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Conclusiones

Esquema 6 – Mapa ilustrado del cruce de todas las trayectorias que comprende esta investigación

Ilustración de María Paula Ruíz Díaz.

 

La idea de economías populares en el trajín que presentamos en el recorrido de esta investigación es un modo de comprender dinámicas de producción y reproducción de la vida en América Latina, que tienen el elemento móvil como nudo principal de una serie de estrategias que conectan los escenarios neoliberales y críticos del presente con capas de memorias largas vinculadas a modos de hacer en comunidad. Moverse por territorios extensos y espacios distantes entre sí, diversificar la producción y ganarse la vida en permanente adaptación, negociación y lucha dentro de la economía capitalista; no es patrimonio del sistema capitalista y salida individual de sus garras, es pericia de las comunidades consolidada en la historia.

La idea de movilidad, que hemos sostenido como palabra clave a lo largo de toda la tesis, es un elemento central para pensar dichas estrategias económico-populares. Así como no podemos pensar el trabajo asalariado sin el trabajo reproductivo no asalariado que lo sostiene; tampoco podemos pensar las dinámicas económicas estáticas o la forma de organización política y económica inmóvil, que asociamos al mundo del trabajo asalariado y a la economía clásica industrial; como el modo universal de reproducir y ganarse la vida en el capitalismo. Por el contrario, vemos una gran variedad de formas de movilidad que existen a la hora de pensar el sostenimiento de la vida y siempre aparecen asociadas a formas de producir tramas comunes que son las que habilitan la misma movilidad y diversos tipos de trabajo. Por tanto, dentro de las estrategias de economías populares sostenemos que la movilidad es un elemento constitutivo, fundamental y central, no periférico o secundario. Entendemos la migración como movimiento social (Mezzadra, 2005) y hemos suscrito a la hipótesis de la autonomía de las migraciones como enfoque para entender el papel que ha desempeñado en la historia y en la realidad contemporánea del capitalismo. En ese sentido, situados desde América, también del sistema colonial. Según Mezzadra (Ibid.) la producción de subjetividad bajo el capitalismo implica movilidad y en este trabajo sostenemos que una producción de subjetividad móvil en estas latitudes se conecta indefectiblemente con la historia colonial. La movilidad en términos de Glave (1989) fue una estrategia de administración de la explotación en tiempos coloniales, que permitió dispersar efectivos de las comunidades y continuar subsistiendo, negociando con el sistema dominante. Además, desde antes que el sistema colonial se instalara, las comunidades indígenas organizaban el control productivo del territorio a través del desplazamiento (Murra, 1985).

Hemos construido esta perspectiva histórica, etnohistórica y genealógica, para situar de manera espacial pero también temporal las trayectorias que analizamos en la presente investigación y un hallazgo ha sido el poder narrarlas como parte de una historia grande (Kusch, 2008), poniendo en primer plano el sentido anti-colonial de este gesto. Ampliando y parafraseando la afirmación de Gago (2019b) podemos decir que las estrategias de economías populares en el trajín son el modo de reproducir la vida de grandes mayorías en América Latina. Las economías populares presentan estrategias diversas que heterogeinizan los modos en que comprendemos la producción y la reproducción de la vida y, además de ser formas de enfrentar la crisis que el sistema capitalista evidencia en tiempos contemporáneos, cuentan con una genealogía propia, memorial, histórica de hacerlo y de hacerlo en comunidad, en trama comunitaria (Gutiérrez Aguilar, 2017).

La pregunta-problema que nos propusimos indagar fue por los elementos teórico-metodológicos que las trayectorias de vida, movilidad y trabajo aportan al debate sobre las economías populares en América Latina. Establecimos un territorio que se fue definiendo por el cruce de las mismas partiendo desde el punto geográfico-político de La Paz-El Alto. ¿Por qué desde allí? Porque este territorio en términos espacial-temporales pero también memoriales nos lleva a reconocer la potencia de catalización de procesos políticos, económicos, sociales y culturales que hacen de éste un centro teórico-conceptual muy valioso para pensar América Latina y su genealogía económico-política. Por otro lado, es necesario explicitar que a partir de este punto central se abrieron dos ejes. Desde lo que hemos llamado con Glave (1989) el espacio del trajín, se abrió un eje en dirección hacia el sur (específicamente desde La Paz-El Alto a Buenos Aires, que nombramos Altiplano-Sur). Este eje responde al interés fundamental de conectar fenómenos sociales observados en La Paz y en El Alto con escenas que experimenté en los barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires, específicamente en el Barrio Carrillo y en el barrio de Flores; donde he convivido y trabajado visualizando las historias de vida de migrantes bolivianos en la ciudad porteña. Además, por otro lado, el eje altiplano hacia el sur es un itinerario de movilidad histórico que constituye un tránsito de larguísima data en la historia latinoamericana.

Finalmente, desde La Paz-El Alto se abrió un nuevo recorrido hacia el puerto de Iquique en Chile y hacia los mercados de productos elaborados en China. El eje Altiplano-Pacífico, surge como un emergente en el proceso de investigación a través del análisis del crecimiento de la economía popular en Bolivia, y la diversificación de estrategias que las economías populares presentan con fuerza entre los ‘90 y los 2000. Además, aparece como proyecto de vida y como propuesta de proyecto laboral con mucho asidero en la realidad para quienes son actores principales de estas economías populares en el trajín, a partir de dicho período. Entonces, la pregunta problema que se proponía explorar aportes conceptuales a partir de estas trayectorias al debate sobre las economías populares en América Latina; recorrió el territorio amplio de los “nuevos mapas del trajín”. A partir de allí, hemos podido sintetizar algunas conclusiones y preguntas renovadas que comentaremos en los siguientes apartados de este último capítulo.

1. Debates teóricos abiertos desde las economías popular en el trajín

Es preciso subrayar algunos ejes centrales que se fueron consolidando a lo largo de esta investigación como conexiones teórico-políticas que construyen una constelación conceptual entre los aportes desde Argentina y desde Bolivia para pensar las economías populares. Al vocabulario renovado que presentábamos en el Capítulo 1, sumamos nuevas dimensiones:

  1. En términos prácticos la economía popular en Bolivia aporta una perspectiva histórica de larga data, de memoria en capas y en yuxtaposición de tiempos pasados, generando una espesura temporal y espacial a la hora de entender de dónde surgen, qué genealogía propia respalda estas prácticas económico populares, que entendemos hoy son el modo de producir, reproducir y sostener la vida de grandes mayorías en América Latina. A la perspectiva histórico-política de las teorizaciones desde Argentina, que proponen que las economías populares son una manifestación emergente y a la vez consolidada a partir de las crisis del modelo neoliberal en nuestros territorios -algo que consideramos evidente y cierto-; lo complementamos con una dimensión temporal-espacial profunda que habilita la perspectiva que nos propone la economía popular desde Bolivia.
  2. Por su parte, la economía popular en Argentina brinda elementos muy sustanciosos a las reflexiones sobre economías populares en Bolivia: uno de los más importantes tiene que ver con el aporte de la mirada migrante. Frente a las dinámicas de extracción de valor que opera el capitalismo neoliberal sobre los trabajos invisibilizados y desvalorizados; las trayectorias de migrantes desde los ‘80 nos muestran una variedad de modos de negociar, apropiarse pero también enfrentar las operaciones extractivas capital (Gago y Mezzadra, 2015) en tiempos neoliberales. Los estudios migratorios, pero también las organizaciones de migrantes y trabajadores de la economía popular en su lucha y organización, nos aportan esta mirada de crítica y de resistencia frente a la extracción de valor de los trabajos migrantes en las economías populares.
  3. Al mismo tiempo, la perspectiva desde Argentina y desde los estudios migratorios nos ayuda a ver un diferencial en la forma de narrar de las migrantes mujeres que suman una dimensión más a los estudios sobre economías populares en general. Esta diferencia narrativa se corresponde con aquello que definíamos en el Capítulo 5 como “diferencial de explotación” (Gago, 2019a). Lo que no se considera productivo en la economía popular es lo mismo que invisibiliza como trabajo para sostener la movilidad, el negocio, el hogar y la vida en común. La economía feminista nos aporta dimensiones al análisis para pensar las economías populares como infraestructuras reproductivas (Ibid.). En este sentido, los estudios migratorios desde Argentina en perspectiva de género nos ayudan a ver cuánta cantidad de trabajo sostienen las mujeres migrantes, el protagonismo que toman cuando las observamos como gestoras de la movilidad, y lo relevante que esto es a la hora de pensar el sostenimiento de las propias tramas de movilidad y de generación de economías populares en el trajín.

La perspectiva de la economía feminista potenciada por el movimiento feminista, que tiene en Argentina uno de sus epicentros de gestación y de emanación al resto de América Latina y el mundo; nos brinda un lenguaje nuevo y constituye uno de los aportes y transformaciones más importantes a la teoría social en general y en este caso al estudio de las economías populares en particular.

  1. Finalmente, entre los aportes de la economía popular en Bolivia a la economía popular en Argentina también destacamos una dimensión global-transnacional que los estudios de economía popular desde la región andina aportan. Esta perspectiva, no sólo brinda un trasfondo histórico y memorial denso para pensar las prácticas de economías populares más allá de “lo nacional”; sino que también analizan prácticas económicas actuales que muestran escalas locales, regionales y globales ampliando los mapas de las economías populares. Además, desde los estudios en Bolivia hemos visualizado toda una institucionalidad y una infraestructura popular que los actores de las economías populares en el trajín han sabido aprovechar y expandir en estas últimas cuatro décadas. La perspectiva de la economía popular en Bolivia abona una mirada ensamblada entre lo local, lo transnacional y lo global que colabora en construir cartografías múltiples de las formas de reproducir y producir la vida en común.

Entonces, ahora sí, podemos sumergirnos en la pregunta que ordena las conclusiones generales de esta investigación: ¿qué conceptos, nudos de sentido, elementos le aportan las trayectorias que hemos indagado al debate sobre economías populares en América Latina? El pluriverso de las economías populares en el trajín nos demuestra, a través de las siete trayectorias analizadas, en primer lugar, que la heterogeneidad de las estrategias de economías populares en el trajín es tal que observamos en cada trayectoria itinerarios múltiples, modos de apropiarse y disputar el valor producido de diversas maneras. Las trayectorias que hemos recorrido en esta investigación heterogeinizan la mirada sobre las formas diversas que adoptan las microeconomías proletarias en América Latina, respondiendo a modalidades de una pragmática popular que se apropia de y disputa con las lógicas del capital (Gago, 2014). Alejándonos de todo esencialismo, hemos querido mostrar estas figuras en su abigarramiento y la yuxtaposición de formas subjetivas: formas del trabajo, la movilidad, la inversión, el cálculo, la acumulación; que no son pasibles de ser condensadas en la figura del precarix, ni del homo solidarius y mucho menos en el de empresarix e inversor de sí.

En segundo lugar, las trayectorias demuestran que la movilidad aparece como un elemento constitutivo de las economías populares en varios sentidos. A partir de esta identificación construimos la siguiente tipología:

  1. La migración en el período entre los ‘80 y los ’90 hacia Buenos Aires, se ve representada en tipo particular de mitmakuna contemporáneo. Tal como analizamos en el Capítulo 3, las trayectorias muestran cierta naturalización del proyecto migratorio como forma de abrir horizontes de vida y trabajo en tiempos neoliberales, no sólo para quienes inician ese trayecto sino también para sus familias extensas y comunidades. Aquí vimos aparecer una reactualización de la figura del mitmakuna en tiempos actuales (Jorgensen, 2011), ampliando el control territorial sobre la base de la movilidad de un grupo dentro de la familia extensa y la comunidad.
  2. Desde los ‘90 a los 2000-2010, observamos que el tipo de movilidad que se pone en juego partiendo de su centro en el altiplano paceño es la representada por la trajinante contemporánea. La figura de Alicia, que analizamos en el Capítulo 4 corporiza dicha figura. En este caso, la estrategia móvil está ligada a una lectura de la ampliación de los mercados de comercio transnacional y global, a través del crecimiento de la importación de productos provenientes de China. Este tipo de movilidad pone en juego redes e institucionalidades populares que reactualizan los mapas del trajín mostrando cómo los trajinantes contemporáneos garantizan (como lo hacían los trajines en el pasado colonial) la producción de la circulación en Bolivia y la región.
  3. Desde los 2000 hasta la actualidad encontramos que la movilidad adopta formas de exilio. En las trayectorias de mujeres jóvenes migrantes-trajinantes, analizadas en el Capítulo 5, podemos observar cómo las estrategias de movilidad aparecen ligadas a formas políticas (la fuga y el exilio) que permiten salir de ciertas las lógicas violentas que el patriarcado-capitalismo fortalece en tiempos de crisis neoliberal. En este último tipo, hemos querido sintetizar un sentido táctico de puesta en juego de la movilidad que se corresponde con lo que Glave (1989) tematizaba como “formas de administración de la explotación” en tiempos coloniales. Entendemos que la migración como exilio en tiempos más recientes nos permite pensar la doble cara del elemento migratorio en las economías populares (como estrategia y como respuesta a situaciones críticas vividas en territorio de origen) que complejizan las interpretaciones sobre las trayectorias trajinantes-migrantes desde la propia vivencia de sus protagonistas.

Por otra parte, también en cada uno de estos tipos que hemos construido a partir de las trayectorias, vemos la movilidad atravesando de modo diverso las historias:

  1. La movilidad aparece como circulación dentro y fuera de las ciudades y búsqueda de lugares para vivir, producir, hacer negocios y reproducir la vida. Un modo de ampliar lazos y relaciones sociales en lo urbano (y en las rutas comerciales), contando con la capacidad de movimiento como estrategia fundamental. Si bien en cada narrativa encontramos momentos más (in) móviles que otros, en todos los casos estudiados vemos que la circulación por distintos espacios de vivienda, trabajo y generación de emprendimientos es una capacidad que estxs actores despliegan permanentemente. Lejos de verlxs como actorxs estáticos, lxs migrantes-trajinantes que llegan a Buenos Aires pero también lxs que importan de China y lxs que crean negocios cuentapropistas sobre la base de la importación; tienen la movilidad por distintos espacios dentro y fuera de las ciudades como una herramienta a la mano para “buscarse la vida” y consolidar proyectos y negocios. No encontramos rasgos de fijeza o estatismo en sus narraciones de vida y trabajo.
  2. En el desarrollo de negocios cuentapropistas (desde el taller textil, el puesto en la feria La Salada, la verdulería, la venta de electrónica y hasta la pluriempresa familiar de importación) la movilidad aparece como movilidad del capital, de la inversión y de la venta. Lo analizábamos en profundidad en el Capítulo 4 respecto de la capacidad de hacer negocios con capital fijo y rotatorio: los emprendimientos que las economías populares en el trajín generan dependen de la velocidad de circulación del capital rotatorio que permite aumentar el capital fijo. Para esto, veíamos en el caso de Alicia que la generación de vínculos con caserxs y clientes, pero también la capacidad de venta y generación de ofertas es fundamental para que los productos salgan y evitar el estancamiento del negocio.
  3. Hemos visto también que en todas las trayectorias el movimiento aparece representado en la búsqueda de mejoras en la calidad de vida, para la persona pero fundamentalmente para la familia o la comunidad. En este sentido, vemos aparecer la movilidad social ascendente. Aquí es preciso subrayar, algo que fuimos marcando a lo largo de los tres capítulos de análisis de trayectorias: las mujeres y su trabajo de sostén y gestión de la movilidad, de los negocios y de los hogares resultan ser piezas fundamentales para garantizar dicha movilidad (Viveros, 2022).
  4. También encontramos la movilidad puesta en juego como escape de una situación concreta de violencia vivida. Esta situación es narrada fundamentalmente por las mujeres de las trayectorias analizadas. Ellas salen, andan, abren para desarmar los lugares fijos en espacios cerrados o concebidos como tales. Lo vemos particularmente en el caso de Delia saliendo de la casa familiar por las situaciones de violencia sufridas. Pero también lo vemos en la determinación de Alicia de no quedarse esperando la ganancia del minibús que no le alcanzaba para mantener a su hijo. Lo vemos en el caso de Joan viajando a China para vivir su orientación sexual lejos de las miradas disciplinadoras de su familia. El movimiento en este sentido es una forma de desarmar lo arbitrario y cerrado de estas unidades productivas-reproductivas tanto la casa, como el hogar, como la familia y el taller se conectan en el modo de ser espacios en que todo lo producido como valor puede ser cooptado por las lógicas extractivas del capital. El movimiento en este sentido específico es un modo de sacar el cuerpo, de exiliarse físicamente de lugares en donde se sufren situaciones de violencia, que se superponen en una misma corporalidad, territorialidad de mujer, lesbiana, travesti, trans, no binarie, migrante, mestiza o indígena en tiempos neoliberales.
  5. En este último sentido, agregamos un pliegue dentro del exilio entendido como salida para regresar: en todas las narrativas vemos como el movimiento no es un plan individual de fuga, se sostiene por infraestructuras populares migrantes-trajinantes que tienen a la comunidad como operador fundamental y se regresa a la comunidad para re-tramar el vínculo de otras maneras, desde el alejamiento físico o simbólico.

En todos estos sentidos la movilidad se presenta como un trabajo, en tanto produce valor social, político y económico. Es decir, un modo de vivir y producir que se contrapone a las formas clásicas de entender el trabajo ligado a la fijeza de su sedentarismo, en particular en los imaginarios de trabajo industrial asalariado. La movilidad, el trajín, se han presentado en las trayectorias analizada como trabajo y saber experto que produce territorios, desde antes que existiera el Estado-nación y sus fronteras. Hemos comprendido a través del recorrido de esta investigación que las formas de movilidad en los Andes van desde el control vertical de un máximo de pisos ecológicos y la simbiosis interzonal, planteos de Murra y Condarco (1875 y 1970); hasta la construcción de caminos del Inca durante el Incario; pasando por los trajines y las formas de movilidad de los productos mercancía en el mercado interno colonial. Hemos tematizado el movimiento como forma de exilio y fuga del tributo o de la mita y también como forma de migración hacia las ciudades de blancos para el trabajo doméstico. Esta mirada histórica convocada desde el presente constituye también un modo de mirar cómo estos trabajos (movilidad, trajín, migración) han sido explotados por poderes sistémicos desde diversos regímenes. Todos estos sistemas económico-políticos han explotado y explotan formas de movilidad humana de las que se sirven para extraer valor. En este sentido, el trabajo y toda la producción política económica la movilidad produce, configura los territorios y no a la inversa. En esto queremos enfatizar. El trabajo de movilidad es el que genera el control fronterizo (Mezzadra, 2005). Migrar es resistencia anticolonial, dicen Soledad Álvarez y Amarela Varela-Huerta (Morales Troya, 2022), sentenciando que la humanidad siempre se ha movido y que las configuraciones normativas, las reglas y los controles estatal-nacionales vienen después a sacar provecho de dicha movilización.

Continuando, queremos explicitar en estas conclusiones el modo en que aparece lo comunitario; las formas que adopta la subjetividad migrante-trajinante en tiempos neoliberales, de crisis (post-2001) y de ajuste (segunda década de los 2000); y, en términos teórico-analíticos pero también políticos cómo hemos definido la fiesta; a lo largo de las trayectorias analizadas en esta investigación.

La comunidad y lo comunitario aparece en las trayectorias de las siguientes maneras:

  1. Como elemento central de infraestructuras populares migrantes y trajinantes. Plataformas que hemos caracterizado a lo largo de los capítulos como tramas de sostén de proyectos de movilidad, negocio, trabajo y vida. Allí, lo comunitario aparece como pieza clave que permite su expansión hasta tomar dimensiones transnacionales pero que también garantiza la reproducción cotidiana de la vida para lxs trabajadorxs migrantes-trajinantes en las economías populares.
  2. Como capital que se consolida y se pone en juego en los negocios. Ligada a la dimensión anterior, este aspecto de lo comunitario define la comunidad como serie de vínculos, relaciones de parentesco, relaciones de reciprocidad que impulsa proyectos económicos y negocios. Es decir, que en este sentido lo comunitario se vuelve inversión. Son imágenes de esta idea de comunidad como capital desde capital monetario que se consigue a préstamo de comadres/compadres o familiares, pasando por la comunidad transnacional consolidada que se usa de plataforma para migrar, hasta la institución gremial que garantiza aspectos legales y de legitimidad en territorios comerciales o la fraternidad que abre vínculos y alianzas con socios comerciales.
  3. Como trabajo producido, generado y sostenido por mujeres y disidencias. Hemos observado desde las trayectorias más antiguas a las más contemporánea cómo se repite la figura protagónica de las mujeres migrantes-trajinantes como gestoras de la movilidad, el negocio y el hogar-familia. Esto nos permite reforzar la idea de que las migrantes siempre se han movilizado en tanto trabajadoras (y no como figuras acompañantes); pero además, el análisis de las trayectorias de esta investigación nos permitió ver multiplicadas las tareas que recaen sobre ellas. Hemos visto que desde garantizar el espacio de llegada y vivienda digna, hasta recorrer la ciudad en búsqueda de mejores condiciones de vida para la familia en general; desde desplegar una capacidad creativa poderosa para reinventarse y cambiar de rubros para conseguir juntar ingresos y sostener la casa, hasta movilizarse dentro y fuera de la unidad productiva para generar espacios de auto-cuidado entre mujeres pero también denunciar las violencias y formas de explotación sufridas por lxs trabajadorxs migrantes: las escenas más poderosas de tales gestiones son protagonizadas por mujeres. Insistimos, lo comunitario se forma, transforma y sostiene por trabajos femeninos y feminizados que garantizan la trama.
  4. Como espacio de disputa, no como unidad esencial cerrada sobre sí. La comunidad puede ser vista como espacio de autoexplotación capaz de ser funcionalizado por lógicas extractivas y explotadoras y, al mismo tiempo, lo comunitario es el modo de construir espacios de autonomía que enfrentan los despojos operados por el capital en tiempos neoliberales y se presenta como forma de organización de la vida y garantía de su reproducción en momentos de crisis. En este punto vemos como, simbolizado en las trayectorias del Capítulo 5, la comunidad es un espacio abierto, donde es posible problematizar las relaciones internas, las formas que toman los vínculos y el modo en que los mandatos de distinto tipo disciplinan las subjetividades que participan de ella. Las problematizaciones y acciones críticas que abrieron la comunidad del taller y la familia en el capítulo mencionado; develan que las personas dentro de las comunidades generan mutaciones (Gago, 2018) que transforman comunidades auto-explotadas en comunidades autónomas donde se potencia la libertad individual y las condiciones dignas de vida y trabajo. En este sentido, la comunidad como espacio de disputa es un modo de pensar lo comunitario desempaquetando la idea esencialista y romántica de la comunidad indígena o étnica que se utiliza de excusa discursiva para justificar su explotación. Lxs migrantes-trajinantes que protagonizan esta investigación generan nuevas tramas comunitarias y abren otros horizontes (Gutiérrez Aguilar, 2017).

Por su parte, las figuras de subjetividad ch’ixi que hemos analizado se componen en el “entre” de elementos comunitarios e individuales. Son formas de la subjetividad contemporánea que combinan lo local con lo global y presentan determinadas características:

  1. No se trata de subjetividades sumisas, ni simples víctimas, ni empresarixs de sí. Contra la construcción del imaginario del trabajador abnegado y a destajo que construyen los discursos neoliberales capitalistas, que pretenden justificar la explotación del trabajo no asalariado en términos de rasgos étnicos de sumisión y abnegación: ellxs no presentan dichas características. Por el contrario, construyen comunidades que sostienen proyectos individuales para ir controlando territorios diversos; se mantienen preservadxs en tiempos de mayor crisis, pero también se expanden y muestran sus logros a través del crecimiento de la fiesta y la ostentación de estéticas andinas, tanto en territorio altiplánico como en pleno centro porteño.
  2. Existe diferenciación interna en las grupalidades de migrantes y comerciantes. Existen formas de jerarquización y relaciones de explotación al interior de las comunidades y unidades productivas. En este sentido, ha sido importante construir a lo largo de esta investigación una robusta mirada anti-esencialista y des-naturalizadora de los vínculos intracomunitarios; viendo cómo se combinan roles, lugares en la trama y relaciones sociales con dinámicas de explotación en las cadenas productivas y mercantiles del capitalismo.
  3. Lxs trabajadorxs migrantes alzan la voz frente a la explotación y denuncian el modo de producción que se conecta con una cadena de extracción de valor de trabajos invisibilizados. Tras los incendios en Buenos Aires, esta visibilización dramática se vuelve fuerza de lucha y organización y se fortalecen movimientos de migrantes, trabajadorxs textiles que disputan sentidos con los discursos hegemónicos y traman acciones políticas colectivas para transformar sus condiciones de producción y vida.
  4. Emergen subjetividades políticas migrantes transfeministas que, al tiempo que incorporan dimensiones feministas en la lucha y organización de las economías populares, amplían los mapas de feminismos populares y transfronterizos.

Finalmente, debemos sintetizar que la fiesta ha resultado ser operador que nos permite comprender dimensiones políticas, económicas, epistemológicas de las economías populares en el trajín. Funciona como catalizador de la visibilización de estos actorxs de las economías populares tanto en Bolivia como en Argentina y en el mundo. También la fiesta aparece como espacio/territorio de ejercicio de la soberanía, la autonomía, es fortalecimiento de vínculos y alianzas. Pero, fundamentalmente, se vuelve espacio-tiempo de goce que interrumpe el tiempo lineal acelerado del hiper-productivismo capitalista. En esta acepción, encontramos el operador “fiesta” en otras manifestaciones colectivas de ejercicio de la soberanía del goce, del despliegue del deseo. Entonces, encontramos la fiesta en el aquelarre feminista, en las asambleas, en las marchas y en la calle, disputando con las formas en que el capital extrae valor de las economías populares en el trajín.

La fiesta también es movimiento. Es muestra, es ostentación, es fortalecimiento. En la fiesta encontramos dinámicas político-comunitarias que desafían las lógicas individualistas, atomizantes y de acumulación de ganancias para unos pocos que aparecen como norma del capitalismo neoliberal globalizado actual. En síntesis, la fiesta es también la asamblea, el debate público para sacar del “ghetto” al taller textil, es la macha y el pedido de justicia por Viale y Páez. Estas otras formas aparecen en trayectorias de migrantes jóvenes, orgullosos de sus lazos comunitarios y de las neo-comunidades que han sabido construir en la lucha callejera, desde abajo, abriendo las comunidades explotadas para consolidar comunidades autogestivas y libres (Gago, 2018).

Estas líneas de conclusión han recorrido la presente investigación aportando a los estudios de economía popular desde Argentina y Bolivia nuevas perspectivas. El vocabulario renovado que presentábamos en el Capítulo 1 se nutre ahora de estas apuestas conceptuales, esperando que contribuyan a ampliar el debate sobre los modos de producción y reproducción de la vida de amplias mayorías en nuestra América Latina.

2. Encuentros entre economías populares y feministas

En toda la investigación se ha evidenciado la preponderancia de figuras femeninas que configuran el tejido de trayectorias analizado. Si bien no fue un enfoque intencional desde el inicio como “clave de género”, hemos comprobado no poder quitarnos ya estos anteojos estructurales y debemos reconocer en la perspectiva feminista el significativo aporte de nuevas dimensiones para pensar las economías populares. Frente a los despojos operados por el sistema capitalista neoliberal las economías populares y feministas organizan la reproducción ampliada de la vida (Gago, Cielo y Gachet, 2018) y los cuerpos que ponen los trabajos necesarios para sostener las infraestructuras móviles son de mujeres y disidencias.

En este sentido, nos interesa sintetizar cómo aparecen los cruces que nos aporta la mirada de la economía feminista para analizar las trayectorias de economías populares en el trajín.

En el Capítulo 3, al pensar la comunidad como trabajo, se evidenció el lugar central de las mujeres en todo lo referente a gestionar la vida y el proyecto de movilidad y búsqueda laboral. Además, la perspectiva feminista colaboró en detectar el modo en que mujeres y varones narran de forma diversa el proyecto migratorio y cómo esto pone en cuestión cierta trama romantizada de la migración. Al mismo tiempo, prestar atención al modo de narrar también nos ayudó a ver cómo aparecen nombrados por ellas una serie múltiple de trabajos que sostienen en la movilidad. Esto desarma la idea de mujer migrante como acompañante y reivindica desde su propia voz el lugar de trabajadoras.

En el Capítulo 4, al plantear la existencia de un mercado colonial y genéricamente estratificado y evidenciar el rol de las microfinanzas en él; pudimos analizar el modo en que mujeres como Alicia logran sortear y a la vez servirse de estas herramientas neoliberales que pretenden disciplinarlas. Escuchamos cuidadosamente la enunciación de la palabra “soledad” en distintos sentidos a lo largo de su narrativa; intentando marcar formas de autonomía y poder femenino allí y, a la vez, rastros de la sobrecarga que implica el sostenimiento de negocios, hogar y familia. Ella es la que garantiza la movilidad social ascendente para sí misma y para toda su familia nuclear y extensa. También vimos, en el análisis de su trayectoria, cómo opera la fiesta como territorio de goce y ostentación que es evidencia de un tipo de autonomía poderosa construida sobre la base de una “soledad llena”.

En el Capítulo 5, Delia y Joan figuran dos trayectorias emblemáticas que evidencian cómo la lucha transfeminista en América Latina inauguró un tiempo de transformación de los imaginarios sociales, las formas de los vínculos, los lenguajes y vocabularios que nombran la realidad en que habitamos. Tiempo en que los feminismos generan espacios de reconocimiento de violencias superpuestas, mientras visibilizan y ponen en valor los trabajos realizados por mujeres y disidencias en los territorios, y amplían los horizontes de transformación política y social. Las trayectorias de estas jóvenes migrantes/trajinantes son parte de esos procesos. Desde su lugar de construcción política pero también de una vivencia de la identidad y el deseo libre; Delia y Joan no sólo abren posibilidades para otras/otrxs sino que construyen barricadas concretas que enfrentan las lógicas extractivas del capital.

3. Economías populares en el trajín: potencias y desafíos

Finalmente, queremos plantear algunas certezas, potencias y desafíos, pero también preguntas abiertas que deja esta investigación. En primer lugar, es preciso remarcar una clave-vector de análisis que nos refuerzan las perspectivas populares y feministas en materia económica: la economía es siempre política y el mercado es un espacio de disputa. Desde la teoría y desde la organización política no podemos ceder ante discursos que pretenden abstractizar la economía. Tal como la hemos presentado a lo largo de toda esta investigación la economía aparece en una multiplicidad de formas de darse y organizarse en nuestros territorios y pueblos latinoamericanos. Y en eso, este estudio, en su planteo heterogéneo, muestra cómo la economía se corporiza y se politiza. Politizar la economía implica también descolonizarla y desarmar los imaginarios que la pretenden alejada del suelo que se habita, con sus memorias largas, con sus historias, saberes-haceres y narrativas.

Creemos importante volver a mencionar que este trabajo fue escrito en tiempos de pandemia y post-pandemia. En este sentido, pensar los horizontes de futuro de las economías populares y feministas, abrió preguntas renovadas en torno a qué sucederá con las configuraciones que estudiamos. Algunas reflexiones colectivas fueron eco permanente de este trabajo y dejaron preguntas abiertas, que más que resonar no pudieron ser acabadamente incluidas. ¿Qué hacer desde/con las economías populares en la post-pandemia? ¿Cómo atravesó la pandemia a las economías populares en su movilidad? En términos de cómo analizar y politizar hoy la (in)movilidad experimentada en tiempos de cuarentenas y aislamientos sociales. ¿Cómo se enfrentaron esos escenarios y qué nos muestran para pensar la centralidad de la movilidad en las estrategias de producción y reproducción de la vida? Preguntas que seguirán impulsando y actualizando el análisis de trayectorias en las economías populares en el trajín.



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