáñez 2003, 91), como recoge Berceo en su Vida[28]. A partir de esta declaración papal, muchas diócesis españolas comenzaron a celebrar litúrgicamente su memoria el día 20 de diciembre (Abad Ibáñez 2003, 91).

Otro apoyo para la consolidación del culto y memoria del santo, fue la dedicación de iglesias y parroquias a su nombre. Tal y como señalan los investigadores, ya desde finales del siglo XI existían varios edificios religiosos dedicados a su persona, fundados por iniciativa real, nobiliaria o concejil, todos fieles al santo, con los que buscaban darle las gracias por las atenciones que les había prestado durante la Reconquista. Por ello, muchas de estas iglesias están situadas en tierra de frontera (Gutiérrez Pastor 2003, 466). Como ejemplos destacan[29] el monasterio de santo Domingo el Antiguo o de Silos de Toledo, fundado por el rey Alfonso VI tras la toma de la ciudad a los musulmanes en el año 1085 (Boto Varela 2008, 36) o parroquia de santo Domingo de Alcalá la Real, a él dedicada, por su ocupación en el aniversario de su tránsito, el 20 de diciembre de 1340 (Gutiérrez Pastor 2003, 472).

En tercer lugar, se produjo un cambio en el nombre del monasterio, pues Silos pasó de llamarse San Sebastián de Silos[30] a Santo Domingo de Silos, en honor a su santo predilecto. Este cambio de apelativo no se produjo de la noche a la mañana, pero su base se encuentra en la reconstrucción del monasterio, sus milagros, todos los fieles que allí acudían, su doble canonización, así como el paso del monacato hispano al benedictino (Álvarez Palenzuela 2003, 62), impulsado todo por Domingo. Es la documentación la que muestra este cambio de nombre, pues los monarcas castellanos y el Papado, al otorgarle donaciones y beneficios lo acabaron imponiendo. La denominación del monasterio de Santo Domingo de Silos aparecerá como tal, por primera vez en la Historia, en un documento del año 1119, cuando la reina Urraca use este apelativo para referirse al cenobio silense, hecho que continuarán los reyes sucesivos (Álvarez Palenzuela 2003,62).

Ligado a esto, destaca el férreo apoyo que recibió el cenobio por parte de la Corona castellana y el Papado. Por parte los de los primeros, aparecen infinitas donaciones desde Fernando I, aquel que recibiera a Domingo tras su huida de Navarra, la reina Urraca y su hijo u otros reyes con gran devoción al santo y al monasterio como Alfonso X, quien, guiado por su devoción, visitó Silos en varias ocasiones buscando su intercesión para solucionar algunos problemas que encontró durante su reinado. Asimismo, muy importantes para su culto fueron las bulas papales otorgadas, como la firmada por Inocencio IV, quien el 16 de agosto de 1252, concedió cuarenta días de indulgencia a todos los fieles que visitaran su sepulcro el día de su fiesta, garantizando la llegada de peregrinos a Silos (García de la Borbolla 2003, 452).

Con todo ello, podemos comprender que la devoción y el número de devotos fuese aumentando enormemente a lo largo de los siglos (Abad Ibáñez 2003, 93); entre los cuales, los había de toda condición, desde reyes hasta mujeres y niños. Así, como colofón de su culto destaca la fundación de la Cofradía de santo Domingo, que se remonta al menos hasta 1283. En el libro de matrículas de la cofradía aparecían como cofrades principales los reyes de Castilla, Navarra, Portugal y Aragón; los obispos y clero de los obispados de Toledo, Sevilla, Burgos, Calahorra, Osma, Sigüenza, Segovia, Oviedo, Zaragoza, Tarragona, Pamplona, Huesca y Lérida y los monjes de San Millán de la Cogolla, San Benito de Sevilla y de Santo Domingo de Silos (Abad Ibáñez 2003, 100). Su máximo apogeo se produjo en las primeras décadas del siglo XV, pues en las ordenanzas del 15 de mayo de 1439 se habla de una cofradía llamada Cuerpo de Santo Domingo de Silos (Abad Ibáñez 2003, 100), plenamente desarrollada, con unos 45.000 miembros (Gutiérrez Pastor 2003, 471). Su autenticidad, se confirma gracias a un privilegio concedido por los Reyes Católicos en Vitoria, en 1484, a favor del monasterio y sus monjes, con el fin de que nadie les impidiese recoger las limosnas para la Cofradía y para el Hospital[31]. Este ejemplo demuestra que el culto de este santo, a fines del Medievo, seguía existiendo. Sin embargo, fue perdiendo relevancia y, tal y como dice Castro, en el siglo XVII, había sido olvidada (Abad Ibáñez 2003, 101).

7. Santo Domingo, el fin del Medievo y los inicios de la Modernidad

Para concluir este breve artículo, me gustaría señalar que la tradición inaugurada por Grimaldo y continuada por Berceo y Marín hizo que esta hagiografía santa se mantuviese viva durante todo el Medievo hasta resurgir, ya bien entrado el siglo XVI, en un sinfín de obras publicadas por escritores y cronistas de la orden de san Benito (Gutiérrez Pastor 2003, 483). Si bien es verdad que muchos de estos biógrafos modernos han modificado algunas de las nociones principales que se tenían del santo, añadiéndole algunas nuevas, todos ellos ayudaron a difundir la imagen de santo Domingo como taumaturgo y redentor de cautivos, hecho que hizo posible que su culto se acrecentase aún más durante los siglos XVI, XVII y XVIII[32], llegando incluso hasta nuestros días.

Bibliografía

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Fuentes

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Marín, Pero, 1988, Los Miráculos romançados, Estudio y Edición crítica a cargo de Karl–Heinz Antón, Silos: Abadía de Silos.


  1. Teniendo en cuenta su obra, los documentos contemporáneos y la tradición establecida, resumo brevemente la biografía del abad silense. Para saber más, véase Zaragoza Pascual 1998, 20-26 y Vivancos 2003, 223-263.
  2. Tal y como señala Vivancos, su vinculación con la familia de los Mansos no es cierta, pues esta afirmación fue hecha por primera vez por fray Ambrosio Gómez en el siglo XVII y fue repetida por los siguientes biógrafos del santo hasta hoy (Vivancos, 2003, 228).
  3. Este cargo era el superior efectivo de la numerosa comunidad. Su labor fue la sustitución de las labores del abad D. Sancho que, al ser obispo y miembro de la corte real, se hallaba frecuentemente fuera del monasterio ocupado en asuntos reales o de su obispado. Este cargo era de enorme importancia, pues en ocasiones era el paso previo a la sucesión del abad, cuando llegara el caso (Vivancos, 2003, 56).
  4. La explicación de este enfrentamiento entre el rey de Navarra y el prior de San Millán son sus exigencias económicas para el sostenimiento de la guerra que tiene contra su hermano. García Sánchez se comporta respecto a la Iglesia de su reino con absoluta autoridad, pues nombra y depone tanto abades como obispos a su antojo (Álvarez Palenzuela, 2003, 56).
  5. La tradición corresponde con la realidad, al menos en lo que al inicio de las obras se refiere. Para saber más, véase: Vivancos, M. C., 1990, 77-84.
  6. Acerca de los cambios de lugar de enterramiento del santo, véase: Vivancos, 2003, 254-261.
  7. Para fechar estos milagros redentoristas tenemos que tener en cuenta que su fecha de datación se ha realizado mediante la era cristiana. Por tanto, la secuencia real de estos milagros sería desde la era cristiana de 1270, que corresponde con el año 1232, hasta el año de la era 1325, correspondiente al año 1287. Para un buen fechado, en la “Introducción” de los Miráculos de la edición realizada por Karl Heinz Aton, presenta una lista con los años que corresponden a las dataciones en era cristiana en su fecha correspondiente (Anton 1988, 19).
  8. “Ahora, en cambio, rechazada cualquier duda, tributémosle alabanza y honor a él que, con toda seguridad, reina ya con Cristo” Libro I, cap. 7, 97 y s. (Valcárcel Martínez, 1982, 245).
  9. Y nosotros, queridos hermanos, que a diario vemos con nuestros propios ojos tan dignísimos méritos, y tan esclarecidos beneficios de un patrono tan grande y gozamos de su continua generosidad” Libro I, cap. 23, 140 (Valcárcel Martínez 1982, 313). Para otras referencias del santo como patrón, véase en esta edición: I, 2, 49-59; I, 2, 156; I, 22, 91; I, 23, 83-87; II, 52, 18; II, 26, 32-33, entre muchos otros.
  10. Copla 385 (Dutton, 1978, 95)
      “Si de oír miraglos
      avedes grand sabor,
      Corred al monesterio
      del sancto confessor”
  11. Grimaldo, Libro I, cap. 13 (Valcárcel Martínez, 1982, 273).
  12. Vivancos 2003, 247.
  13. Relacionado con la sanación de enfermos, vemos la intercesión del santo en algunos partos. El inicio de este culto, según los monjes silenses, se debe al nacimiento de santo Domingo de Guzmán (Abad Ibáñez 2003, 101). Sin embargo, Vivancos (Vivancos 2003, 262-263) señala que esta nueva faceta fue dada por el autor Hernando del Castillo en 1584. El relato nos dice que el matrimonio de don Félix de Guzmán y doña Juana de Aza y Bazán, tenía ya varios hijos, pero todos ellos se dedicaban con fervor a la religión. Al no tener un descendiente que continuara con la grandeza de la casa, buscaron la ayuda del santo, de quien era muy devota doña Juana. Ella se encomendó al santo y le prometió visitar su cuerpo durante 9 días seguidos; al séptimo se le apareció, asegurándola que tendría un hijo, el cual sería luz de la Iglesia y destrucción de los herejes. Quedó tan consolada y agradecida, que le prometió ponerle su mismo nombre. Nacido el niño, fue bautizado a los pocos días, recibiendo el nombre de Domingo. Andando el tiempo, el fundador de los dominicos erigió un templo de Madrid a su homónimo de Silos, por cuyos méritos e intercesión había recibido la vida (Abad Ibáñez 2003, 102.). Dada la celebridad de ambos Domingos, es entendible que este suceso sea la base de la devoción popular de recurrir a Santo Domingo para alcanzar su ayuda en los embarazos y partos como así ocurrió con todas las reinas de España hasta la llegada de la II República.
  14. En la Vita de Grimaldo corresponde al Libro II, cap. (Valcárcel Martínez 1982, 357-361). En la obra de Berceo, corresponde a las coplas 644-674 (Dutton 1978, 135-140).
  15. Tal y como afirma Isabel Uría, Berceo conocía otros milagros de oídas. Esto es así, porque en los años en que se supone que este escribe el poema, el santo ya había realizado algunos milagros, especialmente de liberación de cautivos. Posiblemente todos los milagros conocidos por Berceo de oídas, pero que no fueron incluidos en su Vida fueron posteriormente incorporados por Marín en sus Miráculos romançados. (Uria Maqua 1995, 167-168, n. 18).
  16.  Libro I, cap. 12 (Valcárcel Martínez 1982, 267-269).
  17. Coplas 373-374 (Dutton 1978, 93 y s.).
  18. Copla 664 (Dutton 1978, 138)
       «De quanto ir podieres embargado non seas,
       vé al mi monesterio con estas herropeas,
       ponlas sobre ´l sepulcro do yacen carnes meas,
       non avrás nul embargo, esto bien me lo creas»
  19. El número de cautivos liberados fue inmenso, pues se han registrado más de 12.000 (Abad Ibáñez 2003, 92), pero hubo de haber muchos más liberados, pero por diversos motivos, no llegaron al monasterio, bien porque fueron a sus casas o bien porque murieron en el camino y no llegaron a Silos a contar su historia.
  20. En Silos, podemos encontrar restos de grilletes en la banda norte del claustro del monasterio, rodeando el relieve que representa al santo liberando cautivos y una buena muestra de cadenas y grilletes en el transepto de la Epístola de la iglesia de San Esteban, que se encuentra adosada al monasterio.
  21. Milagro titulado “Como saco Simón y Martín de Montfalcon de Mescina de Almaría” (Antón 1988, 175 y s.).
  22. El apelativo de Moysés Segundo, que equipara a santo Domingo con el Moisés bíblico libertador de la cautividad de Egipto, revela en qué gran estima los hagiógrafos de los siglos XVI, XVIII y XVIII esta virtud del santo de liberar a los cristianos cautivos de los moros. Tal y como sugiere Isabel Uría, los biógrafos de la modernidad conocen esta tradición de la virtud de santo Domingo como el Redentor de cautivos (Uría Maqua 1995,163).
  23. Para saber más acerca de la iconografía del Santo, véase: Gutiérrez Pastor 2003, 455-528.
  24. En este relieve, de finales del siglo XII y principios del XIII, representa a santo Domingo, con ropas pontificales y su báculo, liberando a siete cautivos que van retirando sus cadenas, ante la despreocupación de sus vigilantes.
  25. Este retablo, realizado al temple sobre tabla, presenta una calle central con la figura del titular y dos calles laterales que contienen cuatro escenas de la vida y muerte del Santo. Para saber más, véase: Galilea Antón 1996, 449-460.
  26. Posteriormente, se pintaron otros cuadros sobre el mismo relato como uno de los cuadros de la capilla del santo, obra del pintor Fray Gregorio Barambio entre 1745- 1749. Por su parte, en la iglesia parroquial de Cañas (La Rioja), en San Millán de la Cogolla y en un dibujo del Museo del Prado se conservan representaciones similares de este milagro (Vivancos Gómez 2018, 217).
  27. Milagro titulado “Como saco el del archa de Granada (Antón 1988, 119 y s.).
  28. Copla 674 (Dutton 1978, 140).
       «Maguer que era ante por precioso contado,
       desende adelante fo mucho más preciado;
       predicólo en Roma don Ricart el legado,
       fo por sancto complido del Papa otorgado».
  29. Una lista interesantísima y completa aparece en el apéndice de un artículo publicado por Boto Varela donde reseña los templos y capillas dedicadas al santo en el reino de Castilla, ordenados por las actuales provincias (Boto Varela 2008, 64-68). Otra lista de parroquias cuyo titular es Santo Domingo de Silos puede verse en (Abad Ibáñez 2003, 95-99).
  30. Para un estudio completo, véase: Álvarez Palenzuela 2003, 43-62.
  31. El documento dice así: «Mandamos -dicen los RRCC- a todas las Justicias, Gobernadores, Alguaciles, etc. Que todas y cuantas veces sean requeridos por los Reverendos Padres Religiosos del Monasterio del Glorioso Cuerpo de Santo Domingo de Silos, que hayan de hacer, congregar e juntar el Pueblo una, y dos, y muchas veces, o tantas, cuantas bien visto les será a los sobredichos Religiosos, en la Iglesia, o fuera de tal Iglesia, para declarar, notificar, e publicar los grandísimos milagros, que se hacen cada día en dicho Monasterio. E para declarar, e Predicar las grandísimas gracias, e Indulgencias, que los Santos Padres de Roma han otorgado al dicho Monasterio, Cofradía, etc.» (Abad Ibáñez 2003, 101).
  32. Para un completo estudio acerca de los biógrafos del santo véase: Vivancos 2003, 223-228.


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