Las elucidaciones que nos proporcionan los textos de Kracauer abren líneas de investigación de un amplio abanico de posibilidades. En todas ellas emerge, con seguro protagonismo, la lucidez del escritor francfortés para rasgar hasta lo más hondo las expresiones culturales de la sociedad de masas. Hemos compartido algunas páginas que buscaron demostrar los sitios en los que la obra de Kracauer luce con brillo propio y que se prestan para continuar su exploración en los estudios en Comunicación, abriéndose a las Ciencias Sociales y Humanidades en general. Para ello, nos propusimos desplazar el eje de interpretación y no partir de su posición como crítico o teórico del cine. Por lo tanto, lo que se ha buscado principalmente es barajar las cartas y mostrarlas nuevamente, sin intenciones de acudir a verdades últimas e indeclinables. Como en un singular caleidoscopio, los trabajos de Kracauer adquieren infinitas figuras. Entre ellas procuramos describir, problematizando algunos aspectos específicos, cómo construye nuestro autor el paisaje de los empleados de la Alemania prehitleriana.
Aun con mutaciones epistemológicas de innegable espesor (el viraje desde una posición en la que la pérdida de relación con lo Absoluto era central hasta otra en la que el materialismo histórico guiará los movimientos), las propuestas de Kracauer se nos revelan en tanto piezas de una valía casi inasequible. En esas variantes observamos una persistente inquietud por las escisiones; los seres fragmentados en sí mismos y entre sí, las divisiones taxativas entre concretidad y abstractividad y las separaciones de los seres humanos con su mundo ingresan en el mapa que delinea el filósofo francfortés. Curiosamente, esas disgregaciones se dan en un escenario en donde trabajo y tiempo libre se unen y se atraviesan mutuamente.
Ya lo hemos dicho: Kracauer es un extranjero en una terra incognita cuyo modo de habitar se caracteriza por el desamparo trascendental y que se rodea de compañeros de infortunio. Allí, frente a la nueva intemperie y el desgarramiento impreso por las gráciles vejaciones cotidianas, el filósofo francfortés nos muestra la conformación de los cuarteles de placer, esto es, los locales comerciales, como asilos para la masa, en donde la luminosidad y el brillo del ornamento la atraen, ávida y urgida por conseguir bienes culturales pretendidamente valiosos. La población adquiere homogeneidad –que no es más que la reunión falaz de individuos escindidos– en tanto se atiborra en los nuevos templos de la industria de la diversión y rinde el culto a la distracción. Diariamente, grupos sociales de la más diversa índole –pero, sobre todo, los empleados– comparecen en las calles y en los comercios con celeridad y precipitación, como si fuera la humanidad toda en el día del Juicio Final.
En esa atmósfera, no sorprende que nuestro autor haya sufrido la hostilidad que aqueja en cada momento a los extraños, a los que transgreden las fronteras de las costumbres y ponen en evidencia las miserias habitualmente ocultas con el atractivo manto del mundo establecido. No obstante, la producción de Kracauer no ha sido totalmente obliterada. Sus huellas (remontándonos aquí a una noción que nos ocupó en las páginas precedentes) no son menores ni carentes de contundencia. Es por ello que consideramos que las direcciones de investigación que configuran las opciones que se despliegan con la lectura de Kracauer pueden encaminarse en líneas particularmente prolíficas para el desarrollo de los estudios en Comunicación, Ciencias Sociales y Humanidades.
En primer lugar, podemos volver a señalar algunos cuestionamientos que le haríamos a Kracauer. Principalmente, nos preguntamos: si la ratio, razón enturbiada, desgaja y oprime al ser humano, ¿lo mejoraría, por el contrario, un pleno desarrollo de la razón? ¿Cuáles serían, desde la perspectiva de Kracauer, las condiciones de posibilidad para un desapliegue cabal de la razón que ofrezca escenarios novedosos y liberadores? Por otro lado, si bien hemos destacado el equilibrio de nuestro autor al valorar las facetas tanto reaccionarias como emancipadoras de las diversiones de masas –en donde, desde ya, se alarma por el predominio de una diversión que no conmueve el vejatorio orden establecido–, nos interrogamos qué caminos habría que seguir para que el entretenimiento colectivo apunte de manera sostenida hacia una liberación del género humano.
Asumimos que existen áreas exploradas por Kracauer y que ocupan un lugar marginal –pero no menor– en este trabajo, cuyas pretensiones son algo modestas. El estudio riguroso y específico de sus escritos sobre arquitectura, por ejemplo, nos puede habilitar a ahondar con mayor intensidad las relaciones entre la experiencia corporal de las personas (siguiendo expresiones de Richard Sennett) y las construcciones urbanas. Las dimensiones estéticas y técnicas de la arquitectura en viviendas, estaciones radiofónicas, salas de teatro y de cine se cruzan permanentemente con las otras apreciaciones sobre la cultura de masas en la República de Weimar que realiza nuestro autor y probablemente contengan vínculos con sus trabajos sobre cine y sobre historia.
Tenemos que añadir, en esta instancia, que sería relevante abrir una línea de investigación que indague sistemáticamente las proximidades y las distancias de los planteos y las relaciones personales de Kracauer y la Teoría Crítica, siguiendo las pistas que para ello ya nos brindan destacadas exploraciones sobre la Escuela de Frankfurt (Jay, 1974; Entel, 2004; Wiggerhaus, 2010; Díaz, 2015). Los debates al respecto, que versarían sobre tópicos heterogéneos, combinando los entrecruzamientos de biografías y las discusiones filosóficas y teóricas, abordando desde la dialéctica hasta el cine, la fotografía o la historia, constituyen una atractiva propuesta.
Hay, a su vez, un área de innegable valor en la producción de Kracauer, que se ha situado en posiciones un tanto marginales en nuestra investigación, y que se refiere a sus reflexiones sobre la novela como género literario y su mismo carácter de escritor de novelas. Los estudios enfocados en este tópico (Vedda en Vedda y Jordao Machado, 2010; Vedda, 2011; Boltanski, 2016) sientan una base para una construcción que queda por ser realizada. Los textos de Kracauer sobre la novela policial, pero también sobre la Teoría de la novela de Lukács o sus consideraciones sobre Dostoievski y Malraux, sus piezas sobre la trama que envuelve a los novelistas del siglo XIX con la aparición del folletín y la novela por entregas con los periódicos en la Francia del Segundo Imperio, así como la escritura de sus novelas Ginster y Georg, convocan a una tentadora aproximación a su obra.
Desde otra perspectiva, nos preguntamos qué posibilidades hay de conformar con ciertas nociones centrales de la obra de Kracauer el marco teórico de una investigación empírica en Comunicación o en otras Ciencias Sociales y Humanidades en el escenario contemporáneo (por ejemplo, confrontándolas con otras producciones teóricas sobre los ámbitos laborales y sus conexiones con las formas de entretenimiento). Esto es, cómo se podría considerar su terminología –por así decir– para explorar la relación entre los nuevos medios (incluyendo los dispositivos tecnológicos digitales) y las masas o bien cómo se entienden las manifestaciones estéticas populares en las grandes ciudades. Es en este espacio donde podemos suponer cómo se anticipa la escritura de Kracauer para hablar de las mutaciones en el capitalismo actual, que da lugar a la constante flexibilidad en la manera de entender el trabajo y sus relaciones con el tiempo libre. Las aparentes bondades de las grandes empresas multinacionales con sus empleados, a los cuales benefician con días programados para la diversión y para el consumo, para los juegos de cooperación grupal y para una espontaneidad delimitada –todo ello, desde ya, en consonancia con el engranaje de sistemas educativos que en sus instituciones privadas, y afianzando las diferencias de clase, siguen los parámetros empresariales y ubican a sus estudiantes en diferentes compañías– están directamente vinculadas a un conjunto de fenómenos de superficie ya percibidos por nuestro autor. Asimismo, en un mundo que demuestra permanentemente y de manera creciente sus hostilidades frente a los extranjeros, frente a la figura del extraterritorial, y modos de concebir la temporalidad ligados a una aceleración que posterga cada vez más a “los que esperan”, nos aventuramos a señalar la vigencia que posee la obra de Kracauer. Lo mismo podemos proyectar sobre el desdén que existe actualmente por las personas mayores, que son tomadas como piezas inútiles para la producción.
En esta vía, también podemos inquirir, mediante una reconstrucción bibliográfica, cómo se define propiamente lo vital en la obra de Kracauer. Tanto en sus escritos tempranos como en los publicados en el exilio parece surgir sutilmente una inquietud por el modo de precisar qué es la vida. Esta interrogación, aparentemente abstracta, no deja de tener anclaje concreto en cualquier pregunta por lo que hacemos habitualmente. Kracauer le otorga un importante lugar en sus trabajos, más allá de su aparición proteica y dispersa.
Reconocemos, entonces, que los senderos que emergen de los escritos de Kracauer son múltiples y no tienen rumbo ni destino prefijados. Con la investigación que hemos presentado aquí intentamos contribuir con la iluminación de las palabras de un autor poco leído, hurgar en los rincones de sus obras en pos de brindar piezas para volver también sobre nuestra propia cotidianeidad, detenernos y mirar desde diferentes ángulos aquello que nos acaece, sospechar de las lecturas glorificadas y de las adhesiones multitudinarias a cualquier personaje de moda.
El recorrido que procuramos seguir, con la humilde propuesta de reordenar con la lectura algunos debates al interior de la obra de Kracauer, en cada página ha tenido como presupuesto que cualquier vínculo con el conocimiento es propiamente político (y estético). Es por ello que estas palabras, que no son últimas (seguimos a nuestro autor, más cercano a la antesala, al estado de semicocción y a las últimas cosas antes de las últimas), constituyen también un llamado para continuar con la reflexión, con las propuestas que disloquen lo establecido y con los cuestionamientos sobre lo legitimado.









